José María Teclo Morelos Pavón y Pérez (Valladolid, hoy Morelia, 30 de septiembre de 1765- † Ecatepec, 1815).
Sacerdote mexicano y militar liberal, que organizó y fue el artífice de la segunda etapa (1811-1815), de la Guerra de Independencia de México.
Según cuenta la leyenda el general Napoleón Bonaparte, emperador de Francia exclamó: "Con cinco generales como Morelos conquistaría el mundo"
También sus propios adversarios lo reconocían como miltar. El virrey Francisco Xavier Venegas lo describió como "el principal corifeo de la insurrección"
Fue comisionado por Miguel Hidalgo, el 20 de octubre de 1810 en Charo, Michoacán, como jefe insurgente en el sur de México, encargado de tomar ciudades importantes y cortar la comunicación con los países de Asia Oriental, y su principal encomienda fue tomar el puerto de Acapulco, considerado estratégico para la comunicación de la Nueva España.
Desde 1811, y hasta el inicio de su declive militar en 1814, Morelos, ayudado de muchos lugartenientes, logró conquistar la mayor parte del sur del país, y parte del Centro, en la región del actual estado de Morelos, donde se desarrolló, entre el 9 de febrero y el 2 de mayo de 1812 su acción militar más famosa, el Sitio de Cuautla, en la ciudad homónima, que lo convirtió en el principal enemigo del ejército realista.
También organizo el Congreso de Anáhuac, el primer cuerpo legislativo de la historia mexicana, que sesionó en Chilpancingo (actual Estado de Guerrero) durante septiembre y noviembre de 1813, donde Morelos presentó sus Sentimientos de la Nación.
El Congreso aprobó el 22 de octubre de 1814, en Apatzingán, la primera Constitución de México, aunque Morelos después declaró que "es mala por impracticable"
Tras varias derrotas, fue capturado el 5 de noviembre de 1815 en Temalaca, por el coronel Manuel de la Concha, y fue juzgado por la Inquisición, y finalmente, fusilado el 22 de diciembre de 1815.
En su honor el gobierno mexicano ha nombrado muchos lugares con su nombre. El caso más conocido es el de su ciudad natal, Valladolid, renombrada en diciembre de 1828 como Morelia, por decreto del Congreso local.
Primeros años
Hacia 1760, la Nueva España se había consolidado como nación, pero aún bajo la tutela de España. Apenas un año atrás, Carlos III asumió como rey y a partir de entonces implementó una serie de políticas liberales en las colonias y en la metrópoli. Nueva España era gobernada por Carlos Francisco de Croix, un militar de ascendencia francesa.
Aún permanecían las diferencias de castas, los peninsulares ocupaban los altos puestos del ejército, la religión y la política, los criollos puestos mínimos y los mestizos se limitaban a seguir las órdenes de los españoles. Otro tipo de castas, como los mulatos, realizaban trabajos como esclavos.
Valladolid era de las ciudades más desarrolladas del país, y era considerado según los letrados de aquella época, como el jardín de la Nueva España. En 1764, las reformas administrativas desarrolladas por el gobierno español, otorgaron una nueva panorámica a la Nueva España. Se crea la Ordenanza de Intendentes, gobernantes regionales de las provincias, estos funcionarios dependían directamente del Rey, por lo que el virrey vio mermado su poder.
También por decreto real del 25 de febrero de 1767, los jesuitas fueron expulsados del imperio español. De acuerdo con algunos historiadores, la expulsión se debió a que los jesuitas conspiraban contra el Rey Carlos III. Según Lucas Alamán, la expulsión de los jesuitas fue producto de una conspiración de jansenistas y librepensadores franceses que amedrentaron a Carlos III sobre el peligro de una conspiración.
El efecto de la expulsión fue desastroso para las colonias y ventajosísimo para Inglaterra y Estados Unidos.
José Vasconcelos
Es en ese panorama, cuando en 1760 Manuel Morelos, carpintero oriundo de Zindurio, una pequeña localidad predominantemente indígena, situada a una legua de distancia al poniente de Valladolid y Juana María Guadalupe Pérez Pavón y de Juana María Guadalupe Pérez Pavón, también originaria de la población de San Juan Bautista de Apaseo, también cercana a Valladolid, se unieron en matrimonio.
Se dice que el apellido de la familia era Sandoval, pero que en el siglo XVII se deformó debido a que vendía moras, y la gente los llamaba "Moreros", pero con el tiempo pasó a ser "Morelos".
La pareja tuvo a su primogénito llamado Nicolás, en 1763 nacido en que murió en 1828,
El domingo 30 de septiembre de 1765, en Valladolid, la señora Juana María de Morelos asistió a la misa dominical del día de San Jerónimo, y al salir, sintió los dolores de parto en la calle, solicitó auxilio a las monjas del convento de San Agustín, donde nació José María, en el pórtico del convento.
El 4 de octubre de ese año fue bautizado en la catedral de Valladolid, con el nombre de José María Teclo Morelos Pávón y Pérez.
Los estudios históricos realizados en torno a la figura de los primeros años de Morelos difieren en cuanto al año de nacimiento de la hermana menor, María Antonia, pero todos concuerdan en que nace al menos diez años después que José María. También se afirma de la existencia de una niña nacida después de que el padre se retiró, y cuya fe de bautizo establece que nació el 28 de diciembre de 1784 y muerta en la infancia.
Morelos cursó sus estudios en la escuela de su abuelo, el maestro José Antonio Pavón. El padre de Morelos, tras una discusión con su madre, se marchó de la casa familiar, y llevó consigo a su hijo Nicolás. El carpintero don Manuel, se ausentó de la casa familiar, por lo que la familia entró en una severa crisis económica.
José María entró a trabajar en Apatzingán a la hacienda de su tío paterno, Felipe Morelos, a los catorce años.
Nicolás siguió a su padre, quien regresó a la casa paterna a principios de 1784, y el hijo adoptó el oficio de carpintero, que ejerció en San Luis Potosí, hasta su muerte, alrededor de 1828.
José María trabajó como atajador, después como arriero, vaquero, se instruyó en agricultura y ganadería. Según Enrique Krauze, en su libro Siglo de Caudillos, Morelos se hizo una cicatriz, en la nariz persiguiendo un toro, marca que le quedaría grabada el resto de su vida. Dentro de sus labores de arriero, Morelos viajó durante los once años que duró en el campo a la Ciudad de México.
En esos años, Morelos también se dedicó a estudiar gramática, un gusto heredado de su madre. Durante ese tiempo, también asistió a fiestas, y viajaba comúnmente a Valladolid, cuando su madre lo necesitaba.
Estudios en el seminario y sacerdocio
En 1789, y tras diez años de labores en el campo, Morelos regresa a Valladolid, pues su padre había muerto, y sus hermanos se habían casado, al tiempo que su madre vivía sola, razón por la que regresó a su ciudad natal.
La madre de Morelos le ordenó a su hijo que entrara al seminario, para entonces instalado en el colegio de San Nicolás Obispo, pues el bisabuelo de José María dejó una herencia, en forma de capellanía, para su hijo José Antonio, con la condición de que éste entrara al sacerdocio, pero su hijo declinó la capellanía por casarse con la abuela de Morelos.
Entonces la capellanía pasó a los sobrinos, pero la madre de Morelos interpuso una controversia judicial, el 17 de abril de 1790, y ganó. Pero la capellanía le fue otorgada a Morelos, hasta el 10 de abril de 1806.
En el Colegio de San Nicolás Obispo, que por entonces ostentaba la biblioteca escolar más rica y antigua del país, Morelos estudió latín dos años con el maestro español Jacinto Moreno, quien al final del curso escribió sobre Morelos:
Ha procedido con tanto juicio e irreprehensibles costumbres que jamás fue acreedor a que se usase con él castigo alguno; y por otra parte, en atención a su aprovechamiento y recto proceder tuve a bien conferirle que fuese premiado con la última oposición de mérito en el aula general, la que desempeñó con universal aplauso de todos los asistentes.
Tras sus estudios de latín, Morelos ingresó a una nueva escuela para continuar sus estudios de filosofía en el Seminario Tridentino, de la misma Ciudad de Valladolid, donde se estudiaban las materias de física, lógica y metafísica, con algunos pocos temas de escolástica tradicional, llevada bajo la doctrina del Concilio de Trento y con los textos de Jacquier y Juan Benito Díaz de Gamarra.
Por entonces la escolástica se centraba en desplazar la física introduciendo matemáticas, geometría y ciencias naturales. Tras algún tiempo de estudio, Morelos presentó su examen, que aprobó con el primer lugar, el 8 de marzo de 1795, en prueba pública en la iglesia de La Merced, después marchó a la Ciudad de México, para graduarse de bachiller, el 28 de abril. Después comenzó sus estudios de teología, ya preparándose para el sacerdocio.
La teología de aquella época se dividía en dos, moral y dogmática. Morelos estudió ambas en el Seminario Tridentino de Valladolid, pero se especializó en la moral, pues los estudios de ésta se cubrían en dos años, ya que su intención era ordenarse pronto para ayudar a mantener a su familia.
Entró al estado clerical recibiendo la primer tonsura, el 13 de diciembre. Morelos estudió teología apoyándose en los manuales de moral escritos por Francisco Lárraga y ampliado por Grosin (Prontuario de teología moral) y el de Francisco Echhari (Instrución y examen de ordenados).
Como parte de su formación sacerdotal, durante enero de 1796, y hasta 1798, Morelos viajó a Uruapan, el pueblo más grande de la Tierra Caliente michoacana, donde se producía maíz, trigo, café, caña de azúcar y plátano, además de contar con muchos recursos forestales.
Ahí recibió licencia para predicar, el 6 de abril, e hizo prácticas de teología e impartió clases de gramática y retórica en un colegio cercano, con lo cual pudo ayudar a los gastos de su casa, pues por entonces su madre había enfermado, y las ganancias de Morelos contribuyeron poco a la casa. Durante su estancia en Uruapan, aprovechó para mejorar su nivel de griego y leyó a Cicerón, Ovidio y Virgilio.
Debido a la precaria situación económica que atravesaba su familia, decidió dejar de lado sus estudios para ordenarse sacerdote. Por causas de la economía y en razón del magisterio que ejercía, no se preparó, y pasó el examen con la nota de positivo ínfimo. Pese a ello, el 21 de diciembre de 1797 recibió la orden sacerdotal del obispo michoacano Antonio de San Miguel, junto con otros diáconos como Sixto Berdusco, quien años después sería uno de los promotores de la Independencia.
El 31 de enero de 1798, la Diócesis de Michoacán le asignó el curato (interino) de Churumuco, un lugar ubicado en la región de la Tierra Caliente, y conocido por su clima malsano, y que tenía cerca de 3.000 habitantes, en cien localidades, pero contaba con un sacerdote auxiliar. Ahí llevó a vivir a su anciana y enferma madre, quien recayó a finales del año, siendo trasladada a Valladolid, pero no alcanzó a llegar, falleció en Pátzcuaro el 5 de enero de 1799.
Debido a esta razón, y aprovechando su viaje a Valladolid para arreglar los funerales de su madre, José María solicitó al Obispo su cambio, se le asignó el 12 de marzo como nueva sede fue Urecho, donde cubriría la vacante dejada por el titular de la parroquia. Entre los poblados de Urecho, estaba la hacienda de Santa Efigenia, que Morelos conoció, donde años más tarde sesionaría el Congreso de Chilpancingo, y se redactó parte de la Constitución de Apatzingán.
Más tarde, recibió una comunicación del Obispado, notificándole el cambio a San Agustín Carácuaro y Nocupétaro, otros pueblos de la Tierra Caliente, lugares a los que llegó en junio de 1799. El pueblo contaba cerca de 3.000 habitantes, tres pueblos, algunas haciendas y unas cuantas rancherías, todos habían surgido aprovechando el ensanchamiento de una cañada.
Eran lugares despoblados, de una geografía montuosa y con un clima crudo y malsano. En este contexto, Morelos tuvo su primer incidente como párroco, pues unos indios ladinos nativos del lugar, enviaron a Valladolid una solicitud para cambiar el sueldo del párroco, pues en lugar de tasación, se haría por arancel, añadiendo además una queja contra Morelos, "nos regaña, se enoja con nosotros, y nos maltrata".
El obispo envió una carta a Morelos, quien dio argumentos para respaldar el pago por tasación, diciendo de lo contrario los indios se entregarán con más descuido al ocio. El pago de Morelos consistía en 24 pesos y 3 reales mensuales, por atender a los 1800 feligreses de la parroquia, y contaba con una casa parroquial, servicios personales de los lugareños,un mozo de establo, un mandadero y una mujer que le molía el maíz. Durante su estancia en Carácuaro, levantó un censo y llevó el registro de todos los habitantes de la parroquia, así como los anales de bautizos, bodas y demás eventos religiosos en el pueblo.
Así describe Morelos la construcción de la iglesia de Nocupétaro:
Fabriqué yo una iglesia (lo más de mi propio peculio...), la que después de la de Cutzamala es la mejor de la Tierra Caliente. Y desde el año de 1802 en que concluí esta iglesia, seguí con el empeño de su cementerio hasta estarle poniendo hoy mismo las últimas almenas a la puerta del sud, y ha quedado tan sólidamente construida y tan decente, que sin excepción, no hay otro en Tierra Caliente.
En Nocupétaro y Carácuaro, el clima y el relieve dificultaban la producción agrícola y ganadera, lo mismo que las comunicaciones con el resto de la Intendencia de Michoacán. Morelos, al tener experiencia de arriero en su juventud, organizó un sistema de arrieros, que tuvieran como fin, llevar los frutos de la localidad hacia la capital. Con el dinero recaudado en sus años como párroco compró una casa, cuya fecha data del 18 de mayo de 1801.
La mitad dio para su hermana Antonia, y la otra mitad fue para un inquilino de nombre Miguel Cervantes, quien contrajo matrimonio con Antonia al poco tiempo. Las obras llevadas a cabo en el curato le permitieron a Morelos construir un segundo piso a su casa, una iglesia nueva en Nocupétaro con atrio y cementerio, además de una casa cural, del sacristán y una para el campanero y otra para el sepulturero. Durante ese tiempo, Morelos escribió una novena al Cristo Negro de Carácuaro.
José María Morelos sostuvo durante su estancia como cura de Carácuaro, amoríos con la viuda Brígida Almonte, a pesar del celibato obligatorio que la Iglesia Católica establece para los sacerdotes. De la relación con Brígida Almonte nació el 15 de mayo de 1803, Juan Nepomuceno Almonte, que unos años después militaría en las fuerzas conservadores, y formó parte de la comitiva que instauró el Segundo Imperio Mexicano.
En 1809 nació su segunda hija, Guadalupe Almonte. Debido al celibato sacerdotal, Morelos nunca dio apellido a sus hijos, sin embargo siempre veló por ellos.
Etapa Insurgente
El 17 de marzo de 1808, en el Palacio Real de Aranjuez, ocurrió un levantamiento popular, que exigía la destitución de Manuel Godoy, favorito del rey Carlos IV, pues ya se encontraban tropas francesas, en las ciudades de Burgos, Salamanca, Pamplona, San Sebastián, Barcelona y Figueras. Después de la destrucción del Palacio y la captura de Godoy por el pueblo, interviene el Príncipe de Asturias, Fernando de Borbón, quien evita el linchamiento de Godoy.
Se decía que, ante la inminente conquista de España por parte de las tropas francesas, la familia real había huído a Aranjuez para embarcarse a alguno de los dominios de América. Al mediodía, el rey Carlos IV abdica en favor de su hijo, Fernando VII. El 24 de marzo, Fernando VII vuelve a Madrid, pero un día antes el general Murat tomó Madrid. En Bayona, Napoleón obligó al Rey a abdicar en favor de José Bonaparte. El 2 de mayo, comienza la Guerra de la Independencia Española.
Mientras tanto, en México, Morelos recibía pedidos del Obispado para contribuir a la causa española. En abril, se recibe la noticia de que Buenos Aires, ha derrotado a los ingleses, y un requerimiento para ayudar a España. Morelos envió 20 pesos por él y 10 por su vicario, adjuntando asimismo una carta en la que afirmaba: estoy prontísimo a ofrecer la vida por la católica religión y por la libertad de nuestro soberano. Un año después, Morelos coopera nuevamente.
En 1810 se afirmó que los franceses estaban puestos para invadir a la Nueva España, por lo que todos los clérigos se ven obligados a colaborar de nuevo con las colectas de fondos para el Ejército Español.El obispo de Michoacán Manuel Abad y Queipo, reemplazo de San Miguel, fallecido en 1805, escribe lo siguiente a Morelos:
Debemos velar nosotros principalmente que somos atalayas de la Religión y del Estado.
La Patria se funda sobre el patriotismo; sólo este apoyo es firme, y el patriotismo consiste en la virtud de cada uno y en la unión de todos: unidos y valerosos nos quiere la patria; consiste en el sacrificio de nuestros intereses particulares y de nuestras pasiones; porque la gloria y la felicidad de una nación es incompatible con el egoísmo y la inercia de sus hijos. En fin, la presente generación va a decidir la suerte de las futuras generaciones.
Manuel Abad y Queipo, obispo de Michoacán
En la capital de la Nueva España, estos sucesos se conocieron por la Gaceta de México del 9 de junio, ante la consternación de la Iglesia, la Audiencia, y el Ayuntamiento. En principio, el virrey José de Iturrigaray, se negó a reconocer a Fernando VII como Rey de España y de las Indias, hasta que, por presiones del ayuntamiento, Fernando VII es proclamado como rey, el 13 de agosto, justamente el 287° aniversario de que Hernán Cortés tomó Tenochtitlan, en 1521.
Pero los rumores acerca de que Iturrigaray pretendía desconocer al gobierno español y constituirse en monarca del virreinato crecían, y se hicieron más grandes cuando el virrey se negó a reconocer a la Junta de Oviedo, pero también lo hizo con la Junta de Sevilla.
El 15 de septiembre, un grupo de españoles acaudalados, encabezados por el hacendado andaluz Gabriel de Yermo, tomó preso al virrey y a miembros del Ayuntamiento, como a Francisco Primo de Verdad y Ramos, quien fue asesinado el 4 de octubre en la Cárcel del Arzobispado, y que es considerado como el primer mártir de la Independencia. En el lugar de Iturrigaray, fue nombrado el mariscal de campo Pedro de Garibay, un octogenario.
El 21 de diciembre de 1809, se descubrió en Valladolid una conspiración que pretendía formar una junta en la Ciudad de México, toma preso al virrey y a las demás autoridades de la Colonia, para prevenir al país sobre una inminente invasión francesa. Desde septiembre, abogados, médicos, militares e incluso sacerdotes trabajaban en el proyecto, con la participación de varios gobernadores provinciales y de algunos regimientos, como el de Valladolid, capitaneado por Agustín de Iturbide, quien años después consumaría la Guerra de Independencia.
Esta conspiración fue organizada por el teniente, José Mariano Michelena, quien sólo fue condenado a veinte años de prisión en el castillo de San Juan de Úlua, a diferencia de lo que los españoles pedían, que era la pena capital. Se dijo que la conspiración tenía ramificaciones en San Miguel el Grande y Querétaro, y que tenían relación con los capitanes Ignacio Allende y Mariano Abasolo.
En marzo de 1810, los franceses tenían capturada toda España, con excepción del Puerto de Cadíz. En México, una nueva conspiración sustituía a la de Valladolid. El Corregidor de Querétaro, Miguel Domínguez, su esposa Josefa Ortiz de Domínguez y los militares Allende, Abasolo y Juan Aldama. A ellos se les unió un sacerdote muy conocido por el Bajío, amigo del intendente de Guanajuato, Juan Antonio Riaño, y del obispo de Michoacán, Manuel Abad y Queipo.
Ese hombre era el cura de Dolores, Miguel Hidalgo. Los conspiradores se reunían disfrazados de tertulias literarias, en las que se llegó a la conclusión de dar el golpe, el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción. Pero Allende logró convencer al resto de conspiradores de adelantarlo al 2 de octubre. Esos eran los planes originales de la
Conspiración de Querétaro.
Hidalgo convocó a los herreros que tenía en Dolores para hacer lanzas y espadas, y en una visita a Guanajuato consiguió la Enciclopedia, que consultó para la fabricación de cañones. Allende consiguió poner de su parte a los Regimientos de Dragones y de la Reina, así como a los de Celaya. De acuerdo al juicio seguido un año después, los conspiradores tenían apoyo en San Luis Potosí, e incluso en la Ciudad de México. Allende logró convencer a los conspiradores de adelantar la fecha del levantamiento al 2 de octubre.
Sin embargo, el 11 de septiembre, un conspirador hasta ahora desconocido, que estaba moribundo, confesó a las autoridades eclesiásticas la existencia de la Conspiración. Al día siguiente se giraron órdenes de aprehensión contra todos los involucrados, mandato que recibió Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro e implicado en la conspiración.
El 13 de septiembre, Epigmenio González, quien guardaba en su casa gran parte del armamento que se había destinado para la lucha, fue detenido y trasladado al Puerto de Veracruz, donde fue confinado hasta 1822. El 15 en la noche, Josefa Ortiz de Domínguez, esposa del corregidor, avisa al alcaide Pérez, otro conspirador, que debe informar a Allende sobre su orden de aprehensión.
Allende, a su vez, marcha a Dolores para poner al tanto a Hidalgo de los hechos, quien tomó esa noche la decisión de lanzarse a la lucha armada. Su primera medida fue convocar a misa y mandar aprehender a todos los españoles del pueblo, obligándoles a entregar su dinero para la causa.
La reacción española no se hizo esperar. El virrey y Arzobispo de México, Francisco Javier de Lizana y Beaumont, fue reemplazado el 14 de septiembre por el teniente general Francisco Javier Venegas, que participó en la Batalla de Bailén, donde por primera vez los franceses fueron derrotados. Los realistas disponían de 30.000 soldados, la mayoría criollos y mestizos.
Venegas ordenó la formación de tres puntos de defensa, Guanajuato, Puebla y San Luis Potosí, ésta última de donde salió el brigadier Félix María Calleja, que a la postre derrotaría a los insurgentes. La Iglesia excomulgó a los rebeldes, primero por rebelarse en contra del Rey, y segundo por tomar en Atotonilco, el estandarte de la Virgen de Guadalupe, como bandera. El edicto de excomunión fue publicado por Abad y Queipo el 20 de septiembre en Valladolid.
Después, los insurgentes comenzaron su marcha por el Bajío. Primero cayó San Miguel el Grande, luego Celaya. Al 22 de septiembre, fecha en que Hidalgo fue proclamado capitán general de América, y Allende teniente general, los insurgentes sumaban 20.000, la mayoría indios y mestizos, que se unían sin tener experiencia militar, muchos de ellos sin nunca haber salido de su localidad. Lucas Alamán, historiador mexicano, describe así la marcha:
Se le iba juntando gente que formaba diversos grupos o pelotones, que por banderas taban en palos o en carrizos mascadas de diversos colores, en que fijaban la Virgen de Guadalupe, que era la enseña de la empresa, la que también llevaban por distintivo en el sombrero, todos los que se adherían al partido.
Los vaqueros y demás gente de a caballo de las haciendas, casi todos de las castas, formaban la caballería, armada con las lanzas... y con las espadas y machetes que esos mismos hombres acostumbraban llevar en sus trabajos ordinarios:muy pocos tenían pistolas o carabinas.
La infantería la formaban los indios, divididos por pueblos o cuadrillas, armados con palos, flechas, hordas y lanzas, y como muchos llevaban a sus mujeres e hijos, todo presentaba más bien el aspecto de tribus bárbaras que emigraban de un punto a otro, que de un ejército en marcha.
Más tarde, el 28 de septiembre, los insurgentes llegaron a Guanajuato, ciudad gobernada por el teniente general Juan Antonio Riaño. Hidalgo envió a un emisario a convencer a Riaño de rendir la ciudad a las tropas insurgentes, que sumaban 20.000, pero en la carta Hidalgo especifica 50.000. Riaño se niega, afirmando Mi deber es pelear como soldado.
Entonces, los insurgentes marchan sobre Guanajuato, donde toda la población (más de 600 españoles refugiados) se había encerrado en la Alhóndiga de Granaditas, granero construido en 1801. En medio de la batalla, Riaño salió con un conjunto de soldados, y en el acto murió asesinado. Tras este incidente, un minero ofrece a Hidalgo quemar la puerta del edificio.
A este hombre se le conoce como El Pípila, pero su verdadero nombre fue en realidad Juan José Reyes Martínez. Después de ello, los insurgentes tomaron el edificio, y mataron a muchos españoles.
Los insurgentes avanzaron sin resistencia hasta llegar a Valladolid el 17 de octubre. No ocurrieron otras matanzas, debido a la intervención de Allende. La toma de Valladolid sumó a las fuerzas de Hidalgo ocho compañías nuevas y todo el regimiento de Dragones de la Reina, situado en la ciudad. Allende sugirió a Hidalgo seleccionar 14.000 soldados, llevarlos a la ciudad de Pátzcuaro y ahí entrenarlos.
Planteó también la posibilidad de usar las campanas de la catedral de Valladolid para hacer cañones. Hidalgo rechazó ambas propuestas, aduciendo que sería mejor marchar cuanto antes a México y tomar la capital, pues el brigadier Calleja había salido de San Luis Potosí para reforzar la defensa de la Ciudad de México. Tras esta discusión, los insurgentes salen de Valladolid la noche del 19 de octubre.
Al mediodía del 20 de octubre, los insurgentes, ya en su marcha hacia México, llegó a un pueblo a las afueras de Valladolid, llamado Charo, donde Hidalgo ordenó que la tropa se detuviera para descansar unas horas. Morelos, enterado de la situación, salió en la madrugada rubo a Charo acompañado de un campesino de Nocupétaro.
Logró hablar con Hidalgo, le expuso las razones por las que deseaba unirse al movimiento la independencia que todos los americanos se veían obligados a pretender, respecto a la ausencia del Rey, preso en Francia, les proporcionaba la coyuntura de lograr aquélla.
En principio, Morelos ofrece a Hidalgo marchar con él hasta México, pero el jefe insurgente le asigna la comisión de levantar tropas en el sur del país, y principalmente, la captura del puerto de Acapulco, un lugar estratégico por que ahí llegaban mercancías de la Nao de China, provenientes de Filipinas, entonces dominio español. Morelos deseaba ser capellán del ejército insurgente y dijo estar pronto a correr con violencia las tierras calientes del sur.
Hidalgo le otorgó el título militar de General de los ejércitos americanos para la conquista y nuevo gobierno de las provincias del sur, con autoridad bastante. Tras encomendarle su misión, Hidalgo ordenó a las tropas insurgentes proseguir la marcha, al tiempo que Morelos regresó a Carácuaro. Nunca más volvieron a verse.
Primera campaña
Tras el encuentro con Hidalgo, Morelos regresó a Carácuaro, con intención de renunciar al curato y reclutar, de entre la gente de Carácuaro, a cuantos soldados pudiera, a fin de marchar cuanto antes hacia el Sur. El gobernador del Obispado, Mariano de Landa y Escandón, le concedió la ausencia del curato el 25 de octubre. Ya en su parroquia logró reunir 25 hombres, armados entre lanzas y escopetas.
Después de reunir a la gente de Carácuaro para explicar sus motivos de abandono al curato, en los que citó el “’Itinerario para pueblos para párrocos de indios’’”, obra hecha por los jesuitas en la que afirma que los “’’los clérigos pueden tomar las armas lícitamente cuando hay alguna grave necesidad en utilidad grande de la república’’” de ahí marchó a Zacatula, atravesando la rivera del Río Balsas, en la Tierra Caliente, rumbo a la Costa, camino que atravesó bordeando la provincia de Michoacán.
Como afirmaría en el juicio que la Inquisición, le siguió cinco años después “’’Siempre conté con la justicia de la causa, en que habría entrado, aunque no hubiese sido sacerdote’’ Llegó a Huetamo, donde su tropa aumentó a 350. Ahí escribió a un amigo sacerdote:
Veo de sumo interés escoger la fuerza con que debo atacar al enemigo, más bien que llevar un mundo de gente sin armas ni disciplina. Cierto que pueblos enteros me siguen a la lucha por la independencia, pero les impido diciendo que es más poderosa su ayuda labrando la tierra para darnos el pan a los que luchamos.
Huetamo, Provincia de Michoacán a los veinticinco días del mes de octubre del año de Nuestro Señor de mil ochocientos diez.
El objetivo de la campaña era conseguir hombres y armamentos en el sur del país, y principalmente, cumplir la encomienda de Hidalgo; la toma del Puerto de Acapulco, un importante centro comercial. A principios de noviembre, las tropas de Morelos bordearon la costa y llegaron a Zihuatanejo, donde consiguieron que muchos de los pobladores (principalmente campesinos de bajos recursos) se unieran a su movimiento, y ya en Petatlán logró reclutar a muchas más personas para su ejército.
Con aproximadamente 2000 hombres, Morelos decidió tomar Tecpan, una pequeña población en la Costa Chica del actual Estado de Guerrero, donde hicieron huir a la guarnición del ejército realista. Ahí, se le unieron a Morelos, los Galeana, formados por Hermenegildo y Pablo, sobrino de Hermenegildo.
Los Galeana contaban con un cañón conocido como ‘’El Niño’’ que se usaba en las fiestas del pueblo. Los Galeana eran descendientes de un pirata inglés que llegó a la costa guerrerense en el siglo XVIII.
Después de la toma de Tecpan, Morelos marchó con su ahora más numeroso ejército a San Jerónimo, lugar en el que entró sin resistencia y después se trasladó a la población de Coyuca de Benítez, pero estas poblaciones ya se ubicaban en la región de Costa Grande.
Después, el objetivo de Morelos era aproximarse lo más posible a Acapulco, y dejarla rodeada por tierra. En enero de 1811, Morelos ordenó a una parte de su ejército tomar el Cerro del Veladero, un monte que domina la entrada a Acapulco. Mientras que una parte del cerro quedó en posesión del ejército insurgente, el resto del cerro aún era retenido por los españoles, comandados por el coronel aragonés Francisco Paris, que había sido comisionado por Venegas para defender el puerto.
Tras derrotar al ejército realista, Morelos establece el campamento de su ejército en la localidad de Paso Real de la Sabana, cercano al Fuerte de San Diego, un edificio construido´para evitar los ataques de los piratas, y que estaba bien artillada y preparada para defender al puerto del ataque insurgente.
El teniente de artillería José Gagó, ofreció a Morelos entregarle la plaza de Acapulco sin resistencia. La fecha en que se había pactado la entrega del Fuerte era el 8 de febrero de 1811. En ese día, los insurgentes estuvieron frente al Fuerte de San Diego, pero Gagó traicionó a Morelos, dejando a los insurgentes entre varios fuegos. Morelos de inmediato ordenó la retirada, que fue organizada por los Galeana.
El campamento insurgente se salvó de ser tomado por los realistas gracia a la intervención del capitán Julián Ávila, mientras que el resto del ejército, comandado por Morelos, emprendió la retirada a Tecpan. París redactó un parte a Venegas explicando la situación. El mensaje fue interceptado por los insurgentes, y en el se decía:
"Estas gentes de la jurisdicción de Acapulco están tan entusiasmadas por Morelos, que al mismo tiempo que a él nada le falta, no se presenta en nuestro campo una mujer a vender tortillas. Dicen los naturales que el cura es muy determinado; que cuando se le antoja monta en su mula y con cuarenta hombres se va a registrar su avanzada; que espera allí a cuantos le quieran ir a acometer‘’”
Francisco París
Poco antes del fracaso militar en Acapulco, Morelos dictó en la localidad de El Aguacatillo, en el actual municipio de San Luis Acatlán, varios decretos a fin de organizar lo más pronto posible un gobierno. Entre las medidas dictadas por Morelos, se encontraban:
Cuidar los bienes de la Iglesia Católica.
Evitar el ataque con fuerzas inferiores al enemigo.
Castigar cualquier intento de guerra de castas y los pecados públicos.
Observar el escalafón militar por méritos.
Obrar en armonía consultando en casos difíciles.
Reiterar la medida dictada por Hidalgo en Guadalajara, de establecer nuevo gobierno en manos de los americanos, es decir, todos los nacidos en la Nueva España.
Suprimir el tributo, la esclavitud, las cajas de comunidad, las deudas a peninsulares y el monopolio de la pólvora.)
En Tecpan, Morelos se concentró con su ejército, y decidió elevar el pueblo a la categoría de provincia, con n le nombre de “’’Nuestra Señora de Guadalupe de Tecpan’’”, y se mantuvo el cobro de los impuestos reales ya existentes, pero fue abolido el tributo aplicado a las tropas.
Morelos decidió tomar algunos bienes de la Iglesia para financiar sus actividades militares. Mientras se encontraba en el sur, Morelos recibe el apoyo de la Familia Bravo, compuesta por Leonardo y sus hermanos Máximo, Víctor y Miguel, y el hijo de Leonardo, Nicolás Bravo.
Ellos eran originarios de la Hacienda de Chichihualco. Junto a ellos se unió Vicente Guerrero, arriero originario de Tixtla. También, el estudiante de derecho oriundo de Durango, Miguel Fernández Félix, se unió al movimiento, y más tarde adoptaría el nombre de Guadalupe Victoria. Mientras tanto, el 13 de julio de 1811, en el pueblo de Tixtla, Morelos dictó el siguiente decreto:
A partir de hoy se entregarán las tierras a los pueblos para su cultivo, sin que puedan arrendarse, pues su goce ha de ser de los naturales en sus respectivos pueblos. Asimismo, faltándonos la moneda corriente de plata y oro para el socorro de las tropas, he resuelto se selle moneda de cobre para el uso del comercio. Las habrá de a peso, tostón, real y medio real, y podrán cambiarse por sus equivalentes de curso legal en cuanto termine la guerra
Dado en Tixtla, a 13 de julio de 1811, José María Morelos
Mientras tanto, Hidalgo había llegado hasta las puertas de la Ciudad de México, tras triunfar en la Batalla del Monte de las Cruces, el 30 de octubre de 1810. Sin embargo, por motivos hasta ahora desconocidos, Hidalgo decidió retroceder hacia el Bajío, donde el 7 de noviembre, Félix María Calleja lo derrotó en la Batalla de San Jerónimo Aculco. Después, diferencias con Allende, separaron al ejército insurgente.
Hidalgo marchó a Valladolid, donde se cometieron matanzas de españoles entre noviembre y diciembre. Por su parte, Allende, Aldama y Abasolo, se retiraron a Guanajuato, donde el 26 de noviembre Calleja recuperó la plaza, tomada por Hidalgo el 28 de septiembre, apenas dos meses antes. Después de la derrota, Allende, Aldama, Jiménez y Abasolo se retiraron a Gudalajara, donde Hidalgo había sido proclamado ’’Libertador de América’’, pues José Antonio Torres, apodado ’’El Amo’’, había tomado la ciudad el 8 de noviembre.
El 17 de enero, Calleja derrotó a los insurgentes en la Batalla del Puente de Calderón. Después, los insurgentes emprendieron la marcha hacia los Estados Unidos de América, y en el camino Hidalgo fue despojado del mando militar en Aguascalientes. El 21 de marzo, fueron capturados en las Norias de Baján, Coahuila. Tras juicios en Chihuahua, el 26 de junio fueron fusilados Allende, Aldama y Jiménez. El 30 de julio, fue fusilado Hidalgo.
Segunda Campaña
Morelos recibió, al término de su primera campaña, una invitación de Ignacio López Rayón, para organizar un consejo de dirección insurgente, ya que tras la muerte de los primeros líderes, el ejército quedó disperso y sin una cabeza general visible. La propuesta de Rayón constituía en elegir a los miembros de la Suprema Junta Nacional Gubernativa, que habría de gobernar al país en ausencia de Fernando VII.
Morelos aceptó la invitación, pero como sus actividades militares le impedían estar presente, nombró como su delegado a Sixto Berdusco, un antiguo compañero suyo de estudios. Puesto que Rayón quedó en manos de la insurgencia tras la muerte de Hidalgo, de quien había sido secretario y ministro en Guadalajara, quedó al frente de las tropas insurgentes en Saltillo.
De ahí llegó a Zitácuaro, donde el 21 de agosto, fue electa la Suprema Junta Nacional Gubernativa, compuesta por los siguientes miembros:
Ignacio López Rayón, como presidente,
José María Liceaga y Sixto Berdusco, vocales.
Los primeros actos de la Junta consistieron en designar a Zitácuaro, actual municipio de Michoacán, como capital de la insurgencia, aunque poco después, ante el ataque realista, la Junta se trasladó a Sultepec. Morelos escribió a Rayón que ’’Estoy resuelto a perder la vida por sostener la autoridad y existencia de la Suprema Junta”
Asimismo, Rayón ordenó la publicación de dos periódicos insurgentes, ‘’El Ilustrador Nacional” y ’’El Ilustrador Americano”, ambos dirigidos por José María Cos. En abril de 1812, la Junta redactó los ’’Elementos de Nuestra Constitución”, donde se estableció que el pueblo es el único soberano y se consagraron los poderes de la Junta, y la libertad de expresión, libertad de prensa, y el derecho al trabajo. Morelos escribió a la Junta, ’’Que se le quite la máscara a la independencia, eliminemos la mención del Rey”
Después, Morelos entró en Chilapa, que por entonces era la población más próspera de la región. Entre agosto y noviembre, Morelos estableció su centro de operaciones en Chilapa. Morelos reforzó sui relación con los indígenas, pues ´por decreto del 4 de septiembre, se establece lo siguiente:
A todo el mundo le es lícita la apelación, no hay motivo para denegársela a los naturales de este reino. Los indios no deben pagar diezmos ni primicias de los frutos propios de este reino.
Sin embargo, hubo un intento de sedición, para impulsar el asesinato masivo de negros hacia blancos. Ordenó a sus tropas ir a la costa, calmó a los sublevados con la frase ’’sería el yerro mayor que podrían cometer los hombres”, los cabecillas fueron llevados a Chilapa, donde se les ejecutó.
Su relación con la Junta Nacional de Zitácuaro fue respetuosa, ya que Morelos siempre colaboró con los lineamientos establecidos por la Junta, a pesar de las diferencias habidas entre los miembros del organismo regulador insurgente. Berdusco escribió a Morelos “’’todos rinden a Vuestra Excelencia las debidas gracias por el honor con que los trata’’”
La jerarquía eclesiástica, en la persona del obispo español de Puebla, lanzó una manifiesto contra la insurgencia y escribió a Morelos invitándole a desistir de la lucha. La carta de respuesta escrita por Morelos se conserva en el Castillo de Chapultepec, y es la siguiente:
En lugar de atacar la insurgencia, la podría defender y encontraría, sin duda, mayores motivos que el angloamericano y el pueblo de Israel. La nación no larga las armas, hasta concluir la obra, puesto que nosotros somos más religiosos que los europeos
Morelos tomó Tlapa, localidad de La Montaña, Izúcar , Cuautla y Chiautla, por el tiempo en que Hermenegildo Galeana entró en Taxco, donde logró apoderarse de varias vetas de plata, que fueron enviadas a la Junta Nacional, ya que Calleja tomó Zitácuaro, y la Junta se quedó sin fuerzas para resistir el embate realista.
En Izúcar, Morelos estuvo a punto de ser capturado por las fuerzas realistas, y escribió a Galeana, “’’Resistí yo solo con treinta hombres que escogí para irme a pasear a Izúcar, de los que dejé veinte en la plaza y con diez fusileros y unos cuantos vaqueros salí a cortarles la retirada }}
En Izúcar, Morelos recibió el 12 de diciembre a Mariano Matamoros, un sacerdote de Tlaxcala, que veía con buenos ojos el movimiento insurgente y que quería unirse a su ejército. Morelos le respondió afirmativamente y de “’’buena gana’’”, diciéndole que le recordaba a él mismo en su visita con Hidalgo, por lo que aceptó a Matamoros en su ejército, dándole el cargo de coronel.
Con el tiempo Matamoros sería nombrado mariscal de campo y Morelos le llegó a considerar “’’su mano derecha’’”, hasta que Matamoros fue capturado y fusilado. También recibió a un antiguo sirviente de la Junta Nacional, José Manuel de Herrera, quien fue nombrado embajador en los Estados Unidos de América, en 1813.
El 2 de enero de 1812, Calleja tomó Zitácuaro, población en la que se encontraba asentada la Junta Nacional, y varios de sus documentos se perdieron en la batalla, pues la Junta, puesta en fuga por las tropas realistas, no tuvo tiempo de rescatar los archivos. Desde Toluca, nueva sede de la Junta, Rayón escribe a Morelos pidiéndole ayuda para salvar al organismo.
A pesar de hallarse convaleciente por haber sufrido tuberculosis, Morelos salió a proteger a la Junta, que ahora estaba instalada en Tenancingo, donde Morelos derrotó a las tropas españolas, comandadas por Rosendo Porter. De ahí, decidió marchar a Cuernavaca, para reorganizar su ejército, y estableció su centro de operaciones en el pueblo de Cuautla, donde planeó la toma de la Ciudad de México o Puebla.
Tras derrotar a la brigada realista comandada por Rosendo Porter, Morelos pensó seriamente en tomar la Ciudad de México. El virrey Venegas, preocupado ante la posibilidad de un ataque insurgente a la capital, comisionó a Calleja para hacer frente a Morelos, que estaba acuartelado en Cuautla. Calleja acababa de derrotar a Rayón en Zitácuaro, por lo que a pesar de sus diferencias con el virrey, lograron llegar a un acuerdo, en el que se expresaba que el 5 de febrero, Calleja debería ser recibido con honores en la Ciudad de México.
Durante las fiestas hechas en honor a Calleja, en el desfile por la ciudad, el caballo que montaba Calleja, lo aventó y el mariscal cayó frente a toda la multitud. El 9 de febrero, Calleja se lanzó al ataque de Cuautla, y en el primer enfrentamiento, con varias bajas, los insurgentes lograron repeler al ejército español. Unos cuantos días después, Morelos salió a inspeccionar los campos de Cuautla, donde por casualidad se encontraba una milicia de soldados realistas que estuvieron a punto de capturar a Morelos. Más tarde, lanzó la siguiente proclama a sus tropas:
Nosotros hemos jurado sacrificar nuestras vidas y haciendas en defensa de nuestra religión santa y de nuestra patria. Ya no hay España, porque el francés se ha apoderado de ella. Ya no hay Fernando VII porque o él se quiso ir a su casa de Borbón en Francia y entonces no estamos obligados a reconocerlo por rey, o lo llevaron a la fuerza, y entonces ya no existe.
Y aunque estuviera, a un reino conquistado le es lícito reconquistarse y aun reino obediente le es lícito no reconocer a su rey, cuando es gravoso en sus leyes que resultan insoportables, como las que de día en día nos iban recargando en este reino los malditos gachupines. Os diré por último que nuestras armas están pujantes y la América se ha de poner libre, queráis o no queráis vosotros.
Calleja sitió la ciudad, cortó el agua, cesó la provisión de alimentos a la ciudad, mandó contaminar varios pozos con animales muertos, todos estos actos para apresurar la caída de Cuautla. En una ocasión, Calleja envió a Morelos un ofrecimiento de indulto, aplicable a él y a todos los soldados insurgentes que hubiesen participado en el Sitio de Cuautla. Morelos respondió que le ofrecía lo mismo a Calleja y a sus militares.
Se dice que el virrey Venegas, harto de la situación, envió a uno de sus hombres de confianza descrito como “’’gordo y barrigón’’”, a matar a Morelos, quien fue previsto por Rayón y el sujeto fue identificado y ejecutado.
Por esos días, Morelos ordenó a Matamoros salir de la ciudad a buscar provisiones, y a auxiliar a la Junta Nacional, instalada en Toluca, y Matamoros logró romper exitosamente el cerco, durante la madrugada del 21 de abril. Varios incidentes, como enfermedades, dolores intensos de pierna, migrañas y caída de caballos, por momentos le hicieron pensar rendir la plaza.
En una acción militar hecha en abril, los realistas estuvieron a punto de tomar una parte de Cuautla, puesto que habían hecho retroceder a gran parte de los defensores de la plaza, pero un niño, de apenas 12 años, tomó un cañón y lo hizo disparar, destruyendo en el acto a la avanzada realista que venía a reforzar a los atacantes, quienes huyeron dispersos ante la caída de sus refuerzos. Ese niño se llamaba Narciso Mendoza y es conocido como “’’El Niño Artillero’’”. Morelos le entregó un premio de dos reales por su acción.
Calleja escribió en la madrugada del 2 de mayo, la siguiente misiva de renuncia al sitio de Cuautla, dirigida al virrey Francisco Xavier Venegas:
Si la constancia y actividad de los defensores de Cuautla fuese con moralidad y dirigida a una justa causa, merecería algún día un lugar distinguido en la Historia. Estrechados por nuestras tropas y afligidos por la necesidad, manifiestan alegría en todos los sucesos.
Entierran sus cadáveres con repiques en celebridad de su muerte gloriosa, y festejan con algazara, bailes y borracheras, el regreso de su frecuentes salidas, cualquiera que haya sido el éxito, imponiendo pena de la vida al que hable de desgracias o rendición. Ese clérigo es un segundo Mahoma, que promete la resurrección temporal y después el paraíso con el goce de todas las pasiones a sus felices musulmanes.
Esa misma noche, los insurgentes habían decidido que la situación era ya insostenible y tomaron la decisión de romper el cerco puesto por los realistas desde febrero. A las 2:30 de la mañana del 2 de mayo de 1812, y tras 63 días ininterrumpidos de sitio, Morelos y el ejército insurgente abandonaron Cuautla.
Los realistas fueron alertados por un espía de la salida insurgente, pero la noticia llegó tarde, no pudieron evitar el rompimiento del sitio. Tras unos breves intentos de resistencia, los insurgentes pudieron dejar Cuautla. Al día siguiente, Calleja ordenó el saqueo y asesinato de los habitantes de Cuautla, y unos días más tarde regresó a la Ciudad de México, donde el virrey Venegas le recibió en audiencia privada, haciéndole en el acto el ofrecimiento de la comandancia general de la Ciudad de México, y Calleja, tras muchas meditaciones, aceptó.
Tercera Campaña
Después de la acción militar de Cuautla, Morelos se trasladó a la sierra central e México, donde se encuentra el Eje Volcánico Transversal, y tomó Izúcar, Ocuituco, Hueyapa, Cítela y Chiautla, donde Morelos reorganizó sus tropas, pues estaba decidido a marchar hacia el sur del virreinato.
En Chiautla, Morelos recibió la noticia de que Leonardo Bravo, había sido capturado a traición mientras dormitaba en la hacienda del comerciante español Gabriel de Yermo, en la madrugada del 10 de mayo de 1812. Fue presentado ante Calleja, quien se dirigía a México, y que tomó la decisión de que se le enjuiciaría en la capital.
Tras varios intentos de persuasión por parte de Morelos hacia las autoridades españolas, Leonardo Bravo fue ejecutado a garrote vil, la mañana del 13 de septiembre, a pesar de que los insurgentes ofrecieron 800 soldados españoles a cambio de la vida de Bravo. Entonces, Morelos autorizó a su hijo, Nicolás Bravo, la ejecución de los prisioneros realistas. A la mañana siguiente, Bravo reunió a los españoles y acto seguido, les perdonó la vida. Por este hecho, se le conoce como “’’El Caudillo Magnánimo’’”.
Tras tener noticias, vía de la Junta Nacional, que recientemente le había nombrado capitán general, debido a su triunfo en Cuautla, y que le informó que en [[Oaxaca], precisamente a la costa del Istmo de Tehuantepec, las fuerzas realistas acababan de sitiar a Valerio Trujano, exactamente en la población central de Huajuapan.
Morelos acudió a la ciudad cuanto antes pudo, y sus fuerzas lograron detener por unas horas a los refuerzos realistas enviados desde Puebla. Trujano logró echar a las fuerzas españolas de Huajuapan, pero murió en el acto, a causa de varios disparos hechos por un soldado realista llamado José Martín Pérez, quien fue premiado por los soldados españoles con 20 reales en oro.
Morelos enfermó gravemente de cólicos, en septiembre de 1811, y casi le produce la muerte. De nueva cuenta, en el mes de enero de 1812, poco antes del inicio del sitio de Cuautla, el jefe insurgente cayó en cama por una grave enfermedad de tuberculosis.
Pero en ese tiempo logró planear junto con Matamoros y Galena la campaña del centro, y la defensa de Cuautla, al tiempo que coordinaba sus apoyos con la Junta Nacional, acosada en Toluca por el brigadier aragonés José de la Cruz, a quien Venegas le ordenó detener los refuerzos enviados a Cuautla por parte de la Junta, para lo que se auxilió de refuerzos traídos desde Zaragoza.
Recibió una misiva de Rayón, explicándole que la Junta se había dividido para tratar de lograr una mejor comunicación con los insurgentes del resto del país, por lo que Berdusco se trasladó hacia el poniente, Liceaga al norte y Rayón se estableció en el norte, al tiempo que nombraron a Morelos capitán general y vocal de la junta, cargos también recibidos con anterioridad por ellos.
Morelos se encargó de mandar refuerzos a Rayón, quien se instaló su pueblo natal, Tlalpujahua, aunque esa relación se vio empañada por un enviado de Rayón a Morelos.
Morelos revisó los ‘’Elementos constitucionales’’, redactados por la Junta, y sugirió el nombramiento de un quinto vocal y la supresión de la mención al Rey Fernando VII.
Decía Morelos en sus argumentos que el crecimiento a grandes pasos de la insurgencia, que el quinto vocal era necesario, si se tenía como fin mejorar la administración de justicia entre los territorios dominados por las tropas insurgentes. Como parte de esas ideas, Morelos dictó leyes en cada provincia que iba conquistando, y una de sus leyes fue la reducción del impuesto al comercio y las alcabalas, del seis al cuatro por ciento.
También, ante el fracaso de importar pólvora inglesa, estableció talleres en los que se forjaban armas, se fabricaba pólvora, y se fundía plomo y cobre.
Sentimientos de la Nación
Que la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía, y que así se sancione, dando al mundo las razones.
Que la religión Católica sea la única, sin tolerancia de otra.
Que todos sus ministros se sustenten de todos, y solos los Diezmos y primicias, y el Pueblo no tenga que pagar mas Obenciones que las de su devoción y ofrenda.
Que el Dogma sea sostenido por la Jerarquía de la Iglesia, que son el Papa, los Obispos y los Curas por que se debe arrancar toda planta que Dios no plantó: omnis plantatis quam nom plantabit Pater meus Celestis Cradicabitur. Mat. Cap. XV.
La Soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, el que solo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los Poderes de ella en legislativo executivo y judiciario, elixiendo las Provincias sus vocales, y estos á los demás, que deben ser Sujetos sabios y deprobidad.
(En el original de donde se tomó esta copia —1881— no existe el artículo de este número.)
Que funcionarán cuatro años los vocales, turnándose saliendo los más antiguos para que ocupen el lugar los nuevos electos.
La dotación de los vocales, será una congrua suficiente y no superflua, y no pasará por ahora de ocho mil pesos.
Que los empleos los obtengan solo los Americanos.
Que no se admitan extranjeros, si no son artesanos capaces de instruir, y libres de toda sospecha.
Que la Patria no será del todo libre y nuéstra, mientras no se reforme el Gobierno, abatiendo el tiránico, sustituyendo el liberal y hechando fuera de nuestro suelo al enemigo Español que tanto se ha declarado contra esta Nación.
Que como la buena Ley es Superior á todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales que obliguen á constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el Jornal del pobre, que mejoren sus costumbres, alexe la ignorancia, la rapiña y el hurto.
Que las Leyes generales comprehendan á todos, sin excepción de Cuerpos privilegiados, y que estos solo lo sean en cuanto al uso de su ministerio.
Que para dictar una ley se discuta en el Congreso, y decida á pluralidad de votos.
Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de Castas, quedando todos iguales, y solo distinguirá á un Americano de otro el vicio y la virtud.
Que nuestros Puertos se franqueen á las Naciones extrangeras amigas, pero que éstas no se internen al Reyno por mas amigas que sean, y solo haya Puertos señalados para el efecto, prohibiendo el desembarco en todos los demás señalando el 10 p 100 u otra gavela á sus mercancías.
Que á cada uno se le guarden las propiedades y respete en su casa como en un asilo sagrado señalando penas á los infractores.
Que en la nueva Legislación no se admitirá la Tortura.
Que en la misma se establezca por ley Constitucional la celebración del dia 12 de Diciembre en todos los Pueblos, dedicando á la Patrona de nuestra libertad Maria Santisima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensal.
Que las tropas extranjeras ó de otro Reyno no pisen nuestro Suelo, y si fuere en ayuda no estarán donde la Suprema Junta.
Que no hagan expediciones fuera de los limites del Reyno, especialmente ultramarinas, pero que no son de esta clase, propagar la fe á nuestros hermanos de tierra adentro.
Que se quite la infinidad de tributos pechos é imposiciones que más agovian, y se señale á cada individuo un cinco por ciento en sus ganancias, ú otra carga igual lixera, que no oprima tanto, como la Alcabala, el Estanco, el tributo y otros, pues con esta corta contribución, y la buena administración de los bienes confiscados al enemigo podrá llevarse el peso de la Guerra y honorarios de empleados.—Chilpancingo 14 de Septiembre de 1813.—José María Morelos.
Que igualmente se solemnice el dia 16 de Septiembre todos los años, como el dia Aniversario en que se levantó la voz de la independencia y nuestra Santa libertad comenzó, pues en ese dia fue en el que se abrieron los labios de la Nación para reclamar sus derechos y empuñó la espada para ser oida, recordando siempre el mérito del grande Héroe el Sr. D. Miguel Hidalgo y su Compañero D. Ignacio Allende. Respuestas en 21 de Nobiembre de 1813, y por tanto quedan abolidas estas, quedando siempre sujeto al parecer de S.A. Serenisima.
Es copia. Mexico 31 de Octubre de 1814.—Patricio Humana.