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Hogar
de los Planetarios Portatiles
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Mas que un Planetario Movil |
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Cilindro
"Invasiones Inglesas al Rio de La Plata" para
Planetarios Portatiles
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| Polo Superior |
Contenidos del Cilindro |
Polo
Inferior
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Invasiones
Inglesas, Bergantin de 3 Palos, Goleta, Cañon, Fusil Baker, Artilleria
Inglesa, Cañon de Fuerte, Oficial de Artilleria Inglesa, Blandengue,
Artillero Español, Arribenos, Moreno, Oficial del Cuerpo de Andaluces,
Oficial de Husares del Rey, Cuerpo de Granaderos de Fernando VII, Migueletes
de Castex, Milicia Portena, Cuerpo de Vizcaínos, Cuerpo de Cantabros,
Suboficial del Regimiento de Infantería Patricios, Virreinato,
Combates en las Calles de Buenos Aires contra el Ejercito Invasor
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| Ingles, Cabildo de Buenos Aires, Caballero, Abogado, Dama, Segunda Invasion Inglesa, Gauchos, Hacendado, vendedores ambulantes, El General Beresford, General Linniers, Primera Derrota y Rendicion Britanica 12 Agosto de 1806, Brigadier general Juan Martin de Pueyrredón, Futuro Director Supremo de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, General Linniers, Virrey del Rio de la Plata, Brigadier General Manuel Belgrano, Rafael de Sobremonte, Virrey del Virreynato del Río de la Plata, Alzaga, Moldes, Lord Popham, Teniente General Whitelocke, John Whitelocke, Brigadier Beresford, Primer Ministro Británico William Pitt, Pulperia, Oficial de Patricios, Carreton, Bandera de Guerra Caprut de las Tropas de Invasion Inglesa, Bandera del Regimiento 71 th Britanico derrotado en Buenos Aires. |
| Invasiones Inglesas - Virrey Sobremonte | |
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Las
Invasiones Inglesas fueron una serie de expediciones británicas
que atacaron a las colonias españolas del Río de la Plata
a principios del Siglo XIX.
Estos eventos significaron la incorporación de la región a las Guerras napoleónicas, conflicto que enfrentaba a las dos potencias dominantes de la época, Inglaterra y Francia. La alianza entre Inglaterra y el Primer Imperio Francés otorgaba a los vastos territorios hispanos en el Nuevo Mundo un papel estratégico y económico de gran importancia para el Reino Unido, que se hallaba por entonces en plena Revolución industrial. Los invasores ocuparon la ciudad de Buenos Aires en 1806 |
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y fueron vencidos 45 días después por un ejército proveniente de Montevideo comandado por Santiago de Liniers. En 1807 una segunda expedición tomó la plaza fuerte de Montevideo y permaneció en este enclave por varios meses. Un segundo intento de ocupación de la capital del Virreinato del Río de la Plata, en ese mismo año, fue exitosamente combatido por las fuerzas defensoras, que se componían no sólo de las tropas oficiales al servicio del rey, sino también de numerosas milicias urbanas, grupos de criollos a quienes se había armado y organizado militarmente. La resistencia del pueblo y su participación activa en la defensa y la reconquista aumentó el poder y la popularidad de los líderes criollos e incrementó la influencia y el fervor de los grupos independentistas. Paralelamente, quedó en evidencia la incapacidad de la metrópoli de defender a sus colonias en el contexto de los conflictos internacionales de la época. Estos motivos convierten a las invasiones inglesas en uno de los catalizadores de la causa emancipadora en la Argentina y gran parte de Hispanoamérica. La Revolución de Mayo de 1810 eclipsaría la importancia de las invasiones inglesas. La cultura popular argentina sólo rescata el agua y el aceite hirviendo sobre las tropas invasoras. Sin embargo, fue en el cabildo abierto del 10 de febrero de 1807 cuando por primera vez prevaleció la voluntad del pueblo americano por sobre los intereses de España, ocasión en que se resolvió la destitución del representante del rey. Para comprender estos hechos es necesario ubicarlos en el contexto histórico al que pertenecen, ya que se relacionan directamente con el choque de intereses entre Inglaterra, España, Portugal, Francia y más tarde los Estados Unidos, en un período que se extiende desde la fundación de Colonia del Sacramento hasta el reconocimiento del Reino Unido de la independencia de Buenos Aires con la firma de un tratado de paz y comercio en 1824, luego de la declaración de la Doctrina Monroe. Estos tratados no evitarían la Invasión inglesa a las Malvinas en 1833. Antecedentes La expansión española sobre los territorio de la cuenca del Plata fue una empresa lenta, alentada más por la necesidad de impedir que los portugueses pudieran alcanzar las riquezas del Alto Perú por vía fluvial desde el Atlántico Sur que por las posibilidades de explotación económica de una región sin minas. No sería hasta la fundación de Colonia del Sacramento, en 1680, que el Río de la Plata cobraría real importancia estratégica para la economía y la política internacional. El Tratado de Utrecht, del 11 de abril de 1713, puso fin a la Guerra de Sucesión Española, que se había desatado en 1702 tras la muerte de Carlos II. La serie de acuerdos firmados entre las potencias europeas había otorgado a Inglaterra la concesión del envío de un barco anual a las Indias Occidentales españolas (navío de permiso) y el asiento de negros, monopolio de treinta años para el tráfico de esclavos negros con estos territorios. La reina Ana transfirió estas concesiones a la Compañía del Mar del Sur (en inglés, The South Sea Company) por 7.500.000 libras para financiar la deuda que había dejado la guerra. La especulación económica que se generó alrededor del comercio con las colonias españolas en Sudamérica hizo que los títulos de la empresa se multiplicaran por nueve en el primer semestre de 1720. Esta burbuja económica conocida como la Burbuja del Mar del Sur fue una de las crisis bursátiles más devastadoras de la historia del capitalismo. Esta institución estableció uno de sus mercados más importantes en la barranca del Retiro, en Buenos Aires. Los buques que transportaban esclavos hacia el Plata permitían el intercambio ilegal de manufacturas por los productos primarios de la región: cuero, tasajo y sebo. La primera expedición militar británica que llegó a la región lo hizo en el marco de la Guerra de los Siete Años. En enero de 1762 España se involucró definitivamente en este conflicto entrando en guerra con Inglaterra y Portugal. En octubre del mismo año, Pedro de Cevallos reocupó Colonia del Sacramento. Poco después, una flota anglo-portuguesa compuesta por diez barcos y más de mil hombres fue enviada con la orden de tomar Buenos Aires, pero fue vencida al intentar retomar Colonia.
La fundación del Virreinato del Río de la Plata, en 1776, fue una medida de carácter estratégico militar con fuertes implicaciones económicas. Carlos III se vio presionado por el avance portugués sobre el Río de la Plata, las sucesivas expediciones británicas y francesas sobre las costas de la Patagonia y la necesidad de blanquear las operaciones ilegales en el puerto de Buenos Aires, alentadas por el monopolio comercial que el Virreinato del Perú otorgaba a Lima. Mientras en toda América y Europa se esparcían las influyentes ideas relacionadas con la Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y las políticas liberales del gobierno del Reino Unido, España continuaba con su política colonial conservadora. Dado que España prácticamente carecía de factorías, era incapaz de absorber los productos procedentes de sus colonias, desfavoreciendo así al desarrollo económico de los virreinatos americanos. El principal interés estaba colocado sobre la extracción de metales preciosos, con los cuales la metrópoli financiaba sus guerras y alianzas. En cambio, Inglaterra transitaba el camino hacia la industrialización y, por tanto, crecía allí la demanda de productos primarios. Dadas las numerosas restricciones aduaneras que se imponían en los puertos sudamericanos y la inexistencia de actividad minera en la región del Plata, el contrabando se convirtió rápidamente en la base del comercio de una región cuya actividad económica principal era la ganadería. La supresión del monopolio del tráfico de Indias en 1778 que había privilegiado hasta entonces a la Casa de Contratación de Indias de Sevilla y posteriormente Cádiz, por un lado intentó destruir por completo la plaza comercial portuguesa de Colonia del Sacramento, tras el resultado incierto de la ocupación española en el mismo año de su fundación. Por otro lado, si bien esta medida no logró contener el contrabando, sería un antecedente para el crecimiento económico de la capital virreinal: sólo entre 1800 y 1807, los ingresos del Cabildo se multiplicaron por catorce. En 1797, por orden de Carlos IV, el virrey Antonio Olaguer y Feliú autorizó el comercio con países neutrales, debido a las dificultades en el comercio con España a causa de las hostilidades crecientes en Europa y al creciente dominio inglés de los mares. Esto ubicó al Río de la Plata en las rutas del comercio internacional, atrayendo numerosas naves estadounidenses e impulsando el aumento de la presencia británica en la economía porteña. De manera intermitente, el comercio con Gran Bretaña pasaba de la legalidad a la clandestinidad, de acuerdo a las relaciones cambiantes entre la península y aquella nación. Las autoridades virreinales, en ocasiones, fomentaron este tipo de actividad en lugar de prevenirla mediante funcionarios corruptos. Este comercio contribuyó al surgimiento de la élite de comerciantes porteños que pronto enviaron a sus hijos a estudiar a Europa, desde donde pronto traerían ideas revolucionarias. Las Guerras Napoleónicas La llegada al poder de Napoleón en 1799 y su proclamación como Emperador en 1804 alteró las relaciones internacionales y renovó la alianza española con Francia. La presión de Napoleón sobre Carlos IV vio como fruto la restitución de Manuel de Godoy en el poder, quien declaró en 1802 la guerra al reino de Portugal, principal aliado del Reino Unido en el continente. La batalla de Trafalgar, en 1805, puso de manifiesto el fin de tres siglos de supremacía naval de la Armada Invencible, lugar que pasaría a ocupar la flota británica. Asimismo, este resultado minó la capacidad de España para defender y mantener su imperio. Las guerras napoleónicas también repercutieron en el Plata. Desde los inicios de la Conquista de América, Inglaterra se había interesado en las riquezas de la región. La Paz de Basilea, en 1795, puso fin a la guerra entre España y la Revolución francesa. En 1796, por el tratado de San Ildefonso, España se alió con Francia, que estaba en guerra con Inglaterra, abriendo así la brecha que justificaría la actuación militar de Gran Bretaña, que buscaba obtener mayor influencia sobre las colonias españolas. A comienzos del siglo XIX, el Reino Unido se encontraba en plena revolución industrial, lo que la convertía en la economía más productiva de toda Europa, posicionándose con fuerza como exportadora de productos manufacturados. Poco menos de la mitad de estos productos tenían como destino el mercado europeo continental. Tras el rotundo fracaso militar que significó para Francia y España la Batalla de Trafalgar el 21 de octubre de 1805, Napoleón Bonaparte optó por la estrategia de la guerra económica. En noviembre de 1806, poco después de que Francia conquistara o se aliara con cada una de las potencias del continente, desde la Península Ibérica hasta Rusia, Napoleón promulgó el Decreto de Berlín, prohibiendo a sus aliados y a los países conquistados cualquier tipo de relación comercial con Gran Bretaña. Esta medida volvió a alentar las necesidades del Reino Unido de consolidar y asegurar sus intereses en el Nuevo Mundo. Política Britanica en relacion con Sudamerica En 1711, el gobernador de las Bermudas, John Pullen, envía una carta al ministro Robert Harley, conde de Oxford, diciéndole que el Río de la Plata es el mejor lugar del mundo para formar una colonia inglesa. A partir de entonces, una serie de planes de ocupar Buenos Aires y otras ciudades sudamericanas fueron propuestos, pero se vieron frustrados por diversas circunstancias. El fin de la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, en 1783, tuvo un gran impacto en Gran Bretaña. En ese mismo año, William Pitt el Joven asumió como Primer Ministro del Reino Unido. Bajo su administración, que coincidió con los inicios de la Revolución Industrial, Pitt apuntó a la consolidación del comercio exterior y en lugar de buscar nuevas colonias procuró abrir nuevos mercados. Esta política se veía severamente perjudicada por las trabas que imponía España y las alianzas cambiantes entre las potencias europeas. Por lo tanto, la independencia de las colonias españolas en América pasó a ser un tema central de la administración Pitt. En 1789 la guerra entre Gran Bretaña y España parecía inminente tras el incidente del Estrecho de Nutka. El revolucionario venezolano Francisco de Miranda aprovechó la ocasión para presentarse ante Pitt con su propuesta para liberar la América Hispana. Miranda soñaba con emancipar los territorios del Nuevo Mundo bajo dominio portugués y español y convertirlos en un gran imperio independiente gobernado por un descendiente de la Casa de los Incas. El plan presentado en Londres solicitaba la asistencia del Reino Unido y los Estados Unidos para ocupar militarmente las principales ciudades sudamericanas, asegurando que el pueblo recibiría a los británicos cordialmente y que se apresurarían a organizar gobiernos soberanos. A cambio, de esta ayuda, el Reino Unido obtendría los beneficios del intercambio comercial sin restricciones y el usufructo del Istmo de Panamá, con el fin de construir un canal para el paso de navíos. Pitt aceptó la propuesta y comenzó a organizar la expedición. La Convención de Nutka en 1790, puso fin a las hostilidades, con lo cual la misión fue cancelada. Según los términos de este tratado, el Reino Unido reconocía la soberanía hispana en los archipiélagos del Atlántico Sur próximos al continente americano a cambio de asentarse en la Isla de Quadra y Vancouver. Así, los colonos británicos que se habían establecido hacía unos años en en las Islas Malvinas abandonaron el archipiélago. En 1796 el gabinete de Pitt elaboró un nuevo plan de intervención en Sudamérica en respuesta a la decisión de España de aliarse a Francia. Pero la pérdida de Rusia y de Austria como aliados puso a Gran Bretaña en una situación más comprometida frente a los inminentes ataques de las flotas navales francesa, española y holandesa, por lo que el proyecto tuvo que ser abandonado. El 5 de octubre de 1804, cuatro buques británicos interceptaron en las proximidades de Cádiz a una flota española de cuatro fragatas cargadas con oro y plata del Alto Perú. El botín, valuado en unos dos millones de libras fue enviado a Londres. En este contexto, Pitt dio a conocer el plan de Miranda al comodoro Sir Home Popham, quien se convertiría en un entusiasta del asunto de Sudamérica. El 14 de octubre, Popham y Miranda presentaron a Pitt un memorándum que contenía detalles específicos para liberar Sudamérica y del cual Popham se valdría en 1806 para solicitar tropas para atacar Buenos Aires. Ante la indecisión de Pitt para autorizar un ataque al Río de la Plata, a mediados de 1805 Popham se alistó en una expedición que tenía como objetivo la captura del Cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África. Pitt le ordenó abandonar el plan de conquista de América del Sur por el momento. Primera invasión inglesa a Buenos Aires Preparativos para la defensa Hacia fines de 1805 la idea de una posible invasión inglesa ya recorría Buenos Aires. Esta capital sudamericana, con sus 45.000 habitantes, era uno de los puertos más prósperos del Nuevo Mundo (Nueva York, la ciudad más grande por entonces en la América anglosajona, contaba con unos 85.000 habitantes). El virrey Rafael de Sobremonte había solicitado refuerzos militares a España en varias oportunidades. Los cuerpos militares del virreinato habían sufrido muchas bajas en los últimos tiempos, en particular, durante la sublevación indígena liderada por Tupac Amaru. Sin embargo la única respuesta que obtuvo fueron unos cuantos cañones y la sugerencia de armar al pueblo para la defensa. Pero el virrey entendía que darle armas a los criollos, muchos de ellos influenciados por ideas revolucionarias, era una estrategia peligrosa para los intereses de la corona. El 2 de enero de 1806 arribó al puerto de la Ensenada de Barragán el Bergantín mercante Espíritu Santo, el cual es interrogado por el Alférez Navarro por orden del Capitán de Puerto Santiago de Liniers, de origen francés, al servicio de la corona española. El Capitán del Mercante Francisco Paula de Fernández informa haber avistado una flota británica en Todos Los Santos, Brasil, el pasado diciembre de 1805.[2] Esta flota es parte de la expedición de Sir David Baird que se dirigía a la colonia holandesa de Cabo de Buena Esperanza. Sobremonte recibió esta noticia de que una flota británica se había aprovisionado en el puerto de Bahía, Brasil, y siguiendo las medidas estipuladas por la corona, organizó las escasas tropas virreinales para la defensa del estratégico puerto de Montevideo, el cual poseía suficiente calado para permitir la entrada de buques de guerra, lo que lo convertía en la plaza militar más importante sobre el Río de la Plata. Liniers recibió la orden de armar una flota para resguardar las costas y asegurar la libre navegación entre Montevideo y Buenos Aires y fue designado comandante del puerto de Ensenada de Barragán, a unos 70 km al sur de Buenos Aires. Liniers había sido enviado al virreinato en 1788 como Capitán de Puerto. Era hermano del Marqués de Liniers, poderoso comerciante francés en Buenos Aires, y ambos pertenecían al grupo de porteños que simpatizaban con Francia. El gobernador de la Plaza de Montevideo convocó a los habitantes y a las milicias para organizar la defensa ante la posible invasión. A dicha convocación acudió Azopardo segundo comandante de la Fragata Corsaria Dromedario. Se le asignó la Lancha Obuse Invencible Nº4, para realizar misiones de vigilancia costera. La tripulación se compuso por parte de la perteneciente a la Dromedario.
El 19 de enero de 1806, el teniente general David Baird volvía a capturar para la Corona Británica la colonia holandesa de Cabo de Buena Esperanza con la misma flota que había causado alarma en el Río de la Plata. Por esos días Napoleón triunfaba en las batallas de Jena y Auerstaedt, lo que consolidaría a Francia como la potencia hegemónica en Europa. Popham mantenía contacto con comerciantes establecidos en Buenos Aires, entre ellos William White, a quien debía una importante suma de dinero. El 28 de marzo llegó al Cabo desde Buenos Aires el barco negrero Elizabeth que habría traído una carta de White en la que este indicaba que se encontraba en la ciudad un tesoro de más de un millón de pesos provenientes de Potosí listo para ser enviado a España, con el cual Popham podría saldar su deuda. El comodoro intentó persuadir a Baird para que le brindara su apoyo para tomar el Río de la Plata, valiéndose de varios argumentos y asegurando que recibirían el apoyo de la población local, pero el general no accedió. Baird se encontraba en una posición incómoda, lo que explicaría por qué le otorgó a Popham el Regimiento 71 escocés, uno de los cuerpos más sólidos del ejército del Reino Unido, al mando del teniente coronel Denis Pack, para una misión que no había sido aprobada oficialmente. Por un lado, los gobernadores de colonias remotas tenían el poder de decidir acciones militares de urgencia. Por otro lado, la ley británica establecía porcentajes de los botines de guerra que eran entregados a los participantes, en particular, los militares de alto rango podían recibir importantes sumas. Además, si la expedición partía sin la ayuda de Baird y fracasaba, Popham podría acusar a Baird ante un tribunal de guerra. El 14 de abril, la flota británica cruzó el Atlántico, en dirección al Río de la Plata. Baird nombró general al coronel William Carr Beresford para que liderase el ataque a Buenos Aires. La escuadra llegó a Santa Elena el 29 de abril, y Popham logró que el gobernador de la isla le prestara 280 soldados para su misión, y envió una carta a Londres, dando a conocer los motivos por los cuales se dirigía a Sudamérica y basó sus argumentos en el memorándum de 1804. Lo que Popham desconocía era que Pitt había muerto recientemente y que en su lugar había asumido William Wyndham Grenville, del partido opositor Whig. En mayo, Popham envió a la fragata HMS Leda por delante de la escuadra para sondear el río. El 19 de mayo el capitán envió a un oficial y tres marineros con un bote a las costas cerca de Santa Teresa, para que tomasen notas de las costas y la zona, pero son capturados por una partida de milicianos, que los trasladan a Buenos Aires, donde después de tomarles declaración, el virrey no tomó ninguna medida adicional, quizás porque no obtuvo nada del oficial, o este muy probablemente desconociera los detalles del plan (por su rango). Los prisioneros fueron confinados en Las Conchas. Conquista inglesa de Buenos Aires La flota fue avistada frente a Montevideo el 8 de junio. El 24 de junio Beresford amagó un desembarco en Ensenada, realizando maniobras frente a Punta Lara y abriendo fuego contra las fortificaciones. El 25 de junio una fuerza de unos 1.600 hombres al mando de Beresford, entre ellos el Regimiento 71 de Highlanders, desembarcó en las costas de Quilmes sin ser molestados. Recién al día siguiente se dispuso en Buenos Aires marchar hacia ellos, bajo el mando del nuevo Subinspector del Ejército, coronel Pedro de Arze. Cuando se estuvo frente al enemigo, se rompió fuego, aunque la carga posterior de las tropas invasoras forzó a una retirada general de los defensores. Sobremonte intentó una estrategia de defensa, armando a la población y apostando a sus hombres en la ribera norte del Riachuelo, confiando en poder atacar a los ingleses de flanco. Pero el reparto de armas fue un caos, y las tropas no pudieron detener el rápido avance inglés; de modo que el virrey quedó fuera de la ciudad, sin posibilidad de intentar nada. La Rendición El 27 de junio las autoridades virreinales aceptaron la intimación de Beresford y entregaron Buenos Aires a los británicos. En la tarde de este mismo día, las tropas británicas desfilaron por la plaza mayor (la actual Plaza de Mayo) y enarbolaron la bandera del Reino Unido, que permanecería allí por 46 días. Manuel Belgrano, secretario del Consulado de Buenos Aires (y de todo el virreinato) y Capitán Honorario de Milicias Urbanas, manifestó la necesidad de reubicar el Consulado en el lugar en donde el virrey estuviese y se dirigió ante Beresford a presentar la solicitud. Mientras tanto, los demás miembros del Consulado juraron el reconocimiento a la dominación británica. Belgrano prefirió retirarse "casi fugado", según sus propias palabras, a la banda oriental del Río de la Plata, a vivir en la capilla de Mercedes, dejando en claro su postura al pronunciar su célebre frase: "Queremos al antiguo amo o a ninguno". El virrey abandonó la capital en la mañana del 27 de junio y se retiró a Córdoba junto con algunos centenares de milicianos que no tardaron en desertar: contrariamente a una persistente leyenda, no llevaba consigo los caudales, ya que los mismos habían sido evacuados dos días antes de acuerdo a un plan trazado el año anterior. Beresford demandó la entrega de los caudales del Estado y advirtió a los comerciantes porteños que en caso contrario retendría las embarcaciones de cabotaje capturadas e impondría contribuciones. El Cabildo no vaciló en enviar una comisión a Sobremonte rogándole entregara el tesoro a un destacamento inglés enviado en persecución del mismo. Éste tesoro fue trasladado a Londres y paseado como trofeo de guerra, antes de ser depositado en un banco. El 14 de julio, Sobremonte declaró a Córdoba la capital provisoria del virreinato. Asimismo, instó a que se desobedecieran todas las órdenes provenientes de Buenos Aires mientras durara la ocupación. Se dedicó a organizar un ejército con el que reconquistar la capital, pero la tarea tropezó con toda clase de dificultades, y sólo dos meses más tarde estuvo listo. Los porteños estaban, en general, descontentos con la metrópoli, y por tanto, en un primer momento los británicos fueron recibidos con entusiasmo. Sin embargo, los grupos partidarios de la independencia reconocieron la amenaza latente en la ayuda británica. La ocupación era la excusa perfecta para establecer el dominio que el Reino Unido anhelaba sobre la región. Una de las primeras medidas que tomó Beresford fue decretar la libertad de comercio y de reducción de aranceles. Al darse cuenta de que los ocupantes no tenían otros planes, sino convertir al Plata en una colonia británica, se sumaron a los grupos que preparaban una rebelión. La reconquista de Buenos Aires Ante la inmovilidad de las autoridades virreinales, los vecinos de la ciudad, criollos y españoles por igual, comenzaron a armarse para defenderse por sus propias manos. Se organizaron varios grupos clandestinos que planeaban atacar el fuerte, residencia temporal de Beresford, con explosivos caseros. Estos movimientos tuvieron el apoyo de los monopolistas (entre ellos Martín de Álzaga), que se veían severamente perjudicados con el libre comercio decretado por el representante de Jorge III de Inglaterra (y que fuera aprobado por este soberano cuando los británicos ya no gobernaban sobre el Río de la Plata). El 1 de agosto una guerrilla amparada por el rico comerciante español Martín de Álzaga en los Caseríos de Perdriel, fuera del casco urbano (la actual Chacra Pueyrredón, en el partido de General San Martín), dirigida por el criollo de ascendencia francesa Juan Martín de Pueyrredón, fue derrotada por una fuerza inglesa de 550 hombres. Pero la mayor parte de las tropas quedaron intactas para reconquistar la ciudad. Antes de que los rebeldes porteños pudieran llevar a cabo su plan, Liniers y nuevas tropas arribaron a Buenos Aires: estaban comandadas por Liniers, que había abandonado su posición en Ensenada y cruzado el Plata para organizar las tropas para la reconquista. Desde Montevideo, y con la ayuda de Pascual Ruiz Huidobro, gobernador de esa ciudad, el francés organizó un ejército que partió hacia Buenos Aires para la reconquista. Cruzó el Río de la Plata aprovechando una sudestada, tempestad que dejó inmóviles a los buques británicos. Avanzando desde el Tigre, se sumaron a este ejército miles de hombres entusiasmados. El 12 de agosto, Liniers avanzó sobre la ciudad desatando una batalla campal en distintas calles de Buenos Aires, hasta acorralar a los británicos en el Fuerte de la ciudad. También salieron a la calle centenares de voluntarios organizados y entrenados por Álzaga. Beresford firmó la capitulación el 20 de agosto, en la que se acordaba el intercambio de prisioneros entre ambos bandos. Temiendo un segundo ataque, el Cabildo presionó para que los prisioneros británicos fueran enviados al interior, anulando así los términos de la rendición. Retomada la ciudad, la Real Audiencia de Buenos Aires asumió el gobierno civil y decidió entregarle la Capitanía General a Liniers. Asimismo, la corona española le agregó el título "La muy fiel y reconquistadora" a la ciudad de Montevideo y en el escudo de dicha ciudad se agregaron banderas inglesas caídas, indicando la derrota de los británicos frente a Montevideo. Popham fue juzgado por una corte marcial británica por haber abandonado su misión en Cabo de Buena Esperanza, pero su castigo se limitó a ser "severamente amonestado". La ciudad de Londres le otorgaría luego una espada de honor por sus esfuerzos por abrir nuevos mercados; la sentencia nunca llegó a afectarlo. Las milicias urbanas Tras la capitulación de Beresford y ante la posibilidad de una nueva invasión, Liniers emitió el 6 de setiembre de 1806 un documento instando al pueblo a organizarse en cuerpos separados según su origen. Este documento contenía una proclama acerca de la creación de diversos cuerpos urbanos y una segunda orden de convocatoria fue emitida el 9 de setiembre. La mayor parte de los hombres adultos se enlistó como miliciano de alguno de los diferentes cuerpos y regimientos que se organizaron. El Comandante General de Armas logró agrupar una fuerza popular a la que se le sumaban las tropas virreinales, de menor tamaño, formando un ejército de infantería, caballería y artilleros: (...)
Vengan, pues, los invencibles cántabros, los intrépidos
catalanes, los valientes asturianos y gallegos, los temibles castellanos,
andaluces y aragoneses; en una palabra, todos los que llamándose
españoles se han hecho dignos de tan glorioso nombre. Vengan,
y unidos al esforzado, fiel e inmortal americano, y a los demás
habitadores de este suelo, desafiaremos a esas aguerridas huestes enemigas
que, no contentas con causar la desolación de las ciudades y
los campos del mundo antiguo, amenazan envidiosas invadir las tranquilas
y apacibles costas de nuestra feliz América. Segunda
Invasión inglesa a Buenos Aires El 5 de febrero llegó a Buenos Aires la noticia de la caída de Montevideo. Al conocerse la actuación del virrey, se avivaron las protestas públicas y las pintadas en contra del representante de la Corona. El 10 de febrero, el Cabildo porteño en Junta de Guerra presionó a la Real Audiencia y decretó en un hecho sin precedentes, la destitución de Sobremonte, su detención, y la designación de Liniers en su lugar. Las autoridades españolas entendieron que lo ocurrido en Buenos Aires podía servir de ejemplo para los vasallos del resto de los virreinatos americanos. Para evitar que trascendiera el hecho de que por voluntad del pueblo se había destituido a un virrey, la Audiencia enmarcó los hechos dentro del ámbito jurídico colonial, comunicando que Sobremonte había renunciado al cargo por cuestiones de salud. Asimismo, la Junta ordenó el envío de Beresford (preso en Luján) a Catamarca ya que éste mantenía contacto con grupos criollos promotores de la ideas independentistas. Sin embargo, los oficiales que trasladaban a Beresford fueron interceptados en las cercanías de Arrecifes por un grupo de criollos, entre ellos Saturnino Rodríguez Peña y Manuel Aniceto Padilla, que lograron que el jefe inglés les fuera entregado. Los criollos mantuvieron oculto al general inglés hasta que fue clandestinamente embarcado en el puerto de Buenos Aires el navío HMS Charwell enviado desde Montevideo con mensajes para las autoridades. El objetivo de esta misión era negociar la rendición de Buenos Aires para evitar una batalla sangrienta. Sin haber llegado a un acuerdo, Beresford rechazó la oferta de comandar la expedición a la capital virreinal y se embarcó hacia Londres. Este general ocuparía la isla Madeira ese mismo año y se convertiría en su gobernador. Más adelante tendría un papel prominente en la Guerra de la Independencia Española. En los primeros días del mes de marzo, el HMS Thisbe partió de Inglaterra hacia Montevideo con el teniente general John Whitelocke, nombrado comandante de las fuerzas británicas en el Río de la Plata, con la orden del gobierno británico de capturar Buenos Aires. Whitelocke llegó a Montevideo el 10 de mayo y tomó el comando general. Poco tiempo después, la flota al mando del general Robert Craufurd llegó desde El Cabo con 5.000 hombres. El 17 de junio el formidable ejército de Whitelocke, compuesto de unos 11.000 hombres, partió rumbo a Colonia. El 28 de junio los británicos desembarcaron en Ensenada y luego de desbaratar a una fuerza local muy inferior en número, sitiaron la capital el 4 de julio. Mientras tanto, había llegado al virreinato la resolución de la corte española declarando a Ruiz Huidobro virrey interino. Sin embargo, el gobernador había sido embarcado hacia Londres luego de la caída de Montevideo. Por lo tanto, Liniers, siendo el militar de mayor rango presente fue nombrado en reemplazo de Huidobro por la Audiencia. El ejército británico avanzó con dificultades los 50 kilómetros que separaban el lugar escogido para el desembarco y la capital. El ejército del flamante virrey interceptó el primer avance del enemigo cerca de Miserere, pero el grupo comandado por Craufurd logró dividir y hacer retroceder a los hombres de Liniers. Al caer la noche, el combate cesó y muchos milicianos se retiraron a sus casas. Parecía que todo estaba perdido, pero Whitelocke decidió esperar; suspendió el avance de Craufurd hacia la ciudad y exigió rendición inmediata. Les dio a los porteños tres días, que los criollos utilizaron para organizarse militarmente.
El alcalde de Buenos Aires, Martín de Álzaga ordenó montar barricadas, pozos y trincheras en las diferentes calles de la ciudad por las que el enemigo podría ingresar. Reunió todo tipo de armamento, y continuó los trabajos en las calles bajo la luz de miles de velas. En la mañana del 5 de julio, la totalidad del ejército británico volvió a reunirse en Miserere. Confiado de la supremacía de su ejército, Whitelocke dio la orden de ingresar a la ciudad en 12 columnas, que se dirigirían separadamente hacia el fuerte y Retiro por distintas calles. En un alarde innecesario, llevaban orden de no disparar sus armas hasta llegar a la Plaza de la Victoria. Sin embargo, los invasores se enfrentaban a una Buenos Aires muy diferente al que se había rendido ante Beresford. Según cuenta la tradición popular, los vecinos arrojaron piedras y aceite hirviendo sobre las cabezas de los invasores. Lo cierto es que Liniers y Álzaga habían logrado reunir un ejército de 9.000 milicianos, apostados en distintos puntos de la ciudad. El avance de las columas se vio severamente entorpecido por las defensas montadas, el fuego permanente desde el interior de las casas y desinteligencias y malos entendidos entre los comandantes británicos. Whitelocke vio como sus hombres eran embestidos en cada esquina. Mediante la lucha callejera, los vecinos de Buenos Aires superaron la disciplina de las tropas británicas. Tras una encarnizada lucha, Whitelocke perdió más de la mitad de sus hombres entre bajas y prisioneros. Cuando la mayoría de las columnas habían caído, Liniers exigió la rendición. Craufurd, atrincherado en la iglesia de Santo Domingo, rechazó la oferta y la lucha se extendió hasta pasadas las tres de la tarde. Whitelocke recibió las condiciones de la capitulación hacia las seis de la tarde ese mismo día. El 7 de julio, el general inglés comunicó la aceptación de la capitulación propuesta por Liniers y a la cual - por exigencia de Álzaga - se le había añadido un plazo de dos meses para abandonar Montevideo. Las tropas británicas se retiraron de Buenos Aires; abandonarían la banda oriental recién el 9 de septiembre. De regreso al Reino Unido, una corte marcial encontró a Whitelocke culpable de todos los cargos excepto uno y fue removido de su función, al declarársele incapaz de servir a la Corona inglesa. Uno de los factores determinantes para esta decisión, fue el hecho que el general hubiera aceptado la devolución de Montevideo dentro de los términos de la rendición. Los cuerpos de los caídos de ambos bandos durante las invasiones inglesas a Buenos Aires aún no han sido hallados.
Los siguientes son testimonios de los combates sostenidos en las calles de Buenos Aires, realizados por jefes británicos que intervinieron en la lucha. Avancé con los rifleros hasta el costado oeste del edificio del Colegio de los Jesuitas,[9] sin sufrir pérdidas considerables, cuando, al adelantar el cañón liviano para abrir una brecha en la entrada principal del edificio, el enemigo apareció de repente en gran número en algunas ventanas, en la azotea de aquel edificio y desde las barracas del lado opuesto de la calle y desde el extremo de la misma. En un momento, la totalidad de la compañía de vanguardia de mi columna, y algunos artilleros y caballos fueron muertos o heridos... Teniente
coronel Henry Cadogan. Teniente
coronel Denis Pack No bien alcanzamos la entrada de la iglesia de San Miguel, el enemigo comenzó un terrible fuego desde las casas opuestas. Habiendo perdido unos treinta hombres en esta entrada, y comprendiendo que era imposible forzar las puertas de la iglesia con las herramientas que me habían entregado, juzgué prudente desistir y penetrar más en la ciudad esperando encontrar una posición más ventajosa. Al abandonar la entrada de la iglesia fuimos castigados con un fuego continuado. Después penetré en la ciudad hasta que juzgué que me hallaba cerca de la fortaleza. Viendo que había perdido tanta gente en la calle, que los cuatro oficiales de granaderos estaban heridos, que el mayor, el ayudante y el cirujano auxiliar habían sido muertos, y que había perdido, entre muertos y heridos, de ochenta a cien soldados de mi débil columna, doblé a la izquierda y busqué refugio ocupando tres casas... Edición de "The Times" sobre las invasiones Los partes oficiales de la capitulación de Whitelocke en Buenos Aires, dando cuenta del fracaso de la segunda Invasión, llegaron a Gran Bretaña el 11 de setiembre de 1807, y fueron dados a publicidad por el diario The Times, de Londres en el artículo Evacuación de Sudamérica. Se reproducen aquí algunos párrafos principales: "El ataque sobre Buenos Aires ha fracasado y hace ya tiempo que no queda un solo soldado británico en la parte española de Sudamérica. Los detalles de este desastre, quizás el más grande que ha sufrido este país desde la guerra revolucionaria, fueron publicados ayer en un número extraordinario.... "El ataque de acuerdo al plan preestablecido, se llevó a cabo el 5 de julio, y los resultados fueron los previsibles. Las columnas se encontraron con una resistencia decidida. En cada calle, desde cada casa, la oposición fue tan resuelta y gallarda como se han dado pocos casos en la historia. La consecuencia fue que el plan de operaciones se frustró El comandante en jefe parece haber estado en la más perfecta ignorancia tanto acerca de la naturaleza del país que debía atravesar, como sobre el monto y el carácter de la resistencia que debía esperar. Con el propósito, suponemos, de evitar un encuentro molesto desembarca a treinta millas del lugar donde debía operar, prosigue su marcha a través de un recorrido lleno de pantanos, cortado por riachuelos y finalmente, con un ejército jadeante y exhausto se asienta frente a una plaza fortificada enteramente, en la cual según el tenor de su despacho, «llovían sobre él metrallas desde todas las esquinas y desde los techos de todas las casas, mosquetazos, granadas de mano, ladrillazos y piedras» Este ha sido un asunto desgraciado de principio a fin. Los intereses de la nación, así como su prestigio militar, han sido seriamente afectados. El plan original era malo, y mala la ejecución. No hubo nada de honorable o digno de él; nada a la altura de los recursos o el prestigio de la nación. Fue una empresa sucia y sórdida... ¿Cómo podría esperarse que estuvieran con nosotros las manos o los corazones del pueblo, si los primeros que ocuparon la ciudad se mostraron menos ansiosos de conciliarse con los habitantes que de colocar fuera de peligro el botín obtenido? Había un vicio radical en el plan original, que ninguna empresa posterior pudo remediar. Si los desautorizados promotores del primer desembarco hubieran dispuesto de una fuerza igual a la que ha sido ahora expulsada de Buenos Aires, el país podría estar en este momento en nuestras manos. The Times, 14 de setiembre de 1807, pág 3. Consecuencias El Imperio Español retuvo la posesión del Virreinato del Río de la Plata gracias a la acción de grupos de milicias voluntarias urbanas. La voluntad del pueblo jugó un papel sin precedentes en la destitución de un virrey y el nombramiento de su sucesor. La resistencia del pueblo y su participación activa en la defensa y la reconquista, junto con la puesta en evidencia de la incapacidad de la metrópoli de defender sus colonias, convierten a estos eventos en catalizadores del camino hacia la independencia de los territorios sudamericanos bajo dominio español. Es importante entender la posición de Sobremonte, quien sería recordado por los porteños como un funcionario inepto y cobarde. El virrey estaba al tanto de la existencia de grupos independentistas en Buenos Aires. También era consciente de la vulnerabilidad del Río de la Plata, ya que en numerosas ocasiones había solicitado refuerzos a España. Por otro lado, entendía que armar al pueblo para la defensa implicaba la entrega de poder a los criollos. La huida a Córdoba con el tesoro, puede considerarse una estrategia apropiada, dado que era eso mismo lo que Popham había ido a buscar. Sin embargo, debido a la presión de los representantes del Cabildo, en su mayoría comerciantes acaudalados, Sobremonte se vio forzado a entregar los fondos públicos a Beresford. De regreso a España, el marqués compareció ante un consejo de guerra celebrado en Cádiz en 1813 que lo absolvió de todos los cargos. Además, recibió el pago de sus sueldos atrasados, fue ascendido a mariscal de campo y nombrado consejero de Indias. Beresford regresó a Inglaterra y fue recibido con toda la pompa. Desembarcó con una carreta colmada de tesoros y la trasladó directo al Banco de Inglaterra entre los vítores del pueblo, las autoridades y los grandes comerciantes. Lo que se considera como forzoso la entrega de los fondos por parte de Sobremonte, los ingleses lo consideran un pago del Virreinato del Río de la Plata por el derecho de la implementación del libre comercio. Evidentemente hay un doble mensaje en la historia de las Invasiones Inglesas, que es necesario esclarecer.
El general Arthur Wellesley tomó a su cargo esta nueva acción, asesorado por Francisco Miranda. Wellesley tuvo la idea de crear en América una monarquía constitucional, con dos cámaras como en Gran Bretaña, donde los integrantes de la Cámara Baja serían elegidos por los Cabildos y terratenientes. Las demás instituciones coloniales españolas serían en principio conservadas. Las tropas destinadas a América se comenzaron a preparar en el puerto irlandés de Cork, a fines de 1807. El plan consistía en enviar al Río de La Plata, con fecha de desembarco en junio de 1808, una fuerza con 10.077 soldados y llevar armamento tanto para las tropas británicas como para un ejército criollo que se pensaba constituir al llegar. También se enviaría una expedición militar a México. Pero al producirse el levantamiento del pueblo de Madrid contra los franceses el 2 de mayo de 1808, Wellesley ordena a las tropas en Cork, ser conducidas a Portugal con el objetivo de ir a brindar apoyo a la insurrección, desembarcando en ese país el 1 de agosto de ese año. De esta manera se diluyó el nuevo intento de una intervención militar. |
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| Capitulación de Beresford | |
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El
27 de junio las autoridades virreinales aceptaron la intimación
de Beresford y entregaron Buenos Aires a los británicos. En la
tarde de este mismo día, las tropas británicas desfilaron
por la plaza mayor (la actual Plaza de Mayo) y enarbolaron la bandera
del Reino Unido, que permanecería allí por 46 días.
Manuel Belgrano, secretario del Consulado de Buenos Aires (y de todo el virreinato) y Capitán Honorario de Milicias |
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Urbanas, manifestó la necesidad de reubicar el Consulado en el lugar en donde el virrey estuviese y se dirigió ante Beresford a presentar la solicitud. Mientras tanto, los demás miembros del Consulado juraron el reconocimiento a la dominación británica. Belgrano prefirió retirarse "casi fugado", según sus propias palabras, a la banda oriental del Río de la Plata, a vivir en la capilla de Mercedes, dejando en claro su postura al pronunciar su célebre frase: "Queremos al antiguo amo o a ninguno". El virrey abandonó la capital en la mañana del 27 de junio y se retiró a Córdoba junto con algunos centenares de milicianos que no tardaron en desertar: contrariamente a una persistente leyenda, no llevaba consigo los caudales, ya que los mismos habían sido evacuados dos días antes de acuerdo a un plan trazado el año anterior. Beresford demandó la entrega de los caudales del Estado y advirtió a los comerciantes porteños que en caso contrario retendría las embarcaciones de cabotaje capturadas e impondría contribuciones. El Cabildo no vaciló en enviar una comisión a Sobremonte rogándole entregara el tesoro a un destacamento inglés enviado en persecución del mismo. Éste tesoro fue trasladado a Londres y paseado como trofeo de guerra, antes de ser depositado en un banco. El 14 de julio, Sobremonte declaró a Córdoba la capital provisoria del virreinato. Asimismo, instó a que se desobedecieran todas las órdenes provenientes de Buenos Aires mientras durara la ocupación. Se dedicó a organizar un ejército con el que reconquistar la capital, pero la tarea tropezó con toda clase de dificultades, y sólo dos meses más tarde estuvo listo. Los porteños estaban, en general, descontentos con la metrópoli, y por tanto, en un primer momento los británicos fueron recibidos con entusiasmo. Sin embargo, los grupos partidarios de la independencia reconocieron la amenaza latente en la ayuda británica. La ocupación era la excusa perfecta para establecer el dominio que el Reino Unido anhelaba sobre la región. Una de las primeras medidas que tomó Beresford fue decretar la libertad de comercio y de reducción de aranceles. Al darse cuenta de que los ocupantes no tenían otros planes, sino convertir al Plata en una colonia británica, se sumaron a los grupos que preparaban una rebelión. Ante la inmovilidad de las autoridades virreinales, los vecinos de la ciudad, criollos y españoles por igual, comenzaron a armarse para defenderse por sus propias manos. Se organizaron varios grupos clandestinos que planeaban atacar el fuerte, residencia temporal de Beresford, con explosivos caseros. Estos movimientos tuvieron el apoyo de los monopolistas (entre ellos Martín de Álzaga), que se veían severamente perjudicados con el libre comercio decretado por el representante de Jorge III de Inglaterra (y que fuera aprobado por este soberano cuando los británicos ya no gobernaban sobre el Río de la Plata). El 1 de agosto una guerrilla amparada por el rico comerciante español Martín de Álzaga en los Caseríos de Perdriel, fuera del casco urbano (la actual Chacra Pueyrredón, en el partido de General San Martín),[6] dirigida por el criollo de ascendencia francesa Juan Martín de Pueyrredón, fue derrotada por una fuerza inglesa de 550 hombres. Pero la mayor parte de las tropas quedaron intactas para reconquistar la ciudad. Antes de que los rebeldes porteños pudieran llevar a cabo su plan, Liniers y nuevas tropas arribaron a Buenos Aires: estaban comandadas por Liniers, que había abandonado su posición en Ensenada y cruzado el Plata para organizar las tropas para la reconquista. Desde Montevideo, y con la ayuda de Pascual Ruiz Huidobro, gobernador de esa ciudad, el francés organizó un ejército que partió hacia Buenos Aires para la reconquista. Cruzó el Río de la Plata aprovechando una sudestada, tempestad que dejó inmóviles a los buques británicos. Avanzando desde el Tigre, se sumaron a este ejército miles de hombres entusiasmados. El 12 de agosto, Liniers avanzó sobre la ciudad desatando una batalla campal en distintas calles de Buenos Aires, hasta acorralar a los británicos en el Fuerte de la ciudad. También salieron a la calle centenares de voluntarios organizados y entrenados por Álzaga. Beresford firmó la capitulación el 20 de agosto, en la que se acordaba el intercambio de prisioneros entre ambos bandos. Temiendo un segundo ataque, el Cabildo presionó para que los prisioneros británicos fueran enviados al interior, anulando así los términos de la rendición. Retomada la ciudad, la Real Audiencia de Buenos Aires asumió el gobierno civil y decidió entregarle la Capitanía General a Liniers. Asimismo, la corona española le agregó el título "La muy fiel y reconquistadora" a la ciudad de Montevideo y en el escudo de dicha ciudad se agregaron banderas inglesas caídas, indicando la derrota de los británicos frente a Montevideo. |
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| Manuel Belgrano | |
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Manuel Belgrano, secretario del Consulado de Buenos Aires (y de todo el virreinato) y Capitán Honorario de Milicias Urbanas, manifestó la necesidad de reubicar el Consulado en el lugar en donde el virrey estuviese y se dirigió ante Beresford a presentar la solicitud. Mientras tanto, los demás miembros del Consulado juraron el reconocimiento a la dominación británica. Belgrano prefirió retirarse "casi fugado", según sus propias palabras, a la banda oriental del Río de la Plata, a vivir en la capilla de Mercedes, dejando en claro su postura al pronunciar su célebre frase: "Queremos al antiguo amo o a ninguno". |
| Santiago de Linniers | |
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Santiago
de Liniers y Bremond (o Jacques de Liniers) ( * Niort, 25 de julio de
1753 Cabeza de Tigre una decena de kilómetros al oeste
de Cruz Alta, provincia de Córdoba (Argentina), 26 de agosto
de 1810) fue un militar francés que se desempeñó
como administrador colonial de la corona española y virrey del
Virreinato del Río de la Plata (1807-09). Sus nombres y apellidos
completos fueron Jacques Antoine Marie de Liniers et Bremond.
Santiago de Liniers y Bremond, Caballero de la Orden de San Juan, caballero de la Orden de Malta, capitán de navío de la Real Armada, Comandante General de Armas de Buenos Aires y virrey del Río de la Plata, era hijo de Jacques de Liniers, oficial de la marina francesa. Se vio beneficiado por el tercer Pacto de Familia (1761), que permitió a los franceses participar en las empresas militares españolas en igualdad de derechos y obligaciones que los españoles. Ingresó en la escuela militar de la Orden |
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de Malta, donde después de tres años egresó, en 1768, con la cruz de Caballero. En Francia llegó a subteniente de caballería en el regimiento de Royal-Piémont. En 1774 solicitó la baja y se alistó como voluntario en una de las cruzadas contra los moros argelinos. Al concluirla, rindió examen de guardiamarina en Cádiz, para así prestar servicios como voluntario para la corona española. En 1775 recibió el grado de alférez de fragata. En 1776, bajo las órdenes Pedro de Ceballos, se embarcó al Virreinato del Río de la Plata y participó en la ocupación de la isla de Santa Catalina y en el ataque a Colonia del Sacramento. Entre 1779 y 1781 fue oficial del navío San Vicente, perteneciente a la escuadra franco-hispana que luchó contra la flota inglesa. Por su acción en el sitio de Mahón y en la conquista de Menorca, fue ascendido a teniente de navío. Luego actuó en el sitio de Gibraltar, y por su acción en la toma de un corsario inglés fue ascendido ahora a capitán de fragata. En 1788 fue enviado al Río de la Plata para organizar una flotilla de cañoneras. En este viaje llevó a su hijo Luis y a su primera esposa, Juana de Menviel, con la que se había casado en Málaga. Pero ésta muere en 1790 y Liniers contrae enlace nuevamente, esta vez en Buenos Aires, con María Martina Sarratea. Dirigió la fortificación de Montevideo, y en 1796 obtuvo como jefe de la escuadrilla española el grado de capitán de navío. En 1803 el virrey Joaquín del Pino y Rozas lo nombró gobernador de Misiones. Allí realizó un importante estudio político y científico de la zona. En 1804 fue nombrado por el virrey Rafael de Sobremonte jefe de la estación naval de Buenos Aires, pero pronto fue trasladado a la Ensenada de Barragán. En el viaje a Buenos Aires falleció su esposa María Martina. Se sentía desplazado por otros oficiales españoles, pues creía tener méritos para un destino mejor. Su hermano, el Conde de Liniers, participó en una conjuración con los ingleses para independizar el Río de la Plata, y más tarde siguió causándole problemas a su hermano, hasta su muerte en 1809.
Éste lo envió a Montevideo, donde su gobernador, Pascual Ruiz Huidobro, le dio hombres, armas y municiones, además de una escuadrilla de botes. Estas eran las fuerzas que Sobremonte había enviado a fines del año anterior a Montevideo, en la creencia de que los ingleses atacarían primero esa ciudad. Como Popham vigilaba las costas y el río de la Plata, esperó que se produjera una tormenta, lo que en la Argentina se llama sudestada, un temporal que dura días y que produce un oleaje feroz. Cuando esto se produjo, cruzó el río sin ser visto, a metros de los buques ingleses, y llegó a Tigre a principios de agosto. Enseguida se reunió con los refuerzos de caballería dirigidos por Juan Martín de Pueyrredón, y siguió aprovechando la tormenta para acercarse hasta el centro de Buenos Aires, mientras los británicos no podían moverse por los intransitables caminos. El 12 de agosto de 1806 atacó la ciudad. Allí se le unieron los hombres de Álzaga y juntos obligaron al gobernador William Carr Beresford a rendirse. Un cuadro de Charles Fouqueray, la Reconquista de Buenos Aires, pintado en 1909, ilustra el momento en que Beresford entregó su espada, y ocupa un lugar importante en la iconografía nacional argentina.
Envió a los prisioneros al interior, pero se conmovió de los lamentos de Beresford y firmó una capitulación honrosa con el jefe vencido, antedatada al 12 de agosto. Un acto absurdo que fue rechazado por todo el mundo, pero que hizo que Beresford exigiera su liberación. Liniers cometió la imprudencia de dejar al inglés en Luján, de donde lo fueron a rescatar dos traidores que se lo llevaron a la flota de Popham. El gobierno de Liniers se dedicó casi exclusivamente a organizar tropas para resistir el inevitable contraataque inglés, ya que Beresford había pedido refuerzos. Se organizaron una decena de regimientos, reunidos por lugar de origen, entre los que se destacaban los Patricios (es decir, nativos de Buenos Aires) y los Arribeños, o sea, nativos de las provincias del noroeste. En total, se formó un ejército de casi 8.000 hombres.
En julio desembarcaron más de 10.000 soldados ingleses en Quilmes y avanzaron sobre Buenos Aires. Liniers colocó una defensa sobre el Riachuelo, en una posición muy mala, pero los ingleses creyeron que era una trampa y lo esquivaron. El virrey se trasladó con parte de sus fuerzas a los Corrales de Miserere, donde fue fácilmente derrotado por el general inglés John Whitelocke. Liniers ofreció capitular, pero la ciudad, dirigida por Martín de Álzaga, se negó y decidió resistir. Inesperadamente, Whitelocke le dio tres días de tranquilidad y se pudo organizar la resistencia. Liniers logró entrar en la capital y apoyó a Álzaga. El ataque inglés del 8 de julio fue descoordinado, en columnas separadas y con orden de no disparar antes de llegar a la plaza central. En esas condiciones, no tuvieron ninguna posibilidad y fueron destrozados en pocas horas. Liniers exigió la rendición de los ingleses, y Álzaga lo forzó a agregar la obligación de devolver también Montevideo. Se lograron ambas cosas, y el éxito fue completo.
El general Francisco Javier de Elío, gobernador de Montevideo, se opuso a su autoridad y fundó y presidió una junta de gobierno, que si no anunciaba la independencia, al menos declaraba el derecho de cada ciudad a gobernarse por sí misma. Liniers no se atrevió a aplastar esa rebelión. Pero demasiada gente estaba en contra de su gobierno, en particular Martín de Álzaga. Y la invasión de Napoleón Bonaparte a España lo hizo sospechoso de simpatizar con los enemigos de España, por ser francés. Liniers sólo contaba con el apoyo de los regimientos locales, por lo que se apuró a pagar cuidadosamente sus sueldos. El 1 de enero de 1809 muy cerca de ser depuesto, por medio de la llamada asonada de Álzaga: el alcalde Martín de Álzaga y los miembros del Cabildo pretendieron deponer a Liniers y estuvieron a punto de lograr su renuncia. Pero la intervención de Cornelio Saavedra comandante de los Patricios lo salvó y llevó a Álzaga al destierro. Estando prisionero el rey Fernando VII, las sospechas sobre Liniers aumentaron, por lo que el gobierno de España, representado por la Junta Suprema Central, una vez liberado de Napoleón, nombró en reemplazo de Liniers a Baltasar Hidalgo de Cisneros, que llegó en julio de 1809. Algunos exaltados porteños le pidieron que se resistiera a entregar el mando, pero se negó. Fue nombrado Conde de Buenos Aires y se le permitió instalarse en una antigua estancia de los jesuitas en Alta Gracia, provincia de Córdoba. En 1810 ya tenía listas las valijas para regresar a España, cuando llegó la noticia de la Revolución de Mayo.
Artículo
principal: Contrarrevolución de Córdoba ...
será necesario considerar como rebeldes a los causantes de tanta
inquietud. Como militar estoy pronto a cumplir con mi deber. Y me ofrezco
desde ya a organizar las fuerzas necesarias. ...
la conducta de los de Buenos Aires con la Madre Patria, en la que se
halla debido el atroz usurpador Bonaparte, es igual a la de un hijo
que viendo a su padre enfermo, pero de un mal del que probablemente
se salvaría, lo asesina en la cama para heredarlo. Pero cuando el 21 de julio llegó a la jurisdicción de Córdoba la expedición revolucionaria de Francisco Ortiz de Ocampo, sus soldados desertaron en masa. Sus líderes tuvieron que huir hacia el norte, pero fueron alcanzados por las avanzadas del ejército patriota comandada por Antonio González Balcarce y arrestados el 7 de agosto. Ya el 28 de julio la Junta había decidido el fusilamiento de los cabecillas; sólo Manuel Alberti, por ser sacerdote, se abstuvo de firmar la orden. Ocampo, sin embargo, no realizó la ejecución ya que había sido compañero de armas de Liniers durante las Invasiones Inglesas. El Cabildo de Córdoba, ya en mano de los revolucionarios, decidió entonces enviar a los presos a Buenos Aires. Los miembros de la Junta se sorprendieron, ya que eso era mandarlo a la ciudad que lo tenía por un héroe, y podía suponer un gran peligro. Juan José Castelli salió a su encuentro con orden terminante de fusilarlos: Vaya
usted (le dijo Mariano Moreno a Castelli) y espero que no incursione
en la misma debilidad que nuestro general (Ocampo)... iré yo
mismo si fuese necesario..."
En 1861, el presidente Santiago Derqui, que era deudo de uno de los ajusticiados, asumió la magistratura de la Confederación Argentina y ordenó que las cenizas fueran remitidas a la ciudad de Paraná. El 17 de abril del mismo año llegaron confundidas en una urna y se les efectuaron las exequias. Los dos hijos menores de Liniers, que residían en España, le agradecieron "tan insigne acto de justicia, de magnanimidad y sana política". En junio de 1862, el cónsul español en Rosario expresó en una nota al Encargado del Poder Ejecutivo de la Nación, el brigadier general Bartolomé Mitre, la satisfacción de Su Majestad por "el homenaje tributado al valor y a la lealtad de los que sellaron con su sangre los juramentos que habían prestado al trono y a la patria" y además pedía que "se pusiesen a disposición del consulado de Rosario los expresados restos mortales para trasladarlos a la Península". El gobierno argentino accedió a la solicitud en el mes de julio. La hija mayor de Liniers se quejó a Mitre y exigió que los restos permanecieran en el país y fueran inhumados en la bóveda que la familia tenía en el cementerio de Buenos Aires. Pero no logró convencerlo y tanto los restos de Liniers como de Gutiérrez de la Concha fueron llevados a España, donde se los recibió con honores militares y fueron sepultados en Cádiz, en el Panteón de los Muertos ilustres de San Carlos. |
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| Juan Martin de Pueyrredon | |
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Al producirse la primera de las invasiones inglesas en 1806, dirigidas por el General Beresford y el comodoro Sir Popham, se dirigió al campo y reunió un ejército voluntario que entrenó para recobrar la ciudad, junto a otros oficiales como Martín Rodríguez y Cornelio Zelaya. Cuando los ingleses se enteraron de sus actividades, lo atacaron en la Chacra de Perdriel (actualmente Partido de General San Martín), derrotándolo. Sin embargo, lo exiguo de la derrota dejó en claro que se podía derrotar a los invasores con mayores fuerzas. Se unió al ejército que trajo de Montevideo el también francés Santiago de Liniers y participó con él en la llamada Reconquista de Buenos Aires, el 12 de agosto. Fue el primer comandante del regimiento de Húsares de Buenos |
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Aires, que muy pronto quedó en manos de Rodríguez. A fin de año, el cabildo de Buenos Aires lo nombró su representante ante el gobierno de Madrid para pedir ayuda, ya que la flota inglesa aún controlaba el río. No consiguió absolutamente nada. |
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Martin de Alzaga |
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Martín
de Alzaga (n. Valle de Aramayona, Álava, 11 de noviembre de 1755
- Buenos Aires, 6 de julio de 1812), comerciante y político
español de importante actuación en el Río de la Plata,
especialmente por su participación en el rechazo de las invasiones
inglesas.
Llegó a Buenos Aires a los 11 años, muy pobre y sin saber siquiera hablar otro idioma que el euskera. Dedicado al comercio, llegó a ser muy rico en pocos años con negocios en el tráfico de esclavos, de telas y de armas. Fue un destacado hacendado y miembro del Cabildo de Buenos Aires, al que accedió en 1785 como Defensor de Pobres, siendo uno de los miembros fundadores del Consulado de Comercio de Buenos |
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Aires, en 1794, y Alcalde de primer voto desde el 1 de enero de 1795 al 16 de setiembre de 1796. Se opuso siempre a la apertura comercial, a través de varios memoriales. Preocupado por la rebelión de Túpac Amaru II, creyó encontrar una conspiración en Buenos Aires y ordenó tormentos a los prisioneros arrestados en razón de sus delaciones. Pero, en definitiva, no pudo demostrar nada. Cuando en 1806 se produjo la primera de las invasiones inglesas en Buenos Aires, puso su fortuna al servicio de la Reconquista. Organizó un grupo de conspiradores, que unió a otros grupos con el mismo objetico, formados también por poderosos comerciantes, como Anselmo Sáenz Valiente y Juan Martín de Pueyrredón. El general invasor Beresford había ordenado el secuestro de todas las armas en poder de particulares, pero Álzaga era especialista en el contrabando de armas, por lo que pudo reunir centenares e instalar talleres de reparación de armas. Alquiló en secreto las casas que daban a la Plaza Mayor, y desde allí cavó túneles para minar el Fuerte, además de instalar en ellas cantones desde los cuales hacer frente a los invasores. Su capacidad de organización era notable; tenía una tenaz voluntad y un don natural de mando. Alquiló la chacra de Perdriel, en el actual partido de San Martín, donde los voluntarios se entrenaban por turnos, y donde se reunieron fuerzas de caballería. La red de espionaje organizada por los ingleses sólo descubrió lo que se tramaba pocos días antes de iniciada la reacción. El ataque a Perdriel sólo aceleró los hechos. Cuando Santiago de Liniers llegó desde Montevideo y comenzó la Reconquista de Buenos Aires, el 12 de agosto, apareció de repente el ejército secreto de Álzaga, y los ingleses fueron rápidamente vencidos. La rendición de Beresford no tardó en llegar; se había salvado el Virreinato. De inmediato, Álzaga convocó un cabildo abierto que consiguió desplazar del mando militar al virrey Sobremonte que pasó a Liniers e impedirle su entrada a Buenos Aires. El 1 de enero de 1807 fue electo Alcalde de primer voto y asumió el mando civil de la ciudad. Pero la flota inglesa no había abandonado el Río de la Plata, y pronto llegaron refuerzos, al mando del general John Whitelocke. Éstos tomaron Montevideo en junio de 1807, eliminando con facilidad las fuerzas de Sobremonte. Álzaga simplemente ordenó el arresto del virrey y su reemplazo por Liniers, como interino. Participó en la organización de las milicias de voluntarios de la ciudad, un ejército de más de seis mil hombres, y pagó con sus propios fondos la formación de un regimiento de asturianos y vizcaínos. El 2 de julio de 1807 se produjo el esperado ataque, y Liniers fue derrotado en Miserere, en las afueras de la ciudad. Pero Whitelocke les dio tres días de descanso a sus tropas antes de atacar. Álzaga convenció al desalentado Liniers de preparar la defensa y aprovechó al máximo el tiempo: organizó la defensa casa por casa, iluminó con miles de lámparas la ciudad para seguir trabajando de noche, y se aseguró que en todas las azoteas se acumulara todo lo necesario para la defensa de Buenos Aires. Los ingleses atacaron el 5 de julio, dándole otra ventaja: atacaron divididos en 13 columnas, que fueron derrotadas por separado. Al mediodía del 7 de julio, los ingleses se rindieron y evacuaron la ciudad. Pero Álzaga incluyó en las condiciones de la rendición que debían entregar también Montevideo. Liniers y Álzaga eran los héroes de la jornada, pero pronto entraron en conflicto, tanto por el pésimo gobierno del virrey, como por el hecho de que éste era francés y España había entrado en guerra con Napoleón Bonaparte. El 1 de enero de 1809, organizó una revolución para deponer a Liniers: sacó a la calle a los tercios (regimientos) de "Gallegos", "Miñones de Cataluña" y "Vizcaínos" formados por españoles, organizó una manifestación en contra del virrey y le exigió la renuncia. En su lugar sería nombrada una junta, dirigida por españoles y con dos secretarios porteños: Mariano Moreno y Julián de Leyva. Pero la renuncia de Liniers fue a condición de que el mando pasara al general Ruiz Huidobro, el segundo en el mando militar. Eso desconcertó a Álzaga y dio tiempo a la reacción del coronel Cornelio Saavedra, comandante del regimiento de Patricios. Éste disolvió las fuerzas españolas sublevadas y obligó a Liniers a retirar la renuncia. Álzaga fue enviado preso a Carmen de Patagones y se le siguió un juicio con el curioso título de "proceso por independencia". Los tercios de españoles sublevados fueron disueltos, lo que facilitaría la Revolución de Mayo. Pero el gobernador Francisco Javier de Elío, de Montevideo, que había formado una junta de gobierno en esa ciudad, rescató a Álzaga de Carmen de Patagones. Esta junta fue disuelta cuando llegó al Río de la Plata el nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, pero Álzaga pudo regresar a Buenos Aires. Esta fracasada revolución fue precursora de la del 25 de mayo del año siguiente. Pero también dejó en claro las líneas del conflicto por el poder entre gobiernos españoles y criollos. Y produjo un nuevo esquema de partidos y de poder, a partir del cual partió la idea llevada a cabo en la Revolución de Mayo. Participó en la caída del virrey Cisneros, y aunque no estuvo presente en el cabildo abierto del 22 de mayo, se negó a aceptar la junta presidida por éste. Y es seguro que participó en las negociaciones que formaron la Primera Junta, ya que colocó en ella a tres miembros de su partido: Mariano Moreno, Juan Larrea y Domingo Matheu. Fue obligado a aportar grandes sumas para la Revolución, pero no fue perseguido. Tenía muy buenas relaciones con el virrey Elío, que estaba en Montevideo en 1811, pero se quedó sin nada al año siguiente. Se dijo que en 1812 fundó su partido El Republicano (que pugnaba por la independencia bajo control español). El 1º de julio de 1812, el gobierno descubrió o creyó descubrir una conspiración de españoles contra el Primer Triunvirato, formado por Pueyrredón, Chiclana y Manuel de Sarratea. Ésta debía estallar el 5 de julio, quinto aniversario de la Defensa. No se sabe cuáles eran exactamente sus intenciones, aunque no parece que quisieran volver lisa y llanamente a la dependencia del rey. Buenos Aires estaba escasa de tropas, mayormente enviadas al Ejército del Norte, por lo que la situación era delicada. Durante las investigaciones, el secretario del Triunvirato Bernardino Rivadavia, basado en pruebas y confesiones extremadamente sospechosas, extendió la acusación a Álzaga y a un extenso grupo de partidarios. En realidad, caben serias dudas de que la conspiración fuera siquiera real. Fue arrestado y sometido a proceso criminal secreto; tan secreto, que nunca fue publicado ni se supo la identidad del único testigo, que incluso se dijo que era un esclavo. Es casi seguro que Rivadavia se estaba vengando de una vieja afrenta personal y usó los cargos para apoderarse de sus bienes. Álzaga y muchos otros fueron condenados a muerte. Las ejecuciones comenzaron el 4 de julio, dos días después de su arresto, lo que deja en claro que los acusados complotados ya estaban condenados de antemano. En total, fueron ejecutados más de treinta hombres, incluidos jefes militares, frailes y comerciantes, cuyos bienes fueron expropiados. Fue fusilado y colgado el 6 de julio de 1812 en Buenos Aires, en la Plaza de la Victoria. Sus cuerpos fueron exhibidos en la plaza durante tres días, en el que fue el más sanguinario de los desgraciadamente frecuentes excesos de la revolución. Sus restos se hallan en la Basílica de Ntra. Sra. del Rosario y Convento de Santo Domingo en la Ciudad de Buenos Aires, junto a los de Manuel Belgrano. Bibliografía Lozier
Almazán, Bernardo, Martín de Alzaga. Bs. As., Ed. Ciudad
Argentina, 1998. |
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| Sir Home Riggs Popham | |
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Sir Home Riggs Popham (Gibraltar,[1] 12 de octubre de 1762 Cheltenham, 20 de septiembre de 1820) Almirante británico de ascendencia irlandesa, investigador, estratega, comerciante, diplomático y político, perfeccionó el sistema de numérico telegráfico de señales por banderas que usó la Armada Real Británica en el siglo XIX (1803), prestó servicios durante la Guerra de Independencia Norteamericana, las Guerras Revolucionarias Francesas y las Guerras Napoleónicas. Fue Caballero de la Orden del Baño(KCB)(1815), Caballero Comandante de la Orden de San José de Jerusalém (1799), Caballero de la Orden de Malta (KM) y miembro de la Fellow of the Royal Society(FRS). Dominaba varios idiomas. |
| General William Beresford | |
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William Carr Beresford (2 de octubre de 1768 - 8 de enero de 1854) militar y político británico. Fue general en el ejército británico y mariscal en el ejército portugués. Durante tres meses fue gobernador de la efímera colonia británica de Buenos Aires. Era hijo natural del marqués de Waterford, el más influyente noble de Irlanda. Siendo joven, su padre le consiguió el título de barón de Beresford. En 1785 estudió en la escuela militar de Estrasburgo; hizo la guerra contra los independentistas norteamericanos en Nueva Escocia, en Canadá, donde quedó tuerto en un accidente. Peleó contra los franceses en Tolón, en Córcega y en Jamaica. |
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Finalmente fue destinado a la India, donde conoció al Duque de Wellington, quien lo consideró su favorito. Hizo la campaña contra Napoleón Bonaparte en Egipto, con brillantes resultados, junto con los futuros generales David Baird y Samuel Auchmuty. Era un hombre enorme, de una fuerza descomunal, y un general muy capaz. Fue también miembro del Parlamento, en la Cámara de los Lores. Formó parte del ejército con que el general Baird invadió Ciudad del Cabo, que era colonia holandesa, la cual fue tomada el 19 de Enero de 1806. Cuando el comodoro Home Popham le propuso al general Baird asociarse para la captura del Virreinato del Río de la Plata, Baird rechazó la propuesta; pero cambió de idea cuando se informó de que se trataba de capturar un gran botín de plata acumulado en la ciudad de Buenos Aires. Entonces pactó un reparto del botín y le dio un contingente formado por el Regimiento 71 de Highlanders, la mando del teniente coronel Denis Pack y otras tropas, todo bajo el mando del coronel Beresford. Para asegurarse una mayor participación y control sobre la operación, nombró en secreto general a Beresford, para que fuera superior de Popham. La expedición desembarcó en Quilmes el 25 de junio de 1806 y tomó desprevenido al virrey Rafael de Sobremonte, que esperaba un ataque sobre Montevideo. Venció la débil resistencia que se le opuso y ocupó Buenos Aires. Oficialmente se tituló gobernador de Buenos Aires. Publicó un edicto en el que anunciaba que las propiedades serían respetadas, que las autoridades permanecerían en sus cargos, pero que debían jurar al nuevo rey, Jorge IV. Exigió al virrey la entrega de los fondos públicos que habían venido a buscar, y los comerciantes de Buenos Aires apoyaron sus reclamos, a cambio de que devolviera los barcos y lanchas que había tomado. Al no poder llevárselo rápidamente, Sobremonte le entregó al enviado inglés lo que le pedía en Luján, poniendo como cándida condición que no podrían salir de Buenos Aires mientras no se estableciera si eran o no un botín de guerra legítimo. Como era de esperarse, Beresford envió los caudales a Londres. Los ingleses no trataron de alcanzar a Sobremonte, porque creyeron que no iba a poder volver a la ciudad, y Beresford confiaba en que entorpecería el accionar de cualquier subordinado decidido. Por otro lado, les hubiera resultado muy difícil perseguirlo. Hizo lo que pudo para ganarse la confianza de sus gobernados, ya que su fuerza era demasiado pequeña. Pero si los militares prisioneros juraron no tomar más las armas contra los ingleses; y si las autoridades - con la excepción de la Audiencia - juraron al rey Jorge, la oposición comenzó a organizarse en torno al ex alcalde Martín de Álzaga. Beresford ordenó el secuestro de todas las armas en poder de particulares, pero muchas pudieron ser escondidas. En secreto, Álzaga organizó un ejército de casi tres mil hombres, a los que envió a adiestrarse en el campamento de Perdriel. Alquiló las casas que daban a la plaza mayor, y desde allí cavó túneles para minar el Fuerte, además de instalar cantones para hacer frente a los invasores. Toda esta organización fue pagada del bolsillo del alcalde. Beresford montó un red de espionaje, en la cual participaron colaboracionistas criollos, pero el sistema montado por Álzaga sólo fue descubierto cuando ya la reconquista era inminente. Beresford pidió desesperadamente refuerzos a Londres. Mientras tanto, decidió atacar el campamento enemigo, con una columna al mando de la cual estaba él mismo. En la batalla de Perdriel dispersó a las fuerzas de Juan Martín de Pueyrredón y Cornelio Zelaya, pero él ejército enemigo quedó intacto. El marino Santiago de Liniers había pasado a Montevideo, donde el gobernador Pascual Ruiz Huidobro le entregó un fuerte contingente para intentar la reconquista de la ciudad. Eran las fuerzas que Sobremonte había enviado a fines del año anterior a Montevideo. Liniers volvió a la costa bonaerense el 3 de agosto, en medio de un temporal que le permitió pasar sin ser visto entre las fuerzas británicas. Siguió aprovechando la tormenta para acercarse hasta el centro de Buenos Aires, mientras los británicos no podían moverse por los intransitables caminos. Desde Córdoba, avanzaba también el virrey Sobremonte, pero no llegaría a tiempo para actuar. Liniers se negó a esperarlo. Beresford recibió en el Fuerte al capitán Hilarión de la Quintana, que le entregó una intimación para que se rindiera en quince minutos. Y le informó que el ejército enemigo estaba en las afueras de la ciudad. El gobernador invasor respondió que resistiría, por lo que Liniers se lanzó de inmediato al ataque, reforzado por los voluntarios de Álzaga. Las tropas inglesas fueron superadas rápidamente, y Beresford ordenó replegarse al Fuerte cuando su ayudante fue muerto a un metro de él. Fue rápidamente rodeado, y finalmente se rindió. Se le permitió abandonar el Fuerte con las banderas desplegadas y rendirse a Liniers en medio de la Plaza Mayor, que desde entonces se llamó Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo). Era el 12 de agosto de 1806. Beresford fue puesto en prisión. Se había rendido sin condiciones, pero convenció a Liniers de que sería ejecutado por haberse rendido de esa manera. Se lamentó tanto de su suerte, que el caballeresco Liniers se apiadó de él y firmó una capitulación, antedatada, que contenía condiciones ventajosas para él. A cambio, fue obligado a jurar que no tomaría las armas contra los españoles otra vez, cosa que cumplió. El Cabildo protestó, pero Liniers explicó que era sólo una garantía para Beresford. Pero Beresford empezó a reclamar el cumplimiento de la fingida capitulación, amenazando con represalias de parte del gobierno inglés. No fue atendido, y mientras sus hombres eran enviados a las provincias del interior como prisioneros, Beresford y Pack fueron llevados a Luján. Al llegar la noticia de la captura de Montevideo por la Segunda Invasión inglesa, Sobremonte fue reemplazado por Liniers como virrey; éste ordenó trasladar a Beresford y Pack a Catamarca. Pero cuando iban en camino, el oficial que los conducía fue interceptado por Manuel Aniceto Padilla y Saturnino Rodríguez Peña, que lo convencieron de que tenían orden de Liniers de llvarlo a Buenos Aires. El prisionero fue entregado, pero fue conducido hasta Tigre y embaracado en un bote a vela. Interceptado por un buque inglés, fue trasladado a Montevideo. Allí asesoró al general John Whitelocke para la segunda invasión a Buenos Aires, pero se negó a participar en ella y partió hacia Londres. Whitelecke fracasaría lastimosamente en su invasión. Iba camino a Londres cuando fue puesto al mando de las fuerzas de una flota que se cruzó con él, y con la que ocupó la isla portuguesa de Madeira, con lo que los ingleses esperaban evitar que el imperio de Napoleón Bonaparte se extendiera fuera de Europa continental. Escribió una serie de informes oficiales sobre su actuación en Buenos Aires, y a pesar de que había actuado sin permiso del gobierno, fue premiado por su éxito. Cuando Gran Bretaña se alió a España contra Napoleón, fue puesto al mando de una división en La Coruña, y en 1809 organizó el ejército portugués. Fue reconocido como Mariscal en el ejército portugués, y combatió junto al Duque de Wellington. En 1812, dirigió un ejército angloespañol contra los franceses, y obtuvo la victoria de Albuera; uno de sus oficiales más importantes era el coronel José de San Martín. Por esta victoria fue nombrado duque de Elvas en España y conde de Troncoso en Portugal. Wellington lo nombró su sucesor en caso de que él muriera. Después de la derrota de Napoleón, siguió un tiempo al servicio de Portugal. En 1816 pasó a Río de Janeiro, donde residía el rey Juan VI. Al año organizó un gran ejército portugués, pero se negó a tomar el mando de ese ejército, tal vez por el juramento de 1806. Poco después, éste invadió la Banda Oriental y acabó con los ejércitos de José Artigas e incorporó ese territorio a Portugal. Regresó a Inglaterra en 1821, donde continuó su carrera militar: entre 1828 y 1830, fue Ministro de Ordenanza (es decir, de equipamiento militar) del gabinete Wellington. Ese último año se retiró del ejército y fue nombrado vizconde. Al año siguiente publicó, conjuntamente con el Coronel Francis P. Napier, Strictures on certain passages of lieut. col. Napier's History of the Peninsular war, which relate to the military opinions and conduct of Gen. Lord Viscount Beresford Falleció en Londres en 1854. |
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| Teniente General John Whitelocke | |
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Sir
John Whitelocke (Inglaterra, 1757Buckinghamshire (Inglaterra), 23
de octubre de 1833) fue un oficial del ejército británico,
descendiente de sir James Whitelocke.
Whitelocke ingresó en el ejército en 1778, y ascendió a coronel en 1793. En ese mismo año la parte bajo dominio francés de la isla de Santo Domingo pidió a Inglaterra ser incluida como protectorado británico. El gobernador de Jamaica organizó entonces una expedición de ocupación el 9 de septiembre de 1793, |
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compuesta por unos setecientos hombres a las órdenes del coronel Whitelocke. Desembarcó el 19 de septiembre en Jérémie, pero fue rechazado en su arremetida contra Cabo Tiburón. Después de recibir refuerzos, tomó Saint Marc, Logane y Arcahay y realizó un segundo ataque contra Cabo Tiburón, esta vez exitoso, gracias al cual logró el dominio de casi toda la costa occidental de la isla, con excepción de Puerto Príncipe. Asistido por toda la fuerza auxiliar de la parte española del país, sitió Port-de-Paix en la costa septentrional. Intentó en vano sobornar al general Lavaux, comandante de la ciudad, para que entregara el bastión. Poco después, tras la llegada de nuevos refuerzos provenientes de Jamaica, el balance de fuerzas se inclinó a su favor y el 14 de junio de 1794 finalmente pudo ocupar la ciudad. En los años subsiguientes cumplió funciones en La India, Egipto, y el Cabo de Buena Esperanza. Fue ascendido a teniente general, y en 1807 se le asignó el cargo de comandante en jefe de las fuerzas británicas en el Río de la Plata. Allí las ambiciones británicas de forzar la dependencia comercial del virreinato habían sufrido un duro golpe: la fallida invasión comandada por el general William Carr Beresford terminó en la capitulación del 12 de agosto de 1806 en Buenos Aires, y la expedición de refuerzo de sir Samuel Auchmuty llegó demasiado tarde, por lo que tuvo que contentarse con la toma de Montevideo el 1 de febrero de 1807. Whitelocke arribó a Montevideo en abril de 1807, con un ejército de 6.000 hombres al que agregó el de Auchmuty y el remanente del ejército de Beresford, con lo que llegó a reunir un total de 12.000 hombres disciplinados y bien entrenados. Dejó en Montevideo una guarnición de 2.000 soldados y marchó con el resto a Maldonado. De allí, bajo protección de la flota naval del almirante sir Home Riggs Popham desembarcó el 28 de junio de 1807 en Ensenada, al sur de Buenos Aires. El primero de julio fue atacado por Santiago de Liniers en el paso del Riachuelo, ofensiva que pudo superar y contrarrestar al costo de demorar sus planes de tomar Buenos Aires. Durante esa noche el alcalde de la ciudad, Martín de Álzaga, ordenó cavar trincheras y construir barricadas en las calles y reunió a las tropas desbandadas, de modo que Liniers, a su regreso, encontró las defensas ya organizadas. Esta mejoría en la posición táctica le permitió rechazar el 3 de julio la demanda de Whitelocke de entregar la ciudad. El comandante británico sin embargo tenía todo preparado para la invasión de la urbe: el 5 de julio condujo a su ejército dispuesto en formación de ocho columnas al asalto final. La resistencia en las calles fue feroz, obligándolo a combatir el día entero, al fin del cual había sufrido 1.100 bajas y otros 1.500 de sus hombres habían sido capturados. Al día siguiente renovó el asalto, pero la resistencia fue incluso más fuerte: para el mediodía las fuerzas británicas habían sido batidas y rodeadas y habían sufrido la pérdida de más de 2.000 soldados, por lo que Whitelocke ofreció su inmediata capitulación. Debió aceptar condiciones humillantes y evacuar la frontera meridional del río dentro de las siguientes cuarenta y ocho horas, y liberar la ciudad de Montevideo en el plazo de dos meses. La rendición fue ratificada el 7 de julio y cumplida al pie de la letra por Whitelocke, que dejó Montevideo el 1 de septiembre junto con todo su ejército. |
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| Juan Bautista Azopardo | |
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Juan
Bautista Azopardo (Senglia, Malta, 20 de febrero de 1772 - Buenos Aires,
23 de octubre de 1847) fue un militar y corsario maltés que luchó
al servicio de Holanda, España y de Argentina.
Estudió de muy joven construcciones navales en el arsenal francés de Tolón. Su arribo al río de La Plata se produce durante los primeros años del siglo XIX. Se desempeño como corsario con patente de Holanda contra Inglaterra y con patente de España contra la misma nación. Durante la guerra entre Holanda e Inglaterra sirvió en la goleta "The Hoop" y participo en la captura de la |
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fragata inglesa HMS Neptuno que arribó al puerto de Montevideo como presa el 21 de enero de 1804. La misma tenia 256 esclavos a bordo y el Capitán de Presa era el francés Hipólito Mordeille. Sirvió como Segundo Comandante de la Fragata Corsaria "Dromedario" de patente de Montevideo, cuyo capitán era el francés Mordeille.
En dicha nave se transportaron parte de las fuerzas de reconquista durante la primera Invasión Inglesa (1806) a Buenos Aires. Junto con su capitán y el resto de la tripulación del Dromedario realizaron con otras fuerzas el asalto final a la fortaleza de Buenos Aires donde estaba el último bastión del general invasor William Carr Beresford. Durante la Segunda Invasión Inglesa (1807) a Buenos Aires desde Olivos transportó, por el río Paraná, la artillería hasta la ciudad para su defensa. Por su valor y arrojo el gobierno español lo premia con el grado de Teniente Coronel de las Milicias Urbanas. El 17 de noviembre de 1807, Santiago de Liniers le firma en Buenos Aires la patente de corso para la goleta La Mosca. El armador fue Anselmo Saénz Valiente. La patente venció en 1808, retirándose entonces Azopardo definitivamente de la actividad corsaria. Enmacipación argentina [editar]Se unió a las fuerzas criollas en la Revolución de Mayo de 1810, y se le repuso el grado que el virrey le había quitado. Tras los resultados negativos en la campaña del Paraguay, Manuel Belgrano debe solicitar refuerzos a Buenos Aires para poder mantener la posición en dicha región. La Junta no podía franquearlos a través de Entre Ríos, por estar controlados los ríos por Vigodet y sus naves realistas. A fines de 1810 la Junta de Gobierno entregó al teniente coronel Azopardo, el mando de la primera Armada Nacional, compuesta por tres naves, cuya misión sería proteger el avance de la expedición de refuerzos para Manuel Belgrano. Las naves de la pequeña escuadra eran la goleta "Invencible", el bergantín "25 de Mayo" y la balandra "Americana", y su segundo comandante fue el capitán Hipólito Bouchard. En el Combate de San Nicolás, el 2 de marzo de 1811, se ve obligado a enfrentar a la escuadra realista superior en naves y capacidad de fuego, y es herido seriamente y hecho prisionero. Belgrano deberá sin los refuerzos firmar un acuerdo para abandonar el Paraguay. Preso de las españoles y trasladado a Ceuta tras la derrota de la batalla naval de San Nicolás, compartió prisión con el inca Juan Bautista Túpac Amaru. La revolución de Riego en 1820 culmina con la toma del poder de los liberales en España y se decide que se liberen los presos políticos de América, siendo excarcelado.
De regreso a Buenos Aires se le otorga la comandancia del bergantín General Belgrano, como segundo comandante del almirante Guillermo Brown, para enfrentar a la flota de Pedro I del Brasil que había declarado la guerra a Argentina a fines de 1825.
Siendo coronel en 1821 dirige la capitanía del puerto de Buenos Aires hasta 1826. El 3 de febrero de 1827 solicita y obtiene su retiro. Fallece el 23 de octubre de 1848 en Buenos Aires. |
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| Goletas | |
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Una
goleta es un buque de dos o más mástiles (las ha habido
hasta de siete palos), siendo el mayor el de mesana, con el aparejo formado
por velas áuricas (cangreja, escandalosa) y velas de cuchillo (foques,
velas de estay); es decir, velas dispuestas en el palo siguiendo la línea
de crujía, de proa a popa, en vez de montadas en vergas transversales
como las velas cuadradas.
La goleta aparece en el siglo XVIII y tiene características funcionales parecidas al bergantín, del que se diferencia principalmente por su aparejo. Es un buque capaz de alcanzar gran velocidad en ceñida y través, y se empleó de forma parecida al bergantín, aunque por su menor tamaño se destinaba más a actividades mercantes de cabotaje. El aparejo de cuchillo requiere menos personal para su manejo. Las goletas solían ser de menor desplazamiento que los bergantines, aunque |
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también las hubo de más tonelaje, que se emplearon en navegación entre continentes, y en algún caso hasta de tres palos. La goleta desaparece en el siglo XIX junto con la navegación a vela. Su aparejo tuvo gran influencia en las embarcaciones deportivas de vela actuales y en las construcciones modernas de grandes buques de vela, como buques escuela o para entretenimiento, que casi siempre emplean aparejos de tipo goleta o sus variantes. Embarcaciones con variantes del aparejo de la goleta, además del bergantín-goleta (palo trinquete aparejado de cruz, p. ej. Juan Sebastián Elcano) son la goleta de velacho, con una o dos de tales velas en el trinquete (el palo más cercano a proa); goleta de gavias (trinquete con cangreja, escandalosa y gavias en mayor); goleta-polacra, mayor aparejado de goleta y trinquete con dos velas cuadradas y cangreja, sin cofas ni cruceta. Pailebot (vela de gavia baja en trinquete); queche, con los mismos aparejos, siendo el trinquete el palo mayor. La goleta mayor en la marina mercante del mundo fue el Thomas W. Lawson (1902-1907), un velero de casco de acero norteamericano con siete (!) mástiles y una carga máxima de 11.000 toneladas. Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Goleta" |
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| Milicias del Virreinato | |
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Infantería Regimiento
de Patricios o Legión Patricia, de tres batallones formados por
los nacidos en Buenos Aires, mayormente pobres y liderada por Cornelio
de Saavedra y que contaba con Manuel Belgrano como sargento mayor. Cuerpo
de Arribeños, comandado por Pío Gana y formado por peones
provenientes de las provincias del interior; entre sus oficiales se
hallaba Juan Bautista Bustos. Compañía
de Granaderos de Infantería o Provinciales, cuerpo colonial posteriormente
denominado de Fernando VII, dirigidos por Florencio Terrada. Tercio
de Montañeses o Cántabros de la Amistad, originarios de
Cantabria, posteriormente estuvo al mando del coronel Pedro Andrés
García. Cuerpo de Asturianos y Vizcaínos |
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Cazadores
Correntinos, bajo el mando de Juan José Fernández Blanco.
Tercio
de Gallegos o de Voluntarios Urbanos de Galicia. Tercio
de Andaluces Tercios
de Miñones o Catalanes Cuerpos
de Indios, Pardos y Morenos. Batallón de Naturales Caballería Primer
Escuadrón de Húsares, cuyo nombre oficial era "Húsares
del Rey", pero más comúnmente conocido como "Húsares
de Pueyrredón", en honor a su afamado comandante Juan Martín
de Pueyrredón, que participaría luego en la Guerra de
Independencia Argentina bajo del nombre Húsares de la Patria.
Segundo
Escuadrón de Húsares, conocidos popularmente como "Húsares
Infernales" o "Húsares de Vivas", en honor a su
primer jefe Lucas Vivas. Tercer
Escuadrón de Húsares o "Húsares de Núñez",
por su comandante Pedro Ramón Nuñez, también llamados
"Húsares Infernales", al igual que al segundo escuadrón.
Cuarto
Escuadrón de Húsares o "Carbineros de Herrera",
por haber sido su primer jefe Diego de Herrera. Su denominación
más comúnmente difundida, (pese a haber sido organizados
originalmente como Cuarto Escuadrón), es la de "Cazadores
de la Reina". Quinto
Escuadrón de Caballería Ligera, denominado "Carabineros
de Carlos IV", cuerpo de caballería al mando de Lucas Fernández.
Sexto
Escuadrón de Caballería Ligera, o más comúnmente
denominados "Migueletes de Castex", organizados por el abogado
de la Real Audiencia Alejo Castex. Escuadrón
de Quinteros y Labradores. Regimiento de Caballería de Blandengues de la Patria, cuerpos de caballería para la defensa de las fronteras interiores asediadas por los indígenas. Artillería Cuerpo
de Voluntarios Patriotas de la Unión. Compañía de Artillería de Indios, Pardos y Morenos, formada por indios y esclavos. |
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| La lucha | |
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El 25 de junio de 1806 una fuerza de unos 1.600 hombres al mando de Beresford, entre ellos el Regimiento 71 de Highlanders, desembarcó en las costas de Quilmes sin ser molestados. Recién al día siguiente se dispuso en Buenos Aires marchar hacia ellos, bajo el mando del nuevo Subinspector del Ejército, coronel Pedro de Arze. Cuando se estuvo frente al enemigo, se rompió fuego, aunque la carga posterior de las tropas invasoras forzó a una retirada general de los defensores. Sobremonte intentó una estrategia de defensa, armando a la población y apostando a sus hombres en la ribera norte del Riachuelo, confiando en poder atacar a los ingleses de flanco. Pero el reparto de armas fue un caos, y las tropas no pudieron detener el rápido avance inglés; de modo que el virrey quedó fuera de la ciudad, sin posibilidad de intentar nada.
El 27 de junio las autoridades virreinales aceptaron la intimación de Beresford y entregaron Buenos Aires a los británicos. En la tarde de este mismo día, las tropas británicas desfilaron por la plaza mayor (la actual Plaza de Mayo) y enarbolaron la bandera del Reino Unido, que permanecería allí por 46 días. Manuel Belgrano, secretario del Consulado de Buenos Aires (y de todo el virreinato) y Capitán Honorario de Milicias Urbanas, manifestó la necesidad de reubicar el Consulado en el lugar en donde el virrey estuviese y se dirigió ante Beresford a presentar la solicitud. |
| Mientras
tanto, los demás miembros del Consulado juraron el reconocimiento
a la dominación británica. Belgrano prefirió retirarse
"casi fugado", según sus propias palabras, a la banda
oriental del Río de la Plata, a vivir en la capilla de Mercedes,
dejando en claro su postura al pronunciar su célebre frase: "Queremos
al antiguo amo o a ninguno".
El virrey abandonó la capital en la mañana del 27 de junio y se retiró a Córdoba junto con algunos centenares de milicianos que no tardaron en desertar: contrariamente a una persistente leyenda, no llevaba consigo los caudales, ya que los mismos habían sido evacuados dos días antes de acuerdo a un plan trazado el año anterior. Beresford demandó la entrega de los caudales del Estado y advirtió a los comerciantes porteños que en caso contrario retendría las embarcaciones de cabotaje capturadas e impondría contribuciones. El Cabildo no vaciló en enviar una comisión a Sobremonte rogándole entregara el tesoro a un destacamento inglés enviado en persecución del mismo. Éste tesoro fue trasladado a Londres y paseado como trofeo de guerra, antes de ser depositado en un banco. El 14 de julio, Sobremonte declaró a Córdoba la capital provisoria del virreinato. Asimismo, instó a que se desobedecieran todas las órdenes provenientes de Buenos Aires mientras durara la ocupación. Se dedicó a organizar un ejército con el que reconquistar la capital, pero la tarea tropezó con toda clase de dificultades, y sólo dos meses más tarde estuvo listo. Los porteños estaban, en general, descontentos con la metrópoli, y por tanto, en un primer momento los británicos fueron recibidos con entusiasmo. Sin embargo, los grupos partidarios de la independencia reconocieron la amenaza latente en la ayuda británica. La ocupación era la excusa perfecta para establecer el dominio que el Reino Unido anhelaba sobre la región. Una de las primeras medidas que tomó Beresford fue decretar la libertad de comercio y de reducción de aranceles. Al darse cuenta de que los ocupantes no tenían otros planes, sino convertir al Plata en una colonia británica, se sumaron a los grupos que preparaban una rebelión. Ante la inmovilidad de las autoridades virreinales, los vecinos de la ciudad, criollos y españoles por igual, comenzaron a armarse para defenderse por sus propias manos. Se organizaron varios grupos clandestinos que planeaban atacar el fuerte, residencia temporal de Beresford, con explosivos caseros. Estos movimientos tuvieron el apoyo de los monopolistas (entre ellos Martín de Álzaga), que se veían severamente perjudicados con el libre comercio decretado por el representante de Jorge III de Inglaterra (y que fuera aprobado por este soberano cuando los británicos ya no gobernaban sobre el Río de la Plata). El 1 de agosto una guerrilla amparada por el rico comerciante español Martín de Álzaga en los Caseríos de Perdriel, fuera del casco urbano (la actual Chacra Pueyrredón, en el partido de General San Martín),[6] dirigida por el criollo de ascendencia francesa Juan Martín de Pueyrredón, fue derrotada por una fuerza inglesa de 550 hombres. Pero la mayor parte de las tropas quedaron intactas para reconquistar la ciudad. Antes de que los rebeldes porteños pudieran llevar a cabo su plan, Liniers y nuevas tropas arribaron a Buenos Aires: estaban comandadas por Liniers, que había abandonado su posición en Ensenada y cruzado el Plata para organizar las tropas para la reconquista. Desde Montevideo, y con la ayuda de Pascual Ruiz Huidobro, gobernador de esa ciudad, el francés organizó un ejército que partió hacia Buenos Aires para la reconquista. Cruzó el Río de la Plata aprovechando una sudestada, tempestad que dejó inmóviles a los buques británicos. Avanzando desde el Tigre, se sumaron a este ejército miles de hombres entusiasmados. El 12 de agosto, Liniers avanzó sobre la ciudad desatando una batalla campal en distintas calles de Buenos Aires, hasta acorralar a los británicos en el Fuerte de la ciudad. También salieron a la calle centenares de voluntarios organizados y entrenados por Álzaga. Beresford firmó la capitulación el 20 de agosto, en la que se acordaba el intercambio de prisioneros entre ambos bandos. Temiendo un segundo ataque, el Cabildo presionó para que los prisioneros británicos fueran enviados al interior, anulando así los términos de la rendición. Retomada la ciudad, la Real Audiencia de Buenos Aires asumió el gobierno civil y decidió entregarle la Capitanía General a Liniers. Asimismo, la corona española le agregó el título "La muy fiel y reconquistadora" a la ciudad de Montevideo y en el escudo de dicha ciudad se agregaron banderas inglesas caídas, indicando la derrota de los británicos frente a Montevideo. Popham fue juzgado por una corte marcial británica por haber abandonado su misión en Cabo de Buena Esperanza, pero su castigo se limitó a ser "severamente amonestado". La ciudad de Londres le otorgaría luego una espada de honor por sus esfuerzos por abrir nuevos mercados; la sentencia nunca llegó a afectarlo. |
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| Gaucho | |
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Tras la capitulación de Beresford y ante la posibilidad de una nueva invasión, Liniers emitió el 6 de setiembre de 1806 un documento instando al pueblo a organizarse en cuerpos separados según su origen. Este documento contenía una proclama acerca de la creación de diversos cuerpos urbanos y una segunda orden de convocatoria fue emitida el 9 de setiembre. La mayor parte de los hombres adultos se enlistó como miliciano de alguno de los diferentes cuerpos y regimientos que se organizaron. El Comandante General de Armas logró |
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agrupar una fuerza popular a la que se le sumaban las tropas virreinales, de menor tamaño, formando un ejército de infantería, caballería y artilleros: (...)
Vengan, pues, los invencibles cántabros, los intrépidos
catalanes, los valientes asturianos y gallegos, los temibles castellanos,
andaluces y aragoneses; en una palabra, todos los que llamándose
españoles se han hecho dignos de tan glorioso nombre. Vengan,
y unidos al esforzado, fiel e inmortal americano, y a los demás
habitadores de este suelo, desafiaremos a esas aguerridas huestes enemigas
que, no contentas con causar la desolación de las ciudades y
los campos del mundo antiguo, amenazan envidiosas invadir las tranquilas
y apacibles costas de nuestra feliz América. El gaucho argentino Aunque
se la utilizó en todo el río de la Plata - y aún
en Brasil - no existe absoluta certeza sobre el origen de la palabra
gaucho. También existe la hipótesis de que los criollos y mestizos comenzaron a pronunciar así (gaucho) la palabra chaucho, introducida por los españoles como una forma modificada del vocablo chaouch, que en árabe significa arreador de animales. La denominación se aplicó generalmente al elemento criollo (hijos de españoles) o mestizo (hijos de españoles con indígenas), aunque sin sentido racial sino étnico ya que también fueron gauchos los hijos de los inmigrantes europeos, los negros y los mulatos que aceptaron su clase de vida. El ambiente del gaucho fue la llanura que se extiende desde la Patagonia hasta los confines orientales de Argentina, llegando hasta el Estado de Rio Grande del Sur, en Brasil (gaúcho). El proceso evolutivo del gaucho y el uso de esa palabra se desarrolló sin solución de continuidad. Distintos tipos de gaucho existieron en Argentina antes de 1810, es decir antes de ser conocidos con ese nombre. Peones de campo existieron desde que comenzaron a formarse las primeras estancias, aunque hayan sido pocas al principio. El tercer tipo - que luego se llamó gaucho alzado - existió en reducido número. Pero no fueron los primitivos peones ni los "fuera de la ley" quienes le dieron la característica suficientemente fuerte para llamar la atención. Es indudable que el tipo de gaucho que tuvo realmente fisonomía peculiar - el primero que fue llamado así - fue el gaucho nómada, no delincuente, que estuvo implícito en el gauderío oriental del s. XVIII. Este gaucho fue algo más que un simple vagabundo. Adquirió en la Argentina, a lo largo del s. XIX rasgos propios bien definidos. Y cuando se difundió suficientemente - es decir, a medida que fue creciendo la población rural - fue llamado gaucho, como también se había llamado al paisano oriental del s. XVIII. Hábiles jinetes y criadores de ganado, se caracterizaron por su destreza física, su altivez, su carácter reservado y melancólico. Casi todas las faenas eran realizadas a caballo, animal que constituyó su mejor compañero y toda su riqueza. El lanzamiento del lazo, la doma y el rodeo de hacienda, las travesías, eran realizados por estos jinetes, que hacían del caballo su mejor instrumento; en el caballo criollo no sólo cumplía las faenas cotidianas sino que con él participó en las luchas por la independencia, inmortalizando su nombre con las centauras legiones de Güemes. Fue el hombre de nuestro campo, principal escenario de su vida legendaria y real. De vida solitaria ya en grupos de tiendas, como las tribus nómades ya en racheríos aislados como en la pampa sureña. |
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| Carretón | |
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En las
zonas alejadas de los ríos navegables, las carretas fueron el
primer medio de comunicación conocido en nuestro país.
Transportaban, indistintamente, carga y pasajeros entre ciudades y pueblos. La caja
de cada carreta, estrecha y larga, con techo de cuero o de quinchada,
estaba montada sobre dos ruedas altísimas que facilitaban el
cruce de ríos y arroyos. La carreta era arrastrada por bueyes -generalmente tres yuntas-, por eso se trasladaba con mucha lentitud, |
| recorriendo apenas cinco leguas en toda una joornada de marcha. | |
| El Cabildo | |
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El Cabildo de Buenos Aires es un edificio público que se utilizaba como recinto de las autoridades del Virreinato del Río de la Plata. Fue un Cabildo colonial, la unidad de administración política, judicial y económica de España hasta 1822. Desde 1608 hasta 1940 ha sufrido diversas modificaciones estructurales. Se encuentra emplazado frente a la Plaza de Mayo. |
| El Pueblo - La Moda | |
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La dama y el caballero
La servidumbre
El Médico
El Sereno
Vendedor de verduras
Vendedor de velas
Lechero |
El peinetón marcaba la diferencia entre criollos y españoles. La seda era para la aristocracia y el algodón fue el símbolo de la democratización. Los miriñaques cayeron en desuso junto con la cabeza de Maria Antonieta, y desde la Revolución Francesa -cuyos ideales habían enraizado bien en un sector de la sociedad porteña- en cuestión de modas, primaba el que pasaría a la fama con el nombre de Estilo Imperio gracias a Napoleón Bonaparte. Las damas usaban lánguidos vestidos de talle alto, sin mucho frunce, al punto de llamarlas faldas de medio paso, de telas ligeras aun en el crudo invierno, no se usaba demasiada ropa interior ni siquiera como abrigo, de modo que la enfermedad en boga de 1810 era de 'la enfermedad de la muselina': un resfrió pertinaz y tos que no se curaban hasta la llegada del calor. Peinetas
si se usaban, pero no esas rejas de arado de 1840, sino que eran pequeñas
y se usaban para sostener el cabello: no se habían inventado
los invisibles, la hebilla francesa, ni los broches para el cabello,
como tampoco la permanente. Los rizos se hacían día a
día, con una tenacilla de rular, un hierro candente que requemaba
el pelo de las pelilacias, de ahí que primaran los recogidos
con un aire 'clásico'. El pueblo, se cubría la cabeza con un buen poncho de vicuña, más criollo y menos romántico, pero más abrigado que los chales. Como primaban los aires afrancesados, la clase alta usaba sombreros de forma vistosa. Las mantillas de encaje, eran para la iglesia, que se usaron hasta bien entrado el siglo XX. Los hombres también seguían la moda francesa, con ajustados calzones que los hacia parecer en ropa interior, medias a la rodilla de seda, chapines o zapatos bajos y chatos; y lo que faltaba de ropa debajo de la cintura sobraba por arriba: dos o tres camisas, chaleco, pañuelo de varias vueltas al cuello, chaleco y como abrigo, una especie de saco que se llevaba abierto para lucir la ropa de abajo. Hacia 1810, las modas mostraban el lugar de pertenencia de cada uno. Y los revolucionarios, qué duda cabe, eran la elite, único grupo social autorizado para llevar sobre sí todos los atributos de lo que se consideraba gente decente. Regina A. Root, profesora de letras en el College of William and Mary en Estados Unidos, editora de The Latin American Fashion Reader (Berg Publishers, 2005) y autora de Couture and Consensus: Fashion and Politics in Postcolonial Argentina (University of Minnesota Press, 2009) es una de las pocas académicas que se especializa en la moda de principios del siglo XIX en el Río de la Plata. Root confirma a Crítica de la Argentina que los revolucionarios de Mayo hicieron patria vestidos a la europea: A partir de 1810, se observan tendencias en la moda que se afiliaron después con el panorama político nacional. Mientras que se conservaban costumbres españolas de la antigua colonia en las provincias, en Buenos Aires surgió una tendencia para las modas inspiradas en la Revolución Francesa. La moda comenzó a diseminar nuevos significados del concepto de ciudadanía porque la Revolución Francesa estableció una conexión muy fuerte entre la indumentaria y los valores democráticos. Aun los textiles se asociaron con estos valores: la seda se convirtió en símbolo de la aristocracia indolente mientras que la lana y el algodón reflejaron la pérdida de poder noble y se asociaron con la idea de una indumentaria más accesible para todos. De todos modos, dejar las marcas de clase tomaría un poco más de tiempo. Las sedas y los accesorios de lujo siempre sedujeron a las señoras de la elite porteña. Las crónicas de los viajeros de la época dan cuenta de la fascinación que ejercían estas mujeres que mostraban el escote y pasaban horas arreglándose el pelo con verdaderas esculturas en la cabeza que adornaban con joyas o con flores. Ningún ideal republicano podía ser tan fuerte como para dejar el lujo a un lado de un día para el otro. |
| Migueletes | |
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Los migueletes eran los miembros de la milicia de carácter mercenario o voluntario, reclutada por las diputaciones y las juntas de la Corona de Aragón, para acciones especiales o como refuerzo de las fuerzas regulares. El miguelete, como tal, es el nombre que recibía un mercenario catalán durante la Guerra dels segadors, el conflicto armado que enfrentó a la Generalidad de Cataluña con el rey Felipe IV durante el conflictivo programa centralizador iniciado por el Conde-Duque de Olivares (la Unión de Armas). De aquí procede la denominación de migueletes para referirse al cuerpo armado que, paradójicamente, sobrevivió a esta guerra y se popularizó al Principado de Cataluña entre los siglos XVII-XIX. Hay que tener en cuenta que este cuerpo armado catalán no tiene ninguna relación con los migueletes forales navarros, guipuzcoanos y vizcaíno (suprimidos en 1846). |
| Morenos | |
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| Tercios de Vizcainos | |
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| Arribeños | |
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El Batallón de Arribeños o Batallón de Voluntarios Urbanos de los individuos de las provincias del interior, llamado por la Junta de Guerra de 1807 como Batallón de Americanos Forasteros Voluntarios de Infantería, fue una unidad miliciana creada en 1806 con voluntarios de las provincias interiores del Virreinato del Río de la Plata (principalmente Córdoba, La Rioja, Tucumán y Catamarca) residentes en Buenos Aires. Fue creado luego de la primera de las Invasiones Inglesas al Río de la Plata en 1806. Una vez producida la Revolución de Mayo, fue elevado a regimiento, desapareciendo en 1820 durante el Motín de Arequito. Al principio estuvo al mando de Juan Pío de Gana, suplantado a su muerte en 1807 por el teniente coronel Francisco Ortiz de Ocampo. Estaba formado por 9 compañías (una de granaderos) de 60 hombres cada una. Dos compañías de Arribeños intervinieron en el Combate de San Pedro el 7 de junio de 1807 cerca de Colonia del Sacramento durante la segunda de las Invasiones Inglesas. Durante el ataque británico a Buenos Aires del 4 de julio de 1807, el Cuerpo de Arribeños integró la División de la Izquierda (Bandera azul). |
| Andaluces | |
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El Tercio de Andaluces o Batallón de Voluntarios Urbanos de los Cuatro Reinos de Andalucía, fue una unidad miliciana de infantería creada en 1806 con voluntarios nacidos en Andalucía residentes en Buenos Aires. Fue creado luego de la primera de las Invasiones Inglesas al Virreinato del Río de la Plata, el 8 de octubre de 1806. Una vez producida la Revolución de Mayo, fue elevado a regimiento, desapareciendo el 30 de diciembre de 1811, al ser unido al Regimiento N° 3 de Infantería. Estaba integrado por 8 compañías de 55 hombres cada una. El 8 de octubre de 1806 fueron nombrados sus oficiales: Comandantes
José Merelo y Agustín de Orta y Azamor |
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El 3 de febrero de 1807 las fuerzas inglesas asaltaron y tomaron la ciudad de Montevideo, soldados del Tercio de Andaluces se hallaban entre sus defensores, al mando del comandante Miguel Tejada. Durante el ataque británico a Buenos Aires del 4 de julio de 1807, el Tercio de Andaluces integró la División del Centro (Bandera blanca). El día 5 varias de sus compañías apostadas en la calle de la iglesia de San Miguel (actual Suipacha), logran hacer rendir a un regimiento inglés con casi 140 hombres. |
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| Blandengues | |
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Blandengues
es un cuerpo militar cuyos orígenes se remontan a 1724 en la provincia
de Santa Fe, Argentina, destinado en un primer momento a la defensa de
la frontera de la Gobernación del Río de la Plata con los
pueblos indígenas de la Pampa.
Se puede considerar como un antecedente directo de esta unidad militar, la creación de tres compañías de caballería ligera por el cabildo de Buenos Aires en 1752, durante la gobernación de José de Andonaegui, para defender las fronteras con los indígenas. En un acuerdo celebrado por el cabildo el 5 de febrero de 1751 se habló: "De los grandes daños y perjuicio que hacían los indios infieles, hostilizando, matando y robando en las fronteras", por lo que se crearon tres fuertes con las tres compañías. La denominación de las compañías fueron Valerosa para la destinada a la frontera de Luján (Mercedes), Invenzible para Salto y Atrevidos para la laguna de los Lobos, situada luego en el Zanjón (pago de Magdalena), posteriormente denominada Conquistadora. ( ) una compañía se situará A las caveseras del Río de los Arresifes en el Paraje que llaman El Salto; la segunda más allá de El Pago de Luján a paraje que llaman la laguna Brava y la terzera, en la laguna de los lobos, entre El Pago de la Matanza y Magdalena más allá dose leguas cubriendo estos Pagos. |
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Su nombre se debe a que al ser revistados por el gobernador blandieron las lanzas con las que estaban armados en señal de homenaje a las autoridades. El uniforme que utilizaban consistía en: casaca azul con collarín, solapas y vueltas de color rojo; chambergo o tricornio redondo con cinta y cucarda colorada. Fueron sostenidos por el cabildo hasta 1760, en que llegó la autorización real de Carlos III para crear las Compañías de la frontera de la ciudad de Buenos Aires. En el año 1780 estas compañías fueron reorganizadas y elevadas a Cuerpo de Blandengues, reconociéndoselas a partir del año 1784 como "Fuerzas Veteranas", siendo así la única unidad integrada por criollos, que obtuvo dicha distinción durante el Virreinato del Río de la Plata. El virrey Arredondo ordenó formar en Santa Fe dos compañías de Blandengues provinciales. Si bien eran en un principio lanceros el virrey Vértiz los reforzó con sables, mosquetes, carabinas y pistolas. En situaciones críticas las autoridades los utilizaban para aumentar las guarniciones de Buenos Aires, Montevideo, Maldonado y Ensenada de Barragán entre otros puntos principales. Pasaron a ser tropa veterana en 1784. El 6 de diciembre de 1796, durante la colonia española, siendo virrey Pedro de Melo, se dispuso la formación de un cuerpo similar al de Buenos Aires en Montevideo. Los cuerpos de blandengues eran milicias fundamentalmente importantes en la región del Río de la Plata, dónde se hacía frente permanentemente a los indígenas de la Pampa y del Chaco, así como a las incursiones de los portugueses en la región de la Banda Oriental (actual Uruguay y partes de Río Grande del Sur). De entre los jefes de estas milicias surgieron personajes importantes de la independencia y primeros años de la Argentina y el Uruguay, tales como José Gervasio Artigas y Estanislao López. En los años 1806 y 1807 tuvo una activa participación en la defensa de la ciudad de Buenos Aires contra las Invasiones Inglesas. El regimiento partió de la ciudad de Luján con destino a Perdriel, donde chocó con las fuerzas invasoras en las chacras del mismo nombre. Este fue el primer combate entre armas criollas y un ejército extranjero. Luego de esta acción se dirigió hacia San Fernando, donde se sumó a las fuerzas de Santiago de Liniers y Bremond, para comenzar su avance sobre Buenos Aires, donde culmina con la Reconquista el 12 de agosto de 1806. Y a partir del año 1810 y ya como Regimiento de Caballería de la Patria participó en la Expedición Libertadora al Paraguay a las órdenes de Manuel Belgrano y luego en la "Campaña de auxilio a las provincias del interior", proporcionando la mayor cantidad de efectivos. El general Belgrano incorporó a su ejército de paso al Paraguay a la Compañía de Blandengues de Santa Fe, comandada por el capitán Francisco Antonio Aldao. Hacia 1822, durante el gobierno de Martín Rodríguez en la Argentina, resurgieron teniendo su asiento en Guardia del Monte. Hilario Ascasubi los evoca en su novela Santos Vega. |
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| Patricios | |
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El
Regimiento de Patricios tuvo su origen en el cuerpo miliciano formado
con motivo de las Invasiones Inglesas el 15 de septiembre de 1806, respondiendo
a la proclama del virrey Santiago de Liniers y Bremond del 6 de septiembre,
que invitaba a todos los ciudadanos a armarse contra el enemigo. Allí
nació la "Legión de Patricios Voluntarios Urbanos de
Buenos Aires", frente a la inminencia del peligro.
Fue el cuerpo más grande y poderoso reclutado para la Defensa de Buenos Aires y, como a los demás cuerpos urbanos formados, se le concedió el privilegio de elegir a sus oficiales. Estaba compuesto de 3 batallones, con 23 compañías de 50 hombres cada una (8 en los batallones I y III y 7 en el II), con un total de 1.356 plazas, nativos todos de la capital del Virreinato del Río de la Plata. Fue su primer jefe el teniente coronel Cornelio Saavedra, a su vez comandante del primer batallón. Entre sus primeros oficiales pueden citarse a Esteban Romero (jefe del Segundo Batallón), Domingo Urien (jefe del Tercer Batallón), Feliciano Chiclana, Manuel Belgrano, Vicente López y Planes, Gregorio Perdriel, Eustoquio Díaz Vélez, entre otros. Saavedra, en su manifiesto a los americanos, describe así el comportamiento y gravitación de los patricios en aquellas decisivas jornadas: |
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Tengo el honor de manifestar a la faz del todo el mundo las gloriosas acciones de mis paisanos en la presente guerra con el Britano, más de 12.000 testigos presenciales, puedo decir que a una vez, publican que jamás ha visto mayor intrepidez, valor y ardimiento que el que experimentaron en los gloriosos hechos de armas del 12 de agosto de 1806, 12 de mayo, 7 de junio, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 de julio de 1807 y por todos quisiera hablarse el Teniente Coronel del Regimiento Nº 18, D. Enrique Cadogan, que habiendo experimentado muy a su costa el animoso denuedo de los Patricios de Buenos Aires, preguntaba con asombro, después de rendido, por las tropas de escudo en el brazo, que por valiente y generosa había admirado a él y los suyos (...) |
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| Cantabros | |
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| Milicias de Buenos Aires | |
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El virrey era el representante de la corona y como capitán general tenía a su cargo todas las fuerzas militares de tierra y mar del virreinato. Desde la implementación de las intendencias en 1784, los gobernadores intendentes recibieron la "causa de guerra" como parte de sus atribuciones de gobierno, si éste era militar, tenía a su cargo las fuerzas de su jurisdicción y si no lo era, sólo le correspondían los asuntos de intendencia de las fuerzas militares, como por ejemplo el pago de sueldos, relegando el mando en un comandante. En el caso de los gobiernos políticos y militares que fueron implementados en áreas fronterizas con el Brasil portugués, sus gobernadores eran jefes militares. Una Real Cédula del 8 de noviembre de 1793, instituyó en el Río de la Plata el cargo de subinspector general, denominado inicialmente inspector general y cuyas funciones eran: cuidar la disciplina de las tropas, informar sobre los méritos de los oficiales, pasar revista a las unidades, preparar planes defensivos y mantenerse informado sobre el número de unidades y sus efectivos. El primero en ocupar este cargo fue el brigadier Antonio Olaguer y Feliú. El Comandante General de la Frontera estaba a cargo de la línea de defensa contra los indígenas. El de la frontera de Buenos Aires por lo general era a la vez comandante del Cuerpo de Blandengues. Existían otros, tales como el de la Frontera de Mendoza y el de la de los chiriguanos. Estos comandantes eran secundados por los maestres de campo quienes eran los jefes de sectores de frontera, a cargo de algunos fortines. Los comandantes de armas o los comandantes militares, estaban a cargo de las fuerzas generalmente milicianas, que se hallaban en las ciudades, villas o lugares de cierta importancia. Cumplían funciones militares y de policía y les incumbía la organización de las milicias locales y la reunión de las caballadas. En las plazas militares importantes existieron otras autoridades como el teniente del rey creado en Buenos Aires en 1714 como segundo del gobernador y el sargento mayor de la plaza, quienes cumplían funciones subordinados a los comandantes y gobernadores. Existieron otras autoridades militares transitorias en tiempos de guerra, como el Comandante General de la Campaña de la Banda Septentrional del Río de la Plata, función que cumplía generalmente el Subinspector General, a quien se ponía a cargo de todos los comandantes militares de la Banda Oriental. El Cuartel Maestre General del Ejército en Campaña, tenía funciones de Jefe de Estado Mayor. |
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Cuando el virrey lo estimaba conveniente, podía llamar a una Junta de Guerra, para la cual designaba a un grupo de jefes, quienes debían estudiar y efectuarle recomendaciones sobre los asuntos que el virrey les sometía.
El teniente general Pedro de Ceballos fue nombrado virrey interino del Río de la Plata y partió de Cádiz el 13 de noviembre de 1776 como comandante general de una gran flota destinada a expulsar a los portugueses de la región de Río Grande, Colonia del Sacramento y la isla Santa Catalina. La flota estaba integrada por: 6 navíos, 9 fragatas, 2 bombardas, 2 paquebotes, 1 bergantín y 96 barcos mercantes. Las unidades militares de infantería que fueron transportadas se agruparon en 4 brigadas: Brigada
N° 1 al mando del brigadier Marqués de Casa Cajigal, compuesta
por: Batallón
N° 2 del Regimiento de Saboya: al mando del teniente coronel Antonio
Olaguer y Feliú, con 720 hombres Batallón
N° 2 del Regimiento de Sevilla: al mando del teniente coronel Conde
de Argelesso, con 720 hombres Batallón
N° 2 del Regimiento Princesa: al mando del teniente coronel Juan
Roca, con 720 hombres Brigada
N° 2 al mando del brigadier Juan Manuel de Cagigal, compuesta por:
Batallón
N° 1 del Regimiento de Zamora: al mando del coronel y brigadier
José Avellaneda, con 721 hombres Batallón
N° 2 del Regimiento de Zamora: al mando del teniente coronel Bernardo
Salgado, con 720 hombres Batallón
N° 1 del Regimiento N° 1 de Cataluña: al mando del coronel
Benito Panigo, con 648 hombres Brigada
N° 3 al mando del brigadier Domingo de Zalazar, compuesta por: Batallón
N° 1 del Regimiento de Córdoba: al mando del coronel José
de Sotomayor, con 721 hombres Batallón
N° 2 del Regimiento de Córdoba: al mando del teniente coronel
Diego de la Peña, con 721 hombres Batallón
N° 2 del Regimiento de Toledo: al mando del teniente coronel Sebastián
de Palomar, con 721 hombres Brigada
N° 4 al mando del brigadier coronel Guillermo Waugan, compuesta
por: Batallón
N° 2 del Regimiento de Guadalajara: al mando del teniente coronel
Nicolás de Morales, con 721 hombres Batallón
N° 2 del Regimiento de Murcia: al mando del teniente coronel Gaspar
Bracho, con 721 hombres Batallón
N° 1 del Regimiento de Ibernia: al mando del ayudante mayor Enrique
White Sebastián de Palomar, con 721 hombres El Cuerpo de Dragones de Almansa se hallaba al mando del coronel Plácido Srael, con 642 hombres. El Real Cuerpo de Artillería estaba al mando del brigadier Rudesindo Tilli, con 148 hombres. El Real Cuerpo de Ingenieros estaba al mando del Ricardo Ailmer, con 7 oficiales. El Estado Mayor estaba compuesto por 14 oficiales. El 22 de febrero de 1777 la expedición desembarcó tropas en la isla Santa Catalina, rindiéndose los portugueses el 5 de marzo, los cuales fueron remitidos a Río de Janeiro junto con el gobernador de la isla el 14 de marzo. Tras dejar una guarnición de catalanes en la isla al mando del brigadier Juan Waughan y al teniente coronel Juan Roca como gobernador, el 28 de marzo la flota se dirigió a Río Grande, sin poder desembarcar por el clima continuaron hacia Montevideo, a donde llegaron el 20 de abril de 1777. El 4 de junio se rindió el gobernador portugués de Colonia del Sacramento. Luego de avanzar hasta la Fortaleza de Santa Teresa, el 4 de setiembre Ceballos ordenó el cese de hostilidades, tras el acuerdo entre las coronas de España y Portugal. Parte de los oficiales y de las tropas de la expedición permanecieron en el Río de la Plata y el resto regresó a España. Las unidades que quedaron de guarnición en Buenos Aires fueron el Batallón N° 2 del Regimiento de Saboya, al mando del teniente coronel Antonio Olaguer y Feliú, y el Cuerpo de Dragones de Almansa. Posteriormente estas unidades fueron retiradas del virreinato.
Los oficiales se formaban en los cuerpos de veteranos ingresando como cadetes, debiendo pertenecer a la nobleza o ser hijo de un oficial (mínimamente de una capitán) o nieto de un teniente coronel como mínimo. Los soldados de la tropa eran por lo general reclutados en España, sirviendo durante 8 años. Podían provenir de un sorteo realizado en su provincia de origen o ser voluntarios enganchados o reenganchados. Otros eran reclutados como castigo a manera de deportación, aplicándose el mismo sistema para los criollos sin ocupación conocida. En 1774 llegaron a Buenos Aires dos compañías del Regimiento de Infantería de Galicia. Una Real Cédula en 1783 autorizó al virrey a crear una bandera de reclutamiento en La Coruña (Galicia), para recibir voluntarios para los regimientos de Infantería y Dragones de Buenos Aires. En 1802 los Dragones tuvieron otra bandera en Málaga.
La infantería veterana estaba representada por el Regimiento de Infantería de Buenos Aires, denominado generalmente como Regimiento Fijo de Infantería. Fue creado en 1762 cuando el Río de la Plata era parte del Virreinato del Perú, estaba en su mayoría conformado por españoles, pero los criollos igualmente gozaban de los mismos beneficios y privilegios que los soldados españoles. El rey envió a Buenos Aires 151 hombres, entre oficiales, sargentos, cabos y soldados veteranos con 2.000 fusiles con bayonetas. En 1770, las 425 plazas del regimiento comandado por el teniente coronel Agustín Ramón Pesquera, tenía compañías destacadas en Montevideo, en el Fuerte San Miguel y en la Fortaleza de Santa Teresa. También el fijo contó con guarniciones en Córdoba, Santa Fe, Maldonado, islas Malvinas e isla Martín García. Tres compañías del regimiento concurrieron a la campaña contra Túpac Amaru II en 1781 y quedaron como guarnición en Salta hasta 1805. Su jefe era un coronel y estaba constituido generalmente por dos batallones, el primero de los cuales estaba al mando del coronel y el segundo de un teniente coronel, quien era a su vez subjefe del regimiento. Cada batallón se componía de 8 compañías de fusileros y una de granaderos. Para el año 1803, el fijo ya poseía tres batallones formados por siete compañías cada uno. Los comandantes eran el coronel Félix de Iriarte, el teniente coronel Pedro de Arze y el teniente coronel José Ignacio de Merlos. El fusil y la bayoneta eran sus armas características. Su uniforme constaba de casaca, chupa y calzón azules, volita y collarín encarnado, botón blanco.
Su jefe era un coronel, secundado por un teniente coronel, quien era jefe del segundo escuadrón y de una de sus compañías. Dado que podían combatir montados o a pie, sus armas eran la carabina, la bayoneta, la espada y la pistola. Creado en 1772, para 1774 había en Buenos Aires 8 compañías de dragones con 77 hombres cada una. Su uniforme constaba de casaca y capa azul, chupa, calzón, y vuelta encarnada con una pequeña solapa en la chupa, botón dorado.
El Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Buenos Aires fue inicialmente creado para la defensa de la frontera contra los indígenas. En 1752 el Cabildo de Buenos Aires creó tres compañías denominadas: Valerosa, situada entre Luján y la Guardia de Luján (Mercedes); Invenzible para Salto, y Atrevidos para la Laguna de los Lobos, situada luego en el Zanjón (pago de Magdalena), posteriormente denominada Conquistadora. En 1779 pasaron a Chascomús, Monte y Rojas. En 1780 las 6 compañías existentes de 94 plazas cada una, fueron agrupadas en un cuerpo, elevado a clase veterana mediante la Real Orden del 5 de julio de 1784. En 1783 fue asentado en Ranchos. Custodiaron las fronteras de Santa Fe, Buenos Aires y Montevideo. Sus armas eran la carabina y la espada o el sable. Una unidad independiente era la Compañía de Blandengues de la Frontera de Santa Fe con 100 plazas. Por real orden del 12 de mayo de 1797, el rey Carlos IV aprobó la creación del Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Montevideo. El 23 de septiembre de ese año, fue constituido el regimiento, siendo nombrado el 6 de octubre su primer comandante, el sargento mayor Cayetano Ramírez de Arellano, esta unidad se constituyó con ocho compañías de 100 hombres cada una. Existía además una Compañía de partidarios de la Frontera de Córdoba, con 100 plazas, que utilizaba el uniforme de los blandengues de Buenos Aires. Su uniforme constaba de casaca azul, vuelta, solapa, chupa y calzón encarnado, botón blanco.
La artillería veterana sólo tuvo dos compañías de 150 hombres cada una en el virreinato. Dependían del Real Cuerpo de Artillería (creado en España en 1710) compañías milicianas distribuidas de la siguiente manera: Fuerte
de Buenos Aires: una compañía de 150 plazas Montevideo:
dos compañías de 110 plazas cada una y dos compañías
de naturales de 105 plazas cada una Maldonado:
una compañía de 100 plazas Colonia
del Sacramento: una compañía de 54 plazas Mendoza:
una compañía de 54 plazas Potosí:
una compañía de 62 plazas Paraguay:
una compañía de 50 plazas y una compañía
de pardos libres de 50 plazas Ensenada
de Barragán: un piquete de 24 plazas En 1796 fue organizada la artillería volante o de a caballo (aunque era preferida la mula como transporte). Las baterías constaban de cañones de hasta un calibre de 8 libras y obuses de 6 pulgadas. Se agrupaban en divisiones de tren volante, generalmente formadas por 4 cañones y dos obuses. Existían también morteros y pedreros. Su uniforme era el mismo que el Cuerpo de Artillería de España.
No existieron tropas del arma de ingenieros en el virreinato, pero sí había desde 1768 jefes de esa especialidad que formaban el Real Cuerpo de Ingenieros (creado en España en 1711), compuesto de 8 ingenieros dependiente de la Dirección General de Ingenieros de España y cuya función era proyectar fortificaciones y supervisar su construcción.
Este cuerpo fue creado en 1764, estaba compuesto de un sargento mayor, cuatro ayudantes mayores y un número de sargentos, cabos, pífanos y tambores destinados a instruir a las milicias de infantería. Su uniforme constaba de casaca azul, chupa, calzón, y collarín encarnado con galón de oro en la chupa y botón dorado.
Este cuerpo fue creado en 1764, estaba compuesto de un sargento mayor, cuatro ayudantes mayores y un número de sargentos, cabos, clarines y tambores destinados a instruir a las milicias de caballería. Su uniforme constaba de casaca y capa azul, chupa, calzón y collarín encarnado, solapa en la casaca y galón de oro en la cimpa, botón dorado.
La Marina Real estaba al mando de un comandante, secundado por un ayudante de órdenes, un ministro y dos capitanes de puerto (uno en Buenos Aires y el otro en Montevideo). El apostadero principal de la flota se situaba en Montevideo. En 1802 la flota tenía tres fragatas: "Medea":
de 40 cañones Milicias Las milicias llegaron a estar distribuidas por todo el virreinato, al principio se formaron para contener los ataques indígenas en áreas de frontera.
Para defender las misiones jesuíticas del ataque de los bandeirantes lusobrasileños y de indígenas no reducidos, se formaron compañías de milicias en los pueblos guaraníes que debieron mantenerse permanentemente. Esas milicias fueron utilizadas por los gobernadores en diversos conflictos: En
1680 3.000 indígenas de los pueblos del río Uruguay, llamados
por el gobernador José de Garro, cooperaron en la toma de la
recién fundada Colonia del Sacramento. En
1702 2.000 guaraníes al mando del maestre de campo Alejandro
Aguirre, vencieron a indígenas aliados de los portugueses. En 1704 4.000 guaraníes concentrados en Santo Domingo Soriano, junto con 2.000 milicianos de Santa Fe, Buenos Aires y Corrientes, colaboraron en la toma de Colonia del Sacramento. Guerra Guaranítica Durante la Guerra Guaranítica en mayo de 1754, el gobernador de Buenos Aires José de Andonaegui creó dos compañías de milicias de caballería que se disolvieron al terminar el conflicto.
En la campaña bonaerense se estructuraron las milicias en 1762, divididas en maestrías de campo: (...) en precaución de las invasión de los indios, la circulan doce Guardias que corren de sur a Norte y son Chascomús, los Ranchos, e Monte, los Lobos Navarro, Luján, Areco, el Salto, Rojas, Melinque, Mercedes de la Esquina, resulta que cada Maestría de Campo, debe comprender tres Guardias cuya latitud de sur a Norte, con paradas con el correspondiente frente al río de la Plata, será
el todo de cada Manzana o territorio de las Maestrías relacionadas,
siendo siempre el deslinde colateral de unas con otras el mismo de los
curatos que en sí comprenden, y pueden distinguirse con los nombres
del Maestre del campo del Sur, del Oeste, del Norte, y del Norueste. (...) cuatro compañías, con el nombre de Caballería Provincial compuesta de cien hombres, cuatro oficiales, a saber: Capitán, Teniente y dos Subtenientes y cinco Sargentos diez cabos y dos tambores, con ellas guardarán la parte de sus Fronteras, entre
cada una al servicio vivo en alteración por un mes o más
según adapte a su circunstancia, en la inteligencia de de la
que halle al sueldo, destinará tres cuartas partes al servicio
de las tres Guardias, y el resto lo empleará en recorrer su Comando,
persiguiendo vagos, facinerosos y Auxiliando a los Alcaldes respectivos
cuando solo pidan al mismo intento u otro equivalente. En 1763 Cevallos utilizó esas milicias para colaborar en la toma de Colonia del Sacramento, Santa Teresa y Río Grande. Esas milicias eran: 7
compañías de caballería de los partidos de la Costa
y Conchas, con 695 hombres. 7
compañías de caballería de Luján con 632
hombres. 4
compañías de caballería de los partidos de Arrecifes
y Pergamino con 380 hombres. 3 compañías de caballería del partido de La Matanza con 271 hombres. Plan de milicias de 1765 Una Real Instrucción del 28 de noviembre (otras fuentes el 7 de julio) de 1764 mandó establecer las milicias provinciales: Los
Gobernadores, ó Corregidores de cada Provincia tomarán
una exacta razón de todos los Habitantes de ella, Nobles, Plebeyos.
Españoles, Mestizos, y Mulatos; con Expresión de los Terrenos
que ocupan, y según su número y Parajes formarán
Batallones ó Compañías Sueltas, a proporción
del número de Gente con que se hacen. Cuando la población era suficiente para formar un regimiento de infantería de milicias con uno o dos batallones, cada uno de estos tenía nueve compañías de 75 soldados, cada una a cargo de un capitán, un teniente un alférez y un portabanderas. Los oficiales eran el coronel, un teniente coronel (jefe del segundo batallón), un sargento mayor, dos ayudantes, uno mayor, otro segundo, un capellán, y un tambor mayor. El cuerpo de caballería y Dragones tenía 54 soldados para compañía, tres de las cuales formaban un Escuadrón. El coronel mandaba el primer escuadrón, el teniente coronel el segundo y el capitán más antiguo en el tercero. La jerarquía era encabezada por el coronel, el teniente coronel y por falta de ambos el sargento mayor, siguiendo luego el capitán más antiguo. Fue enviado desde España el personal veterano necesario para constituir las dos asambleas que instruirían a las milicias: 3 sargentos mayores, 3 ayudantes, 29 tenientes y además sargentos y cabos. El 20 de noviembre de 1764 Cevallos ordenó al comandante de San Carlos la organización de milicias en la villa, siendo formadas dos compañías de 58 hombres cada una y tres oficiales españoles. En cumplimiento de la Real Instrucción, el gobernador de Buenos Aires Pedro de Cevallos, el 15 de diciembre de 1765 creó: Regimiento Provincial de Caballería de Buenos Aires: el comandante debía ser un vecino, el sargento mayor y el ayudante mayor eran veteranos. Se formaron 8 escuadrones con 24 compañías (2 de ellas de carabineros). Cada
compañía tenía: un capitán (vecino), 2 tenientes
(uno veterano), un alférez, 3 sargentos (uno veterano), 4 cabos
(uno veterano) y 43 soldados. Regimiento Provincial de Infantería de Buenos Aires, también conocido como Batallón de Españoles de Buenos Aires: tenía 8 compañías de fusileros y una de granaderos. Cada compañía tenía: un capitán, dos tenientes, un subteniente, 3 sargentos, un tambor, 6 cabos primeros, 6 cabos segundos y 74 soldados (la compañía de granaderos tenía 64 soldados).
La plana mayor del batallón tenía: un comandante (un vecino
de la ciudad, jefe de la primera compañía), un ayudante
mayor y un tambor mayor (ambos veteranos). En tiempos de guerra se le
agregaban un capellán y un cirujano. Su uniforme constaba de casaca azul, vuelta, solapa y collarín encarnado, chupa y calzón blanco, galón de oro en el collarín, botón dorado. Cuerpo
de Negros Libres de Buenos Aires: 3 compañías de infantería
con 168 hombres en total. Cuerpo
de Indios Guaraníes de Buenos Aires: 6 compañías
de caballería con 300 hombres en total. Cuerpo
de Pardos de Buenos Aires: 8 compañías de caballería
con un total de 400 hombres. Cuerpo
de Indios Ladinos de Buenos Aires: 6 compañías de caballería
con indígenas que hablaban castellano, con un total de 300 hombres.
Ninguno de los cuatro cuerpos de castas tenía instructores veteranos. Compañía
de Artillería Provincial: con 2 tenientes, 2 alférez,
4 sargentos, 8 cabos y 88 soldados. Todos milicianos. Compañía
de Maestranza Provincial: con un capitán, un teniente, un alférez,
2 sargentos, 3 cabos y 55 soldados. Todos milicianos. Posteriormente, hasta 1771, fueron establecidos otros cuerpos de milicias: Compañía
de Infantería de Montevideo: formada por 180 comerciantes. Compañías
del Campo de Montevideo: con 600 hombres de caballería. Compañías
de Santa Fe y su distrito: con 1.524 hombres de caballería. Compañías
de Corrientes: con 500 hombres de caballería. Compañías
de Santo Domingo Soriano, Víboras y Rosario: con
El 15 de marzo de 1772 el gobernador de Buenos Aires, Juan José de Vértiz y Salcedo, efectuó modificaciones en las milicias, entre ellas, el Regimiento Provincial de Caballería de Buenos Aires pasó a estructurarse en 4 escuadrones con un total de 12 compañías.
Luego de creado el virreinato, el virrey Cevallos creó a principios de 1776 el Cuerpo de Dragones Provinciales de Buenos Aires. Posteriormente el virrey Vértiz dispuso varias modificaciones: Creó
el Cuerpo de Milicias de Caballería de la Campaña de Buenos
Aires con 45 compañías sueltas, establecidas de manera
irregular de acuerdo a las posibilidades de cada lugar, con unos 2.300
hombres. Extinguió
el Cuerpo de Dragones Provinciales de Buenos Aires, los veteranos que
estaban en él, pasaron a los cuerpos de Dragones y de Blandengues.
En
1779 Transformó las compañías milicianas de Montevideo
en el Batallón de Infantería de Milicias de Montevideo,
con 8 compañías de fusileros y una de granaderos. En
1781 sobre la base de las Compañías del Campo de Montevideo,
creó el Regimiento de Caballería de Milicias de Montevideo,
con 4 escuadrones con 12 compañías. Por
la Real Cédula del 7 de octubre de 1783, el Cuerpo de Blandengues
de la Frontera de Buenos Aires'pasó a tener 6 compañías
de 100 hombres cada una, pero el 3 de julio de 1784 pasó a ser
un cuerpo de veteranos. El 12 de mayo de 1783 ordenó la reestructuración de los regimientos de milicias de La Paz. Milicias existentes hacia la década de 1780 En
Buenos Aires: Regimiento
de Infantería de Milicias de Buenos Aires, con 2 batallones con
18 compañías. Regimiento
de Caballería de Milicias de Buenos Aires, con 4 escuadrones
con 12 compañías. Compañía
de Artillería Provincial de Buenos Aires En
Montevideo: Batallón
de Infantería de Milicias de Montevideo, con 9 compañías.
Regimiento
de Caballería de Milicias de Montevideo, con 4 escuadrones con
12 compañías. Compañía
de Artillería Provincial de Montevideo En
la Campaña de Buenos Aires: 45
compañías de caballería, cada una al mando de un
sargento mayor no veterano. En
la ciudad de Córdoba: Regimiento
de Caballería Provincial de Córdoba, con 12 compañías,
cada una de 150 españoles. Batallón
de Pardos de Córdoba, con 8 compañías de fusileros
y una de granaderos. En
el distrito del Sauce (partidos de Río Tercero y Calamuchita):
En
el distrito del Tío (Río Segundo y Fuerte de San Carlos
del Tío): En
el distrito de Río Seco: Dos
Regimientos de Caballería. En
Mendoza: Compañía
de Infantería. Compañía
de Artillería. En
San Juan: Compañía
de Infantería. En
San Luis: En
La Rioja:
Milicias
disciplinadas o regladas: aquellas que tenían una plana mayor
veterana y una asamblea reglada con su correspondiente régimen.
Milicias
urbanas: las que no cumplían con los requisitos de las regladas.
Correspondían a ciudades, villas y parajes poblados. Milicias provinciales: correspondientes a una provincia, de la cual no debían salir. Paraguay El gobernador del Paraguay Pedro de Melo de Portugal, creó 3 regimientos y varias compañías sueltas. En 1790 el gobernador intendente del Paraguay, Joaquín de Alós y Bru organizó las milicias de esa provincia en cuatro regimientos: Regimiento
de Dragones de Quyquyhó: después renombrado como de Tebicuary.
Custodiaba las guardias y presidios de: Lambaré, San Antonio,
Villeta, Angostura, Macaiprá, Ñundiay, Naranjay, y otros.
Tenía además la misión de cubrir el Chaco hasta
40 leguas del río Paraguay. Regimiento
de Dragones del Tapúa: junto con el anterior fueron fusionados
en 1798 y debían guarnecer los fuertes y fortines de costa abajo
y costa arriba de Asunción. Tenía además como misión,
custodiar el Chaco hasta 20 leguas del río Paraguay. Regimiento
de Dragones de Asunción: situado en la capital, acompañaba
al gobernador cuando salía de ésta Regimiento
de Dragones de la Cordillera (éste estaba distribuido entre las
guardias de: Manduvirá, Ypytá, Urundey-Yurú, Yacaví,
Cuarepotí, Pedernal, Ycuamandiyú) Todos estaban contituídos por 4 escuadrones y 12 compañías con 44 oficiales, a excepción del de Asunción que sólo tenía 3 escuadrones y 9 compañías, con 33 oficiales. Cada compañía constaba de 61 plazas, además de dos oficiales, dos sargentos y dos cabos.
En 1790, el comandante general de los partidos de Entre Ríos, Vicente Giménez, reorganizó las milicias de ese territorio, las que fueron trasladadas a las cercanías de Montevideo en 1807. En 1792 fueron reorganizadas las milicias de Santa Fe por el Comandante de la Frontera de Santa Fe, Francisco Balcarce.
Las milicias fueron reorganizadas a partir del "Reglamento para las Milicias, disciplinas de Infantería y Caballería del Virreynato de Buenos Ayres", aprobado por Real Cédula del 14 de enero de 1801, estableciendo el deber de tomar las armas en defensa del rey y de la religión. Había sido preparado por el subinspector general, marqués de Sobremonte. De acuerdo al Reglamento de 1801 fueron disciplinados los cuerpos de milicias, alcanzando un total 14.141 plazas: En
Buenos Aires y sus alrededores: Batallón
de Voluntarios de Infantería de Buenos Aires: con 8 compañías
de fusileros y una de granaderos, con un total de 694 plazas Compañía
de Granaderos de Pardos libres de Buenos Aires: con 100 plazas Compañía
de Granaderos de Morenos libres de Buenos Aires: con 60 plazas Regimiento
de Voluntarios de Caballería de Buenos Aires: con cuatro escuadrones
y un total de 724 plazas. Integrado por los pobladores de barrios de
la periferia de la ciudad considerados extramuros, y chacras inmediatas
Compañía
de Voluntarios de Artillería de Buenos Aires: con 150 plazas
En
la Frontera de Luján: Regimiento
de Voluntarios de Caballería de la Frontera de Buenos Aires:
con cuatro escuadrones y un total de 1.204 plazas En
la campaña de Buenos Aires: 5 compañías independientes
a cargo del comandante de Frontera, distribuidas en 6 fortines, instruidas
por el Cuerpo de Blandengues En
la ciudad de Santa Fe: Escuadrón
de Voluntarios de Caballería de Santa Fe de la Veracruz: con
301 plazas en 3 compañías En
Montevideo: Batallón
de Voluntarios de Infantería de Montevideo: con 8 compañías
de fusileros y una de granaderos, con un total de 694 plazas Compañía
de Granaderos de Pardos libres de Montevideo: con 100 plazas Compañía
de Granaderos de Morenos libres de Montevideo: con 60 plazas Regimiento
de Voluntarios de Caballería de Montevideo: con cuatro escuadrones
y un total de 724 plazas. Compañía
N° 1 de Voluntarios de Artillería de Montevideo: con 115
plazas Compañía
N° 2 de Voluntarios de Artillería de Montevideo: con 115
plazas En
Maldonado y alrededores: Regimiento
de Voluntarios de Caballería de Maldonado: con dos escuadrones
y un total de 362 plazas Compañía
de Voluntarios de Artillería de Maldonado: con 100 plazas En
Colonia del Sacramento: Compañía
de Voluntarios de Artillería de la Colonia: con 30 plazas En
el interior de la Banda Oriental, entre el río Negro, el río
Yí y el arroyo Cordobés: Escuadrón
de Voluntarios de Caballería del Yí, Negro y Cordobés:
con 3 compañías y un total de 180 plazas En
Corrientes: Regimiento
de Voluntarios de Caballería de Corrientes: con dos escuadrones
de 3 compañías cada uno y un total de 625 plazas En
el Paraguay: Regimiento
N° 1 de Voluntarios de Caballería del Paraguay: con cuatro
escuadrones de 3 compañías cada uno y un total de 1.200
plazas Regimiento
N° 2 de Voluntarios de Caballería del Paraguay: con cuatro
escuadrones de 3 compañías cada uno y un total de 1.200
plazas Compañía
de Voluntarios de Artillería del Paraguay: con 50 plazas Compañía
de Morenos y Pardos Libres de Artillería del Paraguay: con 50
plazas En
Córdoba: Regimiento
de Voluntarios de Caballería de Córdoba: con cuatro escuadrones
de 3 compañías cada uno y un total de 1.200 plazas En
La Carlota: En
la ciudad de Mendoza: Regimiento
de Voluntarios de Caballería de Mendoza: con dos escuadrones
y un total de 600 plazas Compañía
de Voluntarios de Artillería de Mendoza: con 54 plazas En
la ciudad de San Luis: Regimiento
de Voluntarios de Caballería de San Luis: con dos escuadrones
y un total de 600 plazas En
Salta, Jujuy y la frontera del Chaco: Regimiento
de Voluntarios de Caballería de Salta: con 4 escuadrones y un
total de 1.200 plazas En
San Miguel de Tucumán: Regimiento
de Voluntarios de Caballería de Tucumán: con dos escuadrones
y un total de 600 plazas En
Santiago del Estero: En
Santa Cruz de la Sierra: En
Potosí: Cuerpo
de milicias de azogueros de la Villa de Potosí: con 5 compañías
de 50 plazas cada una Escuadrón
de Voluntarios de Caballería de Potosí: con 3 compañías
de 100 plazas cada una Compañía
de Voluntarios de Artillería de Potosí: con 62 plazas
En
Cochabamba: En
La Paz: En
Chuquisaca: En
Tomina: En
Cinti: En
Tarija: Con los blancos que no fuesen españoles se crearon compañías y escuadras denominadas de Urbanos del Comercio. En 1805 formaron un batallón con 6 compañías en Buenos Aires y probablemente también en Montevideo. Luego fue establecido en la Frontera de Cerro Largo, el Escuadrón de Voluntarios de Caballería de Cerro Largo: con 3 compañías de 100 plazas cada una. Las compañías de granaderos de infantería se componían de: 1 capitán, 1 teniente, 1 subteniente, 2 sargentos (uno de los cuales era veterano y el otro miliciano), 3 cabos primeros (2 veteranos y 1 miliciano), 3 cabos segundos, 1 tambor veterano y 61 soldados. Las compañías de fusileros de infantería se componían de: 1 capitán, 1 teniente, 1 subteniente, 3 sargentos (uno veterano y dos milicianos), 4 cabos primeros (2 veteranos y 2 milicianos), 4 cabos segundos, 1 tambor veterano y 65 soldados.
Un Real Orden del 29 de abril de 1804 mandó que las 11 compañías de artillería existentes en el virreinato se redujeran a 4, cada una con 4 cabos primeros, 4 cabos segundos y 88 artilleros segundos. Las unidades subsistentes quedaban en Buenos Aires, Montevideo, Maldonado y Colonia del Sacramento, pasando el resto a integrar unidades de infantería. En 1805 se dispuso restablecer 3 unidades más de artillería, quedando 5 compañías de 100 hombres en Buenos Aires, Montevideo (2), Maldonado y Paraguay. Dos compañías de 60 hombres quedaban en Mendoza y Colonia del Sacramento. Tenían 3 cabos primeros, 5 cabos segundos y 52 artilleros segundos.
En 1781 fue enviada al Alto Perú por el virrey Vértiz una fuerza para colaborar en la sofocación de la rebelión de Túpac Amaru II. La fuerza al mando de Ignacio Flores estaba constituida por: Batallón
N° 2 del Regimiento de Saboya Cuerpo
de Dragones de Almansa Regimiento
de Infantería de Buenos Aires Regimiento
de Dragones de Buenos Aires Milicias
provinciales Terminada la insurrección, la corona destacó fuerzas veteranas de la Penísula en Potosí (Regimiento de Granaderos de Soria), Chuquisaca (Regimiento de Extremadura) y en Montevideo (Regimiento de Infantería de Burgos). Los dos primeros procedentes del Perú y el tercero de España.
En 1793 la Real Imprenta de Niños Expósitos publicó la Guía de forasteros en la ciudad y Virreynato de Buenos-Aires, en ella se contiene un listado de las unidades militares residentes en Buenos Aires y sus adyacencias: Real
Cuerpo de Artillería: con dos compañías. Regimiento
de Infantería de Buenos Aires: con tres batallones. Asamblea
de Infantería: (para instrucción de las milicias de infantería),
sus oficiales eran un sargento mayor y cuatro ayudantes mayores. Regimiento
de Dragones de Buenos Aires: con cuatro escuadrones. Asamblea
de Caballería: (para instrucción de las milicias de caballería),
sus oficiales eran un sargento mayor y cuatro ayudantes mayores. Cuerpo
de Blandengues de las Fronteras: con 6 compañías en fuertes
fronterizos. Regimiento
Provincial de Infantería de Buenos Aires: formado por milicias.
Regimiento
Provincial de Caballería de Buenos Aires: formado por milicias.
Comandancia de Marina del Río de la Plata: tenía a su frente un comandante, de quien dependían un ayudante de órdenes, un ministro y los capitanes de los puertos de Montevideo y de Buenos Aires.
Banda Oriental La plaza de Montevideo estaba bajo el mando militar del gobernador, del que dependía un sargento mayor y las fuerzas navales de la ciudad. En la primera década del siglo XIX las fuerzas militares que dependían de éste, eran las siguientes: 2
compañías de milicias del Real Cuerpo de Artillería,
con 230 plazas 2
compañías de naturales del Real Cuerpo de Artillería,
con 210 plazas 1
batallón de voluntarios de infantería, con 8 compañías
de fusileros y 1 de granaderos. En total, 694 plazas 4
escuadrones de voluntarios de caballería, de tres compañías
cada uno. En total, 700 plazas 1
compañía de pardos granaderos con 100 plazas 1
compañía de negros granaderos con 60 plazas 1
escuadrón de caballería con 300 plazas, sobre el río
Yí. 1 sección del Real Cuerpo de Ingenieros Colonia del Sacramento [editar]El comandante militar de la plaza disponía de 80 hombres de infantería y 2 escuadrones con 150 plazas de caballería.
El comandante militar de Maldonado disponía de una fuerza de 100 hombres de infantería y 150 de caballería.
El comandante disponía de un escuadrón de caballería con 300 plazas.
Ante la inminencia de una invasión inglesa, el virrey Rafael de Sobre Monte trasladó a Montevideo a las escasas fuerzas veteranas de Buenos Aires, creyendo que esa ciudad sería el blanco del ataque. En Buenos Aires convocó a las milicias, que no pudieron resistir a los invasores que tomaron la ciudad. En julio de 1806 el gobernador de Montevideo, Pascual Ruiz Huidobro, organizó las fuerzas que comandó Santiago de Liniers para liberar la capital, conformándose la Fuerza Expedicionaria de las siguientes unidades: Real
Cuerpo de Artillería: una compañía al mando del
capitán Francisco de Agustini, con dos oficiales, 131 soldados,
3 cañones de 4 libras y 2 obuses de 6 pulgadas. Real
Cuerpo de Marina: 323 marineros del Apostadero Naval. Mordeille:
73 marineros. Compañía
de Granaderos del Regimiento de Infantería de Buenos Aires:
2 oficiales y 105 soldados al mando del capitán José Ignacio
Gómez. Batallón
de Voluntarios de Infantería de Milicias de Buenos Aires: 300
milicianos. 2 compañías (una de granaderos al mando del capitán Joaquín de Chopitea con 57 plazas y otra de fusileros al mando del capitán Juan Balbín González Vallejo) del Batallón de Voluntarios de Infantería
de Montevideo: 10 oficiales y 138 soldados. Compañía
de Miñones Catalanes de Montevideo: al mando del capitán
Rafael Bufarrull, con 2 oficiales y 120 soldados. Regimiento
de Dragones de Buenos Aires: al mando del coronel Agustín de
Pinedo, con 321 hombres en 3 escuadrones de dragones y una compañía
de granaderos con 16 oficiales y 216 soldados. 2
compañías del Cuerpo de Blandengues de la Frontera de
Buenos Aires: al mando de Antonio de Olavarría con 269 soldados.
Voluntarios
de Caballería de Buenos Aires (Húsares): al mando de Juan
Martín de Pueyrredón, con 114 soldados. 2
compañías de Voluntarios de Caballería de Colonia
del Sacramento: con 6 oficiales y 102 soldados. Una comandada por el
capitán Pedro Manuel García y la otra por Benito Chain.
Una vez producida la reconquista de la capital del virreinato, se encomendó a una Junta de Guerra el estudio de las opciones de la defensa ante una posible nueva invasión. La Junta de Guerra estuvo constituída por: Comandante
General de Armas, capitán de navío Santiago de Liniers
Regente
de la Real Audiencia de Buenos Aires y Superintendente interino de Real
Hacienda, Lucas Muñoz y Cubero Subinspector
General, coronel Pedro de Arze Comandante
del Regimiento de Infantería de Buenos Aires, coronel César
Balbiani Comandante
del Cuerpo de Blandengues, coronel Nicolás de la Quintana Comandante
de Marina del Apostadero, capitán de fragata Juan Gutiérrez
de la Concha Sargento
Mayor de la Plaza, teniente coronel José María Cabrer
Comandante
del Regimiento de Dragones, capitán Agustín Arenas Comandante
del Real Cuerpo de Artillería, capitán Francisco de Agustini
La Junta de Guerra resolvió que lo más conveniente era aprovechar el esfuerzo realizado y mantener como una prestación obligatoria el servicio de las milicias |
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