Homilía de S.S. Juan Pablo II en la misa del domingo I de cuaresma. 1 de marzo de 1998
1. Jesús (...) fue llevado por el Espíritu al desierto y tentado allá por el diablo durante cuarenta días» (Lc 4, 1-2). Antes de comenzar su actividad pública, Jesús, llevado por el Espíritu Santo, se retira al desierto durante cuarenta días. Allí, como leemos hoy en el evangelio, el diablo lo pone a prueba, presentándole tres tentaciones comunes en la vida de todo hombre: el atractivo de los bienes materiales, la seducción del poder humano y la presunción de someter a Dios a los propios intereses.
La lucha victoriosa de Jesús contra el tentador no termina con los días pasados en el desierto; continúa durante los años de su vida pública y culmina en los acontecimientos dramáticos de la Pascua. Precisamente con su muerte en la cruz, el Redentor triunfa definitivamente sobre el mal, liberando a la humanidad del pecado y reconciliándola con Dios. Parece que el evangelista san Lucas quiere anunciar, ya desde el comienzo, el cumplimiento de la salvación en el Gólgota. En efecto, concluye la narración de las tentaciones mencionando a Jerusalén, donde precisamente se sellará la victoria pascual de Jesús.
La escena de las tentaciones de Cristo en el desierto se renueva cada año al comienzo de la Cuaresma. La liturgia invita a los creyentes a entrar con Jesús en el desierto y a seguirlo en el típico itinerario penitencial de este tiempo cuaresmal, que ha comenzado el miércoles pasado con el austero rito de la ceniza.
2. «Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás» (Rm 10, 9). Las palabras del apóstol Pablo, que acabamos de escuchar, ilustran bien el estilo y las modalidades de nuestra peregrinación cuaresmal.
¿Qué es la penitencia sino un regreso humilde y sincero a las fuentes de la fe, rechazando
prontamente la tentación y el pecado, e intensificando la intimidad con el Señor en la oración?
En efecto, sólo Cristo puede liberar al hombre de lo que lo hace esclavo del mal y del egoísmo: de la búsqueda ansiosa de los bienes materiales, de la sed de poder y dominio sobre los demás y sobre las cosas, de la ilusión del éxito fácil, y del frenesí del consumismo y el hedonismo que, en definitiva, perjudican al ser humano.
Queridos hermanos y hermanas, esto es lo que nos pide claramente el Señor para entrar en el clima auténtico de la Cuaresma. Quiere que en el desierto de estos cuarenta días aprendamos a afrontar al enemigo de nuestras almas, a la luz de su palabra de salvación. El Espíritu Santo, al que está dedicado particularmente este segundo año de preparación al gran jubileo del 2000, vivifique nuestra oración, para que estemos dispuestos a afrontar con valentía la incesante lucha de vencer el mal con el bien.
5. «Entonces clamamos al Señor (...) y el Señor escuchó nuestra voz» (Dt 26, 7). La profesión de fe del pueblo de Israel, narrada en la primera lectura, presenta el elemento fundamental alrededor del cual gira toda la tradición del Antiguo Testamento: la liberación de la esclavitud de Egipto y el nacimiento del pueblo elegido.
La Pascua de la antigua Alianza constituye la preparación y el anuncio de la Pascua definitiva, en la que se inmolará el Cordero que quita el pecado del mundo.
Queridos hermanos y hermanas, al comienzo del itinerario cuaresmal volvemos a las raíces de nuestra fe para prepararnos, con la oración, la penitencia, el ayuno y la caridad, a participar con corazón renovado interiormente en la Pascua de Cristo.
Que la Virgen santísima nos ayude en esta Cuaresma a compartir con dignos frutos de conversión el camino de Cristo, desde el desierto de las tentaciones hasta Jerusalén, para celebrar con él la Pascua de nuestra redención.
Satanás
Satanás o Satán es una entidad que en muchas religiones actuales representa la encarnación suprema del Mal. En la religión judeocristiana y musulmana es llamado el Príncipe de los Demonios. El término proviene del latín satâna, y éste del arameo shatán (adversario, enemigo, acusador). Probablemente el nombre proviene de la traducción griega del término bíblico hebreo ha-shatán, entidad mencionada como un espía errante del dios Yahveh sobre la Tierra.
La raíz shtn significa: impedir, hostigar, oponer y el sentido primario de shatán es simplemente: enemigo, adversario (1Sam 29, 4; 1Re 5, 18; 1Re 11, 14. 25).
Historia del término Satán
En Núm 22 se llama shatán al mensajero-ángel que el dios Yahvéh envía para impedir que el vidente Balaam maldiga al pueblo de Israel (Núm 22, 22. 32). El término shatán entra después en la vida jurídica israelita, y alcanza el sentido de "acusador delante del tribunal (Sal. 109, 6; Zac. 3, 1) y el término shitna, derivado de la misma raíz, es "acusacion".
Su equivalente en griego es diábolos, procedente del verbo dia-ballö, y posee un significado semejante: oposición, enfrentamiento. En Mac 1, 36 (texto griego) encontramos la palabra diábolos con el significado de "adversario" y "enemigo". También en algunas ocasiones incluye el sentido de "acusador", "calumniador".
En principio, conviene aclarar que el judaísmo no identificaba a Satanás con el demonio Lucifer sino con el demonio Azazel. En los documentos no canónicos del Antiguo Testamento, Satán es llamado frecuentemente Belial. Un Satán incitando al pecado y buscando el mal de hombre aparece en todo el Antiguo Testamento solamente dos veces : en el Primer Libro de Crónicas 21, 1 y en Sapiencia 2, 24, en el segundo caso de manera más clara.
Ya en los Evangelios se le otorga al término un carácter personal como enemigo de Cristo, especialmente en los relatos de las tentaciones (Evangelio de san Marcos 1, 12-13; Evangelio de san Mateo 4, 1-11; Evangelio de san Lucas 4, 1-13) y los exorcismos llevados a cabo por Jesús (Mc. 3, 22-27; Mt. 12, 22-30; Lc. 11, 14-23). Queda así fijada la figura del Maligno para la doctrina cristiana.
En árabe se le llama shaytán.
Pese a esta mejor definición del oponente del dios Yahveh pueden encontrarse en la Biblia numerosas incongruencias, como pueden ser la identificación de Satanás con Belial (Gn 1, 28-29) o Beelzebú (Mc. 3, 20-30), pues no se aclara si estas dos entidades son simples metáforas de la tentación y la perdición o nuevos nombres de Satanás. En el Nuevo Testamento, en cambio, Satanás y Lucifer aparecen amalgamados en la figura del Diablo. No puede deducirse claramente la relación entre el Maligno y la famosa Bestia del Apocalipsis de san Juan. En la Edad Media comenzaron los grupos satánicos, que decían adorar a Satanás.
Diablo
El diablo es una entidad mitológica que en muchas religiones actuales representa la encarnación suprema del Mal.
El térmene del latín diábolus, y éste del griego diábolos (calumniador), que a su vez deriva de día-ballö calumniar, dividir). En las religiones judeo-cristianas es posible hablar de un Diablo o de un número plural de ellos. En el primer caso (singular), se está haciendo referencia a Lucifer o Luzbel, vale decir, el ángel caído que fue arrojado a los infiernos al rebelarse contra el dios Yahveh.
En este caso, el Diablo puede identificarse con Satanás (o Satán), Azazel, Mefistófeles e incluso archidemonios tales como Belcebú, Belfegor, Belial, Asmodeo, Cassiel, Astaroth, Abraxas, etc. En cambio en el segundo caso (plural) se está identificando a los diablos con los demonios malignos en sentido amplio. En la Biblia no se explica el origen del Diablo.
Según mitos no canónicos Lucifer era el ángel que guardaba el trono del dios Yahvéh, pero por su orgullo de querer convertirse en otro dios fue arrojado del cielo junto a una tercera parte de los ángeles. El texto de Isaías 14.12-15 podría referirse a esta historia (aunque otros exégetas dicen que se refiere más bien a un líder humano no creyente en Yahvéh). Los nombres más comunes con que se nombra al diablo en la Biblia son Satanás, Belial, el dragón, «el dios de este siglo» y «el padre de la mentira».
Mefistófeles
Mefistófeles o Mefisto es el más moderno de los nombres del Demonio en la tradición occidental. Extendido por el Romanticismo y universalizado por el Fausto, simboliza el proceso de pérdida de fe y concreción a lo práctico según un sistema moral relativista propio de las sociedades avanzadas como consecuencia de la Revolución científica y la industrial.
Mefistófeles es presentado muchas veces como una figura tragicómica, atrapado entre su victoria al lograr que las grandes masas dejen de considerar a Dios en el centro de todas las cosas, y su derrota al perder él mismo relevancia por el mismo motivo.
Asmodeo (o Asmodai) es un demonio, conocido comúnmente por aparecer en el Libro de Tobías del Antiguo Testamento. También es mencionado en el Talmud y en los tratados de demonología. Su origen se halla la religión mazdiana (zoroastriana) de los persas. Probablemente, durante el tiempo en el que se este pueblo se halló bajo la dominación persa pasó al judaísmo, y más tarde, al cristianismo.
En el Libro de Tobías, Asmodeo se enamora de Sara, hija de Raquel, y cada vez que aquélla contrae matrimonio, mata al marido la noche de bodas. Así llega a matar a siete hombres, impidiendo que consumen el matrimonio. Más tarde, Sara se promete a un joven llamado Tobías. Éste recibe la ayuda del ángel Rafael, el cual le enseña cómo librarse del demonio.
De este modo, Tobías coge un pez y le arranca el corazón y el hígado, colocándolos sobre brasas. Asmodeo no puede soportar los vapores así desprendidos, y huye a Egipto, en donde Rafael le encadena. No se sabe más de la suerte que corre este demonio, pero aquí es presentado como símbolo del deseo carnal.
En el Talmud, Asmodeo no parece ser una criatura tan maligna como en otros libros, sino que relata historias sobre su trato con el rey Salomón. Al parecer, Salomón llegó a atrapar al demonio y le obligó a construir el Templo de Jerusalén. En otra leyenda, Asmodeo y Salomón se cambiaron el uno por el otro durante varios años. En otra, en fin, Asmodeo es presentado como el rey de todos los demonios, similar al concepto cristiano de Satán, y contrae matrimonio con Lilith después de que ésta abandonara a Adán.
Asmodeo y Samael "El Veneno de Dios" son uno de los nombres que se le da a Lucifer tras tentar a Eva con la manzana del árbol prohibido, tras su caída se emparejó con Lilith, la primera mujer de Adán y con ella engendró miles de demonios. En ocasiones se atribuye a Asmodeo la paternidad del mago Merlín.
Astaroth
De acuerdo con ciertos autores de demonología, Astaroth es el rey del Infierno, siendo Lucifer el Emperador y Satanás el seductor de mujeres; sus principales ayudantes son tres demonios llamados Aamon, Pruslas y Barbatos. En el arte, en el Dictionnaire Infernal Astaroth es dibujado como un hombre desnudo con alas, manos y pies de dragón y un segundo par de alas con plumas bajo el principal, llevando una corona, sosteniendo una serpiente con una mano y cabalgando sobre un lobo o un perro.
De acuerdo con Sebastian Michaelis es un demonio de primera jerarquía, que seduce por medio de la pereza y la vanidad y su adversario es San Bartolomé, que puede proteger contra él porque venció las tentaciones de Astaroth. Para otros, enseña matemáticas y artesanía, puede volver invisibles a los hombres, los guía hasta tesoros ocultos y contesta a cualquier pregunta que se le formule. De acuerdo con Francis Barret, Astaroth es el príncipe de los acusadores e inquisidores.
Según algunos demonologistas del siglo XVI, los ataques de este demonio contra los humanos son más fuertes durante el mes de agosto. Su nombre parece venir del de la diosa Ashtart/Astarté, que en la Biblia Vulgata Latina se tradujo como Astharthe (singular) y Astharoth (plural). Esta última forma se transformó en la Biblia del Rey Jaime en Ashtaroth. Parece que la forma plural fue tomada del latín o de alguna otra traducción por aquellos que no sabían que era un plural ni que era el nombre de una diosa, viendolo sólo como el nombre de un demonio.
Según algunos libros de mitología griega su nombre es "Artonthortho" y no sólo es el demonio de la vanidad, sino también es el demonio de la venganza ya que fue insultado y humillado por un dios de rango mayor y éste, en un intento de venganza, trató de hacerlo caer de rango y lo logró.
Abraxas
Un término usado por los Basilideanos (Basilideans), una secta gnóstica del segundo siglo, así llamaban al ser supremo o dios que ellos adoraban. Creían que Jesucristo había emanado de Abraxas y que éste era un fantasma mientras estuvo sobre la Tierra. Creían que su nombre contenía grandes misterios porque contiene las siete letras griegas que, al ser numéricamente computarizadas, son iguales a 365, los días del año. También se creía que comandaba a 365 dioses, cada uno poseía una virtud, por lo que había una virtud para cada día del año.
Sin embargo, los mitologístas antiguos colocan a Abraxas entre los dioses egipcios, mientras que algunos estudiosos de los demonios lo citan como un demonio con la cabeza de un rey y serpientes formando sus piernas. Ha sido representado en amuletos con un garrote en sus manos.
La mística palabra abracadabra fue derivada de su nombre. Muchas piedras y gemas fueron cortadas con sus caprichosas marcas simbólicas, con cuerpo humano y cabeza de león o aves, y serpientes como miembros, fueron vestidas por los Basilideanos (Basilideans) como amuletos. También acompañado por el número 365. El simbolo de Abraxas aparece en una multitud de libros tales como "Demian" del alemán Hermann Hesse.
Ángel caído
En la religión cristiana, un ángel caído es un ángel que ha sido exiliado o desterrado del cielo luego de desobedecer o rebelarse en contra de los mandatos de Dios. Luego de la Primera Guerra en el Cielo, muchos ángeles fueron expulsados, convirtiéndose así en ángeles caídos. El ángel caído mas reconocido por la historia es Lucifer; aunque esta palabra nunca es usada para referirse a un ángel caído dentro de la Biblia. De acuerdo a la creencia cristiana, los ángeles caídos vagarán por la tierra hasta el día del Juicio Final, luego de esto serán desterrados al infierno.
Razones para su caída
Hay varias hipótesis y mitos en relación a la caída de los ángeles; la mayoría teniendo como tema principal el libre albedrío - lujuria o vanidad, o la falta de entendimiento de los actos de Dios.
Los diferentes "lados" de Dios
Esta hipótesis indica que Dios tiene dos lados opuestos a sí mismo, debido en parte a su omnipotencia. Siendo el primer lado uno divino y lleno de claridad, y el segundo uno oscuro y lleno de sombras. Si algún mortal viera el lado claro de Dios moriría debido al poder que irradia. Según esta hipótesis, Dios usaba su lado oscuro para poder comunicarse con los mortales.
Al judaísmo evolucionar, también evolucionaron los dos lados de Dios. La Sombra se convirtió en la Palabra de Dios, y luego en la Voz, y finalmente se convirtió en un ser completamente solo, con su propio libre albedrío. Ahora que el lado oscuro de Dios había sido separado por completo, comenzó a recibir algunos aspectos familiares: destrucción, traición, tentación, etc. Esto fue la causa para que el lado oscuro de Dios se convirtiera en lo que muchos conocen como Satanás. La palabra "Satán" es una versión de la palabra hebrea Ha-Satan, que significa "adversario".
Consecuencias del libre albedrío
Estas hipótesis o mitos están relacionados al libre albedrío y a los problemas en los cuales se ven envueltos aquellos que lo poseen.
La hipótesis fue expuesta por Origen de Alejandría, uno de los distinguidos Padres de la Iglesia Cristiana en sus comienzos. Origen creía que Dios había creado a todos los ángeles de una forma uniforme y con libertad. Sin embargo, al tener el poder del libre albedrío, algunos de estos ángeles comenzaron a alejarse de Dios. Origen sostenía que aquellos que se alejaban menos se mantuvieron en las regiones cercanas a Dios; mientras que aquellos que se alejaron cayeron a los aires más bajas, convirtiéndose así en lo que conocemos como Ángeles (la orden más baja en la jerarquía angelical).
Aquellos que se alejaron aún más se convirtieron en humanos, y finalmente aquellos que se alejaron a una distancia aún mayor se convirtieron en los caídos de Dios, o demonios. Estos caídos son los que componen el infierno. Origen explica de manera metafórica que, aunque estos ángeles cayeron y se convirtieron en humanos o demonios, la esperanza no debe perderse ya que los hombres se pueden convertir en ángeles, y los demonios pueden también recuperar su antigua apariencia angelical.
Lujuria
Esta otra hipótesis tiene como origen una serie de libros no canónicos titulados Los Tres Libros de Enoc, una serie de libros encontrados en la pseudoepigrafía del Antiguo Testamento. De acuerdo a este hipótesis, Dios le pidió a un grupo selecto de ángeles (los Grigori) que ayudaran a los Arcángeles a crear el Edén. Aquellos ángeles que descendieron a la tierra vieron a las hijas de los hombres y se encantaron con las mismas.
Debido a esto, comenzaron a revelarle al hombre algunos de los secretos del cielo; como por ejemplo el movimiento de los cuerpos celestes (astrología), el arte de hacer armas, y el mejoramiento de la cara y el cuerpo con maquillaje y perfumes (vanidad). Algunos hasta se enamoraron y tomaron como esposas a mujeres terrenales, creando una serie de descendientes similares a gigantes. Esto enojó a Dios de tal manera que maldijo a todos aquellos que lo habían traicionado, los desterró del cielo, y los convirtió en mortales o en demonios.
Dios envió un gran diluvio para limpiar el desastre dejado en la tierra por los descendientes de estos ángeles. Algunos ángeles conocidos que cayeron por estas razones son Semyazza, Samael (Satanás), y Azazel.
Vanidad (Orgullo)
Este mito está relacionado a la rebelión de Lucifer en contra de Dios, muy conocida entre los cristianos. Lucifer fue el primer ángel y querubín en ser creado, y era además el más poderoso. Solo Dios lo superaba en inteligencia y poder. Irradiaba más luz que cualquier otro ángel, y su belleza era como ninguna antes vista en el cielo.
Desafortunadamente, Lucifer se convirtió en un ser ambicioso, a tal nivel que un día decidió que iba a demostrarle a todos cuán grande era su poder. Para probar esto, iba a elevar su trono a la altura de Dios. Sin embargo, otros ángeles no aprobaron las intenciones de Lucifer, ya que no querían que un ser inferior tratara de ser igual a Dios y Su poder. Cuando Lucifer trató de llevar a cabo su plan fue sacado inmediatamente del cielo.
Pecado
Esta hipótesis indica que Dios creó a los ángeles con libre albedrío, pero observó que podían ser engañados. Dios pensó que su creación podía ceder demasiado fácilmente al pecado. Su solución fue el fortalecer a algunos de sus ángeles en una búsqueda del bien por un acto divino. Luego creó otro grupo de ángeles, pero esta vez no les dio Su Gracia y esperó a ver que pasaba. Como esperaba, el segundo grupo de ángeles cedió al pecado. Por esto comenzó una guerra en el cielo que culminó con una legión de ángeles puros siendo lanzados como pecadores.
Esta hipótesis es unida comúnmente con la del Orgullo, estableciendo que Lucifer tenía un ejército de ángeles apoyándolo, causando así la Primera Guerra en el Cielo cuando los otros ángeles se opusieron a su plan.
De acuerdo a los teólogos cristianos de la edad media, los ángeles están organizados en varias órdenes o Coros Angelicales. La clasificación más influyente fue creada por Pseudo-Dionisioentre el siglo 4 o 5 d.C., y publicada en su libro
Qué es un Angel?
En religión, un ángel es un ser espiritual que asiste y sirve al Dios o dioses de algunas religiones tradicionales. Además suele ser una figura opuesta a los demonios.
Origen e historia
La palabra proviene del latín angelus, derivado a su vez del griego, ánguelos, que significa "mensajero". En el Antiguo Testamento se emplea ángel para traducir la palabra hebrea, mal'ach, que también significa mensajero.
En la iconografía cristiana
Los ángeles son mensajeros de Dios, espíritus puros e inmortales creados por el Señor. Su función principal es glorificar a Dios. Además, sirven de nexo entre Él y el ser humano, protegen a éste y velan por su salvación. Usualmente se les representa con alas, posíblemente para señalar la presteza con la que realizan la misión que se les encomienda o bien porque pueden volar y es más sencillo para la mente humana comprender esa característica atribuyéndoles alas.
En la época barroca se desarrolló en Sudamérica un estilo pictórico de ángeles, uno de cuyos más conocidos iconos son los Ángeles arcabuceros. También en la iconografía islámica se les representa como seres alados. Los ángeles son asexuados y su origen y naturaleza muy diferentes a los del hombre. Un ser humano no puede convertirse en ángel cuando muere, ya que son seres creados al inicio de los tiempos. Los ángeles no deben confundirse con los santos, pues su condición depende de su naturaleza y no de sus actos. El ángel nace pero el santo se hace, por eso el comportamiento del ángel puede llegar a ser sorprendente y hasta controvertido.
La Jerarquía Celeste.
De acuerdo a los teólogos cristianos de la Edad Media, los ángeles están organizados en varias órdenes o Coros Angelicales. La clasificación más influyente fue creada por un autor desconocido cuyas obras nos han llegado atribuidas a Dionisio Areopagita (le llamamos, por eso, Pseudo-Dionisio Areopagita). El teólogo en cuestión vivió entre los siglos IV y V d.C. y expuso su doctrina angelológica en su libro La Jerarquía Celeste.
En su obra, el autor tomó como referencia algunos pasajes del Nuevo Testamento, en concreto de la Epístola a los Efesios (cap. 6, ver. 12) y la Epístola a los Colosenses (cap 1, ver. 16), para construir un esquema de tres Jerarquías o Esferas de ángeles, las cuales contenían tres Órdenes o Coros. Estas eran (en orden descendente)
Durante la Edad Media, se propusieron muchos otros esquemas, algunos basados o expandiendo los de Pseudo-Dionisios, otros sugiriendo una clasificación completamente distinta.
Primera Jerarquía
Se cree que estos ángeles sirven como consejeros divinos.
Serafín
El Serafín es la orden de mayor jerarquía angelical, sirviendo como encargados del trono de Dios y cantándole continuamente sus alabanzas. Se dice que rodean el trono de Dios, regulando el movimiento de los cielos según emana de Dios. Se los representa con tres pares de alas con ojos, con ellas de cubren el rostro y el cuerpo para protegerse del intenso Resplandor que emite Dios. Los Serafines son mencionados en Isaías 6:1–7
Querubín
Los Querubines son los guardianes de la luz y las estrellas. Se cree que, aunque no están en el plano de la realidad humana, su luz divina se filtra del cielo y toca las vidas de los hombres. Se los representa con dos pares de alas.
Se piensa que los Querubines son una orden dentro de los ángeles, aunque otros los clasifican como seres a un nivel mayor que el de los ángles. Su rango entre los ángeles siempre ha sido categorizado en la primera jerarquía.
Muchos cristianos creen que el Demonio es un ángel caído que estaba entre los Querubines antes de caer del Cielo. Dentro de estas creencias se dice que su título era el "angel de la luz" previo a pecar en contra de Dios. Los Querubines son mencionados en Genesis 3:24; Ezequiel 10:17–20; y 1 Reyes 6:23–28.
Tronos
Estas entidades están relacionados con las acciones de los hombres. Son entes que antiguamente eran llamados Espíritus de las Estrellas. Llevan un registro de las acciones en todos los tiempos o karmas. Son también los constructores del orden universal. Se les representa como seres inmensos de alas circulares iluminadas con los colores del arco iris. Son los portadores del don de la perseverancia. Su deber es cargar el trono de Dios por el paraíso.
Segunda Jerarquía
Estos ángeles son considerados gobernadores del cielo.
Dominaciones
Tienen la tarea de regular los deberes de ángeles inferiores. Reciben órdenes de los Serafines, los Querubines, o hasta del mismísimo Dios. Son responsables de asegurarse de que el universo se mantenga en orden. Solamente en ocasiones extremas los dominaciones se han manifestado físicamente ante los mortales, ya que normalmente se preocupan más con los detalles de la existencia.
Potestades
Son seres angelicales encargados de salvaguardar la conciencia y la historia. Los ángeles de la muerte y nacimiento se encuentran en esta categoría. Su deber, además, es supervisar la distribución de poderes entre los humanos.
Principados
Los Principados son los guardianes de las naciones y los países. Supervisan aquellos eventos que afecten a las naciones, incluyendo política, temas militares y comercio.
Tercera Jerarquía
Son ángeles que trabajan como mensajeros divinos.
Virtudes
Son iguales a los Principados, pero su deber es supervisar a distintos grupos de personas. Tienen la forma de rayos de luz que inspiran a la humanidad de distintas maneras.
Arcángeles
Los Arcángeles atienden las áreas de los esfuerzos humanos y son los líderes administrativos de los seres celestiales. Un arcángel recibe, usualmente, una tarea de importancia para la humanidad. En la Biblia se menciona sólo uno: Miguel
Algunos cristianos creen que Satanás era un arcángel (y no un querubín) antes de caer del cielo.
Ángeles
Los Ángeles son la orden más inferior en la jerarquía angelical, y los más conocidos por los hombres. Son los que más están relacionados a los asuntos humanos. Dentro de la categoría de ángeles, hay muchos tipos de funciones. Son los ángeles de esta jerarquía los que son enviados como mensajeros ante los hombres.
Anticristo
En el cristianismo, el Anticristo es el adversario diabólico de Jesucristo, que según en los libros del Nuevo Testamento (las Epístolas de san Pablo, de san Juan y el Apocalipsis) se considera como el gran impostor que habrá de aparecer durante el Armagedón (batalla en el periodo final de la historia, anterior a la Parusía).
El término proviene del griego anti-jristós (‘opositor a Cristo’).
En las creencias satánicas aparece formando la trinidad diabólica (junto con Lucifer y el Falso Profeta), opuesta a la Santísima Trinidad. Simbólicamente se le atribuirá a la inversión del orden, la apostasía y la gran dictadura mundial personificados en la Bestia.
Características
Según las creencias cristianas el Anticristo aparecerá en la forma de un hombre controlado por Satanás, el enemigo supremo personal de Dios. Se le dan diversos nombres como el Hombre de Pecado, Hijo de Perdición, la Bestia, la Abominación Desoladora.
A su aparición, según las explicaciones ad hoc del fundamentalismo cristiano, se deberá a diversos factores como un auge mundial sin precedentes en materia de ocultismo, decadencia en la moral y los valores. Posteriormente perseguirá a la Iglesia en un periodo llamado «La Gran Tribulación», que será igualmente de proporciones siniestras y finalmente impondrá la Marca de la Bestia (el 666).
Al final de su dominio en la Humanidad, el anticristo será derrotado por las fuerzas celestes comandadas por Jesucristo, quienes lo lanzarán al infierno.
Descripción de la Bestia
San Juan, en su Apocalipsis describe a la Bestia como un monstruo de siete cabezas y diez cuernos (y por cada cuerno, diez diademas) con un cuerpo de pantera, patas de oso y fauces de león. Dice que está inspirada por el Diablo y tiene la facultad de pelear contra la iglesia y contra Dios.
Según algunos fundamentalistas cristianos, su veneración será inspirada por una propaganda similar a la del culto imperial romano o a la de los totalitarismos fascistas. Inclusive puede ser herido mortalmente y curado por otra bestia, la cual sería el Falso Profeta, quién será el encargado de reforzar su culto.
Textos bíblicos de referencia
Primera carta de san Juan (2:18 y 22)
Segunda carta de san Juan (versículo 7)
Evangelio según san Mateo (24:15 y 22-24)
Libro de Daniel (9:27, 11:31 y 36, 12:11)
Evangelio según san Marcos (13:14)
Segunda Epístola a los Tesalonicenses (2:1 y 12)
Libro de Ezequiel (capítulos 36 y 39)
Apocalipsis de san Juan (13:1-18, 19:20 y 20:10)
En otras creencias y profecías
En la escatología islámica, antes de la llegada de su Mesías (mahdí) habrá también un impostor similar a la que se menciona en el cristianismo que perseguirá a los creyentes musulmanes (con el nombre árabe de Al-Dajjah), devastando todos sus dominios excepto en las ciudades de La Meca y Medina, las cuales sólo serán destruidas por Jesucristo (a quien el Islam no considera como el mesías) ayudado por el mesías musulmán.
En el mazdeísmo el espíritu principal del mal, Ahriman se encarnará en la serpiente Lahak y será derrotado por el Mesías (Saahyant). Por otra parte, Nostradamus y san Malaquías mencionan al anticristo en sus predicciones acerca del fin del mundo.
En la filosofía, Nietzsche sólo lo menciona en su obra El Anticristo, cuando se refiere al desprecio de la doctrina cristiana y al denunciar la falsedad que trae cuando reniega de la libertad espiritual del hombre.
Hijo del Hombre
La expresión 'Hijo del Hombre, aparece en el libro de Daniel, en el Antiguo Testamento:
Yo seguía mirando, atraído por las insolencias que profería aquel cuerno; hasta que mataron a la fiera, la descuartizaron y la echaron al fuego. A las otras fieras les quitaron el poder, dejándolas vivas una temporda. Seguí mirando y en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio: todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin. (Dn 7, 11-14).
Fue escrito por un autor del siglo II adC, hacia el año 165 adC, probablemente durante el destierro judío en Babilonia. Es un libro de estilo apocalípitico. Así como el anciano representa a Dios, el hijo de hombre, es una imagen que parece condensar todo lo humano, todo lo bueno que hay en la humanidad, que procede de las nubes del cielo (la morada de Dios, en la simbología semítica) y que vencerá sobre la maldad y la bestialidad, de forma definitiva.
Este libro, perteneciente al Canon Hebreo (Tanak), a las sección de los Escritos (Ketubim), dio lugar al uso de la expresión Hijo del Hombre aplicado al Mesías esperado por el pueblo judío.
Es aplicado por los evangelistas, en sentido mesiánico, a Jesús de Nazaret. Aparece en el Relato de la Pasión que sirve de fuente a los tres evangelios sinópticos, por lo tanto anterior al año 70 en que suele fecharse el de Marcos, y según los expertos uno de los relatos más antiguos de los que componen los evangelios:
Pero Jesús callaba. Y el sumo sacercote le dijo: Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús contestó: Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo. (Mt 26, 63-64; Mc 14, 61-62; Lc 22, 66-69)
El Evangelio según san Juan, más tardío que los tres sinópticos, abrevia el relato de la Pasión, de modo que el proceso ante los judíos, en el que se manifiesta la expresión Hijo del Hombre, se distribuye por los capítulos previos al prendimiento de Jesús. Así, en Jn 9, 35-38:
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre? Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que crea en Él? Jesús dijo: Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es. Él dijo: Creo, Señor. Y se postró ante Él.