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Telémaco y Penélope

Penélope y los Pretendientes

Penélope

La vuelta de Ulises a Itaca

Helena, Menealo y los otros Aqueos en regreso a la Patria

Orestes mata a Egistos

Tragedia "Orestes"

Tragedia "Agamenón"

Casandra es asesinada por Clitemnestra

Tragedia "Hécuba"

Cassandra es entrega a Agamenón como botín de Guerra

Poseidón mata a Ajax Oileo por violar a cassandra en el Templo de Atenea

Ayax Oileo

Polixena es sacrificada

Astianax, hijo de Héctor asesinado por Neoptolemo

Andrómaca

Eneas rescata a su padre Anquises al hombro y huyen de Troya

Helena es perdonada por Menelao

Helena mata a Deifobo

Muerte de Priamo, Rey de Troya a manos de Neoptolemo

Saqueos en Troya

Tras la Caida de Troya comienzan los saqueos y ultrajes

Laocoonte y Cassandra Profetizan la caida de Troya

Cassandra Profetiza la caída de Troya

El Caballo de Troya

Odiseo o Ulises (Ulysses en latín)

Hijo de Ulises y Penélope, su figura es más literaria que mítica y aparece en los cuatro libros de la Odisea.
En la Telegonía se cuenta que después de la muerte de Ulises a manos de Telégono este se casó con Penélope y Telémaco se unió a Circe.

Existe también la versión según la cual Telémaco fue muerto por las sirenas para vengarse de Ulises.

Aunque su marido estuvo ausente durante más de veinte años como consecuencia de la guerra de Troya, Penélope nunca dudó de que él regresaría, y mantuvo fidelidad.
La cortejaban muchos pretendientes, que llevaban una vida espléndida y cometían excesos en el palacio de Ulises.

Penélope contuvo sus intenciones con el pretexto de que debía acabar una mortaja que estaba tejiendo para Laertes, su suegro. Cada noche deshacía la labor que había completado durante el día y, por este medio, evitaba tener que elegir un marido.

Sin embargo, la estratagema se descubrió al ser delatada por una sirvienta, y los nobles comenzaron a insistir en una inmediata decisión de matrimonio.

A pesar de los veinte años de agonía y espera, cuenta Eumeo, la reina es aún joven y bella. Y vive asediada por decenas de pretendientes que, seguros de su viudez, quieren casarse con ella. Nada consigue alejarlos de palacio.

La diosa Palas Atenea puso en su corazón el deseo de mostrarse a los pretendientes, y aunque algo reticente por no haberse acicalado desde el día en que su esposo partió hacia Troya, su vieja ama la animó a hacerlo.

Mientras tanto Ulises había regresado a Itaca, disfrazado de mendigo, y observando la situación. Al ver al falso mendigo en el umbral de la puerta, los hombres lo abofetean y le arrojan vino en la cara. Llega la noche. Con Telémaco,

Ulises reúne todas las armas que consiguen encontrar en palacio y se prepara para el ataque.

Penélope, siempre esperando la llegada del esposo, pero aún sin sospechar que éste sea el forastero andrajoso, entra en la sala donde están los pretendientes y, con una nueva estratagema en la mente, anuncia que desposará a aquel que consiga tirar la flecha con el arco de Ulises, atravesando doce orificios hechos en otros tantos cabos de hachas puestos en fila.

Traen el arma. Uno a uno, los candidatos intentan tender el arco, pero aún usando de toda su fuerza, nada consiguen. Entonces se aproxima el anciano mendigo. Todos se burlan de su figura grotesca. Lo desafían. El finge gran esfuerzo para tender el pesado arco.

Pero alcanza el blanco fácilmente y, después, riendo, vuelve a colocar flechas en el arco y mata uno a uno los pretendientes.

Al saber Penélope de quien se trata, la reina no puede creer en tanto bien, tanta alegría. Como loca, sale corriendo por los salones del palacio en busca de su marido. Lo encuentra sin tardar. Frente a frente, en el centro de la sala, los esposos se miran extasiados.

Después lentamente sin hablar palabra entran en el cuarto conyugal. Y se aman como si fuese la primera vez.

Penélope, en la mitología griega, hija de Icario, rey de Esparta, mujer de Ulises, rey de Ítaca, y madre de Telémaco.
En la vida de Ulises falta alguien. Alguien que le otorgue calma en las horas de angustia y alivie el peso de su soledad. Para cumplir los designios del Destino, él necesita una compañera.

Elige la mujer más bella de Grecia; Helena, hija de Tíndaro rey de Esparta. Pero cuando llega allí, dispuesto a pedir la mano de la muchacha, se encuentra con una desagradable sorpresa: Helena tiene tantos pretendientes que para conseguirla tendría que desatar una guerra.

Al saber de la presencia de Ulises en su corte, Tíndaro lo manda a llamar inmediatamente. El rey, nervioso, confiesa a su visitante que teme el comienzo de un grave conflicto, desencadenado por la pasión que su hija ha despertado en tantos hombres al mismo tiempo.

Ulises desiste del matrimonio con la princesa. Pero, apenado por la situación de Tíndaro, imagina un ardid que le sería fatal: El hombre elegido por Helena debería ser respetado por los pretendientes rechazados.

En cuanto a éstos prometerían ayudar al elegido a conservar a su lado a su mujer. Tal la condición fundamental para los candidatos a la mano de la bella. O se rendían a la imposición, o perdían la oportunidad de desposar a la princesa. Con voz grave el rey de Esparta se dirige a la multitud y les comunica el extraño juramento.

Ulises se prepara para dejar la corte de Tíndaro y emprender el viaje de retorno, cuando una figura femenina llama su atención. Es Penélope, prima de Helena, que ha venido a aconsejar a la princesa en indecisión.

Enamorados a primera vista, ambos jóvenes recorren mudos la estancia del palacio. Una fuerza mágica los une en un largo beso. Poco después y como si se conocieran desde hace años parten juntos para Itaca.

Ni los dioses, ni los hombres, ni el propio Destino podrán separarlos definitivamente.

Odiseo o Ulises reconocido por su perro al llegar a Itaca
La Odisea consta de unos 10.000 versos divididos en 24 cantos, y narra el regreso de Ulises, el héroe griego (también llamado Odiseo) de la guerra de Troya.

Durante su ausencia, un grupo de pretendientes de su esposa Penélope está acabando con sus bienes.

La epopeya abarca sus diez años de viajes, y los diversos peligros con los que se debió enfrentar, (como el cíclope), continúa con la llegada de Ulises a su isla natal, Ítaca. Allí prueba la lealtad de sus sirvientes, ejerce venganza contra los pretendientes de Penélope, y logra volver a reunirse con su hijo, su esposa y su padre. Estuvo entre los Cíclopes, gigantes de un solo ojo. Uno de ellos, Polifemo, devoró a varios compañeros de Ulises, pero este lo embriagó, y lo venció dejándole ciego. Esto provocó la ira de Poseidón, dios del mar y padre de Polifemo, el cual, para vengar a su hijo, lo persiguió con terribles tempestades durante su viaje.

Después de haber escapado de las sirenas, que con sus cantos atraían a los marinos y les hacían naufragar, y después de haberse salvado de los monstruos marinos Escila y Caribdis, Ulises llegó a la isla de Trinacria (hoy Sicilia), donde sus compañeros atacaron a los animales sagrados, dedicados al dios del sol, Helios.

El dios supremo, Zeus, los castigó destruyendo con sus rayos todos los navíos.

Únicamente sobrevivió Ulises, que llegó a la isla de Ogigia, donde reinaba la ninfa Calipso. Ésta lo retuvo siete años a su lado y le dio un hijo, pero Ulises seguía sintiendo nostalgia de su patria y partió.

Ulises sufrió otro naufragio pero consiguió llegar a la isla de los feacios, donde fue recibido por el rey Alcinoo y su hija Nausica.

Los feacios lo condujeron por fin a Ítaca. Allí su fiel esposa, desde hacía varios años, era solicitada por numerosos pretendientes.

Disfrazado de mendigo, logró entrar en su palacio, donde mientras tanto Penélope había prometido su mano al que fuera capaz de tensar el arco de Ulises. Ninguno de ellos lo logró, y entonces Ulises tensó el arco y mató a todos los pretendientes.

Agamenón y Menelao se separaron disgustados el uno con el otro y nunca más volvieron a verse, porque en tanto que Agamenón, Diomedes y Néstor tuvieron un buen viaje de vuelta a su patria, a Menelao lo azotó una tormenta enviada por Atenea y perdió todas sus naves menos cinco.
Estas fueron arrastradas a Creta, desde donde cruzó el mar hasta Egipto y pasó ocho días en aguas meridionales sin poder volver. Por fin llegó a Faros, donde la ninfa ldótea le aconsejó que capturase a su padre profético, el dios marino Proteo, que era el único que podía decirle cómo le sería posible romper el hechizo adverso y conseguir un viento favorable.
En consecuencia, Menelao y tres compañeros se disfrazaron con pieles de foca malolientes y esperaron en la orilla del mar hasta que se les unieron al mediodía centenares de focas que formaban el rebaño de Proteo.

Luego apareció el mismísimo Proteo y se echó entre las focas; entonces Menelao y sus hombres se arrojaron sobre él, y aunque se transformó sucesivamente en león, serpiente, pantera, jabalí, agua corriente y árbol frondoso, lo retuvieron firmemente y lo obligaron a profetizar.

Anunció que Agamenón había perecido asesinado, y que Menelao debía hacer otra visita a Egipto y volver propicios a los dioses con hecatombes.

Así lo hizo, y tan pronto como erigió un cenotafio a Agamenón junto al río de Egipto, comenzaron a soplar por fin vientos favorables. Llegó a Esparta acompañado de Helena el mismo día en que Orestes vengó el asesinato de su padre.

Muchas naves, aunque no transportaban caudillos notables, naufragaron en la costa de Eubea porque Nauplio había encendido un fuego de señal en el monte Cafareo para atraer a sus enemigos a la muerte simulando que los guiaba al refugio del golfo Pagaseo.

Calcante murió en Colofón al encontrarse con un adivino más sabio que él —tal como se había profetizado—; se trataba de Mopso, hijo de Apolo, que lo venció en una suerte de apuesta sobre la cantidad de lechones que alumbraría una cerda preñada.

Calcante falló y murió de angustia.

Neoptólemo se embarcó para su patria tan pronto como hubo ofrecido sacrificios a los dioses y al ánima de su padre, y evitó la gran tempestad que alcanzó a Menelao e Idomeneo. Arribó por fin a Yolcos, donde heredó el reino de su abuelo Peleo.

Sin embargo, por consejo profético de Heleno, no permaneció allí sino que continuó hacía Epiro, donde se estableció y engendró dos hijos con Andrómaca.

Su fin no fue glorioso. Murió luego de sostener con Orestes una disputa, sobre la bella Hermione, asesinado por uno de los servidores del templo de Apolo en Delfos, en cuyo santuario se lo enterró para que su alma belicosa lo guardara contra todos los ataques.

Respecto a Diómedes, como Agamenón y otros, experimentó la enemistad enconada de Afrodita, pero luego de algunas peripecias, pasó el resto de su vida en la Daunia italiana, donde se casó con Evipe, hija del rey Dauno, quien en definitiva lo asesinó por celos de poder.

Según otros, desapareció de pronto en virtud de un acto de magia divina, y sus compañeros se transformaron en aves apacibles y virtuosas que anidan en las islas Diomedanas.

Pocos de los otros aqueos volvieron a sus casas, y los que lo hicieron encontraron que sólo les esperaban perturbaciones y desgracias.

Solamente Néstor, el anciano caballero de Pilos, quien se había mostrado siempre justo, prudente, generoso, cortés y respetuoso con los dioses, volvió sano y salvo a su tierra, donde gozó de una vejez feliz, sin que le aquejaran las guerras y rodeado por hijos valientes e inteligentes.

Después de matar a su madre Clitemnestra, Orestes es víctima de la persecución de las erinias que persiguen a los criminales.
La locura le acecha y su hermana Electra le ayuda. En Argos el ágora se ha reunido para juzgar a los dos hermanos cuando llega Menelao (hermano de Agamenón) y su esposa Helena de Troya, también llega el padre de Clitemnestra y de Helena: Tindáreo que pretende se castigue a los asesinos de su hija.

El ágora ha decidido condenar a muerte a los hermano por el asesinato de la madre, pero entonces, Pílades, el gran amigo de Orestes, consigue desviar el tema para que se juzgue a Helena, la culpable de la guerra de Troya y, en consecuencia, de todas las calamidades posteriores.

Orestes y Pílades asaltan el palacio de Menelao y de Helena y secuestran a su hija Hermíone, Helena logra escapar de la persecución. Más tarde, Apolo explica que Helena ha sido salvada y colocada entre las divinidades y explica que Menelao ha de interceder ante el ágora para que su sobrino Orestes no sea condenado, y que después de ir a Atenas a purificarse, ha de casarse con su prima Hermíone (la hija de Helena y Menelao), y que Electra se case con Pílades.

Sin duda alguna, la acción de esta tragedia es consecuión de la anterior. en un primer momento se nos presenta a Orestes castigado por su propia conciencia pues sabe que ha cometido un crímen terrible al asesinar a su madre.
Se nos muestra la culpabilidad y el remordimiento de la conciencia de forma magistral.

Cuando llega la noticia de que los ciudadanos han condenado a Orestes y a Electra y parece que ya nada se puede hacer, aparece Pílades que, casi como un "deus ex machina" propone la idea de juzgar a Helena, desviando el tema sabiamente, y entonces desaparece la idea en Orestes de la culpabilidad y torna a una febril venganza sobre Helena.

Cuando pretenden matar a Helena, aparece el deus ex machina Apolo para salvar la situación de forma pacífica, e incluso propone una explicación muy moderna de la guerra de Troya: fue una solución demográfica para un pueblo que ya era muy numeroso.

Un vigía, y más tarde un mensajero, anuncia que Agamenón, jefe de las fuerzas griegas, vuelve a Argos, su patria, después de haber vencido en la guerra de Troya. Clitemnestra, su esposa, aguarda no muy felizmente la llegada del marido, ya que jamás le perdonó que sacrificara a su hija Ifigenia, y durante la ausencia de Agamenón ha mantenido relaciones con el rey Egisto.

Cuando Agamenón llega a Argos, trae consigo a Cassandra, profetisa joven y doncella, hija de Príamo, el rey de la vencida Troya, condenada a ser su esclava. Clitemnestra, sumida en el odio por su marido y los celos por Cassandra, acaba asesinando a ambos y reinando con Egisto en Argos.

El "Agamenón" es una obra de gran tensión dramática, esta tensión se mantiene siempre. Al final de la obra, una altiva Clitemnestra, aún cuchillo en mano, se ennoblece de haber llevado a cabo la venganza del sacrificio de su hija lo cual jamás perdonó al esposo. Aparecerá en esos momentos el nombre de Orestes, el hijo de Clitemnestra y Agamenón, para enlazar esta obra con la siguiente.

Tragedia "Coeforos"

Seis años después de lo acaecido en la tragedia "Agamenón", Orestes vuelve a Argos (marchó de allí tras el asesinato de su padre a manos de su madre Clitemnestra) para tomar venganza pues un mandato del dios Apolo le obliga a ello.

Electra y Orestes, ambos hermanos, se reconocen y deciden tramar un plan para el asesinato de la madre y vengar así al padre Agamenón.

Orestes se introduce en el palacio fingiendo ser un profeta que viene a anunciar su propia muerte a Electra.

Una vez en el palacio mata a Egisto y a su madre. Un coro de mujeres ofrece honras fúnebres al sepulcro de Agamenón, son las coéforos.

Mientras la figura de una Clitemnestra altiva y justiciera, vengadora de la muerte de la hija se nos presenta en la primera tragedia, en ésta segunda Clitemnestra es presentada como indigna y malvada. Orestes, que cometerá un crimen no peor que el que cometiera su madre, es visto con ojos compasivos y comprensivos y, aunque previo a la realización de los asesinatos, Orestes duda, lo cierto es que acaba

convenciéndose de ejecutar el asesinato cuya justificación es el amor a un padre asesinado y traicionado.

Tragedia "Las Euménides"

Las erinias, castigadoras de los criminales, persiguen a Orestes que se ha refugiado en el templo de Apolo en Delfos. El dios ha aconsejado a Orestes que marche a Atenas, donde será juzgado justamente.

Al llegar a Atenas, la diosa Atenea le dice que ha de ser juzgado por jueces atenienses, y así ocurre.

Los jueces determinan que tan horrorosos son los crímenes de Orestes como los que cometiera su madre, Clitemnestra, por lo que Orestes es absuelto. Atenea, una vez celebrado el juicio, aplaca la furia de las erinias que se convierten en seres buenos llamados euménides.

Se trata de una obra que vino a recordar al público griego que las diferencias entre ellos y los espartanos debían atajarse de una forma humana, que los hechos acaecidos en el pasado debían juzgarse sabiamente y alcanzar una buena solución.

La orestíada (que significa "las cosas de Orestes", su personaje principal) viene a ser la concatenación de los crímenes de una familia, los Atridas, sujetos al destino, al hado o fatum funesto. El coro tiene momentos de lirismo perfecto, y los diálogos son tensos y majestuosos.

Tragedia "Electra"

Después que Clitemnestra asesine a su marido Agamenón, entrega a su hija Electra a un campesino para evitar que tenga descendencia noble que quiera vengar el crímen.

Electra pues vive en en el campo, pero no mantiene relaciones con su esposo, un hombre honrado.

Orestes (hermano de Electra) llega a la casa de Electra acompañado por su hermano Pílades y cuando al fin los hermanos se reconocen, planean la venganza sobre la madre y el nuevo marido de ésta: Egisto. Orestes siente remordimientos, pero su crímen es expiado.

Eurípides trata de dar lógica a un tema ya desarrollado por Esquilo y por Sófocles. Este intento de hacer lógica la tragedia se lleva a cabo mediante la no aparición de los dioses. Electra mata ella misma a su madre, Clitemnestra, en un epidio de gran fuerza y dramatismo. Pero más tarde, Orestes y Electra se dan cuenta de la magnitud de su crimen y pesa sobre ellos el sentimiento de culpa, aunque no llegan a arrepentirse.

Se nos anuncia al final la expiación del crímen. Esta es una tragedia de dolor y sufrimiento y de importante conflicto moral: es justo que Clitemnestra expíe su crímen con la muerte, pero aún así, eso no explica el matricidio.

A su llegada a Micenas Cassandra y Agamenón fueron asesinados por Clitemnestra, esposa de éste y reina de Micenas.
Agamenón, precisamente, no recibió una grata bienvenida al arribar a su Micenas real. Su mujer, Clitemnestra, tenía pocos motivos para amar a su esposo, quien, después de dar muerte a su anterior marido Tántalo y al hijo recién nacido que estaba amamantando, se había casado con ella por la fuerza y posteriormente autorizó el sacrificio de Ifigenia, hija de ambos, para luego marcharse a una guerra interminable y lejana.

Para colmo, se decía que Agamenón llevaba de vuelta a la hija de Príamo, la profetisa Casandra, como su esposa en todo menos en el nombre. En consecuencia, Clitemnestra conspiró con su amante Egisto para matar a su marido y la concubina. Por medio de una cadena de señales ígneas que los puso sobre aviso de la llegada del caudillo, los traidores prepararon la emboscada con certeza.

Tan pronto como Agamenón desembarcó, se inclinó para besar la tierra llorando de alegría. Clitemnestra recibió a su marido cansado por el viaje simulando que se hallaba muy contenta, hizo tender para él una alfombra de púrpura y lo condujo adonde las esclavas le habían preparado un baño caliente. Desoyendo las advertencias de Casandra, Agamenón fue a los baños, y cuando salió del agua, Clitemnestra se le acercó como para envolverlo en una toalla, pero en lugar de eso le arrojó a la cabeza una prenda de malla tejida por ella misma y que no tenía aberturas para el cuello y los brazos.
Y así, enredado en esa red como un pez, Agamenón pereció a manos de Egisto, quien le hirió dos veces con una espada de doble filo. Cayó hacia atrás en el baño de paredes de plata, donde Clitemnestra vengó sus agravios cortándole la cabeza con un hacha.

Vencida Troya, los troyanos son prisioneros de los griegos, incluida Hécuba, la viuda del rey Príamo de Troya. Hécuba conoce la noticia de su hija va a ser sacrificada en el túmulo de Aquileo y además, le traen el cadáver de su hijo, aún niño, que ha sido asesinado.
Intenta hablar con Odiseo (Ulises) y con Agamenón, pero nada consigue. Finalmente se le vaticina su futuro: que morirá convertida en la perra de Agamenón y de su hija Cassandra y que ambos morirán a manos de Clitemnestra.

Aquí Eurípides se conmociona con la situación de los vencidos en la guerra de troya, y a la vez critica la mano cruel de los vencedores. Es una tragedia sanguinaria en la que destacan las interveciones de Odiseo (Ulises) y Agamenón y los lamentos de Hécuba.
Todas las desgracias futuras aumentan el infortunio de la anciana viuda de Príamo que, a pesar de tramar venganza por la muerte del hijo a manos de Polidoro, nada consigue. Todo esto es una historia plenamente humana, no aparecen los dioses.

Tragedia Las Troyanas

Continúa Eurípides con la anciana Hécuba como protagonista. Esta vez se trata de las mujeres troyanas que, una vez perdida la guerra, se ven como esclavas en manos de los griegos.

Destaca un paramento de Helena justificándose cuando se reencuentra con su marido Menelao, y otro episodio en que se nos muestra un Odiseo (Ulises) cruel, que manda matar al hijo de Héctor y a Andrómaca.

No cabe duda de que la finalidad de esta tragedia es mostrar la crueldad de los vencedores en la Guerra de Troya (los griegos) y la triste suerte, la esclavitud, de los vencidos.

Así se convirtió Casandra en el premio de Agamenón, mientras Ayax se ganaba el odio de todo el ejército; y cuando los griegos estaban a punto de embarcarse Calcante advirtió al consejo que había que aplacar a Atenea por la ofensa hecha a su sacerdotisa.
Para complacer a Agamenón, Odiseo propuso entonces que se lapidase a Ayax, pero él lo evitó acogiéndose a sagrado en el Altar de Atenea, donde juró solemnemente que Odiseo mentía como de costumbre; y tampoco Casandra confirmó la acusación de violación.

Sin embargo, no se podía dejar de tener en cuenta la profecía de Calcante; por tanto Ayax manifestó su pesar por haber sacado por la fuerza la imagen y se ofreció a expiar su delito. La muerte le impidió hacerlo, pues la nave en que volvía a Grecia naufragó en las rocas llamadas Giras.Cuando consiguió llegar a tierra Poseidón partió las rocas con su tridente y le hizo perecer ahogado; o, según dicen algunos, Atenea pidió prestado el rayo de Zeus y le mato con él.

Ayax Oileo (Ayax el Menor), toma prisionera y ultraja a Cassandra en el Templo de Atenea, en la ciudad de Troya
Tan pronto como comenzó la matanza en Troya, Casandra huyó al templo de Atenea y se aferró a la imagen de madera que había reemplazado al Paladio robado. Allí la encontró Ayax Oileo y trató de capturarla, pero ella se abrazó a la imagen tan fuertemente que tuvo que llevársela también cuando consiguió sacar de allí a Casandra para hacerla su concubina, el destino común de todas las mujeres troyanas.

Pero Agamenón reclamó a Casandra como la recompensa particular por su propio valor, y Odiseo, servicialmente, hizo correr el rumor de que Ayax había violado a Casandra en el templo, que era por lo que la imagen tenía los ojos vueltos hacia el Cielo, como si estuviera horrorizada.

El consejo aqueo, también discutió el destino de Políxena. Cuando yacía moribundo Aquiles había pedido que la sacrificasen en su tumba, y más recientemente se les había aparecido en sueños a Neoptólemo y a otros caudillos amenazándoles con retener a la flota en Troya con vientos contrarios hasta que cumplieran lo que había pedido.

También se oyó una voz que se quejaba desde la tumba: "¡Es injusto que no se me haya concedido parte alguna del botín!". Y en el promontorio Reteo apareció un espectro con armadura dorada que gritó: "¿Os vais, griegos? ¿Y dejaréis mi tumba sin rendirle honores?" (58).

Calcante declaró que no se debía negar Políxena a Aquiles, quien la amaba. Agamenón disentía, alegando que ya se había derramado bastante sangre, tanto de ancianos y niños como de guerreros, para saciar la venganza de Aquiles, y que los muertos, por famosos que fueran, no tenían derecho a la vida de las mujeres.

Pero Demofonte y Acamante, a quienes no se había dado la parte justa en el botín, gritaron que Agamenón exponía esa opinión sólo para complacer a Casandra, la hermana de Políxena, y hacer que se sometiera más fácilmente a sus abrazos.
Los ánimos se caldearon y Odiseo intervino y convenció a Agamenón para que cediese. El consejo ordenó a Odiseo que fuese en busca de Políxena e invitó a Neoptólemo a oficiar como sacerdote.

Políxena fue sacrificada en la tumba de Aquiles, a la vista de todo el ejército, que se apresuró a hacerle un entierro honorable; inmediatamente comenzaron a soplar vientos favorables. Pero algunos dicen que la flota griega había llegado ya a Tracia cuando apareció el ánima de Aquiles amenazándoles con vientos contrarios, y que Políxena fue sacrificada allí. Otros dicen que ella fue por su propia voluntad a la tumba de Aquiles antes de que cayera Troya y se arrojó sobre la punta de una espada, expiando así el mal que le había hecho.

El consejo aqueo, había discutido durante un tiempo qué se debía hacer con el hijo infante de Héctor, Astianacte, llamado también Escamandrio, y cuando Odiseo recomendó la extirpación sistemática de los descendientes de Príamo, Calcante resolvió el destino del niño profetizando que, si se le dejaba sobrevivir, vengaría a sus padres y su ciudad.
Aunque todos los otros príncipes se negaron a cometer el infanticidio, Odiseo arrojó de buena gana a Astianacte desde las murallas.

Pero algunos dicen que Neoptólemo, a quien había tocado como premio Andrómaca, la viuda de Héctor, en el reparto del botín, arrancó a Astianacte de sus brazos anticipándose a la orden del consejo, lo hizo girar alrededor de su cabeza asiéndolo por un pie y lo lanzó contra las rocas de abajo. Otros dicen que Astianacte se mató saltando desde la muralla mientras Odiseo recitaba la profecía de Calcante e invocaba a los dioses para que aprobaran el rito cruel.

Andrómaca, viuda de Hétor y madre de Astianax, es entregada como esclava a Neptolemo, también llamado Pirro.
Andrómaca: Hija de Eción, rey de Tebas y esposa del troyano Héctor. Muerto éste y tomada la ciudad por los griegos, fue adjudicada como botín a Pirro, que la llevó a Epiro, casándose con ella. Al morir Pirro, marcho a Asia junto con el hijo nacido de él, Pérgamo, quién fundo la ciudad de este nombre. Neoptólemo: hijo del guerrero Aquiles y de Deidamia, se crió en Esciros y, después de la muerte de Aquiles, el héroe Odiseo lo llevó a Troya, durante el último año de la guerra de Troya, porque, según la profecía los griegos no podrían tomar la ciudad sin su ayuda. Estaba entre los guerreros que entraron en ella gracias al caballo de Troya y, una vez tomada la ciudad, mató a su rey, Príamo.
Neoptólemo nunca regresó a Esciros, pero se instaló, en cambio, en Epiro. Se lo consideró posteriormente el antepasado de los reyes molosos de esa región. Se casó con Hermíone, hija de Menelao y de Helena de Troya, reyes de Esparta. Asesinado en Delfos, Neoptólemo fue enterrado dentro del recinto del templo y se celebraron festivales en su honor cada ocho años.

Afrodita (Venus para los romanos) se enamoró de Anquises con quien tuvo a Eneas, precursor de la futura Roma. Uno de los escasos ejemplos en que una diosa se unió a un mortal y tuvo un hijo con él. Pero la diosa le había prohibido que lo divulgara. Anquises, sin embargo, se vanaglorió de ello ante sus amigos, por lo que fue castigado con la ceguera. Viejo y ciego, es rescatado de la humeante ciudad de Troya por su hijo Eneas, quien lo traslada en sus espaldas y, luego, lo lleva hasta las costas itálicas.

El hecho de matar con sus propias manos a Deífobo, el marido que se le asignara tras la muerte de Paris, sumado a la vista de sus pechos desnudos, debilitó de tal modo la resolución de Menelao (quien había jurado matarla) que el caudillo arrojó su espada y la condujo a salvo a las naves.
Entretanto estos hechos se sucedían,. Odiseo vio que Glauco, uno de los hijos de Antenor, huía por una calle perseguido enérgicamente por un grupo de griegos. Intervino y al mismo tiempo salvó al hermano de Glauco, Helicaón, que estaba gravemente herido.

Menelao colgó luego una piel de leopardo sobre la puerta de la casa de Antenor, como una señal de que había que respetarla. A Antenor, su esposa Téano y sus cuatro hijos se les permitió que se fueran en libertad llevándose todos sus bienes.

Entretanto Odiseo y Menelao se habían dirigido a la casa de Deífobo, donde libraron el más sangriento de todos sus combates, del que salieron victoriosos solamente con la ayuda de Atenea.
Se discute quién de los dos mató a Deífobo. Algunos inclusive dicen que Helena misma le hundió una daga en la espalda.

Hécabe se refugió con sus hijas bajo un antiguo laurel en el altar erigido a Zeus, donde impidió que Príamo, anciano y débil, corriese a lo más reñido del combate.
Príamo, a regañadientes, hizo lo que ella le pidió, hasta que pasó corriendo su hijo Polites, perseguido de cerca por los griegos, y cayó traspasado ante sus propios ojos.

Maldiciendo a Neoptólemo, quien le había asestado el golpe mortal, Príamo le atacó ineficazmente con la lanza, ante lo cual lo sacaron de los escalones del altar, ahora enrojecidos con la sangre de Polites, y lo mataron despiadadamente en el umbral de su propio palacio. Pero Neoptólemo, recordando sus deberes filiales, arrastró el cadáver hasta la tumba de Aquiles, su padre, en el promontorio Sigeo, donde dejó que se pudriera decapitado y sin enterrar.

Después de la matanza, la gente de Agamenón saqueó e incendió Troya, dividió el botín, arrasó las murallas y ofreció holocaustos a sus dioses.
Entre las decisiones que se tomaron estuvo la suerte que correrían los vencidos, que en muchos casos quedó definida tras las resoluciones del Consejo de los Aqueos, formados por todos los Reyes capitanes de la Guerra y el Profeta Calcante.

Los Aqueos al tomar Troya, no tuvieron piedad con los vencidos:
casi todos los hombres fueron asesinados, niños incluidos y las mujeres fueron esclavizadas y distribuidas entre los principales reyes griegos.

Al parecer, Odiseo había prometido a Hécabe y Helena que a todos los que no ofrecieran resistencia se les perdonaría la vida.

Pero los griegos se deslizaron en silencio por las calles iluminadas por la luna, entraron en las casas indefensas y cortaron la garganta a los troyanos que dormían.

En la mitología griega Laoconte o Laocoonte (en griego Laokóon) era el sacerdote de Apolo Timbreo en Troya, casado con Antiopa y padre de dos hijos.

El caballo de madera resultó demasiado ancho para pasar por las puertas, e incluso cuando ensancharon la brecha en la muralla se atrancó cuatro veces.

Con enormes esfuerzos los troyanos lo subieron a la ciudadela, pero al menos tomaron la precaución de volver a cerrar la brecha en la muralla. Otra agitada discusión se sucedió cuando Casandra anunció que el caballo contenía hombres armados, y le apoyó el adivino Laocoonte, hijo de Antenor, advirtiendo a los troyanos que no confiasen en los griegos ni aún cuando trajeren regalos. Y dicho eso arrojó su lanza, que se clavó vibrando en el ijar del caballo con hueco sonido e hizo que dentro de él se entrechocaran las armas. Se oyeron gritos de: "¡Quemémoslo! ¡Arrojémoslo por la muralla!" .

Pero los partidarios de Príamo suplicaron que se lo dejara en donde estaba.

La discusión fue interrumpida por la llegada de Sinón, a quien conducían encadenado un par de soldados troyanos. Sometido a interrogatorio declaró que Odiseo trataba de matarlo desde hacía mucho tiempo porque conocía el secreto del asesinato del héroe Palamedes.

Añadió que los griegos estaban sinceramente cansados de la guerra y habrían vuelto a sus casas meses antes, pero el mal tiempo ininterrumpido les había impedido hacerlo. Apolo les había aconsejado que aplacasen a los vientos con sangre, como cuando quedaron demorados en Aulide.

Y continuó narrándoles cómo Odiseo obligó a Calcante a adelantarse y le pidió que nombrara a la víctima, sin embargo él se rehusó a responder inmediatamente y se retiró durante diez días, al cabo de los cuales, sin duda sobornado por Odiseo, entró en la tienda donde se realizaba el consejo y señaló a Sinón.

Pero como comenzase a soplar un viento favorable, sus compañeros se apresuraron a embarcarse y Sinón aprovechó la confusión para escapar.

Esa fue la historia que contó el señuelo. Príamo, engañado, aceptó a Sinón como suplicante y ordenó que le quitaran las cadenas.

Y le pidió amablemente que le hablase del caballo. Sinón explicó que los griegos habían perdido el favor de Atenea, del que dependían, cuando Odiseo y Diomedes robaron el Paladio de su templo.

Tan pronto como lo llevaron a su campamento las llamas envolvieron tres veces la imagen y sus miembros comenzaron a sudar en prueba de la ira de la diosa.

En vista de ello, Calcante aconsejó a Agamenón que se embarcaran para su patria y reunieran una nueva expedición en Grecia bajo mejores auspicios, dejando el caballo como una ofrenda aplacatoria para la diosa. "—Porqué lo ha hecho tan grande?", preguntó Príamo. Sinón, bien aleccionado por Odiseo, contestó: "Para impedir que lo introdujeseis en la ciudad.

Calcante predice que si despreciáis esta imagen sagrada, Atenea os arruinará; pero una vez que esté dentro de Troya podréis reunir a todas las fuerzas de Asia, invadir Grecia y conquistar Micenas".

Laocoonte reaccionó airado y llamó al griego mentiroso. Anteriormente, cuando desembarcaron los aqueos, los troyanos habían asesinado al sacerdote de Neptuno acusándolo de no haber hecho sacrificios satisfactorios al dios.

Ahora, pensando que los griegos quizá tuviesen intenciones pacíficas, ordenaron a Laocoonte que ofreciera un sacrificio en agradecimiento a Neptuno.

Durante la ceremonia salieron del agua dos serpientes que se lanzaron sobre los hijos mellizos del sacerdote, sofocándolos.

En su intento de salvar a las criaturas, Laocoonte fue muerto por los monstruos. Los troyanos vieron en esto un castigo de los dioses

a la impiedad del sacerdote, que había rechazado el ofrecimiento de paz de los griegos, pero en verdad fue Apolo quien envió el castigo, pues Laocoonte se había unido a su esposa en el templo del dios y ante su misma imagen cometiendo sacrilegio.

Las serpientes se deslizaron luego hasta la ciudadela y mientras una se enroscaba en los pies de Atenea, la otra se refugió detrás de su égida.

Este terrible prodigio sirvió para convencer a los troyanos de que Sinón había dicho la verdad.

Príamo dio por supuesto equivocadamente que a Laocoonte se le castigaba por haber herido el caballo con su lanza y no por haber insultado, a Apolo.

Inmediatamente dedicó el caballo a Atenea y aunque los seguidores de Eneas se retiraron alarmados a sus chozas en el monte Ida, casi todos los troyanos de Príamo comenzaron a celebrar la victoria con banquetes y fiestas.

Las mujeres recogieron flores en las orillas del río, adornaron con ellas la crin del caballo y extendieron una alfombra de rosas alrededor de sus cascos.

Entretanto, dentro del vientre del caballo, los griegos temblaban de terror y Epeo lloraba en silencio, en un arrebato de miedo. Solamente Neoptólemo no mostraba emoción alguna, ni siquiera cuando la punta de la lanza de Laocoonte atravesó los tablones cerca de su cabeza.

Una vez tras otra hacía señas a Odiseo para que ordenara el ataque, y asía su lanza y el puño de la espada amenazadoramente.

Pero Odiseo, que tenía el mando, no lo permitía. Por la tarde Helena salió del palacio y dio tres veces la vuelta al caballo, palmeando sus costados, y, como para divertir a Deífobo que la acompañaba, atormentó a los griegos ocultos imitando por turno la voz de cada una de sus esposas.

Menelao y Diomedes, agazapados en el centro del caballo junto a Odiseo, sintieron la tentación de salir cuando oyeron pronunciar su nombre, pero él les contuvo y, al ver que Antielo estaba a punto de contestar, le tapó la boca con la mano y, según dicen algunos, le estranguló.

Esa noche, agotados por los banquetes y las orgías, los troyanos durmieron profundamente y ni siquiera el ladrido de un perro rompía el silencio.

Pero Helena permanecía despierta y una brillante luz redonda ardía sobre su habitación como una señal para los griegos. A la medianoche, poco antes de que apareciera la luna llena, Sinón salió furtivamente de la ciudad para encender un fuego de señal en la tumba de Aquiles, y Antenor blandió una antorcha.

Agamenón contestó a las señales encendiendo astillas de madera de pino en un fanal en la cubierta de su nave, que estaba a unos pocos tiros de flecha de la costa; y toda la flota se acercó a la orilla. Antenor se acercó cautelosamente al caballo e informó en voz baja que todo se hallaba bien, y Odiseo ordenó a Epeo que abriera la puerta.

Equión, hijo de Porteo, fue el primero que salió dando un gran salto, pero cayó y se rompió el cuello; los demás descendieron por la escala de cuerdas de Epeo.

Unos corrieron a abrir las puertas a sus compañeros que habían desembarcado y otros dieron muerte a los centinelas somnolientos que guardaban la ciudadela y el palacio.

Menelao, por su parte, sólo podía pensar en Helena y corrió directamente a su casa.

Hija del rey Príamo y de la reina Hécuba de Troya. El dios Apolo, que amaba a Casandra, le concedió el don de la profecía, pero cuando ella se negó a corresponder a su amor, Apolo volvió inútil el don haciendo que nadie creyera en sus predicciones.
Casandra advirtió a los troyanos de muchos peligros, incluso del caballo de madera con el que los griegos entraron en la ciudad, pero fue desestimada como una loca.

Después de la caída de Troya, fue violada en el santuario del templo de la diosa Atenea por Áyax el Menor, hijo de Oileo, y llevada al campamento griego. Cuando se repartió el botín, Casandra fue entregada al rey Agamenón como su esclava y amante.

Casandra le advirtió de que sería asesinado si volvía a Grecia, pero de nuevo no obtuvo crédito.

Atenea insufló en Prilis, hijo de Hermes, la idea de que se podría penetrar en Troya por medio de un caballo de madera, y Epeo —pugilista hábil y artesano consumado, aunque nacido cobarde como castigo divino por haber faltado su padre a una palabra dada— se ofreció voluntariamente para construirlo bajo la inspiración de Atenea. Más adelante Odiseo reclamó el mérito de esta estratagema.
Epeo construyó un enorme caballo hueco con tablones de pino, con un escotillón en un costado y grandes letras talladas en el otro dedicándolo a Atenea. Odiseo convenció a los más valientes de los griegos para que subieran al caballo, completamente armados, por una escala de cuerdas, y se introdujeran por el escotillón en su vientre.

El número de hombres varía de veintitrés, a más de treinta, cincuenta, y (lo que es totalmente absurdo) hasta tres mil. Entre ellos estaban Menelao, Odiseo, Diomedes, Esténelo, Acamante, Toante y Neoptálemo. Engañado, amenazado y sobornado, Epeo se unió también al grupo. Subió el último, introdujo la escala de cuerdas tras de sí y, como era el único que sabía hacer funcionar el escotillón, se sentó junto a la cerradura.
Al anochecer, los demás griegos que estaban a las órdenes de Agamenón siguieron las instrucciones de Odiseo, que consistían en incendiar su campamento, hacerse a la mar y esperar frente a Ténedos y las islas Calidnes hasta la noche siguiente. Sólo Sinón, primo hermano de Odiseo y nieto de Autólico, quedó encargado de encender un fuego como señal de regreso. Al amanecer los exploradores troyanos informaron que el campamento griego estaba reducido a cenizas y que su ejército se había ido dejando un caballo gigantesco en la costa.

Príamo y varios de sus hijos salieron para verlo y se quedaron contemplándolo con asombro.

Las opiniones se dividieron inmediatamente entre los que proponían introducirlo en la ciudad e instalarlo sobre una plataforma para consagrarlo con propiedad a Atenea, y los que querían quemarlo o abrirlo para ver qué contenía. Príamo optó por lo primero.

El caballo resultó demasiado ancho para pasar por las puertas, e incluso cuando ensancharon la brecha en la muralla se atrancó cuatro veces. Con enormes esfuerzos los troyanos lo subieron a la ciudadela, pero al menos tomaron la precaución de volver a cerrar la brecha en la muralla.

Es un héroe legendario griego que aparece por primera vez en la Ilíada y es el personaje principal de la Odisea, ambas historias atribuidas a Homero, y posteriormente en muchas otras obras.
Era rey de Ítaca, una de las islas Jónicas, situada frente a la costa occidental de Grecia. Hijo de Laertes, esposo de Penélope y padre de Telémaco. Las Islas Jónicas (griego: Ionia Nisia) son un grupo de islas en Grecia.

Tradicionalmente llamadas las Siete Islas (Heptanisia o Eptanisia), pero el grupo incluye muchas islas más pequeñas asi como las siete principales. En el ciclo homérico fue un héroe protegido por la diosa Atenea, caracterizado por su astucia. A él se le ocurrió la idea del Caballo de Troya.

Odiseo obtuvo a Hécabe como parte del botín por su participación en la Guerra de Troya y la llevó al Quersoneso tracio, donde ella pronunció invectivas tan horribles contra él y los otros griegos por su barbarie y sus crímenes que no tuvieron más remedio que matarla. Su alma tomó la forma de una de las espantosas perras negras que siguen a Hécate, se arrojó al mar y nadó hacia el Helesponto.

La Iliada de Homero, magistral obra de la literatura occidental, no describe la Guerra de Troya completa. La Iliada solo se refiere a episodios ocurridos en el decimo ano de Guerra: desde el enojo y enfrentamiento de Aquiles con Agamenon ("Rey de Reyes" de los Aqueos), por la posesion de la esclava Briseida, hasta los funerales del Heroe troyano Hector, paradigma de virtuosidad del "Principe - Guerrero". Para la reconstruccion de esta epopeya, es necesario recurrir a otros relatos que completan el ciclo troyano, entre los que se encuentran autores antiguos tales como: “Epistome” de Apolodoro, “El saqueo de Troya”de Trifiodoro, “Eneida” de Virgilio y “Heroidas” de Ovidio. Hogar de los Planetarios Portatiles ha hecho una minuciosa reconstruccion completa del Ciclo Troyano, desde el encuentro de Leda con el Cisne (metamorfosis), madre de Elena hasta la caida de la Ciudad Amurallada, pasando por todos los sucesos capitales. Esta reconstruccion por medio de imagenes distribuidas en 4 cilindros de proyeccion para Planetarios Portatiles abarca todos los sucesos que ocurrieron en: 1) Antecedentes 2) Primeros Nueve Anos de Guerra 3) Decimo Ano de Guerra y 4) Caida de Troya. La mayor parte de las imagenes han sido adaptadas de dibujos pertenecientes a la cultura griega clasica, presentes en ceramicas.

El Ciclo Troyano

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Cuerpo del Cilindro

Polos

Odiseo o Ulises, Ulysses, Hecabe, rey de Itaca, El Caballo de Troya, Cassandra Profetiza de Troya, Laocoonte y Cassandra Profetizan la caida de Troya, mitologia griega, Menelao y Diomedes, Priamo, Tras la Caida de Troya comienzan los saqueos y ultrajes, Saqueos en Troya, Muerte de Priamo, Rey de Troya a manos de Neoptolemo, Hecabe, Helena mata a Deifobo, Helena es perdonada por Menelao, Eneas rescata a su padre Anquises al hombro y huyen de Troya, Andromaca, viuda de Hetor y madre de Astianax, es entregada como esclava a Neptolemo, tambien llamado Pirro, Neoptolemo, Astianax, hijo de Hector asesinado por Neoptolemo, Polixena es sacrificada por Neoptolemo ante la tumba de su padre Aquiles, Ayax Oileo, toma prisionera y ultraja a Cassandra en el Templo de Atenea, en la ciudad de Troya, Poseidon mata a Ajax Oileo por violar a cassandra en el Templo de Atenea, Cassandra es entrega a Agamenon como boton de Guerra, Tragedia, Hecuba, Troyanas, Casandra es asesinada por Clitemnestra, Clitemnestra y Egistos matan a Agamenon, Coeforos, Las Eumenides, Electra, Orestes mata a Egistos, Helena, Menelao y los otros Aqueos en regreso a la Patria, la vuelta de Ulises a Itaca, Odiseo o Ulises reconocido por su perro al llegar a Itaca, Penelope, Penelope y los Pretendientes, Telemaco y Penelope.

 

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