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Cilindro "Imperio Inca II: Politica y Guerra" para Planetarios Portatiles
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Contenidos del Cilindro

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El Imperio Inca, Francisco Pizarro, Armas, Ejercito, Agricultura, Ganaderia, Educación, Arquitectura, Organizacion de la Sociedad Inca, Nobleza, Legislación y Justicia, Los alimentos, El lenguaje, El Chasqui, El Emperador, Manco Capac, Sinchi Roca, Mayta Capac, Capac Yupanqui, Inca Roca, Inca Pachacutec, Tupac Yupanqui, Huayna Capac, Atahualpa, ViraCocha o Huiracocha, Emperatriz, Casa Inca, Camino del Inca
El Imperio Inca

El Imperio Inca fue el imperio que mayor extensión tuvo en la América precolombina.

Fue establecido a mediados del siglo XIII por los incas, aunque no extendió su dominio hacia otros estados hasta alrededor de 1438.

Este imperio consistía de cuatro suyos ( <quechua: suyu [región, zona, «prefectura, gobernación»] )?. Éste abarcaba los territorios en los que se desarrollaron las diversas culturas preincaicas de los Andes.

La expresión Tahuantinsuyo, que proviene de la frase quechua Tawantin suyu "las cuatro regiones (en su conjunto)", suele ser empleada como sinónimo de Imperio

Inca en el español.

Historia

Dos leyendas indígenas atribuyen su fundación a su primer jefe de Estado, un personaje legendario llamado Manco Cápac, junto a su hermana y consorte Mama Ocllo. En ambas se afirma que el lugar fue revelado por el dios sol (Inti) a los fundadores después de una peregrinación iniciada al sur del Valle Sagrado de los Incas en busca del lugar exacto.

Por datos arqueológicos y antropológicos se ha ido estudiando el verdadero proceso de la ocupación del Cusco. El concenso apunta a que, debido al colapso del reino de Taypiqala se produjo la migración de su pueblo. Este grupo de cerca de 500 hombres se habría establecido paulatinamente en el valle del río Huatanay, proceso que culminaría con la fundación del Cusco.

Posteriormente, los reyes cusqueños fueron pactando alianzas y conquistando otros reinos. Hacia fines del siglo XV, gobernaban sobre las zonas altas y medias del valle del Vilcanota y vivían en constante fricción con los Estados colindantes.

Los chancas

Uno de estos Estados fue la Confederación Chanca, situada entre los ríos Pampas y Pachachacas fue una de las culturas que se impuso, aunque no por mucho tiempo, al poderío inca. Lamentablemente no hay una fecha exacta sobre las batallas.

Sin embargo, la más importante fue documentada por Juan de Betanzos, que se casó con la ñusta (princesa inca) Añas Colque. De Betanzos recogió cantares de la familia de la ñusta. Se dice que los chancas se dividieron en tres grandes bandos, uno de ellos se dirigió al Contisuyo, liderado por Malma e Irapa.

El segundo ejército se dirigió al Antisuyo, guiado por Yana Vilca y Toquello Vilca. El tercer bando se encaminó directamente hacia el Cusco, conducido por Tumay Waraca y Astu Huaraca. Cuando los chancas llegaron a Vilcacunga enviaron mensajeros al Cusco haciendo saber sus intenciones hacia los incas. Al enterarse de esto, el inca Viracocha huyó hacia el fuerte de Caquia Yaquiyaguanta, llevando consigo a sus hijos Urco y Socso.

En el Cusco quedó Cusi Yupanqui (antiguo nombre de Pachacútec), que era un supuesto hijo de Viracocha. Yupanqui se quedó con sus generales y sirvientes. Pachacútec envió a tres emisarios a pedir ayuda a los curacas vecinos, que negaron ayuda alguna debido a los temores hacia los chancas.

A pesar de la negativa de otras curacas, la de Chañan Cury Coca ayudó a Yupanqui. Juntos crearon una fosa cubierta de ramas y tierra alrededor de la ciudad. En la madrugada siguiente, los chancas descendieron del cerro Carmenca de forma estrepitosa y cayeron en la trampa.

Según el mito, en un momento crucial de la batalla, los purucaucas pasaron de ser simples piedras a fieros soldados responsables de la victoria de los Incas. La fama fue tal que algunas curacas se rendían por el solo temor de tener que enfrentarse a tan aguerrido enemigo.

Luego de la victoria, Yupanqui persiguió a sus enemigos para apoderarse de su estandarte. Los chancas se retiraron hasta Ichopampa. Los curacas vecinos al Cusco se habían quedado en la cima de los cerros aledaños a la espera del resultado. Al ver que el ejército de Yupanqui iniciaba la persecución, estas curacas se unieron a las fuerzas victoriosas.

La segunda batalla se llevó a cabo en Ichopampa en donde los dos jefes chancas fueron asesinados con lo que el ejército inca, junto con las otras curacas vecinas unidas a estos deseosos de victoria, se apoderaron de un valioso botín, y consecuentemente abrieron el paso a un importante desarrollo del Imperio Incaico.

Territorio

Los cuatro suyos en su conjunto se extendían a lo largo de más de 2.000.000 kilómetros cuadrados y llegaron a abarcar, en su período de apogeo (hacia 1532), parte de las actuales repúblicas de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Poseían aproximadamente 9.000 km. de costa en el Océano Pacífico. La expansión se inició con el gran conquistador Inca Pachacútec y llegó a su apogeo con el Inca Huayna Cápac. Se atribuye la máxima expansión al Inca Túpac Yupanqui.

Hacia el norte, el Imperio Incaico se extendía hasta el río Ancasmayo, al norte de la actual ciudad de Pasto (Colombia). En Ecuador llegaron a abarcar una zona que incluiría las actuales ciudades de Quito, Guayaquil, Manta, Esmeraldas, Ambato.

Hacia el noreste, se extendía hasta la selva amazónica de las actuales repúblicas de Perú y Bolivia. Son muy poco nítidos sus límites con ésta debido a las esporádicas expediciones de exploración de la selva por parte de los habitantes del imperio debido a la gran cantidad de enfermedades y el miedo que los nativos poseían a esas zonas, pero se sabe que dominaban las actuales ciudades de Potosí, Oruro, La Paz y Curva en Bolivia y prácticamente toda la sierra peruana.

Hacia el sureste, el Imperio Incaico llegó a cruzar la cordillera de los Andes (lo que en geopolítica moderna se conoce como "encabalgarse"), llegando un tanto más allá de lo que ahora se conoce como las ciudades de Salta y Tucumán en Argentina. El territorio inca de la actual Argentina abarcaba las actuales provincias de Mendoza, San Juan, San Luis, Córdoba, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Santiago del Estero, Salta y Jujuy.

Hacia el sur, existen pruebas de que el Imperio Incaico llegó a abarcar hasta el río Maule (actual región VII de Chile), donde debido a la resistencia mapuche no pudo seguir avanzando.

Hacia el oeste, si bien el Imperio Incaico limitaba con el Océano Pacífico, hay quienes argumentan que los Incas llegaron a mantener, a pesar de las limitaciones navales de la época, cierta relación comercial con algún pueblo de la lejana Polinesia (Oceanía), aunque actualmente se desconoce qué pueblo sería éste. Una de las personas que defendió esta teoría fue el difunto explorador difusionista noruego Thor Heyerdahl.

Su capital se encontraba en la ciudad del Cusco —que sigue siendo la capital histórica de Perú—, en donde los cuatro suyos se encontraban.

Cusco:

La ciudad del Cusco ( <quechua: Qusqu )?, o Cuzco en otros países de habla castellana, es la capital del departamento homónimo del Perú. Está situada en la sierra sur del país. Cuenta con trescientos mil habitantes aproximadamente. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1983 por la UNESCO. Fue capital de Imperio Inca y es la capital histórica del Perú.

Etimología

El topónimo de la ciudad fue el quechua Qusqu. La tradición afirma que significa centro, ombligo, cinturón. Esto porque, según la mitología inca, en ella confluían el mundo de abajo (Uku Pacha) con el mundo visible (Kay Pacha) y el mundo superior (Hanan Pacha). De este modo, la ciudad fue y es llamada el ombligo del mundo, en referencia al universo.

A la llegada de los conquistadores españoles, su nombre pasa al español como Cusco, como aparece en los mapas de los siglos XVI, XVII y XVIII. En algunos mapas del siglo XIX (desde 1814) y XX (hasta por lo menos 1976) aparece el nombre de esta ciudad escrito como Cuzco. Hoy, en la cartografía oficial peruana, aparece el nombre original en castellano, aunque se siga empleando comúnmente la otra forma en otros países de habla castellana.

Sin embargo, el artículo 49º de la Constitución Política del Perú, al establecer la capital histórica del país, señala que la forma correcta de escritura es Cusco.

Historia

Fundación y época incaica

Dos leyendas indígenas atribuyen su fundación a su primer jefe de estado, un personaje legendario llamado Manco Cápac, junto a su hermana y consorte Mama Ocllo. En ambas se afirma que el lugar fue revelado por el dios sol (Inti) a los fundadores después de una peregrinación iniciada al sur del Valle Sagrado de los Incas en busca del lugar exacto.

Por datos arqueológicos y antropológicos se ha ido estudiando el verdadero proceso de la ocupación del Cusco. El concenso apunta a que, debido al colapso del reino de Taypiqala se produjo la migración de su pueblo. Este grupo de cerca de 500 hombres se habría establecido paulatinamente en el valle del río Huatanay, proceso que culminaría con la fundación del Cusco.

Se desconoce la fecha aproximada pero gracias a vestigios se acuerda que el emplazamiento donde se ubica la ciudad ya se encontraba habitado hace 3000 años. Sin embargo, considerando únicamente su emplazamiento como capital del Imperio inca (mediados del siglo XIII) el Cusco aparece como la ciudad habitada mas antigua de toda América.

Fue la capital y sede de gobierno del Reino de los incas y lo siguió siendo al iniciarse la época imperial, convirtiéndose en la ciudad más importante de los Andes. Este centralismo le dio auge y se convirtió en el principal foco cultural y eje del culto religioso.

Se atribuye al gobernante Pachacútec el haber hecho del Cusco un centro espiritual y político. Pachacútec llegó al poder en 1438, y él y su hijo Túpac Yupanqui dedicaron cinco décadas a la organización y conciliación de los diferentes grupos tribales bajo su dominio, entre ellos los Lupaca y los Colla.

Durante el periodo de Pachacútec y Tùpac Yupanqui, el dominio de Cusco llegó hasta Quito, al norte, y hasta el río Maule, al sur, integrado culturalmente a los habitantes de 4.500 km de cadenas montañosas.

También se cree que el diseño original de la ciudad es obra de Pachacútec. El plano del Cusco antiguo tiene forma de puma delineado, con la plaza central Haucaypata en la posición que ocuparía el pecho del animal. La cabeza del felino estaría ubicada en la colina donde está la fortaleza de Sacsayhuamán. Los incas organizaron su división administrativa de manera que los límites de los cuatro regiones del imperio coincidieran en la plaza principal del Cusco.

Los suyos

Los cuatro suyos eran:

El grupo Hanan ("alto"), compuesto por los suyos:

Chinchaysuyo: ( <quechua: Chinchay Suyu )? fue un suyo del Imperio Inca. Comprendía la región norte del imperio, desde Pasto hasta las actuales regiones peruanas de Ica, Ayacucho y Arequipa.

Collasuyo: ( <quechua: Qulla Suyu [región de los collas] )? fue la provincia austral del Imperio Inca, el mayor de sus territorios.

Se extendía al sur del Cusco, Perú, hasta las riberas del río Maule, al sur de la actual Santiago de Chile, y desde las costas del Pacífico hasta los llanos de Santiago del Estero, en la actual Argentina.

El centro neurálgico del Collasuyo estaba situado en el altiplano peruano-boliviano, en torno al Lago Titicaca, una de las regiones más densamente pobladas de los Andes desde tiempos del estado Tiahuanaco.

El nombre Collasuyo proviene de los habitantes aymara hablantes de una serie de reinos independientes de la meseta del Titicaca con fuertes lazos culturales, que eran conocidos por los incas bajo el nombre genérico de collas debido a que el Reino Colla, en torno a la orilla norte del Titicaca, era para los incas el más significativo de estos reinos en la época del inicio de la gran expansión territorial del Imperio Inca.

En la actualidad, el nombre ha sido usado por determinados movimientos nacionalistas indígenas bolivianos para referirse a la República de Bolivia o a su región andina de mayoría indígena.

El grupo Urin ("bajo"), compuesto por los suyos:

Antisuyo: Antisuyo o Andesuyo ( <quechua: Anti Suyu [región de los antis] )? fue una suyo del Imperio Inca) ubicado al norte del Cusco. Era parte de la región de la selva y tenía una pequeña extensión.

Sólo la región selvática no pudo ser dominada por los incas; en las pocas incursiones en las tierras de ceja de montaña dejaron huellas como la construcción de Machu Picchu. Las tierras altas de la ceja de selva, sirvieron para la siembra de la coca, la hoja sagrada.

Contisuyo: Contisuyo o Condesuyos ( <quechua: Kunti Suyu [región del poniente] )? era un suyo del Imperio Inca al suroeste del Cusco que llegaba hasta la costa, comprendiendo parte de Ica y el actual departamento de Arequipa.

Organización territorial

Cada suyo albergaba un número variable de macroetnias contenidas en huamanis. Cada huamani estaba dividido en sayas y cada saya, a su vez, en familias (ayllus).

El espacio geográfico donde se desarrolló el Tawantinsuyu

La región andina, debido a la presencia de la cordillera de los Andes, se caracteriza por la diversidad de su ecología: costas desérticas, parajes tropicales, altiplanos secos y fríos que a simple vista parecen uno de los ambientes menos propicios para la vida del hombre. Sin embargo, los hombres que la habitaron han demostrado a lo largo de muchos siglos, ser capaces no sólo de sobrevivir en tales circunstancias, sino también de dominar el medio geográfico y de crear una serie de civilizaciones florecientes.

La más famosa de ellas fue el Tawantinsuyo, Tahantinsuyu, Tawantinsuyu, Tawantinsuyo o Imperio Inca, que ocupó un vasto territorio de América del Sur, que comprende los actuales territorios de las Repúblicas de Perú, Ecuador, Bolivia, Argentina, Chile y el sur de Colombia.

En el Perú era común dividir el territorio en tres regiones, costa, sierra y selva o montaña, distinguiendo principalmente, un desierto costeño, la cordillera y la floresta amazónica; sin embargo, una observación más detenida, permite distinguir una serie de pisos ecológicos, según la altitud de observación.

Estos pisos ecológicos son fácilmente distinguibles por que cada uno tiene, además de sus propias condiciones climáticas, una flora y fauna típicas, distinguibles de aquellas que se presentan en otras zonas, características que el hombre peruano antiguo sin perturbar el equilibrio ecológico, supo aprovechar.

En el siglo XVII el jesuita Bernabé Cobo, al describir la geografía andina, hacia notar la diversidad de condiciones climáticas en cortos espacios territoriales, Señalaba para la cordillera hasta seis variedades de climas, para otros tantos pisos altitudinales, que hoy la moderna geografía, ha recogido, anexando los de la costa y de la selva.

"Estos pisos ecológicos o altitudinales no forman una región única y continua, muy por el contrario, se encuentra diseminada a lo largo y ancho del territorio andino" (Javier Pulgar Vidal).

Estos pisos altitudinales, fueron perfectamente conocidos por los antiguos peruanos, quienes supieron diferenciar, utilizar y sacar provecho. Estos pisos ecológicos de occidente a oriente son los siguientes: Chala, Yunga, Quechua, Suni, Puna, Janca, Rupa Rupa y Omagua.

La región Chala se encuentra ubicada en el litoral marítimo, entre el nivel del mar (0.00 msnm) hasta los 500 msnm. Se caracteriza por su clima seco y ausencia de lluvias, como consecuencia de la presencia de la Corriente Peruana o de Humboldt, de aguas frías, que corre paralela a la costa sudamericana en dirección sur – norte.

La región Yunga se le conoce también como quebrada y ocupa los terrenos entre los 500 msnm hasta los 2,300 msnm. La palabra yunga denomina los lugares de clima insalubre, es decir, cálido y húmedo. Mayor humedad hay sin embargo en la yunga fluvial, que corresponde a la cuenca hidrográfica del río Amazonas, diferente de la yunga costera.

La región Quechua, es conocida como una región templada, que se encuentra presente a ambos lados de la cordillera; se ubica entre los 2,300 msnm hasta los 3,500 msnm en los Andes centrales. Es un ecosistema de ambiente semiárido con precipitaciones pluviales veraniegas que aumentan con la altura, la que determina la disminución de la temperatura. El relieve es abrupto y los valles muy estrechos. Los ríos y riachuelos son torrentosos, con aumento de su caudal en verano.

La región Suni, también es conocida como Jalca; se ubica entre los 3,500 msnm y los 4,000 msnm. Debe su nombre a una gramínea que se cultiva en ella y que permitió la domesticación del cuy en grandes proporciones. En esta zona el índice de pluvialidad es muy alto y las temperaturas más rigurosas, con grandes oscilaciones térmicas entre el día y la noche. En términos generales el clima es frío, húmedo y nublado. Las precipitaciones son abundantes y en ocasiones se producen heladas intensas.

La región Puna, se ubica entre los 4,000 msnm y los 4,800 msnm; es la región de las grandes alturas. A estas alturas se produce el fenómeno de la rarefacción de la atmósfera que consiste en la disminución relativa del oxígeno. Se caracteriza por las grandes fluctuaciones de temperatura, pudiendo bajar hasta a -40°C, entre el día y la noche. Su relieve es accidentado.

En su territorio se encuentran elevadas mesetas (Collao, Parinacochas, Bombon, etc.), así como escarpadas quebradas y pisos serpenteados. Numerosos ríos y riachuelos recorren su territorio que cuenta con más de 12,000 lagos y lagunas (cochas), casi todos con totorales.

La región Janca se encuentra ubicada sobre los 4,800 msnm. Janca en quechua, significa “blanco” y es la región de las nieves perpetuas que coronan las cumbres de los Andes. Se caracteriza por sus pisos escarpados.

Lo difícil de su geografía impide la presencia continuada del hombre, pero si una movilización continua de gente, debido a la cosmovisión del hombre andino desde antaño de considerarlos como el dominio sagrado de los muertos y de los espíritus de la tierra.

La región Rupa Rupa, es la selva alta o ceja de selva. Está ubicada en la vertiente oriental de la cordillera de los Andes entre los 400 msnm hasta los 1,000 msnm. Su clima es caluroso y en invierno austral la temperatura no baja nunca de 15°C, disminuyendo conforme se sube a las alturas templadas. Es la zona andina de mayor pluviosidad. Su orografía es compleja.

La región Omagua, conocida también como walla o anti, es la región de selva baja. Se encuentra entre los 400 msnm a los 80 msnm. Es un bosque tropical de clima muy cálido con una temperatura media de 24°C, alta humedad relativa y precipitaciones concentradas en el verano.

Su suelo es plano con ligeras ondulaciones. Sus ríos son abundantes, caudalosos y de tranquilo movimiento, que permite que sean navegables, cubierta de vegetación espesa y casi infranqueable. Hay lagos, lagunas y pantanos por doquier formados por meandros abandonados por los ríos al cambiar su ruta.

Hay que destacar que hay autores que dividen el territorio peruano en un mayor número de regiones, como es el caso de L. R. Holdridge, que identifica hasta 86 formaciones ecológicas. Esto hace del territorio andino peruano el de mayor densidad ecológica del mundo.

Es sobre este territorio y sobre las características señaladas, que se desarrolló política, social, cultural y militarmente, el Imperio del Tawantinsuyo, dominando y domesticando todos los pisos ecológicos descritos y actuando como verdaderos ecologistas, aún antes de que estos conceptos fueran parte de los temas de discusión.

A parte de los conceptos anteriores, los Incas como gobernantes, fueron los primeros estadistas de la América, ya que el gobierno de todos ellos, fue para beneficio de los súbditos del imperio: nunca el imperio pasó hambre, abusos ni injusticias; a pesar que la sociedad incaica era piramidal, siempre la cabeza actuó en beneficio del pueblo, que era la razón de ser del Estado Inca, por mandato del dios Inti.

El Emperador
Emperador inca (quechua: Qhapaq inka «gobernante(1) de los incas») es el término usado para referirse a los gobernantes del Imperio inca. Es costumbre también referirse a ellos sólo como el Inca.

Una de las cualidades más notables del Imperio Incaico era su altamente organizado gobierno, centralizado en el Cusco, la capital, donde el emperador vivía.

Atribuciones

El emperador era la máxima autoridad del imperio. Los curacas de cada macroetnia tenía cierta autonomía en asuntos locales, pero su mandato nunca podía contravenir al del inca.

Distintivos

La mascaipacha

La mascaipacha era la corona imperial que declaraba el imperio de un nuevo Inca al fallecer el antecesor. Sólo el Huillaq Uma (cabeza que habla), sumo sacerdote del Imperio, tenía el poder para ceñirla al auqui, el príncipe heredero. Se sabe, también, que llevaba el cabello corto, para diferenciarse de los súbditos.

Además del Inca, existía un jefe ejecutivo del estado, gobernado por un consejo gentilicio quien lo elegía, motivo por el cual prácticamente no tenía iniciativa propia. Este jefe ejecutivo tenía que encargarse de llevar la buena

marcha del Imperio, pero no gobernaba: algo así como el mayordomo de palacio de algunas cortes europeas. Junto a él y casi con igual poder, estaba el Huillaq Uma, quien actuaba como presidente del consejo y reemplazaba al Inca en su ausencia.

En el derecho del Imperio Inca, nunca codificado (hasta donde se sabe) pero existente, la mascaipacha era el único símbolo de poder imperial, poder que otorgaba el gobierno del Reino del Cusco (que existía desde los tiempos del legendario Manco Cápac) y el gobierno sobre los territorios conquistados (el Imperio mismo, otras palabras). Es decir, el Sapa Inca era a la vez Rey del Cusco y Emperador del Tahuantinsuyo.

Títulos

El título más genérico fue Qhapaq Inka (el inca gobernante(1)) pero además tenía otros como:

Sapa Inka (literalmente, único inca (a tomar en cuenta), con la connotación de el más importante de los seres).

Qhapaq Apu (divinidad principal)

Wakcha Khuyaq (bienhechor de pobres)

Intip Churin (hijo del Sol) (a partir de Pachacútec, hacia 1440)

La historiografía suele referírsele solamente como el Inca, pero éste es una reducción de éstos títulos, ya que en quechua la palabra inca que significa ser.

Lista de emperadores incas

La lista oficial de gobernantes del Imperio Inca fue escrita por la mayoría de os cronistas como Capaccuna, del quechua Qhapaqkuna, "Los gobernantes(1)". Se ha especulado algunas veces que existieron más gobernantes de los que ésta acepta y que varios fueron borrados de la historia oficial del Imperio por distintos motivos, pero estas tesis carecen de fundamento.

Es muy improbable que hubiera Incas no listados en la capaccuna por alguna razón. En total, los Incas fueron 12, agrupados en dos dinastías: Bajo Cusco (Urin Qusqu) y Alto Cusco (Hanan Qusqu).

Dinastía Urin Cusco

Manco Cápac

Sinchi Roca

Lloque Yupanqui

Mayta Cápac

Cápac Yupanqui

Dinastía Hanan Cusco

Inca Roca

Yáhuar Huácac

Huiracocha

Pachacútec

Túpac Yupanqui

Huayna Cápac

Huáscar

Algunos historiadores consideran que Atahualpa no debe ser incluido en la capaccuna. Sostienen que Atahualpa se declaró súbdito de Carlos I de España, dándole el título de Sapa Inca Carlos, y por lo tanto Atahualpa quedó fuera de la línea sucesoria, además del hecho de que nunca llegó a serle ceñida la mascaipacha, el único símbolo del poder imperial, otorgado por las panacas reales del Cusco.

Los Incas de Vilcabamba

Entre 1534 y 1572 se estableció un grupo de resistencia anticolonial, llamados incas de Vilcabamba, cuatro en total, que no ostentaron un poder político real. Estos soberanos fueron:

Manco Inca Yupanqui

Sayri Tupac Inca

Titu Cusi Yupanqui

Tupac Amaru I

Notas

Nota 1: Qhapaq significa literalmente "poderoso", el "el que tiene el poder", pero se usa también con el significado de "principal" o "capital".

Manco Capac
Fue el primer emperador del Imperio inca.

Entre los grandes mitos está el de Manco Cápac y su hermana y esposa Mama Ocllo, formando otra gran leyenda sobre los precursores de este Imperio.

Manco Cápac y Mama Ocllo son -en este mito- la primera pareja de pobladores sagrados de la tierra, los primeros incas que se establecen en ella.

Dice la leyenda que surgieron al mundo de la Isla del Sol en el Lago Titicaca, en cuya isla fueron puestos por la mano de Tiqsi Huiracocha, de acuerdo con lo que le había ordenado su padre, el dios Sol o Inti.

Los dos hermanos se unieron en matrimonio, abriendo de este modo el ritual de los matrimonios del Inca con su hermana; Manco Cápac se dedicó a fecundar la tierra con un bastón de oro que el dios Tiqsi Huiracocha le había dado, y haciendo crecer las nuevas plantas, iba creando beneficios para la raza de los pobres mortales, para quienes también iba dando forma a los ríos y arroyos, hacía brotar árboles y pastos y construía ricas habitaciones en las que pudieran vivir con decencia.

Mama Ocllo se dedicaba a hacer su gran tarea enseñando a las mujeres las artes e industrias que les permitieran sacar todo el provecho posible a las

riquezas que su hermano producía; así, haciendo prodigios, la real pareja llegó hasta un lugar en el que, con su mágico bastón de oro, señaló el centro del imperio, la futura ciudad del Cusco. Pero hay distintas versiones de la llegada al mundo del primer Inca: una de ellas, en la que se mezcla el relato de Manco Cápac y Mama Ocllo con el de los hermanos Ayar, hace que el Inca aparezca junto a otros tres seres bien distintos; ya no son ellos, los dos hermanos, quienes van a estar en solitario al frente de la creación del Imperio Inca.

Sinchi Roca

Sinchi Roca fue un gobernante inca nacido posiblemente en Yampuquio. Se dice que fue descendiente de Manco Cápac y se atribuye matrimonio tanto con Mama Coca, como con Mama Huaco y Chimpu Coya (no coincidiendo los cronistas).

Se le considera el segundo gobernante de los Incas en una época de extensión territorial: pero también el iniciador de la integración y unión con pueblos vecinos por medio de relaciones de reciprocidad. No se sabe si como resultado de las alianzas con otras poblaciones cogobernó con representantes de otras nacionalidades o asumió el mando general.

La referencias coinciden en que atrajo el interés de los pueblos vecinos por el adelanto tecnológico de su pueblo, especialmente en el campo agrícola. Lo que motivó el ofrecimiento de acuerdos y alianzas integradoras de diferentes pueblos próximos.

Sinchi Roca fue el primero en lucir la borla imperial de la maskaypacha, signo de dignidad suprema. Sinchiruka se dedicó a mantener y perfeccionar todo lo que su padre Manco Cápac había logrado.

Por el Collasuyo (sur), conquistó a los Pukina, Kanchi y otras naciones hasta Chuncara. Con ello ganó unos 100 kilómetros de dominio territorial. Por el Umasuyo (noroeste del Lago Titicaca) conquistó a los Cancalla, Cacha, Rurucachi, Asillu, Asancaru, Huancani y Pucara. Por el Antisuyo (este) llegó hasta "un río llamado Callahuaya".

Luis E. Valcárcel anota que llevó mucha tierra de las montañas de los Andes al valle del Cusco, lo que hizo que su suelo fuese muy fértil, y que la plaza de la ciudad que era un tremendal pantano, la segó y allanó, desecándola como hoy se ve. Sin embargo durante su período los incas difícilmente superaron el ámbito regional.

No se descarta la posibilidad de que sólo haya sido gobernante de la mitad del naciente incario por lo que los testimonios coinciden en su condición de Hurin Cusco. Hanan Cusco debió tener otro gobernante.

Mayta Capac

Durante el reinado de su padre, Lloque Yupanqui, se encargó de la dirección de los ejércitos incaicos, instaurando así una costumbre que se seguirá en reinados posteriores.

Su mandato y carácter aparecen rodeados de leyenda, posiblemente debido a una recreación o reescritura posterior de los mismos incas de su propia historia, más acorde a sus intereses.

Así, se explica que las guerras de conquista presumiblemente llevadas a cabo por los incas contra la confederación de los Alcabizas, la invasión del Collao y

otras obedecerían al carácter y la personalidad de Maita Capac, quien ya desde la infancia mostraría signos de su liderazgo y agresividad, al nacer tras sólo tres meses de gestación y con la dentadura completa, al crecer a un ritmo desmesurado, etc.

La personalidad del soberano y la del mismo pueblo inca son así deliberadamente confundidas e identificadas.

Capac Yupanqui
(S. XIV) Quinto monarca inca de la primera dinastía según la lista de reyes elaborada a partir de la tradición oral conservada por los escritores españoles. No se conoce su cronología exacta, pero su reinado se ubica entre la fecha de la fundación del Cuzco, el 1100, y la coronación de Pachacuti en 1438.

Su poder abarcaba las tierras próximas al valle de Cuzco. La ascensión al trono de este soberano planteó unos problemas que fueron luego habituales en lo sucesivo. Fue designado sucesor por su padre Mayta Capac, pero tuvo que luchar con sus hermanos para alcanzar el trono.

Durante su reinado, los incas entraron en relación con los

andahuailas, los cuales se incorporarían a la federación cuzqueña.

Inca Roca
Sucesor de Capac Yupanqui, a la muerte de éste se establecen luchas intensas entre los miembros de las dos mitades del Cuzco, Hurin Cuzco y Hanan Cuzco.

El triunfo de ésta última instalará en el poder a Inca Roca, inaugurando así una nueva dinastía de soberanos procedentes de ésta mitad.

Durante su mandato se emprende una transformación radical de la ciudad, permitiendo su embellecimiento y mejora gracias a la construcción de canales, escuelas y edificaciones importantes.

Se piensa que ya Inca Roca debió contar con un ejército importante, posiblemente de 20.000 hombres, que le permitiría anexionar territorios importantes. Así, por el sur los incas penetran hasta Cochabamba y Chuquisaca, llegando por el noroeste hasta los valles centrales y el área del Ica. También se piensa que debieron existir intensos combates con los chancas.

Inca Pachacútec
(quechua: el reformador de la Tierra) (Cusco, ¿1400? - 1471) fue el noveno gobernante del incanato y su primer emperador, entre los años 1438 y 1471.

Según la dinastía Hanan Cusco fue el cuarto gobernante, y fue el más importante de los gobernantes cusqueños y el fundador del Imperio incaico como tal.

Fue hijo de Huiracocha y Mama Runtu. Su nombre fue, inicialmente, Cusi Yupanqui (príncipe alegre). Su juventud transcurrió en una época muy turbulenta. Los chancas habían comenzado su avanzada con la invasión de posiciones cusqueñas, llegando a su punto álgido en 1435,

cuando se hallaban muy cerca a la ciudad. Su padre, junto a su hermano Urco habían salido a hacerle frente a los invasores; pero se vieron obligados a la retirada, irigiéndose Huiracocha a Claca y Urco, nuevamente al Cusco, lo que aumentó la inquietud entre los ciudadanos cusqueños.

Ante aquel vacío de poder, Cusi Yupanqui, ya consagrado como guerrero, organiza el ejército y hace frente a los chancas, venciendo. Con ayuda de los curacas de Canas y Canchis, se organizó una fuerte resistencia que fue haciendo retroceder a los chancas. La batalla decisiva se dio en Yáhuar

Pampa (pampa de la sangre), en 1438, donde la contundente victoria fue para el reino del Cusco.

Dotado de un gran talento militar, inició la expansión del Imperio Inca más allá de las fronteras del Perú actual: hacia el norte, conquistó los reinos Chimú y de Quito, y por el sur llegó hasta el valle de Nazca.

A fin de imponer su dominio sobre un complejo mosaico de más de 500 tribus, con lenguas, religiones y costumbres dispares y radicadas en áreas geográficas distantes, Pachacútec Inca Yupanqui reprimió con extrema dureza las rebeliones de los pueblos sometidos y no dudó en deportar a los grupos más conflictivos lejos de sus regiones de origen, dado lugar a los pueblos desplazados o mitimaes, pueblos que por su rebeldía habían sido llevados desde su lugar de origen a otro lugar más estratégico para los fines del Imperio.

No fue, sin embargo, un mero conquistador, ya que también supo dotar a su Estado de una sólida y eficaz estructura administrativa. Así, por ejemplo, organizó las ciudades conquistadas según el modelo inca y encomendó su gobierno a una jerarquía de funcionarios que habían de rendir cuentas de su gestión en el Cusco, la capital del Imperio, que durante el reinado de Pachacútec superó los 100.000 habitantes.

De hecho, todos los cargos importantes eran desempeñados por funcionarios de origen inca, mientras que los gobiernos regionales estaban en manos de miembros de la familia real.

En los últimos años de su vida, Pachacútec confió la dirección de las campañas militares a su hijo Túpac, en tanto que él se dedicaba a supervisar la construcción de algunos de los monumentos más importantes de la cultura inca, como el Templo del Sol, en el Cusco, la ciudadela de Sacsayhuamán, cerca de la capital, y Machu Picchu, la ciudad-fortaleza enclavada sobre el valle del río Urubamba.

A este soberano se atribuye también la adopción del sistema de cultivo en terrazas, que caracterizó el sistema agrícola incaico.

Túpac Yupanqui
Fue el décimo gobernante del incario, y el segundo como Emperador del Tahuantinsuyo. Fue el mayor expansor del Tahuantinsuyo, triplicando su área e incluso llegando a visitar algunas islas de la Polinesia, a las que llamó Ninachumpi y Ahuachumpi.

Los principales pueblos anexados fueron los cañaris, los qaras, los chinchas y los quitos. También le corresponde la anexión del reino Chimú tras varios años de sitio de su capital: Chan Chan.

Huayna Cápac

Huayna Cápac (quechua: el joven poderoso) fue el undécimo y penúltimo gobernante del incanato.

Fue el primer emperador inca no cusqueño, ya que nació en territorio cañari, mientras su padre, el entonces emperador Túpac Inca Yupanqui, se encontraba de campaña militar en el actual norte de Ecuador.

Sin embargo, debido al derecho incaico, tenía que ser reconocido como auqui por las panacas reales del Cusco para poder ser Sapa Inca. Para cumplir este indispensable requisito, Túpac Yupanqui se trasladó con la familia real al Cusco. De esta manera, al morir Túpac Yupanqui, el joven Huayna Cápac asumió el mando del Imperio.

Una vez convertido en Sapa Inca, hay constancia de que Huayna Cápac fue el fundador de la primera panaca no cusqueña, Tumipampa Panaca.

Atahualpa
( <quechua: Ataw Wallpa )? (Cusco, 1502 - Cajamarca, 26 de julio de 1533) fue el gobernante de facto del Imperio incaico entre 1532 y 1533.

Atahualpa fue hijo del emperador Huayna Cápac. Hay controversia sobre quién fue su madre y el lugar de nacimiento.

Aunque una repetida leyenda dice que su madre fue una princesa qara de Quito; los cronistas españoles más destacados, como Pedro Cieza de León y Juan Díez de Betanzos, coinciden en señalar que Atahualpa era hijo del

Inca Huayna Cápac con una coya cusqueña y, además, era nacido en el Cuzco.

Volviose al Cuzco Huayna Cápac de la cual vuelta halló nacido a Atagualpa su hijo del cual nacimiento se holgó mucho [...] Atagualpa era hijo de una señora deste Cuzco

llamada Pallacoca de la línea de Ynga Yupangue y prima segunda de Guayna Capac y biznieta de Ynga Yupangue —Juan Diez de Betanzos, Suma y Narración de los Incas (escrita hacia 1551)

Atahualpa salió del Cusco, junto con su padre, cuando tenía aproximadamente doce años, con rumbo a Quito, región en la que se

quedaría el resto de su vida. Hay que señalar, además, que Huayna Cápac era oriundo de Tumipampa, la actual ciudad ecuatoriana de Cuenca, por lo que siempre se sintió ligado a esas tierras norteñas que formaban parte del Imperio Inca.

Atahualpa ¿fue Sapa Inca?

Es también parte de esa misma leyenda a la que aludimos arriba el de la pretendida división del Imperio Incaico entre Huáscar y Atahualpa (tal vez intentando encontrar semejanzas con la división del Imperio Romano entre occidente y oriente). Lo cierto es que al morir Huayna Cápac, cuando los españoles ya merodeaban las costas de Sudamérica, la sucesión (con no pocas pugnas como era habitual entre los incas) recayó en su hijo Huáscar.

Atahualpa quedó en Quito, con un importante ejército que había servido a su padre, y aspiraba ser ratificado como gobernador de dicha región. En tal sentido envió mensajeros con presentes al Cusco reconociendo a su hermano paterno como nuevo Inca. Sin embargo, Huáscar, llevado por sus consejeros, rechazó la embajada de Atahualpa y torturó y mató a los enviados, pues le llegó el rumor de que Atahualpa preparaba una rebelión.

Como Atahualpa se negó a retornar al Cuzco y presentarse ante Huáscar (lo cual hubiese significado probablemente su muerte), un ejército cusqueño partió a combatirlo.

Se dio inicio así a una prolongada guerra civil que desangró al Tahuantinsuyo y coincidió en el tiempo con la llegada de los conquistadores españoles al mando de Pizarro. Es así como el triunfo militar de Atahualpa sobre Huáscar se produce muy poco tiempo antes de la captura de aquél por Pizarro en Cajamarca el 16 de noviembre de 1532.

El 15 de noviembre de 1532, los conquistadores españoles, no más de doscientos hombres, llegaron a Cajamarca y Francisco Pizarro, concertó una reunión con el soberano inca a través de dos emisarios.

Al día siguiente, Atahualpa entró en la gran plaza de la ciudad, con un séquito de unos tres o cuatro mil hombres prácticamente desarmados, para encontrarse con Pizarro, quien, con antelación, había emplazado de forma estratégica sus piezas de artillería y escondido parte de sus efectivos en las edificaciones que rodeaban el lugar.

No fue Pizarro, sin embargo, sino el fraile Vicente de Valverde el que se adelantó para saludar al inca y le exhortó a aceptar el cristianismo como religión verdadera y a someterse a la autoridad del rey Carlos I de España.

Atahualpa, sorprendido e indignado ante la arrogancia de los extranjeros, se negó a ello y, con gesto altivo, arrojó al suelo la Biblia que se le había ofrecido. Pizarro dio entonces la señal de ataque: los soldados emboscados empezaron a disparar y la caballería cargó contra los desconcertados e indefensos indígenas.

Al cabo de media hora de matanza, varios centenares de incas yacían muertos en la plaza y su soberano era retenido como rehén por los españoles.

Aquel fatítico atardecer, la ceguera de Atahualpa subestimó totalmente la tecnología y audacia de los extranjeros. No pasó por su mente el peligro que corría al dejar a unos forasteros avanzar hasta su real en lugar de tenderles una emboscada en un desfiladero. El Inca creyó que podría eliminarlos en cualquier momento y quiso primero satisfacer su curiosidad. No fue así, y su cautiverio fue el principo del fin del imperio del que era soberano.

A los pocos días, Atahualpa, temeroso de que sus captores pretendieran restablecer en el poder a Huáscar, ordenó desde su cautiverio el asesinato de su hermanastro.

Atahualpa no fue Sapa Inca

Sin embargo, hay historiadores que no reconocen el origen cusqueño de Atahualpa; según estos historiadores, el primogénito cusqueño fue Huáscar (así lo menciona el historiador Julio R. Villanueva Sotomayor), cuyo nombre era Inti Cusi Huallpa .

después de varios años [Huaina Cápac] alistó un ejército y se dirigió al reino de Quito. En la casa de las escogidas conoció a la hija del vencido rey de Quito y se enamoró de ella. En esa concubina tuvo a su hijo Atahuallpa y a otros. —Inca Garcilaso de la Vega

Todo parece indicar que Huáscar fue el preferido de Huayna Cápac, pero que no quería dejar en desamparo total a Atahualpa y mando llamar a Huáscar al norte y le pidió a éste que dejase a Atahualpa en Quito.

Parece ser que Huáscar no tuvo ninguna objeción al pedido de su padre y retornó al Cuzco con la nueva. En 1513, cuando Vasco Núñez de Balboa descubre la Mar del Sur, tuvo Huaina Cápac noticia de ello. Huaina Cápac muere en 1523, ocho años antes del último viaje de Pizarro para conquistar el Tahuantinsuyo.

Los historiadores partidarios de la teoría de que Atahualpa no fue Emperador inca, la basan en el hecho de que no hubo acuerdos de las panacas reales del Cuzco en ese sentido (requisito indispensable para ser Sapa Inca).

Por tanto, si ejerció de tal, fue un usurpador. Otro hecho es el que los conquistadores españoles se apresuraron en reconocerlo como soberano inca, por estar en territorio dominado por Atahualpa y granjearse así la buena voluntad del Inca para su captura en Cajamarca.

Cuando ejecutan a Atahualpa, para evitar el levantamiento de los partidarios atahualpistas en su largo camino al Cuzco, capturan y mantienen de rehén al general atahualpista Chalcuchímac, al que mantienen vivo hasta entrar en territorio huascarista. Ya en dicho territorio y para granjearse la buena voluntad de los huascaristas, dan muerte a este general y con ello tienen libre la entrada al Cuzco.

Pero el hecho decisivo por el cual estos historiadores niegan el título de Sapa Inca a Atahualpa es que no hubo acuerdo de las panacas del Hurin y del Hanan Cuzco. Este hecho es juzgado determinante porque así lo mandaban las normas incas al respecto. Van más aún, arguyen que Atahualpa nunca llegó al Cuzco.

El padre de Atahualpa, Huaina Cápac, fue hijo de Túpac Inca Yupanqui, quien al morir dejó seis hijos con Mama Ocllo, en el Cuzco: Huaina Cápac, Amaru Túpac Inca, Quéhuar Túpac, Huallpa Túpac Inca Yupanqui, Titu Inca Rimachi y Auqui Maita. Por tanto, afirman que Huaina Cápac fue cusqueño y no de Tumipampa como lo han hecho aparecer algunos historiadores.

Del mismo modo, los incas impuestos por los españoles tampoco fueron Sapa Incas por el mismo motivo: no intervinieron las panacas reales cusqueñas en la designación y porque ya la conquista estaba en marcha.

Rescate de Atahualpa

Para obtener la libertad, el Inca se comprometió a llenar una vez de oro y dos veces de plata y piedras preciosas, y hasta donde alcanzara su mano, la gran estancia donde estaba preso. Esto no sirvió más que para aumentar la codicia de los conquistadores. Los metales preciosos fueron traídos a Cajamarca desde todas partes del imperio.

Deseando obtener mas oro y plata, unos meses más tarde Pizarro decidió acusar a Atahualpa de idolatría, fratricidio y traición; fue condenado a la muerte en la hoguera, pena que el inca vio conmutada por la de garrote, al abrazar la fe católica antes de ser ejecutado, el 26 de julio de 1533.

La noticia de su muerte dispersó a los ejércitos incas que rodeaban Cajamarca, lo cual facilitó la conquista del imperio y la ocupación sin apenas resistencia del Cuzco por los españoles, en el mes de noviembre de 1533.

ViraCocha o Huiracocha

Huiracocha fue el octavo gobernante del Imperio inca y el cuarto de la dinastía Hanan Cusco.

Su nombre original fue Hatun Túpac. Según cuenta la tradición, éste vio en sueños a la divinidad suprema (Tiqsi Huiracocha), por lo que sus súbditos lo rebautizaron como Huiracocha Inca (El inca del dios Huiracocha).

Se cree que inició su gobierno hacia 1400. Aseguró permanentemente el dominio inca sobre los pueblos ya conquistados de la zona adyacente al Cusco. Luego, avanza más allá de las fronteras ayudado de sus capitanes

Apumayta y Huicaquirao. Así conquista Pacaicocha, en el valle de Písac, y luego Huipamarca, Mullaca, Callca, Kakya, Jaquijahuana, entre otros lugares más.

Sus conquistas equiparan al Cusco con las poderosas naciones del Sierra del Perú. Una de estas, de nombre chanca, tenía su asiento en Abancay. Ambos reinos entraron en pugna por la conquista del adversario, llegando los chancas hasta la capital del Cusco.

Es en éste momento que aparece la figura de Cusi Yupanqui, hijo de Huiracocha Inca, más conocido como Pachacútec.

La borla imperial se cambió el nombre a Huiracocha o Wiracocha Huiracocha fue el primer inca que incorporó a su dominio los territorios de las naciones que venció, pues, según Sarmiento de Gamboa, sus antepasados "no atendían más que a robar y derramar sangre, no ponían guarniciones en los pueblos que sujetaban", por lo que estos mantenían su independencia y luchaban por ella, "aun los de adentro del Cuzco, hasta el tiempo de Viracocha Inga".

Por tanto, durante su gobierno, este inca batalló dura y victoriosamente e incorporó a su señorío muchos pueblos, entre ellos a los caytomarca de Calca, a los canchi de Cangalla y Combapata, y a los colla y los cana del Altiplano.

Al término de estas campañas, Huiracocha se sintió viejo y cansado, por lo que nombró sucesor a su hijo Inca Urco y se retiró a su palacio de recreo en Jaquijahuana.

Pero, poco antes de esto, la confederación chanca, originaria de Huancavelica, había derrotado a los quechua de Andahuaylas y, cruzando el río Apurímac, invadido territorios incaicos. Los chanca se encontraban en Vilcacunca, cerca de Rímac Tampu, cuando Huiracocha dejó el poder.

Ante la presencia de la confederación en las inmediaciones del Cusco, Inca Urco, cobarde e incapaz, abandonó la ciudad y huyó a refugiarse junto a su padre en Yucay. Este incidente dio lugar a que Cusi Yupanqui, hijo menor de Huiracocha, asumiera la defensa de la ciudad, derrotara a los chanca, unificara los pueblos del valle y diera inicio a la etapa de esplendor de los incas.

Durante el gobierno de Huiracocha, la urbe cusqueña debió de desarrollarse al compás del crecimiento que las victorias bélicas habían dado al Estado incaico. Infortunadamente, la casi totalidad de los cronistas no hace ninguna referencia al respecto, salvo Santa Cruz Pachacuti y Garcilaso de la Vega.

El primero desconoce la capacidad militar de Huiracocha, pero reconoce su vocación de constructor cuando comenta: "Dicen que era demasiado manço, su ocupación era edificar casas y a la fortaleza de Sacssaguaman", aunque su mención a esta última es equivocada, pues históricamente está probado que fue Túpac Yupanqui, seis décadas más tarde, quien inició su construcción.

El mito de Cuniraya Huiracocha forma parte de los escritos de Francisco de Avila, quien en la primera década del siglo XVII los recolecta en la provincia de Huarochirí. Avila fue encargado como "extirpador de idolatrías". Tenía la misión de destruir las antiguas creencias andinas y reemplazarlas por la religión católica.

Para ello recorrió la sierra de Lima (Huarochirí) con ayudantes andinos, los que escribieron en quechua los mitos y leyendas de esa región. La primera traducción al castellano la hizo José María Arguedas, publicando el libro "Dioses y Hombres de Huarochirí" en 1966. Posteriormente Gerald Taylor hizo una nueva traducción, en 1987, que aparece en el libro "Ritos y Tradiciones de Huarochirí del siglo XVII", de donde hemos adaptado el presente relato.

Cuentan que en tiempos muy antiguos, Cuniraya Huiracocha se convirtió en un hombre muy pobre, y andaba paseando con su ropa hecha arapos, y sin reconocerlo algunos hombres lo trataban de mendigo piojoso. Pero Cuniraya Huiracocha era el dios del campo. Con solo decirlo preparaba las chacras para el cultivo y reparaba los andenes. Con el solo hecho de arrojar una flor de cañaveral (llamada pupuna) hacía acequias desde sus fuentes. Así, por su gran poder, humillaba a los demás dioses (huacas) de la región.

Había una vez una mujer llamada Cahuillaca, quien también era huaca, que por ser tan hermosa todos los demás huacas la pretendían. Pero ella siempre los rechazaba. Sucedió que esta mujer, que nunca se había dejado tocar por un hombre, se encontraba tejiendo debajo de un árbol de Lúcumo. Cuniraya que la observaba de lejos pensaba en una manera astuta de acercarse a la bella Cahuillaca. Entonces se convirtió en un pájaro y voló hasta la copa del Lúcumo, donde encontró una lúcuma madura a la que le introdujo su semen, luego la hizo caer del árbol justo al costado de donde Cahuillaca se encontraba tejiendo. Al verla se la comió muy gustosa y de esta manera la bella diosa quedó embarazada sin haber tenido relaciones con ningún hombre.

A los nueve meses, como era de esperarse, Cahuillaca dio a luz. Durante más de un año crió sola a su hijo, pero siempre se interrogaba sobre quién sería el padre. Llamó a todos los Huacas y Huillcas a una reunión para dar respuesta a su pregunta. Cuando supieron de la reunión todos los huacas se alegraron mucho, asistieron muy finamente vestidos y arreglados, convencidos de ser a los que la bella Cahuillaca elegiría. Esta reunión tubo lugar en un pueblo llamado Anchicocha.

Al llegar se fueron sentando, y la bella huaca les enseñaba a su hijo y les preguntaba si eran los padres. Pero nadie reconoció al niño. Cuniraya Huiracocha también había asistido, pero como estaba vestido como mendigo Cahuillaca no le preguntó a él pues le parecía imposible que su hijo hubiese sido engendrado por aquel hombre pobre.

Ante la negativa de todos los preguntados de reconocer al niño, Cahuillaca ideó posar en el piso al niño, dejando que ande a gatas solo hasta donde se encuentre su padre. Hizo así, y el niño se dirigió muy contento donde se encontraba Cuniraya Huiracocha. Cuando su madre lo vio, muy encolerizada, gritó: "­Ay de mí! ¨Cómo habría podido yo dar a luz el hijo de un hombre tan miserable?". Y con estas palabras cogió a su hijo y corrió hacia el mar.

Entonces Cuniraya dijo: "­Ahora sí me va a amar!" y se vistió con un traje de oro, y la siguió, llamándola para que lo viera. Pero Cahuillaca no volvió para mirarlo, siguió corriendo con la intención de arrojarse al mar por dar a luz el hijo de un hombre tan "horrible y sarnoso". Al llegar a la orilla, frente a Pachacamac, se arrojó y quedaron convertidos, ella y su hijo, en dos islotes que están muy cerca a la playa.

Como Cuniraya pensaba que Cahuillaca voltearía a verlo, la seguía a distancia llamándola y gritándole continuamente. Entonces se encontró con un cóndor y le preguntó: -"Hermano, ¨dónde te encontraste con esa mujer?", -"Aquí cerca está, ya casi la vas alcanzando" le respondió el cóndor. Por darle esa respuesta Cuniraya le dijo al cóndor: -"Siempre vivirás alimentándote con todos los animales de la puna, y cuando mueran tú sólo te los comerás, y si alguien te mata, él también morirá"

El huaca siguió en su carrera en pos de Cahuillaca, encontrándose con una zorrina. -"Hermana" le preguntó, "¨En donde te has encontrado con esa mujer?"

La zorrina le respondió: -"Ya no la alcanzarás, está muy lejos"-. Por darle esa mala noticia el huaca le dijo: -"Por lo que me has contado, te condeno a que camines sólo de noche, odiada por los hombres y apestando horriblemente". Más abajo en su camino se encontró con un puma. -"Ella todavía anda por aquí; ya te estás acercando" le dijo el puma

Por darle tan buenas noticias Cuniraya le respondió: -"Comerás las llamas del hombre culpable, y si alguien te mata te hará bailar primero en una gran fiesta, y todos los años te sacará sacrificándote una llama" (De este modo Cuniraya le confiere al puma categoría para ser adorado, y manda además que todos los años se celebre una fiesta en su honor, en la que se bailará y se sacrificará una llama en su honor) También se encontró con un zorro. Al preguntarle por Cahuillaca el zorro le dijo que se encontraba ya muy lejos y que no la alcanzaría.

Por esto le dijo al zorro: -"Aunque andes a distancia, los hombres llenos de odio te tratarán de zorro malvado y desgraciado. Y cuando te maten te botarán a tí y a tu piel como algo sin valor".

El halcón, con quién también se encontró, le auguró que pronto la alcanzaría. Por ello le contestó el huaca: -"Tendrás mucha suerte, y cuando comas primero almorzarás picaflores. El hombre que te mate llorará tu muerte, y sacrificará una llama en tu honor, y bailará poniéndote sobre su cabeza para que resplandescas allí".

Enseguida se encontró con unos loros, quienes le dijeron que ya no la alcanzaría. Por ello Cuniraya les maldijo así: -"Andareís gritando muy fuerte, y cuando los escuchen, sabiendo que tienen la intención de destruir los cultivos, sin tardar los hombres os ahuyentarán y habrán de vivir sufriendo mucho, odiados por ellos". De este modo, cada vez que se encontraba con alguien que le daba una buena noticia le auguraba un buen porvenir, y si se encontraba con alguien que le daba malas noticias lo maldecía. De este modo llegó hasta el mar donde se encontraban dos hijas de Pachacamac custodiadas por una serpiente. Pero poco antes, la madre de éstas: Urpayhuachac, había entrado al mar a visitar a Cahuillaca.

Aprovechando esta ausencia Cuniraya violó a la menor de las hijas. Cuando quiso hacer lo mismo con la otra, ésta se transformó en paloma y voló. Es por esto que a su madre le llaman Urpayhuachac: la que pare palomas. En ese tiempo no habían peces en el agua. Solo Urpayhuachac los criaba en un estanque que estaba dentro de su casa. Cuniraya, enfadado porque había ido a visitar a Cahuillaca arrojó todos los peces del estanque al mar.

Y es por esto que el mar, ahora, se encuentra poblado de peces. Cuando la hija menor de Urpayhuachac le contó lo que Cuniraya le había hecho, se encolerizó y se decidió por matarlo. Para ello tramó un astuto plan. Urpayhuachac llamó a Cuniraya con el pretexto de quitarle las pulgas. Este aceptó. Pero al mismo tiempo hacía crecer una gran peña para que le callera encima al huaca y lo aplastara.

Pero éste, con gran astucia, se dio cuenta de las verdaderas intenciones de Urpayhuachac, y huyó del lugar.

Desde entonces Cuniraya Huiracocha anda por el mundo engañando a huacas y hombres.

El Dios Viracocha

En la mitología inca, Viracocha ( <quechua: Apu Kun Tiqsi Wiraqutra )? era la invisible divinidad creadora de la cosmovisión andina. Era considerado como el esplendor originario o El Señor, Maestro del Mundo.

En realidad fue la primera divinidad de los antiguos tiahuanacos, que provenían del Lago Titicaca. Surgió de las aguas, creó el cielo y la tierra.

El culto al dios creador supuso un concepto de lo abstracto y de lo intelectual, y estaba destinado solo a la nobleza. Este dios o huaca al parecer también se encuentra en la iconografía de los habitantes de Caral y Chavín.

Etimología

En quechua, tiqsi significa fundamento, base, inicio; mientras que wiraqutra proviene de la fusión de dos vocablos: wira (grasa) y qutra (contenedor de agua —lago, laguna—). En la simbología de los antiguos andinos, la grasa era una figura de la energía y el agua, el elemento capital del ciclo vital del universo.

Cuando los primeros cronistas llegaron a América, el español estaba en plena evolución y su alfabeto aún carecía de normativa. En tales casos, era común el uso tanto de la "V" como de la "U" para representar indistintamente la vocal [u] y a la semiconsonante [w], hoy representdas como U o HU-. Por tal motivo fue mayormente transliterada como Viracocha, aunque tabién algunos escribiron Huiracocha y Huiraccocha. Otras versiones fueron Ticci, Tiki o Teisi.

Doctrina

Viracocha al igual que otras deidades, fue nómada y tenía un compañero alado, el pájaro Inti, una especie de pájaro mago, sabedor de la actualidad y del futuro, representado en mitos orales como un picaflor de alas de oro (Quri qinqi).

Se da al dios todopoderoso la facultad de dirigir la construcción de todo lo visible e invisible.

Comienza su obra en el mundo de los antiguos (ñawpa pacha) tallando en la piedra las figuras de los dos primeros seres humanos, de los primeros hombres y mujeres que van a ser los cimientos de su trabajo.

Estas estatuas las va situando Viracocha en los sitios correspondientes y, a medida que les da nombre, se animan y toman vida en la oscuridad del mundo primigenio (ñaupa pacha), porque todavía no se ha ocupado el dios de dar la [luz]] a la Tierra, solamente iluminada por el resplandor del Titi, un puma salvaje y ardiente que vive en la cima del mundo, seguramente el jaguar que se entremezcla con otros animales en las representaciones totémicas del Imperio Inca y de las culturas preincas anteriores.

Este mundo de aquí o Kay Pacha, todavía está en tinieblas porque Viracocha posterga toda su labor de erección de un mundo completo, al nacimiento de los seres humanos que van a disfrutar de él.

Satisfecho con los humanos, el dios prosiguió su proyecto, ahora poniendo en su lugar a sus hijos el Sol (Inti), a la Luna (Mama Quilla), y a las estrellas infinitas, hasta cubrir toda la bóveda celestial con sus luces.

Después, Viracocha se dirige al norte para, desde allí, llamar a su lado a las criaturas que él acaba de dotar con vida propia.

Al partir de Tiahuanaco, Tiqsi Huiracocha había delegado las tareas secundarias de la creación en sus dos ayudantes, Tocapu Huiracocha e Imaymana Huiracocha, quienes emprenden inmediatamente las rutas del este y del oeste de los Andes, para -a su paso por tan largos caminos- dar vida y nombre a todas las plantas y a todos los animales que van haciendo aparecer sobre la faz de la tierra,

en una hermosa misión auxiliar y complementaria de la realizada antes por su dios y señor Huiracocha, misión que terminan junto a la orilla del mar, para después perderse regiamente en sus aguas, una vez cumplida la tarea ordenada por el dios creador principal del universo de los incas y preincas al parecer desde la época de Caral.

En los mitos orales se revela a Huiracocha como un sabio gobernante de la época de Caral el cual dio las leyes de la economía de la retribución (trueque, sistema de distribución del trabajo) como también del Ayllu o gran unidad familiar andina. Este Viracocha luego ascendió a la categoría divina, al igual que todos los grandes gobernantes preincas e incas.

Debido a este principal icono de la mitología inca, en el quechua moderno, sobre todo en los Andes centrales, es un tratamiento de respeto (como señor).

La Emperatriz
La esposa principal del Inca recibía el nombre de Coya, o sea gran señora. Desde los tiempos de Manco Cápac hasta Pachacútec se procuró que fuera la hija de un gran señor o curaca vecino del Cusco. Pero desde Túpac Inca Yupanqui se optó porque fuera la misma hermana del Inca, figura que recibe la designación de incesto real, cosa que también practicaron Huayna Cápac y Huáscar.

Lo hicieron con el objetivo de que la gran dignidad y pureza dela sangre real de los Incas no perdiera la altísima alcurnia divina, pues se sentían hijos de dioses.

La coya constantemente acompañaba al Inca, por cualquier parte por el que éste iba, ya fuera en época de paz o en tiempos de guerra.

Por eso muchas coyas dieron a luz en los pueblos y caminos de tránsito y no en el Cusco. Ellas residían en amplios aposentos, rodeadas de criadas, flores y aves de

colores que las divertían con sus trinos y revoloteos.

En sus patios también gustaban de tener fuentes de agua cristalina. Y aparte de ello, muchos bufones alegraban su existencia.

Su ropaje asimismo era de lana de vicuña con innumerables tocapus; pero la pieza más llamativa era su lliclla o pequeña manta sobre sus hombros y espalda, sujetada con enormes y hermosos topos o prendedores de oro y plata, que les servía de adornos; en sus cabezas llevaban huinchas como tocado, con lo que aseguraban sus largas cabelleras.

Armas

Tenían varios tipos de armas: jabalinas con propulsor, boleadoras, mazas con cabezas estrellada de bronce o hachas de filo, lanzas con punta de cuero, hondas para arrojar piedras y arcos y flechas.

Para protegerse usaban escudos y cascos de madera, corazas de algodón acolchadas.

Ejército

La gran expansión del Imperio fue posible gracias a la cuidada organización de la fuerza militar. Todo Inca entre 25 y 50 años tenía la obligación de servir en el ejército.

Los altos mandos eran siempre miembros de las panacas nobles de Cuzco, y la jefatura suprema del ejército la tenía el propio Inca, que podía delegarla en alguno de sus generales o parientes cercanos.

Paralelamente a este ejército, se fue formando un grupo de militares de profesión, incluso a niveles medios y bajos de la tropa, reclutados especialmente entre ciertas etnias vencidas y luego incorporadas a esta tarea.

La acción militar se iniciaba con un desfile para impresionar al adversario. Los soldados marchaban con sus distintivos. El generalísimo iba en su litera y llevaba en su mano el emblema de su mando.

A la vista del ejército enemigo, se hacía el alarde. El general o el Inca, pasaba revista a sus tropas mientras se hacían sonar instrumentos musicales. Luego venía la arenga y, finalmente, se efectuaba el ataque.

El poder del ejército Inca residió en dos elementos: la intendencia y la disciplina. Para facilitar el desplazamiento de sus ejércitos, los incas construyeron una vasta red de caminos.

La existencia de postas a lo largo de esos caminos, servía para el descanso de las tropas en campaña y para el recambio de animales y armas. En cuanto a la disciplina, era muy rígida. No se permitía que un soldado abandonase la formación, ni siquiera durante la marcha de aproximación.

Agricultura
La base de la economía fue la agricultura; las tierras eran comunales. Cada familia tenía sus tierras para cultivarlas y alimentarse. Las familias más numerosas, recibían mayor cantidad de tierras.

La forma de trabajo de las tierras era la “minka”, es decir, “se ayudaban en las tareas agrícolas en forma comunitaria”.

El Portal Fuenterrebollo, nos dice que “… bien cuando un individuo tenía tanto trabajo que no podía con él, o en caso de huérfanos, enfermos y viudas”.

“Cuando no se podía cultivar ciertas especies necesarias (las papas, por ejemplo), parte de la comunidad se

asentaba en otras zonas. Esta forma de obtener recursos se conocía como “complementariedad ecológica”.

La base de la alimentación inca, fue la papa y el maíz, complementada con carne de auquénidos: llama y alpaca. En las zonas altas de los Andes, se cultivaron y cosecharon hasta 200 especies de papas, que se diferenciaban por el color y el tamaño.

Para evitar su descomposición y con fines de almacenarlas o para la alimentación de su numeroso ejército sobre todo cuando salían de campaña, aprendieron a secar y trozar la papa, luego, antes de consumirlas las volvían a hidratar y se cocinaban. Complementaban esta dieta con otros tubérculos como olluco, oca, frijol, zapallo, ají, maní, quinua y frutas.

Los incas no sólo cultivaron los terrenos planos o semi inclinados, usaron un sistema ingenioso para cultivar las laderas de los cerros, esta técnica

consistía en formar terrazas, denominadas “andenes”, que rellenaban con tierra vegetal que era contenida con muros de piedra. Además de la lana que les proporcionaban los auquénidos, sembraron, cosecharon y usaron el algodón para la confección de su vestimenta. En las tierras correspondientes a la selva alta, sembraron y cosechaban la “hoja sagrada”: la coca.

Mantuvieron corrales de aves (patos y gallinas) y pescaban diversas especies de peces y cazaban aves silvestres. Para mantener tal cantidad de tierras sembradas, los incas fueron grandes ingenieros hidráulicos: mucho de los canales de regadía de la sierra aún hoy, funcionan perfectamente e irrigan las nuevas tierras de cultivo.

Ganaderia
La ganadería, exclusiva de las zonas montañosas, estaban constituida por llamas y alpacas, que eran totalmente domesticas, de ellas se obtenía la leche; además se las utilizaba para el transporte; guanacos y viñucas eran salvajes y había que cazarlos.

Alpacas: La alpaca (del quechua allpaqa, nombre científico Lama pacos) es una de las dos variedades domésticas de camélidos ungulados, derivados del guanaco.

Las alpacas pesan entre 50 y 55 kilogramos y su altura a la cruz es de 0.95 metros, superando levemente a la vicuña,

su ancestro. Han sido seleccionadas para la producción de fibras, cuyo diámetro varía de 12 a 28 micrómetros, las cuales son muy utilizadas aún en estos días.

Son animales típicos de la Puna húmeda del Bolivia, Perú y otros sitios más al sur. Casi no hay alpacas en Argentina, pero en la actualidad hay muchísimas en Estados Unidos, Europa y Nueva Zelanda.

Se encuentran en manadas numerosas que pastan en las alturas llanas de los Andes del Perú meridional, del norte de Bolivia y de la parte septentrional de Chile, a una altura aproximada de 3.500 a 5.000 metros sobre el nivel del mar, durante todo del año.

No se utilizan como bestias de carga, como las llamas, pero se valoran por sus lanas, de las cuales se hacen las mantas y los ponchos indígenas tradicionales entre otras múltiples prendas de vestir de consumo local y de exportación. Los cuatros únicos colores son marrón, negro, blanco y gris.

La capa es de gran longitud, llegando casi a rozar la tierra. La estatura de la alpaca es considerablemente menor que la de la llama, compartiendo con la llama y el camello el hábito de escupir, utilizado para mostrar agresividad o como método de defensa.

En la industria textil, el término "alpaca" puede significar cosas distintas. Es sobre todo un término aplicado a las lanas obtenidas de la alpaca peruana. Sin embargo, se refiere más ampliamente a un estilo de la tela hecho originalmente en el Perú de las lanas de la alpaca aunque también fabricada y mezclada con otro tipo de lana como por ejemplo las italianas e inglesas brillantes.

Las telas más preciadas son aquellas provenientes de la primera poda de la alpaca, llamadas "baby alpaca".

Las cuatro especies de animales sudamericanos autóctonos y productores de lana son la llama, la alpaca, el guanaco y la vicuña. La alpaca y la vicuña son los animales más valiosos por su lana: la alpaca a causa de la calidad y la cantidad de lana (fibra), y la vicuña a causa de la suavidad, fineza, escasez y la alta calidad de sus lanas. La fibra de guanaco es levemente inferior a la de vicuña, pero es un poco más abundante.

La vicuña proporcionaba la lana más fina que se utilizaba para los tejidos de cumbi, es decir, las ropas del Sapa Inca y la nobleza. después de esquilarlas eran dejadas en libertad; del guanaco se consumía la carne. Los pueblos de la costa consumían pescado y mariscos; para sus áreas cultivadas usaban como fertilizantes el guano (deposiciones de aves marinas).

Llamas

La llama era indispensable para los habitantes de los Andes. Comían su carne, seca (charqui) o fresca. Con su piel se elaboraban sandalias, tambores y cuerdas.

Los excrementos secos se usaban para calentar las casas, cocinar su comida y para abonar los campos de la sierra. Los campesinos tejían hondas y sacos con su recia lana. En el transporte inca, la llama vino a significar lo que el camello representaba para los pueblos asiáticos y norafricanos.

Podía ser cargada con hasta 45 kilos de mercaderías, pudiendo cubrir una distancia entre 15 y 20 kilómetros. La redistribución de los productos elaborados en distintos

rincones del imperio, así como el abastecimiento de los ejércitos, también se efectuaban a base de las caravanas de llamas. El impacto que causó este animal desconocido en Europa, le valió el calificativo de "oveja de la tierra" por parte de los primeros viajeros y cronistas españoles.

Educación

Los padres eran los educadores por excelencia entre la gente común. Enseñaban a los varones a cultivar, cazar, hacer cerámica, tejer, y a las mujeres a cocinar, limpiar y cuidar a los animales.

Aparte de esta instrucción, se ocupaban de ilustrarlos sobre el comportamiento social adecuado. Esta educación tenía una doble vertiente: positiva, de buenos consejos, y correctiva, castigándolos cuando violaban las pautas de comportamiento establecidas.

Los castigos se proferían, a veces, de forma muy violenta, como azotando o rasguñando con espinas muy filosas.

Tras los padres, los ancianos constituían el segundo nivel pedagógico. Su influencia educativa era enorme porque se los consideraba depositarios de dos valores fundamentales: experiencia y tiempo. Sólo los hijos de la familia real y de los nobles concurrían a las escuelas. Se creía que las ciencias le pertenecían solamente a ellos.

La enseñanza de las escuelas se limitaba a aprender contenidos de memoria. Comprendía un extenso programa de religión, gobierno, urbanidad, arte militar, cronología, historia, educación de los hijos, poesía, música, filosofía y

astrología.

Los maestros se llamaban amautas, que es sinónimo de sabio o filósofo, y eran muy estimados.

Las escuelas se concentraban en un barrio de Cuzco y se denominaban Yacha huaci, o casa de enseñanza. Allí vivían los amautas y los haravec, o poetas.

Lo verdaderamente sorprendente es que toda esta enseñanza la hicieran con tan sólo la ayuda de los quipus, o cuentas de nudos, donde registraban su historia, su legislación, su demografía y los ingresos y gastos estatales.

El quipu: ( <quechua: khipu [nudo] )? fue un sistema mnemotécnico de cuerdas de lana o algodón y nudos de uno o varios colores desarrollado en los Andes. Si bien se sabe que fue usado como un sistema de contabilidad por los funcionarios del Imperio Inca, aún se discute su posible uso como una forma de escritura. Se han hallado quipus en Caral, la ciudad más antigua de América, como también en los centros de la cultura Wari.

Estructura

El quipu consta de una cuerda principal, sin nudos,de la cual penden otras generalmente anudadas y de diversos colores, formas y tamaños -llamadas cuerdas colgantes-. Puede haber cuerdas sin nudos, como también cuerdas que no se desprenden de la principal sino de la secundaria (cuerdas secundarias).

Los especialistas contemporáneos piensan que los colores y quizá la forma de trenzado de las cuerdas indican los objetos, mientras que los nudos harían referencia a las cantidades, incluyendo el número cero.

"Entre los quipus conocidos hay una gran variedad de tamaño y complejidad, pues van desde los muy simples hasta los que tienen más de mil cuerdas" (Franklin Pease).

Uso

Se sabe de su uso contable, registro (censos, cosechas) y se especula de su utilidad como sistema de representación lingüística y de memoria (historia, canciones y poemas).

Contabilidad

Su uso como sistema de numeración es la forma más conocida. En este caso, las cuerdas secundarias representan, cada una, un número. Los nudos van indicando las cifras según su orden: las unidades se hallan a mayor distancia del cordel principal. Pablo Macera dice que el quipu era el elemento matriz de la cultura inca y que el control político se debió en parte a que a través de ellos podían llevar un cálculo de los pueblos que controlaban.

¿Sistema equivalente a la escritura?

Representación de un Quipu Es de recordar al respecto que en los Andes no se conocía la escritura con caracteres sobre una superficie, tal y como se entiende en occidente, pero los quipus parecen haber sido una eficaz herramienta mnemotécnica en las labores administrativas de la civilización Inca y que podrían haber servido para recordar hechos acontecidos.

Se postula que eran un sistema equivalente a la escritura pues es posible lograr más de 8 millones de combinaciones gracias a la diversidad de colores de cuerdas, distancia entre cuerdas, posiciones y tipo de los nudos posibles. Hay algunos pueblos andinos alejados que mencionan tener "escritos" en los quipus de su localidad tradiciones orales.

El 12 de agosto del 2005, la revista Science incluye el reportaje "Khipu Accounting in Ancient Peru" ("Contabilidad con Quipu en el antiguo Perú") de Gary Urton y Carrie J. Brenzine según el cual por primera vez se hubiera descifrado un elemento no numérico en un quipu: un topónimo para el pueblo de Puruchuco al inicio del mismo, constante de tres nudos óctuples.

Usuarios

Es sabido que sólo los funcionarios estatales conocían el uso de los quipus. Éstos eran llamados "khipu kamayuq" (en quechua «responsable del quipu», plural: khipu kamayuqkuna). Éstos eran apoyados por los qullqakamayuqkuna, que ordenaban los almacenes o tambos. Generalmente el khipu kamayuq era un varón anciano, mientras que la qullqa kamayuqkuna era una anciana, y ambos posiblemente habían sido pareja de más jóvenes

Los quipus fueron conocidos por los cronistas, quienes hablaron detenidamente de ellos y emplearon la información que contenían, interpretada y proporcionada por los khipu kamayuqkuna, especializados en su manejo.

Historia

Los quipus más antiguos fueron hallados en la ciudad antigua de Caral y algunas posteriores en centros urbanos Wari. Ello hace evidente que el uso del quipu tiene una gran antigüedad.

Fueron utilizados por el Imperio Inca para registrar la población de cada uno de los grupos étnicos que entregaban su fuerza de trabajo a través de la mit'a y de la producción almacenada en las qullqa para lo cual todo depósito tenía su khipukamayuq residente.

Pedro Cieza de León señala que en cada capital de provincia había un khipukamayuq encargado de todas las cuentas, incluso las relativas a los textiles. De acuerdo con la importancia del depósito algunos de estos contadores pudieron haber pertenecido al linaje del Qhapaq inka.

Durante la conquista, muchos quipus fueron quemados y destruidos por los conquistadores españoles.

En la actualidad, se sigue investigando el significado de los cerca de 600 quipus sobrevivientes y otros tantos encontrados durante el siglo XX en tumbas de toda naturaleza, lo que sirve para ampliar los conocimientos sobre el antiguo Perú.

Arquitectura

Los ejemplos más típicos de la arquitectura incaica se encuentran en la ciudad que fue su capital, Cusco, que estaba protegida por Sacsayhuamán o fortaleza rodeada de tres murallas en zig zag, formadas por bloques ciclópeos, que se conserva todavía en muy buen estado.

Otras fortalezas importantes fueron las de Písac y Machu Picchu, que son, junto con Cusco, los principales centros arqueológicos de la cultura inca.

Machu Picchu, el más importante asentamiento urbano del Imperio Inca, cuyo nombre significa "la cumbre vieja", está enclavado en los Andes, a 2.045 metros sobre el nivel del mar extendiéndose por sus cuatro cerros; fue descubierto en 1911.

Entre los templos más importantes que se conservan de esta civilización, cabe citar la de la Casa del Sol en la isla del lago Titicaca; el templo del Sol en Cusco; y el templo de las Tres Ventanas en Machu Picchu.

En cuanto a los palacios, destaca el de las Ñustas, también localizado en Machu Picchu. También es representativa de la arquitectura inca el compejo de Tambo Colorado en la Pisco y el sector inca de la Huaca "La Centinela" centro administrativo de los chinchas en Chincha, ambas en la región Ica.

Organización de la Sociedad Inca
Los incas tuvieron una sociedad sumamente rígida, a la cabeza de la misma, el Zapa Inca con los Orejones y sustentando esta pirámide abajo los runas y yanaconas.

La base de la sociedad inca era el “Ayllu”; el ayllu era una especie de clan formado por un grupo de personas emparentadas. Los ayllus podían unirse, formando una comunidad con un jefe que era denominado “curaca”, que además de organizar las tareas agrícolas de la comunidad, era juez y consejero.

Los integrantes de un ayllu, se casaban entre ellos si no eran parientes cercanos y compartían creencias, tradiciones, cultos y divinidades protectoras. Al igual que el

Cusco, los ayllus estaban divididos en mitades denominadas “Hana Saya” (mitad de arriba) y “Hurin Saya” (mitad de abajo), existiendo entre estas dos mitades, cierta rivalidad.

La base de la sociedad inca, fue la familia. En cada familia, cada integrante tenía un tarea determinada: los niños ayudaban en las tareas agrícolas y cuidaban el ganado, las niñas aprendían los trabajos de la casa, como hilar y tejer.

Según el Portal Fuenterrebollo, los incas tuvieron una especie de organización policial, sus miembros de llamaban “Tucuyricu” (o Tucuricui. el que todo lo ve). Los tucuyricus velaban por el orden interno y el cumplimiento de las leyes del soberano inca. Los tucuyricus, estaban apoyados por los “michues” que actuaban como “consejeros e inspectores” (Portal Fuenterrebollo, 2004).

Los nobles integrantes de la sociedad inca, no tenían obligación de trabajar, se casaban con varias esposas a las que denominaban “coyas” y la principal era generalmente, la hermanastra. Hubo familias nobles muy numerosas, que vivían en palacios, con muchas habitaciones y patios. Los nobles de vestían con ropas muy finas de lana de vicuña y una vincha de oro y lana. El símbolo de autoridad de la nobleza era el “llautu”, “una trenza de diferentes colores que daba cinco a seis vueltas a la cabeza …” (Portal Fuenterrebollo, cit.).

Una característica de los nobles, era de deformación de la cabeza; ésta era practicada desde que nacían, colocándoles un par de tablillas amarradas a ambos lados de la cabeza, manteniéndolas fijas en esa posición durante largo tiempo, al crecer, ésta lo hacía hacia donde pudiese, deformándose; finalmente, se colgaban de las orejas adornos pesados de oro, las deformaban, ganándose el apelativo de “orejones”.

Nobleza

El inca era tratado con respeto porque era considerado el hijo del Dios-Sol, es decir descendiente directo de Inti, el Sol. Todos se descalzaban al estar en su presencia y no

podían tocarlo. Colocaban ofrendas a sus pies y sacrificaban llamas en su honor.

Se ataviaba de manera especial, llevando vestiduras muy finas, como ropa de lana de vicuña y una vincha de oro y lana. La ropa era usada una vez, al igual que sus platos y vajilla y luego los sirvientes los rompían y le daban objetos nuevos. Los símbolos de su autoridad eran el llautu, una

trenza de diferentes colores que daba cinco a seis vueltas a la cabeza y sujetaba sobre la frente una franja de lana, llamada maskapaicha. Estaba coronado por plumas exóticas. También figuraba una llama blanca llamada napa, que representaba a los animales aparecidos después de un diluvio.

También estaba adornada con joyas de oro y cubierto el lomo con una funda escarlata. En abril la sacrificaban. Se trasladaba en una litera adornada con plata y oro escoltado por un gran número de súbditos, entre estos soldados y mensajeros.

Los miembros de la nobleza se solían deformar la cabeza como símbolo de status. Se colocaban unas tablillas en la cabeza y al crecer, al estar apretada en un cierto sentido, crecían hacia donde podían, y así lo hacían alargadas.

Los jóvenes nobles se preparaban para sus futuras responsabilidades en manos de unos sabios llamados "amautas". Pasaban por una ceremonia especial en la cual se les colocaba unos discos de oro en los lóbulos de las orejas. Al pesar mucho se iban estirando considerablemente.

Legislación y Justicia

La antigua legislación incaica establecía un régimen muy duro, que recuerda al azteca en no pocos aspectos.

Podemos evocarla recordando algunos textos del indio cristiano Guamán Poma de Ayala, yarovilca por su padre e inca por su madre, nacido en 1534, el cual transmite,

en su extraño español mezclado de quechua, muchas tradiciones orales incas: “Mandamos que no haiga ladrones en este reino, y que por la primera (vez), fuesen castigados a quinientos azotes, y por la segunda, que fuese apedreado y muerto, y que no entierren su cuerpo, sino que lo comieses las zorras y los cóndores” (Nueva crónica, 187).

El adulterio tiene pena de muerte (307), y también la fornicación puede tenerla: “doncellas y donceles” deben guardarse castos, pues sino el culpable es “colgado vivo de los cabellos de una peña llamada “arauay” (horca). Allí penan hasta morir” (309).

Está ordenado que quienes atentan contra el Inca o le traicionan “fuesen hechos tambor de (la piel de la) persona, de los huesos flauta, de los dientes y muelas gargantillas, y de la cabeza mate de tener chicha” (187; + 334).

Esta pena es aplicada también a los prisioneros de guerra que no son perdonados y convertidos en yanacunas. El aborto es duramente castigado: “Mandamos la mujer que moviese a su hijo, que muriese, y si es hija, que le castiguen doscientos azotes y destierren a ellas…

Mandamos que la mujer que fuese puta, que fuese colgada de los cabellos o de las manos en una peña y que le dejen allí morir”… (188).

Las normas del Inca al ser sagradas, eran muy estrictas, y estaban urgidas por un régimen penal extraordinariamente severo.

Además de las penas ya aludidas, existían otras también terribles, como el “zancay debajo de la tierra, hecho bóveda muy oscura, y dentro serpientes, culebras ponzoñosas, animales de leones y tigre, oso, zorra, perros, gatos de monte, buitre, águila, lechuzas, sapo, lagartos.De estos animales tenía muy muchos para castigar a los bellacos y malhechores delincuentes”.

Allí eran arrojados “para que les comiesen vivo”, y si alguno, “por milagro de Dios”, sobrevivía a los dos días, entonces era liberado y recibía del Inca honras y privilegios. “Con este miedo no se alzaba la tierra.

Pues había señores descendientes de los reyes antiguos que eran más que el Inca. Con este miedo callaban” (303).

Al parecer, el Imperio de los Incas, férreamente sujetado con normas y castigos, consiguió reducir el índice de delincuencia a un mínimo: “Y así andaba la tierra muy justa con temoridad de justicia y castigos y buenos ejemplos.

Con esto parece que eran obedientes a la justicia y al Inca, y no había matadores ni peitos ni mentiras ni peticiones ni proculadrones ni protector ni curador interesado ni ladrón, sino todo verdad y buena justicia y ley” (307). Guamán, sin poder evitarlo, recuerda aquellos tiempos, que él no conoció directamente, con una cierta nostalgia…

Los alimentos
En el ayllu la gente no moría de hambre. Sus proteínas las sacaban y obtenían de mariscos y peces de mar, ríos y lagos. Los consumían inmediatamente después de pescarlas, o bien deshidratadas o saladas, en cuyo condición podían transportarlos para venderlos en lo más interno de las altas montañas.

El pejerrey, extraído de lagos y ríos, era uno de los platos exquisitos. Comían poca carne, pero comían carnes de venado, lobo marino, zorros y llamas. La

carne de llamas la consumían fresca, pero preferían deshidrata para guardarla por mucho tiempo. En el norte las iguanas eran las delicadezas. En la selva alta comían la carne del sajino y monos. También en ciertas partes criaban perros exclusivamente para aprovechar su carne.

Como carbohidrados, los Incas comían muchas papas y maíz, con los que hacían variadísimas preparaciones. Gracias a la nutrición de la papa, el producto más importante de las tierras altas, no se produja la deficiencia nutricional en la población andina, desde la costa a la sierra. La maíz no era solamente un buen alimento: el maíz era necesario para un serie de necesidades ceremoniales y rituales, por ejemplo en las fiestas y los rito de iniciación.

En su dieta, conocían muchas verduras. Mostraban preferencia por las algas marinas y por diversas variedades de ají, desde el menos picante al más ardiente, todos ellos disecados y enjuntos para su larga conservación. Las verduras eran cultivadas y también venían de la selva, y conocían muchas frutas domesticas. Las vitaminas y minerales prevenían la ceguera y el escorbuto.

También las verduras tenían propiedades medicinales: diurética y lazante, con eficaces efectos en las afecciones del hígado, vejiga y riñones y para la expulsión de lombrices. Las algas marinas, como todos los alimentos de origen marino, contenían muchas vitaminas importantes, proteínas, carbohidratos, grasas, minerales etc., y nacían y crecían de forma natural.

La bebida preferida fue la asua o upi o acja o yamor tocto, llamada comúnmente chicha por los europeanos. Para prepararla, primero fermentaban el maíz seco humedeciéndose con agua y colocándolo entre hojas de achira. Cuando germinaba brotándole raicillas lo retiraban para secarlo, quedando convertida en jora. Después molían la mayor parte de ella y otra la mascaban para que la diastasa de la saliva motivara el fermento.

En tal estado era echada en ollas con abundante agua para hervirla por unas horas. Una vez fría, en cuyo estado recibía el nombre de sarayumbia, se la vertía en tinajas para su maceración. El grado de fuerza alcohólica lo conseguían según los días que duraba la fermentación en los tinajas, colocados en un rincón de la habitación en un sitio abrigado. Al sedimento en el fondo del tinaja, se le decía mamaasua (madre de la asua), utilizado para acelerar el fermento de las posteriores.

Se consuma mucha asua en ceremonias, ritos y fiestas. Fue la bebida cotidiana para calmar la sed. Había una necesidad de las existencia de mujeres especialmente dedicadas a la fabricación: unas mascando el grano para dejar caer en bolo en enormes recipientes de arcilla; otras hirviéndolo y otras cuidando de su maceración y distribución.

El lenguaje
Los Incas y preincas, tuvieron como idioma oficial el Runasimi, con representación gráfico-fonética y expresada en dos categorías: qelqa y los khipu. Qelqa era la escritura gráfica con su correspondiente pronunciación. Los khipu eran hilos de diferentes grosores y colores y nudos a distancias determinadas, cuyos textos eran mensajes y cifras numéricas.

Las qelqa estaba en planchas de oro y plata, ubicados en la

paredes y muros de los salones y apartamentos del Qorikancha o Templo del Sol, materiales que fueron sustraídos y fueron fundidos por los invasores, los españoles. Los signos ideográficos estaban plasmados en cerámicas, bastones y monumentos líticos.

Ellos “tenían almacenados en lugares especiales semejante a las bibliotecas” como dice Pedro Sarmiento de Gamboa. Los khipu, hilos de color, grosor y nudos, era otro sistema de comunicación

guardados en depósitos especiales. Estos documentos fueron incinerados por los invasores en una proporción de cerros y cerros en la plaza Waqaypata. Sir William Burns Glynn, científico e investigador inglés radicado en Lima, prueba claramente que el RUNASIMI ha tenido representación gráfica y fonética.

Ya nadie discute el asunto. Esta escritura ha sido tan diferente a los idiomas del occidente o del oriente. Por tanto, durante el Tawantinsuyu tuvieron tres formas de expresión: mediante signos gráfico-fonéticos en planchas de oro y plata, ideográficos en cerámicas y bastones, y mediante hilos de diferente color, grosor y nudos llamado Khipu.

El Runasimi es el instrumento de desarrollo del Mundo Andino como lo fue en el Tawantinsuyu.

El Chasqui
El chasqui (quechua: chaskiy, «recibe») era un funcionario del Imperio Inca.

Era el mensajero personal del Sapa Inca. Eran jóvenes entre los 18 y 20 años y preparados físicamente desde su juventud para recorrer, a través de un sistema de postas, los extensos caminos construidos por el Sapa inca.

Por informaciones históricas en las crónicas del Inca Gracilaso de la Vega se establece que los chasquis, gracias a su velocidad y resistencia, llevaban al Emperador inca , establecido en el Cusco, pescado fresco desde la costa; cubriendo una distancia aproximada de 600 km en condiciones adversas tales como la altura para cruzar la Cordillera de los Andes.

El Cusco está a 3.680 msnm. y fue la capital del Imperio Inca antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI.

Llevaba siempre un pututo para anunciar su llegada, un quipu, donde traía la información, y un qipi a la espalda, donde llevaba objetos y encomiendas. En la cabeza llevaba un penacho de plumas blancas.

La mujer
En general, el papel de la mujer inca aparece disperso e inserto en los aspectos generales de la sociedad (jornada cotidiana, agricultura, arte, etc.); en realidad la historiografía ha sobrevalorado el papel de las instituciones incas, sobre todo en aspectos como el de la mujer.

En el mundo de las culturas prehispánicas, qué duda cabe, el Imperio Inca, ocupó un sitial preponderante, la razón, tal vez no sea por la fortaleza del imperio, su capacidad de organización, la grandeza de sus obras públicas, sino el aspecto mítico de sus orígenes.

¿Quiénes fueron los Incas?, es una de las frecuentes preguntas que la historia no ha podido responder puntualmente.

La razón está en que este imperio fue ágrafo y por tal motivo, no existen documentos escritos y por tanto los estudios parten de documentos indirectos o por la tradición oral, no siempre cierta y quizá manipulada ya sea por intereses o por simplemente el tiempo transcurrido.

La documentación escrita, corresponde a los primeros cronistas españoles de la conquista y todos los estudios posteriores, se basan en ellos. Este aspecto ya lo hemos analizado al tocar los orígenes del imperio y las leyendas al respecto (Leyendas sobre el origen del Imperio Inca).

A través de las varias versiones del origen de los incas, podemos interpretar que el asentamiento de un no muy numeroso grupo étnico fue capaz de aglutinar, consolidar y agrupar en un solo y gran imperio. Es a partir de la derrota de los chancas, que comienza a darse la supremacía de los incas.

También hemos analizado el aspecto más original de los Incas, que fue, sin duda, la organización social y política. El gobierno de los Incas se caracterizó por el ejercicio de un poder absoluto controlado por el Sapa Inca, como "Hijo del Sol" a través de una compleja red burocrática que alcanzaba a todos los súbditos.

El Sapa Inca reina sin límites. La religión garantiza la unidad del Imperio, pero éste se respalda también en un ejército poderoso, una administración eficaz que coordina en particular toda la economía del Imperio.

Existen varias interpretaciones al respecto: Baudin caracteriza el Imperio Inca como socialista; Karsten como totalitario; y Godelier como “la existencia combinada de comunidades primitivas donde reina la posesión común del suelo y organizadas,

parcialmente todavía, sobre la base de relaciones de parentesco y de un poder de Estado que expresa la unidad real o imaginaria de estas comunidades, controla el uso de los recursos económicos esenciales y se apropia directamente de una parte del trabajo y de la producción de las comunidades que él domina…”.

De lo que no existe duda es que el Inca era el vértice supremo de la pirámide social y suponía la súper individualización del poder; era de origen divino y, por consiguiente, sagrado para sus súbditos, era considerado como la encarnación del dios solar, y su mujer principal, era considerada la diosa lunar.

El ciclo de la vida de la mujer Inca

El ciclo de la vida de la mujer Inca, estaba dividido en cuatro etapas: a) el nacimiento, b) la pubertad, c) el matrimonio y, d) la muerte.

Nacimiento

La mujer Inca, solía tener su primer hijo de joven, normalmente entre los 18 y 21 años; las relaciones sexuales entre los jóvenes no importaban, por el contrario, el hecho de mantenerlas era un símbolo de atractividad de la chica, que era capaz de conquistar a varios varones, con lo que conseguía prestigio, así como más facilidades a la hora de casarse.

Asimismo, no era raro que de estas relaciones naciera algún hijo; con ello, la mujer también demostraba cuánto valía, pues era una prueba incuestionable de que era fértil. A la virginidad no se le daba el menor valor.

Desde que la mujer quedaba embarazada, efectuaba una serie de rituales para esperar la buena marcha del embarazo: invocaba a los dioses y multiplicaba sus ofrendas; esta práctica religiosa se extendía hasta mismo día del parto. Durante el período de embarazo su existencia cotidiana no cambiaba en nada.

En el caso de que en el embarazo pudiera existir riesgo de aborto, inmediatamente la mujer se ponía en manos del hechicero para evitarlo. El hechicero practicaba una ceremonia muy complicada sobre el cuerpo de la mujer.

En ella tenía un papel privilegiado, una pasta que se ponía encima del vientre de la embarazada; esta pasta curativa tenía varios ingredientes: el principal era el maíz, pero para que esto surtiera efecto tenía que haber sido masticado previamente por jovencitas vírgenes o por mujeres que cuidaran de permanecer castas y que no hubiesen ingerido ni sal ni pimienta, durante la preparación de dicha pasta.

Como se dijo, durante el período del embarazo, su existencia cotidiana, no cambiaba en nada, seguía trabajando en lo mismo y con la misma intensidad de siempre. La mujer paría ahí donde se encontrase, cortaba el cordón umbilical con un trozo de cerámica o con las uñas, y se lavaba ella y a la criatura en el arroyo más cercano: “La madre manifestaba su ternura absteniéndose de sumergir al pequeñito, toma el líquido en su boca y rocía el delicado cuerpo de su hijo” (Louis Baudin, “La vida cotidiana en el tiempo de los Incas”).

La vida cotidiana se desarrolla de una manera monótona y, en su conjunto, muy sencilla. El niño o la niña desde su nacimiento, era amorosamente atendido por su madre, que solía llevarlo en una cuna portátil, llamada “quiran”.

El marido debía permanecer junto a su mujer durante los primeros días que seguían al alumbramiento, aunque la mujer se haya incorporado a su trabajo ordinario paulatinamente. El niño, desde que nace, es instalado en una cuna, de la cual lo se le sacará ni para las tareas más imprescindibles, su madre le dará de mamar arrodillándose delante de la cuna y por tres veces al día: por la mañana, al mediodía y por la noche.

Las mujeres mientras criaban a sus hijos, se abstenían del coito, porque creían que era malo para la leche. El hecho de esta abstinencia era una forma clara de controlar la natalidad, mucho más si tenemos en cuenta la larga duración del tiempo en que la madre daba de mamar a su bebé. El destete se efectuaba a partir de los dos años o un poco más, entonces, si era hijo primogénito, se celebraba con una gran fiesta, de lo contrario, se celebraba únicamente con los parientes más cercanos.

Al niño se le cortaba el cabello por primera vez y se le ponía el nombre propio que debía tener hasta que fuera adulto; entre los parientes se escogía uno de ellos para que fuera el padrino, éste daba el primer tijeretazo al ahijado y, tras él, cada uno de los invitados por su grado de afinidad y edad, cortaba un mechón de cabello al destetado, dejando su ofrenda. Esta minuciosa ceremonia se llamaba “rutu-chicuy”.

Desde que empezaban a caminar los pequeños eran educados por sus padres y acompañaban a todas partes a su madre. A partir de los seis o siete años se producía la división sexual del trabajo, a partir de la norma: si era niño, la educación corría a cargo de su padre, quien lo instruía en sus principales tareas como hombre. Si era niña la educación corría a cargo de la madre.

Los hijos de los runas o gente humilde, no asistían a la escuela que estaba reservada exclusivamente a los hijos de las clases privilegiadas, éstos eran educados en las escuelas del Cusco llamadas “yachayhuasi” por los amautas, sabios, instruidos en los que se concentraba toda la ciencia, formándolos para el mando y la administración de alto nivel. También recibían instrucción sexual.

“Mientras no alcanzaban la edad requerida, mujeres de cierta experiencia (generalmente viudas) estaban encargadas de ocuparse de ellos y darles educación sexual” (Louis Baudin, “La vida cotidiana en el tiempo de los Incas”).

Por su parte las hijas de las clases privilegiadas, o bien permanecían al lado de sus madres, que les enseñaban las tareas de una mujer o entraban en las casas de las escogidas donde aprendían con maestras expertas o por su gran belleza, pasaban al rango de Vírgenes del Sol. La instrucción de las clases humildes (runas), se limitaba, a los conocimientos más elementales.

La Pubertad

La pubertad introducía un cambio: chicos y chicas, recibían un nombre definitivo. A la edad de doce años más o menos, en los chicos de forma más indefinida, en las chicas en forma más concreta (con la primera menstruación), se llegaba a la pubertad, que se consideraba como el umbral hacia el ser adulto.

Este paso era muy importante ya que si bien en el orden laboral no habría ningún cambio fundamental, en el orden social si significaba una perspectiva hacia el matrimonio y la formación de la unidad económica: la familia.

Este paso se ritualizaba; en el caso de la muchacha, era concreto o individual, la joven es objeto de una ceremonia cuando aparece la primera menstruación: para prepararse para esta ceremonia, la joven guardaba ayuno durante 48 horas, toma un poco de maíz crudo al tercer día, se lava al cuarto día, recibe sus vestidos nuevos y se trenza los cabellos, dándole su nombre definitivo de mujer.

Es interesante la idea de recibir vestidos nuevos y trenzarse sus cabellos, porque para los Incas, ambos elementos tienen un gran interés y son distintivos de diversos status, así como es curioso que se le dé ahora su nombre definitivo, una vez que ya se la considera mujer.

A partir de ahí su vida transcurre ayudando a su madre en las labores cotidianas, hasta la edad de 18 o 20 años que era cuando se solía casar, institución a la que la sociedad Inca daba gran importancia.

Es necesario puntualizar que la mujer común, al revés del hombre, podía abandonar el ayllu: si la doncella gozaba de alguna habilidad especial en al arte o belleza, era llevada a la capital provincial; de esta forma podía llegar a convertirse en la mujer de un alto funcionario o si la fama la favorecía, en concubina del Sapa Inca.

Este hecho es muy interesante, más aún si tenemos en consideración que nos encontramos en una sociedad de reglas muy rígidas en todos los aspectos; pero lo común era, que la mayoría de las mujeres nacieran y murieran dentro del ayllu.

Este grupo privilegiado de mujeres que abandonaban el ayllu era el de las mujeres escogidas o “acllas”, seleccionadas desde la pubertad, entre las hijas del pueblo y junto a las de la clase aristocrática, eran educadas y preparadas para cumplir importantes misiones. Durante cuatro años recibían una educación esmerada bajo la dirección de las llamadas “mamacunas”, que abarcaba desde el perfeccionamiento del idioma y las artes domésticas hasta la iniciación en los secretos de la religión y el culto.

Los jóvenes del pueblo (runas), no podían casarse antes de los 24 años los hombres, y antes de los 18 las mujeres.

El Matrimonio

La sociedad Inca daba gran importancia al matrimonio, tanto así, que es un paso determinante; el compromiso, asumía el rango de una función estatal al legalizarlo los representantes del Sapa Inca.

El matrimonio era un elemento muy diferenciado que estaba de acuerdo con la jerarquía social; una característica fundamental que tenía el matrimonio era que el de una mujer y un hombre del pueblo, era estrictamente monógamo, en cambio el de las clases privilegiadas o del Sapa Inca, era polígamo.

A la familia campesina no les estaba permitido trasladar su residencia, ni cambiar la forma o los colores de su atuendo, por los que podía identificarse su origen, siempre se casaban con gente perteneciente al mismo status social y estaba prohibido bajo sanciones muy drásticas, el “mezclar la sangre”: “no era lícito casarse de una provincia en otras, ni de un pueblo en otro, se reservaban las hermanas y todos los de un pueblo se tenían por parientes.

Tampoco les era lícito irse a vivir de una provincia a otra, ni de un pueblo a otro, ni de un barrio a otro” (Inca Garcilaso de la Vega, “Comentarios Reales”: El origen de los Incas).

Como se vio antes, la distribución de la tierra de cada comunidad, era dividida en tres partes: una era asignada al sol (templos), otra al Inca y la tercera a la comunidad. Se repartían en usufructo para su cultivo, la unidad de medida utilizada era el “tupu”, extensión de terreno que se entendía suficiente para alimentar un matrimonio sin hijos. El indio recibía un tupu al casarse y posteriormente otro por cada hijo varón y sólo medio por hija.

Al ganado se aplicaban una reglas de reparto similares a las de las tierras, pero el número de cabezas adjudicadas al indio era pequeño, cada jefe de familia recibía una pareja de llamas para cría, que no podía matar hasta que los animales fueran muy viejos.

Respecto a la forma como el varón conseguía mujer en la sociedad inca, existen diversas versiones o interpretaciones. Por un lado, M. Hernández Sánchez Barba, afirma que el hombre adquiría mujer mediante compra, en presencia del curaca y del representante de la administración Inca.

Luis Bonilla García, por su parte nos da la siguiente versión: “Todos los años el Inspector del Estado o visitador del Inca, llegaba a cada aldea, donde se reunían por separado ambos sexos, formando dos líneas paralelas, los mozos y las mozas, así como los hombres y mujeres que por anulación o repudio no estaban casados. El visitador, respetando primero las jerarquías caciques, repartía hombres y mujeres, es decir, daba carácter oficial al apareamiento” (Luis Bonilla García, “La mujer a través de los siglos”).

De todas las diversas versiones respecto a la forma de escoger pareja, quizá la más acertada, es la que entre los runas, si un hombre quería a una mujer, era normal que empezara a frecuentar la casa paterna de ésta y participaba en las tareas.

Esta relación se consolidaba cuando la pareja se sometía a lo que han llamado “matrimonio de ensayo” (servinacuy), que tenía como principal función constatar que ambos se entendían y eran rentables en sus tareas; era en definitiva una ensayo, ya que una vez realizado el matrimonio definitivo, la separación era muy difícil, a no ser por adulterio femenino o por infertilidad.

“Este ensayo permite a la pareja darse cuenta de las actitudes de su futura y eventual esposa, que debe hacer su comida, confeccionar sus trajes, ayudarle en los trabajos agrícolas. Además, y a título secundario, permitía a la joven apreciar el carácter de su pretendiente y evitar así atar su existencia a la de un borracho o un bruto” (Louis Baudin, “La vida cotidiana en los tiempos de los Incas”).

Si los interesados no se llegaban a entender, la joven volvía con sus padres y no suponía ningún perjuicio moral; en el caso de que de esta unión naciera un hijo, éste se quedaba con la madre.

De esta relación se desprende y se comprueba, que la virginidad a nivel de los runas, no tenía ninguna importancia, más bien no tenerla, era signo de prestigio: “La joven que ha tenido relaciones (sexuales) con hombres ha probado con ello, simplemente, la atracción que ejerce y de esto tenía prestigio” (Louis Baudin, “La vida cotidiana en los tiempos de los Incas”).

Por otro lado, la virginidad y la abstinencia sexual serán dos puntos clave en otros niveles de la sociedad, concretamente en el aspecto religioso. Después del tiempo de prueba o servinacuy, si todo había funcionado bien, se llevaba a cabo el matrimonio definitivo, éste solía ser una réplica del que se efectuaba entre la nobleza y variaba según las regiones. Una de las ceremonias comunes era donde el marido calzaba solamente la sandalia derecha de la mujer, ofreciendo seguidamente regalos a sus parientes.

Quedaban los que no tenían novia: una vez al año pasaba por las aldeas el inspector del Estado, uniendo parejas. Para ello, al llegar a determinado pueblo, unía a los chicos y chicas, que habiendo llegado a la edad de matrimonio todavía no tenían pareja, poniéndolos en dos filas, como se explicó líneas arriba, una frente a otra, invitaba uno a uno a cada chico a escoger una muchacha, empezando por el que tenía mayor rango; si permanecían vacilantes, eran entonces cuando el inspector les asignaba una mujer.

Estas nuevas parejas iniciaban así su servinacuy y luego el definitivo, entonces eran ya las mujeres legítimas. En el caso de las mujeres, salvo que el inspector apartara a una joven para el Inca, las demás estaban libres de ser escogidas para esposa de cualquier miembro del pueblo.

En el caso de la joven apartada, suponía una distinción que iba a variar totalmente el rumbo de su vida, al ser conducida a una de las "casas femeninas" de ser una aclla, donde permanecerá al servicio de la clase sacerdotal hasta que sea destinada para esposa de un noble o curaca o pase a ser concubina real o a permanecer de por vida en las “casas femeninas” dedicada a la religión y al culto.

En las familias nobles, la ceremonia del matrimonio gozaba de la exclusividad de la presencia del Zapa Inca. La ceremonia era llamada “de la mano del Inca”: el Zapa Inca se ponía en medio de la pareja, llamaba a él y a ella, a cada uno los tomaba por las manos y los juntaba, con lo que los unía en matrimonio y los entregaba a sus padres. La boda se solemnizaba durante dos o tres días, pues eran las mujeres legítimas, las “entregadas por la mano del Inca”. Esta idea de la mujer legítima se hace extensivo a todos los grupos sociales.

El Supremo Inca o Zapa Inca, era considerado el hijo del Sol, del cual descienden todos los Incas, por esta razón, los Zapa Incas, seguían las pautas marcadas por su padre, el Sol o Inti: en una de las leyendas, el Sol se había casado con su hermana la Luna, para mantener la pureza de la sangre divina, siguiendo estas pautas, el Zapa Inca se tenía que casar con su hermana mayor, que recibía el nombre de “coya”.

Si no tenía hermana legítima, se casaba con la parienta más cercana, así también si no tenía hijos con su primera hermana, se casaba con la segunda hasta tener descendientes. La descendencia del Zapa Inca, tanto masculina como femenina, con exclusión del heredero, formaba la panaca real.

En cuanto al lugar de residencia del nuevo matrimonio, entre los runas (clase popular), las casas eran construidas por sus parientes, quienes también reunían el ajuar ofreciendo cada uno una pieza. Entre los incas no existieron los muebles, se comía en el suelo y la cama era un lecho hecho de piel de llama.

Los enseres, ropa, amuletos y herramientas se guardan en cestos y tinajas y en una especie de nichos abiertos en las paredes. El menaje y adornos del hogar consistía en los productos de la alfarería: ollas negras adornadas con dibujos, platos, cucharas de madera y de calabaza, cántaros y tinajas decoradas.

Las casas de los matrimonios jóvenes de las clases aristocráticas, las realizaban los indígenas de la provincia y su menaje estaba constituido de hermosas vajillas de oro macizo o de plata. La mujer Inca, una vez casada proseguía su vida, efectuando las mismas labores que de pequeña le había enseñado su madre, en su nuevo hogar hasta que de mayor, le sobrevenía la muerte.

La Muerte

Sobre la muerte, podemos establecer dos puntos:

a) que el pueblo inca creía en la otra vida, esto se observa por hechos puntuales en la vida cotidiana del difunto o difunta para que pudiera seguir trabajando, obedeciendo o gobernando en el más allá: “Cuando se trataba de una mujer se ponía en su tumba su telar y lana para hilar” (Garcilaso de la Vega, “Comentarios Reales”: El Origen de los Incas);

b) Si el difunto era hombre, las mujeres de la familia se cortaban los cabellos como signo de duelo, poniéndose un manto en la cabeza, llorando y gimiendo y cantando alabanzas al difunto. Duraba varios meses, y las viudas no volvían a casarse. Las viudas guardaban castidad una vez muerto su marido.

“No es de deixar en el olvido la honestidad de las viudas en común que guardaban gran clausura por todo el primer año de su viudez, y pocas de las que no tenían hijos se volvían a casar y las que los tenían no habían de casarse jamás, sino que vivían en continencia” (Garcilaso de la Vega, “Comentarios Reales”: El Origen de los Incas).

El hombre intentará volverse a casar rápidamente.

El trabajo de la mujer

La mujer dentro de la sociedad inca tenía un trabajo específico, determinado a partir de una división sexual, que no sólo arraigaba en el mundo laboral sino que invadía todas las esferas dando una diferente importancia al hombre y a la mujer dentro de la sociedad.

En este sentido y a pesar de tener un trabajo específico, el hombre estaba considerado superior a la mujer y en la vida común del matrimonio; ello se observaba en cuestiones puntuales: la mujer no podía comer del mismo cazo que su marido, pero si era permitido meter el morro a las llamas y otros animales domésticos.

A pesar de la fuerte división sexual del trabajo y de este rango de inferioridad, la mujer tenía un papel fundamental: se ocupaba de la casa, se dedicaba a tejer los vestidos de toda la familia, ayudaba en el campo, cuidaba a sus hijos, y se ocupaba de la comida y de preparar la chicha: “Cuando la mujer no estaba ocupada en el campo, o bien cocinando o hilando, se dedicaba a tener hijos…”

En el campo la mujer también tenía un trabajo concreto y principal: “Los hombres trabajaban caminando hacia atrás, y las mujeres les seguían dándoles el frente y rompiendo o desmenuzando los terrones con una especie de lanzadera…”. Además en época en que la cosecha podía estar en peligro por la amenaza de los pájaros que se comían la semilla, "los niños y las mujeres iban a asustarlos y estas últimas danzaban pidiéndole al dios del campo su ayuda”.

Es curioso resaltar que el fragmento de Garcilaso de la Vega, que expresa que la actividad de los pueblos que era distinta a la inca, era “primitiva”: “En algunas provincias muy apartadas del Cuzco, que aún no habían sido bien cultivadas por los reyes incas, iban mujeres a labrar el campo y los maridos quedaban en casa a hilar y tejer”.

La mujer, ejercía su trabajo en forma muy intensa, hacía tres o cuatro cosas a la vez, incluso intentaba no perder ni un solo momento de su tiempo; cuando por fuerza tenía que ir a visitar a una parienta de un barrio a otro o ir a trabajar al campo y su hijo era lo suficientemente pequeño para no caminar todavía, pero lo suficientemente grande como para ir en la cuna, lo llevaba en la espalda en un repliegue de la capa, además se llevaba trabajo para hilar y tejer, por el camino iba efectuando lo que se llama “hilado”.

Este trabajo diario e intenso, la inferioridad social frente al hombre, ha sido resaltado por diversos historiadores. Louis Baudin se refiere de la siguiente manera: “el triste papel de la mujer”.

“En la familia india de la época precolombina, la mujer era considerada inferior al hombre: ella era una cosa escribe un cronista y podía ser tratada como tal”. “La mujer india estaba absolutamente esclavizada por su marido y abrumada de ocupaciones”. “La cena era la comida final del día y se tomaba entre las cuatro y las cinco de la tarde.

Los hombres se sentaban en cuclillas alrededor de las vasijas puestas sobre una manta tendida en el suelo y tomaban con los dedos el alimento de la olla o sorbían la sopa de cazuelas de arcilla cocida, las mujeres se sentaban detrás del círculo, de espaldas a los hombres…”.

Si tenían que hacer un viaje corto o ir a trabajar al campo, y su hijo era lo suficientemente pequeño para no caminar todavía, pero lo sufcientemente grande para ir en la cuna, lo llevaba en la espalda en un repliegue de la capa como lo hacen todavía hoy. Pero si el viaje duraba más de media jornada, hasta cargaba el alimento de la familia, la jarra de chicha, las calabazas, los palitos para encender el fuego.

Si conseguía tener las manos libres, mientras iba andando hilaba o masticaba maíz, de manera que no perdía el tiempo. Y cuando se acurrucaba, exhausta en el umbral de su choza, expurgaba a sus hijos, aplastando los bichos con los dientes o frotándoles la cabecita con un cocimiento de cebadilla”. —Louis Baudin

El papel de las mujeres de la nobleza o del Zapa Inca era totalmente diferente, aunque su función principal era también tejer, hilar y cuidar de sus hijos, tenía mucho más tiempo para ellas mismas, cuidar su aspecto, etc.; también se observa en la práctica de las visitas de las mujeres que se hacían unas a otras en momentos concretos, la mujer de la clase privilegiada si iba a visitar a una mujer de rango inferior no llevaba labor suya que hacer, más después de haber entablado las primeras palabras de la visita, pedía que le diesen que hacer, dándole a entender que iba a visitar como superior a inferior, la mujer de rango inferior por gran favor correspondía dándole algo que hacer de lo que ella misma hacía o alguna de sus hijas, para no igualarle con las criadas y sí con ella.

La Coya, la primera de las mujeres, única esposa legítima del emperador tiene a veces un papel importante en la vida del país. Es ella quien dirige Cusco en ausencia del Zapa Inca, organiza en caso de necesidad las ayudas a los damnificados, en casos de grandes catástrofes. Pero como todas las otras mujeres, ella vive también en un estado de inferioridad bien marcada. Por ejemplo, a la mínima señal de cólera del Zapa Inca, la Coya cae de rodillas y se ha de quedar en esa posición hasta que el Inca la invite a levantarse. Por otro lado, la Coya y sus hijas tenían acceso a las Vírgenes del Sol.

Si duda, que la organización social inca produjo en la mujer dos tipos bien distintos en su clase de vida; la de la inca noble, destinada a vivir en lujosos palacios o en monasterios sacerdotales, y la de la humilde artesana o labriega.

En todos los relatos y estudios sobre la mujer runa (del pueblo inca), es siempre considerada inferior al hombre y como una cosa perteneciente al lote familiar… Llevaba la peor parte del equilibrio matrimonial en lo que respecta al trabajo, pues no sólo ayudaba al marido en la agricultura, sino que servía como bestia voluntaria de carga en los desplazamientos, llevando las provisiones en los brazos, porque sobre sus espaldas llevaba al hijo sujeto con la manta. Además de dedicarse a sus quehaceres domésticos, cocinar, hilar, y tejer para toda la familia, sólo pensaba en dormir.

Algunos autores indican que, en el momento de la conquista española, los pueblos de las altas culturas americanas (mayas, incas y aztecas) estaban en un proceso de transición al patriarcado. Si bien no existen estudios acerca de cómo este tipo de dominación repercutió en la pérdida de derechos por parte de la mujer.

La indumentaria

La indumentaria, la vestimenta y el aspecto seguían marcando una diferencia de clase, eran en detalles, distinta en la mujer runa (del pueblo), el vestido y el cuidado de su aspecto iba deteriorándose a medida que ésta iba haciéndose mayor y pasaba a ostentar otros roles (esposa, madre, trabajo en el campo, etc.) donde el trabajo era más intenso y el tiempo disponible menor.

“De jovencita, y durante algún tiempo de casada, poseía algo de coquetería: se lavaba los vestidos, se peinaba sirviéndose de peines de espinas de cactus y de espejos de obsidiana; desgrasaba los cabellos con orina y se depilaba con aplicaciones de ceniza con orina caliente… pero después con el paso de los años… se descuidaba, se lavaba raramente… estaba tan quebrantada por la vida que a los 30 años parecía de 50…” (Louis Baudin, “La vida cotidiana en el tiempo de los incas”).

A pesar de los comentarios de Louis Baudin, cuando se refiere a la indumentaria, la mayoría de los cronistas e historiadores indican que, de todas las mujeres precolombinas, es la inca la que vestía con más gracia, que se traducía en elegancia y lujo en las grandes señoras de la nobleza.

La diferencia de las clases sociales en la indumentaria era notable, no en la forma de sus vestidos, sino en la calidad. Así mientras el vestido de las mujeres del pueblo (runas), en general, era simple, una larga pieza rectangular de tela de alpaca tejida, que se metía por la cabeza y que era bastante ancha para cruzarse, ciñéndose un cinto, llegaba hasta los tobillos, casi hasta las sandalias;

sobre la prenda llevaba una capa tejida de lana de alpaca, que se colocaba sobre los hombros en la noche o cuando el día era frío, rodeando los hombros usaban un chal, que cogían con un alfiler de cobre o plata y si gozaban de fortuna, de oro. Las sandalias eran de piel de llama o lana de vicuña, sujetas al tobillo con correas.

Las mujeres de la nobleza utilizaban un tipo de vestido similar, pero elaborado con finas lanas o algodón de colorido magnífico. El esplendor de las telas que usaban las damas de la nobleza tenía su máxima expresión en los tejidos con plumas, pues aparte de tejer ellas mismas, recibían vestidos de las Vírgenes del Sol y de las concubinas del monarca.

Un distintivo para diferenciar su origen social, era el colorido de las listas que formaba el tejido de las telas y las formas del vestido. En lo que se refiere al cabello, tanto entre los hombres como entre las mujeres, parece haber sido objeto de una atención particular en todas las clases sociales de la población, por considerarse un marco de belleza; al igual que es estilo de peinarse el cabello variaba según las regiones,

era un elemento característico que marcaba estados determinados de la vida de una persona, por ejemplo: al niño o niña cuando se le destetaba se le cortaba el cabello con el que había nacido; al fallecimiento de un pariente cercano, las mujeres se cortaban el cabello como símbolo de duelo.

A pesar de que existía una variación regional del peinado, los dos más característicos eran: trenzar el cabello atándolo con listones de algodón; largo y peinado en brechas; además los cabellos como símbolo de belleza, era una de las partes del cuerpo más cuidada. Con referencia al cabello, todas las citas y artículos, al contrario de las citas de Baudin, indican que la mujer inca se peinaba todos los días un par o tres veces,

se lavaba a menudo la cabeza y le daba brillo a sus cabellos desgrasándolo, y junto con unas hierbas determinadas lo convertían en color negro o azabache. Sobre la cabeza se colocaban una especie de manteleta llamada “ñañaca” o “pancpacuna”.

En cuanto a la fisonomía y composición anatómica, se encuentra escasa información; en cuanto a su complexión sólo se ha encontrado un pasaje que se ocupa de esto: “las mujeres como es natural, son más pequeñas y de físico más delicado, sin embargo, esta fragilidad es engañosa, porque en realidad son capaces de arduos esfuerzos físicos…” (Víctor Von W. Hagen, “El Imperio de los Incas”).

Cuenta también el cronista Guamán Poma de Ayala que Mama Anahuarque, la mujer del Zapa Inca Pachacútec Inca Yupanqui, natural de Chocos: “…tenía la cara redonda y hermosa y los ojos y la boca chica”.

Los elementos de la indumentaria, eran: el prendedor (“tupayauri”), cubre cabeza (“”sukkupa” o “ñañaca”), Mantilla (“lliclla”), Alfiler (“tupu”), Franja (“tocapo”), Flores (“ttica”), Bolsa (“chchuspa”), Túnica (“acsu”) y Sandalia (“usuta”).

Casa Inca

Todas las construcciones fueron de piedra y de una sola planta, a excepción de una estructura de dos pisos.

Los vanos de ingreso varían en un rango de 0.70 a 0.85 mts.

Los muros son rectilíneos, aunque hay varios ejemplos de curvados y presentan un ligero estrechamiento del ancho interior de abajo hacia arriba con una diferencia de entre 5 a 10 centímetros en promedio.

Se les puede considerar a las habitaciones de Puerto Inca, tomando en cuenta la relación entre su largo y ancho, angostas, ello debido al problema técnico del techado.

Para solucionar este problema se resolvieron cuatro modos distintos de techumbre:

"Construcciones abovedadas" o de "falsa bóveda", se presentan mayormente en "chullpas" (pequeños torreones construidos para servir de depósitos funerarios).

"Depósitos tapados". Muros con remates salientes sosteniendo lajas de piedra y cubiertos de tierra.

"Techos Planos", sostenidos por pilares y confeccionados en materiales de origen vegetal.

"Techo a dos aguas", cubiertos con ramas, cañas o paja de maíz o posiblemente, "estera", láminas de tiras de caña entretejida.

Camino del Inca
Caminos del Inca es el nombre que se les da al extenso sistema de caminos construido en el Imperio Inca. Convergen en la ciudad del Cusco.

Cusco

Durante el incanato, todos los caminos de Sudamérica conducían al Cusco (que en idioma quechua significa 'ombligo del mundo'), la metrópoli precolombina más importante de Suramérica, heredera de una tradición cultural milenaria.

Otro motivo adicional de atracción para los turistas y los amantes de la aventura es el mito creado por los parapsicólogos que aseveran que Cusco es un importante centro de energía.

El Cusco es uno de los acontecimientos arqueológicos más grandes de la historia mundial y hasta sus simples caminos son majestuosos.

Por su condición de urbe preincaica, fue nombrada Capital Arqueológica de Sudamérica. En el Cusco, encima de cada construcción incaica se suele sumar la arquitectura española y juntas suman siglos de civilización.

Notable longitud

Los incas hicieron caminos que integraban todo el imperio, a lo largo y a lo ancho. Se crearon cuatro caminos principales:

Cusco a Quito (Ecuador) y a Pasto (Colombia)

Cusco a Nazca (en el centro de Perú) y a Tumbes (en la frontera Perú-Ecuador)

Cusco a Chuquiabo (Bolivia)

Cusco a Arica y Atacama (Chile), con ramales hasta el río Maule (Chile) y a Tucumán (Argentina).

El camino más importante era el Cápac Ñan (camino real), con una longitud de 5.200 kilómetros, que se iniciaba en Quito (Ecuador), pasaba por Cusco y terminaba en lo que hoy es Tucumán, Argentina; atravesaba montañas y sierras, con alturas máximas de más de 5.000 metros.

El Camino de la Costa (o Camino de los Llanos), tenía una extensión de 4.000 kilómetros, iba paralelo al mar y se unía con el Cápac Ñan por muchas

conexiones. Tanto en el Cápac Ñan como en el Camino de la Costa existían cada cierto tramo tambos en donde se almacenaban granos y otros alimentos que eran usados por el imperialista ejército inca cuando salía en campaña de conquista. El ancho máximo de ambos caminos eran de unos cuatro metros.

Comunicaciones

Las comunicaciones entre una y otra punta del imperio estaban a cargo de mensajeros llamados chasquis. Por un sistema de postas, transmitían los encargos de uno a otro relevo con suma velocidad; una noticia originada en Quito (Ecuador) podía llegar a Cuzco (a 2.000 kilómetros de distancia) en menos de 10 días

El inca, que estaba en la sagrada Machu Picchu o en la capital Cusco, podía comer pescado fresco que le traían en menos de 24 horas desde la costa, a 200 kilómetros de distancia. Cabe destacar que los caminos del inca se hallan ubicados en todo el tawantinsuyo y en casi todos los países andinos y que con el paso del tiempo, el avance de la civilización y la tecnología, han ido deteriorándose poco a poco.