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Hera

Atenea en el arte

Atenea

Dioses Olímpicos que apoyaron incondicionalmente a los Aqueos: Poseidón

Helena intenta escapar de Troya. Es capturada y casada con Deífobo

Odiseo prudentemente regala las Armas de Aquiles a su hijo Neoptolemo

El Suicidio de Ayax

El Concurso por las Armas de Aquiles

Ayax "El Grande", porta el cadaver de su primo Aquiles

El Final se Precipita

Priamo Implora a Aquiles que le devuelva el cuerpo de Héctor

Aquiles ultraja el cuerpo de Héctor

Muerte de Héctor a manos de Aquiles

Héctor se despide de Andrómaca su mujer

Tethis entrega las nuevas armas a Aquiles

Hefestos fabrica las nuevas armas de Aquiles a pedido de Tethis

Aquiles llora la muerte de Patroclo

Menelao rescata el cadaver de Patroclo

Héctor mata en combate a Patroclo

Glauco mata a Sarpedón

Hera seduce a Zeus

Combates en las Naves

Combates ante los Muros de Troya

Hija de Cronos y Rea. Hermana y a la vez esposa legítima de Zeus. Es la diosa del matrimonio. Se la representa con diadema y a veces cetro, como soberana del Olimpo. Siempre malhumorada, pendiente de las aventuras amorosas de su regio esposo y maquinando venganza contra las amantes y los hijos de éste. El animal que la representa es el pavo real.

En el panteón olímpico de la mitología griega clásica, Hêra era la esposa y hermana de Zeus, rey de los dioses. También presidía como diosa del matrimonio.

Se representa a Hera majestuosa y solemne, a menudo en el trono y llevando el polos, la alta corona cilíndrica usada por varias de las Grandes Diosas. En su mano puede tener la granada, símbolo de la fértil sangre y la muerte y sustituto de la cápsula narcótica de la amapola (Ruck y Staples 1994). «Sin embargo, hay registros de una representación anterior sin iconos, como una columna en Argos y una tabla en Samos» (Burkert 1985 p.131). En la mitología romana, la consorte de Júpiter (el equivalente de Zeus) era Juno.

Etimología y prehistoria

A diferencia de otros dioses griegos como Zeus y Poseidón, el nombre de Hera no es analizable como palabra griega o indoeuropea. Parece ser por tanto una arcaica «gran diosa» superviviente, quizá una de las poderosas divinidades femeninas del panteón minoico, o de algún pueblo prehelénico no identificado («pelasgos»).

La importancia de Hera en el periodo más arcaico queda atestiguada por el

gran número de edificaciones erigidas en su honor. Los templos de Hera en Samos y en la Argólida fueron los primeros templos monumentales construidos por los griegos, en el siglo VIII adC.

En Olimpia, su imagen de culto tradicional era más antigua que la imagen guerrera de Zeus que la acompañaba. Homero describía su delicada relación con Zeus en La Ilíada (IV 50-67), en la que Hera declara a Zeus: «También yo soy una deidad, nuestro linaje es el mismo y el artero Crono engendróme la más venerable, por mi abolengo y por llevar el nombre de esposa tuya, de ti que reinas sobre los inmortales todos.» Aunque Zeus es a menudo llamado Zeus Heraios («consorte de Hera»), el tratamiento que Homero le dispensa es poco respetuoso, y en posteriores versiones anecdóticas de los mitos (ver más abajo) Hera aparecía dedicando la mayor parte de su tiempo tramando venganzas contra las ninfas seducidas por su marido, pues defendía todas las antiguas reglas correctas de la sociedad helena.

Culto

Hera fue especialmente adorada, como «Hera Argiva» (Hera Argeia), en su santuario situado entre las antiguas ciudades-estado micénicas de Argos y Micenas, donde se celebraban en su honor las Heraia, unos festivales. «Tres son las ciudades que más quiero», declaraba la diosa celestial de ojos de buey (La Ilíada, IV 50): «Argos, Esparta y Micenas, la de anchas calles». Su otro centro principal de culto estaba en Samos. Había también templos dedicados a Hera en Olimpia, Corinto, Tirinto, Peracora y la sagrada isla de Delos. En la Magna Grecia, el templo durante mucho tiempo llamado Templo de Poseidón en el grupo de Paestum fue identificado en los años 1950 como un segundo templo de Hera.

Los altares griegos de la época clásica estaban siempre al aire libre. Hera puede haber sido la primera a quien se dedicó un santuario en un templo cerrado con techo, en Samos sobre el 800 adC. (Posteriormente reemplazado por el Heraion, uno de los mayores templos griegos de la historia.) Santuarios más antiguos, cuya dedicación es menos segura, eran del tipo micénico llamado «casas santuario». Las excavaciones de Samos han revelado ofrendas votivas de Armenia, Babilonia, Irán, Asiria y Egipto, testimonio de la reputación que este santuario de Hera disfrutó y de la gran afluencia de peregrinos: un aviso de que los mitos griegos no evolucionaron en un vacío cultural (Burkert 1998).

En Eubea se celebraba en ciclos de sesenta años el festival de la gran Daedala, consagrado a Hera.

En las imágenes helenísticas, la carreta de Hera era tirada por pavos reales, pájaros desconocidos para los griegos antes de las conquistas de Alejandro Magno, llamados por su tutor, Aristóteles, «pájaros persas». El motivo del pavo real resurgió en la iconografía renacentista que unificó a Hera y Juno, y que nos es familiar por las obras de los pintores europeos (Seznec 1953). Un pájaro que había sido asociado con Hera en un nivel arcaico, donde la mayoría de las diosas egeas eran relacionadas con «sus» pájaros, era el cuco, que aparece en fragmentos mitológicos acerca del primer cortejo de una virginal por parte de Zeus.

Su asociación arcaica era principalmente con el ganado, como una Diosa Vaca que fue especialmente venerada en la ganadera Eubea. Su familiar epíteto homérico boôpis se traduce siempre como «con ojos de vaca», pues, como los griegos clásicos, rechazamos su otra traducción natural como «con cara de vaca» o al menos «de aspecto vacuno». Una Hera con cabeza de vaca, como un Minotauro, sería un oscuro y temible demonio, pero en yacimientos arqueológicos muy antiguos de Chipre se han hallado cráneos de toro que han sido adaptados para usarse de máscaras .

La granada, un antiguo emblema de la Gran Diosa, permaneció como símbolo de Hera: muchas de las granadas votivas y cápsulas de amapola recuperadas en Samos están hechas de marfil, que sobrevive al enterramiento mejor que la madera, de las que debieron estar hechas las más comunes. Como todas las diosas, Hera puede ser representada llevando una diadema y un velo.

Algunos epítetos eran thea leukôlenos «diosa de brazos blancos»), chrysothronos «la del trono dorado» y eukomos «hermosos cabellos».

Hera y sus hijos

Hera presidía sobre los correctos preparativos del matrimonio y es el arquetipo de la unión en el lecho nupcial, pero no destaca como madre. La descendencia legítima de su unión con Zeus es Ares. Hera estaba celosa de que Zeus alumbrase a Atenea sin recurrir a ella (en realidad, con Metis), así que engendró a Hefesto sin él. (Una versión alternativa niega esto y cuenta que Zeus y Hera eran ambos padres de Hefesto.) Zeus y/o la propia Hera estuvieron entonces disgustados con la fealdad de Hefesto y lo expulsaron del Olimpo. Según otra versión alternativa, Hera dio a luz sola a todos los hijos normalmente atribuidos a Zeus y a ella juntos (Hebe, Ares, Eris e Ilitía), golpeando su mano contra el suelo, un acto solemne para los griegos, o comiendo lechuga.

Hefesto se vengó de Hera por haberle rechazado haciendo un trono mágico para ella que, cuando se sentó, no le dejaba levantarse de él. Los demás dioses rogaron a Hefesto que volviese al Olimpo para liberarla pero éste se negó repetidamente. Dioniso le emborrachó y le llevó de vuelta al Olimpo a lomos de una mula. Hefesto liberó a Hera tras recibir a Afrodita por esposa.

Hera, la némesis de Heracles

Hera fue la enemiga de Heracles, el héroe que, más incluso que Perseo, Cadmo o Teseo, introdujo los hábitos olímpicos en Grecia (Ruck y Staples 1994).

Cuando Alcmena estaba embarazada de Heracles, Hera intentó evitar que éste naciera. Sus planes fueron frustrados por Galantis, la sierva de Alcmena, quien dijo a Hera que ya había traído el niño al mundo. Hera la transformó en una comadreja.

Cuando Heracles era aún un infante, Hera envió dos serpientes para matarlo mientras dormía en su cuna. Heracles estranguló una serpiente con cada mano y su niñera le halló divirtiéndose con sus cuerpos flácidos como si fueran juguetes.

Esta anécdota parte de una representación del héroe asiendo una serpiente en cada mano, justo como las familiares diosas minoicas había hecho una vez.

Un relato del origen de la Vía Láctea cuenta que Zeus había engañado a Hera para que amamantase al infante Heracles.

Al descubrir quién era éste, lo retiró de su pecho, y un chorro de su leche formó la mancha que cruza el cielo.

Los doce trabajos

Hera encargó a Heracles trabajar para el rey Euristeo de Micenas. Intentó hacer casi todos los doce trabajos de Heracles más difíciles de lo que ya eran. Cuando Heracles luchó con la hidra de Lerna, envió un cangrejo para que le picase los pies con la esperanza de distraerle.

Euristeo quería sacrificar el toro de Creta a Hera,quien como odiaba a Heracles rehusó el sacrificio porque reflejaba la gloria de éste.

El toro fue liberado y vagó hasta Maratón, pasando a ser conocido como el toro de Maratón.

Para molestar a Heracles después de que éste se hiciese cargo del ganado de Gerión, Hera envió un tábano para picar a las reses, irritarlas y dispersarlas. Hera entonces envió una inundación que elevó el nivel de un río tanto que Heracles no podía vadearlo con el ganado. Heracles apiló piedras en el río para hacer un paso en el agua. Cuando logró llegar a la corte de Euristeo, el ganado fue sacrificado a Hera.

Los celos de Hera

Eco

Durante un tiempo, una ninfa llamada Eco tuvo el trabajo de distraer a Hera de las aventuras de Zeus hablándole incesantemente. Cuando Hera descubrió el engaño, maldijo a Eco a pronunciar sólo las palabras de los demás (de ahí nuestra palabra moderna «eco»).

Leto, Artemisa y Apolo

Cuando Hera descubrió que Leto estaba embarazada y que su marido, Zeus, era el padre, prohibió que Leto diera a luz en terra firma, o el continente, o cualquier isla del mar. Leto encontró la isla flotante de Delos, que no era el continente ni una isla real, y dio a luz allí. La isla estaba rodeada de cisnes. Como gesto de gratitud, Delos estaba sujeta con cuatro pilares. Más tarde la isla fue santificada a Apolo. Alternativamente, Hera secuestró a Ilitía, la diosa de los partos, para evitar que Leto diese a luz. Los demás dioses obligaron a Hera a dejarla ir. De cualquier forma, primero nació Artemisa y ésta ayudó a nacer a Apolo. Otra versión afirma que Artemisa nació un día antes que Apolo, en la isla de Ortigia, y que ayudó a Leto a cruzar el mar hasta Delos el día siguiente para dar a luz a Apolo.

Calisto y Arcas

Hera también aparece en el mito de Calisto y Arcas.

Calisto era una seguidora de Artemisa que hizo voto de permanecer virgen. Pero Zeus se enamoró de ella y se disfrazó de Apolo para poder atraerla hasta sus brazos. Hera, la esposa de Zeus, convirtió entonces a Calisto en una osa como venganza. Más tarde, el hijo que Calisto tuvo con Zeus, Arcas, estuvo a punto de matarla cuando estaba de cacería, pero Zeus los subió a ambos al cielo como las constelaciones Osa Mayor y Osa Menor.

En una versión alternativa, Calisto era miembro del cortejo de Artemisa y perdió su virginidad con Zeus, quien se había disfrazado de Artemisa. Enfurecida, ésta la transformó en oso. El hijo que Calisto había tenido con Zeus, Arcas, estuvo a punto de matarla cuando estaba de cacería, pero Zeus o Artemisa lo detuvo y subió a ambos al cielo como las constelaciones Osa Mayor y Osa Menor.

Y en otra versión alternativa, Artemisa mató deliberadamente a Calisto cuando ésta tenía forma de oso.

Hera no estaba satisfecha con la situación de Calisto y Arcas en el cielo, por lo que pidió ayuda a Tetis, su niñera. Tetis, una diosa del mar, maldijo a estas constelaciones a orbitar para siempre alrededor del cielo sin bajar nunca del horizonte, lo que explicaría por qué son circumpolares.

Sémele y Dioniso

Dioniso era hijo de Zeus y una mujer mortal, Sémele. Una celosa Hera intentó de nuevo matar al niño, esta vez enviando a los Titanes a despedazar a Dioniso tras atraerle con juguetes. Aunque Zeus ahuyentó a los Titanes con sus rayos, éstos ya habían devorado todo salvo el corazón, que fue salvado, según la fuente, por Atenea, Rea o Deméter. Zeus usó el corazón para recrear a Dioniso e implantarlo en el vientre de Sémele, de ahí que fuese «el nacido dos veces». A veces se cuenta que Zeus le dio a comer el corazón a Sémele para embarazarla.

Véase también el nacimiento de Dioniso para otras variantes de este mito.

Ío

Hera estuvo a punto de sorprender a Zeus con su amante la princesa argiva Ío, lo que éste logró evitar convirtiéndola en una hermosa ternera blanca. Sin embargo Hera sospechó el engaño y pidió a Zeus que le diese la ternera como un regalo, a lo que éste no pudo negarse.

Cuando Hera recibió a Ío, la dejó a cargo de Argos, el gigante de cien ojos, para mantenerla apartada de Zeus. Éste envió entonces a Hermes, quien disfrazado de pastor logró que todos los ojos de Argos cayesen dormidos con historias aburridas, y entonces lo mató de una pedrada, rescatando así a Ío. Hera envió entonces un tábano para que la picase, obligándola a vagar sin rumbo por el mundo con forma de vaca. Finalmente Zeus la transformó de nuevo en humana, y así se convirtió (a través de Epafo, su hijo con Zeus) en antepasado de Heracles.

Lamia

Lamia era una reina de Libia a quien Zeus amaba. Hera la transformó en un monstruo y mató a sus hijos (o mató a sus hijos y fue el dolor lo que la convirtió en dicho monstruo). Lamia fue maldecida con la incapacidad de cerrar sus ojos, de forma que siempre estuviese obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le concedió el don de poder sacarse los ojos para descansar, y luego volver a ponérselos. Lamia sentía envidia de otras madres y devoraba a sus hijos.

Otras historias involucrando a Hera

Cidipe

Cidipe, una sacerdotisa de Hera, iba de camino a un festival en honor de la diosa. Los bueyes que tiraban de su carro iban retrasados y sus hijos Bitón y Cleobis tiraron del carro el camino completo (45 estadios, 8 kilómetros). Cidipe quedó impresionada con la devoción hacia ella y su diosa y pidió a Hera que concediera a los niños el mejor regalo que un dios pudiera dar a una persona. Hera ordenó que los hermanos morirían cuando estuviesen dormidos.

Tiresias

Siendo un hombre joven, Tiresias encontró dos serpientes apareándose y las golpeó con un palo. Entonces fue transformado en una mujer. Siete años después, Zeus y Hera le preguntaron con qué sexo, masculino o femenino, experimentaba más placer en sus relaciones. Zeus afirmaba que era como mujer, y viceversa. Tiresias estuvo de acuerdo en él, afirmando que la mujer recibe nueve décimos del placer, y Hera le cegó. Como Zeus no podía deshacer esta maldición, le dio a Tiresias el don de la profecía.

La Guerra de Troya

Durante la Guerra de Troya, Diómedes luchó con Héctor y vio a Ares luchando en el bando troyano. Diómedes pidió a sus soldados que se retirasen lentamente. Hera, la madre de Ares, vio la injerencia de éste y pidió permiso a Zeus, su padre, para alejar a Ares del campo de batalla. Hera animó a Diómedes a atacar a Ares y éste arrojó su lanza contra el dios. Atenea guió la lanza hasta el cuerpo de Ares, quien rugió de dolor y huyó al monte Olimpo, lo que obligó a los troyanos a retirarse.

Hera odiaba a Pelias por haber asesinado a Sidero, su madrastra, en un templo consagrado a ella. Intentó manipular a Jasón y Medea para que matasen a Pelias y terminó por conseguirlo.

En Tracia, como Ovidio cuenta en Las metamorfosis 6.87, Hera y Zeus convirtieron al rey Hemo y la reina Ródope en montañas, el monte Balkan (Haemus Mons) y las Rodopi respectivamente, por su hibris al compararse con los propios dioses.

Atenea es retratada clásicamente vistiendo una armadura completa con casco, llevando una lanza y un escudo con la cabeza de la gorgona Medusa, el Gorgoneion, engastada en él. Es en esta postura como estaba representada en la famosa estatua de oro y marfil de Fidias, actualmente perdida, en el Partenón de la Acrópolis ateniense. Atenea es también representada frecuentemente con un búho (un símbolo de sabiduría) posado en uno de sus hombros. En anteriores retratos arcaicos de Atenea en vasijas pintadas, la diosa conserva algunos de sus rasgos minoicos, como grandes alas de pájaro.
Apelativos

El epíteto homérico más común para Atenea, Glaucopis, suele traducirse como «de ojos brillantes» y es una combinación de glaukos (que puede ser traducido como «brillante», «plateado», y posteriormente como «verde azulado» o «gris») y ôps («ojo», o a veces «cara»).

Es interesante advertir que glaux, «búho», tiene la misma raíz, presumiblemente por sus distintivos ojos. El pájaro que ve de noche está estrechamente relacionado con la diosa de la sabiduría: en representaciones arcaicas, se la suele representar con un búho posado en su cabeza.

En su papel de jueza de Orestes en el juicio por la muerte de su madre, Clitemnestra (que éste ganó), Atenea consiguió el epíteto de Atenea Areia. Atenea era con frecuencia asociada con la diosa local egina, Afea. Tenía el epíteto Atenea Ergane como la protectora de los artesanos.

Era a veces llamada con el epíteto Palas Atenea. Palas era una figura ambigua, a veces varón y a veces hembra, nunca imaginada separada de Atenea.

Ésta mató a Palas por error, y desde entonces llevó siempre su piel de cabra contorneada de serpientes ctónicas, como la égida protectora.

Con el epíteto Atenea Partenos («virgen»), Atenea era adorada en el Partenón. Con el epíteto Atenea Promacos dirigía la batalla. Con el epíteto Atenea Polias («de la ciudad»), Atenea era la protectora de Atenas y la Acrópolis.

Episodios que incluyen a Atenea

Erictonio

Según Apolodoro, Hefesto intentó violar a Atenea pero no lo logró. Su semen cayó al suelo, y Erictonio nació de la tierra. Atenea crió entonces al bebé como una madre adoptiva.

Alternativamente, el semen cayó en la pierna de Atenea, y éste lo limpió con un trozo de lana que tiró al sueño. Erictonio surgió de la tierra y la lana. Otra versión dice que Hefesto quería que Atenea se casase con él, pero que desapareció en el lecho nupcial, y Hefesto terminó eyaculando en el suelo.

Atenea dio al bebé dentro de una pequeña caja a tres hermanas, Herse, Pandrosa y Aglauro, advirtiéndoles que nunca la abriesen. Aglauro y Herse abrieron la caja, que contenía al infante y futuro rey Erictonio. La vista hizo que enloquecieran y se arrojaron desde la Acrópolis.

Una versión alternativa de la misma historia es que mientras Atenea había ido a traer una montaña para usarla en la Acrópolis, las dos tercas hermanas abrieron la caja.

Un cuervo vio cómo lo hacían y voló a decírselo a Atenea, quien montó en cólera y dejó caer la montaña (actualmente, el monte Likavitos).

Otra vez más, Herse y Aglauro se volvieron locas y se tiraron a un acantilado, muriendo.

Erictonio se convertiría más tarde en rey de Atenas y llevaría muchos cambios beneficiosos a la cultura ateniense. Durante su reinado, Atenea lo protegió con frecuencia.

Atenas

Atenea compitió con Poseidón por se la deidad protectora de Atenas. Ambos acordaron que cada uno haría un regalo a los atenienses y que éstos elegirían el que prefiriesen. Poseidón golpeó el suelo con su tridente e hizo brotar una fuente, pero su agua era salada y por tanto no muy útil, mientras que Atenea ofreció el primer olivo domesticado. Los atenienses (o mejor dicho su rey, Cécrope) escogieron el olivo y con él a Atenea como patrona, pues el árbol daba madera, aceite y alimento. Se cree que esta historia alude a un enfrentamiento entre los habitantes de la época micénica y los inmigrantes posteriores. Resulta interesante advertir que en su culmen Atenas fue una importante potencia marítima, llegando a derrotar a la flota persa en la batalla de Salamina cerca de la isla Salamina en 480 adC. Atenea fue también la diosa protectora de otras ciudades, notablemente Esparta.

En una versión alternativa, Poseidón inventaba el primer caballo, a pesar de lo cual se prefería el regalo de Atenea.

Aracne

Una mujer llamada Aracne alardeó en cierta ocasión de ser mejor tejedora que Atenea, la diosa de la tejeduría. Atenea se le apareció disfrazada como una anciana y le dijo que se arrepintiese de su hibris, pero en lugar de hacerlo Aracne desafió a Atenea a un concurso. La anciana se quitó su disfraz y empezó el concurso. Atenea tejió una representación del conflicto con Poseidón acerca de Atenas, mientras que Aracne tejió una representación de las muchas hazañas amorosas de Zeus. Atenea se enfureció por la habilidad de Aracne (el concurso nunca llegó a decidirse) y su elección de tema, y con un toque la llenó de una tremenda culpabilidad. Aracne intentó matarse y Atenea la convirtió en la primera araña.

Perseo y Medusa

Atenea guió a Perseo a eliminar a Medusa, un peligroso vestigio intacto del viejo orden preolímpico, y fue recompensada con su cabeza, un espeluznante trofeo que convertía a los hombres en piedra, que convirtió en su emblema.

Heracles

Atenea enseñó a Heracles cómo despellejar al león de Nemea, usando las propias garras del león para cortar su gruesa piel. La piel del león se convirtió en la prenda característica de Heracles, junto con el mazo de madera de olivo que usaba en la batalla. Atenea también ayudó a Heracles en algunos otros trabajos. También ayudó a Heracles a derrotar a los pájaros de Estinfalo, junto con Hefesto.

Tiresias y Cariclo

Atenea cegó a Tiresias después de que éste se la hallase bañándose desnuda. Su madre, Cariclo, le suplicó que deshiciera la maldición, pero Atenea no podía, y a cambio le dio el don de la profecía.

Egida

La égida (en latín, aegis) es un escudo o coraza de piel de cabra. Por extensión, significa también escudo, protección, defensa. En la mitología griega, según Homero, la égida es el escudo o rodela de Zeus, labrado para él por Hefesto, guarnecido con borlas y llevando la cabeza de Medusa en su centro. Originalmente símbolo de la nube de tormenta, deriva probablemente de aisso, que significa "movimiento rápido y violento". Cuando Zeus lo agitaba, el monte Ida se cubría de nubes, los truenos caían y los hombres se llenaban de pavor. A veces se los prestaba a Atenea y (rara vez) a Apolo.

En una historia posterior (Higinio, Poet. Astronom. ii. 13) se cuenta que Zeus usó la piel de la cabra Amaltea, que le había amamantado en Creta, como una rodela cuando se marchó a luchar contra los Gigantes. Otra leyenda retrata a la égida como un monstruo que respiraba fuego, como la Quimera, al que mató Atenea, quien luego llevó su piel como coraza (Diodoro Siculo iii. 70). Otros incluso dicen que la égida era la piel de Palas.

Otra versión cuenta que la égida había sido realmente la piel de la cabra usada como un cinturón para sujetar el escudo. Cuando se usaba así, se solía normalmente sujetar en el hombro derecho, y envolvía parcialmente el pecho al pasar oblicuamente por delante y unirse en la espalda al escudo bajo el brazo izquierdo. Así, por extensión, se empleaba égida en ocasiones para referirse al escudo que sujetaba, y en otras a una coraza, cuya función en parte prestaba.

De acuerdo con este doble significado la égida aparece en obras de arte a veces con la piel de un animal cubriendo hombros y brazos, y a veces como una coraza, con un borde de serpientes correspondientes a las borlas a las que hacía referencia Homero, y normalmente con la cabeza de Medusa en el centro.

Con frecuencia se la representa en estatuas de emperadores romanos, héroes y guerreros, y también en camafeos y jarrones.

Atenea, junto a Hera y Afrodita participó del Concurso de Belleza decidido por Paris en favor de la última y que fuera el desencadenante en definitiva de la Guerra de Troya (Ver Cilindro Guerra de Troya I).
En la mitología griega, Atenea o Atena era la diosa de la sabiduría, la estrategia y la guerra. Asociada por los etruscos con su diosa Menrva, y posteriormente por los romanos con Minerva, Atenea es atendida por un búho, lleva un escudo de piel de cabra llamado égida que le dio su padre y está acompañada por la diosa de la victoria, Niké.

Atenea es mentora de héroes, una diosa guerrera armada, nunca una niña, y siempre virgen (parthenos). El Partenón de Atenas (Grecia) es su templo más famoso.

Nunca tuvo consortes ni amantes, aunque una vez (Grecia) es su templo más famoso.Nunca tuvo consortes ni amantes, aunque una vez Hefesto lo intentó sin éxito. Herodoto y Platón la identificaban erróneamente con la antigua diosa de los libios (actuales bereberes) Neith. Palas es a veces considerado su padre, de ahí el epíteto Palas Atenea. Otras versiones cuentan que Palas era una amiga de la infancia de Atenea. Mientras jugaban, Atenea mató accidentalmente a Palas, y decidió entonces poder su nombre antes del suyo para que Palas siempre fuese recordada.

Historia

Atenea era ya una diosa en el Egeo antes de la llegada de los griegos. Como cita el lingüista John Chadwick, en el texto V 2 en lineal B de Cnosos se alude a A-ta-na-po-ti-ni-ja («Señora Atenea»).

Éste sería el intento micénico de traducir el nombre de la diosa minoica A-ta-no-dju-wa-ja, cuyo nombre significa «Diosa del Sol», pues el prefijo atano está relacionado con el término luvita astanus, «sol», y el final de la forma minoica es conocido en griego antiguo como Diwia (micénico di-u-ja o di-wi-ja), «diosa». Los micénicos conservaron incluso el orden de la palabra minoica en esta antigua época. Tras el colapso de la civilización minoica, no hay más pruebas de que Atano fuera adorada como diosa solar. Durante el periodo micénico, Atana fue incorporada a su panteón y se convirtió en una diosa protectora del palacio y las dependencias reales. Atenea está asociada con Atenas, un nombre plural porque aludía al lugar donde presidía su hermandad, las Athenai, en tiempos anteriores.

En el panteón olímpico, Atenea fue rehecha como la hermana favorita de Zeus, nacida por partenogénesis de su frente, la culminación de su ascendencia olímpica sobre la Gran Diosa matriarcal de la cultura anterior.

Existen varias versiones de su nacimiento. En una, Zeus yació con Metis, la diosa del pensamiento astuto, pero temió inmediatamente las consecuencias. Había sido profetizado que Metis alumbraría hijos más poderosos que el propio Zeus.

Para impedir tan graves consecuencias, Zeus transformó a Metis en un mosca y se la tragó inmediatamente después de yacer con ella. Pero fue demasiado tarde: Metis ya había concebido un hijo, e inmediatamente empezó a fabrica un casco y una túnica para su hija nonata.

El martilleo que provocaba mientras hacía el casco causó a Zeus mucho dolor y Prometeo, Hefesto, Hermes o Palemón (según la fuente consultada) partió en dos la cabeza de Zeus con un hacha minoica de doble hoja (labrys). Atenea saltó de la cabeza de Zeus, adulta y armada, y Zeus no quedó peor tras esta experiencia. Según Homero, Atenea sigue en jerarquía a Zeus, de quien fue hija predilecta.

Atenea era la protectora del arte de tejer y otras manualidades, la sabiduría y la batalla. A diferencia de Ares, que era muy temperamental y poco fiable en la batalla, el domino de Atenea era la estrategia y las tácticas. Habiéndose puesto del lado de los griegos en la guerra contra Troya, Atenea ayudó al astuto Odiseo en su viaje a casa. Atenea es la diosa consejera y protectora de la ciudad y de las instituciones políticas. Introdujo en el Ática el olivo como símbolo de la civilización.

Poseidon

Es hijo de Cronos y Rea y hermano de Zeus. Es el dios soberano de las aguas, tanto el mar como el Océano y los ríos y manantiales. Su palacio está en las profundidades del mar.

Su atributo es el tridente que blande cuando quiere castigar a los mortales y provoca terremotos y movimientos del mar.

Se desplaza en su carro en forma de concha tirado por caballos marinos y acompañado de un cortejo de divinidades de las aguas, sobre todo las nereidas y los tritones. Le acompaña también su esposa, la nereida Anfitrite. En la mitología griega, Poseidón o Posidón era el dios de los mares y los océanos, conocido por los romanos como Neptuno y por los etruscos como Nethuns. Era también el dios de los terremotos y los caballos.

Prehistoria

En la cultura micénica, fuertemente dependiente del mar, la importancia de Poseidón empequeñecía la de Zeus, si las tablillas en lineal B que nos quedan son dignas de crédito. El nombre PO-SE-DA-WO-NE (Poseidón) aparece con mayor frecuencia que DI-U-JA (Zeus). También aparece una variante femenina, PO-SE-DE-IA, lo que indica la existencia de una diosa hoy olvidada correspondiente al dios.

Las tablillas de Pylos registran mercancías destinadas a sacrificios para «las Dos Reinas y Poseidón» y «las Dos Reinas y el Rey», complicando el misterio aún más. La identificación más obvia para las «Dos Reinas» es con Deméter y Perséfone (o algunas predecesoras de éstas), que no han sido tradicionalmente asociadas con Poseidón.

Los nombres de Deméter y Poseidón están relacionados en una tablilla de Pylos, donde aparecen como PO-SE-DA-WO-NE y DA-MA-TE, en el contexto sagrado de echar a suertes.

El elemento «DA» que aparece en ambos nombres está aparentemente conectado con una raíz indoeuropea relacionada con la distribución de tierras y honores (compárese con el latín dare, «dar»).

De esta forma, Poseidón significaría «señor distribuidor» o «consorte de la distribuidora», en correspondencia con Deméter, «madre distribuidora».

Dada la relación de Poseidón con los caballos así como con el mar, y la alejada situación respecto al mar del probable territorio original indoeuropeo, algunos investigadores han propuesto que Poseidón era originalmente un aristocrático dios-caballo que fue posteriormente asimilado con las deidades acuática de Oriente Próximo cuando la base del sustento griego cambió de la tierra al mar.

En cualquier caso, la enorme importancia inicial de Poseidón puede aún entreverse en La Odisea de Homero, donde es él y no Zeus el principal causante de los sucesos.

Culto

En el período histórico, era frecuente referirse a Poseidón por los epítetos Enosichthon, Seischthon y Ennosigaios, significando todos «agitador de la tierra» y aludiendo a su papel como causante de terremotos.

Poseidón era un importante dios municipal de varias ciudades: en Atenas, era el segundo en importancia por detrás sólo de Atenea, mientras en Corinto y en muchas ciudades de la Magna Grecia era el dios jefe de la polis.

Según Pausanias, Poseidón fue uno de los guardianes del oráculo de Delfos antes de que el olímpico Apolo le sustituyese. Apolo y Poseidón colaboraban estrechamente en muchos ámbitos: en la colonización, por ejemplo, Apolo daba la autorización para partir desde Delfos y asentarse, mientras Poseidón cuidaba de los colonizadores en su viaje y proporcionaba el agua purificadora para el sacrificio fundacional.

En la Anabasis de Jenofonte aparece un grupo de soldados espartanos cantando a Poseidón un paeano, un tipo de himno normalmente destinado a Apolo.

Como Dionisos y los Coribantes, Poseidón también provocaba ciertas formas de perturbación mental. Un texto hipocrático afirma que era considerado culpable de ciertos tipos de epilepsia.

Los marineros oraban a Poseidón para tener un viaje seguro, a veces ahogando caballos como sacrificio.

Papel en la sociedad

Cuando Poseidón estaba de buen humor, creaba islas y calmaba los mares. Cuando se enfadaba, hendía el suelo con su tridente y provocaba maremotos, manantiales caóticos, hundimientos y naufragios.

En el arte

La carro de Poseidón era tirado por un hipocampo o por caballos.

Poseidón estaba asociado con los delfines y las lanzas de pescar de tres dientes (tridentes). Vivía en una palacio en el fondo del océano, hecho de coral y gemas.

En Roma

Neptuno era adorado por los romanos principalmente como un dios caballo, Neptuno Ecuestre, patrón de las carreras de caballos.Tenía un templo cerca de las pistas de carreras de Roma (construido el 25 adC), el CircoFlaminio, y otro en el Campo de Marte.La

Neptunalia sólo se observaba en este último el 23 de julio.

Mitología

Nacimiento e infancia

Poseidón era hijo de Crono y Rea. Como sus hermanos y hermanas, exceptuando a Zeus, fue tragado por su padre. No fue regurgitado hasta que Zeus obligó a Crono a vomitar los bebés que se había comido. Zeus y sus hermanos y hermanas, junto con los Hecatónquiros, los Gigantes y los Cíclopes, derrocaron a Crono y a los demás Titanes. De acuerdo con otras versiones, Poseidón fue criado por los Telquines en Rodas, igual que Zeus había sido criado por los Coribantes en Creta.

Cuando el mundo fue dividido en tres, Zeus recibió la tierra y el cielo, Hades el inframundo y Poseidón el mar.

Amantes

La visión griega y romana del ciclo hidrológico del mundo hacía también a Poseidón/Neptuno un dios del agua fresca. De ahí que fuera un figura adecuada para las fuentes, como esta de Berlín.Su esposa era Anfítrite, hija de Nereo y Doris.

Poseidón se enamoró de Pélope, un hermoso joven, hijo de Tántalo. Llevó a Pélope al Olimpo y le hizo su amante, antes incluso de que Zeus hiciese lo mismo con Ganimedes. Para agradecer a Pélope su amor, Poseidón le regaló posteriormente un carro alado, que usó en la carrera contra Enomao por la mano de Hipodamia.

Poseidón persiguió una vez a Deméter. Ésta rechazó sus avances, transformándose en una yegua para poder esconderse en un rebaño de caballos, pero Poseidón advirtió el engaño, se convirtió en un semental y la raptó. El hijo de ambos fue un caballo, Arión, que tenía el don de la palabra.

Poseidón tuvo una aventura con Alope, su nieta por Cerción, de la que nació Hipotus. Cerción enterró viva a su hijas pero Poseidón la convirtió en una fuente, Alope, cerca de Eleusis.

Poseidón rescató a Amimone de un sátiro lujurioso y entonces tuvo un hijo con ella, Nauplio.

Una mujer mortal llamada Tiro estaba casada con Creteo (con quien tenía un hijo, Aesón) pero amaba a Enipeo, un dios río. Tiro perseguía a Enipeo, que rehuía sus avances. Un día Poseidón, lleno de deseo hacia Tiro, se disfrazó como Enipeo y de su unión con ella nacieron los gemelos Pelias y Neleo.

Poseidón mantuvo relaciones sexuales con Medusa en el suelo de un templo consagrado a Atenea. Medusa fue transformada en un monstruo. Cuando fue decapitada por Perseo, Crisaor y Pegaso emergieron de su cuello.

Tras violar a Cénide, Poseidón le concedió el deseo de convertirse en hombre.

Otras historias

Atenea se convirtió en la diosa patrona de la ciudad de Atenas en dura pugna con Poseidón. Ambos acordaron que cada uno haría un regalo a los atenienses y que éstos elegirían el que prefiriesen. Poseidón golpeó el suelo con su tridente e hizo brotar una fuente, pero su agua era salada y por tanto no muy útil, mientras que Atenea ofreció un olivo. Los atenienses (o mejor dicho su rey, Cécrope) escogieron el olivo y con él a Atenea como patrona, pues el árbol daba madera, aceite y alimento. Se cree que esta historia alude a un enfrentamiento entre los habitantes de la época micénica y los inmigrantes posteriores. Resulta interesante advertir que en su culmen Atenas fue una importante potencia marítima, llegando a derrotar a la flota persa en la batalla de Salamina cerca de la isla Salamina en 480 adC. Otra versión del mito cuenta que Poseidón dio caballos a Atenas.

Poseidón y Apolo, habiendo ofendido a Zeus, fueron enviados a servir al rey Laomedonte. Éste les pidió construir una enorme muralla alrededor de la ciudad y prometió recompensarles generosamente, promesa que luego se negó a cumplir. En venganza, antes de la Guerra de Troya Poseidón envió a un monstruo marino a atacar Troya (que luego fue derrotado por Heracles).

En La Ilíada Poseidón ayuda a los griegos, y en varias ocasiones toma parte activa en la batalla contra las fuerzas troyanas. Sin embargo, en el Libro XX rescata a Eneas después de que el príncipe troyano se rindiese ante Aquiles.

En La Odisea, Poseidón destaca por su odio hacia Odiseo, debido a que éste había cegado a Polifemo, el cíclope hijo de Poseidón. La enemistad del dios impide a Odiseo volver a su hogar en Ítaca durante muchos años.

Incluso se dice a Odiseo, a pesar de su definitva vuelta segura, que aplacar la ira de Poseidón necesitará más de un viaje por su parte. En La Eneida, Neptuno sigue resentido con los errantes troyanos, pero no es tan vengativo como Juno, y en el Libro I rescata a la flota troyana de los intentos de la diosa por hundirla, aunque su principal motivación sea su disgusto por la intromisión de Juno en sus dominios.

Heleno y Deífobo disputaron entonces la mano de Helena, y Príamo apoyaba al primero fundándose en que había mostrado el mayor valor; pero, aunque su casamiento con Paris había sido dispuesto por los dioses, Helena no podía olvidar que seguía siendo reina de Esparta y esposa de Menelao.
Una noche un centinela la sorprendió tratando de deslizarse por una cuerda de la muralla con el propósito de escaparse.

La llevaron ante Deífobo, quien se casó con ella por la fuerza, con gran disgusto de los otros troyanos. Heleno abandonó inmediatamente la ciudad y fue a vivir a las laderas del monte Ida.

Al enterarse por Calcante de que solamente Heleno conocía los oráculos secretos que protegían a Troya, Agamenón envió a Odiseo para que lo acechara y lo llevara al campamento griego. Dio la casualidad de que Heleno se hallaba como huésped de Crisis en el templo de Apolo Timbreo cuando llegó Odiseo en su busca, y se mostró bastante dispuesto a revelar los oráculos con la condición de que se le diera un lugar seguro en algún país lejano.

Las revelaciones resultaron breves y precisas: Troya caería ese verano si cierto hueso de Pélope era llevado al campamento griego, si Neoptólemo (también llamado Pirro) salía a combatir, y si el Paladio de Atenea era robado de la ciudadela, porque no se podía abrir brecha en las murallas mientras siguiera allí.

Agamenón envió inmediatamente mensajeros a Pisa en busca del omóplato de Pélope. Entretanto Odiseo, Fénix y Diomedes se embarcaron para Esciros, donde convencieron a su abuelo Licomedes para que dejara que Neoptólemo fuera a Troya; algunos dicen que entonces sólo tenía doce años de edad. El ánima de Aquiles se le apareció a su llegada, y en adelante se distinguió tanto en el consejo como en la guerra.

Poco antes de la caída de Troya las disputas entre los hijos de Príamo se hicieron tan feroces que el anciano autorizó a Antenor para que negociara la paz con Agamenón.

A su llegada al campamento griego, Antenor, por odio a Deífobo, convino en entregar traidoramente el Paladio y la ciudad a Odiseo; su precio fue la dignidad de rey y la mitad del tesoro de Príamo.

Trazaron juntos un plan, y para realizarlo Odiseo le pidió a Diomedes que le azotara sin piedad; luego, manchado con sangre, sucio y cubierto de harapos, consiguió que le admitieran en Troya como un esclavo fugitivo.

Sólo Helena le conoció a pesar de su disfraz,pero cuando le interrogó en privado la engañó con respuestas evasivas.

Sin embargo, no pudo rechazar una invitación para que fuera a su casa, donde ella le bañó, le ungió y le vistió con ropas finas; y una vez establecida su identidad sin duda alguna, Helena juró solemnemente que no lo denunciaría a los troyanos si él le revelaba todos los detalles de su plan.

Le dijo que la tenían como prisionera en Troya y deseaba volver a su patria. En aquel momento entró Hécabe (Hécuba, mujer de Príamo).

Odiseo se arrojó a sus, pies, llorando de terror, y le suplicó que no lo denunciara. Increíblemente ella accedió, y Odiseo se apresuró a volver, guiado por ella, adonde estaban sus amigos a salvo y con abundante información; pretendió haber matado a varios troyanos que no querían abrirle las puertas.

Según unos dicen que Odiseo robó el Paladio en esa ocasión él solo. Tradiciones dicen que a él y a Diomedes, como favoritos de Atenea, los eligieron para hacerlo y que subieron a la ciudadela por un túnel estrecho y fangoso, mataron a los guardias que dormían y juntos se apoderaron de la imagen que la sacerdotisa Teano, esposa de Antenor, les entregó voluntariamente.

La versión común, no obstante, es que Diomedes escaló la muralla subiéndose a los hombros de Odiseo, porque la escala era corta, y entró en Troya solo.

Cuando reapareció con el Paladio en los brazos los dos volvieron al campamento juntos, bajo la luna llena. Pero Odiseo deseaba para sí toda la gloria, así que se colocó detrás de Diomedes, a cuyos hombros estaba atada la imagen, y lo habría matado si Diomedes no hubiera visto la sombra de su espada; desarmó a Odiseo, le ató las manos y lo llevó a las naves dándole repetidamente puntapiés y golpes.

Para entonces Odiseo había regalado prudentemente a Neoptólemo, el hijo de Aquiles, las armas que le habían pertenecido a Ayax Telamonio.Aquiles había muerto y los griegos comenzaban a desesperar.
Calcante profetizó que Troya no podría ser tomada sino con la ayuda del arco y las flechas de Heracles.

En consecuencia, Odiseo y Diomedes fueron enviados a Lemnos para arrebatárselas a Filoctetes, a quien tiempo antes habían abandonado sus compatriotas mientras se dirigían a Troya a causa de una picadura de serpiente que degeneró en una horrorosa herida maloliente.

El propio Heracles le había confiado sus armas antes de morir. Filoctetes se había quedado en Lemnos sufriendo mucho y no sentía inclinación alguna hacia quienes lo habían dejado a su merced, pero tentado por la promesa de una curación y persuadido por la voz del propio Heracles a través de una profecía que sentenciaba "no puedes tomar a Troya sin Neoptólemo, hijo de Aquiles, ¡ni él puede hacerlo sin ti!", finalmente accedió a marchar.

Filoctetes obedeció y cuando llegó al campamento griego lo bañaron con

agua dulce y dejaron que durmiera en el templo de Apolo. Mientras dormía, el cirujano Macaón (o quizás Podalirio) le cortó de la herida la carne podrida, vertió en ella vino y le aplicó hierbas curativas y la piedra serpentina. Tan pronto como estuvo curado, Filoctetes desafió a Paris a un combate con arcos.

Muerte de Paris

La primera flecha que disparó no hizo blanco, la segunda atravesó la mano que sujetaba el arco de Paris, la tercera le cegó el ojo derecho, y sólo la cuarta lo alcanzó en el tobillo hiriéndolo de muerte.

A pesar del intento de Menelao de matar a Paris, éste consiguió salir renqueando del campo de batalla y refugiarse en Troya.

Esa noche los troyanos lo llevaron al monte Ida, donde suplicó a su anterior amante, la ninfa Enone, que le curara, pero inspirada por un odio mortal hacia Helena, movió negativamente la cabeza y entonces lo llevaron de vuelta para que muriera.

Ayax decidió vengarse de sus compatriotas aquella misma noche; pero Atenea le enloqueció e hizo que se lanzara espada en mano contra las vacas y las ovejas tomadas de las granjas troyanas como parte del botín común.
Tras una gran matanza, encadenó a los animales sobrevivientes y los llevó al campamento, donde continuó su loca carnicería. Eligió dos carneros de patas blancas, cerceno la cabeza y la lengua a uno de ellos, al que tomó por Agamenón o Menelao, y ató el otro a una columna, donde lo azotó con un ronzal, gritando insultos y llamándole pérfido Odiseo.
Por fin recobró el juicio y, completamente desesperado, fijó el pomo de la espada en la tierra;aquella misma espada que le había dado Héctor a cambio del tahalí de púrpura; con la punta hacia arriba, y después de pedir a Zeus que le hiciera saber a Teucro dónde se podía encontrar su cadáver; a Hermes que condujera su alma a los Campos de Asfódelos; y a las Erinias que le vengaran, se arrojó sobre ella. La espada, que detestaba lo que Ayax le pedía,se dobló como un arco negándose al acto fatal, y sólo al amanecer consiguió por fin suicidarse poniendo la punta bajo su axila vulnerable.

La muerte de Ayax generó una disputa entre su hermano Teucro y Agamenón sobre el entierro del héroe.

Algunos sostienen que la causa de la querella entre Ayax y Odiseo fue la posesión del Paladio y que se produjo después de la caída de Troya. Posteriormente, cuando Odiseo visitó los Campos de Asfódelos, Ayax fue la única ánima que permaneció alejada de él, y rechazó sus excusas de que Zeus había sido responsable de su desgracia.

Cuando Tetis decidió conceder las armas de Aquiles al griego más valiente que quedaba vivo delante de Troya, solamente Ayax y Odiseo, que habían defendido juntos el cadáver, se atrevieron a reclamarlas.
Algunos dicen que Agamenón, quien aborrecía a toda la Casa de Eaco, rechazó las pretensiones de Ayax y repartió las armas entre Menelao y Odiseo, cuya buena voluntad estimaba mucho más; otros dicen que evitó lo odioso de una decisión remitiendo el caso a una reunión de los caudillos griegos, que la resolvieron en votación secreta; o que la remitió a los cretenses y los otros aliados; o que obligó a sus prisioneros troyanos a declarar cuál de los dos reclamantes les había hecho más daño.
Pero la verdad es que, mientras Ayax y Odiseo seguían jactándose competitivamente de sus hazañas, Néstor le aconsejó a Agamenón que por la noche enviase espías para que escuchasen al pie de las murallas de Troya la opinión imparcial de los enemigos al respecto.

Los espías oyeron lo que decían unas muchachas que conversaban entre ellas; cuando una elogió a Ayax por haber retirado el cadáver de Aquiles del campo de batalla entre una tormenta de proyectiles, otra, por instigación de Atenea, replicó que hasta una esclava habría hecho lo mismo una vez que alguien le hubiera echado a hombros un cadáver; pero que si le hubiesen puesto armas en la mano habría estado demasiado asustado para utilizarlas. En consecuencia, Agamenón concedió las armas a Odiseo.

El y Menelao nunca se hubiesen atrevido, por supuesto, a insultar a Ayax de esta manera si Aquiles hubiera estado vivo, pues Aquiles quería entrañablemente a su primo. Fue el mismo Zeus quien provocó la querella.

Ayax sacó el cadáver del templo en sus hombros; los troyanos trataron de apoderarse de él, pero los griegos consiguieron llevárselo y lo condujeron a las naves.
Algunos dicen, por otra parte, que los troyanos vencieron en la pelea y no entregaron el cadáver de Aquiles hasta que les devolvieron el rescate que Príamo había pagado por Héctor.

La gran pérdida desalentó a los griegos. Sin embargo, Poseidón prometió a Tetis que concedería a Aquiles en el Mar Negro una isla en que las tribus de la costa le ofrecerían sacrificios divinos durante toda la eternidad.

Un grupo de nereidas fue a Troya para llorar con la diosa y permanecieron desoladas alrededor del cadáver mientras las nueve Musas entonaban el canto fúnebre. El duelo duró diecisiete días y noches, y al decimoctavo amanecer el cuerpo de Aquiles fue quemado en una pira y sus cenizas, mezcladas con las de Patroclo, fueron guardadas en un cofre de oro hecho por Hefesto, regalo de boda de Dioniso a Tetis.

El cofre fue enterrado en el promontorio Sigeo, que domina el Helesponto, y sobre él los griegos erigieron un alto túmulo como mojón.

Mientras los aqueos realizaban juegos fúnebres en su honor, Tetis sacó el alma de Aquiles de la pira y la llevó a Leucea, una isla pequeña, boscosa y llena de animales salvajes y domesticados que se halla frente a la desembocadura del Danubio.

Los marineros que navegan rumbo al norte desde el Bósforo hasta Olbia oyen con frecuencia a Aquiles que canta los versos de Homero al otro lado del agua, y al sonido de su voz acompañan el ruido de cascos de caballos, gritos de guerreros y entrechocar de armas.

Paris mata a Aquiles

Según otra tradición, Aquiles fue víctima de un complot.

Príamo le había ofrecido a Políxena en matrimonio con la condición de que levantase el sitio de Troya, pero Políxena, que no podía perdonar a Aquiles el que hubiera asesinado a su hermano Troilo, hizo que revelara la vulnerabilidad de su talón, pues no hay secreto qué las mujeres no puedan arrancar a los hombres como prueba de amor. A pedido de ella, acudió descalzo y desarmado a ratificar el acuerdo mediante sacrificios a Apolo Timbreo. Luego, mientras Deífobo le abrazaba simulando amistad, Paris, oculto detrás de la imagen del dios, le atravesó el talón con una flecha envenenada o, según algunos, con una espada.

Pero antes de morir Aquiles tomó del altar unas teas y las lanzó vigorosamente a su alrededor, matando a muchos troyanos y servidores del templo.

Entre tanto, Odiseo, Ayax y Diomedes, sospechando una posible traición de Aquiles, le habían seguido al templo.

Paris y Deífobo se cruzaron con ellos corriendo en la puerta; entraron y Aquiles, al expirar en sus brazos, les pidió que después de la caída de Troya sacrificaran a Políxena en su tumba.

Compadecido Apolo, que guardaba aun íntegro el cuerpo, se queja ante todos gravemente, y por esto Zeus, llamando a Iris por medio de Tetis, manda a Aquiles que desista de tanta crueldad y que no rehúse devolver el cuerpo a los que quieren redimirlo; al mismo tiempo y por su mandato, Iris exhorta a Príamo a que, pagado el rescate de redención, reciba a su hijo.
Se llevan a cabo estas gestiones doce días después de la muerte de Héctor. Príamo, durante lanoche, al igual que Hécuba y todos los demás troyanos, reúnen preciosos dones y cargan con ellos un carro conducido por el pregonero Ideo y manda que se prepare otro.

Entonces hechas las libaciones y aceptado el augurio directo, comienzan a recorrer el camino. Hermes llega ante Príamo por mandato de Zeus, y lo lleva a la tienda, sirviéndole de vigía durante el tiempo dedicado al sueño.

Aquiles, vencido fácilmente por las súplicas del rey, recibe el precio de la redención, le devuelve el cuerpo lavado, envuelto en túnicas y concede once días de tregua para la sepultura y of reciéndole honrosa cena lo manda a descansar. Al amanecer del dia siguiente, conduciéndolos Hermes, Príamo lleva el cuerpo a la ciudad a cuya vista salieron todos los troyanos con grandes lamentos; colocado poco después en palacio, después de haberse presentado los cantores, lloran Andrómaca, Hécuba y Helena. Hecha después la pira, se celebra el funeral y el banquete.

Terminados los juegos, los aqueos se entregan a la cena y al sueño; Aquiles permanece insomne y durante la mañana arrebata el cadáver de Héctor y lo ata al carro cerca del túmulo de Patroclo, repetida esta profanación ante los dioses durante varios días, parte se duelen de ello, parte se alegran.

Ambos ejércitos se habían puesto en lugar seguro en el campo, cuando Héctor, estando él solo, permanece frente a Aquiles que volvía de perseguir a Febo.
Desde el muro querían detener a Héctor sus parientes que lloraban desolados. Vanamente, porque a éste el pudor y a aquél el afecto les impedía retirarse del lugar; sin embargo, apareciéndosele un dios bajo aspecto de hombre, hizo huir a Héctor atemorizado. Lo persiguió fieramente Aquiles y dio tres vueltas alrededor de la muralla.
Entre tanto Zeus, compadeciéndose de Héctor, pesó su destino en la balanza y decretó su muerte. Febo lo abandonó al instante y Atenea lo incitó a combatir bajo la apariencia de su hermano Deífobo.

De esta manera los héroes se unen en singular combate en el que estando presente Atenea, ayuda a Aquiles y se burla de Héctor con terrible engaño. Finalmente, Aquiles, en lo más álgido del combate lo atraviesa con su lanza, lo despoja de sus armas e insultándolo y manchándose de ignominia, insulta a los suyos y atado a su carro lo arrastra hacia la base naval . Toda la ciudad llora la muerte de su querido Héctor y gritan amargamente sus parientes desde la muralla y Andrómaca es llevada a su casa.

Los mirmidones dejan sus armas alrededor del féretro de Patroclo, yendo delante Aquiles quien poco después les prepara el banquete fúnebre. Él mismo cena ante Agamenón y anuncia las exequias para el próximo día .

A la siguiente noche se le presenta durante el sueño la imagen de Patroclo que le pide justos funerales. Por mandato de Agamenón se llevan leños por la mañana, se presenta el cuerpo y se dispersan las caballerias de Aquiles y de los demás; sacrificadas ante él muchas víctimas y los doce jóvenes troyanos, se hace la hoguera, se enciende y arde con el soplo del Bóreas y del Céfiro, mientras el cuerpo de Héctor es preparado por Afrodita y por Febo .

Al día siguiente se recogen y llevan a la urna los huesos de Patroclo para que estén algún dia, según promesa hecha, junto con los de Aquiles; se levanta también un túmulo improvisado . Aquiles añade en honor del difunto, certámenes de varias clases en los que se llevan premios y regalos los principales jefes aqueos.

En equitación: Diomedes, Antíloco, Menelao, Merión, Eumelo y Néstor; en pugilato: Epeo y Eurialo ; en lucha: Áyax Telamonio y Odiseo; en carreras: Odiseo y Áyax el menor, así como Antiloco; en competencia de armas: Diomedes y Áyax Telamonio ; en disco: Polipetes ; en flechas: Meriones y Teucro ; y lanzando dardos: Agamenón y Meriones.

Antes de ir al encuentro de su destino en combate singular con Aquiles.
Preparados ambos ejércitos y llamados los dioses a la asamblea, Zeus les permite que cada uno socorra a cualquiera de los dos que desee a fin de que no madure la matanza para los troyanos por la crueldad de Aquiles.

Así marchan a la guerra, Hera, Atenea, Poseidón, Hermes, Hefesto, para ayudar a los aqueos; y Ares, Apolo, Artemisa, Latona, Janto y Afrodita, a los troyanos. Las tierras celebran con estremecimiento y temor la entrada de los dioses.

Antes del comienzo de la batalla, Febo excita a Eneas contra Aquiles que amenazaba a Héctor.Mientras tanto los dioses por convencimiento de Poseidón se sitúan alejados del combate.

A varias provocaciones sigue el combate de Aquiles con Eneas a quien Poseidón libra por medio de una nube, pues según los oráculos le tenía destinado un reino entre los troyanos; Héctor, que está por agredir a Aquiles, es rechazado por Apolo. Aquiles mata entre otros troyanos a Polidoro, hijo de Príamo.

Estando ya por vengar la muerte de su hermano, se dirige Héctor contra Aquiles a quien lo salva también Apolo rodeándolo con una nube. Movido por el dolor Aquiles ataca a los demás troyanos y llena el campo de una espantosa ruina de muertos y armas. Aquiles acosa a los troyanos, parte hacia la ciudad y parte hacia el Janto (el Escamandro) y habiendo despedazado a muchos en el río, conserva a doce jóvenes vencidos, para las exequias de Patroclo.

Ahí mismo mata a Licaón, hijo de Príamo a pesar de sus súplicas; después a Asteropeo, jefe de los peonios junto con otros de aquel pueblo, habiéndose librado del enfurecido río desigual en fuerza. Continuaba la matanza hasta que Janto, obstruido por el número de cadáveres, compadeciéndose, mandó que su cauce se desbordara contra él.

Apenas se escapaba Aquiles cuando de nuevo tenía que saltar; pero el río enfurecido lo sumergía en sus ondas y perseguía al que volvía a escapar.

Ya le faltaban las fuerzas al que luchaba entre las olas, pero Poseidón y Atenea se las aumentaban; entonces Janto que estaba demasiado irritado, llamó en su ayuda a Simóis, pero Hera llamó a Hefesto que quemó el campo y al río y ni las llamas lo detenían si no las hubiese aumentado la misma diosa.

Se iniciaron después combates personales entre los demás dioses: Ares, Atenea, Afrodita, Apolo, Poseidón; Hera, Artemisa; Hermes, Latona . Después de esto vuelven al Olimpo los dioses, excepto Apolo quien se dirigió a Troya, mientras Aquiles hacía estragos a través del campo y a los demás los empujó su furia hacia el interior de la ciudad en la que Príamo mandó que se cerrara la puerta.

Para que aquellos no fueran diezmados en la fuga, Apolo detuvo a Aquiles introduciendo a Agenor, y después él mismo disfrazado bajo la apariencia de Agenor, lo engañó huyendo y así lo alejó de la ciudad.

A la salida del sol, Tetis le da a Aquiles las armas que había hecho Hefesto y lo excita nuevamente a la alianza para la guerra; pues el cuerpo de Patroclo derrama divinos olores a fin de que dure incorrupto para la sepultura.
Aquiles, reuniendo una samblea, olvida su ira, y pide continuar la guerra cuanto antes. Por su parte Agamenón confiesa su error y una vez reconciliado, ofrece los dones prometidos por medio de su legado Odiseo; pero olvidándolos él, tal vez con intención de vengarse, apremia a comenzar la batalla.

Finalmente cede ante Odiseo y espera hasta hallarse presente al que lo aconsejaba mientras las tropas tomaban el desayuno y recibe ante la asamblea los dones y a la hija de Brises, causa de la discordia a la que Agamenón juró devolverla intacta mediante un sacrificio expiatorio.

Se trasladaron los dones desde un lugar público a la tienda de Aquiles en donde las mujeres lloraban a Patroclo y el héroe mismo vuelve a lamentarse y se abstiene firmemente de probar alimento, tomándolo el ejército. Aquiles es deleitado por Atenea, enviada desde el cielo; poco después se pone las nuevas armas, sube al carro con Automedonte y sabido por otro el destino de sus caballos, marcha a la fila lleno de vida.

Aquella misma noche llega Tetis al Olimpo en donde Zeus acababa de reprender a su esposa porque ayudó a Aquiles y es recibida amigablemente en la mansión de Hefesto.
Para Hefesto le era fácil si se lo pedían con insistencia, fabricar escudos y toda clase de armas con su arte exquisito.

Recibida la noticia de la muerte de Patroclo, Aquiles se entrega a la desesperación y a los lamentos.
Ante estas lamentaciones despertada Tetis, llega desde el mar con su cohorte de Nereidas para consolar a su hijo; a quien cuando ve lleno de ambición de vengarse de Héctor, aunque aquello habría de ser decidido por el destino, difiere su deseo para el último día, pero le promete que le llevará armas nuevas fabricadas por Hefesto.
Habiendo regresado las Nereidas a su mansión, Tetis se apresura hacia el Olimpo, mientras se renueva la batalla sobre el cuerpo de Patroclo que finalmente hubiera quedado en poder de Héctor, a no ser que Aquiles por consejo de Hera hubiese aterrorizado a los troyanos con su aspecto y voz terribles y los hubiese hecho huir hasta las murallas enemigas; mientras tanto los aqueos, rescatado el cuerpo, lo llevan a la tienda de Aquiles, al entrar la noche.

Los troyanos tienen una tumultosa asamblea y Polidamante los persuade de que se salven dentro de las murallas, no sea que Aquiles venga a las filas y acabe con ellos; pero este prudente consejo desagrada a Héctor y al pueblo. Los troyanos redoblan la vigilancia durante la noche con sus armas; los aqueos y al frente de ellos Aquiles, lloran la muerte de Patroclo, embalsaman el cadáver y lo colocan en el ataúd.

Muerto Patroclo, Menelao mata a Euforbo y lo despoja de sus armas. Héctor por consejo de Apolo dejando de perseguir a Automedonte le quita los despojos y regresa, mientras Menelao hace venir a Áyax el mayor, para que cuide el cadáver.
Héctor se retira ante Áyax, pero incitado por la reprensión de Glauco vuelve nuevamente, luciendo soberbiamente las armas de Aquiles, a fin de arrebatar el cuerpo y lleno de fortaleza anima a cada uno de los suyos en el mismo campo de batalla; simultáneamente llamados por Menelao acuden con presteza los más valientes aqueos.

Así en un mismo lugar se origina un terrible combate entre Menelao y Héctor con cada una de sus tropas y pelean uno y otro con distinta suerte.Ellos para defender el cuerpo de Patroclo y éstos para que lo arrastren y sea causa de ludibrio.

Zeus vuelve el vigor a los caballos de Aquiles que se dolían por la muerte de Patroclo y Automedonte los regresa al combate en unión con Alcimedonte.
Héctor, Eneas y otros, atacan el carro de Aquiles para apoderarse de los nobles caballos y los aqueos sostienen con fiereza el ímpetu de aquellos, quienes tratan también de rescatar el cadáver. Menelao implora nuevas

fuerzas a Atenea, y Apolo exhorta a Héctor con la aprobación de Zeus.

Finalmente viene a menos la fuerza aquea, y aun el mismo Áyax Telamonio, tiembla, bajo cuyo mandato Menelao envía un mensajero a Aquiles, y es Antíloco, quien le anuncia la muerte de Patroclo y las derrotas recibidas, y el mismo Menelao junto con Merión apoyado por la compañía de los Áyax, se atreve a llevarse el cadáver hasta las naves, metiéndose entre los enemigos que combatían.

Por aquel tenor de los acontecimientos el feroz Patroclo persigue a los troyanos hasta la ciudad, sube a su muralla pero es apartado de aquel lugar por el dios; sin embargo, resiste de nuevo a Héctor que irrumpe lleno de fuerza, mata a su auriga Cebrión y se lleva el cadáver después de haberlo despojado.
Finalmente mata a muchos de la masa de soldados hasta que Eufrobio lo hiere, aterrorizado él mismo por la fuerza de Apolo y despojado de sus armas; Héctor le da muerte e insta a Automedonte a encaminar el carro de Aquiles llevándolo junto a las naves.

Aquiles le presta a su amigo Patroclo que le suplicaba y pedía ayuda, sus propias armas y tropas para salir a combatir bajo la condición de que se contentase con rechazar a los troyanos de las naves y no se expusiese a mayores peligros.
Debilitado ya el mismo Ayax, no pudo impedir que se pusiese fuego a la nave. Visto lo cual Aquiles, llama a su amigo a las armas, prepara las filas de los suyos, les habla y hechas las libaciones y las preces los despide.

De pronto, habiendo visto el jefe de losmirmidones, aterrorizados a los enemigos, el engaño de la figura de Aquiles, libra del ataque a la nave y apaga el incendio. Comienza de nuevo la batalla y a los que huian cegados por el pavor, los persigue sobre la trinchera y aun a campo abierto. Enseguida, Glauco mata a Sarpedón, hijo de Zeus, habiendo quedado asi vengadas las matanzas. Éste juntamente con Héctor y otros de los en terrible combate con los aqueos que arrastraban los despojos, les quita el cuerpo de Sarpedón. Apolo ve esto y por mandato de Zeus es lavado el cuerpo y ungido y llevado a Licia por sus amigos.

Mientras tanto Hera, para elevar la moral de los aqueos, se arregla en su persona y se prepara delante de Zeus en el monte lda para atraerlo con todos los halagos de una esposa; para lo cual se coloca el cíngulo de Afrodita y hace venir desde Lemnos al dios Sueño, quien lo entretiene en el estado de descanso.
Poseidón había puesto asechanzas en este tiempo, mediante el consejo de Sueño, la suerte de los aqueos que les devolvió auxiliándolos prontamente.

Héctor, herido por el golpe de la piedra que le había lanzado Áyax, estaba sin alientos y fue transportado y curado por sus soldados. Combatiendo los aqueos a los troyanos, elevados ya sus fuerzas y espíritu de combate, los alejan de las naves, persiguiéndolos en primer término Áyax el menor.

Despertando de su letargo Zeus, ve a Poseidón dando ayuda a los troyanos contra los aqueos. Enseguida, reprende ásperamente a Hera y manda llamar del Olimpo a Iris y Apolo; se sirve de ellos como de sus ministros para restituir sus fuerzas a los troyanos y simultáneamente predice toda la serie de designios hasta la destrucción de la ciudad. Habiendo regresado Hera a la morada de los dioses, Ares sabe por ella lo referente a la muerte de su hijo Ascálafo y se apresta para la venganza; Atenea reprime su cólera.
Apolo e Iris se presentan ante Zeus y por mandato de éste obliga a Poseidón bajo amenazas a que abandone la guerra. Éste a pesar de estar lleno de temor aún se atreve a resistirse. Apolo alienta a Héctor, ya sanado y retirado del combate por esa causa, y renueva la suerte de los troyanos.

Héctor acomete a los fortísimos aqueos que dejando de combatir se retiraban a las naves; mata a una parte de ellos; a otros los hace huir, yendo delante el dios, quien agitando su égida estremeció de temor a los aqueos y fortaleció a los troyanos, pues derribando el muro, preparó el camino para destruir al ejército.

Por esta terrible desgracia que le comunicó Eurípilo, Patroclo regresó ante Aquiles y lo exhortó para que los ayudara en ese último trance. Mientras tanto los aqueos combaten terriblemente ante sus naves cayendo muchos de ambas partes.

Finalmente ellos se retiran sin dispersarse entre las filas de las naves, desde las que Áyax Telamonio defiende del fuego, armado con una lanza, porque ya Héctor amenazaba quemar la nave de Protesilao.

Pasando el muro los troyanos, por diversas partes, matan a los aqueos, cuando Poseidón conmovido por la calamidad, se acerca a los que defendían las naves. Oculto bajo forma humana para animar a los que se detenían, exhorta primero a los dos Áyax y después a los demás capitanes.
Así los Áyax y otros, rechazan a Héctor de la matanza de las naves en plena fila de combate; al poco, Idomeneo, movido por Poseidón a combatir, habiéndose unido con Merión, socorre por la izquierda a los afligidos aqueos. Después se traba un feroz combate en el que Zeus favorece a los troyanos y Poseidón a los aqueos. Sobresale entre éstos, el valor de Idomeneo. Éste, da muerte a Otrioneo, Asio y Alcátoo y asimismo, en compañía de Merión, Antíloco y Menelao lucha con superioridad contra Eneas, Deífobo, Héleno y Paris.

También detiene a Héctor quien hacía poco se hallaba en el centro del lugar y de tal modo lo apremian los Áyax y otros grupos, que ya se retiran los troyanos: pero fortalecido Héctor por el consejo de Polidamante, conduce repentinamente contra el enemigo a los que había reunido. Áyax da comienzo a un nuevo combate y se pelea por ambas partes con grandes clamores.

Néstor, atemorizado por el clamorío del combate, sale de su tienda en la que aún se curaba Macaón, para explorar los hechos en el lugar en que se realizaban.

Agamenón, Odiseo y Diomedes, doliéndose aún por las heridas, le salen al encuentro cambiándose de lugar por la misma causa; el primero de los cuales angustiado por el éxito de la guerra y viendo ahora abierta la muralla, reflexiona sobre la huida.

Odiseo reprueba esta determinación, y así Diomedes persuade a todos a que vuelvan a la batalla y que con su presencia ayuden a todos, dándoles certidumbre y consejos; al mismo tiempo Poseidón conforta a Agamenón que ya se iba y da fortaleza al ejército.

Armado Agamenón con espléndidas armas conduce por la mañana a sus tropas a las filas de combate; lo mismo hacen Héctor y los otros príncipes de Troya.
Ante el insólito valor de Agamenón que enardece a la turba desconocida, se excitan los troyanos y se inicia una gran batalla. El mismo Héctor apartado por mandato de Zeus hasta las murallas de la ciudad, evita el coraje del enardecido adversario, mientras aquél se marcha del combate mal herido.

Realizado esto, Héctor vuelve a pelear e infunde a los suyos un nuevo valor. Diomedes, Odiseo y Áyax vuelven a la decaída batalla; pero Diomedes herido por Paris se regresa violentamente hacia las naves; asimismo Odiseo herido por Soco y muerto aquél, viéndose rodeado por los troyanos, se libra del combate ayudado por Menelao y Áyax. A poco a Macaón y Euripilo los hieren las flechas de Paris.

Viendo Aquiles a Macaón que se adelantaba en el carro de Néstor, envió a Patroclo para reconocer su presentación.

Tan pronto como reconoció éste a Macaón y librado por Néstor de tan miserable muerte, le pide que o bien implore directamente la ayuda de Aquiles en auxilio de los aqueos o que él mismo espante a los enemigos revestido con el armamento de Aquiles.

Al regreso Patroclo hiere al peligroso Euripilo y es curado en su tienda de campaña.Rechazados los aqueos contra las murallas (hecho abominable a los dioses; a ellos mismos los rechazan detrás de la misma ciudad), ven que

los troyanos se dirigen a las naves y que están a punto de atravesar ya el foso. Desconcertados al principio por lo difícil del momento bajan de los carros por consejo de Polidamante y corren divididos en cuatro grupos.

Asio se atrevió a atacar una de las puertas desde su carro y fue rechazado por los dos Lapitas con gran matanza de los suyos.

Polidamante interpretó augurios adversos que no intimidaron a Héctor en perseguir a los enemigos. Éstos aunque molestados por un viento tempestuoso, defienden sus trincheras con suma fortaleza, estando en los primeros lugares los dos Áyax.

Por otra parte entran Sarpedón y Glauco a quienes se les opone Menesteo y son llamados por él, Áyax el mayor y Teucro. Son heridos Epicles, el compañero de Sarpedón y Glauco por Teucro; finalmente él es derrotado en la almena del muro.

Los aqueos atacan duramente la muralla, abierta por la parte de los licios; Héctor conjura el peligro y tapa la puerta con una enorme piedra y abre a los suyos el camino hacia las naves.

Retomamos el argumento del cilindro Troya II. Entre los aqueos, una vez pasado el peligro, aterrorizados y rechazados de momento, convoca Agamenón ocultamente a los jefes a quienes el rey les señala la determinación de huir y dirigir la navegación durante la noche.
Diomedes y Néstor lo desaconsejan de este torpe intento. Se colocan fogatas en las trincheras de los campamentos, se prepara una cena en la tienda de Agamenón y después de la cena se trata a toda costa de hacer las paces con Aquiles y atraerlo al ejército.

El propio Agamenón mandó decir que si cedía en su enojo ante la pública necesidad, le prometía devolverle intacta a Briseida y magníficos regalos.

Néstor envió con estas condiciones a varios escogidos, como Fénix a quien el padre de Aquiles lo había hecho mentor en su juventud, Áyax el mayor, Odiseo y dos embajadores de paz. Aquiles recibió amigablemente a los legados, pero rechazó todas las promesas de Agamenón y los discursos, ya los esmerados como los ásperos y suaves; además retuvo a Fénix y amenazó con que regresaría al poco juntamente con él a la patria.

De este modo, después de que Áyax y Odiseo anunciaron tan dolorosa resolución, Diomedes lo confirma en toda su gravedad a los afligidos jefes y los exhorta a la tenacidad en la lucha.

Aquiles recupera a Briseida

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