Los dorios fueron el último pueblo indoeuropeo en emigrar a la Antigua Grecia (Sobre el 1200 a.C). Según esa idea, éstos se establecieron primeramente en el norte, más adelante en la Dorida y desde el siglo XII en adelante se extendieron por el centro de Grecia y Tesalia y se asentaron definitivamente en el Peloponeso.
Los Dorios o Griegos Dorios (Griego: ????et?, Dorieis, singular ????e??, Dorieus) fueron una de las principales tribus griegas antiguas, siendo las otras tres: los Aqueos, los Jonios, y los Eolios. Se distinguían por su idioma, sociedad y tradición histórica.
Los relatos tradicionales colocan su lugar de origen en las regiones norte, noreste de Grecia, antigua Macedonia y el Epiro, donde circunstancias desconocidas los condujeron hacia el sur, dentro del Peloponeso, a ciertas islas del Egeo, y a la costa de Asia Menor.
Esta expansión se produjo en torno al 1200 a. C. Durante cierto tiempo se consideró su irrupción como una invasión que desestabilizó los estados micénicos destruyendo sus formas culturales, sustituyéndolas por la de los invasores. Esta teoría esta hoy día siendo revisada al no encontrarse pruebas de la mencionada invasión y sí pruebas de una cohabitación más prolongada. Su área de dominio histórico los sitúa en el Peloponeso y en época clásica con el desarrollo de la cultura espartana, ejemplo eminente de la sociedad doria. La mitología posterior les dio el nombre del fundador epónimo, Dorus hijo de Helena, la matriarca mitológica de los helenos o griegos.
En el segundo milenio adC Micenas (?????a? Mukênai, en griego antiguo) era uno de los mayores centros de la civilización griega, una fortaleza militar que dominaba gran parte del sur de Grecia.
El periodo de historia griega comprendido entre el 1600 y el 1100 adC se denomina Micénico en reconocimiento de la posición de liderazgo de Micenas. Cabe destacar que los habitantes de este periodo se llamaron a sí mismos aqueos y son los Griegos Heroicos.
El sitio, actualmente un yacimiento arqueológico, está situado a 90 km al suroeste de Atenas, en el noreste de la península del Peloponeso. Se han encontrado restos de este periodo histórico en las ciudades de Tirinto, Pilos, Orcómenos, Iolcos y Gla.
La acrópolis o "ciudad alta" de Micenas se cree que se fortificó ya hacia 1500 adC, como evidencian las tumbas de corredor fechadas en ese periodo.
Alrededor de 1350 adC, las fortificaciones de la acrópolis y de otras colinas próximas se reconstruyeron en un estilo conocido como ciclópeo, debido a que los bloques de piedra usados eran tan enormes que en épocas posteriores se pensó que eran fruto del trabajo de los gigantes de un solo ojo llamados Cíclope(s).
Tras los muros, de los cuales aún se pueden ver partes, se construyeron palacios monumentales.
En periodos posteriores, los micénicos dejaron a un lado las tumbas de corredor y empezaron a enterrar a sus reyes en enormes tumbas circulares llamadas tholoi, a menudo en las laderas de las colinas. La más grande la descubrió el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann, en las excavaciones realizadas en 1876. Saqueada mucho tiempo atrás, no se dio cuenta de que era una tumba y la llamó el Tesoro de Atreo.
Posteriores descubrimientos han revelado que Micenas estuvo habitada desde el tercer milenio adC por un población prehelénica.
La vida micénica también está marcada por una gran religiosidad: el futuro panteón griego se empieza a dibujar en estas fechas con las divinidades indoeuropeas aportadas por los griegos: Zeus, Hera, Poseidón, Artemis, Atenea, Hermes, Ares y Dioniso; la santidad y temor por los muertos es un ejemplo; hacían sacrificios humanos a los dioses según las tablillas de Pilos; no obstante parece ser claramente indentificable la Gran Diosa Madre de la civilización minoica reencarnado en Potnia con el título de da-pu-ri-ti-jo (la dama del Laberinto).
La Puerta de los Leones es la característica más conocida de Micenas y fue construida alrededor de 1250 adC. Representa a dos leones rampantes de unos 3 metros de altura. En esa época, Micenas era una ciudad próspera cuyo poder político, militar y económico se extendía hasta Creta, Pilos (en el oeste del Peloponeso), Atenas y Tebas. Sin embargo, hacia 1200 adC, este poder declinó y finalmente se vino abajo tras una supuesta invasión de los dorios.
Tisamenos, el último rey de Micenas, murió al mando de sus tropas durante el conflicto. No obstante, hoy en día, algunos historiadores dudan que tal invasión tuviera lugar. El recuerdo del poder micénico permaneció en la mente de los griegos durante los siguientes siglos, y se conocía como Edad Oscura. Los poemas épicos atribuidos a Homero, La Ilíada y La Odisea, preservaron la memoria del periodo micénico. En esos poemas Agamenón, rey de Micenas, aparece como el líder de los griegos en la Guerra de Troya.
A principios del período clásico, Micenas fue habitada de nuevo, aunque no llegó a recuperar su importancia anterior. Micenas luchó en las batallas de las Termópilas y de Platea durante las Guerras Médicas. En 468 adC, las tropas de Argos vencieron a Micenas y expulsaron a sus habitantes. En tiempos helénicos y romanos las ruinas de Micenas eran una atracción turística, tal y como son ahora, y una pequeña población creció para aprovechar el comercio turístico. Sin embargo, en los últimos tiempos del Imperio Romano, el lugar fue abandonado.
Las primeras excavaciones en Micenas las realizó el arqueólogo griego Pittakis en 1841, encontrando y restaurando la Puerta de los Leones. En 1874 Schliemann llegó al lugar y llevó a cabo una excavación más completa. Schliemann creía verdaderas las historias de Homero y por tanto tomó sus libros como base para sus excavaciones.
La armadura de Dendra está fabricada en bronce, consta de una coraza formada por peto y espaldar, grandes hombreras de tres piezas, un gran cubrenuca que protege cuello, nuca y barbilla, cubrebrazos y tres pares de placas curvas que protegen el vientre y los muslos por delante y por detrás, todas las piezas están forradas interiormente en cuero y se sujetan unas a otras mediante correas.
La armadura de Dendra es una pieza fascinante. Era demasiado pesada para usar por un infante, pero ideal para proteger a un guerrero de carro que se convertía así en un auténtico hombre acorazado de los pies a la cabeza.
Evidentemente, una armadura sólo podía ser costeada por un hombre con fortuna. El infante normalmente se daba con un canto en los dientes si tenía un escudo y un yelmo para protegerse.
Homero cuenta que Aquiles fue herido de muerte por una flecha en el talón. Si miras bien la armadura de Dendra verás que la única parte del cuerpo que no protege la armadura es precisamente la parte posterior de las piernas. ¿Casualidad? No. Homero sabía muy bien lo que estaba narrando.
Junto a la armadura se encontraron colmillos de jabalí cortados y perforados por varios orificios, lo que demostró que el relato de Homero sobre "el yelmo de colmillos de jabalí de Ulises" estaba basado en un hecho real. Este yelmo estaba hecho de la forma que Homero explica, con varias capas de tiras de cuero sobre las cuales se fijaban los colmillos. Además se utilizaban yelmos de bronce con crestas.
Si fascinante es la armadura y el yelmo micénicos, no lo es menos el escudo. Ese escudo que Homero describe como formado por varias capas de piel y cuyo más conocido modelo es el de forma de ocho.
Este enorme escudo es el más corriente en el arte micénico. Constaba de un armazón de mimbre sobre el que se disponían varias capas de cuero crudo con rebordes de bronce.
Era un escudo que protegía todo el cuerpo y era muy pesado, por lo que tenía un asa central para manejarlo y una correa para sostenerlo del cuello.
En las tumbas de Micenas Schliemann encontró las armas de los reyes. Espadas, flechas, lanzas y puñales. Son armas de bronce con una rica decoración de oro y marfil. Las espadas 1 y 2 eran largas, de corte, parecidas a nuestros estoques y con una nervadura central para reforzar la hoja. Estas grandes espadas dejaron paso a un modelo más corto, el nº 3, que fue el
utilizado en la guerra de Troya. Los puñales o dagas eran muy utilizados y reproducían la forma de las espadas. Las lanzas eran grandes y pesadas, lanzas de acometida y no para arrojarlas.
Cuando Homero las describe como lanzas arrojadizas está describiendo las lanzas de su tiempo y no las micénicas.
Los guerreros micénicos usaban el carro, como los egipcios e hititas. Los carros micénicos son muy parecidos a los egipcios, ligeros y maniobrables, con un tiro de dos caballos y un auriga y un guerrero. Homero relata la guerra a base de combates individuales. Esto no fue así, pero literariamente queda mucho más emocionante leer la pelea entre Ayax y Héctor que el combate entre una masa anónima.
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Alejandro fue rey con veinte años, en toda la historia de la humanidad, probablemente no haya habido otro personaje que fuera a realizar las hazañas del eternamente joven Alejandro. En aquel entonces luchaba por mantenerse en el trono, ya que la situación en la corte macedónica luego de la muerte de su padre, dejaba mucho que desear.
En el resto de Grecia no se corría mejor suerte, en Atenas estaba aglomerado el partido que estaba en contra de la hegemonía de Filipo. Demóstenes era quien estaba a la cabeza y el día de la muerte del macedonio, se apareció con traje de fiesta diciendo que el camino para hegemonía ateniense estaba abierto y que no debían preocuparse del joven Alejandro ya que no era más que un jovenzuelo inofensivo.
Alejandro no se hizo esperar y se lanzó sobre Tebas y en poco tiempo volvió a someter la Beocia, los demás griegos apenas pudieron creer cuando se supo de la repentina conquista de Alejandro. Los atenienses pronto mandaron sus disculpas y se reconocieron súbditos de Alejandro. El joven rey macedónico quiso que toda Grecia reconociera la hegemonía macedónica, para ello convocó una Asamblea en Corinto donde fue proclamado como rey de los helenos, a excepción de los espartanos que se negaron.
Alejandro quiso hacer realidad el sueño de su padre de invadir a los persas, pero primero se ocupó de asegurar la retaguardia, para ello dirigió dos operaciones al Este donde llegó a someter a los Tracios, y al Oeste dirigió una expedición contra los Ilirios que llegó hasta el Danubio. Pero cuando terminó con su campaña le llegó la noticia de que los griegos se habían rebelado una vez más, los tebanos habían expulsado a una guarnición macedónica de su país y habían declarado su independencia, mientras que Demóstenes había incitado a las demás ciudades helenas a erguirse contra Alejandro.
El mismo Darío, el rey de Persia, presentía el ataque de Alejandro y donó grandes sumas de dinero a los tebanos para que se sublevasen. Alejandro fue a sitiar Tebas y en un principio se mostró piadoso diciendo que los perdonaría a cambio de que entregasen a los incitadores de la rebelión, pero los tebanos no solo se negaron si no que pidieron a Alejandro que entregase a dos de sus generales, luego anunciaron que invitaban a todo aquel que quisiera luchar contra los macedonios a unirse a Tebas y al rey de Persia.
Alejandro se alió entonces a los beocios quienes odiaban a los despóticos tebanos y entró en la ciudad, dicen que tal era el odio que de los beocios hacia los tebanos, que arrasaron la ciudad y mataron hasta a los no combatientes incluso dentro de los mismos templos, luego pidieron a Alejandro saquear la ciudad y vender a sus habitantes como esclavos, de esta manera desapareció Tebas de la faz de la tierra.
Los atenienses quedaron tan impresionados que mandaron felicitar a Alejandro por su exitosa campaña en Tracia, y por haber sometido a los tebanos, Alejandro sabía muy bien que Atenas había sido la promotora de la rebelión, pero por respeto a su padre que tanto amaba a Atenas no quiso luchar, y se conformó con mandar desterrar a Demóstenes y a los cabecillas del partido antimacedónico. Asegurada entonces la retaguardia, se dispuso a marchar sobre los persas.
Campaña de Alejandro en Persia 334- Alejandro se enfrentaba con un imperio que era cincuenta veces mayor que el suyo y unas veinte veces más habitado, los griegos se veían insignificante ante la grandeza del imperio persa pero sin embargo los ejércitos de Alejandro poseían una disciplina de la que los persas carecían en absoluto también la administración de las satrapías dejaban mucho que desear y los sátrapas en sí eran de poco fiar.
La ventaja principal que tenían los persas sobre los macedonios residía en la inhóspita geografía del territorio persa, la flota persa era otro de los obstáculos para los macedonios; para ello Alejandro ocupó todos los puertos persas del Asia Menor, bloqueando así un posible ataque por la retaguardia.
Los persas bien podrían haber bloqueado a Alejandro en su intento por cruzar el Helesponto, no obstante estaban confiados en que los inagotables recursos del imperio terminarían por cansar a los macedonios. Memnón era el principal general que tenían los persas, era un griego proveniente de las ciudades jonias, este aconsejaba esperar a Alejandro y hacerles la guerra mediante emboscadas,
y saqueando los alrededores para rendirlos por hambre, pero los sátrapas no consentían una estrategia tan “vergonzosa”, y además no querían saquear los territorios que tantas riquezas les daba. Resolvieron entonces, esperarlos cerca del Gránico, un río que desemboca en el mar Mármara. Pero Alejandro desembarcó y obtuvo una victoria decisiva frente a la guarnición persa que les abría el camino hacia la conquista.
Alejandro pronto se vio como dueño del Asia Menor, ya que no le fue nada difícil atraerse la simpatía de la población, que era de origen griego en su mayoría. Alejandro pasó el invierno en Gordion, la capital del antiguo reino de Frigia, había allí un carro de oro sujeto con una cuerda que tenía un nudo complicadísimo y estaba predicho que quien resolviera el nudo sería dueño de Asia,
Alejandro cortó el nudo con su espada, de aquí proviene el dicho de resolver el nudo gordiano, o sea cuando se toma una medida drástica frente a una situación complicada. Al mismo tiempo mientras Alejandro planeaba los próximos movimientos a dar en Gordion, Memnón el general persa moría, este fue un golpe decisivo que condenaba al rey de reyes.
333ac- Darío, el rey de Persia, decidió que era momento de expulsar a los griegos que comenzaban a inquietarlo, alistó un ejército con soldados provenientes de todo el imperio, mucho más numeroso que las tropas de Alejandro, y fue a darles batalla cerca de Iso, ciudad portuaria situada en Asia Menor,
el combate estuvo definido desde el principio ya que Darío se retiró del campo de batalla y sus tropas al enterarse de la huída de su rey, se sumieron en el pánico, Alejandro aniquilo las tropas persas luego de un violento combate de caballería, se lanzó luego en persecución del gran rey, pero Darío logró escapar, de todas maneras Alejandro tomó a su bella esposa, y a los príncipes persas como rehenes.
Darío estaba dolido por la perdida de su familia y ofreció a Alejandro una fortuna en rescate, le propuso que fuera su yerno y que conservara los territorios que había conquistado en Asia Menor, Alejandro le mandó decir que no pararía de luchar hasta no ser dueño del imperio persa,
Darío desesperado comenzó a reclutar tropas nuevamente pensando que la guerra era el único medio de salvar el imperio, por primera vez aparecía un griego que no caía bajo las tentaciones de los ricos tributos persas arma principal de estos para conservar su decadente imperio.
Parmenón, fiel amigo de Alejandro, le aconsejaba al macedonio, que detuviese la guerra y se conformase con lo que le ofrecía el gran rey, parecía un error querer seguir adelante sin embargo Alejandro puso todo en juego y se lanzó a la conquista. Mientras Darío reclutaba gentes para sus colosales ejércitos, Alejandro se entretuvo en someter a las ciudades fenicias que estaban bajo yugo persa, de esa manera, evitaba perder contacto con las tierras helenas.
En cuestión de un año, Alejandro sometió a los fenicios, solo Tiro le opuso resistencia, ya que se confiaba en su fama de impenetrable, pero luego de un arduo sitio, Alejandro entró y arrasó a esta ciudad tan odiada por los griegos. Se dirigió luego a Egipto donde fue recibido como a un libertador, no hubo guerra alguna, Alejandro entró triunfante y en Menfis fue proclamado, faraón por los egipcios. De esta manera se aseguraba de que el pasaje de los persas hacía el Mediterráneo quedaba sellado.
Darío esperaba a los griegos con sus ejércitos, a orillas del Tigris, cerca de las ruinas de Nínive, Alejandro cruzó el Tígris sin que Darío se percatase y atacó a los persas. El rey de reyes se puso en combate seguro de la superioridad de sus tropas, pero en un momento dado, vio como la falange macedónica ponía en fuga a la caballería persa, inquietose nuevamente y en medio del pánico huyó con sus tropas más selectas, la caballería persa contuvo valerosamente a las tropas macedónicas, para que Darío no fuera capturado.
Finalmente los persas perdieron entusiasmo y fueron derrotados, Darío se refugió en la Media adonde pensaba que Alejandro no se aventuraría. Luego de la victoria de Alejandro en Nínive, las ciudades de Babilonia y Susa no duraron en rendirse a los macedonios, Alejandro entró pacíficamente en las ciudades donde ofreció sacrificios al dios Marduk, luego dejó el gobierno de la Mesopotámia en manos de un persa, política astuta para atraerse la simpatía de los persas sometidos. En Babilonia mandó incendiar los antiguos palacios persas en venganza de lo que Jerjes hiciera con Atenas siglo y medio atrás.
Fin de la conquista de Persia- Alejandro llegó a Persia o sea el territorio comprendido por la actual Irán, e intentó conquistarla, pero Darío había sido asesinado y en su lugar quedaba un sátrapa que se había proclamado como su sucesor, Alejandro tuvo que vérselas con el falso Artajerjes en una guerra penosa donde los iranios luchaban en continuas escaramuzas contra los macedonios, Alejandro hubo de cambiar de táctica asignando destacamentos más pequeños para agilizar sus tropas, le llevó tres años someter el país entero, luego Artajerjes fue capturado y llevado a un tribunal persa que mandó ejecutarlo con refinada crueldad oriental.
Cuanto más penetraba Alejandro en dominios orientales, más se compenetraba con sus costumbres y culturas, hubo de hacerlo para ganarse la simpatía de los persas quienes no demoraron en tomarle afecto. También aseguró su conquista fundando numerosas ciudades donde estableció guarniciones permanentes, estas ciudades se llamaron “ciudades de Alejandro” o Alejandrías, fueron colocadas en lugares tan estratégicos que aún hoy son prósperas urbes.
Pero pronto sus compatriotas macedonios pensaron que Alejandro traicionaba a sus orígenes adoptando las costumbres de un rey persa. Todo empeoró cuando se supo que el hijo de Parmenón, de Alejandro, había conspirado contra este, Alejandro lo mandó degollar e hizo los mismo con Parmenón, también Calístenes el sobrino de Aristóteles a quien Alejandro había llevado para que escribiese las crónicas de sus conquistas corrió misma suerte por ser otro de los sospechosos.
Expedición a la India- Quiso Alejandro conquistar a todos lo países del mundo, y llegó a la India que era un país que ningún Griego había visto antes, se contaban historias fabulosas de aquellas tierras sobre tesoros inmensos, se decía que era habitado además por animales y criaturas fantásticas. Se lanzó a la conquista de estas tierras con un gran ejército compuesto principalmente de bárbaros.
Cuando llegó al valle del Indo, hubo de enfrentarse a Taxilo, pero el rey indio pronto sintió miedo y se declaró su aliado, luego otro rey, Poro, fue a hacerle la guerra cerca del río Hidaspes, el Indio confiaba en sus elefantes para espantar a las tropas macedonias, pero Alejandro logró rechazar a los elefantes con su caballería, estos retrocedieron aplastando las tropas indias, Poro fue hecho prisionero y Alejandro se hizo su aliado, dicen que le preguntó “como quieres ser tratado?”, Poro respondió “como un rey”, el macedonio replicó “entonces te devuelvo tu reino y lo aumentaré.
326ac- Alejandro, continuó entusiasmado con sus conquistas, cruzó la llanura de los cinco ríos, y quería llegar hasta el Ganges, diciendo que de allí volverían por el golfo Pérsico llegando hasta la columnas de Hércules pero nadie habló, Alejandro dijo entonces que el que estuviera de acuerdo con su propuesta que hablara, pero sus tropas permanecieron calladas por tres días, por fin Alejandro ofreció un sacrificio a los dioses pero fue de mal presagio, por lo que resolvió regresar,
cuando anunció el regreso, las tropas gritaron de alegría. Partes de sus tropas volvieron por mar desde donde entraron hacia el Éufrates, Alejandro regresó con algunos de sus infantes por el desierto, pasando hambre y sed, pero llegó sano a Susa. Allí dio grandes banquetes y anunció las bodas de él con Roxana, bella hija de un sátrapa persa, ese mismo día se celebraron bodas de otros muchos de sus generales con mujeres persas.
Muerte de Alejandro 323ac- Alejandro hubo de contener muchas veces a los macedonios que celosos decían que consideraba a los persas como a sus parientes, en una revuelta uno de los generales macedonios le dijo que les había quitado a ellos todos los honores que merecían y que ahora querían regresar a sus países. Alejandro dijo que todos eran iguales y que gracias a él, los macedonios disfrutaban de enormes riquezas. Finalmente dio un banquete en honor a estos y se reconciliaron todos.
Hacía poco tiempo había muerto su ministro y fiel amigo, Hefestión, Alejandro realizó funerales esplendorosos quemando maderas preciosas en su pira que habían costado una fortuna. Luego dirigió una serie de campañas contra los montañeses del norte. Al poco tiempo recibía también ofertas de amistad de todos los países del mundo, África, Europa, Italia y desde los países situados al norte del mar Negro.
Preparaba una expedición para conquistar Arabia pero enfermó en Babilonia y murió luego de dos semanas de hacer fiebres violentas, moría con treinta y tres años, siendo dueño de casi todo el mundo conocido en solo trece años.
Fragmentación del imperio alejandrino- Luego de la muerte de Alejandro, sus principales generales entraron en debate sobre quien debía suceder al trono. Los dos herederos más próximos eran un niño que aún no había nacido al cual se le había de llamar Alejandro, y Arrideo un hermanastro de Alejandro que era viejo,
epiléctico e incapaz de gobernar un país de tan vasta extensión y de pueblos de costumbres tan variadas, dicen que a algunas tribus hubieron de convencerlas de que no era necesario matar a sus ancianos, también los fenicios quienes aún ofrecían niños pequeños en sacrificio a sus dioses, Alejandro había empezado con la tarea de helenizar a estos bárbaros orientales de feroces costumbres.
Finalmente se llegó al acuerdo de que el hijo de Alejandro y su hermano Arrideo gobernarían juntos, pero hasta que no hubiese nacido el hijo de Alejandro, Pérdicas uno de los generales de las tropas de Alejandro se hizo regente del trono y dio las satrapías a otros generales, gentes de carácter fuerte que eran incapaces de colaborar entre sí, entre ellos estaban Tolomeo, Seleuco, Antígono y Antípatro, este período se caracteriza por las continuas luchas por el poder entre estos violentos generales.
En Grecia, los atenienses y los demás griegos sometidos habían permanecido indiferentes a las victorias del macedonio, como citaba Demóstenes, en lo que duró su campaña el consejo se reunía por temas cotidianos “se trataba en aquellos días sobre las calles y pozos que se debían reparar y de las paredes que había que blanquear”. Cuando se supo de la muerte de Alejandro, el partido de Demóstenes se reorganizó nuevamente con la excusa de liberar a Atenas.
Gracias al elocuente pero obstinado Demóstenes, los griegos se lanzaron en contra de la satrapía de Alejandro en Asia Menor, gobernada por Antípatro. Se organizó una ambiciosa expedición hacía el imperio alejandrino pero los helenos sufrieron una aplastante victoria, fue tal la indignación de los atenienses que mandaron ejecutar a los instigadores, incluso a Demóstenes quien se escapó de una muerte dolorosa, envenenándose. Al poco tiempo, moría Antípatro. La madre de Alejandro, Olimpia quien gobernaba en Macedonia se rebeló, pero fueron asesinados ella y Arrideo el hermano de Alejandro.
310ac- Luego le llegaba el turno a la esposa de Alejandro, Roxana quien fue asesinada junto al pequeño príncipe, por Casandro, el hijo de Antípatro. Luego apareció otro hijo que Alejandro había tenido con una noble frigia, Casandro invitó al joven a un banquete pero le asesinó por la espalda.
De los parientes de Alejandro no quedaba más que Cleopatra su hermana que se había casado con su tío, el rey del Épiro y luego de enviudar había rechazado a muchos aspirantes al trono de Alejandro, pronto decidió casarse con Tolomeo, pero Antígono impidió el matrimonio envenenándola, así moría el último integrante de la dinastía de Filipo.
Las luchas entre los sátrapas del imperio alejandrino siguieron interminablemente, en su mayoría estos sátrapas eran los antiguos generales macedonios que habían luchado junto a Alejandro, luego de la muerte de su rey, se guerreaban con una ferocidad atroz por obtener los dominios de sus compañeros. A dos años de la muerte moría Pérdicas uno de los principales aspirantes al trono.
Luego el más poderoso de ellos fue Antígono, conocido como “el cíclope” por haber perdido un ojo, guerreó por muchos años hasta que fue derrotado y muerto en el 301 a los ochenta años de edad, por Seleuco y otros rivales.
El sueño que Filipo y Alejandro tanto habían añorado se derrumbaba permanentemente, el imperio de Alejandro quedó dividido en tres Estados, Macedonia gobernado por los descendientes de Antígono, la mayor parte de Asia quedó en manos de Seleuco y para sus descendientes los Seléucidas, y Egipto para Tolomeos quien fundó la dinastía Tolemaica, la última dinastía de los faraones egipcios. Esto no fue motivo de paz ya que luego se pasaron siglos luchando principalmente por dominar Siria donde se hallaba el codiciado litoral fenicio.
Aristóteles (*Estagira, Macedonia, 384 adC — †Calcis, 322 adC). Uno de los más grandes filósofos de la antigüedad y acaso de la historia de la filosofía occidental. Inventor de la anatomía y la biología.
Entre los filósofos más destacados de Occidente se encuentra Aristóteles, el hijo de Nicómaco, médico del rey macedonio Amintas II. A los 18 años se trasladó a Atenas para continuar su formación, ingresando en la Academia de Platón donde permaneció unos 20 años, hasta el fallecimiento del maestro. En ese momento decidió abandonar Atenas para vivir en una comunidad platónica organizada en Asso desde donde se marchó a Mitelene. En esta ciudad recibió la llamada de Filipo de Macedonia para educar a su hijo, Alejandro. Una vez el gran Alejandro accedió al trono macedonio, Aristóteles regresó a Atenas donde fundaría una escuela cercana al templo de Apolo Licio de donde tomará el nombre de Liceo. También se llamaría escuela peripatética ya que el maestro impartía algunas lecciones paseando. Los tranquilos años pasados en Atenas se vieron alterados a la muerte de Alejandro (323 a.C.) cuando el partido nacionalista acusaba al maestro de impiedad.
Aristóteles abandonó la ciudad y se marchó a Calcis donde falleció al año siguiente. Conservamos una 50 obras y tratados de Aristóteles y algunos fragmentos, distinguiéndose cuatro grandes grupos: Escritos de lógica (Metafísica, Sobre la interpretación, Tópicos), Escritos de filosofía de la naturaleza (Sobre el alma, Sobre el cielo, Lecciones de física), Escritos de filosofía práctica (Etica a Nicómaco, Etica a Eudemo, Política) y Escritos de poesía (Poética y Retórica).
Diógenes de Sinope(Sinope, ca. 412 adC – Corinto, 323 adC), también llamado Diógenes el cínico fue un filósofo griego, de la escuela cínica.
No legó a la posteridad ningún escrito; la fuente más completa de la que se dispone acerca de su vida es la extensa sección que su tocayo Diógenes Laercio le dedicó en su Vidas de los filósofos más ilustres.
Las múltiples anécdotas que éste transmite dan testimonio de la convicción y rigor de sus enseñanzas ascéticas. Se cuenta que el emperador Alejandro Magno visitó Corinto y acudió a ver al filósofo en su tonel. Presentándose como Alejandro el Grande, Diógenes le respondió sin inmutarse que él era Diógenes el Cínico. Alejandro le ofreció cualquier favor que Diógenes quisiera, a lo cual Diógenes le pidió que se apartara del sol. La anécdota es probablemente apócrifa; a la fecha Alejandro no tendría más de veinte años y no había aún adquirido el epíteto de Magno, que recibió con la conquista de Persia (tras la cual ya no regresó a Grecia), y no hay registros de que Diógenes volviese a hacerse con un tonel como vivienda ya en Corinto, pero gracias a Diógenes Laercio es parte de la imagen popular del filósofo.
Se cree que Diógenes murió en Corinto, alrededor de la fecha de la 114 Olimpíada, teniendo unos noventa años de edad. El Laercio asevera que murió el mismo día que Alejandro, en el año 323.
El ejército macedonio bajo Filipo II y Alejandro Magno consistía de diferentes cuerpos complementandose entre sí: caballería pesada; caballería ligera; infantería pesada e infantería ligera.
La caballería pesada la constituían los hetairoi o compañeros formados en escuadrones ilai de 256 jinetes con casco beocio, coraza de bronce o linotorax, equipados con xyston o lanza de 3,80 m y una espada. Los compañeros formaban la unidad élite de caballería aristocrática macedonia, siendo el principal elemento ofensivo de Alejandro.
En batalla los compañeros se formaban a la derecha de los hypspistas; los 9 escuadrones en el orden del día con el escuadrón real de 300 jinetes tomando el lugar de honor en la línea bajo el mando de Clito cuyo deber era el de proteger al rey en batalla, a su izquierda se formaban los otros compañeros en 8 escuadrones de 256 compañeros subdivididos en 4 unidades de 64 jinetes bajo el mando de Filotas.
En frente de los compañeros se formaban los arqueros y agrianos y protegiendo su flanco derecho los prodromoi y demás caballería ligera. La caballería aliada tesaliana sevía también como caballería pesada, armados y equipados como los compañeros, presuntamente la mejor caballería de toda Grecia y cuyo deber era proteger el flanco izquierdo de la falange macedonia. El escuadrón de Farsalia le servía de guardia a Parmenio. Al principio de la campaña había 1.800 jinetes tesalios.
Estos a su vez eran suplementados por el resto de la caballería pesada griega, este contingente aliado era parte de la fuerza con que contribuyó la Liga Helénica al ejército macedonio y que además servían de rehenes para el buen comportamiento de sus respectivas ciudades.
La caballería ligera consistía de los prodromoi o exploradores con casco boecio y sin más armadura, cuyo deber era el de reconocer el territorio enemigo que el ejército atravesaría, y en batalla se formaban a la derecha de los compañeros, usaban la sarissa o pica de los falangistas pero podían ser rearmados con jabalinas para reconocimiento y exploración.
Los prodromoi a su vez eran suplementados por la caballería tracia, odrisios y paionios en su mayoría, armados y equipados con casco tracio o en caso de los paionios con casco ático sin más armadura y blandiendo lanza y espada.
La cultura del antiguo Egipto impresionó a Alejandro desde los primeros días de su estancia en este país. Los grandes vestigios que él veía por doquier le cautivaron hasta el punto que quiso faraonizarse como aquellos reyes casi míticos. La Historia del Arte nos ha dejado testimonio de estos hechos y apetencias. En Karnak existe un relieve donde se ve a Alejandro haciendo las ofrendas al dios Amón, como lo hace un converso. Viste la indumentaria faraónica:
Klaft faraónico (el manto que cubre la cabeza y va por detrás de las orejas, clásico del antiguo Egipto), más las coronas roja y blanca que se sostienen en equilibrio inestable.
Cola litúrgica de chacal, que con el tiempo se transformó en "cola de vaca".
Ofrenda en cuatro vasos como símbolo para indicar "cantidad", "repetición", "abundancia" y "multiplicación".
En los jeroglíficos de la pared se distinguen además los dos nombres de Alejandro-faraón y ambos se presentan dentro de un cartucho:
Alejandro como Horus
Alejandro como Alejandro
Después de Alejandro
A la muerte de Alejandro quedaron ciertos personajes como familiares y herederos como su madre Olimpia, su esposa Roxana, su hijo Alejandro, su amante Barsine y su hijo Hércules, personajes que fueron víctimas mortales del odio de Casandro, su sucesor en el poder, y su probable asesino, asunto éste que, según ciertos historiadores, no se debe juzgar con la óptica actual sino con la de aquellos tiempos.
Dichos personajes eran: Filipo Arrideo, (que llegó a ser por poco tiempo Filipo III de Macedonia), hijo de Filipo II y hermano de Alejandro, más su esposa Eurídice (joven macedonia, mandada asesinar por Olimpia de Epiro después de la muerte de Filipo Arrideo). Roxana, princesa bactriano-persa viuda de Alejandro, embarazada; fue su última esposa. (Mandada asesinar por Casandro). Más tarde nació su hijo llamado también Alejandro, que llegó a ser Alejandro IV por poco tiempo, pues a los 13 años fue también asesinado por orden de Casandro.
Había asimismo dos viudas más de Alejandro, hijas del rey Dario, Estatira (su primera esposa, con quien concibió un hijo, cuyo embarazo no llegó a término) y su hermana Barsine. Aquí ocurre una paradoja, el primer gran amor de Alejandro, se llamó Barsine, esposa de Memnón, y mercenario griego que luchaba por Dario, quien fue muerta, lamentablemente, por miembros de su guardia intentando defenderla. Tesalónica, hermanastra de Alejandro.
En el transcurso de unos pocos años, no quedó ningún miembro de la familia de Alejandro Magno. El reino también sufrió grandes divisiones a causa de disputas entre los generales más cercanos a Alejandro, muchos trataron de mantener el imperio unido pero bajo su mando, lo que generó una sucesión de batallas y campañas que derivaron en la división en varios reinos independientes que fundaron sus dinastías.
Dinastía Ptolemaica: Ptolomeo estuvo desde un primer momento en Egipto y se mantuvo aislado y estable desde un primer momento.
Dinastía Antigónida: Ubicada en Macedonia como centro y con Casandro como rey, esta dinastía ocupó también Grecia.
Dinastía Seleúcida: Con base en Babilonia y Siria, Seleuco dominó después un territorio más amplio, ya que se adueñó de Asia que estaba en poder de Antígono Monoftalmos.
Lisímaco obtuvo Tracia y Asia Menor pero no logró una sucesión.
Matrimonios y sexualidad de Alejandro
Generalmente se considera que el apego emocional más grande que tuvo Alejandro fue por su compañero, comandante de caballería y posible amante, Hefestión. Probablemente fueron amigos desde la niñez, dado que Hefestión también recibió educación en la corte del padre de Alejandro. Hefestión hace su aparición en la historia en el momento en que Alejandro alcanza Troya.
Allí ambos amigos hacen sacrificios en los altares de los héroes de la Ilíada; Alejandro honrando a Aquiles y Hefestión a Patroclo. Como Aeliano (o Eliano) en su Varia Historia (12,7) afirma, “De esa manera Alejandro implicó que él (Hefestión) era su objeto de amor, como Patroclo lo fue de Aquiles.”
Muchos discutieron su sexualidad ambivalente. La carta 24 atribuida a Diógenes de Sinope -aunque escrita en el primer o segundo siglo de nuestra era, y reflejando probablemente los chismes de los días de Alejandro- expresa que amonestó a Alejandro diciendo “Si quieres ser hermoso y bueno (kalos kai agathos), arroja ese trapo que tienes sobre tu cabeza y ven con nosotros. Pero no serás capaz de hacerlo, dado que estás dominado por los muslos de Hefestión.” Y Custius relata que “Alejandro despreciaba los placeres sensuales (femeninos) a tal grado que su madre estaba ansiosa por temor de que este no le dejase descendencia.”
Para agudizar su apetito por las mujeres el rey Filipo (quien ya había reprochado a su hijo por hablar en voz demasiado alta) junto a su madre Olimpia trajeron una costosa cortesana de Tesalónica llamada Kallixeina. Pero no todos los antiguos pensaban igual. Eumenes (370-265) afirmaba que Alejandro “no se sentía a gusto con el sexo”, mientras que Athenaios afirmaba que Alejandro era un “desbocado amante de adolescentes” (pederasta según su significado antiguo).
Posteriormente, a lo largo de su vida, Alejandro se casó con varias princesas de los anteriores territorios persas: Roxana de Bactria, Statira hija de Dario III y Parysatis hija de Ochus. Alejandro fue padre de al menos dos niños: Heracles, nacido en el 327 adC de su concubina Barsine hija de Satrap Artabazus de Phrygia y Alejandro IV de Macedonia de Roxana en el 323 adC.
Curtius mantiene que Alejandro también tomó como amante a “... Bagoas, un eunuco de excepcional belleza y en la flor de su juventud, con el cual Darío había intimado y con el cual Alejandro luego intimaría” (VI.5.23) (en la antigüedad los eunucos solían ser emasculados sólo de las gónadas). Eumenes escribe que, antes de aventurarse aún más al Este, Alejandro instaló a Bagoas en una villa en las afueras de Babilonia y requirió a todos sus oficiales y cortesanos -ya fuesen griegos o persas- a rendirle honores (esto es, a presentarle costosos regalos).
El favor de Alejandro por Bagoas es también obvio con el subsiguiente nombramiento de este como uno de los trierarcas, quienes eran hombres de carácter que supervisaban y financiaban la construcción de barcos para el viaje de regreso a la patria. Su relación parece haber sido bien conocida entre sus tropas, ya que Plutarco relata un episodio (también mencionado por Athenaios y Dicaearchus) durante unos festejos cuando regresaban de la India, en los cuales sus hombres clamaban a Alejandro que besase abiertamente a Bagoas, accediendo a esta solicitud.
Cualquiera fuese su relación con Bagoas, no fue impedimento para que este tuviese relaciones con su reina: seis meses después de la muerte de Alejandro, Roxana dio a luz a su hijo y heredero Alejandro IV. Además de Bagoas, Curtius menciona otro amante de Alejandro; Euxenippos “cuya joven belleza lo llenaba de entusiasmo”. (VII.9.19)
La cuestión de si Alejandro era homosexual, bisexual o incluso transformista (durante las fiestas ocasionalmente se vestía con el vestido plateado de Atenea) tomando para ello su significado moderno es controvertido.
Recientemente, muchos griegos y eslavos macedonios han expresado indignación ante tales sugerencias en relación con su héroe nacional (ver homofobia). Ellos argumentan que los acontecimientos históricos describiendo las relaciones de Alejandro con Hefestión y Bagoas como sexuales, fueron escritas siglos después de los hechos, y de ese modo nunca puede establecerse cuál fue la relación “real” con sus acompañantes masculinos. Otros argumentan que lo mismo puede ser dicho respecto de toda la información disponible respecto de Alejandro Magno.
Tales debates, de todos modos, son considerados anacronismos por los eruditos en ese período, quienes señalan que el concepto de homosexualidad no existía en la antigüedad: la atracción sexual entre hombres era vista como normal y parte universal de la naturaleza humana ya que el hombre era atraído hacia la belleza, que era un atributo de la juventud, independientemente del género.
Si la vida amorosa de Alejandro fue transgresora lo fue no por su amor hacia jóvenes bellos sino por su relación con hombres de su propia edad en un tiempo en el que el modelo estándar del amor masculino era el que relacionaba hombres mayores con otros mucho más jóvenes.
Alejandro III Magno (en griego ?e?a? ????a?d???, transliterado como Alexandros), rey de Macedonia, nacido a finales de julio de 356 adC, muerto el 10 de junio de 323, (reinando de 336 a 323 a.C.), conquistador del Imperio Persa y uno de los líderes militares más importantes del mundo antiguo, es quizás uno de los personajes más interesantes de la Historia.
Hijo de Filipo II rey de Macedonia (dinastía de los Argéadas), y Olimpia, princesa de la Casa Real de Epiro. Se cuenta que, el día de su nacimiento, se tuvo noticia en la capital de tres triunfos: el del general Parmenión frente a los Ilirios, el fin victorioso del sitio a una ciudad portuaria por su padre, y la victoria del carro del rey en competición, lo que fueron considerados increíbles augurios. Probablemente fueran invenciones posteriores, a raíz de la leyenda que dejó este personaje. Alejandro era de hermosa presencia, cutis blanco, cabello castaño/negro y ondulado, ojos claros, aunque cuando andaba tenía el hábito de inclinar ligeramente la cabeza sobre el hombro derecho.
Su educación fue inicialmente dirigida por Leónidas, un maestro macedonio que daba clases a los hijos de la más alta nobleza, el cual lo inició en los ejercicios corporales y repetidas veces lo comparaba con el héroe Aquiles.
Sin embargo a los trece años, pronto fue puesto al cuidado de Aristóteles, quien sería su maestro en un retiro en la ciudad macedonia de Mieza el cual le enseñó a Alejandro la política, la elocuencia y la historia natural. Sabía de memoria los poemas homéricos y todas las noches colocaba La Iliada debajo de su lecho.
Muy pronto (340 a.C.) su padre lo asoció a tareas del gobierno nombrándolo regente, a pesar de su juventud. En el 338 a.C. dirigió la caballería macedónica en la batalla de Queronea, siendo nombrado gobernador de Tracia ese mismo año.
Desde pequeño, Alejandro demostró las características más destacadas de su personalidad: activo, enérgico, sensible y ambicioso. Es por eso que a pesar de tener apenas 16 años, se vio obligado a repeler una insurrección armada. Se afirma que Aristóteles le aconsejó esperar para participar en batallas, pero Alejandro le repondió: “Si espero perderé la audacia de la juventud“.
Se cuentan numerosas anécdotas de su niñez, siendo la más referida aquella que narra Plutarco: Filipo II había comprado un gran caballo al que nadie conseguía montar ni domar. Alejandro, aun siendo un niño se dio cuenta de que el caballo se asustaba de su propia sombra y lo montó dirigiendo su vista hacia arriba, hacia el sol. Su padre le dijo tras domar a su caballo, Bucéfalo: "Macedonia es demasiado pequeña para ti". En efecto, Alejandro quedaba libre para empezar la guerra contra Persia.
Sin embargo, Alejandro había adquirido el vicio común de los macedónicos: la bebida. Se embriagaba con frecuencia y en tales circunstancias, perdía el control sobre sus actos y cuando se enfurecía podía llegar al crimen.
Un nuevo matrimonio de su padre, que podría llegar a poner en peligro su derecho al trono (no conviene olvidar que el mismo Filipo fue regente hasta la mayoría de edad de su sobrino, pero se adueñó del trono) le alejó de su padre.
Es famosa la anécdota de cómo, en la celebración de la boda, el nuevo suegro de Filipo (un poderoso noble macedonio llamado Atalo) rogó porque el matrimonio diera un heredero legítimo al rey. Alejandro le echó encima el contenido de su copa, espetándole: "Y yo ¿qué soy? ¿un bastardo?". Cuando Filipo, borracho, se acercó a poner orden, Alejandro se burló diciendo ”Quiere cruzar Asia, pero ni siquiera es capaz de pasar de un lecho a otro sin caerse”. La historia le valió la ira de su padre, teniendo que huir. Sin embargo, terminaría por perdonarle.
Ascenso al poder
Después del asesinato de su padre en el año 336 adC a manos de Pausanias, un capitán de su guardia, Alejandro Magno heredó el reino cuando solamente tenía veinte años. La conspiración detrás del asesinato, aunque atribuida generalemente a una historia amorosa del rey, ha dejado a Alejandro y su madre como posibles sospechosos.
Este momento de aparente debilidad de la monarquía macedónica supuso que toda la Grecia sometida por Filipo se alzase en armas, pero Alejandro dio resueltamente pruebas de su fuerza militar: atravesó Tesalia, sometiéndola, (ya había sido conquistada por Filipo), venció a los griegos tomando y destruyendo Tebas, y obligó a Atenas a acatar su poder. Se hizo nombrar Hegemon, título que ya había ostentado su padre y que lo situaba como gobernador de toda Grecia.
Consolidada así la hegemonía macedónica, Alejandro teniendo a su disposición un estado consolidado tras las reformas internas de Filipo II, se dispuso a cumplir su último proyecto: Conquistar el Imperio Persa.
La conquista de Persia
Comenzó por Asia Menor, en donde los persas ofrecieron débil resistencia, venciendo en la batalla a orillas del riachuelo Gránico. En este lugar, los sátrapas le opusieron un ejército de 40.000 hombres, en su mayor parte, griegos mercenarios. En este combate, Alejandro estuvo cerca de la muerte, pues un persa trató de asesinarlo por la espalda, pero salvó la vida, gracias a Clito, su fiel amigo, que de un sablazo derribo al agresor. Las ciudades griegas de las costas se entregaron ya sea por miedo o por querer ser liberadas.
A finales de 334 adC decidió invernar en Gordión, antigua capital de Frigia. Allí se encontraba un famoso carro real, sujeto a un nudo complicadísimo. Según el oráculo de Gordión, quien supiera deshacerlo conquistaría Asia. Alejandro resolvió el problema cortando el nudo con su espada “la forma de hacerlo no importa” dijo.
Una contraofensiva marítima de los persas en el Egeo, al mando de Memnón y su flota, puso en peligro a la Grecia continental, pero esta amenaza se detuvo después de la victoria de Alejandro sobre Darío III en la batalla de Isos (pequeña llanura situada entre las montañas y el mar cerca de Siria) en el 333 adC, en la cual, el rey Darío huyó amparado en la oscuridad de la noche dejando en el campo de batalla sus armas y su manto púrpura.
El rey, tomó conciencia de la amenaza y envió propuestas de negociación, que fueron desestimadas. Sin embargo, la familia de Darío III fue capturada en el interior de una lujosa carpa o tienda . Alejandro trató a todos con gran cortesía y les manifestó que no tenía ninguna cuestión personal contra Darío, sino que luchaba contra él para conquistar Asia.
Alejandro conquistó fácilmente Fenicia, con excepción de Tiro, debiendo mantener un largo asedio (de enero a agosto de 332 adC). Conquistada Tiro se dirigió a Egipto, en donde se hizo proclamar 'Hijo de Amón', título reservado solo para los faraones. En esa época controló la situación de rebeldía en Anatolia y el Egeo, de tal modo que en la primavera del 331 adC, desde Tiro, organizó los territorios conquistados. Darío, con un ejército más numeroso, decidió hacerle frente en Gaugamela a orillas del Tigris, pero a penas logró salvar su vida, ya que pese a la superioridad numérica se vio derrotado por el genio militar del joven rey macedonio.
En ambas ocasiones el emperador persa escapó huyendo. Darío fue traicionado por sus nobles y asesinado. Alejandro habría de honrar a su otrora rival y enemigo, y perseguir a sus asesinos.
También esta conjura provocó la muerte de Filotas, hijo de Parmenión, Amintas (primo de Alejandro), considerado por los insurgentes como el legítimo rey (Filipo llegó al trono, pues su hermano, el regente de Macedonia cayó muerto y su hijo, Amintas, era aún muy joven para gobernar).
Tiempo después ocurrió una nueva conjura contra Alejandro, ideada por sus pajes, la cual tampoco logró su objetivo. Tras esto, Calístenes (quien hasta ese momento había sido el encargado de redactar la historia de las travesías de Alejandro), fue considerado como impulsor de este complot, por lo que fue condenado a muerte, sin embargo él se quitó antes la vida.
Uno de sus generales más queridos, del último ejército legado por su padre fue Cleito o Clito "El Negro". Alejandro, orgulloso de su poder y dominado por su ambición, pretendió ser adorado como un dios. En un banquete, su amigo Clito, cansado de tantas lisonjas, le dijo indignado: No eres un dios, porque los dioses hacen las cosas solos y tú has llegado a ser grande, gracias a los macedonios; incorporándose volvió a gritarle: Sin mí, hubieras perecido en el Gránico.
Alejandro, que estaba ebrio, buscó su espada, pero uno de los guardias la ocultó. Clito fue sacado del lugar por varios amigos, pero regresó por otra puerta, y mirando fijamente al conquistador, repitió un verso de Eurípides: Qué perversa costumbre han introducido los griegos. Alejandro arrebató una lanza a uno de los guardias y mató a Clito, que se desplomó en medio del estupor de los presentes. Arrepentido del crimen, pasó tres días encerrado en su tienda y algunos afirman que hasta trató de suicidarse a consecuencia de la muerte de su amigo.
Luego de muchas peripecias y conquistas, Alejandro invadió Bactriana, se casó con la princesa Roxana, y llevó a su ejército a atravesar el Parapamisos y a dominar el valle del Indo, con la única resistencia del rey indio Poros en Hidaspes.
A sus treinta y dos años su imperio se extendía hasta el valle del Indo por el Este y hasta Egipto por el Oeste donde fundó la famosa ciudad de Alejandría (hoy Al-Iskandría, ?????????? ). Fundador prolífico de ciudades, esta ciudad egipcia habría de ser con mucho la más famosa de todas las Alejandrías fundadas por el también faraón Alejandro.
De hecho, en las monedas acuñadas en su época y en la de sus sucesores, la figura de Alejandro Magno se fusiona y llega a confundir con la de Apolo. Asimismo, en el oráculo del oasis de Siwah se le proclamó hijo de Zeus-Amón, y aunque nunca repudió públicamente a su padre, el rey Filipo, tampoco desmintió su presunta ascendencia divina.
Con sus acciones extendió ampliamente la influencia de la civilización griega y preparó el camino para los reinos del período helenístico y la posterior expansión de Roma. Fue además gran amante de las artes. Alejandro era consciente del poder de propaganda que puede tener el arte y supo muy bien controlar la reproducción de su efigie cuya realización sólo autorizó a tres artistas: un escultor, Lisipo, un orfebre y un pintor, Apeles. Los biógrafos de Alejandro cuentan que éste tenía en gran aprecio al pintor y que visitaba con frecuencia su taller y que incluso se sometía a sus exigencias.
Alejandro murió a la edad de 33 años. Existe teorías actuales que señalan la causa de su muerte a la enfermedad vírica llamada fiebre del Nilo. Aunque dicen otros que fue envenenado por sus generales para apoderarse del Imperio creado por este conquistador.
Filipo II
Filipo II fue un rey de Macedonia, el hijo más joven de Amintas III (reinó en 394-370 adC). Nació en Pela.
Durante muchos años Macedonia había sido una zona inestable, cuyos reyes se asesinaban unos a otros para conseguir el poder sobre todas las tribus. Con Filipo llegó el comienzo de un gran Imperio.
Filipo impuso el poder sobre los demás y consiguió que su pueblo sacara partido de su ventajosa posición geográfica. Según los historiadores las hazañas de Filipo son grandiosas y son la apertura de un camino de gloria que recorrería su hijo Alejandro Magno. En el año 356 adC subió al trono de Macedonia el joven Filipo de veintidós años, con el nombre de Filipo II. De él se dice que era un excelente jinete, gran nadador y un soldado muy sufrido en campaña. De maneras afables, conversación animada y gusto por los festines. Se había casado con Olimpia, princesa de Epiro, y tenía un hijo, Alejandro, que sería conocido más tarde como Alejandro Magno.
Filipo había pasado tres años en Tebas en calidad de rehén y allí había estudiando de cerca los ejércitos griegos y su política. Se dio cuenta de que la nueva táctica de la ruptura que se enseñaba a los soldados, basada íntegramente en la falange, podía mejorarse mucho. En el campo político se dio cuenta de que Tebas ya no era la ciudad fuerte ante Atenas, que se debilitaba y dejaría de dominar. La idea de este rey era llegar a la unidad política de todos los pueblos griegos bajo su mando.
Olimpia
Olimpia ,(Olympias) (375 adC – 315 adC) fue la esposa principal del rey Filipo II de Macedonia quien la hizo madre de Alejandro III y cleopatra , esta ultima nacida en el año 353 adC.
fue princesa hija de Neoptolemo, rey de Molosia, en la región de Epiro al noroeste de la actual Grecia. Desde muy pequeña se quedó huérfana de padre y madre y vivió bajo la tutela de su tío Arribas, que pasó a ser el rey de Molosia. Fue su tío quien arregló su matrimonio con Filipo de Macedonia, para enlazar la amistad y tener buenas relaciones con este país. Olimpia tenía 19 años cuando se casó. Y fue la primera esposa en rango (no en orden).
Su nombre de soltera era Políxena, en honor de la joven llamada así, hija de Príamo y sacrificada en la tumba de Aquiles. Se dice que era una mujer violenta, neurótica y supersticiosa que incluso se jactaba al decir que su hijo era un semidios pues segun ella, el mismo dios zeus la habia preñado, pero esta anepdota solo puede ser interpretada como un intento de realzar la procedencia casi divina de su primogenito alejandro el magno, es destacable su aficion por las serpientes con quienes compartia su alcoba.
Y también se dice (y es histórico) que bajo su mandato fueron asesinados varios personajes de su época incluso se ha insinuado que tuvo algo que ver en la muerte de su esposo el rey Filipo II, motivos no le faltaban ya que su situacion en la corte macedonia era inestable como la relación que tenia con su esposo, pero aun no hay pruebas contundentes en su contra.
Pero los historiadores afirman que este hecho no debe considerarse como algo insólito y propio de una loca asesina, sino como producto de una época y unas costumbres. Olimpia hizo lo que otros reyes de su momento, es decir llevar una política de eliminación de posibles rivales.
La muerte de Olimpia
Casandro no contaba con la oposición de los soldados macedonios. Ordenó a éstos la ejecución de Olimpia, pero se negaron alegando que ellos no matarían nunca a la madre de su mítico jefe Alejandro. Después de este fracaso pretendió ganar terreno con la difamación y la calumnia hacia Alejandro. Pero los macedonios no están de acuerdo con este comportamiento y comienzan a retirarle su apoyo. El recuerdo del gran Alejandro pesaba todavía mucho.
No obstante, la reina Olimpia acabó siendo asesinada, mas se cuenta que murió valientemente, alzando la mirada y llamando a su hijo, y que Casandro fue censurado por este hecho durante mucho tiempo.
Darío I el Grande (en persa antiguo Darayawuš, "aquel que apoya firmemente el Bien", en persa moderno ?????? Dâriûsh, en griego clásico ?a?e??? Dareîos) (circa 549-485 adC), rey aqueménida de Persia (521 adC-485 adC).
Darío era hijo de Hidaspes, sátrapa de Partia e hijo del rey Arsames; pertenecía por tanto a una rama secundaria de la familia real aqueménida. Como pariente de Cambises II, Darío pertenecía a una de las más poderosas familias que conformaban la nobleza del Imperio persa.
Era miembro de la guardia real de Cambises II en el momento del suicidio del rey (522 adC), que cometió debido a su fracaso para detener la usurpación que el mago Gaumata había llevado a cabo, suplantando al fallecido Esmerdis, hermano de Cambises que el propio rey había mandado asesinar previamente.
Nadie se atrevió a alzarse contra Gaumata, excepto Darío, quien, con la ayuda de algunos nobles (y de Ahura Mazda, como él mismo argumentaba), trató de recuperar el trono para la dinastía aqueménida. Tal como indica una inscripción posterior de Darío encontrada en Susa, tanto su padre Hidaspes como su abuelo Arsames vivían aún en el momento de la usurpación de Gaumata, si bien fue Darío quien por edad heredó los derechos aqueménidas al trono persa, proclamando que había sido señalado como futuro rey mediante la hipomancia, la adivinación por los caballos.
Ayudado por seis nobles persas, cuyos nombres honró posteriormente Darío en las líneas finales de la inscripción de Behistún, sorprendió y asesinó al usurpador en una fortaleza de Nisaya, en Media (octubre del 521 adC). Tras la muerte del mago, Darío contrajo matrimonio con Atosa, viuda del falso Esmerdis e hija de Ciro II; Jerjes I, hijo de ambos, sería el heredero y el futuro rey de Persia.
El cambio repentino en el gobierno central del imperio persa fue percibido por los gobernadores de las provincias orientales como el momento ideal para obtener su independencia.
Además, en varias regiones del imperio, como en Susiana, Babilonia, Media, Margiana o Sagartia, surgieron usurpadores, que pretendían pertenecer, la mayoría de ellos, a las dinastías locales anteriores a la conquista persa, y dispusieron varios ejércitos propios para enfrentarse a Darío. En la misma Persia el usurpador Vahyazdata imitó a Gaumata, consiguiendo el reconocimiento del pueblo como el verdadero Esmerdis.
No obstante Darío, con sólo un pequeño ejército de persas y medos y con algunos generales leales, pudo sobreponerse a todas estas dificultades, llegando a derrotar hasta nueve usurpadores, acabando con todas las rebeliones en poco tiempo, y controlando a la casta sacerdotal (520-519 adC). Babilonia (que se había sublevado dos veces), Susiana (con tres alzamientos) y Egipto fueron sometidos, y la autoridad de Darío fue restablecida en todo el imperio.
Administración del imperio
Darío fue un destacado gobernante y organizador del imperio, revisando el sistema administrativo persa, así como su código legal. Sus revisiones sobre
este código concernían a leyes sobre testimonios, comercio de esclavos, depósitos, sobornos y violaciones. También introdujo mejoras en el aspecto militar durante sus sucesivas campañas, como el servicio militar obligatorio, el pago a los guerreros, el entrenamiento militar y otras modificaciones en el ejército y la armada persa.
Posiblemente el aspecto civil más destacado de su reinado fue la reorganización administrativa del imperio, algo que lo encumbró al nivel del propio Ciro para los persas de la posteridad. La nueva organización de las provincias y la fijación de los impuestos fue descrita por Herodoto (iii. 90 if.), quien contaba al parecer con buenas fuentes. Darío dividió el Imperio persa en veinte provincias, cada una bajo la supervisión de un gobernador o sátrapa.
Este cargo era generalmente hereditario, y gozaba de una amplia autonomía, que permitía a cada provincia conservar sus propias leyes, tradiciones y clases dirigentes. No obstante, cada región era responsable del pago de un determinado tributo al emperador, en oro o plata, algo que algunas provincias acusaron con el paso del tiempo, como fue el caso de Babilonia.
Cada satrapía poseía un administrador financiero y un coordinador militar independientes, además del sátrapa, quien controlaba la administración y el cumplimiento de las leyes.
Estos tres cargos respondían directamente ante el rey, quien con esta medida impedía la concentración del poder en cada satrapía, disminuyendo así las posibilidades de deslealtades y revueltas. Darío también incrementó la burocracia del imperio, aumentanto el número de escribas que registraran las tareas administrativas de cada provincia.
Durante el reinado de Darío se iniciaron muchos proyectos de construcciones, siendo el más destacado la edificación de una nueva capital para el imperio, la ciudad de Persépolis, en detrimento de la antigua capital de Ciro, Pasargadas, que estaba muy asociada a los reyes anteriores, algo que Darío quería evitar.
La nueva capital poseía murallas de 60 pies de altura (unos 20 metros) y 33 pies de espesor (unos 11 metros), siendo por tanto una importante labor de ingeniería arquitectónica. Asimismo, la futura tumba de Darío fue tallada en una pared de roca, no muy lejos de la ciudad.
Otro de los proyectos de Darío fue la excavación de un canal que comunicara el río Nilo con Suez, una vía que, como demuestran los fragmentos de una inscripción jeroglífica recuperada, los barcos persas utilizaban para navegar desde el mismo Nilo hasta Persia, siguiendo el Mar Rojo hacia el sur y rodeando la península arábiga y el reino de Saba antes de dirigirse hacia el Golfo Pérsico y a Susa.
Darío encargó también la creación de una importante red de caminos que recorrieran todo el imperio, como es el destacado Camino Real que desde Sardes atravesaba Anatolia, Siria y Mesopotamia para llegar hasta Susa, y de allí, hasta Persépolis, como mencionan las tablillas de Persépolis.
Este camino se apoyaba en postas de mensajería, puestos de descanso, posadas y guarniciones militares, evitando así el riesgo que suponían los bandidos. Darío es también recordado por la impresionante inscripción de Behistún, que fue tallada en la pared de un acantilado cerca de la ciudad de Behistún, la cual nos informa acerca de su exitosa ascensión al trono y donde Darío argumenta sobre su legitimidad como rey de Persia.
Darío es a menudo considerado como un gran financiero: estableció un patrón monetario con la introducción del dárico de oro, y fomentó el desarrollo del comercio a través de expediciones que abrieran nuevos mercados y rutas, siendo muy probable que Persia llegara a mantener contactos con Cartago (cf. el término Karka de la inscripción de Nakshi Rustam) en Sicilia e Italia. Su reinado se caracterizó así por el crecimiento de la población y el desarrollo de las actividades artesanales en las ciudades.
Los pesos y las medidas fueron normalizados (como el cúbito real o la medida del rey), pero solían coexistir con las tradicionales unidades egipcias y babilonias, lo cual incentivó el comercio debido a que nunca antes existió un mercado tan amplio como era el imperio persa. Las mejoras en la red de comunicaciones y la reordenación administrativa contribuyeron a dotar al imperio aqueménida de una aparente unidad comercial, basada en la generación de riqueza.
Darío procuraba obtener el bienestar de las naciones súbditas del imperio, y con este objetivo fomentó las ayudas a sus diferentes castas sacerdotales. Permitió a los judíos reconstruir el Templo de Jerusalén, a la vez que en Egipto es mencionado en varios templos que erigió en Menfis, Edfú y el Gran Oasis.
Convocó a Tzahor, gran sacerdote de Sais, a Susa (como muestra la inscripción del Museo Vaticano), otorgándole poderes para reorganizar la Casa de la Vida, la gran institución médica del templo de Sais. En las tradiciones egipcias es mencionado como uno de los grandes benefactores y legisladores del país.
Asimismo apoyó a los santuarios griegos (cf. la carta de Darío a Godatas, inspector del parque real cercano a Magnesia, donde exime impuestos y de trabajos obligados al territorio sagrado de Apolo), por lo que todos los oráculos griegos del Asia Menor y de la Europa controlada por los persas permanecieron de su lado durante las Guerras Médicas, disuadiendo a los griegos de cualquier tentativa de resistencia.
En el aspecto religioso, Darío aparece en todas sus inscripciones como un ferviente creyente de la religión monoteísta oficial, el zoroastrismo; Ahura Mazda es el único dios mencionado en las mismas. No obstante, demostró un profundo respeto y tolerancia por los otros cultos existentes en su imperio, una política tradicional de sus predecesores.
También es mencionado adorando, sufragando o alabando varios panteones, un actitud a destacar en cuanto la mayoría de sus súbditos eran politeístas. Al igual que otros reyes persas, mantuvo la política contra la esclavitud, de manera que, por ejemplo, todos los trabajadores que trabajaron en Persépolis y en otros lugares eran remunerados, una idea revolucionaria para la época.
Esta política de derechos humanos fue muy común en sus predecesores y en los posteriores reyes persas, siendo prácticamente el primer testimonio continuado de la misma.
Política exterior
La expansión por Asia
Darío continuó la política expansionista de sus predecesores Ciro II y Cambises II, si bien con un propósito fundamental: alcanzar unas fuertes fronteras naturales en pos de la estabilidad del imperio, para hacer frente a la amenaza que suponían los pueblos bárbaros y nómadas que moraban más allá de los límites del imperio persa (como también persiguió Augusto siglos más tarde en el Imperio romano).
Las campañas de conquista ejecutadas en su reinado fueron por tanto planteadas en torno a este fin, o como expediciones punitivas que hicieran frente a situaciones concretas, como fueron la campaña contra los escitas pónticos o la invasión de Grecia.
De esta forma, respecto a Asia, sometió los territorios indios de Gandhara (el actual Punjab), más allá de las satrapías orientales de Bactriana, Aracosia y Gedrosia, hasta llegar al río Indo, considerándolo como la lógica frontera oriental de su imperio. Ordenó la salida desde Kabul de una expedición fluvial al mando del cario Escila de Carianda, que exploró el río Indo aguas abajo, y que llegó hasta el Océano Índico y probablemente hasta la misma Suez.
También atacó a los saces de las estepas iranias, y a los turanios de más allá del Oxus, y sometió a los pueblos salvajes de las montañas anatolias y armenias, extendiendo el imperio hasta el Cáucaso, a la vez que expandió el área de influencia persa por la ribera meridional del Golfo Pérsico (512 adC).
La campaña escita
En cuanto a Europa, en el año 512 adC dirigió una campaña militar contra los escitas que habitaban en las estepas pónticas de la ribera septentrional del Mar Negro (en la actual Ucrania).
El propósito de esta expedición fue atacar a las tribus nómadas que hostigaban la frontera norte del imperio persa, si bien el plan estaba basado en una incorrecta interpretación geográfica, muy común en la Antigüedad y que también cometió Alejandro Magno más adelante: el hecho de identificar el Hindu Kush (el Cáucaso indio) como una prolongación del Cáucaso real, y de suponer al Mar Negro como una parte del Mar Caspio (o muy próximo al mismo), de manera que los escitas pónticos fueron confundidos con los escitas del Asia Central.
Así, la expedición de Darío, tras atravesar el Bósforo y someter a los tracios y a Macedonia, cruzó el Danubio y se internó varias semanas por las estepas ucranianas, mientras los escitas se retiraban ante el ejército persa. Finalmente, ante los negativos resultados de la campaña, Darío decidió cancelarla y retirarse hacia Anatolia.
Los detalles dados por Herodoto acerca de esta expedición son bastante fantásticos, e incluso afirma que Darío llegó a remontar el río Rha, algo poco verosímil, aun cuando se pensaba que el Rha y el Tanais eran el mismo río, siendo el Dniester el límite más probable de su aventura póntica. En cuanto a las anotaciones que hiciera Darío sobre esta campaña en una tablilla, fueron añadidas a la inscripción de Behistún, si bien no se han conservado a excepción de unas pocas palabras.
La Primera Guerra Médica
En esta misma etapa hay que señalar los conflictos que serían posteriormente conocidos como las Guerras Médicas, y que fueron iniciadas por los propios griegos. La Grecia europea (la Hélade) estaba intimamente ligada a la costa egea de Asia Menor, debido a la existencia de numerosas colonias griegas en la misma, y muchos partidos rivales dentro de las ciudades griegas pugnaban por lograr el favor del rey persa en sus disputas, si bien Darío no se involucró inicialmente en estos conflictos internos.
Sin embargo, el apoyo que las polis de Atenas y Eretria brindaron a las ciudades jónicas y carias en su revuelta contra el poder persa que las sometía, animadas tras la frustrada campaña persa contra los escitas, hizo que Darío decidiese castigar esa ayuda una vez que las revueltas fueron aplacadas (499 adC).
De esta forma, reunió un importante ejército y lanzó una primera expedición de castigo contra las ciudades griegas, al mando de Mardonio, si bien la escuadra naval fue detenida junto a los acantilados del Monte Athos (492 adC). Una segunda expedición fue encomendada a Datis, que contaba con el apoyo o la neutralidad de gran parte de los estados griegos, gracias al dinero persa.
Enviada hacia el Ática contra la alianza de Atenas y Esparta, fue no obstante derrotada de nuevo por los atenienses de Milcíades en la batalla de Maratón (490 adC). Antes de que Darío dirigiese una tercera expedición contra la Hélade, una revuelta se desencadenó en Egipto en el 486 adC.
Darío murió en octubre del año siguiente, tras un largo reinado de treinta y seis años; su muerte, unida a una merma en el prestigio persa tras la derrota ante los griegos, fue la causa de nuevas revueltas que estallaron en Babilonia y Egipto, que tuvieron que ser sofocadas por su hijo y heredero, Jerjes I.
Pericles (495 adC- 429 adC) (en gr. ?e??????, “rodeado de gloria”), importante e influyente político y orador ateniense en los momentos de la edad de oro de la ciudad (en concreto, entre las guerras Médicas y las del Peloponeso). Descendía por línea materna de la familia de los Alcmeónidas.
Fue el principal estratega de Grecia. Gran dirigente, un hombre honesto y virtuoso.
Llamado el Olímpico, por su imponente voz, aunque algunos autores afirman que este sobrenombre le vino de un bulto que al parecer tenía en la parte superior de la cabeza, accidente de su parto, que se asemejaba al famoso monte (ver "Historia del Universo en Cómic" de Larry Gonick). Pericles tuvo tanta influencia en la sociedad ateniense que Tucídides, un historiador coetáneo, lo denominó como “el primer ciudadano de Atenas”.
Pericles convirtió a la Confederación de Delos en el Imperio ateniense, y dirigió a sus compatriotas durante los primeros dos años de la Guerra del Peloponeso. El periodo en el que Pericles gobernó Atenas a veces es conocido como el “Siglo de Pericles”, aunque ese periodo a veces puede abarcar fechas tan recientes como de las Guerras Médicas o tan tardías como el siglo siguiente.
Pericles promocionó las artes y la literatura. Por esta razón Atenas tiene la reputación de haber sido el centro educacional y cultural de la Antigua Grecia. Comenzó un ambicioso proyecto que llevó a la construcción de la mayoría de las estructuras supervivientes en la Acrópolis de Atenas, incluyendo el Partenón, así como de otros monumentos como los Propileos. Su programa embelleció la ciudad y sirvió para exhibir su gloria, a la vez que dió empleo a muchos ciudadanos. Además, Pericles defendió hasta tal punto la democracia griega que algunos de sus críticos le consideran populista.
Rival de Cimón en 459 adC y jefe del partido democrático. Después de la muerte de Cimón, condenó a Tucídides (el político, no el historiador) al ostracismo. Fundó en sólidas bases la potencia naval y colonial de Atenas, sometió la isla de Eubea en 446 adC, la de Samos en 440 adC e hizo tomar parte a Atenas en la Guerra del Peloponeso.
Discípulo de Anaxágoras de Clazómenes y de Zenón de Elea, fue amigo de Fidias y atrajo a Atenas al arquitecto Hipodamo de Mileto, al filósofo Protágoras, y al historiador Heródoto. En su época brillaron Sófocles y Eurípides, máximas figuras del teatro griego y destacó el círculo de Aspasia.
Primeros años:
Pericles nació alrededor del 495 adC, en la demarcación de Cholargos, justo al norte de Atenas. Era hijo del político Jantipo, quien, si bien había sido condenado al ostracismo durante los años 485 ó 484 adC, volvió a Atenas para dirigir el contingente ateniense en la victoria griega de la Batalla de Micala sólo cinco años después. La madre de Pericles, Agariste, era parte de la poderosa familia de los Alcmeónidas, y sus conexiones familiares jugaron un rol crucial en el comienzo de la carrera política de Jantipo. Agariste era la bisnieta del tirano de Sición, Clístenes, y la sobrina del reformista ateniense Clístenes, otro alcmeónida.
Según Heródoto y Plutarco, Agariste soñó, algunas noches antes del nacimiento de Pericles, que ella daba a luz a un león. Una interpretación a esta anécdota es que el león es el símbolo tradicional de la grandeza, aunque la historia también puede estar haciendo alusión al tamaño inusual del cráneo de Pericles, que se convirtió en el objetivo habitual de los comediantes contemporáneos, llegando a recibir el apelativo de "cabeza de pera".
Si bien Plutarco asegura que esta deformación era el motivo por el que Pericles siempre era representado con casco, este no era exactamente el motivo, sino que el casco era el símbolo de su rango oficial como estratego (general).
Pericles pertenecía a la tribu local de Acamantis (??aµa?t?? f???) y sus primeros años fueron silenciosos. Un joven introvertido que huía de apariciones en público y prefería dedicar su tiempo a sus estudios.
La nobleza de su familia y su nivel económico le permitió perseguir su inclinación hacia los estudios. Aprendió música de los maestros de su tiempo (Damón o Pitocleides podrían haber sido sus profesores) y se considera que fue el primer político en atribuir una gran importancia a la filosofía. Disfrutó de la compañía de los filósofos Protágoras, Zenón de Elea y Anaxágoras. Anaxágoras particularmente llegó a convertirse en un buen amigo y le influenció enormemente.
La forma de pensar de Pericles, así como el carisma que tenía en su retórica podrían haber sido en parte una consecuencia del énfasis filosófico en la calma emocional al enfrentarse a los problemas, y del escepticismo sobre el fenómeno divino. Su calma y autocontrol proverbial también se contemplan como parte de la influencia de Anaxágoras.
Temístocles (Atenas, 525 adC - Magnesia del Meandro, 460 adC) Militar y estadista griego, figura clave en las Guerras Médicas y en la construcción de la armada ateniense.
Hijo del extranjero Neocles y una esclava, ya de niño se le adivinaba un talento especial, pues pasaba el tiempo pensando en situaciones graves y políticas. Se le atribuye la frase: "Yo no sabré templar una lira o tañer un salterio; pero sí, tomando por mi cuenta una ciudad pequeña y oscura, hacerla ilustre y grande".
Muy pronto se dedicó a los negocios públicos, empezando a atraerse amistades y también enemistades, como la de Arístides el justo y Milcíades. Fue nombrado arconte en el 493 adC, cuando estalló la Primera Guerra Médica. Temístocles creía que la Hélade no tendría salvación en caso de un ataque persa, si Atenas no desarrollaba antes una poderosa marina, y sus peticiones fueron escuchadas por la ciudadanía. De esta forma, fortificó el puerto de El Pireo, convirtiéndolo en una poderosa base naval, pero pronto alguien se opondría a esta estrategia. Era Milcíades, quien consideraba que los griegos debían defenderse primero por tierra, esperanzado en la supremacía de las largas lanzas griegas contra los arqueros persas. Los atenienses decidieron poner en manos de Milcíades la situación, enfrentando así la invasión persa.
La victoria de su rival en Maratón le causó dolores de cabeza, llegando a exclamar cuando le preguntaron por qué estaba tan demacrado: "es que la victoria de Milcíades me quita el sueño".
Después de la caída en desgracia de Milcíades, Temístocles tomó las riendas de Atenas, en preparación para una nueva guerra contra los persas. Temístocles consiguió materializar su plan original, y la flota ateniense se convirtió en la más poderosa de toda la Hélade. A pesar de que se tuvo que desalojar Atenas después de la derrota en la batalla de las Termópilas, logró llevar a cabo una brillante estrategia con la que venció en la batalla de Salamina. Posteriormente los persas serían derrotados definitivamente en Platea y Micala.
Después de la victoria, Temístocles se convirtió en el hombre más admirado de Atenas. Visualizó que Esparta era un peligro futuro para su ciudad, por lo que empezó a trabajar en fortificaciones. Como los espartanos denunciaron estas actuaciones, les envió embajadores, incluyéndose a él mismo, para ganar tiempo. En Esparta recibió la noticia de que los Largos Muros estaban terminados, y les dijo a los espartanos: "Los atenienses no os pidieron opinión para abandonar la ciudad a los persas y embarcar sus navíos. Y hoy tampoco necesitan vuestra autorización para fortificar su ciudad".
Esto hizo que los espartanos se enemistaran con los atenienses, y los miembros de Atenas que querían buenas relaciones con Esparta trataron de expulsarlo. Su figura había sido indispensable a la hora del peligro, pero Temístocles era muy inflexible y ambicioso para dirigir un estado en tiempos de paz.
Se le condenó al ostracismo, y cuando se supo de la traición de Pausanias, se intentó mezclar a Temístocles con el asunto, por lo que huyó del Ática antes de que lo enjuiciaran, permitiendo la corte a cualquier ciudadano poder darle muerte. Solo, se refugio en el único lugar que le abría las puertas, el Imperio Persa. Por ironías de la vida, el imperio rival aceptaba a cualquier político experimentado, incluso al causante de su anterior derrota.
Según la tradición, Temístocles se envenenó para no ayudar al rey de Persia en un nuevo intento de conquista de su patria, el año 460 adC.
Diferentes historiadores dan diversas fechas para su muerte. Por ejemplo Diodoro de Sicilia (Biblioteca Histórica XI, 54,4; XI 58,3) dice que su muerte ocurrió "cuando Praxiergo era arconte de Atenas" (Cronologia Griega y Romana de Alan E. Samuel, Munich 1972, pág.206) lo cual se puede fechar entre 470-470 adC.
Rey de Sparta, el decimoséptimo de la línea de los Agidas. Fue uno de los hijos de Rey Anaxandridas II de Esparta. Sucedió el trono, probablemente en 489 o 488 A.C., a su hemanastro Cleomenes I, y se casó con Gorgos la hija de este.
En 480 los espartanos enviaron a Leonidas con 300 hombres de una unidad de hoplitas (all-sire soldados que tenía hijos para continuar su linaje) y con 4000 aliados para llevar a cabo el bloqueo al paso de Termópilas al ejército de Jerjes I de Persia (ver Batalla de las Termópilas).
Según una historia contemporánea, Leonidas fue solo con una fuerza pequeña porque él iba deliberadamente a su condena: un oráculo había previsto que Esparta se podría salvar con solo la muerte de uno de sus reyes. Al lugar los espartanos llegaron con la mitad del contingente, debido al festival de Carneia y de sus políticas de concentrar las fuerzas Griegas en el Istmo de Corinto.
Varias anecdotas demuestran el valor lacónico que Leonidas y los espartanos demostraban por el uniforme en el mundo antiguo. En el primer día del sitio, cuando Jerjes exigió la entrega de los Griegos sus brazos, Leonidas contesta Molon Labe ("venga a ganarselos"). Al tercer día, el Rey le dice a sus hombres que coman un buen desayuno, porque esa noche cenarían en el Hades. Los hombres de Leonidas repelieron los ataques frontales de los persas los primeros dos días, pero cuando el griego Efialtes condujo a Hidarnes, general persa, por un atajo en las montañas hacia la retaguardia de los Griegos, Leonidas dividió a su ejército.
Leonidas permaneció en el paso con 300 espartanos, 700 tespieos y 400 Tebanos.
Fue tal el ímpetu con el que los espartanos lucharon que Jerjes decidió abatirlos de lejos con sus arqueros para no seguir perdiendo hombres. Leónidas fue alcanzado por una flecha y los últimos espartanos murieron intentando recuperar su cuerpo para que éste no cayera en manos enemigas. La batalla duró cinco días y los persas consiguieron derrotar a los temidos espartanos, pero éstos ya habían retrasado notablemente el avance persa, diezmado la moral de su ejército y matado a miles de soldados.
Herodoto menciona que la cabeza de Leonidas fue cortada a pedido de Jerjes y su cuerpo crucificado.
Lo enterraron con honores completos, incluyendo una exhibición muy Espartana de lamentos de luto. Un monumento de un león tallado junto con una inscripción dedicada esta en el sitio de su muerte que conmemoraba el sacrificio de él y de sus hombres:
Vaya, dice el espartano, el extranjero que pase cerca de aquí, obediente a sus leyes, mentimriamos acerca de nuestro conocimiento de las circunstancias, ya que son demasiado leves, permítanos juzgar la estrategia de Leonidas, pero su heroísmo y dedicación que le aseguraron un lugar casi único en la imaginación, no solo en su propia época sino también de épocas futuras.
Los persas fueron definitivamente derrotados en el año 479 ac en la batalla de Platea, es entonces cuando abandonan el proyecto de conquistar Grecia.
Temístocles retoma el mando de Atenas
El victorioso Milcíades quiso aprovechar el momento de gloria para expandir el poder de Atenas en el Mar Egeo, por lo que poco después de Maratón envió una parte de la flota contra las islas Cícladas, sometidas todavía a los persas. Atacó la isla de Paros, exigiendo a su habitantes el tributo de 100 talentos, y al negarse la ciudad le puso sitio, pero la defensa fue tan ardua que los griegos tuvieron que contentarse con unos pocos saqueos. Este pobre resultado empezó a desilusionarlos con respecto a Milcíades, llegando a verlo incluso como un tirano que despreciaba las leyes.
Los enemigos de Milcíades lo acusaron de haber engañado al pueblo y lo sometieron a proceso, en el que no se pudo defender por haber sido herido en un accidente y estar postrado en una camilla. Se le declaró culpable, salvando la pena capital común en estos casos por los servicios prestados antes a la patria, condenándolo a pagar la elevada suma de 50 talentos. Poco después moriría a causa de sus heridas. Seria ahora Temístocles quien tomaría las riendas de Atenas
En el año 481 adC, los representantes de diferentes polis, encabezados por Atenas y Esparta, firmaron un pacto militar (symmaquia) para protegerse de un posible ataque del Imperio Persa. Según este pacto, en caso de invasión correspondería a Esparta la tarea de dirigir al ejercito helénico. Su resultado fue una tregua general, que incluso propició el regreso de algunos desterrados.
"Tendréis toda la tierra y el agua que queráis"
Tras la muerte de Darío, su hijo Jerjes subió al poder, ocupándose los primeros años de su reinado en reprimir revueltas en Egipto y Babilonia, y preparándose a continuación para atacar a los griegos. Antes había enviado a Grecia embajadores a todas las ciudades para pedirles tierra y agua, símbolos de sumisión.
Muchas islas y ciudades aceptaron, pero no Atenas y Esparta. Se cuenta que los espartanos respondieron a los embajadores "Tendréis toda la tierra y el agua que queráis", y los tomaron y arrojaron a un pozo. Era una declaración de intenciones definitiva.
Sin embargo, en Esparta se empezaron a dar augurios nefastos, causados por la ira de los dioses debido a este acto de insolencia. Se llamó a los ciudadanos espartanos para solicitar si alguno de ellos era capaz de sacrificarse para satisfacer a los dioses y aplacar su ira.
Dos ricos espartanos ofrecieron entregarse al rey persa, y se encaminaron hacia Susa, donde los recibió Jerjes, quien los obligo a postrarse ante él. Sin embargo, los emisarios espartanos se resistieron, y le respondieron: "Rey de los medos, los lacedemonios nos han enviado para que puedas vengar en nosotros la muerte dada a tus embajadores en Esparta". Jerjes les respondió que no iba a hacerse reo del mismo crimen, ni creía que con su muerte los liberaría de la deshonra.
Las Termópilas
El poderoso ejército de Jerjes, que se estima en unos 60.000 o 70.000 hombres (la tradición griega dice que marchaba con millones de hombres), y mejor equipados que los anteriores, partió el 480 adC. "Llevaban en la cabeza una especie de sombrero llamado tiara, de fieltro de lana; alrededor del cuerpo, túnicas de mangas guarnecidas a manera de escamas; cubrían sus piernas con una especie de pantalón largo; en vez de escudos de metal portaban escudos de mimbre; tienen lanzas cortas, arcos grandes flechas de caña de aljabas y puñales pendiendo de la cintura" (Plutarco)
Cruzaron el Helesponto, y siguiendo la ruta de la costa se adentraron en la península. Las tropas helenas, que conocían estos movimientos, decidieron detenerlos el máximo tiempo posible en el desfiladero de las Termópilas (que significa Puertas Calientes)
En este lugar, el rey espartano Leónidas I situó a unos 300 soldados espartanos y 1.000 más de otras regiones. Jerjes le envió un mensaje increpándolos a entregar las armas, a lo que respondieron: "ven a tomarlas". Tras cinco días de espera, y viendo que su superioridad numérica no hacía huir al enemigo, los persas atacaron.
Sin embargo, en aquel desfiladero tan estrecho los persas no podían usar su famosa caballería, y su superioridad numérica quedaba bloqueada, pues sus lanzas eran más cortas que las griegas. La estrechez del paso les hacía combatir con similar número de efectivos en cada oleada persa, por lo que no les quedó mas opción que replegarse después de dos días de batalla.
Pero ocurrió que un traidor, llamado Efíaltes, condujo a Jerjes a través de los bosques para llegar por la retaguardia a la salida de las Termópilas.
La protección del camino había sido encomendada a 1.000 foceos, que tenían excelentes posiciones defensivas, pero se acobardaron ante el avance persa y huyeron. Al conocer la noticia, algunos griegos hicieron ver lo inútil de su situación para evitar una matanza, decidiendo entonces Leónidas dejar partir a los que quisieran marcharse, quedándose él y sus espartanos firmes en sus puestos.
Atacados por el frente y la espalda, los espartanos sucumbieron después de hacer pagar a los persas un gran tributo en sangre. Posteriormente se levantaría en ese lugar la inscripción: "Viajero, ve y dile a Esparta que hemos muerto por cumplir con sus sagradas leyes".
Salamina
Con el paso de las Termópilas franco, toda la Grecia central estaba a los pies del rey persa. Tras la derrota de Leónidas, la flota griega abandonó sus posiciones en Eubea y evacuó Atenas, buscando refugio para las mujeres y los niños en las cercanías de la isla de Salamina. Desde ese lugar presenciaron el saqueo e incendio de la Acrópolis por las tropas dirigidas por Mardonio.
A pesar de ello, Temístocles aún tenia un plan: atraer a la flota persa y entablar batalla en Salamina, con una estrategia que lograría vencerles. Cuenta la leyenda que Temístocles se hizo pasar por traidor ante el rey de Persia, incitándolo a una victoria segura en Salamina, pero esta anécdota es probablemente falsa.
Lo cierto es que Jerjes decidió entablar combate naval, utilizando un gran número de barcos, muchos de ellos de sus súbditos fenicios. Sin embargo, la flota persa no tenia coordinación al atacar, mientras que los griegos tenían perfilada su estrategia: sus alas envolverían a los navíos persas y los empujarían unos contra otros para privarlos de movimiento.
Su plan resultó, y el caos cundió entre la flota persa, con nefasto resultado: sus barcos se obstaculizaron y chocaron entre sí, yéndose a pique muchos de ellos, y contando además con que los persas no eran buenos nadadores, mientras que los griegos al caer al mar podían nadar hasta la playa. La noche puso fin al combate, tras el cual se retiró destruida la otrora poderosa armada persa. Jerjes presencio impotente la batalla, desde lo alto de una colina.
"Los helenos sabían que cuando llega la hora del combate, ni el número ni la majestad de los barcos ni los gritos de guerra de los bárbaros pueden atemorizar a los hombre que saben defenderse cuerpo a cuerpo, y tienen el valor de atacar al enemigo" (Plutarco)
Fin de las Guerras Médicas
Temístocles quiso llevar la guerra a Asia, enviar allí la flota y sublevar las colonias jónicas contra el rey de Persia, pero Esparta se opuso, por el temor de dejar desprotegido el Peloponeso.
Por estas razones, la guerra continuó en Europa, volviendo el ejército persa a invadir el Ática en el año 479 adC. Mardonio ofreció la libertad a los griegos si firmaban la paz, pero el único miembro del consejo de Atenas que voto por esa causa fue condenado a muerte por sus compañeros. De esta forma, los atenienses hubieron de buscar refugio nuevamente en Salamina, siendo incendiada su ciudad por segunda vez.
Al enterarse de que el ejército espartano (increpado con amenazas por los atenienses para que les prestaran ayuda) se dirigía contra ellos, los persas se retiraron hacia el Oeste, hasta Platea. Dirigidos por su regente Pausanias, conocido por su sangre fría, los espartanos lograron otra estruendosa victoria sobre los persas, capturando de paso un gran botín que les estaba esperando en el campamento persa.
Junto a la victoria en Platea, ocurrió poco tiempo después el hundimiento de la flota persa en Micala, que fue además la señal para el levantamiento de los jonios contra sus opresores. Los persas se retiraron de la Hélade, poniendo así fin a los sueños de Jerjes de conquistar el mundo helénico. De esta forma las Guerras Médicas, que enfrentaron por primera vez a Oriente y a Occidente, llegaron a su fin.
Milcíades, avisado del desembarco persa, increpó a los atenienses a hacerles frente. Enviaron al corredor Filípides a Esparta para solicitar ayuda, recorriendo 220 kilómetros en un día a caballo, toda una hazaña.
Los espartanos prometieron enviar ayuda, pero argumentaron que, por razones religiosas (ya que se encontraban en el noveno día del mes lunar), no podrían hacerlo sino hasta seis días después, en plenilunio. Milcíades no podía esperar tanto tiempo, y se lanzó al ataque contra los persas con los efectivos con los que contaba. Las cifras de los atenienses fluctuaban probablemente entre los 10.000 o 15.000 combatientes, y las fuerzas persas con unos 20.000. Herodoto dice que los persas tenían 600 barcos, si bien otros autores griegos aumentan las fuerzas enemigas hasta el millón de efectivos, unos datos que son sin lugar a dudas exagerados e inverosímiles.
Los griegos se acercaron a los persas, quienes respondieron con una lluvia de flechas, eludiendo los griegos éstas al precipitarse contra el enemigo, consiguiendo así forzar la disposición en cerradas formaciones de los persas, que impedían el uso de la caballería.
Esta acción resultó determinante, pues los persas no podían hacer mucho contra las largas lanzas de las fuerzas hoplitas, preparadas para un combate cuerpo a cuerpo, ya que sus arcos no les servían, y los sables, puñales y espadas cortas no podían hacer gran daño a los griegos protegidos con coraza. Los persas ofrecieron sin embargo una gran resistencia, consiguiendo romper en un momento el cerco griego, pero reagrupados los flancos helenos, estos últimos los pusieron en fuga hasta el lugar del desembarco, donde se entabló la última parte del combate.
Los atenienses capturaron siete barcos, pero eran insuficientes para cortar la retirada del ejercito enemigo, que fue totalmente masacrado. Las tropas persas, derrotadas, regresaron al Asia, pero eso no significaba que estuviera solucionado el problema entre persas y griegos, pues pronto estallaría un nueva guerra. Filípides, según cuenta la leyenda, fue mandado por Milcíades a recorrer los 48 kilómetros que separaban a Maratón de Atenas para anunciar la victoria griega. Tras anunciar la victoria con la frase "¡Alegraos, atenienses, hemos vencido!", se derrumbó por el esfuerzo y murió.
Tras el duro golpe dado a las polis jonias, Darío I se decidió a castigar a aquellos que habían auxiliado a los rebeldes. Según la leyenda, preguntó: "¿quien es esa gente que se llama atenienses?", y al conocer la respuesta, exclamó: "¡Oh Ormuz, dame ocasión de vengarme de los atenienses!".
Después, cada vez que se sentaba en la mesa, uno de sus servidores debía decirle tres veces al oído "¡Señor, acordaos de los atenienses!". Es por esto que encargó la dirección de la represalia a su sobrino Artafernes y a un noble llamado Datis.
Mientras tanto, en Atenas algunos hombres ya veían los signos del inminente peligro. El primero de ellos fue Temístocles, elegido arconte el 493 adC. Temístocles creía que la Hélade no tendría salvación en caso de un ataque persa, si Atenas no desarrollaba antes una poderosa marina. De esta forma, fortificó el puerto de El Pireo, convirtiéndolo en una poderosa base naval, mas pronto surgiría un rival político que impediría el resto de sus reformas. Se trataba de Milcíades, miembro de una gran familia ateniense huida de las costas del Asia Menor. Se oponía a Temístocles porque consideraba que los griegos debían defenderse primero por tierra, esperanzado en la supremacía de las largas lanzas griegas contra los arqueros persas.
Los atenienses decidieron poner en sus manos la situación, enfrentando así la invasión persa. La flota persa hizo a la mar en el verano de 490 adC, dirigidos por Artafernes, conquistando las islas Cícladas y posteriormente Eubea, como represalia a su intervención en la revuelta jonia. Posteriormente, el ejercito persa, comandado por Datis, desembarcó en la costa oriental del Ática, en la llanura de Maratón, lugar recomendado por Hipias (anterior tirano de Atenas) para ofrecer batalla, por considerarla el mejor lugar para que actuara la caballería persa.
Guerras Médicas, nombre que se le da al enfrentamiento entre antiguos griegos y el imperio Persa, durante el siglo V adC.
Antecedentes
En las costas occidentales de Asia Menor, se encontraban colonias griegas, que se dedicaban principalmente al comercio, logrando desplazar en este aspecto a los fenicios. La prosperidad e independencia de estas ciudades jónicas terminó cuando cayeron una tras otra en manos del rey Creso de Lidia, siendo obligadas a pagar tributo.
La situación empeoró cuando el reino de Lidia cayó en manos del rey persa Ciro, en el 546 adC, siguiendo las ciudades griegas el mismo destino.
Posteriormente, el rey persa Darío I gobernó las ciudades griegas con tacto y procurando ser tolerante. Sin embargo, como hicieron sus antecesores, siguió la estrategia de dividir y vencer, apoyando el desarrollo comercial de los fenicios, que habían sido anteriormente sometidos a su imperio, y que eran rivales tradicionales de los griegos.
Además de esto, los jonios sufrieron más golpes, como la conquista de su floreciente suburbio de Naucratis en Egipto, la conquista de Bizancio, llave del Mar Negro, y la caída de Sibaris, uno de sus mayores mercados de tejidos y punto de apoyo vital para el comercio.
De estas acciones surgió un resentimiento contra el opresor persa, sentimiento que fue aprovechado por el ambicioso tirano de Mileto, Aristágoras, para movilizar a las ciudades jónicas contra el Imperio Persa, en el año 499 adC.Aristágoras pidió ayuda a las metrópolis de la Hélade, pero sólo Atenas, que envió 20 barcos (probablemente la mitad de su flota) y Eretria (en la isla de Eubea), que aportó cinco naves, acudieron en su ayuda, no recibiendo ninguna ayuda de Esparta. El ejército griego se dirigió a Sardes, capital de la satrapía persa de Lidia, y la redujo a cenizas, mientras que la flota recuperaba Bizancio.
Darío I, enardecido, mandó a su ejército, que destruyó al ejército griego en Éfeso, y hundió la flota helena en la batalla naval de Lade. Tras sofocar la rebelión, los persas reconquistaron una tras otra las ciudades jonias, y después de un largo asedio arrasaron Mileto, muriendo la mayor parte de la población en batalla, y siendo esclavizados los supervivientes, y deportados a Mesopotamia.
La Guerra del Peloponeso fue un conflicto que enfrentó a las ciudades de la Liga del Peloponeso, encabezadas por Esparta a las de la Liga de Delos, encabezadas por Atenas, entre el 431 y el 404 adC. Las ciudades de la Liga del Peloponeso eran ciudades gobernadas por oligarquías, mientras que las de la Liga Ática eran ciudades con gobiernos basados en la democracia ateniense.
El desencadenante fue el conflicto entre Corinto, aliada de Esparta y su colonia Corcira, que quería adherirse a la Liga Ática, apoyándola Atenas. Corinto respondió haciendo lo mismo con Potidea, que quería desligarse del dominio ateniense. Atenas respondió bloqueando con su flota el comercio de la ciudad de Mégara, perteneciente a la Liga del Peloponeso; Tebas, aliada de Esparta, atacó Platea, aliada de Atenas. El conflicto real es entre Atenas, que con su flota dominaba el mar, y Esparta, que dominaba con su falange el campo de batalla en tierra, por el dominio total sobre la península griega y sus colonias.
Una peste debilitó a Atenas, muriendo el propio Pericles y parte importante de la población en el 429 adC, lo que aprovecharon los espartanos para arrasar las tierras del Ática, aunque no pudieron tomar Atenas.
En el 424 adC el espartano Brásidas toma la ciudad de Anfípolis, que dominaba en Tracia, al norte de la península, la ruta terrestre desde Grecia hasta las colonias en la costa de la actual Turquía.
Atenas envía un ejército bajo el mando de Cleón para liberar Anfípolis y es derrotado ante la ciudad, muriendo Cleón y Brásidas. Atenas se ve obligada así a firmar una paz en el 421 adC que, teóricamente, preveía la restitución de los territorios conquistados por ambos bandos, pero en la práctica los aliados de Esparta se nagaron a la restitución.
Atenas intenta atraerse a las colonias griegas en el Mediterráneo occidental y envía en el 415 adC una flota y un ejército a Sicilia para obligar a Siracusa, aliada de Esparta, a frenar sus aspiraciones sobre Segesta, aliada de Atenas. La flota y el ejército son destruidos totalmente en el 413 adC y Esparta vuelve a atacar el Ática, ocupando Decelea.
Comienzan las defecciones en la liga ateniense y las colonias del Egeo se emancipan de Atenas. Persia ve con buenos ojos la pérdida del poder de Atenas, que había ocupado varias ciudades persas en Anatolia años antes y empieza a ayudar con dinero a la Liga del Peloponeso para contratar mercenarios y comprar suministros. Atenas ve perdido el abastecimiento de alimentos desde las colonias del Egeo y Egipto.
Un grupo de la oligarquía ateniense conocido por los Cuatrocientos, apoyados por Esparta, aprovechan para tomar el poder en el 411 adC.
Alcibíades, un estratega expulsado de Atenas años antes, durante los incidentes en las colonias del Mediterraneo occidental, se proclama defensor de la democracia ateniense, se hace con el control de la flota ateniense en la isla de Samos y derrota a dos flotas espartanas, reconquistando varias colonias y restableciendo el comercio del Egeo con Atenas, en la que entra triunfalmente, restableciendo la democracia, en el 407 adC.
Pero Atenas estaba agotada por la guerra y vuelve a ser derrotada en tierra y su flota totalmente destruida en Egospótamos en el 405 adC. Esparta sitia Atenas y en el 404 adC la ciudad capitula.
Consecuencias
Esparta impuso en todas las ciudades de la Liga Ática el gobierno oligarquico y eliminando la democracia. En Atenas se impone el gobierno de los Treinta Tiranos.
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