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Cilindro "Independencia de Mexico" para Planetarios Portatiles
Polo Superior

Contenidos del Cilindro

Polo Inferior
Bandera Insurgente; Guadalupe Victoria; Francisco Primo de Verdad y Ramos; Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo; El estandarte de la Virgen de Guadalupe; El Congreso de Chilpancingo; Jose Maria Teclo Morelos Pavon y Perez; Bandera de Morelo; Agustin Cosme Damian de Iturbide y Aramburu; Bandera de las Tres Garantias o Bandera Trigarante; Bandera de Iturbide; Jose Mariano de Abasolo; La Virgen de Guadalupe; Felix Maria Calleja; Ignacio Lopez Rayon; Guadalupe Victoria;
Vicente Ramon Guerrero Saldana; Josefa Ortiz de Dominguez; La Batalla del Monte de las Cruces; Batalla de Aculco; La Batalla del Puente de Calderon; Conspiracion de Queretaro; Juan O'Donoju; La consumacion de la independencia; Leona Vicario; Bandera de Porfirio Diaz; Bandera Republicana; Bandera Venustiano Carranza; Bandera Actual Mexicana; El Monumento a la Independencia; Uniformes Mexicanos
Bandera Insurgente
BANDERA INSURGENTE
(entre 1812 y 1817) Inspirada en los barcos mercantes que recorrían las costas entre México y E.U.A.
Francisco Primo de Verdad y Ramos

Francisco Primo de Verdad y Ramos, (9 de junio de 1760, Lagos de Moreno - 4 de octubre de 1808, ciudad de México) abogado y prócer de la Independencia de México.

Infancia

Francisco Primo de Verdad y Ramos nació en la ex-hacienda de Ciénega del Rincón de Mata (Aguascalientes). Siendo aún joven fue enviado a la ciudad de México para estudiar en el Real Colegio de San Ildefonso, pues en ese tiempo no había escuelas superiores en la ciudad de Aguascalientes.

Discriminación

Entonces comenzó a sufrir más la discriminación de que eran objeto los criollos por parte de las autoridades de España, quienes, temerosas de que

surgieran ánimos nacionalistas entre los nacidos en las colonias, reservaban los mejores trabajos, públicos y privados, a los nacidos en España, especialmente con las restricciones que se dieron por las reformas administrativas ordenadas por el rey Carlos III de España.

Ideales de Independencia

Dichas reformas restauraron el prestigio de España como potencia mundial, pero sus colonias fueron explotadas sin medida para lograr la ambiciosa meta. De fuera venían los hombres a regular los destinos del país: el gachupín, se decía, “viene a gobernar unos pueblos que no conoce, a manejar unos derechos que no ha estudiado, a imponerse en unas costumbres que no ha sabido, a tratar unas gentes que nunca ha visto”.

Con el gran anhelo de cambiar ese orden de cosas, Francisco se esfuerza en estudiar leyes y comenzó a relacionarse con los principales personajes del Ayuntamiento de la ciudad de México, del que llegaría a ocupar el cargo de síndico, uno de los más importantes del organismo.

A finales del siglo XVIII, las noticias sobre la independencia de las Trece Colonias británicas y el triunfo de la Revolución Francesa formaban parte de las conversaciones cotidianas de los americanos, y Francisco, con la formación académica que tenía, no era ajeno a estos temas.

En junio de 1808 llegaron a México las noticias procedentes de España sobre el motín de Aranjuez y las abdicaciones de Bayona, consecuencia de las Guerras Napoleónicas, la colonia se queda sin rey por el cautiverio de la familia real, y el licenciado Verdad propone al virrey José de Iturrigaray que convoque a los ayuntamientos de la Nueva España, para formar un gobierno provisional basado en el pueblo, con el argumento de que a falta del monarca, la soberanía vuelve al pueblo.

Esto resulta del rescate, por parte de los criollos, de la antigua legislación española en la que se hacía constar que en ausencia de la cabeza del estado, la soberanía regresaría al pueblo a través de las Cortes.

Muerte

Tras la restauración de la familia real en España, Gabriel de Yermo hace caer a Iturrigaray, e impone a Pedro Garibay como virrey, militar de más de ochenta años, fácil de manipular. Verdad es encerrado en las celdas del arzobispado de México, y amanece muerto el 4 de octubre de 1808. Se le encuentra ahorcado, pero se supone que fue envenenado.

Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo

Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mondarte Villaseñor (8 de Mayo de 1753 Hacienda de Corralejo, Pénjamo, Guanajuato – † 30 de Julio de 1811).

Fue un Humanista, Católico, Liberal, Revolucionario, Insurgente y Sacerdote mexicano, mejor conocido como Miguel Hidalgo y Costilla, Cura Hidalgo o Padre de la Patria (mexicana), el iniciador de la Independencia de México.

Vida: Primeros años

Nació el 8 de Mayo de 1753 en la ex-hacienda de Corralejo, Pénjamo, Guanajuato, fue hijo criollo de Don Cristobal Hidalgo y Costilla y de Doña Ana Maria Gallaga.

Fue bautizado con el nombre de Miguel, en la capital de Cuitzeo de los Naranjos el día 16 de mayo de

1753. Hidalgo era el mayor de los cuatro hijos del matrimonio y se le dió la mejor educación que se le podía dar en la época.

La población del lugar era predominantemente criolla y para alcanzar cierto prestigio o poder en la Nueva España tenían tres opciones: destacar como comerciantes, hacer carrera militar o ingresar al sacerdocio, porque los importantes cargos públicos los ocupaban solamente lo españoles peninsulares.

Así es que los dos hijos mayores de este matrimonio, Miguel y Joaquín, fueron destinados al servicio de la Iglesia y fueron mandados a estudiar desde los doce años a la ciudad de Valladolid, en el Colegio Jesuita de San Francisco Javier (actual Palacio Clavijero), en donde estuvieron dos años, ya concluidos Hidalgo se trasladó al Primitivo Colegio de San Nicolás (actual Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo).

En él destacó como estudiante, y gracias a su astucia y perspicacia recibió el apodo de "El Zorro". Ahí aprendió Latín, Filosofía y Teología, más tarde él y Joaquín fueron a estudiar a la Universidad de México, en la Ciudad de México por otros tres años y se graduó en Teología. Presidió diversas sociedades estudiantiles y literarias. Se ordenó sacerdote a los 26 años.

Posteriormente se consagró a la enseñanza en el Colegio de San Nicolás y escribió una "Disertación sobre el verdadero método de estudiar teología escolástica", también ocupó los cargos de tesorero, secretario y vicerrector del Colegio. En 1790, cuando tenía 37 años, fue nombrado rector.

Durante su estadía en el Colegio fue ávido lector de literatura de origen francés, como La Fontaine, Moliére, Racine, además de Cicerón y Demóstenes, entre otros, lo que le permitió adoptar una posición crítica sin que ello ponga en entredicho su fe católica. En ese tiempo, tuvo como alumno a José María Morelos y Pavón, con quien trabó amistad y le transmitió algunas de sus inquietudes, situación que se reflejaría años más adelante cuando Morelos se incorporó también a la lucha por la Independencia.

Hidalgo tenía un carácter fuerte, impetuoso, y con grandes dotes de líder. En su época de estudiante, y ya como sacerdote tuvo diversos deslices, lo cual era muy común en curas de la época, y tuvo por amante a una joven llamada Guadalupe, la que posteriormente ingresó como monja carmelita. También se supone que vivió con Manuela Ramos Pichardo, con quien tuvo dos hijos. De igual manera tuvo otros dos hijos con Josefa Quintana.

En 1790 Hidalgo recibió la herencia paterna, lo cual le permitió comprar tres haciendas, todas ellas ubicadas en Michoacán.

Curatos

En 1792 Hidalgo renunció repentinamente a la rectoría y pasó a ocupar el curato de Colima. Los historiadores no han podido ponerse de acuerdo con relación al motivo real de su renuncia en el Colegio de San Nicolás, pero se cree que se vio orillado a hacerlo por motivos políticos, debido a sus ideas, consideradas como radicales.

Ahí permaneció sólo ocho meses, y después se trasladó al curato de San Felipe Torresmochas, en el Estado de Guanajuato. Una vez ahí, formó una orquesta, impulsó el teatro y sedujo a la actriz Josefa Quintana.

En 1800 abandonó la población, debido a diversos problemas económicos que enfrentaban sus haciendas en Michoacán, así como una mina de su propiedad, en Angangueo. Se estableció temporalmente en Tajimaroa (actualmente, Ciudad Hidalgo). En ese tiempo, fue procesado por la Inquisición, debido a sus afirmaciones teológicas, pero fue perdonado por haberse arrepentido de sus afirmaciones.

En agosto de 1803, ya a los 50 años, se trasladó al curato de Dolores, donde reorganizó la economía del pueblo, estableció fábricas, curtidurías, explotaciones del gusano de seda, viñedos y herrerías. Además continuaba efectuando frecuentes viajes, a Guanajuato y Querétaro, donde trabó amistad con Juan Antonio Riaño e Ignacio Allende.

Grito de Dolores

En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, Miguel Hidalgo dio el famoso Grito de Dolores en la parroquia del pueblo de Dolores, Guanajuato. El "grito" fue un llamado del Cura Hidalgo, Ignacio Allende y Juan Aldama dirigido a los párrocos de la población de Dolores.

En el llamado, los insurgentes motivaron a la población a que se levantara en contra de la autoridad virreinal de la Nueva España.Con un estandarte de la Virgen de Guadalupe en una mano, Hidalgo da un sermon emotivo al congregarse la gente y al final grita ¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Viva la América española!, ¡Viva Fernando VII!, ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!.

El estandarte de la Virgen es considerada hoy en dia como la primera bandera no oficial de México debido a que fue el símbolo primordial del ejército insurgente durante la Guerra de Independencia. José María Morelos despues utilizaria una similar a la de Hidalgo.

El 28 de septiembre entró en Guanajuato exigiendo la rendición de el ejercito español que se habían parapetado con víveres y armamento en la Alhóndiga de Granaditas. Los rebeldes lograron tomarla y decidieron ir hacia Guadalajara, en poder del sacerdote insurgente José Antonio "El Amo" Torres. En Celaya fusiló a varios delatores y continuó hacia Nueva Galicia (Jalisco).

Al abandonar Guanajuato, el ejercito español pasó por las armas a los que habían apoyado la rebelión. En represalia Hidalgo ejecutó a todos los prisioneros de guerra españoles. En diciembre de 1810 la Inquisición le declaró hereje, apóstata y cismático.

Ante la posible ofensiva de el ejercito español dejó Guadalajara y opuso resistencia en Puente de Calderón. Fue su segunda gran derrota. Se dirigió a Aguascalientes con el fin de establecer ahí su gobierno, en enero de 1811.

Captura y muerte: Captura

Muchos escritores como a lo largo de la historia, han catalogado a la captura de Hidalgo como un error tactico en la lucha por la independencia. Se le relevó del mando militar en favor de Ignacio Allende, pero conservó el liderazgo político. Marchó a Zacatecas y Saltillo para facilitar la adquisición de armas de Estados Unidos.

Ignacio Elizondo, antiguo insurgente, que se había cambiado en secreto al bando realista, lo traicionó, siendo aprehendido Hidalgo junto con Allende, Aldama, Jiménez, Abasolo, Lanzagorta y otros, "un azote más terrible que todas las plagas que afligieron a Egipto...".

Hidalgo es procesado

Ya en Chihuahua, Ángel Abella, comisionado como Juez por el comandante general de las provincias internas interrogó al Cura Hidalgo quien prometió decir verdad en lo que supiere y fuera preguntado, si bien no se le dijo la causa de su prisión supone que es por haberse levantado para independizar de España la entonces llamada Nueva España.

Hidalgo confesó que aprehendió europeos a las cinco de la mañana del 16 de septiembre de 1810 sin más novedad que la de unos cintarazos que se le dieron a don José Antonio Larrincia (Larrinúa); que había levantado al ejército; fabricado moneda en Zacatecas; construido cañones y armas; fabricado municiones; depuesto autoridades si eran europeos o criollos que no seguían su partido; había perseguido a muchos de éstos y sólo había muerto el Intendente.

Se le acumularonn delitos de alta traición, promotor de crímenes y asesinatos, sedicioso y conspirador y le obligaron a firmar una retractación por "sus errores cometidos contra la persona del Rey y contra Dios".

El proceso se alargó, con 43 declaraciones de mixto fuero. Se le colocó entre los amantes de las ideas de la ilustración y se le condenó a la degradación.
En un altar arreglado con un crucifijo sobre él en medio de dos `cirios encendidos.

En una plataforma se colocaron cuatro sillones, viendo al público y dándo la espalda al altar, en los cuales se sentaron el Ministro de la degradación y tres prelados asistentes. La orden dada por Francisco Javier Olivares, Obispo de Durango la ejecutó el doctoral del mismo obispo, Francisco Fernández Valentín. Con sádica paciencia se realizó la infame ceremonia.

Con un cuchillo rasparon las manos y las yemas de los dedos a Don Miguel Hidalgo al tiempo que se exclama:

Te arrancamos la potestad de sacrificar, consagrar y bendecir, que recibiste con la unción de las manos y los dedos...
el hábito clerical y te desnudamos del adorno de la Religión y te despojamos; te desnudams de toda orden, beneficio y privilegio clerical; y por ser indigno de la profesión eclesiástica, te devolvemos con ignominia al estado de hábito seglar...

Luego con unas tijeras se le cortó algo de cabello y un peluquero terminó la operación, haciendo desaparecer la tonsura al tiempo de que se le decía:

Te arrojo de la suerte del Señor, como hijo ingrato, y borramos de tu cabeza la corona, signo real del sacerdocio, a causa de la maldad de tu conducta.

Al final del ceremonial de la degradación le entregaron a los jueces de la curia. El juez Abella le conminó para que expusiera las razones que tuvo para sublevarse contra el Rey y contra la Patria. El embargo la condena fue:

Excomunión y pena de muerte para Miguel Hidalgo. Por profesar y divulgar ideas exóticas: partidario de la Revolución Democrática Francesa. Por disolución social: al pretender independizar a México, del imperio Español. En consecuencia, por traidor a la Patria.

30 de julio de 1811 - Muerte

El día de su fusilamiento pidió que no le vendaran los ojos ni le dispararan por la espalda (como era la usanza al fusilar a los traidores). Pidió que le dispararan a su mano derecha, que puso en el corazón.

Hubieron de ser necesarias dos descargas de fusilería y el tiro de gracia para acabar con su vida, tras lo cual un comandante tarahumara, de apellido Salcedo, le cortó la cabeza de un solo tajo con un machete, para recibir una bonificación de veinte pesos. Miguel Hidalgo murio el 30 de julio de 1811 fusilado por las fuerzas realistas.

Post mortem

Despues de la muerte de Miguel Hidalgo, sus seguidores diseñaron una bandera para recordar su muerte. Esta fue capturada el 2 de enero de 1812 por el ejercito español.
Las cabezas de Hidalgo junto con Allende, Aldama y Jiménez, fueron expuestas en sendas jaulas de hierro en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas hasta la Independencia de México en 1821, con el fin de dar escarmiento a sus seguidores.

Los cuerpos finalmente fueron llevados con grandes honores y enterrados en La Rotonda de las Personas Ilustres en la Ciudad de México. Hasta el final, Hidalgo defendió la independencia y “el derecho que todo ciudadano tiene cuando cree que la patria está en riesgo de perderse”.

En su honor

En honor de Miguel Hidalgo y Costilla se han nombrado un gran número de calles o avenidas en diferentes localidades y ciudades de México. El Estado mexicano de Hidalgo fue nombrado en su nombre. La localidad en donde dio el Grito de Dolores anteriormente se llamaba simplemente Dolores.

Horas después de la independecia cambiaron el nombre a Dolores Hidalgo. Actualmente en el dinero mexicano Hidalgo aparece en el billete de $1.000. Otros lugares o cosas nombradas en su honor incluyen:

En 1920 Walter Baade nombró a el cometa (944) Hidalgo en honor a Miguel Hidalgo y en agradecimiento a los mexicanos por dejar a los astrónomos alemanes la observación de un eclipse solar en territorio nacional. Otros lugares nombrados en su honor incluyen:

El Municipio de Hidalgo en el estado de Durango y la cabecera municipal de esta, Villa Hidalgo.

El Municipio de Villa Hidalgo en el estado de Zacatecas.

La localidad mexicana de Hidalgo en el estado de Michoacán.

El Condado de Hidalgo en el estado de Texas, (Estados Unidos) y una ciudad que se encuentra en esta.

El Condado de Hidalgo en el estado de Nuevo México, (Estados Unidos).

Hidalgo, una localidad en el estado de Nuevo León, México.

La delegación Miguel Hidalgo en el Distrito Federal de México en donde se encuentra la Residencia Oficial de Los Pinos, el Castillo de Chapultepec, y el Auditorio Nacional y otros lugares importantes de la Ciudad de México y el país.

Es nombrado con detalle de honor la ex-hacienda donde nacio Corralejo de Hidalgo, así como la ciudad de Pénjamo (territorio al que pertenece la ex-hacienda) Pénjamo de Hidalgo, lugar donde existen numerosos monumentos y lugares nombrados en su honor.

El estandarte de la Virgen de Guadalupe
El estandarte de la Virgen de Guadalupe que el cura Hidalgo llevaba en la mano.
El Congreso de Chilpancingo

El Congreso de Chilpancingo, convocado el 13 de septiembre de 1813 por José María Morelos y Pavón y Don Raúl Lopez de Vega Iturbide de Becerril II, fue el primer congreso independiente que substituyó a la junta de Zitácuaro, declarando la independencia de México del trono español.

El congreso abolió la esclavitud, estableció los derechos del pueblo, sin distinción de clases ni castas; ordenó el reparto de los latifundios (fincas que tuvieran más de dos leguas), y votó la declaración de Independencia.

Participaron en el Congreso:

Ignacio López Rayón, diputado por la provincia de Nueva Galicia;

José Sixto Verduzco, diputado por la provincia de Michoacán;

José María Liceaga, diputado por la provincia de

Guanajuato;

Andrés Quintana Roo, diputado por la provincia de Puebla;

Carlos María Bustamante, diputado por la provincia de México;

José María de Cos, diputado por la provincia de Veracruz;

Cornelio Ortíz Zárate, diputado por la provincia de Tlaxcala

Carlos Enríquez del Castillo, secretario.

José María Murguía, diputado por la provincia de Oaxaca;

José Manuel Herrera, diputado por la provincia de Tecpan.

José María Teclo Morelos Pavón y Pérez

José María Teclo Morelos Pavón y Pérez (Valladolid, hoy Morelia, 30 de septiembre de 1765- † Ecatepec, 1815).

Sacerdote mexicano y militar liberal, que organizó y fue el artífice de la segunda etapa (1811-1815), de la Guerra de Independencia de México.
Según cuenta la leyenda el general Napoleón Bonaparte, emperador de Francia exclamó: "Con cinco generales como Morelos conquistaría el mundo"

También sus propios adversarios lo reconocían como miltar. El virrey Francisco Xavier Venegas lo describió como "el principal corifeo de la insurrección"

Fue comisionado por Miguel Hidalgo, el 20 de octubre de 1810 en Charo, Michoacán, como jefe

insurgente en el sur de México, encargado de tomar ciudades importantes y cortar la comunicación con los países de Asia Oriental, y su principal encomienda fue tomar el puerto de Acapulco, considerado estratégico para la comunicación de la Nueva España.

Desde 1811, y hasta el inicio de su declive militar en 1814, Morelos, ayudado de muchos lugartenientes, logró conquistar la mayor parte del sur del país, y parte del Centro, en la región del actual estado de Morelos, donde se desarrolló, entre el 9 de febrero y el 2 de mayo de 1812 su acción militar más famosa, el Sitio de Cuautla, en la ciudad homónima, que lo convirtió en el principal enemigo del ejército realista.

También organizo el Congreso de Anáhuac, el primer cuerpo legislativo de la historia mexicana, que sesionó en Chilpancingo (actual Estado de Guerrero) durante septiembre y noviembre de 1813, donde Morelos presentó sus Sentimientos de la Nación.

El Congreso aprobó el 22 de octubre de 1814, en Apatzingán, la primera Constitución de México, aunque Morelos después declaró que "es mala por impracticable"
Tras varias derrotas, fue capturado el 5 de noviembre de 1815 en Temalaca, por el coronel Manuel de la Concha, y fue juzgado por la Inquisición, y finalmente, fusilado el 22 de diciembre de 1815.

En su honor el gobierno mexicano ha nombrado muchos lugares con su nombre. El caso más conocido es el de su ciudad natal, Valladolid, renombrada en diciembre de 1828 como Morelia, por decreto del Congreso local.

Primeros años
Hacia 1760, la Nueva España se había consolidado como nación, pero aún bajo la tutela de España. Apenas un año atrás, Carlos III asumió como rey y a partir de entonces implementó una serie de políticas liberales en las colonias y en la metrópoli. Nueva España era gobernada por Carlos Francisco de Croix, un militar de ascendencia francesa.

Aún permanecían las diferencias de castas, los peninsulares ocupaban los altos puestos del ejército, la religión y la política, los criollos puestos mínimos y los mestizos se limitaban a seguir las órdenes de los españoles. Otro tipo de castas, como los mulatos, realizaban trabajos como esclavos.

Valladolid era de las ciudades más desarrolladas del país, y era considerado según los letrados de aquella época, como el jardín de la Nueva España. En 1764, las reformas administrativas desarrolladas por el gobierno español, otorgaron una nueva panorámica a la Nueva España. Se crea la Ordenanza de Intendentes, gobernantes regionales de las provincias, estos funcionarios dependían directamente del Rey, por lo que el virrey vio mermado su poder.

También por decreto real del 25 de febrero de 1767, los jesuitas fueron expulsados del imperio español. De acuerdo con algunos historiadores, la expulsión se debió a que los jesuitas conspiraban contra el Rey Carlos III. Según Lucas Alamán, la expulsión de los jesuitas fue producto de una conspiración de jansenistas y librepensadores franceses que amedrentaron a Carlos III sobre el peligro de una conspiración.

El efecto de la expulsión fue desastroso para las colonias y ventajosísimo para Inglaterra y Estados Unidos.

José Vasconcelos

Es en ese panorama, cuando en 1760 Manuel Morelos, carpintero oriundo de Zindurio, una pequeña localidad predominantemente indígena, situada a una legua de distancia al poniente de Valladolid y Juana María Guadalupe Pérez Pavón y de Juana María Guadalupe Pérez Pavón, también originaria de la población de San Juan Bautista de Apaseo, también cercana a Valladolid, se unieron en matrimonio.

Se dice que el apellido de la familia era Sandoval, pero que en el siglo XVII se deformó debido a que vendía moras, y la gente los llamaba "Moreros", pero con el tiempo pasó a ser "Morelos".

La pareja tuvo a su primogénito llamado Nicolás, en 1763 nacido en que murió en 1828,
El domingo 30 de septiembre de 1765, en Valladolid, la señora Juana María de Morelos asistió a la misa dominical del día de San Jerónimo, y al salir, sintió los dolores de parto en la calle, solicitó auxilio a las monjas del convento de San Agustín, donde nació José María, en el pórtico del convento.

El 4 de octubre de ese año fue bautizado en la catedral de Valladolid, con el nombre de José María Teclo Morelos Pávón y Pérez.
Los estudios históricos realizados en torno a la figura de los primeros años de Morelos difieren en cuanto al año de nacimiento de la hermana menor, María Antonia, pero todos concuerdan en que nace al menos diez años después que José María. También se afirma de la existencia de una niña nacida después de que el padre se retiró, y cuya fe de bautizo establece que nació el 28 de diciembre de 1784 y muerta en la infancia.

Morelos cursó sus estudios en la escuela de su abuelo, el maestro José Antonio Pavón. El padre de Morelos, tras una discusión con su madre, se marchó de la casa familiar, y llevó consigo a su hijo Nicolás. El carpintero don Manuel, se ausentó de la casa familiar, por lo que la familia entró en una severa crisis económica.

José María entró a trabajar en Apatzingán a la hacienda de su tío paterno, Felipe Morelos, a los catorce años.
Nicolás siguió a su padre, quien regresó a la casa paterna a principios de 1784, y el hijo adoptó el oficio de carpintero, que ejerció en San Luis Potosí, hasta su muerte, alrededor de 1828.

José María trabajó como atajador, después como arriero, vaquero, se instruyó en agricultura y ganadería. Según Enrique Krauze, en su libro Siglo de Caudillos, Morelos se hizo una cicatriz, en la nariz persiguiendo un toro, marca que le quedaría grabada el resto de su vida. Dentro de sus labores de arriero, Morelos viajó durante los once años que duró en el campo a la Ciudad de México.

En esos años, Morelos también se dedicó a estudiar gramática, un gusto heredado de su madre. Durante ese tiempo, también asistió a fiestas, y viajaba comúnmente a Valladolid, cuando su madre lo necesitaba.

Estudios en el seminario y sacerdocio

En 1789, y tras diez años de labores en el campo, Morelos regresa a Valladolid, pues su padre había muerto, y sus hermanos se habían casado, al tiempo que su madre vivía sola, razón por la que regresó a su ciudad natal.

La madre de Morelos le ordenó a su hijo que entrara al seminario, para entonces instalado en el colegio de San Nicolás Obispo, pues el bisabuelo de José María dejó una herencia, en forma de capellanía, para su hijo José Antonio, con la condición de que éste entrara al sacerdocio, pero su hijo declinó la capellanía por casarse con la abuela de Morelos.

Entonces la capellanía pasó a los sobrinos, pero la madre de Morelos interpuso una controversia judicial, el 17 de abril de 1790, y ganó. Pero la capellanía le fue otorgada a Morelos, hasta el 10 de abril de 1806.

En el Colegio de San Nicolás Obispo, que por entonces ostentaba la biblioteca escolar más rica y antigua del país, Morelos estudió latín dos años con el maestro español Jacinto Moreno, quien al final del curso escribió sobre Morelos:

Ha procedido con tanto juicio e irreprehensibles costumbres que jamás fue acreedor a que se usase con él castigo alguno; y por otra parte, en atención a su aprovechamiento y recto proceder tuve a bien conferirle que fuese premiado con la última oposición de mérito en el aula general, la que desempeñó con universal aplauso de todos los asistentes.

Tras sus estudios de latín, Morelos ingresó a una nueva escuela para continuar sus estudios de filosofía en el Seminario Tridentino, de la misma Ciudad de Valladolid, donde se estudiaban las materias de física, lógica y metafísica, con algunos pocos temas de escolástica tradicional, llevada bajo la doctrina del Concilio de Trento y con los textos de Jacquier y Juan Benito Díaz de Gamarra.

Por entonces la escolástica se centraba en desplazar la física introduciendo matemáticas, geometría y ciencias naturales. Tras algún tiempo de estudio, Morelos presentó su examen, que aprobó con el primer lugar, el 8 de marzo de 1795, en prueba pública en la iglesia de La Merced, después marchó a la Ciudad de México, para graduarse de bachiller, el 28 de abril. Después comenzó sus estudios de teología, ya preparándose para el sacerdocio.

La teología de aquella época se dividía en dos, moral y dogmática. Morelos estudió ambas en el Seminario Tridentino de Valladolid, pero se especializó en la moral, pues los estudios de ésta se cubrían en dos años, ya que su intención era ordenarse pronto para ayudar a mantener a su familia.

Entró al estado clerical recibiendo la primer tonsura, el 13 de diciembre. Morelos estudió teología apoyándose en los manuales de moral escritos por Francisco Lárraga y ampliado por Grosin (Prontuario de teología moral) y el de Francisco Echhari (Instrución y examen de ordenados).

Como parte de su formación sacerdotal, durante enero de 1796, y hasta 1798, Morelos viajó a Uruapan, el pueblo más grande de la Tierra Caliente michoacana, donde se producía maíz, trigo, café, caña de azúcar y plátano, además de contar con muchos recursos forestales.

Ahí recibió licencia para predicar, el 6 de abril, e hizo prácticas de teología e impartió clases de gramática y retórica en un colegio cercano, con lo cual pudo ayudar a los gastos de su casa, pues por entonces su madre había enfermado, y las ganancias de Morelos contribuyeron poco a la casa. Durante su estancia en Uruapan, aprovechó para mejorar su nivel de griego y leyó a Cicerón, Ovidio y Virgilio.

Debido a la precaria situación económica que atravesaba su familia, decidió dejar de lado sus estudios para ordenarse sacerdote. Por causas de la economía y en razón del magisterio que ejercía, no se preparó, y pasó el examen con la nota de positivo ínfimo. Pese a ello, el 21 de diciembre de 1797 recibió la orden sacerdotal del obispo michoacano Antonio de San Miguel, junto con otros diáconos como Sixto Berdusco, quien años después sería uno de los promotores de la Independencia.

El 31 de enero de 1798, la Diócesis de Michoacán le asignó el curato (interino) de Churumuco, un lugar ubicado en la región de la Tierra Caliente, y conocido por su clima malsano, y que tenía cerca de 3.000 habitantes, en cien localidades, pero contaba con un sacerdote auxiliar. Ahí llevó a vivir a su anciana y enferma madre, quien recayó a finales del año, siendo trasladada a Valladolid, pero no alcanzó a llegar, falleció en Pátzcuaro el 5 de enero de 1799.

Debido a esta razón, y aprovechando su viaje a Valladolid para arreglar los funerales de su madre, José María solicitó al Obispo su cambio, se le asignó el 12 de marzo como nueva sede fue Urecho, donde cubriría la vacante dejada por el titular de la parroquia. Entre los poblados de Urecho, estaba la hacienda de Santa Efigenia, que Morelos conoció, donde años más tarde sesionaría el Congreso de Chilpancingo, y se redactó parte de la Constitución de Apatzingán.

Más tarde, recibió una comunicación del Obispado, notificándole el cambio a San Agustín Carácuaro y Nocupétaro, otros pueblos de la Tierra Caliente, lugares a los que llegó en junio de 1799. El pueblo contaba cerca de 3.000 habitantes, tres pueblos, algunas haciendas y unas cuantas rancherías, todos habían surgido aprovechando el ensanchamiento de una cañada.

Eran lugares despoblados, de una geografía montuosa y con un clima crudo y malsano. En este contexto, Morelos tuvo su primer incidente como párroco, pues unos indios ladinos nativos del lugar, enviaron a Valladolid una solicitud para cambiar el sueldo del párroco, pues en lugar de tasación, se haría por arancel, añadiendo además una queja contra Morelos, "nos regaña, se enoja con nosotros, y nos maltrata".

El obispo envió una carta a Morelos, quien dio argumentos para respaldar el pago por tasación, diciendo de lo contrario los indios se entregarán con más descuido al ocio. El pago de Morelos consistía en 24 pesos y 3 reales mensuales, por atender a los 1800 feligreses de la parroquia, y contaba con una casa parroquial, servicios personales de los lugareños,un mozo de establo, un mandadero y una mujer que le molía el maíz. Durante su estancia en Carácuaro, levantó un censo y llevó el registro de todos los habitantes de la parroquia, así como los anales de bautizos, bodas y demás eventos religiosos en el pueblo.

Así describe Morelos la construcción de la iglesia de Nocupétaro:

Fabriqué yo una iglesia (lo más de mi propio peculio...), la que después de la de Cutzamala es la mejor de la Tierra Caliente. Y desde el año de 1802 en que concluí esta iglesia, seguí con el empeño de su cementerio hasta estarle poniendo hoy mismo las últimas almenas a la puerta del sud, y ha quedado tan sólidamente construida y tan decente, que sin excepción, no hay otro en Tierra Caliente.

En Nocupétaro y Carácuaro, el clima y el relieve dificultaban la producción agrícola y ganadera, lo mismo que las comunicaciones con el resto de la Intendencia de Michoacán. Morelos, al tener experiencia de arriero en su juventud, organizó un sistema de arrieros, que tuvieran como fin, llevar los frutos de la localidad hacia la capital. Con el dinero recaudado en sus años como párroco compró una casa, cuya fecha data del 18 de mayo de 1801.

La mitad dio para su hermana Antonia, y la otra mitad fue para un inquilino de nombre Miguel Cervantes, quien contrajo matrimonio con Antonia al poco tiempo. Las obras llevadas a cabo en el curato le permitieron a Morelos construir un segundo piso a su casa, una iglesia nueva en Nocupétaro con atrio y cementerio, además de una casa cural, del sacristán y una para el campanero y otra para el sepulturero. Durante ese tiempo, Morelos escribió una novena al Cristo Negro de Carácuaro.

José María Morelos sostuvo durante su estancia como cura de Carácuaro, amoríos con la viuda Brígida Almonte, a pesar del celibato obligatorio que la Iglesia Católica establece para los sacerdotes. De la relación con Brígida Almonte nació el 15 de mayo de 1803, Juan Nepomuceno Almonte, que unos años después militaría en las fuerzas conservadores, y formó parte de la comitiva que instauró el Segundo Imperio Mexicano.

En 1809 nació su segunda hija, Guadalupe Almonte. Debido al celibato sacerdotal, Morelos nunca dio apellido a sus hijos, sin embargo siempre veló por ellos.

Etapa Insurgente

El 17 de marzo de 1808, en el Palacio Real de Aranjuez, ocurrió un levantamiento popular, que exigía la destitución de Manuel Godoy, favorito del rey Carlos IV, pues ya se encontraban tropas francesas, en las ciudades de Burgos, Salamanca, Pamplona, San Sebastián, Barcelona y Figueras. Después de la destrucción del Palacio y la captura de Godoy por el pueblo, interviene el Príncipe de Asturias, Fernando de Borbón, quien evita el linchamiento de Godoy.

Se decía que, ante la inminente conquista de España por parte de las tropas francesas, la familia real había huído a Aranjuez para embarcarse a alguno de los dominios de América. Al mediodía, el rey Carlos IV abdica en favor de su hijo, Fernando VII. El 24 de marzo, Fernando VII vuelve a Madrid, pero un día antes el general Murat tomó Madrid. En Bayona, Napoleón obligó al Rey a abdicar en favor de José Bonaparte. El 2 de mayo, comienza la Guerra de la Independencia Española.

Mientras tanto, en México, Morelos recibía pedidos del Obispado para contribuir a la causa española. En abril, se recibe la noticia de que Buenos Aires, ha derrotado a los ingleses, y un requerimiento para ayudar a España. Morelos envió 20 pesos por él y 10 por su vicario, adjuntando asimismo una carta en la que afirmaba: estoy prontísimo a ofrecer la vida por la católica religión y por la libertad de nuestro soberano. Un año después, Morelos coopera nuevamente.

En 1810 se afirmó que los franceses estaban puestos para invadir a la Nueva España, por lo que todos los clérigos se ven obligados a colaborar de nuevo con las colectas de fondos para el Ejército Español.El obispo de Michoacán Manuel Abad y Queipo, reemplazo de San Miguel, fallecido en 1805, escribe lo siguiente a Morelos:
Debemos velar nosotros principalmente que somos atalayas de la Religión y del Estado.

La Patria se funda sobre el patriotismo; sólo este apoyo es firme, y el patriotismo consiste en la virtud de cada uno y en la unión de todos: unidos y valerosos nos quiere la patria; consiste en el sacrificio de nuestros intereses particulares y de nuestras pasiones; porque la gloria y la felicidad de una nación es incompatible con el egoísmo y la inercia de sus hijos. En fin, la presente generación va a decidir la suerte de las futuras generaciones.

Manuel Abad y Queipo, obispo de Michoacán

En la capital de la Nueva España, estos sucesos se conocieron por la Gaceta de México del 9 de junio, ante la consternación de la Iglesia, la Audiencia, y el Ayuntamiento. En principio, el virrey José de Iturrigaray, se negó a reconocer a Fernando VII como Rey de España y de las Indias, hasta que, por presiones del ayuntamiento, Fernando VII es proclamado como rey, el 13 de agosto, justamente el 287° aniversario de que Hernán Cortés tomó Tenochtitlan, en 1521.

Pero los rumores acerca de que Iturrigaray pretendía desconocer al gobierno español y constituirse en monarca del virreinato crecían, y se hicieron más grandes cuando el virrey se negó a reconocer a la Junta de Oviedo, pero también lo hizo con la Junta de Sevilla.

El 15 de septiembre, un grupo de españoles acaudalados, encabezados por el hacendado andaluz Gabriel de Yermo, tomó preso al virrey y a miembros del Ayuntamiento, como a Francisco Primo de Verdad y Ramos, quien fue asesinado el 4 de octubre en la Cárcel del Arzobispado, y que es considerado como el primer mártir de la Independencia. En el lugar de Iturrigaray, fue nombrado el mariscal de campo Pedro de Garibay, un octogenario.

El 21 de diciembre de 1809, se descubrió en Valladolid una conspiración que pretendía formar una junta en la Ciudad de México, toma preso al virrey y a las demás autoridades de la Colonia, para prevenir al país sobre una inminente invasión francesa. Desde septiembre, abogados, médicos, militares e incluso sacerdotes trabajaban en el proyecto, con la participación de varios gobernadores provinciales y de algunos regimientos, como el de Valladolid, capitaneado por Agustín de Iturbide, quien años después consumaría la Guerra de Independencia.

Esta conspiración fue organizada por el teniente, José Mariano Michelena, quien sólo fue condenado a veinte años de prisión en el castillo de San Juan de Úlua, a diferencia de lo que los españoles pedían, que era la pena capital. Se dijo que la conspiración tenía ramificaciones en San Miguel el Grande y Querétaro, y que tenían relación con los capitanes Ignacio Allende y Mariano Abasolo.

En marzo de 1810, los franceses tenían capturada toda España, con excepción del Puerto de Cadíz. En México, una nueva conspiración sustituía a la de Valladolid. El Corregidor de Querétaro, Miguel Domínguez, su esposa Josefa Ortiz de Domínguez y los militares Allende, Abasolo y Juan Aldama. A ellos se les unió un sacerdote muy conocido por el Bajío, amigo del intendente de Guanajuato, Juan Antonio Riaño, y del obispo de Michoacán, Manuel Abad y Queipo.

Ese hombre era el cura de Dolores, Miguel Hidalgo. Los conspiradores se reunían disfrazados de tertulias literarias, en las que se llegó a la conclusión de dar el golpe, el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción. Pero Allende logró convencer al resto de conspiradores de adelantarlo al 2 de octubre. Esos eran los planes originales de la

Conspiración de Querétaro.

Hidalgo convocó a los herreros que tenía en Dolores para hacer lanzas y espadas, y en una visita a Guanajuato consiguió la Enciclopedia, que consultó para la fabricación de cañones. Allende consiguió poner de su parte a los Regimientos de Dragones y de la Reina, así como a los de Celaya. De acuerdo al juicio seguido un año después, los conspiradores tenían apoyo en San Luis Potosí, e incluso en la Ciudad de México. Allende logró convencer a los conspiradores de adelantar la fecha del levantamiento al 2 de octubre.

Sin embargo, el 11 de septiembre, un conspirador hasta ahora desconocido, que estaba moribundo, confesó a las autoridades eclesiásticas la existencia de la Conspiración. Al día siguiente se giraron órdenes de aprehensión contra todos los involucrados, mandato que recibió Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro e implicado en la conspiración.

El 13 de septiembre, Epigmenio González, quien guardaba en su casa gran parte del armamento que se había destinado para la lucha, fue detenido y trasladado al Puerto de Veracruz, donde fue confinado hasta 1822. El 15 en la noche, Josefa Ortiz de Domínguez, esposa del corregidor, avisa al alcaide Pérez, otro conspirador, que debe informar a Allende sobre su orden de aprehensión.

Allende, a su vez, marcha a Dolores para poner al tanto a Hidalgo de los hechos, quien tomó esa noche la decisión de lanzarse a la lucha armada. Su primera medida fue convocar a misa y mandar aprehender a todos los españoles del pueblo, obligándoles a entregar su dinero para la causa.

La reacción española no se hizo esperar. El virrey y Arzobispo de México, Francisco Javier de Lizana y Beaumont, fue reemplazado el 14 de septiembre por el teniente general Francisco Javier Venegas, que participó en la Batalla de Bailén, donde por primera vez los franceses fueron derrotados. Los realistas disponían de 30.000 soldados, la mayoría criollos y mestizos.

Venegas ordenó la formación de tres puntos de defensa, Guanajuato, Puebla y San Luis Potosí, ésta última de donde salió el brigadier Félix María Calleja, que a la postre derrotaría a los insurgentes. La Iglesia excomulgó a los rebeldes, primero por rebelarse en contra del Rey, y segundo por tomar en Atotonilco, el estandarte de la Virgen de Guadalupe, como bandera. El edicto de excomunión fue publicado por Abad y Queipo el 20 de septiembre en Valladolid.

Después, los insurgentes comenzaron su marcha por el Bajío. Primero cayó San Miguel el Grande, luego Celaya. Al 22 de septiembre, fecha en que Hidalgo fue proclamado capitán general de América, y Allende teniente general, los insurgentes sumaban 20.000, la mayoría indios y mestizos, que se unían sin tener experiencia militar, muchos de ellos sin nunca haber salido de su localidad. Lucas Alamán, historiador mexicano, describe así la marcha:

Se le iba juntando gente que formaba diversos grupos o pelotones, que por banderas taban en palos o en carrizos mascadas de diversos colores, en que fijaban la Virgen de Guadalupe, que era la enseña de la empresa, la que también llevaban por distintivo en el sombrero, todos los que se adherían al partido.

Los vaqueros y demás gente de a caballo de las haciendas, casi todos de las castas, formaban la caballería, armada con las lanzas... y con las espadas y machetes que esos mismos hombres acostumbraban llevar en sus trabajos ordinarios:muy pocos tenían pistolas o carabinas.

La infantería la formaban los indios, divididos por pueblos o cuadrillas, armados con palos, flechas, hordas y lanzas, y como muchos llevaban a sus mujeres e hijos, todo presentaba más bien el aspecto de tribus bárbaras que emigraban de un punto a otro, que de un ejército en marcha.

Más tarde, el 28 de septiembre, los insurgentes llegaron a Guanajuato, ciudad gobernada por el teniente general Juan Antonio Riaño. Hidalgo envió a un emisario a convencer a Riaño de rendir la ciudad a las tropas insurgentes, que sumaban 20.000, pero en la carta Hidalgo especifica 50.000. Riaño se niega, afirmando Mi deber es pelear como soldado.

Entonces, los insurgentes marchan sobre Guanajuato, donde toda la población (más de 600 españoles refugiados) se había encerrado en la Alhóndiga de Granaditas, granero construido en 1801. En medio de la batalla, Riaño salió con un conjunto de soldados, y en el acto murió asesinado. Tras este incidente, un minero ofrece a Hidalgo quemar la puerta del edificio.

A este hombre se le conoce como El Pípila, pero su verdadero nombre fue en realidad Juan José Reyes Martínez. Después de ello, los insurgentes tomaron el edificio, y mataron a muchos españoles.

Los insurgentes avanzaron sin resistencia hasta llegar a Valladolid el 17 de octubre. No ocurrieron otras matanzas, debido a la intervención de Allende. La toma de Valladolid sumó a las fuerzas de Hidalgo ocho compañías nuevas y todo el regimiento de Dragones de la Reina, situado en la ciudad. Allende sugirió a Hidalgo seleccionar 14.000 soldados, llevarlos a la ciudad de Pátzcuaro y ahí entrenarlos.

Planteó también la posibilidad de usar las campanas de la catedral de Valladolid para hacer cañones. Hidalgo rechazó ambas propuestas, aduciendo que sería mejor marchar cuanto antes a México y tomar la capital, pues el brigadier Calleja había salido de San Luis Potosí para reforzar la defensa de la Ciudad de México. Tras esta discusión, los insurgentes salen de Valladolid la noche del 19 de octubre.

Al mediodía del 20 de octubre, los insurgentes, ya en su marcha hacia México, llegó a un pueblo a las afueras de Valladolid, llamado Charo, donde Hidalgo ordenó que la tropa se detuviera para descansar unas horas. Morelos, enterado de la situación, salió en la madrugada rubo a Charo acompañado de un campesino de Nocupétaro.

Logró hablar con Hidalgo, le expuso las razones por las que deseaba unirse al movimiento la independencia que todos los americanos se veían obligados a pretender, respecto a la ausencia del Rey, preso en Francia, les proporcionaba la coyuntura de lograr aquélla.

En principio, Morelos ofrece a Hidalgo marchar con él hasta México, pero el jefe insurgente le asigna la comisión de levantar tropas en el sur del país, y principalmente, la captura del puerto de Acapulco, un lugar estratégico por que ahí llegaban mercancías de la Nao de China, provenientes de Filipinas, entonces dominio español. Morelos deseaba ser capellán del ejército insurgente y dijo estar pronto a correr con violencia las tierras calientes del sur.

Hidalgo le otorgó el título militar de General de los ejércitos americanos para la conquista y nuevo gobierno de las provincias del sur, con autoridad bastante. Tras encomendarle su misión, Hidalgo ordenó a las tropas insurgentes proseguir la marcha, al tiempo que Morelos regresó a Carácuaro. Nunca más volvieron a verse.

Primera campaña

Tras el encuentro con Hidalgo, Morelos regresó a Carácuaro, con intención de renunciar al curato y reclutar, de entre la gente de Carácuaro, a cuantos soldados pudiera, a fin de marchar cuanto antes hacia el Sur. El gobernador del Obispado, Mariano de Landa y Escandón, le concedió la ausencia del curato el 25 de octubre. Ya en su parroquia logró reunir 25 hombres, armados entre lanzas y escopetas.

Después de reunir a la gente de Carácuaro para explicar sus motivos de abandono al curato, en los que citó el “’Itinerario para pueblos para párrocos de indios’’”, obra hecha por los jesuitas en la que afirma que los “’’los clérigos pueden tomar las armas lícitamente cuando hay alguna grave necesidad en utilidad grande de la república’’” de ahí marchó a Zacatula, atravesando la rivera del Río Balsas, en la Tierra Caliente, rumbo a la Costa, camino que atravesó bordeando la provincia de Michoacán.

Como afirmaría en el juicio que la Inquisición, le siguió cinco años después “’’Siempre conté con la justicia de la causa, en que habría entrado, aunque no hubiese sido sacerdote’’ Llegó a Huetamo, donde su tropa aumentó a 350. Ahí escribió a un amigo sacerdote:

Veo de sumo interés escoger la fuerza con que debo atacar al enemigo, más bien que llevar un mundo de gente sin armas ni disciplina. Cierto que pueblos enteros me siguen a la lucha por la independencia, pero les impido diciendo que es más poderosa su ayuda labrando la tierra para darnos el pan a los que luchamos.
Huetamo, Provincia de Michoacán a los veinticinco días del mes de octubre del año de Nuestro Señor de mil ochocientos diez.

El objetivo de la campaña era conseguir hombres y armamentos en el sur del país, y principalmente, cumplir la encomienda de Hidalgo; la toma del Puerto de Acapulco, un importante centro comercial. A principios de noviembre, las tropas de Morelos bordearon la costa y llegaron a Zihuatanejo, donde consiguieron que muchos de los pobladores (principalmente campesinos de bajos recursos) se unieran a su movimiento, y ya en Petatlán logró reclutar a muchas más personas para su ejército.

Con aproximadamente 2000 hombres, Morelos decidió tomar Tecpan, una pequeña población en la Costa Chica del actual Estado de Guerrero, donde hicieron huir a la guarnición del ejército realista. Ahí, se le unieron a Morelos, los Galeana, formados por Hermenegildo y Pablo, sobrino de Hermenegildo.

Los Galeana contaban con un cañón conocido como ‘’El Niño’’ que se usaba en las fiestas del pueblo. Los Galeana eran descendientes de un pirata inglés que llegó a la costa guerrerense en el siglo XVIII.
Después de la toma de Tecpan, Morelos marchó con su ahora más numeroso ejército a San Jerónimo, lugar en el que entró sin resistencia y después se trasladó a la población de Coyuca de Benítez, pero estas poblaciones ya se ubicaban en la región de Costa Grande.

Después, el objetivo de Morelos era aproximarse lo más posible a Acapulco, y dejarla rodeada por tierra. En enero de 1811, Morelos ordenó a una parte de su ejército tomar el Cerro del Veladero, un monte que domina la entrada a Acapulco. Mientras que una parte del cerro quedó en posesión del ejército insurgente, el resto del cerro aún era retenido por los españoles, comandados por el coronel aragonés Francisco Paris, que había sido comisionado por Venegas para defender el puerto.

Tras derrotar al ejército realista, Morelos establece el campamento de su ejército en la localidad de Paso Real de la Sabana, cercano al Fuerte de San Diego, un edificio construido´para evitar los ataques de los piratas, y que estaba bien artillada y preparada para defender al puerto del ataque insurgente.

El teniente de artillería José Gagó, ofreció a Morelos entregarle la plaza de Acapulco sin resistencia. La fecha en que se había pactado la entrega del Fuerte era el 8 de febrero de 1811. En ese día, los insurgentes estuvieron frente al Fuerte de San Diego, pero Gagó traicionó a Morelos, dejando a los insurgentes entre varios fuegos. Morelos de inmediato ordenó la retirada, que fue organizada por los Galeana.

El campamento insurgente se salvó de ser tomado por los realistas gracia a la intervención del capitán Julián Ávila, mientras que el resto del ejército, comandado por Morelos, emprendió la retirada a Tecpan. París redactó un parte a Venegas explicando la situación. El mensaje fue interceptado por los insurgentes, y en el se decía:

"Estas gentes de la jurisdicción de Acapulco están tan entusiasmadas por Morelos, que al mismo tiempo que a él nada le falta, no se presenta en nuestro campo una mujer a vender tortillas. Dicen los naturales que el cura es muy determinado; que cuando se le antoja monta en su mula y con cuarenta hombres se va a registrar su avanzada; que espera allí a cuantos le quieran ir a acometer‘’”
Francisco París

Poco antes del fracaso militar en Acapulco, Morelos dictó en la localidad de El Aguacatillo, en el actual municipio de San Luis Acatlán, varios decretos a fin de organizar lo más pronto posible un gobierno. Entre las medidas dictadas por Morelos, se encontraban:

Cuidar los bienes de la Iglesia Católica.

Evitar el ataque con fuerzas inferiores al enemigo.

Castigar cualquier intento de guerra de castas y los pecados públicos.

Observar el escalafón militar por méritos.

Obrar en armonía consultando en casos difíciles.

Reiterar la medida dictada por Hidalgo en Guadalajara, de establecer nuevo gobierno en manos de los americanos, es decir, todos los nacidos en la Nueva España.

Suprimir el tributo, la esclavitud, las cajas de comunidad, las deudas a peninsulares y el monopolio de la pólvora.)

En Tecpan, Morelos se concentró con su ejército, y decidió elevar el pueblo a la categoría de provincia, con n le nombre de “’’Nuestra Señora de Guadalupe de Tecpan’’”, y se mantuvo el cobro de los impuestos reales ya existentes, pero fue abolido el tributo aplicado a las tropas.

Morelos decidió tomar algunos bienes de la Iglesia para financiar sus actividades militares. Mientras se encontraba en el sur, Morelos recibe el apoyo de la Familia Bravo, compuesta por Leonardo y sus hermanos Máximo, Víctor y Miguel, y el hijo de Leonardo, Nicolás Bravo.

Ellos eran originarios de la Hacienda de Chichihualco. Junto a ellos se unió Vicente Guerrero, arriero originario de Tixtla. También, el estudiante de derecho oriundo de Durango, Miguel Fernández Félix, se unió al movimiento, y más tarde adoptaría el nombre de Guadalupe Victoria. Mientras tanto, el 13 de julio de 1811, en el pueblo de Tixtla, Morelos dictó el siguiente decreto:

A partir de hoy se entregarán las tierras a los pueblos para su cultivo, sin que puedan arrendarse, pues su goce ha de ser de los naturales en sus respectivos pueblos. Asimismo, faltándonos la moneda corriente de plata y oro para el socorro de las tropas, he resuelto se selle moneda de cobre para el uso del comercio. Las habrá de a peso, tostón, real y medio real, y podrán cambiarse por sus equivalentes de curso legal en cuanto termine la guerra
Dado en Tixtla, a 13 de julio de 1811, José María Morelos

Mientras tanto, Hidalgo había llegado hasta las puertas de la Ciudad de México, tras triunfar en la Batalla del Monte de las Cruces, el 30 de octubre de 1810. Sin embargo, por motivos hasta ahora desconocidos, Hidalgo decidió retroceder hacia el Bajío, donde el 7 de noviembre, Félix María Calleja lo derrotó en la Batalla de San Jerónimo Aculco. Después, diferencias con Allende, separaron al ejército insurgente.

Hidalgo marchó a Valladolid, donde se cometieron matanzas de españoles entre noviembre y diciembre. Por su parte, Allende, Aldama y Abasolo, se retiraron a Guanajuato, donde el 26 de noviembre Calleja recuperó la plaza, tomada por Hidalgo el 28 de septiembre, apenas dos meses antes. Después de la derrota, Allende, Aldama, Jiménez y Abasolo se retiraron a Gudalajara, donde Hidalgo había sido proclamado ’’Libertador de América’’, pues José Antonio Torres, apodado ’’El Amo’’, había tomado la ciudad el 8 de noviembre.

El 17 de enero, Calleja derrotó a los insurgentes en la Batalla del Puente de Calderón. Después, los insurgentes emprendieron la marcha hacia los Estados Unidos de América, y en el camino Hidalgo fue despojado del mando militar en Aguascalientes. El 21 de marzo, fueron capturados en las Norias de Baján, Coahuila. Tras juicios en Chihuahua, el 26 de junio fueron fusilados Allende, Aldama y Jiménez. El 30 de julio, fue fusilado Hidalgo.

Segunda Campaña

Morelos recibió, al término de su primera campaña, una invitación de Ignacio López Rayón, para organizar un consejo de dirección insurgente, ya que tras la muerte de los primeros líderes, el ejército quedó disperso y sin una cabeza general visible. La propuesta de Rayón constituía en elegir a los miembros de la Suprema Junta Nacional Gubernativa, que habría de gobernar al país en ausencia de Fernando VII.

Morelos aceptó la invitación, pero como sus actividades militares le impedían estar presente, nombró como su delegado a Sixto Berdusco, un antiguo compañero suyo de estudios. Puesto que Rayón quedó en manos de la insurgencia tras la muerte de Hidalgo, de quien había sido secretario y ministro en Guadalajara, quedó al frente de las tropas insurgentes en Saltillo.

De ahí llegó a Zitácuaro, donde el 21 de agosto, fue electa la Suprema Junta Nacional Gubernativa, compuesta por los siguientes miembros:
Ignacio López Rayón, como presidente,
J
osé María Liceaga y Sixto Berdusco, vocales.

Los primeros actos de la Junta consistieron en designar a Zitácuaro, actual municipio de Michoacán, como capital de la insurgencia, aunque poco después, ante el ataque realista, la Junta se trasladó a Sultepec. Morelos escribió a Rayón que ’’Estoy resuelto a perder la vida por sostener la autoridad y existencia de la Suprema Junta”

Asimismo, Rayón ordenó la publicación de dos periódicos insurgentes, ‘’El Ilustrador Nacional” y ’’El Ilustrador Americano”, ambos dirigidos por José María Cos. En abril de 1812, la Junta redactó los ’’Elementos de Nuestra Constitución”, donde se estableció que el pueblo es el único soberano y se consagraron los poderes de la Junta, y la libertad de expresión, libertad de prensa, y el derecho al trabajo. Morelos escribió a la Junta, ’’Que se le quite la máscara a la independencia, eliminemos la mención del Rey”

Después, Morelos entró en Chilapa, que por entonces era la población más próspera de la región. Entre agosto y noviembre, Morelos estableció su centro de operaciones en Chilapa. Morelos reforzó sui relación con los indígenas, pues ´por decreto del 4 de septiembre, se establece lo siguiente:

A todo el mundo le es lícita la apelación, no hay motivo para denegársela a los naturales de este reino. Los indios no deben pagar diezmos ni primicias de los frutos propios de este reino.

Sin embargo, hubo un intento de sedición, para impulsar el asesinato masivo de negros hacia blancos. Ordenó a sus tropas ir a la costa, calmó a los sublevados con la frase ’’sería el yerro mayor que podrían cometer los hombres”, los cabecillas fueron llevados a Chilapa, donde se les ejecutó.

Su relación con la Junta Nacional de Zitácuaro fue respetuosa, ya que Morelos siempre colaboró con los lineamientos establecidos por la Junta, a pesar de las diferencias habidas entre los miembros del organismo regulador insurgente. Berdusco escribió a Morelos “’’todos rinden a Vuestra Excelencia las debidas gracias por el honor con que los trata’’”

La jerarquía eclesiástica, en la persona del obispo español de Puebla, lanzó una manifiesto contra la insurgencia y escribió a Morelos invitándole a desistir de la lucha. La carta de respuesta escrita por Morelos se conserva en el Castillo de Chapultepec, y es la siguiente:

En lugar de atacar la insurgencia, la podría defender y encontraría, sin duda, mayores motivos que el angloamericano y el pueblo de Israel. La nación no larga las armas, hasta concluir la obra, puesto que nosotros somos más religiosos que los europeos
Morelos tomó Tlapa, localidad de La Montaña, Izúcar , Cuautla y Chiautla, por el tiempo en que Hermenegildo Galeana entró en Taxco, donde logró apoderarse de varias vetas de plata, que fueron enviadas a la Junta Nacional, ya que Calleja tomó Zitácuaro, y la Junta se quedó sin fuerzas para resistir el embate realista.

En Izúcar, Morelos estuvo a punto de ser capturado por las fuerzas realistas, y escribió a Galeana, “’’Resistí yo solo con treinta hombres que escogí para irme a pasear a Izúcar, de los que dejé veinte en la plaza y con diez fusileros y unos cuantos vaqueros salí a cortarles la retirada }}

En Izúcar, Morelos recibió el 12 de diciembre a Mariano Matamoros, un sacerdote de Tlaxcala, que veía con buenos ojos el movimiento insurgente y que quería unirse a su ejército. Morelos le respondió afirmativamente y de “’’buena gana’’”, diciéndole que le recordaba a él mismo en su visita con Hidalgo, por lo que aceptó a Matamoros en su ejército, dándole el cargo de coronel.

Con el tiempo Matamoros sería nombrado mariscal de campo y Morelos le llegó a considerar “’’su mano derecha’’”, hasta que Matamoros fue capturado y fusilado. También recibió a un antiguo sirviente de la Junta Nacional, José Manuel de Herrera, quien fue nombrado embajador en los Estados Unidos de América, en 1813.

El 2 de enero de 1812, Calleja tomó Zitácuaro, población en la que se encontraba asentada la Junta Nacional, y varios de sus documentos se perdieron en la batalla, pues la Junta, puesta en fuga por las tropas realistas, no tuvo tiempo de rescatar los archivos. Desde Toluca, nueva sede de la Junta, Rayón escribe a Morelos pidiéndole ayuda para salvar al organismo.

A pesar de hallarse convaleciente por haber sufrido tuberculosis, Morelos salió a proteger a la Junta, que ahora estaba instalada en Tenancingo, donde Morelos derrotó a las tropas españolas, comandadas por Rosendo Porter. De ahí, decidió marchar a Cuernavaca, para reorganizar su ejército, y estableció su centro de operaciones en el pueblo de Cuautla, donde planeó la toma de la Ciudad de México o Puebla.

Tras derrotar a la brigada realista comandada por Rosendo Porter, Morelos pensó seriamente en tomar la Ciudad de México. El virrey Venegas, preocupado ante la posibilidad de un ataque insurgente a la capital, comisionó a Calleja para hacer frente a Morelos, que estaba acuartelado en Cuautla. Calleja acababa de derrotar a Rayón en Zitácuaro, por lo que a pesar de sus diferencias con el virrey, lograron llegar a un acuerdo, en el que se expresaba que el 5 de febrero, Calleja debería ser recibido con honores en la Ciudad de México.

Durante las fiestas hechas en honor a Calleja, en el desfile por la ciudad, el caballo que montaba Calleja, lo aventó y el mariscal cayó frente a toda la multitud. El 9 de febrero, Calleja se lanzó al ataque de Cuautla, y en el primer enfrentamiento, con varias bajas, los insurgentes lograron repeler al ejército español. Unos cuantos días después, Morelos salió a inspeccionar los campos de Cuautla, donde por casualidad se encontraba una milicia de soldados realistas que estuvieron a punto de capturar a Morelos. Más tarde, lanzó la siguiente proclama a sus tropas:

Nosotros hemos jurado sacrificar nuestras vidas y haciendas en defensa de nuestra religión santa y de nuestra patria. Ya no hay España, porque el francés se ha apoderado de ella. Ya no hay Fernando VII porque o él se quiso ir a su casa de Borbón en Francia y entonces no estamos obligados a reconocerlo por rey, o lo llevaron a la fuerza, y entonces ya no existe.

Y aunque estuviera, a un reino conquistado le es lícito reconquistarse y aun reino obediente le es lícito no reconocer a su rey, cuando es gravoso en sus leyes que resultan insoportables, como las que de día en día nos iban recargando en este reino los malditos gachupines. Os diré por último que nuestras armas están pujantes y la América se ha de poner libre, queráis o no queráis vosotros.

Calleja sitió la ciudad, cortó el agua, cesó la provisión de alimentos a la ciudad, mandó contaminar varios pozos con animales muertos, todos estos actos para apresurar la caída de Cuautla. En una ocasión, Calleja envió a Morelos un ofrecimiento de indulto, aplicable a él y a todos los soldados insurgentes que hubiesen participado en el Sitio de Cuautla. Morelos respondió que le ofrecía lo mismo a Calleja y a sus militares.

Se dice que el virrey Venegas, harto de la situación, envió a uno de sus hombres de confianza descrito como “’’gordo y barrigón’’”, a matar a Morelos, quien fue previsto por Rayón y el sujeto fue identificado y ejecutado.

Por esos días, Morelos ordenó a Matamoros salir de la ciudad a buscar provisiones, y a auxiliar a la Junta Nacional, instalada en Toluca, y Matamoros logró romper exitosamente el cerco, durante la madrugada del 21 de abril. Varios incidentes, como enfermedades, dolores intensos de pierna, migrañas y caída de caballos, por momentos le hicieron pensar rendir la plaza.

En una acción militar hecha en abril, los realistas estuvieron a punto de tomar una parte de Cuautla, puesto que habían hecho retroceder a gran parte de los defensores de la plaza, pero un niño, de apenas 12 años, tomó un cañón y lo hizo disparar, destruyendo en el acto a la avanzada realista que venía a reforzar a los atacantes, quienes huyeron dispersos ante la caída de sus refuerzos. Ese niño se llamaba Narciso Mendoza y es conocido como “’’El Niño Artillero’’”. Morelos le entregó un premio de dos reales por su acción.

Calleja escribió en la madrugada del 2 de mayo, la siguiente misiva de renuncia al sitio de Cuautla, dirigida al virrey Francisco Xavier Venegas:
Si la constancia y actividad de los defensores de Cuautla fuese con moralidad y dirigida a una justa causa, merecería algún día un lugar distinguido en la Historia. Estrechados por nuestras tropas y afligidos por la necesidad, manifiestan alegría en todos los sucesos.

Entierran sus cadáveres con repiques en celebridad de su muerte gloriosa, y festejan con algazara, bailes y borracheras, el regreso de su frecuentes salidas, cualquiera que haya sido el éxito, imponiendo pena de la vida al que hable de desgracias o rendición. Ese clérigo es un segundo Mahoma, que promete la resurrección temporal y después el paraíso con el goce de todas las pasiones a sus felices musulmanes.

Esa misma noche, los insurgentes habían decidido que la situación era ya insostenible y tomaron la decisión de romper el cerco puesto por los realistas desde febrero. A las 2:30 de la mañana del 2 de mayo de 1812, y tras 63 días ininterrumpidos de sitio, Morelos y el ejército insurgente abandonaron Cuautla.

Los realistas fueron alertados por un espía de la salida insurgente, pero la noticia llegó tarde, no pudieron evitar el rompimiento del sitio. Tras unos breves intentos de resistencia, los insurgentes pudieron dejar Cuautla. Al día siguiente, Calleja ordenó el saqueo y asesinato de los habitantes de Cuautla, y unos días más tarde regresó a la Ciudad de México, donde el virrey Venegas le recibió en audiencia privada, haciéndole en el acto el ofrecimiento de la comandancia general de la Ciudad de México, y Calleja, tras muchas meditaciones, aceptó.

Tercera Campaña

Después de la acción militar de Cuautla, Morelos se trasladó a la sierra central e México, donde se encuentra el Eje Volcánico Transversal, y tomó Izúcar, Ocuituco, Hueyapa, Cítela y Chiautla, donde Morelos reorganizó sus tropas, pues estaba decidido a marchar hacia el sur del virreinato.

En Chiautla, Morelos recibió la noticia de que Leonardo Bravo, había sido capturado a traición mientras dormitaba en la hacienda del comerciante español Gabriel de Yermo, en la madrugada del 10 de mayo de 1812. Fue presentado ante Calleja, quien se dirigía a México, y que tomó la decisión de que se le enjuiciaría en la capital.

Tras varios intentos de persuasión por parte de Morelos hacia las autoridades españolas, Leonardo Bravo fue ejecutado a garrote vil, la mañana del 13 de septiembre, a pesar de que los insurgentes ofrecieron 800 soldados españoles a cambio de la vida de Bravo. Entonces, Morelos autorizó a su hijo, Nicolás Bravo, la ejecución de los prisioneros realistas. A la mañana siguiente, Bravo reunió a los españoles y acto seguido, les perdonó la vida. Por este hecho, se le conoce como “’’El Caudillo Magnánimo’’”.

Tras tener noticias, vía de la Junta Nacional, que recientemente le había nombrado capitán general, debido a su triunfo en Cuautla, y que le informó que en [[Oaxaca], precisamente a la costa del Istmo de Tehuantepec, las fuerzas realistas acababan de sitiar a Valerio Trujano, exactamente en la población central de Huajuapan.

Morelos acudió a la ciudad cuanto antes pudo, y sus fuerzas lograron detener por unas horas a los refuerzos realistas enviados desde Puebla. Trujano logró echar a las fuerzas españolas de Huajuapan, pero murió en el acto, a causa de varios disparos hechos por un soldado realista llamado José Martín Pérez, quien fue premiado por los soldados españoles con 20 reales en oro.

Morelos enfermó gravemente de cólicos, en septiembre de 1811, y casi le produce la muerte. De nueva cuenta, en el mes de enero de 1812, poco antes del inicio del sitio de Cuautla, el jefe insurgente cayó en cama por una grave enfermedad de tuberculosis.

Pero en ese tiempo logró planear junto con Matamoros y Galena la campaña del centro, y la defensa de Cuautla, al tiempo que coordinaba sus apoyos con la Junta Nacional, acosada en Toluca por el brigadier aragonés José de la Cruz, a quien Venegas le ordenó detener los refuerzos enviados a Cuautla por parte de la Junta, para lo que se auxilió de refuerzos traídos desde Zaragoza.

Recibió una misiva de Rayón, explicándole que la Junta se había dividido para tratar de lograr una mejor comunicación con los insurgentes del resto del país, por lo que Berdusco se trasladó hacia el poniente, Liceaga al norte y Rayón se estableció en el norte, al tiempo que nombraron a Morelos capitán general y vocal de la junta, cargos también recibidos con anterioridad por ellos.

Morelos se encargó de mandar refuerzos a Rayón, quien se instaló su pueblo natal, Tlalpujahua, aunque esa relación se vio empañada por un enviado de Rayón a Morelos.
Morelos revisó los ‘’Elementos constitucionales’’, redactados por la Junta, y sugirió el nombramiento de un quinto vocal y la supresión de la mención al Rey Fernando VII.

Decía Morelos en sus argumentos que el crecimiento a grandes pasos de la insurgencia, que el quinto vocal era necesario, si se tenía como fin mejorar la administración de justicia entre los territorios dominados por las tropas insurgentes. Como parte de esas ideas, Morelos dictó leyes en cada provincia que iba conquistando, y una de sus leyes fue la reducción del impuesto al comercio y las alcabalas, del seis al cuatro por ciento.

También, ante el fracaso de importar pólvora inglesa, estableció talleres en los que se forjaban armas, se fabricaba pólvora, y se fundía plomo y cobre.

Sentimientos de la Nación

Que la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía, y que así se sancione, dando al mundo las razones.

Que la religión Católica sea la única, sin tolerancia de otra.

Que todos sus ministros se sustenten de todos, y solos los Diezmos y primicias, y el Pueblo no tenga que pagar mas Obenciones que las de su devoción y ofrenda.

Que el Dogma sea sostenido por la Jerarquía de la Iglesia, que son el Papa, los Obispos y los Curas por que se debe arrancar toda planta que Dios no plantó: omnis plantatis quam nom plantabit Pater meus Celestis Cradicabitur. Mat. Cap. XV.

La Soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, el que solo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los Poderes de ella en legislativo executivo y judiciario, elixiendo las Provincias sus vocales, y estos á los demás, que deben ser Sujetos sabios y deprobidad.
(En el original de donde se tomó esta copia —1881— no existe el artículo de este número.)

Que funcionarán cuatro años los vocales, turnándose saliendo los más antiguos para que ocupen el lugar los nuevos electos.

La dotación de los vocales, será una congrua suficiente y no superflua, y no pasará por ahora de ocho mil pesos.

Que los empleos los obtengan solo los Americanos.

Que no se admitan extranjeros, si no son artesanos capaces de instruir, y libres de toda sospecha.

Que la Patria no será del todo libre y nuéstra, mientras no se reforme el Gobierno, abatiendo el tiránico, sustituyendo el liberal y hechando fuera de nuestro suelo al enemigo Español que tanto se ha declarado contra esta Nación.

Que como la buena Ley es Superior á todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales que obliguen á constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el Jornal del pobre, que mejoren sus costumbres, alexe la ignorancia, la rapiña y el hurto.

Que las Leyes generales comprehendan á todos, sin excepción de Cuerpos privilegiados, y que estos solo lo sean en cuanto al uso de su ministerio.

Que para dictar una ley se discuta en el Congreso, y decida á pluralidad de votos.

Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de Castas, quedando todos iguales, y solo distinguirá á un Americano de otro el vicio y la virtud.

Que nuestros Puertos se franqueen á las Naciones extrangeras amigas, pero que éstas no se internen al Reyno por mas amigas que sean, y solo haya Puertos señalados para el efecto, prohibiendo el desembarco en todos los demás señalando el 10 p 100 u otra gavela á sus mercancías.

Que á cada uno se le guarden las propiedades y respete en su casa como en un asilo sagrado señalando penas á los infractores.

Que en la nueva Legislación no se admitirá la Tortura.

Que en la misma se establezca por ley Constitucional la celebración del dia 12 de Diciembre en todos los Pueblos, dedicando á la Patrona de nuestra libertad Maria Santisima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensal.

Que las tropas extranjeras ó de otro Reyno no pisen nuestro Suelo, y si fuere en ayuda no estarán donde la Suprema Junta.

Que no hagan expediciones fuera de los limites del Reyno, especialmente ultramarinas, pero que no son de esta clase, propagar la fe á nuestros hermanos de tierra adentro.

Que se quite la infinidad de tributos pechos é imposiciones que más agovian, y se señale á cada individuo un cinco por ciento en sus ganancias, ú otra carga igual lixera, que no oprima tanto, como la Alcabala, el Estanco, el tributo y otros, pues con esta corta contribución, y la buena administración de los bienes confiscados al enemigo podrá llevarse el peso de la Guerra y honorarios de empleados.—Chilpancingo 14 de Septiembre de 1813.—José María Morelos.

Que igualmente se solemnice el dia 16 de Septiembre todos los años, como el dia Aniversario en que se levantó la voz de la independencia y nuestra Santa libertad comenzó, pues en ese dia fue en el que se abrieron los labios de la Nación para reclamar sus derechos y empuñó la espada para ser oida, recordando siempre el mérito del grande Héroe el Sr. D. Miguel Hidalgo y su Compañero D. Ignacio Allende. Respuestas en 21 de Nobiembre de 1813, y por tanto quedan abolidas estas, quedando siempre sujeto al parecer de S.A. Serenisima.

Es copia. Mexico 31 de Octubre de 1814.—Patricio Humana.

Bandera Morelos
Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu

Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, (27 de septiembre de 1783 - 19 de julio de 1824) político y militar mexicano cuyas campañas fueron decisivas para la independencia de México y América Central. Emperador de México con el nombre de Agustín I.

La revolución
Nació en Valladolid (hoy Morelia), ciudad ubicada en el actual estado de Michoacán. Hijo de José Joaquín de Iturbide y Arreguí, oriundo de la villa de Peralta, Navarra (España) y de María Josefa de Arámburu y Carrillo de Figueroa, quien también provenía de una noble familia de Navarra y Vizcaya. Ingresó al seminario pero pronto cambió su vocación religiosa por la carrera militar donde destaco: en 1797 ingresó al regimiento de su ciudad.

Siendo oficial del ejército español, se negó a colaborar en el alzamiento independentista de Miguel Hidalgo y Costilla y participó en la detención

de revolucionarios en Valladolid. Cuando las tropas de Hidalgo tomaron esa ciudad, en octubre de 1810, huyó a la Ciudad de México y participó en la batalla del Monte de las Cruces con el grado de capitán.

En 1811 fue destinado al sur del país, donde combatió contra las guerrillas independentistas de Albino García (a quien capturó en 1812) y de Ramón López Rayón, derrotándolo en el Puente de Salvatierra en 1813. Ese año recibió los despachos de coronel, y continuó combatiendo contra los independentistas como comandante general de la provincia de Guanajuato.

En 1813 y 1814 fue acusado por otros altos oficiales del ejército español de mantener la lucha para generar beneficios económicos para sí mismo, a través de operaciones fraudulentas. Al año siguiente, 1815, derrotó a José María Morelos, pero es vencido en Cóporo por Ignacio López Rayón.

Las denuncias acumuladas en su contra, sumadas a nuevas protestas de los comerciantes de Guanajuato, llevaron al Virrey Félix María Calleja del Rey a destituirlo en 1816, acusado de malversación de fondos y abuso de autoridad. Aunque fue absuelto por mediación del auditor de guerra real, se retiró a sus propiedades en Michoacán y al año siguiente se estableció en la Ciudad de México.

Iturbide, fué uno de los militares que combatió como Realista contra los Insurgentes, en particular Morelos, y que posteriormente se unió a Vicente Guerrero, quien era Gran Maestre del Rito de York. Consta en los registros, según lo expresado por Julian Gascón Mercado, que Agustin de Iturbide fué iniciado Masón del Rito de York en la Logia El Sol en 1817.

La independencia

El triunfo de la revolución liberal de Rafael de Riego en España en 1820 desencadenó en la Nueva España varios temores: por un lado, los sectores conservadores deseaban evitar la aplicación de las medidas radicales que estaban impulsando los diputados en las Cortes de Madrid; por el otro, los liberales novohispanos quisieron aprovechar el restablecimiento de la constitución liberal española de 1812 para obtener la autonomía del virreinato.

Los primeros, en sus reuniones de la iglesia de la Profesa (llamada por algunos historiadores "Conspiración de la Profesa"), estaban encabezados por el canónigo Matías de Monteagudo y convencieron al Virrey Juan Ruiz de Apodaca para que designara a Iturbide comandante general del sur.

Mientras tanto, los liberales planeaban que el compadre de Iturbide Juan Gómez de Navarrete, recién electo diputado a las Cortes, promoviera un Plan de Independencia en Madrid, que consistía en llamar a uno de los miembros de la familia real a México para gobernarlo.

Al mismo tiempo que esto ocurriera, Iturbide debía marchar al sur con sus tropas, supuestamente para combatir al general Vicente Guerrero, uno de los pocos dirigentes independentistas que quedaban, pero también para convencerlo de unirse a un nuevo plan que conciliaba tanto los intereses y posiciones de los liberales como de los conservadores.

Durante esta campaña se producirán los últimos combates entre realistas e insurgentes en México: Pedro Ascencio, segundo de Guerrero, destroza a la retaguardia de Iturbide cerca de Tlatlaya el 28 de diciembre de 1820; cinco días más tarde el propio Guerrero vence a una columna subalterna mandada por Carlos Moya cerca de Chilpacingo; y el 21 de enero de 1821 se produce una nueva escaramuza en un sitio denominado Espinazo del Diablo. Este último enfrentamiento, de escasa importancia militar, tiene significación histórica por tratarse del último combate entre independentistas y realistas.

Finalmente, Iturbide logra convencer a Guerrero y llega a un acuerdo con él el 24 de febrero de 1821 en la población de Iguala. Como consecuencia de ello, se proclama el Plan de Iguala o de las Tres Garantías, un programa político cercano tanto a los tradicionalistas católicos como a los liberales, que declara la independencia, un régimen monárquico constitucional (cuyo trono es ofrecido a Fernando VII de España o a alguno de sus hermanos), y la exclusividad de la religión católica "sin tolerancia de otra alguna".

Para sostener el plan, se conforma el llamado Ejército Trigarante que reúne las tropas de Iturbide y de los insurgentes y al que se irían uniendo poco a poco la mayoría de las demás guarniciones realistas del país.

El 24 de agosto de 1821 Iturbide firma los Tratados de Córdoba con Juan O'Donojú, Teniente General de los Ejércitos de España, que había sucedido al virrey Apodaca como máxima autoridad española en México. El 27 de septiembre el Ejército Trigarante entró en la ciudad de México.

Al día siguiente, una Junta de 38 miembros, presidida por el propio Iturbide, proclama el Acta de Independencia del Imperio Mexicano y constituye una Regencia de cinco miembros, también presidida por Iturbide y de la que formaba parte O'Donojú. La Junta Provisional Gubernativa nombra también a Iturbide Generalísimo con un sueldo de 120,000 pesos anuales, un millón de capital, 20 leguas cuadradas de terreno en Texas y el tratamiento de Alteza Serenísima.

El imperio

El 21 de julio del 1822 fue coronado con el nombre de Agustín I,25 de febrero de 1822 comienza su actividad el Congreso Constituyente, que pronto entrará en roces con la Regencia: el Congreso se proclama único representante de la soberanía de la nación, prohíbe los gastos no autorizados por él, y elimina los empréstitos forzosos.

Pero el 18 de mayo se produce un motín del regimiento de Celaya exigiendo que Iturbide sea elegido emperador; otras unidades de la guarnición de la capital se unen a la sublevación. Bajo esta presión, a la mañana del día siguiente el Congreso proclamó emperador a Iturbide, que fue coronado el con el nombre de Agustín I.

Unos pocos republicanos continuarán su oposición, y algunas guarniciones españolas aún resisten. Una conspiración contra el gobierno fue descubierta en agosto de 1822 y el 26 de ese mes Iturbide apresa y encarcela a varios diputados implicados. La oposición del Congreso y su incapacidad para constituir a la nación proporcionan a Iturbide argumentos para disolverlo el 31 de octubre.

En su lugar y con apoyo de algunos diputados, como Lorenzo de Zavala se crea una Junta Instituyente encargada de redactar una Constitución. En diciembre el general Antonio López de Santa Anna (quien, además de ambicioso, se hallaba en complicidad con los republicanos) se alza en armas contra el Emperador y en favor de la institución de una república. El 6 de diciembre Santa Anna y Guadalupe Victoria proclaman el Plan de Veracruz, exigiendo la reinstalación del Congreso y el 24 de enero de 1823 Vicente Guerrero y Nicolás Bravo se pronuncian a favor.

Mientras tanto, Itrubide envió al general Echávarri contra Santa Anna; pero Echávarri no consigue reducir a los republicanos, de modo que, antes de ser destituido por el emperador, proclama el Plan de Casamata el 1 de febrero, con el que pretendía mantener al emperador en el trono y convocar un nuevo congreso, sin embargo, las presiones que recibe Iturbide por parte de sus opositores políticos en la ciudad de México lo hacer reunir al mismo congreso que había disuelto antes y abdicar ante él, el 19 de marzo de 1823.

Los últimos meses de su vida

El 22 de marzo Iturbide abandona la capital escoltado por Nicolás Bravo y el 11 de mayo se embarca rumbo a Europa. Permaneció un tiempo en Livorno, Italia, para trasladarse luego a Londres. Desde su exilio, se mantuvo en comunicación con algunos de sus partidarios en México, en especial con algunos políticos de Guadalajara y con militares de Chalco, quienes conspiraron para derrocar al gobierno republicano de la ciudad de México y traer de regreso al país al depuesto emperador.

El 13 de febrero de 1824 Iturbide envió una carta al Congreso mexicano, anunciando su intención de regresar al país, pero éste, temeroso de los movimientos a favor del imperio, lo declaró traidor, así como a quienes protegiesen su regreso a la república. No obstante ello, el 4 de mayo Iturbide embarcó en Londres para arribar el 14 de julio al pequeño puerto de Soto la Marina (Tamaulipas).

Allí desembarcó al día siguiente, y fue hecho prisionero y conducido al poblado de Padilla, donde el día 19 fue fusilado.
Sus restos fueron enterrados en Padilla, hasta que en 1838, bajo la presidencia de Anastasio Bustamante, el Congreso ordenó su traslado a la ciudad de México y su inhumación con honores en la Capilla de San Felipe en la Catedral.

La familia nuevamente huyó al extranjero, donde vivió cuatro décadas casi en el anonimato, ya que sin Agustín de Iturbide tenía poco de interesante para las antiguas familias aristocráticas de Europa. El Emperador Maximiliano I de México, los buscó para obtener de ellos un hijo adoptivo, pensando que los Iturbide eran respetados como mexicanos, pues él y la emperatriz Carlota no podían tener hijos.

El pequeño elegido fue Agustín de Iturbide y Green (llamado por algunos monarquistas como Agustín III, emperador titular de México), hijo de Ángel de Iturbide, primero en la línea sucesoria de Agustín de Iturbide, quien cedió sus supuestos derechos dinásticos a su pequeño hijo, tras haberlos obtenido como producto de la muerte sin descendencia legítima del primogénito de Iturbide, Agustin Jerónimo (también llamado Agustín II), quien murió en Filadelfia el 11/12/1866. Asimismo también fue adoptado Salvador de Iturbide, hijo de Salvador de Iturbide-Huarte, octavo hijo de Agustin I.

Nuevamente sofocada la intención monárquica del país (la adopción resultó fatal, ya que los Iturbide no eran populares, debido a sus vicios por el juego y la bebida), los hijos adoptivos de Maximiliano, permanecieron fuera de México, a excepción de Agustín, quien regresó al país, donde fue encarcelado en 1890, por más de un año, y al salir, exiliado y confiscadas sus extensas propiedades. No así Salvador, quien estudiaba en París y luego cambio de residencia a Viena, a manera de rechazo hacia Napoleón III. En Viena vivía la familia de Maximiliano: la Habsburgo-Lorena.

Ahí, Salvador consiguió que el Emperador de Austria-Hungría le diese una pensión, en calidad de hijo adoptivo y legítimo de Maximiliano I, y poco después contrajo matrimonio con la baronesa Húngara Gizella Mikos. Tras ser vendido el castillo donde vivía, el cual rentaba, se fue a residir a Venecia. Muriendo en 1895, su viuda, contrajo segundas nupcias con el Conde Jenison-Walworth.

Tras la muerte de Salvador, su hija María Josefa de Iturbide-Mikos asumió la jefatura de la casa Iturbide desde 1925 hasta 1949, año en que mueren ella y su segundo esposo, Charles de Garriere, en un campo de concentración rumano. Entonces quedó como actual pretendiente al trono mexicano y sedicente jefe de la casa imperial, Maximiliano von Götzen-Iturbide.

Descendientes

Su viuda, Ana María Huarte-Muñiz y Carrillo de Figueroa, nieta del Marqués de Altamira, falleció en los Estados Unidos, donde varios de sus hijos contrajeron matrimonio. El hijo mayor, Agustín Jerónimo, murió soltero en 1866. El hermano de este, Ángel de Iturbide, que casó con la estadounidense Alicia Green, murió en la ciudad de México el 18 de julio de 1872.

Su hijo único, Agustín de Iturbide y Green, nacido en Washington, DC en 1863, fue adoptado por Maximiliano I como heredero del trono, y como ya adulto empezó a adquirir popularidad, fue expulsado de México por Porfirio Díaz.

Murió en los Estados Unidos en 1925, sin haber tenido descendencia de su matrimonio con Luisa Kearney. Otro nieto, Salvador de Iturbide y Marzán (m. 1895), recibió también el título de Príncipe durante el reinado de Maximiliano I; contrajo nupcias con una aristócrata austro-húngara.

Bandera de las Tres Garantías o Bandera Trigarante

Ejército trigarante o de las Tres Garantías.
Nombre que recibió el ejército unido de las tropas españolas de Agustín de Iturbide y las insurgentes mexicanas de Vicente Guerrero, previamente enemigos, que se aliaron para lograr la Independencia de México.

El decreto para la creación de este ejército aparecía en el Plan de Iguala, y era llamado Trigarante, debido a las 3 garantías que defendía: Religión Católica como única tolerada en la nueva nación, Independencia de México hacia España, y Unión, entre los bandos de la guerra.

El ejército Trigarante, a partir de su creación el 24 de

febrero de 1821, continuó combatiendo contra las tropas realistas (españolas) que se rehusaban a aceptar la Independencia de México. Estas batallas continuaron hasta agosto de 1821 cuando Iturbide junto con Juan O'Donojú firmaron los Tratados de Córdoba.

El 29 de septiembre de 1821, el Ejército Trigarante, cuyo líder era Iturbide entra a la ciudad de México en diferentes rumbos, formando una columna al frente de la cual iba Agustín de Iturbide.

Para ese entonces, el Ejército Trigarante estaba formado por 7.616 infantes, 7.755 de caballería y 763 artilleros con 68 cañones.

Bandera de Iturbide

BANDERA DE ITURBIDE (1821)

Con las franjas horizontales, y el
águila coronada al centro,
ligeramente de perfil

Primer Imperio Mexicano
Luego de consumarse la independencia de México por medio del Plan de las Tres Garantías, la forma acordada de organización de la naciente nación es la monarquía, por lo que se funda el así llamado Primer Imperio Mexicano, a la cabeza del cual queda el General Agustín de Iturbide.

A este imperio se suman las también recién

independizadas repúblicas centroamericanas. Durante este período el territorio mexicano alcanza su mayor extensión: más de 5 millones de kilómetros cuadrados (actualmente 2 millones), llegando desde el istmo de Panamá al sur, hasta el Oregón, al norte. Este imperio dura de 1821 a 1823, disuelto por el Plan de Casamata.

Destacan que durante este período México tiene por primera - y presumiblemente única- vez en su historia un Ministro de Estado no nacido en el actual territorio mexicano: José Cecilio del Valle, nacido en Acacoyagua (hoy Honduras), al frente de la cancillería.

Proclamación del Primer Imperio Mexicano

El imperio conocido como el Primer Imperio Mexicano comenzó después de la Independencia de México en 1821. Durante los primeros años de la Guerra de Independencia que inició el 16 de septiembre de 1810, el ejército independentista republicano había logrado muy poco, ya que los criollos y los españoles, que era más del 80% de la población de 6 millones en ese entonces, eran leales a España.

El conflicto duró once años y distaba mucho de ser un movimiento homogéneo. Comenzó con fuertes tintes de guerra religiosa pues era encabezada por sacerdotes. Al poco tiempo adquirió matices republicanos y en un par de años fue sofocada casi en su totalidad por el ejército realista.

La lucha pasó a ser una guerra de guerrillas confinada a las montañas del sur hasta que un hábil ex coronel realista de nombre Agustín de Iturbide pactó alianzas con casi todas las facciones (incluyendo al gobierno virreinal) y consumó la independencia de una manera relativamente pacífica el 27 de septiembre de 1821, aunque España no la reconoció formalmente hasta el 28 de abril de 1836.
El ex virreinato español pasó a ser una efímera monarquía constitucional católica llamada Imperio Mexicano.

Agustín de Iturbide, un militar realista, proclamó en 1821 el Plan de Iguala, que establecía las famosas tres garantías: la independencia de México, la conservación de la iglesia católica, y la unión de todos los habitantes de la Nueva España, refiriéndose a los mexicanos y españoles (después históricamente aplicado a los pueblos indígenas).

El plan no cambiaba la situación social del país, sólo la política, dando más poder a los criollos y a los mexicanos, pero invitaban a un monarca europeo a tomar el trono del Imperio Mexicano. Ningún monarca lo haría, para evitar conflictos con España. Por eso, y respondiendo a una supuesta petición del pueblo y del recién creado parlamento, Agustín de Iturbide se proclamó Emperador de México a través del Plan de Iguala.

A este imperio se sumaron los también recién independizados estados centroamericanos (véase Centroamérica o Historia de Guatemala), por lo que geográficamente es en este período cuando el territorio mexicano alcanza su máxima extensión geográfica, desde el estado de Oregon al norte hasta el Istmo de Panamá en el sur. Sin embargo, el gobierno de Iturbide, pomposo y sin un plan económico,

no duraría ni un año, y el ejército republicano tomaría el poder, instaurando el sistema republicano federal en México en 1824, dando fin al Primer Imperio, y el inicio de los Estados Unidos Mexicanos.

José Mariano de Abasolo

José Mariano de Abasolo (1783-14 de abril de 1816 en Cádiz (España) nació en el pueblo de Dolores, en Guanajuato, cuna de la independencia de México. Servía como capitán en el regimiento de Dragones de la Reina, que guarnecía la villa de San Miguel, cuando la conspiración de Querétaro comenzó.

En esta conspiración se planeaba la insurrección para derrocar al gobierno virreinal e independizar a México.

Durante 1809, algunos mexicanos (entre ellos Abasolo) iniciaron otra conspiración en la ciudad de Valladolid (actualmente Morelia, en el estado de Michoacán), en la que participaban militares de alto rango, ente ellos José María García Obeso, José Mariano de Michelena, José María Abarca e Ignacio Allende, entre otros.

Esta conspiración continuó hasta diciembre del

mismo año, cuando fue descubierta por el gobierno del virreinal, el cual se dio a la tarea de aprehender a los principales colaboradores de estas reuniones, quedando los demás en libertad. Allende y Abasolo quedaron en libertad, por lo que siguieron conspirando, pero esta vez en Querétaro, en casa del corregidor Miguel Domínguez y de su esposa Josefa Ortiz de Domínguez.

Abasolo había sido invitado a estas conspiraciones por Ignacio Allende, quien tenía cierta influencia sobre él. A esta segunda conspiración, Allende invitó a otros dos militares: Juan Aldama y Joaquín Arias. Este último terminaría por traicionar a sus compañeros informando a las autoridades acerca de estas reuniones secretas.
Abasolo fue siempre leal a Allende y a los insurgentes.

Gozaba de buena posición económica, y ayudó principalmente con fondos a la causa insurgente, ya que no realizó grandes acciones militares en la lucha armada. Cuando, en la madrugada del 15 de septiembre de 1810, en el pueblo de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla inició la guerra de Independencia, correspondió a Abasolo, al mando de una pequeña tropa, apoderarse de las armas y municiones que se encontraban depositadas en un arsenal,para ser repartidas entre los insurrectos.

De la ciudad de San Miguel (a donde los insurgentes se dirigieron primero, y donde Abasolo distribuyó las armas tomadas del arsenal), se dirigieron a Celaya, ciudad que fue tomada sin la menor resistencia por parte de los españoles. Fue en esta ciudad donde Hidalgo recibió el nombramiento de capitán general del ejército insurgente,e Ignacio Allende el de teniente general.

Abasolo fue nombrado capitán, al igual que otros muchos dirigentes de la lucha. Poco después, la ciudad de Guanajuato fue asediada, y tomada tras una encarnizada lucha. La ciudad cayó en manos del ejército insurgente con la toma de la Alhóndiga de Granaditas, el 30 de septiembre de 1810.

El ejército insurgente siguió con rumbo a Querétaro, pero desviándose a Valladolid, donde entraron tras pequeñas escaramuzas con el ejército realista. Después de unos días, Hidalgo salió con rumbo a la ciudad de México, con el fin de tomarla. En esos momentos, el ejército insurgente constaba ya de 80,000 soldados.

En Acámbaro, Hidalgo hizo algunos nombramientos: él quedó como generalísimo, Allende como capitán general, Juan Aldama, Jiménez y Arias como tenientes generales; Ignacio Martínez, José Antonio Martítnez y Abasolo quedaron como mariscales de campo.

Abasolo tomó parte en los combates que Hidalgo dirigió en el Monte de las Cruces, Aculco y el Puente de Calderón. En este último enfrentamiento, Hidalgo fue derrotado por el ejército realista al mando del virrey Félix María Calleja. A causa de esta derrota, Hidalgo, escapó hacia el norte del país, para convocar más adeptos a la causa y solicitar ayuda de Estados Unidos.

Pero el 11 de marzo de 1811, en Acatita de Báján (en el estado de Coahuila), fueron aprehendidos todos los líderes insurgentes, entre ellos Abasolo. Hidalgo, Allende y otros más fueron sentenciados a muerte y fusilados, pero Abasolo no fue condenado, sino enviado a España en calidad de prisionero. Fue encarcelado en el castillo de Santa Catalina, en Cádiz. Allí permaneció hasta su muerte, ocurrida el 14 de abril de 1816.

La Virgen de Guadalupe

La Virgen de Guadalupe es un icono religioso en México. Es considerada la patrona de la Ciudad de México (1737), México (1895), América Latina (1945) y Emperatriz de América (2000).

Su origen se remonta a las documentadas apariciones hechas al indígena San Juan Diego Cuauhtlatoatzin en el año de 1531, sólo diez años después de la conquista de México-Tenochtitlán, nombrado posteriormente como Nueva España.

Las apariciones fueron aceptadas como milagrosas por la Iglesia católica, y posteriormente se dio aceptación al culto de la Virgen de Guadalupe, otorgándole varios títulos y distinciones. Tiene por declaración pontificia el título de Reina de México y Emperatriz de América.

El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe es el santuario cristiano más visitado del mundo después de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, con más de 14 millones de de visitantes todo el año en innumerables peregrinaciones de todas las partes del país. El nombre de Guadalupe es una deformación del nombre original en náhuatl con el que se sabe, fue hecho del conocimiento la aparición

de la virgen a Fray Juan de Zumárraga, " y para facilitar su pronunciación, volcaron el nombre indígena en aquel otro español de Guadalupe. La traducción del nombre en náhuatl tiene varias versiones tales como Tequantlanopeuh "la que tuvo origen en la cumbre de las peñas", Tlecuauhtlacupeuh o Cuahtlapcupeuh "la que viene volando de la luz como el águila de fuego".

Además, tiene otros títulos por los que también se la venera, por ejemplo, en 1951 fue declarada Patrona de los Estudiantes del Perú por el Papa Pío XII.

Nican Mopohua
El Nican Mopohua (en náhuatl, significa: 'Aquí se narra...') es el título de la narración en la que se cuentan las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Fue escrito por Antonio Valeriano, un indígena noble, pariente de Moctezuma Xocoytzin, noveno rey azteca, quien estudió en el Colegio de Santa Cruz de Santiago Tlatelolco, fundado por orden del primer virrey de la Nueva España: don Antonio de Mendoza.

De acuerdo con el Nican Mopohua, la Virgen de Guadalupe se apareció cuatro veces al indígena Juan Diego, en el cerro del TePeyac, y una vez al tio de éste, Juan Bernardino, en su lecho de enfermo, para finalmente estampar su imagen en la tilma del propio Juan Diego, ante el asombrado primer obispo de la ciudad de México ,fray Juan de Zumárraga. La obra está escrita en fina prosa poética (tecpiltlahtolli: lengua noble ) y han habido diversas traducciones, siendo las más difundidas las de:

Guillermo Ortiz de Montellano (1989)
Mario Rojas Sánchez (1978)
Primo Feliciano Velázquez (1926)
Luis Becerra Tanco (1666)***
Angel María Garibay K. (1978)

Manifestaciones

A Juan Diego y Juan Bernardino:

Según la historia narrada en el Nican Mopohua, la Virgen María se manifestó a Juan Diego, quien era originario de Cuautitlán (que pertenecía al señorío de Texcoco), y a su tío Juan Bernardino, ambos convertidos al cristianismo años atrás a raíz de la conquista española.

La historia dice que la Virgen le reveló el nombre "Guadalupe" a Bernardino cuando éste se encontraba enfermo de gravedad, aunque los entendidos en el tema dicen que es imposible que la Virgen se haya nombrado a sí misma Guadalupe ante el anciano, ya que Juan Bernardino no entendía la lengua castellana traída por los españoles al Nuevo Mundo, por tanto el diálogo tuvo que haberse desarrollado en la lengua nativa, que era el náhuatl (lengua viva hablada por más de 2.5 millones de personas), en el que no existen las consonantes G y D.

Lo que probablemente dijo es que era la Virgen de Tequatlasupe, y debido a que para los españoles era muy difícil de pronunciar su nombre, la llamaron "La Virgen de Guadalupe" (relacionándola con la Virgen de Guadalupe de Extremadura). El obispo de México probablemente tuviera interés en que el nombre de la virgen fuera el de Guadalupe, para así contar con la simpatía de Hernán Cortés (que era devoto de la Virgen de Guadalupe de Extremadura, España).

Por otro lado, Tequatlasupe significa la que aplasta la cabeza de la serpiente; en esa época en México se adoraba a Quetzalcóatl, el dios serpiente, y la Virgen llegó a sustituir su culto por el de la Iglesia Católica.
Cabe mencionar que el culto a la Virgen de Guadalupe es un sincretismo con la Diosa mexica Tonantzin (que significa Nuestra Madrecita), la diosa de la muerte; la cual era venerada en el cerro del Tepeyac por los Mexicas.

A Fray Juan de Zumárraga

La narración dice que el principal testigo de las apariciones de la Virgen de Guadalupe fue fray Juan de Zumárraga, primer obispo de la Ciudad de México.
Se dice que la Virgen María, en su advocación de Virgen de Guadalupe, se apareció en varias ocasiones ante el converso mexica Juan Diego Cuauhtlatoatzin el 9 de diciembre de 1531 en el cerro del Tepeyac y le pidió que fuera en busca del obispo y le dijera que ella solicitaba la erección de un templo en ese lugar.

Cuenta la historia que el indio fue en busca de Fray Juan de Zumárraga para contarle de la solicitud de la virgen, pero Fray Juan no creyó en las apariciones.
El obispo Zumárraga le pidió una prueba de las apariciones de la Virgen y, en respuesta a la petición del obispo, ésta pidió al indio que cortara tantas rosas de castilla como pudiera de la cumbre del cerro y se las llevara al obispo; él hizo así y guardó las rosas dentro de su tilma o ayate (tipo de toga abierta por los lados).

Al estar Juan Diego frente a Zumárraga abrió el ayate y se mostró impresa la imagen de la virgen.

Después de la fecha de las apariciones, fray Juan de Zumárraga vivió muchos años, escribió muchas cartas, notas y hasta un catecismo llamado Regla Cristiana. Jamás mencionó fray Juan haber sido testigo de aparición alguna, por lo contrario dentro del catecismo que escribió muchos años después de las apariciones se pregunta lo siguiente: "¿Por qué ya no ocurren milagros? y responde él mismo: "Porque piensa el Redentor del mundo que ya no son menester".

Los Mensajes

Las Manos

En la tilma de la imagen de la Virgen de Guadalupe, sus manos están juntas en señal del recogimiento de la Virgen en profunda oración. Su mano izquierda es morena y llena, mientras que la derecha es más blanca y estilizada, pudiendo simbolizar la unión de dos razas distintas, la nativa americana y los europeos.

El Vientre
Su imagen lleva el cabello suelto, lo que entre los aztecas era señal de una mujer glorificada que llevaba un hijo en el vientre. Está embarazada, pues su gravidez se confirma por la forma aumentada de su abdomen, donde destaca una mayor prominencia vertical que transversal, correspondiendo a un embarazo casi en su última etapa. El cinto oscuro que lleva en sus manos marca también el embarazo de la Virgen.

Se ubica arriba del vientre y cae en dos extremos trapezoidales, que en el mundo náhuatl representaban el fin de un ciclo y el nacimiento de una nueva era. En la imagen simboliza que con Jesucristo se inicia una nueva era tanto para el viejo como para el nuevo mundo, el cual está representado por una flor de cuatro pétalos llamada Nahui Ollin.

El Aura

La Virgen está rodeada de rayos de luz que le forman un halo dorado, o aura. El mensaje trasmitido es que ella es la Madre de la Luz, del Sol, del Niño Sol, es decir del Dios grande y Verdadero, y ella lo hace descender hacia el “ombligo de la luna” (México en náhuatl) para que ahi nazca, alumbre y dé vida.

Las Estrellas del Manto

Se afirman que una posible prueba de la autenticidad de la tilma son las 46 estrellas en su manto, las cuales no están puestas al azar, sino que corresponden a la posición de las constelaciones en el cielo del solsticio de invierno de 1531 (año de las apariciones).

El Dr. Juan Homero Hernández Illescas, encuentra según su particular punto de vista, la correlación de las estrellas del manto con algunas de las diecisiete constelaciones principales, abriendo así un nuevo e interesante camino para la investigación científica, que afirme la verdad Guadalupana y su autenticidad como documento sobrenatural; en contra se cita el estudio de José Sol Rosales, exdirector del Centro Nacional de Registro y Conservación, del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Adicionalmente al testimonio de las estrellas está el testimonio de la historia, especialmente el descubrimiento de América con sus signos, y el rito diario del sol, concordando todo con la Sagrada Escritura desde Génesis hasta el Apocalipsis.

La Luna

La Guadalupana se encuentra de pie en medio de la luna. Las raíces de la palabra México en náhuatl son “Metz-xic-co” que significan “en el ombligo de la luna”, por lo que la Virgen está en el centro, o sea, en México. "Metztli" significa luna, "xic" viene de "xicco" omblico, y finalmente el locativo "co". También es símbolo de fecundidad, nacimiento, y vida, pues marca los ciclos de la fertilidad femenina y terrestre. Tambien se cree que como todas las virgenes que estan sobre una luna la imagen es Apocaliptica.

El Ángel

Un ángel se sitúa a los pies de la Virgen, con ademán de haber acabado de volar. Las alas son similares a las de un águila, asimétricas y muy coloridas, con los tonos muy parecidos a los del pájaro mexicano tzinitzcan, que Juan Diego oyó cantar anunciándole la aparición de la Virgen de Guadalupe. Sus manos sostienen el extremo izquierdo de la túnica de la Virgen y el derecho del manto. Contrario a la visión occidental de los ángeles, blancos y rubios, éste es pelinegro y moreno.

La Virgen de Guadalupe en la historia de México

La Virgen María de Guadalupe ha tenido un lugar importante en la historia de México, desde un poco después de la Conquista de México, hasta nuestros días. La virgen de Guadalupe ha servido como inspiración, aliento, influencia y presencia en hombres y mujeres, y en las obras claves de la historia de México.

Independencia

El movimiento de independencia de México tuvo como primer estandarte la Virgen de Guadalupe. En su camino de Dolores a San Miguel el Grande Miguel Hidalgo y Costilla se detuvo a orar en la iglesia de Atotonilco (Guanajuato) mientras sus seiscientos hombres esperaban en el atrio. Al salir enarboló la única imagen capaz de unir al pueblo para la empresa de la Independencia Nacional. La inscripción que se puso en las banderas de la revolución fue "Viva la religión. Viva nuestra madre santísima de Guadalupe.

Viva Fernando XVII. Viva la América y muera el mal gobierno"
El 11 de marzo de 1813, desde Ometepec (Guerrero), expide José María Morelos un decreto exaltando a la Guadalupana, "para que sea honrada y todo varón declare ser devoto de la Santa Imagen, soldado y defensor de la Patria" y dos años después pediría como última concesión ir a orar a la virgen antes de ser ejecutado en Ecatepec en 1815.

México Independiente

Manuel Félix Fernández acampaba a un lado del arroyo en la Sierra Mixteca. Uno de sus hombres se atrevió a bajar hasta el agua y fue abatido por los arcabuces enemigos. El bravo general arrojó su sable a la otra orilla y gritó: "Va mi espada en prenda, voy por ella". Toda la tropa lo siguió hasta la victoria y él, agradecido, cambió su nombre por Guadalupe Victoria en agradecimiento a la Virgen por la victoria concedida. Posteriormente sería el primer presidente de México.

Otro presidente, el general Vicente Guerrero, peregrinó a Guadalupe para depositar personalmente a los pies de la Virgen las banderas y trofeos ganados a Barradas.
Ignacio Manuel Altamirano en su libro: Pasajes y leyendas y costumbres de México, cuenta del presidente, general Juan Álvarez, antiguo insurgente, que "...hizo su peregrinación oficial a la Villa de Guadalupe", y repite la misma frase hablando del general Ignacio Comonfort, también presidente de México.

El licenciado Benito Juárez, presidente de la República, expide inteligentemente un decreto el 11 de agosto de 1859 por el que se declara día festivo el 12 de diciembre, y Sebastián Lerdo de Tejada, Ministro de Justicia, Relaciones y Gobernación, comenta este hecho llamando "intocable" a la fecha guadalupana. Ambos sucesos se citaron con fines sociopolíticos.

Valentín Gómez Farías encabeza una moción para "entronizar en el Congreso Nacional a Nuestra Santísima Madre de Guadalupe"

Siglo XX

Del Gral.Plutarco Elías Calles (presidente de la República y fundador del Banco de México), asevera el licenciado Manuel Garibi Tortoler,o que los comisionados para ejecutar la orden de expulsarlo del país lo sorprendieron durmiendo y encontraron en la mesa de noche, junto a su lecho, una imagen de la Virgen de Guadalupe y una lámpara encendida ante ella.

El entonces presidente de México Adolfo López Mateos (1958-1964) fue cuestionado en una gira por Venezuela por una periodista quien le preguntó si la imagen de la Virgen de Guadalupe iba a formar parte del intercambio cultural México-Venezuela y la respuesta del presidente mexicano fue: "La imagen de la Virgen de Guadalupe no está sujeta a intercambio alguno, la imagen pertenece al pueblo creyente de México"; en rueda de prensa en Río de Janeiro, afirmó: "La imagen de la Virgen de Guadalupe no es considerada una obra pictórica porque las manos que la pintaron no son de este mundo..., es sin duda la más valiosa reliquia del género religioso que existe en México".

Ejemplo de Sincretismo Religioso

En México pueden resultar irrelevantes las discusiones sobre la existencia o no existencia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe y si existió o no San Juan Diego, el Abad de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenburg declaró a la revista italiana Ixtus en 1995 lo siguiente cuando le preguntaron si había existido Juan Diego.

Schulenburg: Es un símbolo, no una realidad.

Ixtus: ¿Entonces cómo encaja la beatificación que de él hizo el Papa?

Schulenburg: Esa beatificación es un reconocimiento de culto, no es un reconocimiento de la existencia física y real del personaje, por lo mismo, no es propiamente una beatificación.

Semanas después de esta serie de declaraciones el Abad Guillermo Schulenburg renunció a este cargo habiendo ejercido el cargo de Abad de la Basílica de Guadalupe por más de treinta años. En el año 2002 el Papa Juan Pablo II canonizó a San Juan Diego.

La fiesta de la Virgen se celebra el 12 de diciembre, ese día las iglesias en todo lo ancho y largo del país se colman de fieles la noche del día anterior para celebrar una fiesta a la que llaman las mañanitas a la Guadalupana o serenata a la Virgen. El Santuario de Guadalupe, ubicado en el cerro del Tepeyac en la ciudad de México, es visitado ese día por más de 5 millones de personas.

Se tiene por costumbre que tales peregrinaciones no sólo incluyan fieles y organizadores, sino danzantes llamados matachines, quienes liderean las procesiones hasta llegar a la basílica.

La Virgen de Guadalupe suele ser llamada la Reina de México, y muchos están de acuerdo en que es una reina que jamás invadió país alguno, nunca encarceló, robó, despilfarró y en lo general jamás perjudicó a nadie, por lo contrario su imagen siempre ha ido al frente de todos los movimientos sociales del país.
En México algunas personas usan el dicho "en México hasta los ateos son Guadalupanos",

El gran templo en que se venera esta imagen ha sido declarado Basílica y Santuario Nacional por la Santa Sede, siendo este recinto uno de los primeros Santuarios marianos de América.

Félix María Calleja

Félix María Calleja del Rey Bruder Losada Campaño y Montero de Espinosa (Medina del Campo, 1 de noviembre de 1753 - Valencia, 24 de julio de 1828), fue un destacado militar y político español, I conde de Calderón y cuadragésimo séptimo virrey de la Nueva España, desde el 4 de marzo de 1813 hasta el 20 de septiembre de 1816, durante la sublevación secesionista de la Nueva España.

Se distinguió por sus métodos expeditivos contra la insurgencia, a la que prácticamente desarticuló, tanto antes de ocupar el cargo de Virrey, como al frénte de éste.

Vida temprana

Ingresó a temprana edad en el servicio de las armas, distinguiéndose por su inteligencia y especializándose en cartografía militar. Participó en la fracasada expedición a Argel de 1775. Siendo teniente, intervino en la reconquista del puerto menorquín de Mahón en 1782 y, ese mismo año, en el mes de septiembre, se encontraba entre las tropas que sitiaron infructuosamente Gibraltar.

Capitán y director del Colegio Militar de El Puerto de Santa María desde 1784 hasta 1788, Félix María Calleja del Rey llegó a México en 1789, acompañando al II conde de Revillagigedo, cuando este tomó la posición de virrey. Hombre de gran seriedad y rigor, Calleja ostentó en un primer momento el cargo de capitán de infantería en el regimiento de Saboya, que cambió por el del regimiento de Puebla.

Promovido a comandante de la brigada de infantería de la Intendencia de San Luis Potosí. Bajo el gobierno del virrey Miguel José de Azanza, reprimió con severidad las rebeliones de este sector del virreinato. También luchó contra filibusteros anglo-americanos que acechaban los territorios tejanos. Bajo sus órdenes estaba el entonces comandante Ignacio Allende, que posteriormente se convertiría en uno de los héroes de la Independencia mexicana.

General contra los independentistas mexicanos

El ejército insurgente, después de la exitosa y relativamente breve campaña en 1810, a las órdenes del cura Hidalgo, decidió retirarse hacia Valladolid. Ante los increíbles y vandálicos excesos cometidos por los rebeldes de Hidalgo, el virrey Francisco Javier Venegas ordenó a Calleja, ahora brigadier de la división de caballería, marchar a la Ciudad de México en su auxilio.

En las planicies de San Jerónimo Aculco, se enfrentó por primera vez con los insurgentes, derrotándolos por completo. Las deserciones fueron cuantiosas y fueron capturados unos seiscientos rebeldes, así como armamento y otras pertenencias. Miguel Hidalgo, apresado, fue llevado a consejo de guerra, sentenciado y fusilado. Como recompensa por su victoria, el teniente general Félix María Calleja fue intitulado conde de Calderón.

Después de eso reconquistó Guanajuato y, a principios de 1811, Guadalajara.
Calleja derrotó decisivamente a los insurgentes en la batalla de Puente de Calderón, infringiendo terribles bajas a los rebeldes. El remanente de sus fuerzas viajó hacia el norte del país, donde los principales líderes serían capturados. Las 4.000 tropas de Calleja se convertirían en la base de leales a la Corona, peleando contra López Rayón y el cura Morelos.

Virrey de la Nueva España

Después de su fallido sitio de Cuautla, que Morelos logró romper después de casi dos meses, Calleja regresó a la ciudad de México, donde recibió, el 28 de enero de 1813, el cargo de virrey, en reemplazo de Venegas, cuyos esfuerzos contra los rebeldes habían sido inútiles. Sin embargo, no tomó el puesto hasta el 4 de marzo.

Con la actividad, energía y capacidad que lo caracterizaban, se puso manos a la obra para reorganizar el gobierno virreinal y la Hacienda pública. Confiscó las propiedades de la Inquisición, sido abolida en España por la constitución de Cádiz de 1812. Entre otras medidas, solicitó un préstamo de dos millones al sector comercial e hipotecó las alcabalas.

Con el dinero obtenido organizó un ejército poderoso y bien equipado, pagado y disciplinado, que llegó a los 39.000 hombres, además de 44.000 milicianos distribuidos entre la población civil. También restableció el libre comercio y reorganizó el servicio postal, interrumpidos ambos por el terror insurgente.

Mientras tanto, Morelos continuaba sus campañas por el sur del país, buscando al mismo tiempo una base política para su movimiento. En 1814 proclamaría una constitución en el Congreso de Apatzingán. Con la llegada del Deseado Fernando VII, se establecieron las reglas que habían tenido España y sus colonias hasta 1808, y se abolió la constitución de Cádiz.

El 22 de diciembre de 1815, con el fusilamiento de Morelos, la rebelión parecía llegar a su fin. Sin embargo, gracias a la resistencia de caudillos como Vicente Guerrero (único que se mantuvo en pie de guerra durante toda la insurgencia), la llama independentista no se apagó por completo.

Calleja fue un hombre brillante y resuelto, pero de escasos escrúpulos, que no se detuvo ante nada para acabar con los rebeldes. Permitió a sus comandantes numerosos abusos, siempre y cuando sirvieran con efectividad a la causa realista, y fue profundamente odiado por sus contemporáneos. Amigo y protector de Iturbide, Calleja y sus medidas brutales, hábilmente exageradas por los insurgentes, provocaron a la postre un rebrote rebelde.

La gente comenzó a ver en estos actos una muestra de la injusticia del gobierno realista. Algunos de los mismos realistas, temerosos de perder sus elevadas y lucrativas posiciones con tan enérgico virrey, lo acusaban de ser la causa principal por la que seguían en armas algunas partidas de insurgentes después de la muerte de Morelos.

Las quejas contra el gobierno de Calleja fueron escuchadas en Cádiz, por lo que fue relevado del gobierno virreinal el 20 de septiembre de 1816.

Regreso a España

A su regreso a España en 1818, se le concedieron las más altas distinciones militares, las grandes cruces de Isabel la Católica y San Hermenegildo. Fue asimismo nombrado capitán general de Andalucía y gobernador de Cádiz (1819), y el Rey le encargó, a iniciativa del marqués de Casa Irujo, la organización de un ejército para la reconquista de los territorios ultramarinos de España. Este ejército, al mando del conde de La Bisbal, sería el que se alzaría en Las Cabezas de San Juan (Sevilla) el 1 de enero de 1820.

Hecho prisionero por Rafael de Riego, permaneció encarcelado en Mallorca hasta la restauración absolutista de 1823, en que volvió al servicio como captián general de Valencia, cargo que ocuparía hasta el momento de su muerte, en 1828.

Ignacio López Rayón

Ignacio López Rayón (1773-1832) fue un destacado insurgente mexicano que encabezó el movimiento de independencia de su país a la muerte del cura Miguel Hidalgo.

Nació en Tlalpujahua, Michoacán, en 1773 y estudió derecho en el Colegio de San Idelfonso. Al estallar la Guerra de Independencia se unió a las fuerzas de Miguel Hidalgo y Costilla en Maravatío y encabezó la defensa de Zitácuaro.

A los pocos meses fue nombrado secretario particular de Hidalgo, Secretario de Estado y firmó la abolición de la esclavitud el 6 de diciembre de ese mismo año. Por esas fechas encomendó a Francisco Severo Maldonado la creación del primer periódico insurgente: El despertador americano.

A la muerte de Hidalgo regresó a Michoacán y en 1813 formó parte del Congreso Constituyente que encabezaba José María Morelos en Chilpancingo. Cuatro años más tarde caería preso y en esa

condición permanecería hasta 1820. Al culminar la guerra fue elegido para desempeñarse como tesorero en el gobierno de San Luis Potosí.
Murió el 2 de febrero de 1832, en la Ciudad de México.
Guadalupe Victoria

Guadalupe Victoria (Villa de Tamazula, Durango, 29 de septiembre de 1786 - Tenancingo, Estado de México, 21 de marzo de 1843) fue el seudónimo del primer Presidente de México, cuyo verdadero nombre era José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix.

Se cambió el nombre en honor a la patrona de México y los insurgentes, la Virgen de Guadalupe.

Primeros años y estudios

Nació el 29 de septiembre de 1786 en Tamazula, Durango, en el seno de una familia adinerada, formada por sus padres Don Manuel Fernández y Doña Alejandra Félix.

Estudió en el Seminario de Durango y luego en la Ciudad de México, en el Colegio de San Ildefonso.

Abandonó sus estudios para enrolarse en las filas insurgentes en 1811.

Carrera Militar

Combatió al lado de José María Morelos en el sitio de Cuautla. El 25 de noviembre de 1812, durante las acciones militares en Oaxaca mostró su heróico valor al enfrentarse con el ejército realista, lanzó su espada a través de un río diciendo "Va mi espada en prenda, voy por ella" se lanzó al ataque de los realistas, y sus tropas fueron tras él. Los insurgentes rápidamente derrotaron al ejército virreinal.

Esta acción valió para que lo pusieran al mando del ejército insurgente en Veracruz. El Congreso de Chilpancingo lo nombró General Brigadier en 1814 acompañó a Morelos a Veracruz y se quedó a operar en esta provincia después de la retirada del caudillo; al estallar la pugna entre Juan Nepomuceno Rossains y López Rayón, los líderes locales desconocieron al primero y le dieron su cargo a Victoria, quien obtuvo triunfos en Tolomé y Puente del Rey, donde estableció su cuartel una temporada.

En 1815 sufrió su primera gran derrota. Para 1816 cuando arribó a Nueva España el nuevo virrey, don Juan Ruiz de Apodaca, Guadalupe Victoria atacó el convoy que lo llevaba a la Ciudad de México e incluso, estuvo a punto de capturar a Apodaca. Controló la zona veracruzana hasta 1817, año en que fue derrotado en Palmilla por el español José Manuel de Armijo.

A partir de entonces su zona de operaciones se redujo a una angosta franja entre la costa al norte del puerto de Veracruz y las montañas cercanas a Huatusco, donde resistió acosos y persecuciones.

Se negó a indultarse y después tuvo que huir y esconderse en las selvas de Veracruz (donde se hizo epiléptico) hasta la promulgación del Plan de Iguala por Agustín de Iturbide en 1821, inició pulicando un relato sobre sus vicisitudes de sus últimos cuatro años, al final del cual exhortaba a la concordia de los distintos caudillos independentistas para pacificar el país.

Salió al encuentro de Iturbide en San Juan del Río para proponerle que el gobierno de la nueva nación estuviese encabezado por un antiguo insurgente que no se hubiese acogido al indulto, Iturbide escuchó impaciente a Victoria. Lo vio como un peligro para sus planes y no le concedió ningún puesto en el desfile triunfal en la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 ni mucho menos lo considero para algún puesto eventualmente.

Al consumarse la independencia y formarse el Imperio Mexicano encabezado por Iturbide, Victoria junto Miguel Barragán manifestaron sus ideas republicanas, por lo que la administración imperial los encarceló. Victoria escapó y volvió a las selvas, después susucribió el Plan de Casa Mata, en diciembre de 1822 y cedió el mando de las tropas veracruzanas a Antonio López de Santa Anna.

Al desmoronarse el Imperio contrató la fraga Rowlins para facilitar la salida de Iturbide el país. Luego se consagró a la formación de la República Federal, Victoria fue elegido miembro del Triunvirato de Gobierno con Nicolás Bravo y Pedro Celestino Negrete que funcionó del 31 de marzo de 1823 al 10 de octubre de 1824 aunque Victoria trabajó con ellos hasta julio de 1824 ya que estuvo al mando de las tropas veracruzanas que enfrentaban el bombardeo incesante de las tropas españolas atrincheradas en el Fuerte de San Juan de Ulúa.

En esa oportunidad negoció un armisticio para evacuar del puerto a los extranjeros. Fue diputado por Durango al Congreso Constituyente de 1824, mismo, que publicó la primera constitución formal del México Independiente y que seguidamente lo nombró presidente el 2 de octubre. El 10 de octubre de 1824 tomó posesión como primer Presidente de México, con Nicolás Bravo como vicepresidente.

Desde el inicio de su administración tuvo que enfrentar los graves problemas causados por la guerra de independencia, que había dejado al país en la ruina y con un enorme ejército y una burocracia heredadas del régimen colonial.

No obstante sus obras inmediatas fueron: centralizar la hacienda pública, facilitar las actividades de la Sociedad Lancasteriana dedicada a la educación, estableció relaciones diplomáticas con Inglaterra, Estados Unidos (Estados Unidos envió como representante diplomático a Joel Robert Poinsett, quien jugaría un importante papel en la política nacional), América Central y La Gran Colombia, a invitación de la cual envió un representante al Congreso Anfictiónico de Panamá (1826);

y ordenó constituir la marina de guerra que le permitió su mayor logro: la total independencia de México, cuando el 18 de noviembre de 1825, el general Miguel Barragán tomó el último bastión español, la fortaleza de San Juan de Ulúa en Veracruz. Así su gobierno volvió a decretar el fin de la esclavitud y luego delimitó la frontera con los Estados Unidos.

A lo interior sus acciones fueron eminentemente conciliadoras, intentó aplicar una política para atraer a los distintos bandos, para lo cual integró su primer gabinete con miembros prominentes de la diferentes facciones . No obstante los conflictos que había desde los tiempos de Iturbide salieron a la superficie. Afrontó la contradicción de la intolerancia religiosa ante la libertad de expresión y prensa consagrada en la Constitución a la que respetó escrupulosamente.

Se mantenía en constante alerta ante las pugnas entre las logias, la Logia Escocesa (aristocracia) de 1813 y la Logia Yorquina (de extracción popular y liberal) de 1825 que pretendían influir en su gobierno, unos procuraban ventajas para las inversiones inglesas y por conservar el orden jerárquico heredado de la colonia; los otros, para las estadounidenses y buscaban un régimen de oportunidades para todos;

por otro lado estaban los hispanistas que promovieron la rebelión de Joaquín Arenas, que fue sofocada y despertó una oleada de indignación contra los españoles acaudalados que la habían patrocinado (Victoria pretendía expulsar a los españoles,

pues había rumores de una posible invasión de reconquista española, y aun cuando Lucas Alamán que había sido su secretario de relaciones interiores y exteriores hasta 1825 trató de disuadirlo, Poinsett, el embajador norteamericano, lo incitó a decretar la expulsión de los peninsulares, acto realizado el 20 de diciembre de 1827, a lo que sucedió una intentona golpista por Manuel Montaño quien fue derrotado en Otumba.

Últimos años y muerte

En 1828 Manuel Gómez Pedraza intentó convertir la derrota electoral de la logia escoscesa en una victoria de presiones, uso indebido del poder, amenazas y soborno, consiguiendo que algunas legislaturas locales lo nombraran presidente a lo que la logia yorquina respondió con el Pronunciamiento de Perote y la insurrección popular conocida como Motín de la Acordada que obligó a Gómez Pedraza a renunciar a la secretaría de guerra y a sus aspiraciones presidenciales por lo que el Congreso nombró presidente a Vicente Guerrero a quien Victoria entregó el poder el 1 de abril de 1829 retirándose a la hacienda El Jobo en Veracruz.

En lo sucesivo, fue llamado ocasionalmente para misiones conciliatorias. Después de un largo padecimiento, murió de epilepsia el 21 de marzo de 1843 en Tenancingo, México. El 25 de agosto del mismo año el Congreso lo declaró Benemérito de la Patria su nombre está incrustado en letras doradas en el recinto de la hoy Cámara de Diputados.

Vicente Ramón Guerrero Saldaña

Vicente Ramón Guerrero Saldaña (*Tixtla, Guerrero, 10 de agosto de 1783 – †Cuilapám, Oaxaca, 14 de febrero de 1831). Fue un destacado insurgente mexicano que ocupó la presidencia de su país durante varios meses.

A la muerte de José María Morelos encabezó la resistencia contra el ejército realista español hasta trabar una alianza con Agustín de Iturbide.

Primeros años

Nacido en la ciudad de Tixtla, el 10 de agosto de 1782, en el seno de una pobre familia campesina. Sus padres fueron Juan Pedro Guerrero y María Guadalupe Saldaña.

Su pobreza y su condición de mulato en el régimen virreinal le cerró la oportunidad de estudiar y pasó sus primeros años ayudando a su padre en las tareas del campo.

Carrera militar

Tras estallar la Guerra de Independencia, en Técpan de Galeana fue testigo del arribo de las tropas de José María Morelos e Isidoro Montes de Oca ahí mismo fue convencido de unirse al movimiento, sin embargo, su padre era partidario del realismo español, lo que aprovechó el virrey Apodaca para enviarle y convencerle de que depusiera las armas y aceptara el indulto, Guerrero con un lacerante dolor de su corazón porque amaba profundamente a su padre repuso: La patria es primero, y siguió luchando.

Después de varias batallas alcanzó el grado de coronel. No fue hábil como militar, pero su tenacidad como guerrillero hizo mantener viva la lucha de independencia, la cual trasladó a las montañas de la provincia que conocía desde su niñez.

Despues de hacer sido seguido por el ejercito realista al mando de Agustín de Iturbide y este no poder derrotarlo decideron unirse, su encuentro fue llamado el abrazo de Acatecpam el 10 de febrero de 1821 y el 24 de febrero de 1821 se promulga el Plan de Iguala con el cual se unen los ejercitos (insurgente) y el (realista) formando así el ejercito de las tres garantias (Ejército Trigarante). Iturbide accedió al trono como emperador y Guerrero fue nombrado general del Ejército Imperial, recibiendo asimismo la Gran Cruz de la Orden de Guadalupe.

Tras la caída del Primer Imperio, Guerrero fue convencido por el Partido Popular y la masonería yorkina de lanzarse como candidato a presidente en sustitución de Guadalupe Victoria. Dado que las preferencias electorales favorecieron a los conservadores, Guerrero formó una alianza con Antonio López de Santa Anna y juntos protagonizaron un golpe de estado el 1 de abril de 1829 en contra del presidente electo Manuel Gómez Pedraza, un hecho condenado por gran parte de los liberales latinoamericanos incluyendo Simón Bolívar.

Últimos años y muerte

Guerrero pidió licencia como presidente el 4 de diciembre de 1829 para combatir la rebelión encabezada por el vicepresidente Anastasio Bustamante. Manipulado por sus aliados, pasó sus últimos años tratando de reconstruir el prestigio que su papel de libertador le había brindado en los comienzos de su carrera política.

Finalmente, el 15 de enero de 1831 fue invitado a almorzar al bergantín El Colombo propiedad del mercenario genovés Francisco Picaluga, donde fue aprehesado sorpresivamente, ya que el mercenario lo traicionó para cobrar una recompensa de 50.000 pesos.

De ahi lo llevaron al puerto de Huatulco, hoy parte del estado de Oaxaca al capitán Miguel González. Fue condenado a pena de muerte y fusilado el 14 de febrero de 1831 en Cuilapam. Sus restos descansan en la Columna de la Independencia de la Ciudad de México.

Su nieto Vicente Riva Palacio llegaría a ser una figura importante en México. Tanto militarmente como en política y en el mundo de las letras tanto de ficción como de historiografía.

Josefa Ortiz de Domínguez

Josefa Ortiz de Domínguez (8 de septiembre de 1768 – 2 de marzo de 1829) fue una de las participantes en la conspiración de Querétaro.Sus padres fueron Juan José Ortiz –capitán del regimiento de Los Morados– y Manuela Girón. Nació en Valladolid (hoy Morelia).

Su padre fue asesinado en su deber, cuando Josefa era apenas una niña. Su madre murió poco tiempo después. De esta suerte, la que sería Corregidora de Querétaro quedó a cargo de su hermana mayor, Maria Sotero Ortiz, quien apoyó a Josefa para ingresar al prestigiado Colegio de las Vizcaínas de la ciudad de México.

Se casó con Miguel Domínguez, visitante frecuente del colegio, en el año de 1791.

En 1802 Miguel Domínguez fue promovido por el virrey de Nueva España al cargo de Corregidor de la ciudad de Santiago de Querétaro. Durante ese tiempo, doña Josefa quedó a cargo de las tareas

domésticas y al cuidado de la educación de dos hijos suyos, habidos en un matrimonio anterior de su marido. La pareja llegó a tener una docena de hijos en épocas posteriores.

Doña Josefa se identificaba con el abuso sufrido por la comunidad de criollos por parte de los gachupines, tal como llamaban a los españoles nacidos en la península: ella misma era una criolla. Los criollos eran considerados como ciudadanos de segunda clase por el régimen colonial, en virtud de haber nacido en la Nueva España (una colonia) y no en la metrópoli.

Por ello, eran relegados a puestos de segundo nivel en la administración pública del virreinato. Este hecho creó un gran descontento con el paso de los años, y los criollos comenzaron a organizarse en grupos literarios donde se difundían las ideas de la Ilustración, prohibidas por la Iglesia Católica.

Doña Josefa se integró en una de estas sociedades, y convenció a su esposo tiempo después, de integrarse también a ella. En las tertulias queretanas se hallaban figuras de la talla de Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende y los hermanos Aldama.

Después de la planificación, los rebeldes estaban listos para levantarse en armas el primero de octubre de 1810. Sin embargo, el 13 de septiembre fueron descubiertos por un infiltrado, que informó a las autoridades del virreinato de las actividades del grupo literario de Querétaro.

El corregidor Miguel Domínguez fue obligado a conducir un cateo en las casas de la ciudad, con el propósito de capturar a los líderes insurgentes. Para protegerla, encerró a la corregidora en un cuarto bajo llave. No obstante lo anterior, Josefa Ortiz de Domínguez pudo advertir al cura de Dolores, Miguel Hidalgo, que la conspiración había sido descubierta.

Fue por ello que el párroco convocó al pueblo a levantarse en armas la madrugada del 15 de septiembre de 1810, con lo que dio inicio la guerra por la independencia de México.

A los 61 años de vida, el 2 de marzo de 1829 dejó de existir, víctima de una pleuresía, la animosa mujer que en su entusiasmo advirtió una Patria Mexicana feliz, independiente y libre.

La Batalla del Monte de las Cruces

La Batalla del Monte de las Cruces se dio en los inicios de la lucha por la Independencia de México.

Después de que Miguel Hidalgo comenzara el movimiento independentista en la Nueva España el 16 de septiembre de 1810, y de la victoria insurgente en la ciudad de Guanajuato, las huestes independentistas se dirigieron hacia la capital del virreinato (Ciudad de México).

Desarrollo

Las tropas realistas se organizaron al mando del Brigadier Torcuato Trujillo para la defensa de la

capital y decidieron enfrentar a los insurgentes en el Monte de las Cruces (actualmente en el Estado de México). El enfrentamiento tuvo lugar el 30 de octubre de 1810, cuando ambos contingentes se enfrentaron al pie del citado monte, cercano a la capital sobre el camino a Toluca.

Aunque en un principio el ejército realista, compuesto por soldados profesionales corrió con mejor suerte, el contingente insurgente pronto logró cambiar las cosas y al caer la tarde, la victoria era inminente, pero no decisiva.

Dicho resultado se debió a la superioridad numérica (8 a 1), y audacia insurgente, ya que sus armas eran en su mayoría rudimentarios (palos, piedras, hondas), y sólo una parte pequeña del contingente contaba con escopetas y armas de pólvora. Las tropas realistas se retiraron en completo orden a la capital.

Acontecimientos posteriores

La Batalla del Monte de las Cruces supuso una gran victoria para el ejército independentista, ya que dejaba a la Ciudad de México en sus manos.

No obstante, Miguel Hidalgo, optó por retirarse al Bajío, aparentemente temeroso de que al tomar la Ciudad de México, su ejército cometiera atrocidades como las cometidas en Guanajuato.

Dicha decisión le costaría una gran enemistad con Ignacio Allende y otros líderes insurgentes, y significaría también la pérdida de la única oportunidad que tendría el movimiento libertario para consolidarse rápidamente. Sólo hasta 11 años después sería que un ejército libertador (el de Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide) entrara victorioso a la Ciudad de México.

Batalla de Aculco

Calleja se enfrentó a los rebeldes los derrotó en una región llamada San Jerónimo de Aculco, en Querétaro. De los 80,000 hombres victoriosos del monte de las cruces, sólo quedaron unos 40,000.

Hidalgo se dirigió entonces a Valladolid Allende a Guanajuato, pero éste fue rechazado y obligado a huir hacia Guadalajara, donde pretendía unirse a aquel.

Entre las medidas decretadas por Hidalgo estaba la confiscación de los bienes que pertenecía a los españoles, el reconocimiento del uso de las tierras como derecho exclusivo de sus dueños.

Entre otras acciones políticas, invitó a los criollos a dejar el ejército español y unirse al insurgente. Fundó el periódico El Despertador Americano, para hacer llegar a la población las noticias sobre el nuevo gobierno y el alcance de la lucha independentista.

La Batalla del Puente de Calderón

La Batalla del Puente de Calderón es parte de la guerra de Independencia de México. La batalla fue trabada entre fuerzas insurgentes y fuerzas realistas, el 17 de enero de 1811 en Puente de Calderón, Jalisco.

El Puente se encuentra dentro del municipio de Zapotlanejo, a unos 60 kilómetros al este de Guadalajara, en México.

Participaban cerca de 100.000 insurgentes, comandados por Hidalgo, Ignacio Allende, Juan

Aldama y Mariano Abasolo. Las fuerzas realistas, que sumaban apenas 6.000 soldados, estaban dirigidas por Félix María Calleja, el conde de la Cadena y ex intendente de Puebla Manuel Flon y el brigadier José de la Cruz. Como auxiliar de Calleja peleaba el coronel Manuel Emparán.

La batalla recibió su nombre porque la posesión del puente fue el objetivo de los combatientes; y fue el último episodio bélico de la primera etapa de la Independencia de México. Los realistas eran 6.000, y los insurgentes 100.000, al mando del cura Miguel Hidalgo y Costilla.

Antecedentes

El grito de Dolores del 16 de septiembre de 1810 por el párroco de Dolores Hidalgo, Allende y otros líderes insurgentes, provocó el inicio de la primera etapa de la Guerra de Independencia. En un principio, no hubo resistencia militar, por lo que en Celaya, Hidalgo fue proclamado Capitán General de América.

El 28 de septiembre, en Guanajuato se libró la batalla de la Alhóndiga de Granaditas, en la que los realistas y todos los españoles y algunos criollos acaudalados se refugiaron en el edificio. Durante la acción militar, pereció el intendente Juan Antonio Riaño, y acto seguido, un minero llamado Juan José de los Reyes Martínez (El Pípila) incendió la puerta de la Alhóniga, permitiendo así que la tropa tomara el edificio lo saqueara y ejecutara a muchos españoles.

Los insurgentes marcharon a Valladolid, que se entregó sin resistencia el 17 de octubre. Prosiguieron el camino hacia la Ciudad de México, y acamparon en Toluca el 29 de octubre. Al día siguiente, las tropas realistas al mando de Torcuato Trujillo, esperaban a los insurgentes en el Monte de las Cruces. Los insurgentes derrotaron a los españoles en la Batalla del Monte de las Cruces.

El 1 de noviembre, Hidalgo comisionó a José Mariano Jiménez a entrevistarse con el virrey Francisco Javier Venegas de Saavedra, en busca de lograr un acuerdo para que la capital se rindiera. Venegas se negó, y estuvo a punto de fusilar a los emisarios.
Mientras tanto, el comandante militar de San Luis Potosí, Félix María Calleja, organizaba un ejército para combatir a los insurrectos. Tras salir de San Luis Potosí, entró a Dolores, y saqueó la casa del sacerdote Hidalgo.

Poco después entró en Querétaro. Las presiones de los líderes insurgentes sobre Hidalgo, en el sentido de avanzar cuanto antes sobre la capital no surtieron efecto. Hidalgo decidió replegarse al Bajío. A pesar de contar con cerca de 80 mil hombres, los insurgentes se retiraron al Bajio.

El 7 de noviembre Calleja se encontró con los insurgentes en Aculco. El ejército realista de inmediato comenzó la acción militar, en la que los insurgentes huyeron debido a que se enfrentaban por primera vez con un ejército sumamente organizado. Hidalgo y Allende se separaron desde entonces. Hidalgo marchó con una parte del ejército a Valladolid, donde se cometieron matanzas de españoles durante esa época.

El 26 de noviembre Hidalgo entró en Guadalajara, que había sido tomada el 11 de noviembre por José Antonio Torres "el amo", donde se repitieron las mismas matanzas que en Valladolid, hecho que se le imputaría a Hidalgo en su juicio meses más tarde.
Allende llegó a Guanajuato, donde las fuerzas de Calleja tenían puesto su objetivo.

El mismo día que Hidalgo llegó a Guadalajara, Calleja y Allende se enfrentaban en Guanajuato. Allende y sus hombres (entre los que estaban Aldama y Jiménez) perdieron la batalla. Allende ordenó a Abasolo el degüello de los presos en la Alhóndiga. Tras la derrota, los insurgentes se volvieron a reunir en Guadalajara, donde Hidalgo fue proclamado Alteza Serenísima.

La batalla

Tras una entrevista con Venegas, Calleja resolvió avanzar sobre Guadalajara y cortar de tajo la insurrección. Con ayuda del intendente poblano Flon, y de los militares De la Cruz y Emparán, con quienes planeó la campaña a Guanajuato, se decidió a marchar a Guadalajara.

Poco antes los insurgentes recibieron la noticia de que el coronel Mier fue derrotado por los realistas, y de que el cura de Ahualulco José María Mercado tomó el puerto de San Blas, en el actual estado de Nayarit.
Abasolo y Allende organizaron en Guadalajara al ejército disponible, que tenía 3.400 hombres entrenados y 1.200 fusiles útiles.

Se calcula que el resto eran unos cien mil hombres sin orden ni preparación, de los cuales 20 mil eran jinetes, todos mal armados. Abasolo y Allende confiaban en el apoyo que podrían obtener de su artillería, formada por 95 cañones. Para suplir la falta de armamento, en Guadalajara construyeron cohetes con puntas metálicas y granadas de mano para ser lanzadas con hondas.

Antes de la batalla, los jefes insurgentes discutieron sobre la estrategia. Hidalgo había decidido no presentar batalla dentro de la ciudad. Aceptando el parecer del cura, los insurgentes salieron de la ciudad entre el 14 al 16 de enero hasta el campo raso cercano al puente, donde acamparon la noche del 16 y entonan cantos religiosos. Según algunos autores, Hidalgo esperababa que al ver el número tan grande de insurgentes, Calleja desertara y se pasara al bando insurgente.

La mañana del 17, Hidalgo afirmó: "Hoy desayunaré en Puente de Calderón, comeré en Querétaro y cenaré en México". Después ordenó a Allende organizar al ejército de la siguiente manera; la artillería quedó bajo la dirección del General José Antonio Torres, la caballería fue encargada a Mariano Abasolo y las reservas las dirigió el propio Miguel Hidalgo; el General en jefe de la batalla fue Ignacio Allende.

La batalla comenzó y en principio los insurgentes iban triunfando. A pesar de las diferencias de armamento, los rebeldes mexicanos estuvieron a punto de derrotar a las fuerzas virreinales. Sin ambargo, los insurgentes se confundieron y desesperaron por la explosión de una granada española en las municiones mexicanas.

Aquella explosión destruyó gran parte de la artillería mexicana, lo que en primera instancia redujo las pocas municiones insurgentes, causó pánico entre los soldados y creó un incendio que les impidió toda buena visibilidad sobre el enemigo, misma que creó una ola de desesperación y terror entre los insurgentes, que se dieron a la fuga.

Los monárquicos españoles sacaron provecho de eso se dedicaron a perseguir al enemigo que huía abandonando hombres y pertrechos. La batalla terminó a las seis horas de haber comenzado. En el campo de batalla cayó Manuel Flon, conde de la Cadena, quien fue intendente de Puebla.

Consecuencias

Aquí el 17 de enero de 1811 la suerte fue adversa al Padre de la Patria, Don Miguel Hidalgo y Costilla y al Generalísimo Ignacio Allende. Inscripción en una de las barandillas del puente

Esta batalla marcó el final de la primera etapa de la guerra, caracterizada porque el lado insurgente luchaba con más pasión que estrategia. Las fuerzas insurgentes fueron devastadas y los eventos posteriores precipitarían la captura y condena de Hidalgo.
Los insurgentes huyeron hacia el norte, y en la hacienda del Pabellón, cerca de Zacatecas, Hidalgo fue despojado del mando militar en favor de Allende, aunque conservó el trato de Alteza Serenísima; pero en el resto del camino es tratado como prisionero.

En marzo recibieron la invitación del cacique texano Ignacio Elizondo, para reunirse con ellos en las Norias de Baján, Coahuila, para comprar armamento en los Estados Unidos de América. El 21 de marzo los insurgentes llegaron a Acatita de Baján. Primero llegó una carroza con Allende, Aldama, Jiménez e Indalecio, hijo de Allende. Elizondo los recibe, y acto seguido, los captura.

Tiempo después llegó el contingente de Abasolo, que es detenido por realistas. Al final llegó Hidalgo a caballo, Elizondo se encargó personalmente de recibirlo, y poco después es aprehendido.

Los prisioneros son llevados a Chihuahua, donde se les realizaron juicios sumarios. Allende, Aldama y Jiménez fueron fusilados el 26 de junio, Hidalgo el 30 de julio y Abasolo fue condenado a prisión perpetua en Cádiz, España, donde murió en 1816.
El Puente de Calderón fue declarado monumento histórico en 1932.

Conspiración de Querétaro

Se llama Conspiración de Querétaro a un movimiento clandestino nacido en la ciudad de Santiago de Querétaro en 1808.

Se toma generalmente como el antecedente inmediato de la Guerra de Independencia de México, dado que fue este grupo el que comenzó la lucha armada por la emancipación de la Nueva España con respecto a la Corona española.

La figura central y el principal instigador de la independencia de México fue Miguel Hidalgo y Costilla, el cura del pequeño pueblo de Dolores. En cuanto se ordenó como sacerdote, Hidalgo empezó a promover el levantamiento popular de indios y

mestizos en contra de los españoles ricos, los hacendados, y los aristócratas. Pronto comprendió la necesidad de diversificar las actividades industriales en Guanajuato, cuya economía tradicionalmente estaba centrada en la minería.

Al mismo tiempo, durante sus siete años en Dolores, Hidalgo promovió grupos de discusión en su casa, dónde les daba la bienvenida a indígenas, mestizos, criollos y peninsulares. Los temas de estas discusiones eran eventos contemporáneos, al los cuales Hidalgo incluía sus opiniones sociales y económicas. El movimiento de independencia nació entre estas discusiones informales y fue dirigido en contra de la dominación política y económica española sobre la Nueva España.

El grupo conspirador tenía pretendido alzarse en armas el 8 de diciembre de 1810, pero fueron descubiertos en septiembre de ese año. Además, pretendían convocar a una junta compuesta por "regidores, abogados, eclesiásticos, y demás clases, con algunos españoles rancios". Es decir, se trataba de un movimiento representativo de la clase media formada en la Nueva España sobre todo a partir de las reformas borbónicas implementadas por los reyes de Borbón en los dominios hispanos.

Los conspiradores se reunían en la Academia Literaria de Querétaro, a cargo del presbítero José María Sánchez. Entre los miembros de este grupo se encuentran:
Miguel Hidalgo y Costilla, ex rector del Colegio de San Nicolás de Valladolid, y cura de Dolores en 1810.

Juan Aldama, pequeño industrial y oficial del ejército novohispano.

Ignacio Allende, también oficial del ejército novohispano.

Miguel Domínguez, corregidor de la ciudad de Querétaro.

Josefa Ortiz de Domínguez, esposa del corregidor de Querétaro, conocida como La Corregidora.

Ignacio Aldama, militar del ejército novohispano, y hermano de Juan Aldama.

Juan O'Donojú

Juan O'Donojú y O'Ryan (Sevilla, 1762 - Ciudad de México, 8 de octubre de 1821), político y militar español, 49º y último virrey de la Nueva España (si bien no fue investido como tal).

Sus orígenes

De origen irlandés, se alistó muy joven en el ejército español en el que sirvió con buen historial, fue ascendido por méritos en campaña hasta alcanzar el grado de Teniente General.

Fue nombrado Ministro de Guerra por las Cortes de Cádiz por su desempeño en la guerra de independencia contra los franceses , al regreso de Fernando VII lo nombró su ayudante de campo.

Era liberal, así que cuando en 1820 se restableció la Constitución de 1812 se le ofreció la capitanía

general de Andalucía, puesto en el que demostró su gran capacidad para el ejercicio de los cargos militares.

En la Nueva España

En 1821 el gobierno español lo nombró capitán general de la Nueva España y aunque ya no con el nombramiento propiamente dicho de virrey, sí con todos los privilegios a que tenían estos gobernantes. Llegó a Veracruz el 3 de agosto de 1821, allí mismo prestó el juramento ceremonial y recibió honores de virrey. Inmediatamente quedó enterado de que casi toda la Nueva España estaba con Agustín de Iturbide.

Enterado que las Cortes habían resuelto conceder a las posesiones españolas de ultramar un cierto grado de autonomía, tal y como lo proclamaba el Plan de Iguala, aunque sin dejar de pertenecer a la Corona española, sobre todo en los aspectos político y administrativo.

Estando en Veracruz dio una proclama dirigida al pueblo de la Nueva España, en la que manifestaba sus principios liberales que había adquirido en las logias masónicas y en la efervescencia política de la península. Su llegada a Veracruz fue celebrada por todos los masones de México.

Dirigió una carta a Agustín de Iturbide por conducto del teniente coronel Manuel Gual y del capitan Pedro Pablo Vélez, invitándole a una conferencia en el lugar que aquél eligiera.

Aceptada la proposición por el general Iturbide, se designó a la ciudad de Córdoba para la reunión. Marchó O'Donojú en un coche, acompañado por el coronel Antonio López de Santa Anna, por el camino de Xalapa, y llegó el 23 a Córdoba. Al día siguiente se produjo la humillante entrevista con Iturbide, llegaron a un acuerdo y se firmaron los tratados que llevan el nombre de esa ciudad.

Fue aceptado con apenas algunas correcciones lo convenido en el Plan Iguala, habiendo la posibilidad, muy segura, de que ningún miembro de la Casa de Borbón aceptase la Corona de Nueva España y ésta recayera en el propio Agustín de Iturbide.
Los jefes españoles no aceptaron desde luego lo contenido en los Tratados de Córdoba, desconocieron la autoridad de O'Donojú y ocuparon militarmente las plazas de Ciudad de México y Veracruz, la fortaleza de San Carlos de Perote en Puebla y el castillo de San Diego en Acapulco.

Bloqueadas esas plazas se rindieron, menos la de Veracruz. El coronel Antonio López de Santa Anna, con la tropa a sus órdenes, atacó al brigadier Garíca Dávila que con su guarnición se estableció en el fuerte de San Juan de Ulúa en el Puerto de Veracruz, donde iba a durar cuatro años.

El general don Francisco Novella se encontraba prácticamente sitiado en la capital por el Ejército de las Tres Garantías al mando de los generales Vicente Guerrero y Nicolás Bravo, porque se negaba a reconocer como valederos los Tratados de Córdoba.
O'Donojú simplemente le exigía que lo reconociera como autoridad, argumentando que el general Novella no tenía cargo legal alguno puesto que se había hecho del gobierno destituyendo a Apodaca con una rebelión.

Se consuma la independencia de México

El 13 de septiembre se concertó una reunión en la hacienda de La Patera, cercana a la Villa de Guadalupe, entre Iturbide, O'Donojú y Novella; allí acordaron de inmediato una suspensión de hostilidades. El 15 de septiembre Novella reconoció a O'Donojú como virrey y Capitán General de la Nueva España y éste dispuso que las tropas españolas abandonaran la capital mexicana.

Cuando las tropas realistas partieron rumbo a Veracruz, el brigadier don José Joaquín de Herrera ocupó el Castillo de Chapultepec con la columna de granaderos y al día siguiente el general Vicente Filisola con 4.000 hombres, entró en la ciudad de México.
Las tropas estacionadas en diferentes rumbos hicieron su entrada en la capital mexicana formando una columna al frente de la cual iba Agustín de Iturbide. Era el jueves 27 de septiembre de 1821.

El Ejército Trigarante estaba formado por 7.616 infantes, 7.755 de caballería y 763 artilleros con 68 cañones.

Al día siguiente se instaló la Junta Provisional Gubernativa compuesta por 34 personas, la cual después de decretar el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, nombró una regencia compuesta por Agustín de Iturbide como presidente y Juan O'Donojú como primer regente, y Manuel de la Bárcena, José Isidro Yáñez y Manuel Velázquez de León como 2°, 3° y 4° regentes respectivamente, quedó así consumada la Independencia de México.

Su muerte

Juan O'Donojú, quien tenía 59 años, enfermó de un padecimiento pulmonar y murió el 8 de octubre de 1821, siendo sepultado con los honores de Virrey en la Catedral de México.

La consumación de la independencia

El 24 de febrero de 1821, con el respaldo de Guerrero, Iturbide firmó un documento en que invitaba a todos los habitantes de la Nueva España a olvidar sus divisiones y a unirse para alcanzar la independencia. A este documento se le llamó Plan de Iguala o de las Tres Garantías.

Al ejército de Iturbide se le unieron fuerzas rebeldes de todas partes de México.

El 24 de agosto de 1821, El Virrey Juan O'Donojú e Iturbide firmaron el Tratado de Córdoba, que reconoce a México como una nación independiente bajo los términos del Plan de Iguala. Iturbide incluyó

un artículo en el tratado que daba la posibilidad de que el congreso Mexicano podía escoger a un rey criollo si ningún miembro de la realeza europea aceptaba el trono de México. Este artículo permitió que Iturbide tomara el trono Mexicano poco después.

El virrey Juan O'Donojú convenció al General Novella a desalojar al Ejército Real entre el 13 y el 22 de Septiembre de 1821. El 27 de septiembre de 1821 entró Iturbide triunfante a la Ciudad de México al frente del Ejército de las Tres Garantías, todo el país celebró la consumación de la Independencia.

El primer acto de la Junta Provisional de Gobierno integrada por 34 personas incluido Juan O'Donojú, consistió en decretar el Acta de Independencia del Imperio Mexicano el 28 de Septiembre de 1821.

El 3 de Octubre de 1821, la Capitanía General de Guatemala (formada por Chiapas, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Honduras)declaró su independencia e incorporación al Imperio Mexicano.

El 18 de Mayo de 1822 un grupo de soldados salieron a las calles a gritar victores en favor de Agustin de Iturbide para que aceptara el trono de México. Al día siguiente el 19 de Mayo de 1822 el Congreso Soberano nombró a Iturbide Emperador por 77 votos a favor y 15 en contra. El 21 de Mayo de 1822 fue publicado el decreto que oficializaba la dominación. La coronación de Agustin I Primer Emperador Constitucional de México se llevó a cabo el 21 de Julio de 1822.

El naciente Imperio Mexicano abarcaba más de 5 millones de Km2, desde el actual Estado de California hasta el Istmo de Panamá.

Acta de Independencia del Imperio Mexicano

Un día después de la entrada del Ejército Trigarante a la ciudad de México, el 27 de septiembre de 1821, Agustín de Iturbide ordenó que la Suprema Junta Provisional Gubernativa sesionase temprano para elegir al Presidente de la Regencia del Imperio y por la tarde suscribiera el Acta de Independencia de la nueva nación. La presidencia de la Regencia recayó en su persona y por la tarde los vocales firmaron el siguiente documento:

"La nación mexicana que, por trescientos años ni ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido. Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados, y está consumada la empresa, eternamente memorable, que un genio superior a toda admiración y elogio, amor y gloria de su patria, principió en Iguala, prosiguió y llevó al cabo, arrollando obstáculos casi insuperables.

Restituida, pues, esta parte del Septentrión al ejercicio de cuantos derechos le concedió el Autor de la naturaleza, y reconocen por inenajenables y sagrados las naciones cultas de la tierra, en libertad de constituirse del modo que más convenga a su felicidad;

y con representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios; comienza a hacer uso de tan preciosos dones, y declara solemnemente, por medio de la Junta Suprema del Imperio, que es nación soberana, e independiente de la antigua España, con quién en lo sucesivo, no mantendrá otra unión que la de una amistad estrecha en los términos que prescriben los tratados;

que entablará relaciones amistosas con las demás potencias, ejecutando, respecto a ellas, cuantos actos pueden y están en posesión de ejecutar las otras naciones soberanas; que va a constituirse con arreglo a las bases que en el Plan de Iguala y Tratado de Córdoba estableció, sabiamente el primer jefe del Ejército Imperial de las Tres Garantías, y en fin que sostendrá, a todo trance, y con sacrificio de los haberes y vidas de sus individuos (si fuere necesario) esta solemne declaración, hecha en la capital del imperio a 28 de septiembre de 1821, primero de la independencia mexicana".

Miembros de la Suprema Junta Provisional Gubernativa

Antonio Joaquín Pérez Martínez, obispo de la Puebla de los Ángeles.

Juan de O'Donojú, teniente general de los ejércitos españoles, Gran Cruz de las Órdenes de Carlos III y San Hermenegildo.

José Mariano de Almanza, consejero de Estado.

Manuel de la Bárcena, arcediano de la Santa Iglesia Catedral de Valladolid y gobernador de aquel obispado.

Matías Monteagudo, rector de la Universidad Nacional, canónigo de la Santa Iglesia

Metropolitana de México y prepósito del Oratorio de San Felipe Neri.

José Isidro Yáñez, oidor de la Audiencia de México.

Juan Francisco Azcárate, abogado de la Audiencia de México y Síndico segundo del Ayuntamiento Constitucional.

Juan José Espinosa de los Monteros, abogado de la Audiencia de México y agente fiscal de lo civil.

José María Fagoaga, oidor honorario de la Audiencia de México.

Miguel Guridi y Alcocer, cura de la Santa Iglesia del Sagrario de México.

Francisco Severo Maldonado, cura de Mascota, en el Obispado de Guadalajara.

Miguel Cervantes y Velasco, Marqués de Salvatierra y Caballero Maestrante de Ronda.

Manuel de Heras Soto, Conde de Casa de Heras, teniente coronel retirado.

Juan Lobo, comerciante, regidor antiguo de la ciudad de Veracruz.

Francisco Manuel Sánchez de Tagle, regidor del Ayuntamiento y secretario de la

Academia de San Carlos.

Antonio Gama, abogado de la Audiencia y colegial mayor de Santa María de todos los Santos de México.

José Manuel Sartorio, bachiller clérigo presbítero del Arzobispado.

Manuel Velázquez de León, secretario que había sido del virreinato, intendente honorario de provincia, tesorero de bulas, nombrado en España director de Hacienda pública en México y consejero de Estado.

Manuel Montes Argüelles, hacendado de Orizaba.

Manuel Sotarriva, brigadier de los ejércitos nacionales, coronel del regimiento de infantería de la Corona y caballero de la Orden de San Hermenegildo.

José Mariano Sandaneta, Marqués de San Juan de Rayas, Caballero de la Orden Nacional de Carlos III y vocal de la Junta de censura de libertad de imprenta.

Ignacio García Illueca, abogado de la Audiencia de México, sargento mayor retirado y suplente de la diputación provincial.

José Domingo Rus, oidor de la Audiencia de Guadalajara, natural de Venezuela.

José María Bustamante, teniente coronel retirado.

José María Cervantes y Velasco, coronel retirado. Fue Conde de Santiago Calimaya, cuyo título cedió a su hijo don José Juan Cervantes, por ser incompatible con otros mayorazgos.

Juan María Cervantes y Padilla, coronel retirado, tío del anterior.

José Manuel Velázquez de la Cadena, capitán retirado, señor de Villa de Yecla (España) y regidor del Ayuntamiento de México.

Juan Horbegoso, coronel de los ejércitos nacionales.

Nicolás Campero, teniente coronel retirado.

Pedro José Romero de Terreros, Conde de Jala y Regla, Marqués de San Cristóbal y de

Villa Hermosa de Alfaro, gentil hombre de cámara con entrada y capitán de albarderos de la guardia del Virrey.

José María Echevers Valdivieso Vidal de Lorca, Marqués de San Miguel de Aguayo y Santa Olaya.

Manuel Martínez Mancilla, oidor de la Audiencia de México.

Juan B. Raz y Guzmán, abogado y agente fiscal de la Audiencia de México.

José María Jáuregui, abogado de la Audiencia de México.

Rafael Suárez Pereda, abogado de la Audiencia de México y juez de letras.

Anastasio Bustamante, coronel del Ejército de Dragones de San Luis.
Ignacio Icaza, que había sido jesuita.

Manuel Sánchez Enciso.

Miembros de la Regencia del Imperio

Agustín de Iturbide, Presidente.

Juan O'Donojú, Segundo regente.

Manuel de la Bárcena, Tercer regente.

José Isidro Yañez, Cuarto regente.

Manuel Velásquez de León, Quinto regente.

Leona Vicario

Leona Vicario Fernández de San Salvador nació en la ciudad de México, México, el 10 de abril de 1789, en el seno de una familia criolla acomodada. Quedó huérfana de ambos padres a la edad de dieciocho años, razón por la cual quedó al cuidado de su tío, que además fungía como albacea.

Por este tiempo conoció a Andrés Quintana Roo, pasante de derecho que trabajaba en el despacho de su tío. Ambos quedaron enamorados, y Andrés solicitó la mano de Leona, obteniendo la negativa de su tío, porque era pobre.

Esto motivó a Leona a huir de su casa para unirse a Quintana Roo en su participación en la insurgencia. Vicario se trasladó al pueblo de Tacuba, donde formó un grupo de mujeres que apoyaban la causa independiente.

Leona Vicario financiaba con su propia fortuna la insurgencia. Sirvió como correo de los insurgentes, a los que servía como espía en la ciudad de México --junto con otras personas de una organización secreta llamada Los Guadalupes-- hasta que fue puesta presa el 13 de enero de 1813 al ser descubierta su participación en las conjuras independentistas.

Fue condenada a recluirse en el convento de Belén de las Mochas, de la ciudad de México. Más tarde, tres insurgentes disfrazados de oficiales del ejército virreinal la ayudaron a escapar rumbo a Tlalpujahua, estado de México, donde finalmente contrajo matrimonio con Andrés Quintana Roo.

Aunque Leona Vicario, su esposo Quintana Roo y su recién nacida hija Genoveva fueron capturados por las tropas realistas en 1818, fueron luego puestos en libertad, al concedérseles el indulto y destierro a España.

Leona Vicario murió en la ciudad de México el 24 de agosto de 1842. Sus restos fueron trasladados a la Columna de la Independencia en 1925. Su nombre está inscrito con letras de oro en el Muro de Honor del Palacio Legislativo de San Lázaro, sede del Congreso de la Unión de México.

Bandera Porfirio Díaz
BANDERA PORFIRIO DÍAZ (1893)
El águila sigue de frente, con una
rama de laurel y otra de oliva, en semicírculo.
Bandera Republicana
BANDERA REPUBLICANA (1823)
Se le agregan las ramas de encina y laurel; símbolo de la república.
Bandera Venustiano Carranza
BANDERA VENUSTIANO CARRANZA
Aparece el águila de perfil, devorando una serpiente.
Bandera Actual Mexicana

La bandera de México es un rectángulo tricolor dividido en tres franjas iguales de verde, blanco y rojo.

Con el escudo nacional cargado al centro, en la franja blanca en el cual un águila real mexicana devora a una serpiente que mantiene sostenida con las garras, parada sobre un nopal en un islote.

Su proporción largo-ancho es de cuatro a siete (4:7).

Aunque el significado de los colores ha cambiado con el paso del tiempo, estos fueron adoptados por México durante la guerra de Independencia con

España. La bandera actual fue oficialmente adoptada en 1968, pero el diseño general ha sido usado desde 1821 cuando la Primera Bandera Nacional fue creada. Desde 1984 existe una ley que gobierna y regula el uso de la Bandera Nacional llamada "Ley Nacional de Símbolos Patrios".

La bandera ha cambiado en ocho ocasiones a través de su historia, pues el diseño del Escudo Nacional y las proporciones de largo y ancho han sido modificados. Aún así, el Escudo Nacional, ha mantenido las mismas características: un águila, devorando una serpiente sobre un cactus; éste situado en un peñasco que se sobresale del centro de un lago.

El Escudo Nacional de México está basado en la leyenda azteca que cuenta como su pueblo vagó por cientos de años en el territorio mexicano buscando la señal indicada por sus dioses para fundar la ciudad de Tenochtitlán (la actual Ciudad de México), donde vieran un águila devorando a una serpiente. La bandera actual, llamada la Cuarta Bandera Nacional, es también usada como símbolo naval por todos los barcos registrados en México.

Significado de los colores

Los colores de la bandera se originaron de los de la bandera del Ejército de las Tres Garantías, que duró desde 1821 hasta 1823. Originalmente el significado de los colores fueron los siguientes:

Verde: Independencia (de España).

Blanco: Religión (religión, fe católica romana).

Rojo: Unión (entre europeos y americanos).

El significado fue cambiado debido a la secularización del país, liderada por el entonces Presidente Benito Juárez . El nuevo significado de los colores fue:

Verde: Esperanza.

Blanco: Unidad.

Rojo: La sangre de los héroes.

Alfred Znamierowski, autor del libro The World Encyclopedia of Flags (Enciclopedia Mundial de Banderas), también da los siguientes significados para los colores :

Verde: Esperanza.

Blanco: Pureza.

Rojo: Religión.

Como el artículo 3 de la "Ley sobre el Escudo, la Bandera e Himno Nacionales", no da un simbolismo oficial de los colores, se les pueden dar otros significados.

Algunos grupos han usado los colores patrios como parte de sus símbolos o logos, tal es el caso del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que adoptó los colores nacionales en su logotipo; otro partido, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), tenía también los mismos colores, pero los cambió tras una controversia en los años noventa acerca de asuntos de imparcialidad, sin embargo el PRI no lo hizo.

Algunos estados, como Querétaro de Arteaga e Hidalgo, han incorporado tanto elementos de la bandera nacional como toda la bandera a su propio escudo.

El Monumento a la Independencia

El Monumento a la Independencia, también conocido popularmente como El Ángel, El Ángel de la Independencia, o bien la Columna de la Independencia, es un monumento histórico que se encuentra en la Ciudad de México sobre el cruce de Paseo de la Reforma y la calle de Florencia.

El Monumento a la Independencia de México fue propuesto por el Presidente de México Porfirio Díaz, para conmemorar el primer centenario de vida independiente del país.

Originalmente, se pensaba construirlo en el centro de la Plaza de la Constitución, y finalmente fue instalado en el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México. El concurso para el diseño se convocó en 1877.

La figura principal del monumento es la estatua del Ángel que en realidad no es un ángel sino, según algunos la representación de Niké, la diosa griega alada de la victoria, y según otros, no es esta diosa, sino simplemente la representación alegórica de la victoria alada.

Lleva en la mano una corona de laurel en actitud de

colocarla, regalo ofrecido a los vencedores, y en la otra una cadena con eslabones rotos representando la ruptura del dominio español. Es de bronce con recubrimiento de oro, mide 6.7 metros de altura y pesa 7 toneladas.

La primera piedra de este reconocido monumento, fue colocada el 2 de enero de 1902 por el Presidente de México:Porfirio Díaz. Se concluyó en 1910, y fue inaugurado el 16 de septiembre de ese mismo año para la conmemoración del centenario de la Independencia de México.

La dirección del proyecto estuvo a cargo del Arquitecto Antonio Rivas Mercado. El ingeniero Roberto Gayol fue el encargado de dirigir y realizar esta obra. Las esculturas fueron realizadas por el italiano Enrique Alciati.

Creada sobre una columna central, con un conjunto escultórico en la base con estatuas en los cuatro puntos cardinales, que representan en figuras femeninas a la Ley, la Paz, la Justicia y la Guerra. Estas esculturas, junto con el Ángel, fueron labradas en yeso en México, y vaciadas en bronce en Florencia, Italia; usando la técnica de la cera perdida.

En el segundo nivel, hay otro conjunto con las estatuas de mármol de Vicente Guerrero, José María Morelos, Francisco Javier Mina y Nicolás Bravo.
La difícil cimentación de esta obra que requirió del hincado de 5.000 pilotes de madera y algunos de concreto a fin de encontrar un estrato compacto de suelo granular hasta 25 metros de profundidad, estuvo a cargo de un grupo de técnicos mexicanos encabezados por los ingenieros Gonzalo Garita y Miguel Gorozpe.

De hecho la cimentación original estuvo formada por una plataforma de tres capas de viguetas de acero superpuestas y después recubiertas con concreto, la cual se terminó a fines de 1901.

La primera piedra de la construcción de esta obra se puso una vez terminada la cimentación el día 2 de enero de 1902, hace ya más de 100 años, y la ceremonia fue encabezada por Porfirio Díaz, quién colocó dentro de ella un cofre dorado con el acta y una serie de monedas de cuño corriente de la época.

La obra continuó por varios años terminándose la base, el zócalo y el pedestal para enero de 1906, sin embargo una vez iniciada la construcción de la columna en sí y cuando ya se habían colocado más de 2.400 piedras de cantera en total, el gran peso no fue soportado por la cimentación original y la columna empezó a perder la verticalidad por el hundimiento del cimiento.

Fue entonces cuando el grupo de ingenieros arriba mencionado decidió demoler todo lo construido hasta esa fecha y procedió a diseñar una nueva cimentación formada por un tupido entramado de pilotes de punta, que fueron hincados mediante un martinete de vapor que enterraba los pilotes de madera con un émbolo de una tonelada de peso.

Este artefacto producía el clásico golpeteo de aquella época y que persistió hasta los años 50 del siglo pasado y que consistía en el golpe seco del martinete seguido por la expulsión de vapor liberado. Este ruido persistente y monótono tenía que ser soportado día y noche por los vecinos de la zona.

El monumento terminado fue inaugurado por Porfirio Díaz el 16 de septiembre de 1910, con motivo del Centenario de la Independencia de México.

La excelente cimentación del Ángel, aunado al continuo hundimiento de la ciudad, han hecho que el monumento, que originalmente se encontraba a ras de suelo, ahora se encuentre por encima de la Ciudad. Para compensar esta diferencia, a lo largo de la historia del monumento, a su alrededor se han tenido que añadir 17 escalones, un promedio de un escalón cada cinco años y medio.

En el año 2006 se le realizaron trabajos de limpieza y remodelación.
Cabe recordar que en varias ocasiones ha sido remodelada, y más aún, cuando en 1957, un terremoto azotó a la Ciudad de México y el Angel cayó por completo de su columna.

Héroes sepultados en el monumento. En 1925 los restos de los héroes de la Independencia de México fueron sepultados en el subterráneo de la Columna, donde se encuentran hasta hoy. Los personajes sepultados son:

Miguel Hidalgo y Costilla, Padre de la Patria

Ignacio Allende

Juan Aldama

Mariano Jiménez

Mariano Matamoros

Vicente Guerrero

Francisco Javier Mina

Andrés Quintana Roo

Leona Vicario

Nicolás Bravo

Guadalupe Victoria

La única mujer sepultada en la Columna es Leona Vicario, debido a que la otra gran heroína de la independencia, Josefa Ortiz de Domínguez La Corregidora de Querétaro se encuentra sepultada en esta última ciudad.

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