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Comienza la Evangelización

San Pedro y San Pablo

Ascención y Coronación de Maria

Cristo Asciende a los Cielos

Pentecostés

Jesus se aparece a sus Discípulos

El Angel Anuncia la Redención

El Angel ve a Jesus Resucitado

Jesus Resucita

Décimotercera y Décimocuarta Estación: Es descendido de la cruz y Sepultado

El Legionario reconoce a Jesus como Hijo de Dios

Duodécima Estación: Jesús muere en la cruz

Cristo Exhala el Ultimo Aliento

El Reino de los Cielos

Cristo crucificado junto a los ladrones

Undécima Estación: Jesús es crucificado

Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

Novena Estación: Jesús cae por tercera vez

Octava Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez

Sexta Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús

Quinta Estación: Simón el Cirineo ayuda a Jesús

Cuarta Estación: Jesús encuentra a Su Madre

Tercera Estación: Jesús cae por primera vez

Segunda Estación: Jesús recibe la Cruz

Primera Estación: Jesús condenado a Muerte

Azotamiento de Jesús y la Corona de espinas

Cilindro Fulldome de Jesucristo II para Proyección Fulldome en Planetario Móvil

1. La tradición cristiana, desde San Ireneo (s.II), atribuye a San Lucas el libro de los Hechos de los Apóstoles. Es su segundo libro, después del evangelio: El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó (Hch 1,1).

El segundo libro se centra en los hechos de los Apóstoles. El libro de los Hechos se consideró como canónico a partir del siglo III y, un siglo más tarde, se utilizaba para les lecturas litúrgicas del tiempo pascual.

2. Lucas compone su obra a base de pequeños cuadros. Por sus páginas desfilan hombres tan importantes en la Iglesia primitiva como Pedro, Santiago y Juan; Pablo y Bernabé; Esteban y otros, como Felipe, Marcos o Timoteo. Al comienzo, el relato se centra en Pedro, el jefe de los apóstoles. En el concilio de Jerusalén, Pedro aprueba el proceder de Pablo y su apertura a los gentiles. En adelante, Pablo pasa al primer plano. El apóstol de los gentiles representa el porvenir.

3. Lucas conoce la historia del cristianismo primitivo. Fue testigo directo de algunos acontecimientos. Tiene a mano testimonios (orales o escritos) sobre la Iglesia de Antioquía. Dispone de la relación del concilio de Jerusalén. Ha sido colaborador de Pablo.

Se ha procurado información sobre la primera comunidad de Jerusalén y sobre Pedro. Cuenta con toda una tradición de discursos que se remonta a los orígenes de la Iglesia. Pretende narrar los hechos de los Apóstoles, el anuncio y la difusión del Evangelio en la Iglesia naciente. El libro de los Hechos nace de la evangelización y está al servicio de la misma. Esos hechos se entienden realmente, cuando vuelven a vivirse

en las comunidades de hoy.

4. La estructura del libro de los Hechos viene dada en una Palabra que los apóstoles reciben del Señor Resucitado. Ellos tenían todavía sus ilusiones y esperanzas, en realidad demasiado humanas. Le preguntan al Señor: ¿Es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel?

El contestó: No os toca a vosotros conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra (1,6-8). Al revés que en su evangelio, en círculos concéntricos progresivamente crecientes, la difusión de la Buena Noticia parte de Jerusalén hasta llegar a Roma. Podemos distinguir cinco partes:

* El evangelio es anunciado en Jerusalén, donde nace la primera comunidad cristiana (1,15-8,3).

* El evangelio avanza por Samaría y la zona costera (8,4-11,18); ; hay tensiones entre judaizantes y helenistas; la experiencia de Cornelio es decisiva.

* El evangelio llega a Antioquía (11,19-15,35), la capital de la provincia de Siria; allí surge la primera comunidad compuesta principalmente por gentiles y allí los discípulos comienzan a llamarse cristianos; la expansión de la Iglesia entre los gentiles provoca una crisis que da lugar al concilio de Jerusalén: los gentiles que se conviertan al evangelio no tienen por qué hacerse judíos.

* El evangelio alcanza las regiones del mar Egeo (15,36-19,20). De forma especial, destaca la misión de Pablo.

* El evangelio llega a Roma, entonces centro del mundo conocido (19,21-28,31); acusado por los judíos, Pablo llega a Roma en situación de libertad condicionada.

5. Con la experiencia de Pentecostés nace la Iglesia. Frente a la experiencia de Babel (de idolatría, de incomunicación y de dispersión), la experiencia de Pentecostés lo es de fe, de comunión y de reunión: venidos de todas partes les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios (Hch 2,11). San Lucas hace ver la fuerza secreta que actúa en la historia y conduce la expansión de la Iglesia naciente: la acción del Espíritu.

6. En los Hechos evangelizar es anunciar la buena nueva de la Palabra (8,4); la Iglesia va creciendo con la difusión de la Palabra: la Palabra de Dios iba creciendo (6,7). Y también: la Palabra de Dios crecía y se multiplicaba (12,24). Y finalmente: la Palabra de Dios crecía y se robustecía poderosamente (19,20).

7. Los Hechos manifiestan las constantes de la evangelización: el conflicto que lleva a Jesús a la cruz, su reconocimiento como Señor de la historia, la necesaria conversión, la acción del Espíritu, la misión de ser testigos, la incorporación a la comunidad (2,36-47).

8. La tradición viva de la Iglesia ha visto en los rasgos de la comunidad cristiana primitiva el modelo de lo que debe ser toda comunidad cristiana: la enseñanza de los apóstoles, la comunión, la fracción del pan, las oraciones, muchos prodigios y señales, la comunicación de bienes (2,42-45).

9. Los Hechos de los Apóstoles manifiestan la evolución de la Iglesia en relación a la evangelización de los gentiles. La experiencia de Cornelio es decisiva (10,1-11,18), así como el concilio de Jerusalén, que recoge el anuncio profético: Después de esto volveré y reconstruiré la tienda de David que está caída; reconstruiré sus ruinas, y la volveré a levantar. Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todas las naciones que han sido consagradas a mi nombre (15,16-18).

Lo que verdaderamente cuenta es la conversión al Evangelio, no el cumplimiento del código judío con sus 613 leyes. La salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles: ellos sí que la oirán (28,28).

10. En el marco del judaísmo ambiental, a la Iglesia naciente se le acusó de secta: según el Camino que ellos llaman secta, dice Pablo (24,14). Pablo hubo de comparecer en diversas ocasiones ante el tribunal romano. Durante su estancia en Corinto (año y medio), fue acusado por los judíos ante el tribunal del procónsul Galión, de quien dependía la provincia de Acaya, hacia el año 52. La acusación de los judíos es deliberadamente ambigua: Este persuade a la gente para que adore a Dios de una manera contraria a la Ley (18,13).

Los judíos piensan en su ley judía, pero quieren convencer al procónsul de que Pablo ha cometido un delito contra la ley romana. El judaísmo gozaba en el Imperio romano del estatuto de religión permitida por la ley. Las primeras comunidades cristianas quieren acogerse al mismo estatuto y los judíos quieren impedírselo. Galión descubre su juego: Si se tratara de algún crimen o mala acción, yo os escucharía, judíos, con calma (18,14).

11. Posteriormente, Pablo fue arrestado en Jerusalén, donde se le confunde con un terrorista (21,38) y donde los judíos le preparan una celada de más de 40 hombres con intención de matarle (23,12-13). Con fuertes medidas de seguridad es trasladado a Cesarea para comparecer ante el procurador Félix (24,5). Félix, que estaba bien informado, dio largas a sus acusadores (24,22).

Pablo quedó en libertad condicionada. Pasados dos años, a Félix le sucedió Porcio Festo, el cual, queriendo congraciarse con los judíos, metió a Pablo en prisión. Festo expuso el caso ante el rey Agripa (25,18-19); Pablo hubiera quedado en libertad, si no hubiera apelado al César (26,32).

De este modo, Pablo llega a Roma. Se le permite permanecer en casa particular con un soldado que le custodiara (28,16); allí, durante dos años enteros, enseñaba lo referente al Señor Jesucristo con toda valentía, sin estorbo alguno (28,31). Y así termina el libro de los Hechos.

12. Nada se dice en los Hechos del final que tuvo en Roma el proceso contra Pablo. Se habla del martirio de Esteban (lapidado; ver 7,55-60) y del de Santiago, hermano de Juan (degollado; ver 12,2), pero ninguna mención se hace del martirio de Pedro y de Pablo.

San Clemente, a finales del siglo I, sí lo hace en su 1ª Carta a los Corintios: Por emulación y envidia fueron perseguidos los que eran máximas y justísimas columnas de la Iglesia y sostuvieron combate hasta la muerte. Por tanto, podemos suponer que el libro de los Hechos, segundo libro de San Lucas, se escribió antes de la muerte de ambos apóstoles, que se produjo en la persecución de Nerón, entre los años 64-67.

Introducción histórica a Hechos de los Apóstoles.

Lucas, autor del tercer evangelio, fue también el autor de Hechos.

Tanto el evangelio de Lucas como Hechos de los Apóstoles presentan una característica histórica común: la insistencia en presentar una Roma exenta de culpabilidad histórica. Así, Lucas pone especial énfasis en descargar de culpa a Poncio Pilato en la crucifixión de Jesús, en demostrar la eficacia de la justicia romana al proteger a Pablo de las iras de los judíos radicales y en presentar que es posible una coexistencia pacífica y armoniosa entre el cristianismo y Roma. ¿Por qué? Porque Lucas escribe cuando Roma ha destruido Jerusalén el año 70 y el impacto de tal destrucción mediatiza su obra lógicamente.

Para Lucas, la destrucción de Jerusalén (Lucas no es judío, no lo olvidemos), es una señal que abre la nueva era de la Iglesia Universal, así que hace tabla rasa con el pasado judío y romano, aceptándolo, por supuesto, pero mirando más allá. En Hechos, Lucas muestra el inicio de una nueva era que no puede ni debe arrastrar los errores pasados.

Precisamente es en esta época en la que escribe su obra cuando los fariseos comienzan a excluir metódicamente a los cristianos de origen judío de las sinagogas. Lucas en Hechos actúa no sólo como teólogo e historiador, sino también como político, ya que Lucas comprende que el ciclo judeo-cristiano ha sido roto y de ahí su empeño en dejar bien claro en su obra que si los judíos están secularmente enfrentados a los romanos, los cristianos no tienen por qué estarlo.

En Hechos nos encontramos ante un auténtico tesoro, tanto desde el punto de vista teológico como desde el histórico, ya que este texto es la narración precisa del origen de la Iglesia, abarcando los más de treinta años desde la Resurrección de Cristo hasta la llegada de Pablo a Roma.

Lucas escribió Hechos como la segunda parte de su evangelio, y los publicó conjuntamente:

1 El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio

2 hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo. (Hechos, capítulo 1).

Fue más tarde cuando se separaron al establecerse que los Cuatro Evangelios debían formar un bloque conjunto en el Nuevo Testamento. Es necesario que hagamos hincapié en la importancia de que en origen fuera una sola obra para poder comprender todo el significado de este maravilloso libro.

La nueva Iglesia

"Hechos de Apóstoles" (título original de la obra) arranca en el mismo instante en el que finaliza el evangelio de Lucas (ya hemos visto que el autor lo compuso como la segunda parte de éste). En el momento en el que Cristo resucitado se muestra a sus discípulos proclamando su triunfo sobre la muerte.

Gracias a Hechos es posible reconstruir "arqueológicamente" los primeros pasos de la Iglesia. El primer acto es la sustitución de Judas, el discípulo que traicionó a Jesús suicidándose después. El elegido fue Matías, y digo elegido porque fue echado a suertes entre dos candidatos, abandonándose a la inspiración divina. Con el número de Doce Apóstoles completo de nuevo, el Espíritu Santo bajará sobre ellos y sobre la Virgen María en Pentecostés: la Iglesia formada entonces por los Doce y por María tiene pues un origen divino.

Es Dios mismo el que la consagra para que extienda la Buena Nueva a todos los hombres. Y esta extensión parece que fue muy rápida, porque su medida nos la da precisamente la virulencia con que el Sanedrín ataca a la Iglesia casi de inmediato. Esta virulencia, esta feroz agresividad de las autoridades judías nos indica su miedo ante el gran número de conversos al cristianismo.

Temor multiplicado por el hecho de que los cristianos se expandan también rápidamente entre los judíos helenizados de origen griego, una comunidad muy numerosa, culta y rica. Precisamente es entonces cuando surge el primer problema de la nueva Iglesia al ponerse de manifiesto las diferencias entre los "judíos hebreos" y los "judíos griegos".

Lucas narra la reunión convocada en el año 33 en Jerusalén por los Doce en la que los representantes de los judíos helenizados expusieron sus quejas. Esta reunión es llamada por Lucas (probablemente ya testigo presencial) "Asamblea de Discípulos" y fue presidida por los Doce, lo que indica ya un germen de organización eclesial muy importante. ¿Quienes eran los "discípulos"? Evidentemente no podían ser todos los cristianos porque ya debían ser miles.

Es razonable pensar que para entonces cada Apóstol hubiera creado su propia escuela con sus propios discípulos, como los textos parecen confirmar, y que estos discípulos, además de seguidores primitivos de Jesús, notables y ancianos convertidos al cristianismo formaran esta asamblea. Hay que destacar que en los orígenes de la Iglesia todo se hace por elección.

Y por elección se resolvió el problema eligiendo a siete de estos judíos helenizados en cuya elección no participaron los Doce Apóstoles, hecho muy importante y al que no se presta atención, pero que demuestra la confianza absoluta que los Doce tenían en esta asamblea.

Esto significa, a mi entender, que la Iglesia primitiva tenía una organización horizontal en la que los Doce se encargaban de las cuestiones relacionadas con la Fe mientras que la asamblea se ocupaba de los aspectos organizativos. Los siete elegidos para representar los intereses de los judíos helenizados fueron presentados a los Apóstoles quienes sancionaron la elección imponiéndoles las manos.

El martirio de Esteban

Y fue precisamente el líder de estos siete, Esteban, el primer mártir de la nueva Iglesia en el año 34. ¿Por qué? Mi teoría apunta al bolsillo del Sanedrín. Para nosotros los cristianos, Esteban es un hombre lleno de Espíritu Santo que se entrega en cuerpo y alma a la Buena Nueva.

Pero para el Sanedrín, Esteban es mucho más que eso: es un judío helenizado, un judío de origen griego, representante de esa comunidad numerosa, culta y rica... y por tanto vital para el judaísmo del Templo encarnado en el Sanedrín. Esteban es, ni más ni menos, que el representante oficial de los cristianos de origen judío-helenizado. Y el Sanedrín pudo ver inmediatamente que si los judíos helenizados se "pasaban" en bloque al cristianismo, el judaísmo tradicional perdería uno de sus más importantes... y ricos... activos.

Es fácil suponer que esas mentes estrechas del Sanedrín que apenas cuatro años antes habían forzado el asesinato de Jesús, se asustaran de nuevo ante Esteban. El hecho es que Esteban fue arrestado, llevado ante un "tribunal" que ya había decidido su muerte y lapidado. Los judíos no podían aplicar la pena de muerte porque estaba reservada a la autoridad romana (ius gladii), pero tampoco estaban dispuestos a acudir de nuevo a Roma para que le solucionara sus cuentas, así que la muerte de Esteban fue un auténtico linchamiento.

Entre los que arrastraron a Esteban fuera de la ciudad estaba un joven llamado Saulo, un acomodado judío de Tarso que poseía la ciudadanía romana. Como era demasiado joven para participar en el apedreamiento se ocupó de cuidar las ropas de los "justicieros", que no contentos con el salvaje linchamiento de Esteban, iniciaron una persecución de los cristianos por toda Jerusalén bajo el patrocinio del Sanedrín.

La conversión de Pablo

La persecución emprendida por las autoridades religiosas de Jerusalén provocó que los miembros de la asamblea de discípulos salieran de Jerusalén, pero los Apóstoles permanecieron en la ciudad. frente a la persecución desatada, los Apóstoles Pedro y Juan (que desde la Pasión siempre iban juntos) replicaron yendo a evangelizar Samaria, lo que llenó de furia al Sanedrín que envió a Saulo de Tarso a Damasco con orden de arrestar a todos los cristianos que encontrara. Y será en el camino a Damasco cuando Saulo, el feroz perseguidor, sea detenido por Cristo:

3 Sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo,

4 cayó en tierra y oyó una voz que le decía: «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?»

5 El respondió: «¿Quién eres, Señor?» Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues.

6 Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.»

7 Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto; oían la voz, pero no veían a nadie.

8 Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Le llevaron de la mano y le hicieron entrar en Damasco. (Hechos, capítulo 9).

Nos es fácil imaginar el ambiente que se respiró en el Sanedrín al conocer que su más fiero represor contra los cristianos se había convertido de repente al cristianismo "pasándose al enemigo".

A partir de su bautismo, Saulo se llamó Pablo, ya que era corriente entre los primeros cristianos cambiarse el nombre al ser bautizado para simbolizar así el inicio de una nueva vida (Simón-Pedro, Leví-Mateo, Saulo-Pablo, etc...). Tras dos años retirado en el desierto de Arabia, Pablo volverá a Damasco pero tendrá que huir perseguido por los radicales judíos que trataban de lapidarle por "traidor".

Evidentemente la conversión de Pablo supone un punto de inflexión en la difusión de la Buena Nueva. Que un judío acomodado, ciudadano romano y protegido por el Sanedrín, un joven prometedor con una brillante carrera en perspectiva, lo abandonara todo para irse con los cristianos hizo que muchos se preguntaran si eso no demostraba que los seguidores de Cristo tenían razón en lo que predicaban.

Que el más violento perseguidor del cristianismo hiciera de repente público su arrepentimiento y su ingreso en el colectivo que con tanta saña había perseguido fue un durísimo golpe para el Sanedrín y el judaísmo más violento y radical (ese judaísmo fundamentado en el odio salvaje que fue el principal responsable de las dos guerras contra Roma y de la expulsión de los judíos de Palestina).

Un año después, en 37, Pablo y Bernabé fundarán la iglesia de Antioquía, una ciudad helenizada de gran riqueza que constituirá uno de los pilares de la expansión cristiana. Precisamente será en Antioquía donde nazca el apelativo "cristianos" con el que a partir de ahora serán conocidos los seguidores de Cristo.

El año 44, el rey Agripa I ordenó la ejecución de Santiago Zebedeo, el hermano del evangelista Juan y el encarcelamiento de Pedro, liberado por obra Divina de la prisión. La persecución contra los cristianos obliga a éstos a buscar nuevas vías fuera de Jerusalén. A partir de entonces Pablo fue el objetivo de estos judíos radicales y muy probablemente por ello la Iglesia decidiera enviarle fuera de Palestina, a tierras helenizadas.

Y su éxito fue grande, porque Pablo era un alma llena de Espíritu Santo, un alma inflamada por Cristo que extendía su llama a todo cuanto se acercaba. Las cartas que envió a las iglesias de Oriente y Roma y que se conservan son un testimonio de su ardor y de su magnética personalidad. Ayudado por Bernabé, Pablo inició el año 46 el primero de sus viajes que le llevó a recorrer Antioquía, Chipre, Antioquía de Pisidia, Listra, etc. Viaje que duraría hasta el año 48 en que fue interrumpido por el Concilio de Jerusalén.

El Concilio de Jerusalén

1 Bajaron algunos de Judea que enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis conforme a la costumbre mosaica, no podéis salvaros.»

2 Se produjo con esto una agitación y una discusión no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos; y decidieron que Pablo y Bernabé y algunos de ellos subieran a Jerusalén, donde los apóstoles y presbíteros, para tratar esta cuestión. (Hechos, capítulo 15).

El Concilio de Jerusalén del año 48 fue el primer concilio de la Iglesia y fue convocado por un grave problema surgido de la conversión de gentiles al cristianismo. Los primeros cristianos fueron "judíos hebreos", originarios de Palestina. El siguiente paso estuvo en la conversión de "judíos helenizados" o judíos que vivían en zonas helenizadas cuya cultura era diferente de la de los hebreos (ya vimos como surge un problema entre ambas comunidades judías resuelto al integrarlos en la asamblea de discípulos).

Pero el tercer paso fue incorporar cristianos provenientes del mundo pagano, es decir: gentiles, no judíos. Los cristianos gentiles fueron en principio una minoría. Es muy importante destacar que en aquellos momentos los cristianos se sentían como la continuación del judaísmo, parte integrante del Pueblo de Israel y judíos de pura cepa, pero los conversos gentiles no se sentían judíos y sentían rechazo ante las costumbres hebreas que imponían la circuncisión a los varones (el corte del prepucio). En su carta a los Gálatas, en el capítulo 2, Pablo describe un enfrentamiento entre él y Pedro (llamado aquí Cefas) en Antioquía:

11 Mas, cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión.

12 Pues antes que llegaran algunos del grupo de Santiago, comía en compañía de los gentiles; pero una vez que aquéllos llegaron, se le vio recatarse y separarse por temor de los circuncisos.

13 Y los demás judíos le imitaron en su simulación, hasta el punto de que el mismo Bernabé se vio arrastrado por la simulación de ellos.

14 Pero en cuanto vi que no procedían con rectitud, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: «Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?»

15 Nosotros somos judíos de nacimiento y no gentiles pecadores; a pesar de todo,

16 conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley = nadie será justificado. =

17 Ahora bien, si buscando nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, ¿estará Cristo al servicio del pecado? ¡De ningún modo!

18 Pues si vuelvo a edificar lo que una vez destruí, a mí mismo me declaro transgresor.

19 En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios: con Cristo estoy crucificado:

20 y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.

21 No tengo por inútil la gracia de Dios, pues si por la ley se obtuviera la justificación, entonces hubiese muerto Cristo en vano.

Este incidente (de tan felices consecuencias para la Iglesia) provocado por el rechazo del judaísmo a los gentiles, rechazo del que ni siquiera Pedro puede escapar aquí, motivará que se convoque el Concilio de Jerusalén. En esta reunión, de importancia capital para la Iglesia, las tesis de Pablo a favor de la completa apertura de la Buena Nueva a los gentiles triunfarán frente a las defendidas por los fariseos cristianizados que propugnaban la exclusión de los no judíos.

Pero la postura de Pedro, que se decantó por las tesis de Pablo, decantó la balanza a favor de la universalidad de la Buena Nueva. A partir de esta fecha histórica, el mensaje de Cristo será proclamado a todos los pueblos de la tierra sin importar su raza. Y así quedó sancionado:

23 Por su medio les enviaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos, saludan a los hermanos venidos de la gentilidad que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia.

24 Habiendo sabido que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, os han perturbado con sus palabras, trastornando vuestros ánimos,

25 hemos decidido de común acuerdo elegir algunos hombres y enviarlos donde vosotros, juntamente con nuestros queridos Bernabé y Pablo,

26 que son hombres que han entregado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo.

27 Enviamos, pues, a Judas y Silas, quienes os expondrán esto mismo de viva voz:

28 Que hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que éstas indispensables:

29 abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza. Haréis bien en guardaros de estas cosas. Adiós.» (Hechos, capítulo 15).

De esta forma, con un compromiso que obligaba a los cristianos gentiles a lo expuesto en el versículo 29, se les liberaba de la obligación de tener que convertirse al judaísmo. La Iglesia ya era verdaderamente una Iglesia Universal.

La evangelización de Pablo

A partir de este momento, Pablo tenía las manos libres para predicar el Evangelio entre todos los pueblos de la Tierra. Durante los años 49 al 52 llevará a cabo su segundo gran viaje que le llevará a Listra, Frigia, Galacia, Filipos, Tesalónica, Atenas, etc. En el año 51 escribirá las epístolas a los Tesalonicenses y en el 52, tras comparecer en primavera ante Galión, regresa a Jerusalén en verano para, incansable alma viajera, emprender viaje hasta Antioquía.

Y en 53 comienza su tercer gran viaje pasando por Éfeso y Corinto ese mismo año y recorriendo Galacia y Frigia en 54 para volver a Éfeso donde pasará dos años y tres meses. allí, en 56, escribirá su espístola a los Filipenses y el año siguiente, en 57, escribe su primera epístola a los Corintios hacia Pascua. Después visitará Corinto para volver a Éfeso donde probablemente escribirá la epístola a los Gálatas. A finales de año atravesará Macedonia y escribirá su segunda epístola a los Corintios.

Pablo recibe el año 58 en Corinto y allí escribirá su epístola a los Romanos. Pasará la Pascua en Filipos y viajará después por mar a Cesárea. En el verano, Santiago (llamado "el hermano del Señor", en realidad su primo) será elegido para quedar al frente de la comunidad judeocristiana con sede en Jerusalén.

En Pentecostés Pablo será arrestado en el Templo de Jerusalén por los judíos radicales que pretenden lincharle, pero la guarnición romana de la fortaleza Antonia lo impide y el apóstol, que se declara ciudadano romano, queda bajo custodia de Roma. Así comparecerá ante Ananías y el Sanedrín, y ante las sospechas del tribuno romano al mando de la Antonia de una conjura para asesinarlo, decide sacarlo de Jerusalén y enviarlo a Cesárea donde comparecerá ante el prefecto Félix. Quedará en Cesárea en prisión preventiva.

El año 60 Pablo comparecerá ante el prefecto Festo y el rey Agripa quienes deciden que no ha cometido ningún delito, pero ante la presión de los radicales judíos que quieren su muerte y tratan de enjuiciarle el apóstol hace valer los derechos jurídicos que le da su ciudadanía romana, decide apelar al emperador y es enviado por mar a Roma. En Malta naufraga su nave.

El año 61 Pablo se halla en Roma en custodia militar (libertad vigilada por un guardia que le acompaña permanentemente). Apostolado de Pablo en la capital del Imperio. Escribe las epístolas a los Colosenses, a los Efesios y a Filemón.

En este punto finaliza el libro de Hechos de los Apóstoles.

El año 62 Anán, sumo sacerdote de Israel, ordena lapidar a Santiago. Simeón le sucede al frente de la Iglesia de Jerusalén. La situación entre judíos y cristianos es incendiaria y comienzan a surgir ya graves diferencias entre los propios judíos que acabarán propiciando la guerra contra Roma.

El año 63 Pablo es puesto en libertad. Han pasado los dos años que establece el Derecho Romano de libertad vigilada y puesto que no se han presentado los acusadores no puede haber juicio. Se especula con que viajó a España.

El año 64 (aproximadamente) Roma sufre un incendio pavoroso. Los romanos acusan a Nerón de provocarlo para tener las manos libres en sus demenciales proyectos arquitectónicos y el emperador, para quitarse de encima estas acusaciones, acusa a su vez del incendio a los cristianos iniciando una persecución implacable contra ellos.

El año 65 Pablo viaja a Éfeso, a Creta y a Macedonia donde remite su primera epístola a Timoteo y la epístola a Tito.

El año 66 Israel se subleva contra Roma, comienza la Guerra de los Judíos.

El año 67 Se escribe la epístola a los Hebreos. La persecución se intensifica y centenares de cristianos son detenidos, entre ellos Pedro y Pablo. En la prisión Pablo escribirá su descorazonadora y a la vez esperanzadora segunda epístola a Timoteo. Pedro es crucificado en la colina del Vaticano en Roma. Pablo, al ser ciudadano romano, es decapitado.

Hechos finaliza, abruptamente, con la llegada de Pablo a Roma el año 61:

30 Pablo permaneció dos años enteros en una casa que había alquilado y recibía a todos los que acudían a él;

31 predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo referente al Señor Jesucristo con toda valentía, sin estorbo alguno. (Hechos, capítulo 28)

pero sabemos que Lucas escribió después del año 70. ¿Por qué no cuenta Lucas los martirios de Pedro y Pablo y la situación de la Iglesia durante la guerra del 66 al 70?

Hipótesis al final de Hechos de los Apóstoles

Hay tres hipótesis enfrentadas para explicar el final cortante de Hechos:

1- El final que tenemos es el final auténtico del libro.

2- El final del libro se perdió.

3- Tras el evangelio de Lucas y Hechos habría otro libro, una tercera obra que contaría la persecución y la guerra.

Yo no creo que el final de Hechos sea el definitivo. Es muy posible que el final original se perdiera (que tengamos los textos que tenemos es un auténtico milagro, pues más del 90% de los textos de la Edad Antigua se perdieron en la Edad Media). Mi opinión está entre las hipótesis 2 y 3: o bien el final del libro se perdió o bien había un tercer volumen de la obra de Lucas.

A favor de la hipótesis 1 hay un hecho claro: es el final que tenemos y no sabemos si tenía otro final o no. Algunos incluso llegan a aventurar una hipótesis que me parece irreal: como Lucas pretendía un entendimiento entre cristianos y Roma no contó la persecución y el martirio por no molestar a los lectores romanos.

A favor de la hipótesis 2 tenemos otro hecho: raro es el libro de la Edad Antigua que no nos ha llegado mutilado o "enmendado". Precisamente sobre la manipulación, la excepción son precisamente los textos del Nuevo Testamento incluidos en el canon eclesiástico a principios del siglo II, y que no fueron fruto de "enmiendas" como las sufridas por los evangelios no canónicos y otros escritos que sufrieron adicciones y mutilaciones de sus textos de tales proporciones que hoy resulta imposible dilucidar cuál es el texto original y qué se ha añadido... y no digamos sobre lo que se quitó.

A favor de la hipótesis 3 hay dos factores: que el final de Hechos parece más una introducción al apostolado en Roma que un final en sí y que parece poco normal que Lucas, que escribió después del año 70, deje al menos diez años cruciales para la Iglesia sin contar.

Yo pienso que el que hubiera un tercer libro no supone que existiera físicamente. Tal vez Lucas pretendió escribirlo y no pudo porque murió o porque no tuvo oportunidad de hacerlo.

Así de sencillo.

Y ahora recomiendo el siguiente capítulo donde en un magnífico trabajo de análisis, Manuel González Pérez nos va a desgranar, versículo a versículo, esta maravillosa obra histórica y teológica que son Hechos de los Apóstoles.

Texto extraido de la pagina de Luis Lago en:

http://www.historialago.com

Pedro, originalmente llamado por el nombre griego Simón, es el discípulo a quién Jesús dejó encargado de dirigir al resto de sus apóstoles y de su Iglesia. Conocemos de él a través de los relatos que encontramos en los cuatro Evangelios, en el libro de los Hechos de los Apóstoles y a través de las cartas de San Pablo.
Pedro era galileo, nativo de Betsaida, ciudad situada en la costa del mar de Galilea, cerca del río Jordán. Pedro y su hermano Andrés fueron de los primeros discípulos llamados por Jesús. Ambos hermanos eran pescadores en el mar de Galilea. De acuerdo con el evangelio según san Juan, fue Andrés el que presentó Jesús a Pedro.

Pedro es testigo de los grandes momentos en la vida pública de Jesús, tales como su Transfiguración, la pesca milagrosa, la oración en el huerto, etc. Se le recuerda muy especialmente por su triple negación de Jesús durante el juicio a que fue sometido horas antes de ser cruficicado.

Después de la muerte de Jesús, Pedro es el primero que entra en el sepulcro vacío y comprueba que el cuerpo de Jesús no está allí.

A Pedro y los otros apóstoles, según los evangelios, Jesús se les presenta en varias ocasiones después de su Resurrección. Pedro es parte del grupo que son testigos de la Ascensión de Jesús a los cielos. Reunido con los otros diez apóstoles que permanecieron fieles al Señor, escogen a Matías como sucesor de Judas Iscariote. El día de Pentecostés recibe, junto con todos los discípulos reunidos en el Cenáculo, la venida del Espíritu Santo.

Los primeros capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles nos relatan las primeras actividades de Pedro, especialmente los relatos sobre la conversión de Cornelio y el concilio de Jerusalén, así como algunos de sus milagros, tal como su encarcelamiento por orden de Herodes y su liberación milagrosa.

Todos los relatos de la iglesia primitiva afirman como eventualmente Pedro se encamina a Roma y según la disposición de Jesús es visto por todos como el jefe de la Iglesia. Según la tradición, Pedro es crucificado en Roma probablemente el año 67 durante la persecución contra los cristianos ordenada por el emperador Nerón (37-68). A diferencia de Jesús, Pedro es crucificado con la cabeza hacia abajo. Fue enterrado en una necrópolis existente en la colina Vaticana donde siglos más tarde el emperador Constantino I el Grande levantaría una basílica en su honor.

Excavaciones realizadas a partir de los años 1940, por ordenes del papa Pío XII, permitieron descubrir el lugar exacto de lugar donde estaban depositados los restos del primer papa, justamente bajo el altar de la Confesión de la actual Basílica de San Pedro en el Vaticano. También escribió las dos epístolas bíblicas que llevan su nombre.

Basílica de San Pedro

La Basílica de San Pedro, principal edificio del Vaticano, estado soberano dentro de Roma, se encuentra en la orilla derecha del río Tíber.

Es el más importante edificio religioso del catolicismo, tanto en términos de volumen (193 m de longitud y 44,5 m de altura) como de renombre.

No es una catedral, pero sí la iglesia del Papa. La catedral de Roma es la basílica de San Juan de Letrán.

Historia

Proyecto de Bramante.

La basílica es la obra de varios siglos. Comenzó por ser un monumento conmemorativo, en el lugar donde San Pedro fue martirizado, no lejos del circo de Nerón. A partir de 324 el emperador Constantino hizo construir una basílica. En el siglo XV la basílica paleocristiana amenazaba con derrumbarse por lo que los Papas deciden demolerla.

La construcción del edifico actual se inicia el 18 de abril de 1506, durante el papado de Julio II, siendo terminada en 1626, durante el papado de Pablo V. Numerosos arquitectos y artistas participaron de esta obra: Bramante, Rafael, Sangallo, Miguel Ángel y Maderno. Gian Lorenzo Bernini proyectó la plaza y su columnata.

Proyecto de Rafael.

El proyecto inicial fue encargado a Bramante, que diseñó un edificio con planta de cruz griega inscrita en un cuadrado y cubierta por cinco cúpulas; la central en el crucero y las restantes en los ángulos. Pero a su muerte solo se había edificado poco más que los cuatro grandes pilares que debían sostener a la gran cúpula central. El encargado de proseguir la construcción fue Rafael, quien modificó la idea inicial de Bramante proyectando una planta de cruz latina en lugar de griega, pero su intervención real fue aún más reducida que la de su predecesor. Le sucedió Sangallo, con una también escueta intervención.

Posteriormente la responsabilidad del diseño recayó sobre Miguel Ángel, que retomó la idea de Bramante de planta en cruz griega. La cúpula se encuentra justo sobre el altar mayor y la tumba del Apóstol Pedro.

Concebida por Miguel Ángel, fue terminada 24 años después de su muerte según el diseño definitivo de Fontana y Della Porta. Los mosaicos son de Giuseppe Cesari. Tiene un diámetro de 42,5 metros y una altura de 119 metros.

La inscripción que se ve como un cinto en la base de la cúpula dice: "Tu eres Pedro, y sobre esta Roca edificaré mi Iglesia, y te daré las llaves del cielo". Las letras miden 2 metros de altura.

La configuración actual de la basílica en cruz latina fue obra de Carlo Maderno, que durante el pontificado de Pablo V añadió tres crujias nuevas y proyectó la fachada.

El último arquitecto en intervenir en su construcción fue Gian Lorenzo Bernini, que acometió la tarea de añadir dos torres laterales a la fachada.

Iniciados los trabajos de construcción, la inestabilidad del subsuelo obligó a dejarlas inacabadas, quedando como meras extensiones de la fachada. También proyectó la plaza ovalada y las columnatas perimetrales, así como el espectacular baldaquino.

Datos de interés

En la nave central se reunió el concilio Vaticano II de 1962 a 1965.

La basílica abriga un gran númer la parte derecha de la nave central de la Basílica fue probablemente hecha por Arnolfo diCambio con motivo del año santo de 1300. (aunque los guías suelen decir erróneamente que es del siglo IV o V).

Los peregrinos besan sus pies como señal de adhesión y fidelidad al papa. Además llama la atención su expresión de autoridad.

Apóstol Pablo de Tarso (originalmente Saulo)

Es considerado por muchos cristianos como el discípulo más importante de Jesús, a pesar de que nunca llegó a conocerlo, y, después de Jesús, la persona más importante de cristianismo.

Pablo es reconocido por muchos cristianos como un santo. Hizo mucho para introducir el cristianismo entre los gentiles y es considerado como uno de las fuentes significativas de la doctrina de la iglesia primitiva.

Nació entre el año 5 y el año 10 en Tarso, en la región de Cilicia, en la costa sur del Asia Menor. La ciudad de Tarso tenía concedida la ciudadanía romana.

Hijo de hebreos y descendiente de la tribu de Benjamín, en su adolescencia es enviado a Jerusalén, donde estudia con el famoso rabino Gamaliel. Aquí se une al grupo de los fariseos.

Tras la muerte de Jesús, hacia el año 30, comienzan a formarse grupos de seguidores de Jesús. Pablo de Tarso fue un activo perseguidor de estas comunidades. En el año 36 se convirtió al cristianismo, gracias a la aparición del Señor.

Comenzó su actividad de evangelización cristiana en Damasco y Arabia. Es perseguido por los judíos y huye a Jerusalén, donde se reúne con Pedro en el año 40. Conoce entonces a Bernabé. Huye de Jerusalén, escapando de los judíos helenistas. Se refugia en Tarso.

Bernabé acude a Tarso y se lleva a Pablo a Antioquía, donde pasaron un año evangelizando. Antioquía se convierte en el centro de los cristianos convertidos desde el paganismo. Aquí surge por primera vez la denominación de cristianos para los discípulos de Jesús.

A partir del año 46 comienzan los tres grandes viajes misioneros de Pablo:

En el primer viaje misionero, junto con Bernabé y su primo Juan Marcos, parte de Seleucia, puerto de Antioquía hacia la isla de Chipre. En Pafos, se convierte al cristianismo el procónsul romano Sergio Pablo. Es aquí donde Saulo comienza a ser llamado Pablo. Navegan hacia Perge, en la región de Panfilia. Juan Marcos regresa a Jerusalén. Pablo y Bernabé continúan por el sur de Galacia. Encuentran mala acogida por parte de los judíos, y deciden dirigirse a los paganos.

Crean varias comunidades cristianas. Los cristianos procedentes del judaísmo plantean la idea de que estos nuevos cristianos deberían aceptar también las leyes judías, como la circuncisión. Pablo decide plantear la cuestión en Jerusalén a su regreso en el año 49, ante los apóstoles. Esto dio lugar al primer concilio ecuménico, el Concilio de Jerusalén, del año 50. Triunfó la postura de Pablo, sobre la justificación por la Fe y la caducidad de la Ley.

En el segundo viaje misionero, Pablo se hace acompañar por Silas. Parten de Antioquia, por tierra, hacia Siria y Cilicia, llegando al sur de Galacia. En Listra, se les une Timoteo. Atraviesan las regiones de Frigia y Misia. Al parecer, se les une Lucas el Evangelista en Tróade. Decide ir a Europa, y en Macedonia funda la primera comunidad cristiana europea: la comunidad de Filipos. También en Tesalónica, Berea, Atenas y Corinto.

Se queda durante año y medio en Corinto, acogido por Aquila y Priscila, matrimonio judeo-cristiano que había sido expulsado de Roma debido al edicto del emperador Claudio. En invierno del año 51 escribe la primera carta a los tesalonicenses, el documento más antiguo del Nuevo Testamento. Al año siguiente vuelve a Antioquía.

En primavera del año 54 inicia su tercer viaje misionero, estableciendo su centro de operaciones en Éfeso, capital de Asia Menor. Permanece allí unos tres años. Le llegan noticias de los conflictos surgidos en la comunidad de Corinto. Escribe la primera carta a los corintios en el año 54 y la segunda carta a los corintios a finales del 57. Atendiendo a los conflictos con los judeo-cristianos, escribe las cartas a los filipenses (año 57) y a los gálatas. Va a Corinto a finales del 57, donde pasa el invierno. Escribe la carta a los romanos, en la primavera del 58.

Vuelve entonces a Jerusalén para entregar la colecta de las comunidades cristianas procedentes del paganismo, destinada a los pobres de las comunidades de Jerusalén.

Judíos procedentes de Antioquia le acusan de violar la Ley e intentan matarle en una reyerta. El tribuno romano impide que le maten y lo encarcela.

Es enviado a la provincia de Judea, donde el procurador Antonino Felix le retiene durante dos años (del 58 al 60) a la espera de conseguir un rescate por su libertad. Porcio Festo sucede a Antonino Felix como procurador de Judea. Pablo apela a su derecho, como ciudadano romano, a ser juzgado en Roma. Tras un accidentado viaje, llega a Roma en primavera del año 61. Es liberado en el 63. Su carta a Filemón se supone escrita en este periodo de cautividad, entre el 58 y el 63.

Había expresado sus deseos de llegar hasta España, lo cual posiblemente se cumplió en el año 63. Al parecer, después visitó las comunidades de Oriente. Volvió a ser apresado en Roma, donde murió durante las persecuciones de Nerón hacia el año 67. Fue enterrado en la vía Ostiense de Roma.

Ad Caeli Reginam. Constitución Apostólica de Su Santidad Pío XII sobre la realeza de María, 11 de octubre de 1954.
A la Reina del Cielo, ya desde los primeros siglos de la Iglesia católica, elevó el pueblo cristiano suplicantes oraciones e himnos de loa y piedad, así en sus tiempos de felicidad y alegría como en los de angustia y peligros; y nunca falló la esperanza en la Madre del Rey divino, Jesucristo, ni languideció aquella fe que nos enseña cómo la Virgen María, Madre de Dios, reina en todo el mundo con maternal corazón, al igual que está coronada con la gloria de la realeza en la bienaventuranza celestial.
Y ahora, después de las grandes ruinas que aun ante Nuestra vista han destruido florecientes ciudades, villas y aldeas; ante el doloroso espectáculo de tales y tantos males morales que amenazadores avanzan en cenagosas oleadas, a la par que vemos resquebrajarse las bases mismas de la justicia y triunfar la corrupción, en este incierto y pavoroso estado de cosas Nos vemos profundamente angustiados, pero recurrimos confiados a nuestra Reina María, poniendo a sus pies, junto con el Nuestro, los sentimientos de devoción de todos los fieles que se glorían del nombre de cristianos.

INTRODUCCIÓN

2. Place y es útil recordar que Nos mismo, en el primer día de noviembre del Año Santo, 1950, ante una gran multitud de Eminentísimos Cardenales, de venerables Obispos, de Sacerdotes y de cristianos, llegados de las partes todas del mundo -decretamos el dogma de la Asunción de la Beatísima Virgen María al Cielo (1), donde, presente en alma y en cuerpo, reina entre los coros de los Angeles y de los Santos, a una con su unigénito Hijo.

Además, al cumplirse el centenario de la definición dogmática -hecha por Nuestro Predecesor, Pío IX, de i. m.- de la Concepción de la Madre de Dios sin mancha alguna de pecado original, promulgamos (2) el Año Mariano, durante el cual vemos con suma alegría que no sólo en esta alma Ciudad -singularmente en la Basílica Liberiana, donde innumerables muchedumbres acuden a manifestar públicamente su fe y su

ardiente amor a la Madre celestial- sino también en toda las partes del mundo vuelve a florecer cada vez más la devoción hacia la Virgen Madre de Dios, mientras los principales Santuarios de María han acogido y acogen todavía imponentes peregrinaciones de fieles devotos.

Y todos saben cómo Nos, siempre que se Nos ha ofrecido la posibilidad, esto es, cuando hemos podido dirigir la palabra a Nuestros hijos, que han llegado a visitarnos, y cuando por medio de las ondas radiofónicas hemos dirigido mensajes aun a pueblos alejados, jamás hemos cesado de exhortar a todos aquellos, a quienes hemos podido dirigirnos, a amar a nuestra benignísima y poderosísima Madre con un amor tierno y vivo, cual cumple a los hijos.

Recordamos a este propósito particularmente el Radiomensaje que hemos dirigido al pueblo de Portugal, al ser coronada la milagrosa Virgen de Fátima (3), Radiomensaje que Nos mismo hemos llamado de la "Realeza" de María (4).

3. Por todo ello, y como para coronar estos testimonios todos de Nuestra piedad mariana, a los que con tanto entusiasmo ha respondido el pueblo cristiano, para concluir útil y felizmente el Año Mariano que ya está terminando, así como para acceder a las insistentes peticiones que de todas partes Nos han llegado, hemos determinado instituir la fiesta litúrgica de la "Bienaventurada María Virgen Reina".

Cierto que no se trata de una nueva verdad propuesta al pueblo cristiano, porque el fundamento y las razones de la dignidad real de María, abundantemente expresadas en todo tiempo, se encuentran en los antiguos documentos de la Iglesia y en los libros de la sagrada liturgia.

Mas queremos recordarlos ahora en la presente Encíclica para renovar las alabanzas de nuestra celestial Madre y para hacer más viva la devoción en las almas, con ventajas espirituales.

I. Tradición

4. Con razón ha creído siempre el pueblo cristiano, aun en los siglos pasados, que Aquélla, de la que nació el Hijo del Altísimo, que reinará eternamente en la casa de Jacob (5) y [será] Príncipe de la Paz (6), Rey de los reyes y Señor de los señores (7), por encima de todas las demás criaturas recibió de Dios singularísimos privilegios de gracia. Y considerando luego las íntimas relaciones que unen a la madre con el hijo, reconoció fácilmente en la Madre de Dios una regia preeminencia sobre todos los seres.

Por ello se comprende fácilmente cómo ya los antiguos escritores de la Iglesia, fundados en las palabras del arcángel San Gabriel que predijo el reinado eterno del Hijo de María (8), y en las de Isabel que se inclinó reverente ante ella, llamándola Madre de mi Señor (9), al denominar a María Madre del Rey y Madre del Señor, querían claramente significar que de la realeza del Hijo se había de derivar a su Madre una singular elevación y preeminencia.

5. Por esta razón San Efrén, con férvida inspiración poética, hace hablar así a María: Manténgame el cielo con su abrazo, porque se me debe más honor que a él; pues el cielo fue tan sólo tu trono, pero no tu madre. ¡Cuánto más no habrá de honrarse y venerarse a la Madre del Rey que a su trono! (10).

Y en otro lugar ora él así a María: ... virgen augusta y dueña, Reina, Señora, protégeme bajo tus alas, guárdame, para que no se gloríe contra mí Satanás, que siembra ruinas, ni triunfe contra mí el malvado enemigo (11). -San Gregorio Nacianceno llama a María Madre del Rey de todo el universo, Madre Virgen, [que] ha parido al Rey de todo el mundo (12). Prudencio, a su vez, afirma que la Madre se maravilló de haber engendrado a Dios como hombre sí, pero también como Sumo Rey (13).

-Esta dignidad real de María se halla, además, claramente afirmada por quienes la llaman Señora, Dominadora, Reina. -Ya en una homilía atribuida a Orígenes, Isabel saluda a María Madre de mi Señor, y aun la dice también: Tú eres mi señora (14). -Lo mismo se deduce de San Jerónimo, cuando expone su pensamiento sobre las varias "interpretaciones" del nombre de "María": Sépase que María en la lengua siriaca significa Señora (15).

E igualmente se expresa, después de él, San Pedro Crisólogo: El nombre hebreo María se traduce Domina en latín; por lo tanto, el ángel la saluda Señora para que se vea libre del temor servil la Madre del Dominador, pues éste, como hijo, quiso que ella naciera y fuera llamada Señora (16). -San Epifanio, obispo de Constantinopla, escribe al Sumo Pontífice Hormisdas, que se ha de implorar la unidad de la Iglesia por la gracia de la santa y consubstancial Trinidad y por la intercesión de nuestra santa Señora, gloriosa Virgen y Madre de Dios, María (17).

-Un autor del mismo tiempo saluda solemnemente con estas palabras a la Bienaventurada Virgen sentada a la diestra de Dios, para que pida por nosotros: Señora de los mortales, santísima Madre de Dios (18). -San Andrés de Creta atribuye frecuentemente la dignidad de reina a la Virgen, y así escribe: [Jesucristo] lleva en este día como Reina del género humano, desde la morada terrenal [a los cielos] a su Madre siempre Virgen, en cuyo seno, aun permaneciendo Dios, tomó la carne humana (19). Y en otra parte: Reina de todos los hombres, porque, fiel de hecho al significado de su nombre, se encuentra por encima de todos, si sólo a Dios se exceptúa (20).

-También San Germán se dirige así a la humilde Virgen: Siéntate, Señora: eres Reina y más eminente que los reyes todos, y así te corresponde sentarte en el puesto más alto (21); y la llama Señora de todos los que en la tierra habitan (22). -San Juan Damasceno la proclama Reina, Dueña, Señora (23) y también Señora de todas las criaturas (24); y un antiguo escritor de la Iglesia occidental la llama Reina feliz, Reina eterna, junto al Hijo Rey, cuya nivea cabeza está adornada con áurea corona (25).

-Finalmente, San Ildefonso de Toledo resume casi todos los títulos de honor en este saludo: ¡Oh Señora mía!, ¡oh Dominadora mía!: tú mandas en mí, Madre de mi Señor..., Señora entre las esclavas, Reina entre las hermanas (26).

6. Los Teólogos de la Iglesia, extrayendo su doctrina de estos y otros muchos testimonios de la antigua tradición, han llamado a la Beatísima Madre Virgen Reina de todas las cosas creadas, Reina del mundo, Señora del universo.

7. Los Sumos Pastores de la Iglesia creyeron deber suyo el aprobar y excitar con exhortaciones y alabanzas la devoción del pueblo cristiano hacia la celestial Madre y Reina.

Dejando aparte documentos de los Papas recientes, recordaremos que ya en el siglo séptimo Nuestro Predecesor San Martín llamó a María nuestra Señora gloriosa, siempre Virgen (27); San Agatón, en la carta sinodal, enviada a los Padres del Sexto Concilio Ecuménico, la llamó Señora nuestra, verdadera y propiamente Madre de Dios (28); y en el siglo octavo, Gregorio II en una carta enviada al patriarca San Germán, leída entre aclamaciones de los Padres del Séptimo Concilio Ecuménico, proclamaba a María Señora de todos y verdadera Madre de Dios y Señora de todos los cristianos (29).

Recordaremos igualmente que Nuestro Predecesor, de i. m., Sixto IV, en la bula Cum praexcelsa (30), al referirse favorablemente a la doctrina de la inmaculada concepción de la Bienaventurada Virgen, comienza con estas palabras: Reina, que siempre vigilante intercede junto al Rey que ha engendrado. E igualmente Benedicto XIV, en la bula Gloriosae Dominae (31) llama a María Reina del Cielo y de la tierra, afirmando que el Sumo Rey le ha confiado a ella, en cierto modo, su propio imperio.

Por ello San Alfonso de Ligorio, resumiendo toda la tradición de los siglos anteriores, escribió con suma devoción: Porque la Virgen María fue exaltada a ser la Madre del Rey de los reyes, con justa razón la Iglesia la honra con el título de Reina (32).

II. Liturgia

8. La sagrada Liturgia, fiel espejo de la enseñanza comunicada por los Padres y creída por el pueblo cristiano, ha cantado en el correr de los siglos y canta de continuo, así en Oriente como en Occidente, las glorias de la celestial Reina.

9. Férvidos resuenan los acentos en el Oriente: Oh Madre de Dios, hoy eres trasladada al cielo sobre los carros de los querubines, y los serafines se honran con estar a tus órdenes, mientras los ejércitos de la celestial milicia se postran ante Ti (33). -Y también: Oh justo, beatísimo [José], por tu real origen has sido escogido entre todos como Esposo de la Reina Inmaculada, que de modo inefable dará a luz al Rey Jesús (34). Y además: Himno cantaré a la Madre Reina, a la cual me vuelvo gozoso, para celebrar con alegría sus glorias...

Oh Señora, nuestra lengua no te puede celebrar dignamente, porque Tú, que has dado a la luz a Cristo Rey, has sido exaltada por encima de los serafines. ... Salve, Reina del mundo, salve, María, Señora de todos nosotros (35). -En el Misal Etiópico se lee: Oh María, centro del mundo entero..., Tú eres más grande que los querubines plurividentes y que los serafines multialados. ... El cielo y la tierra están llenos de la santidad de tu gloria (36).

10. Canta la Iglesia Latina la antigua y dulcísima plegaria "Salve Regina", las alegres antífonas "Ave Regina caelorum", "Regina caeli laetare alleluia" y otras recitadas en las varias fiestas de la Bienaventurada Virgen María: Estuvo a tu diestra como Reina, vestida de brocado de oro (37); La tierra y el cielo te cantan cual Reina poderosa (38); Hoy la Virgen María asciende al cielo; alegraos, porque con Cristo reina para siempre (39).

A tales cantos han de añadirse las Letanías Lauretanas que invitan al pueblo católico diariamente a invocar como Reina a María; y hace ya varios siglos que, en el quinto misterio glorioso del Santo Rosario, los fieles con piadosa meditación contemplan el reino de María que abarca cielo y tierra.

11. Finalmente, el arte, al inspirarse en los principios de la fe cristiana, y como fiel intérprete de la espontánea y auténtica devoción del pueblo, ya desde el Concilio de Efeso, ha acostumbrado a representar a María como Reina y Emperatriz que, sentada en regio trono y adornada con enseñas reales, ceñida la cabeza con corona, y rodeada por los ejércitos de ángeles y de santos, manda no sólo en las fuerzas de la naturaleza, sino también sobre los malvados asaltos de Satanás. La iconografía, también en lo que se refiere a la regia dignidad de María, se ha enriquecido en todo tiempo con obras de valor artístico, llegando hasta representar al Divino Redentor en el acto de ceñir la cabeza de su Madre con fúlgica corona.

12. Los Romanos Pontífices, favoreciendo a esta devoción del pueblo cristiano, coronaron frecuentemente con la diadena, ya por sus propias manos, ya por medio de Legados pontificios, las imágenes de la Virgen Madre de Dios, insignes tradicionalmente en la pública devoción.

III. Razones teológicas

13. Como ya hemos señalado más arriba, Venerables Hermanos, el argumento principal, en que se funda la dignidad real de María, evidente ya en los textos de la tradición antigua y en la sagrada Liturgia, es indudablemente su divina maternidad. De hecho, en las Sagradas Escrituras se afirma del Hijo que la Virgen dará a luz: Será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin (40);

y, además, María es proclamada Madre del Señor (41). Síguese de ello lógicamente que Ella misma es Reina, pues ha dado vida a un Hijo que, ya en el instante mismo de su concepción, aun como hombre, era Rey y Señor de todas las cosas, por la unión hipostática de la naturaleza humana con el Verbo.

San Juan Damasceno escribe, por lo tanto, con todo derecho: Verdaderamente se convirtió en Señora de toda la creación, desde que llegó a ser Madre del Creador (42); e igualmente puede afirmarse que fue el mismo arcángel Gabriel el primero que anunció con palabras celestiales la dignidad regia de María.

14. Mas la Beatísima Virgen ha de ser proclamada Reina no tan sólo por su divina maternidad, sino también en razón de la parte singular que por voluntad de Dios tuvo en la obra de nuestra eterna salvación.

¿Qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave -como escribía Nuestro Predecesor, de f. m., Pío XI- que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista adquirido a costa de la Redención? Ojalá que todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador; "Fuisteis rescatados, no con oro o plata, ... sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un Cordero inmaculado" (43). No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo "por precio grande" (44) nos ha comprado (45).

Ahora bien, en el cumplimiento de la obra de la Redención, María Santísima estuvo, en verdad, estrechamente asociada a Cristo; y por ello justamente canta la Sagrada Liturgia: Dolorida junto a la cruz de nuestro Señor Jesucristo estaba Santa María, Reina del cielo y de la tierra (46).

Y la razón es que, como ya en la Edad Media escribió un piadosísimo discípulo de San Anselmo: Así como... Dios, al crear todas las cosas con su poder, es Padre y Señor de todo, así María, al reparar con sus méritos las cosas todas, es Madre y Señor de todo: Dios es el Señor de todas las cosas, porque las ha constituido en su propia naturaleza con su mandato, y María es la Señora de todas las cosas, al devolverlas a su original dignidad mediante la gracia que Ella mereció (47).

La razón es que, así como Cristo por el título particular de la Redención es nuestro Señor y nuestro Rey, así también la Bienaventurada Virgen [es nuestra Señora y Reina] por su singular concurso prestado a nuestra redención, ya suministrando su sustancia, ya ofreciéndolo voluntariamente por nosotros, ya deseando, pidiendo y procurando para cada uno nuestra salvación (48).

15. Dadas estas premisas, puede argumentarse así: Si María, en la obra de la salvación espiritual, por voluntad de Dios fue asociada a Cristo Jesús, principio de la misma salvación, y ello en manera semejante a la en que Eva fue asociada a Adán, principio de la misma muerte, por lo cual puede afirmarse que nuestra redención se cumplió según una cierta "recapitulación" (49), por la que el género humano, sometido a la muerte por causa de una virgen, se salva también por medio de una virgen; si, además, puede decirse que esta gloriosísima Señora fue escogida para Madre de Cristo precisamente para estar asociada a El en la redención del género humano (50)

"y si realmente fue Ella, la que, libre de toda mancha personal y original, unida siempre estrechísimamente con su Hijo, lo ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el Gólgota, juntamente con el holocausto de sus derechos maternos y de su maternal amor, por todos los hijos de Adán manchados con su deplorable pecado" (51); se podrá de todo ello legítimamente concluir que, así como Cristo, el nuevo Adán, es nuestro Rey no sólo por ser Hijo de Dios, sino también por ser nuestro Redentor, así, según una cierta analogía, puede igualmente afirmarse que la Beatísima Virgen es Reina, no sólo por ser Madre de Dios, sino también por haber sido asociada cual nueva Eva al nuevo Adán.

Y, aunque es cierto que en sentido estricto, propio y absoluto, tan sólo Jesucristo -Dios y hombre- es Rey, también María, ya como Madre de Cristo Dios, ya como asociada a la obra del Divino Redentor, así en la lucha con los enemigos como en el triunfo logrado sobre todos ellos, participa de la dignidad real de Aquél, siquiera en manera limitada y analógica.

De hecho, de esta unión con Cristo Rey se deriva para Ella sublimidad tan espléndida que supera a la excelencia de todas las cosas creadas: de esta misma unión con Cristo nace aquel regio poder con que ella puede dispensar los tesoros del Reino del Divino Redentor; finalmente, en la misma unión con Cristo tiene su origen la inagotable eficacia de su maternal intercesión junto al Hijo y junto al Padre.

No hay, por lo tanto, duda alguna de que María Santísima supera en dignidad a todas las criaturas, y que, después de su Hijo, tiene la primacía sobre todas ellas. Tú finalmente -canta San Sofronio- has superado en mucho a toda criatura... ¿Qué puede existir más sublime que tal alegría, oh Virgen Madre? ¿Qué puede existir más elevado que tal gracia, que Tú sola has recibido por voluntad divina? (52). Alabanza, en la que aun va más allá San Germán: Tu honrosa dignidad te coloca por encima de toda la creación: Tu excelencia te hace superior aun a los mismos ángeles (53). Y San Juan Damasceno llega a escribir esta expresión: Infinita es la diferencia entre los siervos de Dios y su Madre (54).

16. Para ayudarnos a comprender la sublime dignidad que la Madre de Dios ha alcanzado por encima de las criaturas todas, hemos de pensar bien que la Santísima Virgen, ya desde el primer instante de su concepción, fue colmada por abundancia tal de gracias que superó a la gracia de todos los Santos.

Por ello -como escribió Nuestro Predecesor Pío IX, de f. m., en su Bula- Dios inefable ha enriquecido a María con tan gran munificencia con la abundancia de sus dones celestiales, sacados del tesoro de la divinidad, muy por encima de los Angeles y de todos los Santos, que Ella, completamente inmune de toda mancha de pecado, en toda su belleza y perfección, tuvo tal plenitud de inocencia y de santidad que no se puede pensar otra más grande fuera de Dios y que nadie, sino sólo Dios, jamás llegará a comprender (55).

17. Además, la Bienaventurada Virgen no tan sólo ha tenido, después de Cristo, el supremo grado de la excelencia y de la perfección, sino también una participación de aquel influjo por el que su Hijo y Redentor nuestro se dice justamente que reina en la mente y en la voluntad de los hombres. Si, de hecho, el Verbo opera milagros e infunde la gracia por medio de la humanidad que ha asumido, si se sirve de los sacramentos, y de sus Santos, como de instrumentos para salvar las almas, ¿cómo no servirse del oficio y de la obra de su santísima Madre para distribuirnos los frutos de la Redención?

Con ánimo verdaderamente maternal -así dice el mismo Predecesor Nuestro, Pío IX, de i. m.- al tener en sus manos el negocio de nuestra salvación, Ella se preocupa de todo el género humano, pues está constituida por el Señor Reina del cielo y de la tierra y está exaltada sobre los coros todos de los Angeles y sobre los grados todos de los Santos en el cielo, estando a la diestra de su unigénito Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, con sus maternales súplicas impetra eficacísimamente, obtiene cuanto pide, y no puede no ser escuchada (56).

A este propósito, otro Predecesor Nuestro, de f. m., León XIII, declaró que a la Bienaventurada Virgen María le ha sido concedido un poder casi inmenso en la distribución de las gracias (57); y San Pío X añade que María cumple este oficio suyo como por derecho materno (58).

18. Gloríense, por lo tanto, todos los cristianos de estar sometidos al imperio de la Virgen Madre de Dios, la cual, a la par que goza de regio poder, arde en amor maternal.

Mas, en estas y en otras cuestiones tocantes a la Bienaventurada Virgen, tanto los Teólogos como los predicadores de la divina palabra tengan buen cuidado de evitar ciertas desviaciones, para no caer en un doble error; esto es, guárdense de las opiniones faltas de fundamento y que con expresiones exageradas sobrepasan los límites de la verdad; mas, de otra parte, eviten también cierta excesiva estrechez de mente al considerar esta singular, sublime y -más aún- casi divina dignidad de la Madre de Dios, que el Doctor Angélico nos enseñaa que se ha de ponderar en razón del bien infinito, que es Dios (59).

Por lo demás, en este como en otros puntos de la doctrina católica, la "norma próxima y universal de la verdad" es para todos el Magisterio, vivo, que Cristo ha constituido "también para declarar lo que en el depósito de la fe no se contiene sino oscura y como implícitamente" (60).

19. De los monumentos de la antigüedad cristiana, de las plegarias de la liturgia, de la innata devoción del pueblo cristiano, de las obras de arte, de todas partes hemos recogido expresiones y acentos, según los cuales la Virgen Madre de Dios sobresale por su dignidad real; y también hemos mostrado cómo las razones, que la Sagrada Teología ha deducido del tesoro de la fe divina, confirman plenamente esta verdad. De tantos testimonios reunidos se entreforma un concierto, cuyos ecos resuenan en la máxima amplitud, para celebrar la alta excelencia de la dignidad real de la Madre de Dios y de los hombres, que ha sido exaltada a los reinos celestiales, por encima de los coros angélicos (61).

IV. Institución de la fiesta

20. Y ante Nuestra convicción, luego de maduras y ponderadas reflexiones, de que seguirán grandes ventajas para la Iglesia si esta verdad sólidamente demostrada resplandece más evidente ante todos, como lucerna más brillante en lo alto de su candelabro, con Nuestra Autoridad Apostólica decretamos e instituimos la fiesta de María Reina, que deberá celebrarse cada año en todo el mundo el día 31 de mayo. Y mandamos que en dicho día se renueve la consagración del género humano al Inmaculado Corazón de la bienaventurada Virgen María.

En ello, de hecho, está colocada la gran esperanza de que pueda surgir una nueva era tranquilizada por la paz cristiana y por el triunfo de la religión.

Procuren, pues, todos acercarse ahora con mayor confianza que antes, todos cuantos recurren al trono de la gracia y de la misericordia de nuestra Reina y Madre, para pedir socorro en la adversidad, luz en las tinieblas, consuelo en el dolor y en el llanto, y, lo que más interesa, procuren liberarse de la esclavitud del pecado, a fin de poder presentar un homenaje insustituible, saturado de encendida devoción filial, al cetro real de tan grande Madre.

Sean frecuentados sus templos por las multitudes de los fieles, para en ellos celebrar sus fiestas; en las manos de todos esté la corona del Rosario para reunir juntos, en iglesias, en casas, en hospitales, en cárceles, tanto los grupos pequeños como las grandes asociaciones de fieles, a fin de celebrar sus glorias. En sumo honor sea el nombre de María más dulce que el néctar, más precioso que toda joya; nadie ose pronunciar impías blasfemias, señal de corrompido ánimo, contra este nombre, adornado con tanta majestad y venerable por la gracia maternal; ni siquiera se ose faltar en modo alguno de respeto al mismo.

Se empeñen todos en imitar, con vigilante y diligente cuidado, en sus propias costumbres y en su propia alma, las grandes virtudes de la Reina del Cielo y nuestra Madre amantísima. Consecuencia de ello será que los cristianos, al venerar e imitar a tan gran Reina y Madre, se sientan finalmente hermanos, y, huyendo de los odios y de los desenfrenados deseos de riquezas, promuevan el amor social, respeten los derechos de los pobres y amen la paz.

Que nadie, por lo tanto, se juzgue hijo de María, digno de ser acogido bajo su poderosísima tutela si no se mostrare, siguiendo el ejemplo de ella, dulce, casto y justo, contribuyendo con amor a la verdadera fraternidad, no dañando ni perjudicando, sino ayudando y consolando.

21. En muchos países de la tierra hay personas injustamente perseguidas a causa de su profesión cristiana y privadas de los derechos humanos y divinos de la libertad: para alejar estos males de nada sirven hasta ahora las justificadas peticiones ni las repetidas protestas.

A estos hijos inocentes y afligidos vuelva sus ojos de misericordia, que con su luz llevan la serenidad, alejando tormentas y tempestades, la poderosa Señora de las cosas y de los tiempos, que sabe aplacar las violencias con su planta virginal; y que también les conceda el que pronto puedan gozar la debida libertad para la práctica de sus deberes religiosos, de tal suerte que, sirviendo a la causa del Evangelio con trabajo concorde, con egregias virtudes, que brillan ejemplares en medio de las asperezas, contribuyan también a la solidez y a la prosperidad de la patria terrenal.

22. Pensamos también que la fiesta instituida por esta Carta encíclica, para que todos más claramente reconozcan y con mayor cuidado honren el clemente y maternal imperio de la Madre de Dios, pueda muy bien contribuir a que se conserve, se consolide y se haga perenne la paz de los pueblos, amenazada casi cada día por acontecimientos llenos de ansiedad. ¿Acaso no es Ella el arco iris puesto por Dios sobre las nubes, cual signo de pacífica alianza? (62).

Mira al arco, y bendice a quien lo ha hecho; es muy bello en su resplandor; abraza el cielo con su cerco radiante y las Manos del Excelso lo han extendido (63). Por lo tanto, todo el que honra a la Señora de los celestiales y de los mortales -y que nadie se crea libre de este tributo de reconocimiento y de amor- la invoque como Reina muy presente, mediadora de la paz; respete y defienda la paz, que no es la injusticia inmune ni la licencia desenfrenada, sino que, por lo contrario, es la concordia bien ordenada bajo el signo y el mandato de la voluntad de Dios: a fomentar y aumentar concordia tal impulsan las maternales exhortaciones y los mandatos de María Virgen.

Deseando muy de veras que la Reina y Madre del pueblo cristiano acoja estos Nuestros deseos y que con su paz alegre a los pueblos sacudidos por el odio, y que a todos nosotros nos muestre, después de este destierro, a Jesús que será para siempre nuestra paz y nuestra alegría, a Vosotros, Venerables Hermanos, y a vuestros fieles, impartimos de corazón la Bendición Apostólica, como auspicio de la ayuda de Dios omnipotente y en testimonio de Nuestro amor.

Dado en Roma, junto a San Pedro, en la fiesta de la Maternidad de la Virgen María, el día 11 de octubre de 1954, décimosexto de Nuestro Pontificado.

Lucas 24
44 Después les dijo: «Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí."»

45 Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras,

46 y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día

47 y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén.

48 Vosotros sois testigos de estas cosas.

49 «Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto.»

50 Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo.

51 Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.

52 Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo,

53 y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.

San Juan
[1] El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida.

[2] Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

[3] Pedro y el otro discípulo salieron para el sepulcro.

[4] Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro.

[5] Como se inclinara, vio los lienzos tumbados, pero no entró.

[6] Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los lienzos tumbados.

[7] El sudario con que le habían cubierto la cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar.

[8] Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó.

[9] Pues no habían entendido todavía la Escritura: ¡él "debía" resucitar de entre los muertos!

[10] Después los dos discípulos se volvieron a casa.

[11] María se quedaba llorando fuera, junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó para mirar dentro.

[12] y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies.

[13] Le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

[14] Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús allí, de pie, pero no sabía que era Jesús.

[15] Jesús le dijo: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella creyó que era el cuidador del huerto y le contestó: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré».

[16] Jesús le dijo: «María». Ella se dio la vuelta y le dijo: «Rabboní», que quiere decir «Maestro».

[17] Jesús le dijo: «Suéltame, pues aún no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes».

[18] María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: «He visto al Señor y me ha dicho esto».

[19] Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»

[20] Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor.

[21] Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también».

[22] Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo:

[23] a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos».

[24] Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.

[25] Los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor». Pero él contestó: «Hasta que no vea la marca de los clavos en sus manos, no meta mis dedos en el agujero de los clavos y no introduzca mi mano en la herida de su costado, no creeré».

[26] Ocho días después, los discípulos de Jesús estaban otra vez en casa, y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos. Les dijo: «La paz esté con ustedes».

[27] Después dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree».

[28] Tomás exclamó: «Tú eres mi Señor y mi Dios».

[29] Jesús replicó: «Crees porque me has visto. ¡Felices los que no han visto, pero creen!».

Pentecostés (del griego pentekosté (heméra) "el quincuagésimo día") describe la fiesta durante el quincuagésimo día después de la Pascua (Semana Santa).

Durante el Pentecostés se celebra el descenso del Espíritu Santo y la fundación de la Iglesia, por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo.

El fondo histórico de tal celebración se basa en la fiesta semanal judía llamada Schawuot, durante la cual se celebra el quincuagésimo día de la aparición de Dios en el monte del Sinai.

En las iglesias ortodoxas existe además la celebración de las Tres Divinas Personas o de la Santa Trinidad; las iglesias occidentales celebran para ésta ocasión desde el siglo XIV su propia fiesta llamada Trinitatis una semana después del Pentecostés.

En el calendario cristiano el Pentecostés termina, análogamente, el período pascual de los 50 días llamado período o tiempo de la amistad.

En las narraciones sobre el Pentecostés de la la historia apostólica lucánica (2,1 - 41) se le adjudica al Espíritu Santo, y en congruencia con el Antiguo Testamento, características milagrosas (carismas): él ofrece valentía y libertad, posibilita la comprensión (glossolalie) y fortifica una comunidad universal.

El Pentecostés forma la base de la segunda iglesia cristiana más grande del mundo, a saber, la Iglesia Pentecostal, la cual cuenta con más de 570 millones de feligreses.

El lunes de Pentecostés es un día de nacional feriado en Alemania, Austria, Liechtenstein y Suiza.

Espíritu Santo

En la teología cristiana trinitaria, se denomina Espíritu Santo a una entidad con características divinas, o relacionada con Dios.

Para la Iglesia Católica y gran parte de las otras denominaciones cristianas, el Espíritu Santo es una de las tres personas de Dios, lo que se denomina la Santísima Trinidad.

Nombres

Si bien tanto el Padre como el Hijo son espíritu y santos, se reserva éste nombre para la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, pues carece de nombre. En la biblia se le nombra de diversas maneras, una de las primeras fue (ruwah; soplo, viento) además de Espíritu de Dios, como en el primer capítulo del Génesis: "...Las tinieblas cubrían los abismos y el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas" (Gen 1, 1). También se le llama Paráclito, que significa consolador o abogado. Del griego pneuma pasó al latín como spiritus (de spiro).

Naturaleza

El dogma trinitario católico sostiene que Espíritu Santo es una de las tres personas de la

Santísima Trinidad, Dios, que proviene del Padre y del Hijo eternamente por vía de espiración y amor. Este artículo dogmático, conocido como la "cláusula filioque": la frase "y el Hijo" agregada al Credo de Nicea, que aparece por primera vez en Occidente en el Sínodo de Toledo del año 447. Con ellos forma una sóla sustancia divina (consustancialidad) y es enviado por Ellos mismos a los hombres. No es una atribución impersonal, sino persona divina que comparte la misma gloria. Las iglesias ortodoxas orientales, en cambio, hallan herética la concepción católica de que el Espíritu Santo proviene del Padre y el Hijo.

Misión

El dogma trinitario sostiene que el Espíritu Santo es enviado para enseñar, defender, gobernar, y santificar la iglesia. Jesús lo envió el día de Pentecostés para darle la fuerza y la valentía a sus apóstoles de anunciar su palabra.

Lucas 24
12 Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se inclinó, pero sólo vio las vendas y se volvió a su casa, asombrado por lo sucedido.

13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén,

14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado.

15 Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos;

16 pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.

17 El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido.

18 Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?»

19 El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo;

20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron.

21 Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó.

22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro,

23 y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía.

24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.»

25 El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas!

26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?»

27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.

28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante.

29 Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos.

30 Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.

31 Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.

32 Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

33 Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos,

34 que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!»

35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

36 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»

37 Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu.

38 Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón?

39 Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo.»

40 Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies.

41 Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?»

42 Ellos le ofrecieron parte de un pez asado.

43 Lo tomó y comió delante de ellos.

44 Después les dijo: «Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí."»

45 Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras,

46 y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día

47 y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén.

48 Vosotros sois testigos de estas cosas.

49 «Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto.»

50 Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo.

51 Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.

52 Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo,

53 y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.

Mateo 28
1 Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.

2 De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Angel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella.

3 Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve.

4 Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos.

5 El Angel se dirigió a las mujeres y les dijo: «Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado;

6 no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba.

7 Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis." Ya os lo he dicho.»

8 Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos.

9 En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Dios os guarde!» Y ellas,

acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron.

10 Entonces les dice Jesús: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

11 Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado.

12 Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados,

13 advirtiéndoles: «Decid: "Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos."

14 Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones.»

15 Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.

16 Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

17 Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.

18 Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.

19 Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,

20 y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»

Mateos 27,28
61 Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

62 Al otro día, el siguiente a la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato

63 y le dijeron: «Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: "A los tres días resucitaré."

64 Manda, pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: "Resucitó de entre los muertos", y la última impostura sea peor que la primera.»

65 Pilato les dijo: «Tenéis una guardia.

Id, aseguradlo como sabéis.»

66 Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.

Mateo 28

1 Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.

2 De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Angel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella.

3 Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve.

4 Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos.

5 El Angel se dirigió a las mujeres y les dijo: «Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado;

6 no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba.

7 Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis." Ya os lo he dicho.»

8 Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos.

9 En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Dios os guarde!» Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron.

10 Entonces les dice Jesús: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

11 Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado.

12 Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados,

13 advirtiéndoles: «Decid: "Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos."

14 Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones.»

15 Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.

16 Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

17 Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.

18 Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.

19 Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,

20 y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»

Resurrección

El término resurrección se aplica habitualmente al concepto de reunión de espíritu y cuerpo de una persona, o la vuelta a la vida de una persona muerta.

Algunas religiones, como el budismo, creen que las deidades pueden renacer. La doctrina de la resurrección se encuentra dentro y fuera del cristinianismo, en religiones como la egipcia , el zoroastrismo, judaísmo e islam.

Introducción

De acuerdo con algunas ideologías, la resurrección sucede en distintos planos. A veces se trata del cuerpo físico, devuelto a la vida, indistinguible de su situación antes de la muerte.

Otras son simbólicas, no se trata de volver en cuerpo físico, sino como un cuerpo fantasma que vuelve de la muerte. Además, algunas ideologías reservan la resurrección como una unificación final, que no podrá ser deshecha, al igual que la Resurrección de Cristo.

Ejemplos religiosos

Mientras que la resurrección de Cristo es una de las creencias fundamentales del Cristianismo, en otras religiones, mitos y fábulas también figuran resurrecciones. Como afirma Joseph McCabe en "El mito de la Resurrección", "Siglos antes de la época de Cristo, las naciones celebraban anualmente la muerte y resurrección de Osiris, Attis, Mitra y otros dioses"

Religiones antiguas

En las religiones paganas existen varios ejemplos de dioses resucitados, como el Adonis sirio y griego, el Osiris de los egipcios o la historia babilonia de Tammuz.

Cristianismo

En el Nuevo Testamento, se cuenta como Jesús resucita a varias personas, como la hija de Jairo, poco después de morir, el hijo de la viuda de Naín, resucitado en su propia procesión funeraria, o Lázaro, amigo personal de Jesús, que llevaba tres días enterrado. En el momento de la muerte de Jesús, siempre según el Nuevo Testamento, se abrieron las tumbas, y varios muertos volvieron a la vida. Tras la resurrección de Jesús, muchas de las personas santas que habían muerto también salieron de sus tumbas y entraron en Jerusalén, apareciéndose a muchos, según el Evangelio según San Mateo

El nuevo testamento afirma también que Jesucristo resucitó tres días después de su muerte (ver Mateo 28, Marcos 16, Lucas 28, Hechos 10:40), y así también todos nosotros podremos resucitar (ver 1º Corintios 15:20-22)

También los apóstoles y santos cristianos realizaron resurrecciones. San Pedro resucitó a una mujer cuyo nombre era Dorcas, y San Pablo hizo lo mismo con un hombre llamado Eutychus, que había muerto al dormirse en una ventana, según relata el libro de Hechos de los Apóstoles

También la Virgen María, según algunos grupos cristianos, fue subida en cuerpo y alma al Cielo (la Asunción de María, que fue aprobada como dogma de fe en 1950 por la Iglesia Católica), aunque los autores divergen sobre si la Virgen había muerto, o solo estaba en un estado similar al sueño (la Dormición de María). En otras tradicciones, la asunción tiene lugar en Éfeso. Aquí viió sus últimos días, bajo el cuidado de San Juan Evangelista, siguiendo el precepto que le había dado Cristo en la Cruz "Hijo, aquí tienes a tu Madre". Durante siglos, muchas personas han asegurado ver a la Virgen.

En el Antiguo Testamento, se dice que Eliseo resucitó a un muchacho. En cualquier caso, todas estas personas resucitadas murieron después. También son interesantes los relatos bíblicos que cuentan como Enoch y el profeta Elías fueron llevados a la presencia de Dios sin experimentar la muerte, y las creencias de que no se encontró la tumba de Moisés, puesto que también fue resucitado. Ambos aparecen en el pasaje de la Transfiguración de Cristo. El profeta Ezequiel tiene una visión del valle de los huesos secos, devueltos a la vida como un ejército, dentro de la profecía que dice que la casa de Israel será un día devuelta a la vida para vivir en su tierra.

Como el cristianismo derivó desde fuentes judaicas, hay que señalar que el el Judaismo también tiene como pricipio de fe la Resurrección de los muertos. Una famosa autoridad Judía, Maimónides, señaló 13 principios de la fe judía, y la Resurreción es uno de ellos, impreso en el libro de oraciones rabíicas hasta ahora. Es el principio décimo tercero y señala:

"Creo con fe sincera que los muertos resucitarán, cuando Dios (sea bendito), lo desee. Sea el Nombre (de Dios) bendito, y Su recuerdo se eleve por los siglos de los siglos".

En la época de Jesús, había debates entre los fariseos, que creían en la futura Resurección, y los saduceos, que no lo hacían, sobre si existía una vida tras la muerte, o podría existir una resurección general. Jesús declaró estar de acuerdo con los fariseos. La mayoría de las iglesias cristianas enseñan que habrá una resurección general al "final de los tiempos".

Décimotercera Estación: Jesús es descendido de la cruz y puesto en brazos de María su madre
San Mateo 27, 54-55

El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de Dios». Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle.

Jesús está muerto, de su corazón traspasado por la lanza del soldado romano mana sangre y agua: misteriosa imagen del caudal de los sacramentos, del Bautismo y de la Eucaristía, de los cuales, por la fuerza del corazón traspasado del Señor, renace siempre la Iglesia. A él no le quiebran las piernas como a los otros dos crucificados; así se manifiesta como el verdadero cordero pascual, al cual no se le debe quebrantar ningún hueso (cf Ex 12, 46). Y ahora que ha soportado todo, se ve que, a pesar de toda la turbación del corazón, a pesar del poder del odio y de la ruindad, él no está solo. Están los fieles.

Al pie de la cruz estaba María, su Madre, la hermana de su Madre, María, María Magdalena y el discípulo que él amaba. Llega también un hombre rico, José de Arimatea: el rico logra pasar por el ojo de la aguja, porque Dios le da la gracia. Entierra a Jesús en su tumba aún sin estrenar, en un jardín: donde Jesús es enterrado, el cementerio se transforma en un vergel, el jardín del que había sido expulsado Adán cuando se alejó de la plenitud de la vida, de su Creador.

El sepulcro en el jardín manifiesta que el dominio de la muerte está a punto de terminar. Y llega también un miembro del Sanedrín, Nicodemo, al que Jesús había anunciado el misterio del renacer por el agua y el Espíritu. También en el sanedrín, que había decidido su muerte, hay alguien que cree, que conoce y reconoce a Jesús después de su muerte. En la hora del gran luto, de la gran oscuridad y de la desesperación, surge misteriosamente la luz de la esperanza. El Dios escondido permanece siempre como Dios vivo y cercano. También en la noche de la muerte, el Señor muerto sigue siendo nuestro Señor y Salvador. La Iglesia de Jesucristo, su nueva familia, comienza a formarse. Libreria Editrice Vaticana

Décimocuarta Estación: Jesús es sepultado

Lucas 23

49 Estaban a distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea.

50 Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo,

51 que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.

52 Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús

53 y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía.

54 Era el día de la Preparación, y apuntaba el sábado.

55 Las mujeres que habían venido con él desde Galilea, fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo era colocado su cuerpo,

56 Y regresando, prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron según el precepto.

Santo Sepulcro

La expresión Santo Sepulcro es utilizada por los cristianos, particularmente católicos y ortodoxos, para designar el lugar de Jerusalén donde creen que fue sepultado Jesús, y por tanto también donde se tuvo constancia por primera vez de su resurrección, seguramente la más importante convicción de los cristianos, por lo que algunos, sobre todo los ortodoxos, nombran al lugar aludiendo a la resurrección (frecuentemente en griego: anástasis), y no a la sepultura.

Según los evangelios, antes de la muerte de Jesús el sitio era una tumba ya habilitada como tal, pero no utilizada todavía, propiedad de un rico judío seguidor de Cristo llamado José de Arimatea. Se trataría de un hueco horadado en la roca, que podía taparse con una gran piedra reservada al efecto para que rodara o se deslizara hasta la puerta del nicho.

El primer anuncio en los evangelios sobre la resurrección de Cristo es el momento en que las mujeres que iban a ungir su cadáver con especias aromáticas —María Magdalena, María, madre de Santiago el menor y Salomé, madre de Santiago y Juan— se encontraron con la piedra desplazada, y el nicho expuesto y vacío.

Siempre teniendo como única fuente los evangelios, la tumba estaría situada en un jardín próximo a la roca —o montaña, o montículo; los evangelios dicen lugar— donde se produjo la crucifixión, llamada originalmente Gólgota y luego Calvario (lat. calvaria, calavera), o en griego Kranion (cráneo). Ese lugar estaba muy próximo a la ciudad de Jerusalén, e incluso comunicado con ella por una calle, pero extramuros, ya que las normas judías prohibían los enterramientos intramuros, salvo para el caso de los reyes.

Tras la muerte de Jesús, no hay más noticias ni referencias del sepulcro hasta el año 326, cuando el emperador Constantino mandó erigir la Basílica del Santo Sepulcro en el lugar prescrito por la tradición, y que había identificado su madre, la emperatriz Elena.

Los estudiosos cristianos defienden que durante esos siglos la comunidad preservó el conocimiento del lugar exacto del enterramiento, que habría sido destino de peregrinación cristiana desde poco después de la ascensión hasta que Elena solicitó que le fuera señalado. En aquel momento estaba claramente marcado por un templo pagano, que suele suponerse dedicado a la diosa romana Venus, y mandado construir por Adriano, hacia el 135 DC.

La emperatriz Elena había acudido a la ciudad tras escuchar el informe presentado por Macario, obispo de Jerusalén, sobre el lamentable estado en el que se encontraban los lugares descritos en los evangelios (santos lugares, para los cristianos), decidida a mejorar personalmente la situación. Tenía también el propósito de localizar la cruz de la ejecución de Jesús; Constantino había empezado a utilizar el signo de la cruz, y a considerarlo presagio de victoria.

Elena, tras fracasar en la búsqueda de la cruz, o como parte de ella, inició la del sepulcro. La tradición cuenta que al derruir el templo pagano para aislar el Calvario e iniciar las nuevas edificaciones aparecieron también tres cruces, una de las cuales necesariamente habría de ser la Vera Cruz o auténtica cruz del martirio de Cristo. Varias leyendas describen el prodigio que permitió identificar la Vera Cruz, casi siempre basadas en que una de las cruces producía curaciones milagrosas, y las otras dos no.

Los sucesos descritos a partir de 325-326 DC, sobre el descubrimiento del sepulcro y la Vera Cruz por la emperatriz Elena, se deben al obispo de Cesárea (Palestina) e historiador Eusebio, llamado a veces padre de la historia de la Iglesia

José de Arimatea

José de Arimatea, personaje bíblico, que según la tradición cristiana era el propietario del sepulcro en el cual fue depositado el cuerpo de Jesús después de la crucifixión.

Otras tradiciones le atribuyen el traslado del Sudario, el Santo Grial y otras reliquias desde la ciudad de Jerusalén a otros sitios en la cuenca del Mediterráneo.

José de Arimate era hermano menor de Joaquín, el padre de la Virgen María, lo que lo convierte en tío-abuelo de Jesús. Se convirtió en tutor del mesías luego de la temprana muerte de San José, el esposo de María.

Era miembro del Sanedrín, el tribunal supremo de los judíos y Decurión del Imperio Romano, una especie de ministro, encargado de las explotaciones de plomo y estaño. Un "hombre rico" según San Mateo; un hombre "ilustre" según San Marcos; "persona buena y honrada" según San Lucas; "...que era discípulo de Jesús" según San Mateo, "pero clandestino por miedo a las autoridades judías" según San Juan.

Lo cierto es que los cuatro evangelistas coinciden en contar el mismo episodio donde intervino San José de Arimatea. Jesús acaba de morir en la cruz, Pedro renegó de él por tres veces en público, los apóstoles se dispersan, pero este hombre solicita al procurador romano Poncio Pilatos que le permita dar sepultura al cuerpo del mesías. Con la ayuda de Nicodemo desclava el santo cuerpo de la cruz y lo sepulta en su propia tumba, un sepulcro nuevo, recién excavado en la roca, donde se encuentra la basílica del Santo Sepulcro. Lo envolvieron en lienzos de lino lo colocaron en la tumba con una gran piedra en la entrada.

Por esto, la tradición cristiana lo tiene como patrono de embalsamadores y sepultureros.

Según la leyenda, también recogió la sangre de cristo con el santo Grial, en el Gólgota (en hebreo, ‘cráneo’ o ‘calavera’), lugar donde fue crucificado Jesucristo; aunque otra versión, en los evangelios apócrifos indica que la sangre la recogió en el propio sepulcro. Estos evangelios también señalan que el lugar donde se realizara la última cena, era propiedad de José de Arimatea.

Tras la resurrección de Jesús, José fue encarcelado, acusado por los judíos de haber sustraído el cuerpo de su sepulcro. Se le encerró en una torre, donde recibió la visión del Cristo Resurrecto y la revelación del Misterio del que el Santo Grial es símbolo. "Tú custodiarás el Grial y después de ti aquellos que tú designarás", habrían sido las palabras de Jesús.

Luego de ser liberado, y debido a la persecución de los judíos en Jerusalén, un grupo de cristianos embarcó en uno de los barcos de José y navegaron hasta las costas de Francia en el Mediterráneo. Acompañaban a José, entre otros, María Magdalena, Marta, María Salomé (madre de los apóstoles Juan y Santiago), María Jacobé (madre de los apóstoles Santiago el Menor y Judas Tadeo), Marcial y Lázaro. Se convirtieron en los primeros evangelizadores de la zona.

En el año 63, José de Arimatea se trasladó a las islas británicas, estableciéndose en la ciudad de Glastonbury, donde fundó la primera iglesia británica consagrada a la Virgen y a donde, según leyendas de la Edad Media, llevó el Santo Grial.

Santo Grial

Según la leyenda, el Santo Grial era el cáliz, copa o vaso que usó Jesucristo en la Última Cena.

El término «grial» proviene de graal, en inglés medio (1150-1475), del francés antiguo grail, del latín medieval gradalis.

Leyenda inglesa

En la Edad Media existía un grupo de hombres que se hacían llamar la Orden del Santo Grial, que pretendían resguardar tanto el cáliz como la lanza con que fue herido Jesucristo.

Según ellos, el cáliz habría pertenecido al servicio de mesa de José de Arimatea, un rico comerciante judío, que según la Biblia cristiana, organizó la Última Cena.

José de Arimatea habría solicitado a Pilato que se le entregara el cuerpo de Jesús (que hizo enterrar en una tumba de su propiedad) y la lanza con que fue herido (que quedó en su poder, junto con la copa).

Como José era un rico comerciante, en un viaje de negocios habría llegado hasta Albión (isla mitológica que se identifica con Gran Bretaña). Allí se quedó a vivir y levantó la capilla de Glastonbury.

Al morir José se dice que se fundó la Orden del Grial para custodiar las reliquias. En la época del Rey Arturo el guardián de las reliquias era Sir Pelles. Balin quiso robar las reliquias a Pelles y se batieron en un duelo pero al perder su espada Balin ante Pelles tomó la lanza sagrada y le hirió, pero inmediatamente el castillo se derrumbó debido a la profanación de la reliquia.

Las reliquias desaparecieron de la Tierra hasta que un caballero puro de corazón las encontrara. Ese fue Galahad, quien al morir se las llevó al Cielo.

Leyenda española

Una tradición aragonesa cuenta que el grial fue guardado y utilizado por los apóstoles en Jerusalén. De allí habría pasado a Antioquía, llevado por san Pedro. Posteriormente se habría trasladado a Roma, donde fue usado por 23 papas hasta el pontificado del griego san Sixto II. Este papa (quien ejerció el papado durante un año, desde 257 a 258), asustado por la persecución romana— lo envió a Huesca (España) custodiado por el joven diácono Lorenzo para que fuera escondido en las lejanas montañas de Aragón.

Diversos lugares aragoneses marcarían la ruta del Santo Cáliz: la cueva de Yesa, San Pedro de Siresa, San Adrián de Sasabe, San Pedro de la Sede Real de Bailo, la catedral de Jaca y, hacia 1071, en el monasterio de San Juan de la Peña, en donde se dice que permaneció hasta que en 1399 el rey Martín I se llevó el vaso sagrado al palacio de la Aljafería de Zaragoza, donde estuvo más de veinte años, después de una breve estancia en Barcelona, acompañando al rey.

En el año 1424 el Cáliz habría sido trasladado al Palacio Real de Valencia por orden de Alfonso el Magnánimo, que agradecía así su ayuda al reino de Valencia en sus luchas mediterráneas.

En 1437 la sagrada reliquia fue entregada al Cabildo Catedralicio en nombre de su majestad, como donación, y allí habría permanecido durante siglos, excluyendo necesarias excepciones como las guerras napoleónicas o civiles, así como dos visitas de regreso a San Juan de la Peña en los años 1959 y 1994.

Este Santo Grial que hoy se conserva en la catedral de Valencia es un vaso de calcedonia (piedra semipreciosa) de 7 cm de altura y 9,5 de diámetro. Científicos españoles lo han fechado en torno al cambio de era (siglo I). Pero no procede de Jerusalén sino de un taller de Antioquía.

El Grial esotérico

Existen muchas conjeturas acerca de lo que el Grial representa en términos esotéricos, pero todos los grupos o personas que lo buscaron coinciden en que debe ser algo semejante a una fuente de energía inagotable, la piedra filosofal, el secreto de la vida eterna, un objeto capaz de desestabilizar el orden del mundo, y quizá también la finalidad misma del mundo.

La Edad Media

Sin embargo, nada en la tradición neotestamentaria reconoce poderes místicos al Grial; más bien la búsqueda de tan místico objeto tiene su origen y fin en las leyendas medievales.

La leyenda del Santo Grial fue recogida por el cantar sajón de Perceval, caballero enfrascado en la búsqueda de dicho objeto mágico. La Europa medieval se caracterizó por su profundo teocentrismo y misticismo. La comunidad de entonces vivía de alguna manera «atada a su tierra» de modo que los viajes o peregrinaciones más allá del límite doméstico de acción eran muy poco frecuentes.

En aquellos tiempos los únicos viajes largos que se realizaban eran a ciudades como Santiago de Compostela, Roma o Jerusalén y exclusivamente con motivos religiosos. Es de suponer que quienes hicieran la travesía a Tierra Santa contasen historias increíbles del lejano Oriente mencionando costumbres, bestias y gentes desconocidas para los occidentales. Contando sus aventuras hablarían también de lejanos reinos y palacios, de frutas exóticas, monstruos fabulosos y tesoros maravillosos. De tal manera, la Edad Media fue un gran caldo de cultivo para leyendas como la del Santo Grial.

Los templarios

La leyenda del santo Grial se ha unido en ocasiones a la orden de los Caballeros Templarios, nacida tras la primera cruzada (en el siglo X). Estos caballeros tuvieron como función primordial proteger a peregrinos y cruzados en sus viajes a Jerusalén, y durante doscientos años acumularon donaciones pías que perseguían el mismo objeto.

Al terminar la segunda cruzada, en el siglo XII y aun un poco antes, los caballeros templarios quedaron sin objeto y, por lo tanto, sin gastos, por lo que fueron acumulando grandes cantidades de riqueza.

El extraño proceso contra los templarios iniciado por Felipe el Hermoso, rey de Francia, acusándoles de blasfemia, hechicería y adoración de Satanás, probablemente buscaba fines económicos, pero hizo que las generaciones posteriores creyeran en los poderes místicos de la orden, creencia acrecentada por el cumplimiento de una maldición lanzada por el Gran Maestre Templario Jacques de Molay desde el cadalso.

También se supuso que los templarios poseían un objeto mágico y lo llevaron, en su huida, hacia Inglaterra (según la leyenda, la noche de San Juan en la que ejecutaron a Jaques de Moley se vio a algunos caballeros templarios huir de la ciudad en una carreta llena de heno).

Grial y persecución

El Santo Grial también se ha relacionado con otros grupos religiosos perseguidos durante la Edad Media, como el de los cátaros.

Variados griales

Muchos cálices se reputan como los auténticos griales de la Última Cena. Entre ellos, el Santo Grial de la catedral de Valencia, en España; el Cáliz de Antioquía de la Colección Cloisters del Metropolitan Museum of Art, o la Sacra Catina de Génova.

Santo Sudario de Turín

La primera fotografía del Sudario de Turín, tomada en 1898, tiene la peculiaridad de mostrar una imagen más nítida en el negativo de la fotografía que en el positivo.El Sudario de Turín —también conocido como la Sábana Santa o el Santo Sudario— es una tela de lino que muestra la imagen de un hombre que presenta marcas y traumas físicos propios de una crucifixión, junto a otros totalmente atípicos, pero acordes con los hechos relatados en la Pasión.

Actualmente se encuentra en la capilla real de la Catedral de San Juan Bautista, en Turín (Italia). Algunas personas creen que se trata de la misma tela que cubrió a Jesús de Nazaret en el sepulcro, y que durante su resurrección su efigie quedó grabada de algún modo en las fibras. Los escépticos arguyen que el sudario es un fraude o falsificación medieval. El origen del sudario y sus imágenes es todavía fuente de intenso debate entre científicos, creyentes, historiadores y escritores.

Evidencias y argumentos sólidos contra el origen milagroso del sudario incluyen una carta de un obispo medieval al Papa de Aviñón alegando conocimiento personal de que la imagen fue astutamente pintada para sacar dinero de los peregrinos; varios estudios de datación basados en el carbono 14 que apuntan a un origen medieval del paño, y un análisis de Walter McCrone que concluye que las supuestas «manchas de sangre» no son más que un mero pigmento.

Evidencias y argumentos sólidos a favor de la autenticidad del sudario incluyen análisis materiales y textiles que fechan su origen en el siglo I; las propiedades inusuales de la imagen, que según algunos no pudo ser obtenida con ninguna técnica de formación de imágenes conocida antes del siglo XIX; análisis que invalidan los resultados de la datación radiométrica de 1988, y análisis químicos sobre las manchas de sangre que directamente contradicen las afirmaciones de McCrone.

Puesto que tanto escépticos como defensores tienden a adoptar posiciones muy cerradas sobre la causa de la formación de la imagen, el diálogo es muy complicado. Por ello, es posible que nunca se encuentre una explicación al hecho que sea del agrado de todos.

Observaciones generales

El sudario es rectangular, y mide aproximadamente 4,40 x 1,10 metros. Está compuesto por fibras de lino, entretejidas en punto de escapulario con fibras de algodón. En él aparecen las vistas frontal y dorsal de un hombre desnudo, cubriendo su ingle con las manos. Las dos vistas poseen direcciones opuestas, y están alineadas sobre el plano medio del cuerpo. La cabeza converge hacia el centro del paño en ambas vistas, hasta casi encontrarse. Las vistas se corresponden con la proyección ortográfica de un cuerpo humano, pero vea el Análisis artístico.

El Hombre del Sudario lleva barba y bigote, y su cabello —que cae a la altura de los hombros— está peinado con raya en medio. Es musculoso y bien proporcionado, y bastante alto (1,75 m) tanto para un hombre del siglo I (época de la muerte de Jesús) como para los del Medievo (posible momento de la creación del sudario, y de la primera noticia indiscutible de su existencia). En la tela se perciben manchas de color rojo oscuro, sangre de tipo AB ( según últimas investigaciones), que muestran diversas heridas:

Una gran herida circular en al menos una de sus muñecas (la otra queda oculta por la disposición de las manos), como si hubiera sido perforada.

Otra herida en el costado, también por perforación.

Varias heridas más alrededor de la frente.

Señales que asemejan latigazos en las piernas y el torso.

El 28 de mayo de 1898, el fotógrafo italiano Secondo Pia realizó la primera fotografía del sudario, llevándose una sorpresa al examinar el negativo de su obra: en el negativo, la imagen tenía todo el aspecto de un positivo, lo que implica que la imagen marrón amarillenta mostrada en el sudario sería en realidad alguna clase de negativo. Los observadores del negativo fotográfico han notado a menudo un espectacular aumento del relieve y detalle del hombre del sudario, causando un efecto inesperado. El negativo de Pia intensificó el interés por el sudario y renovó los esfuerzos en pos de determinar su origen.

Historia

Posible historia anterior al Siglo XIV: La Imagen de Edesa del Siglo X muestra a Abgarus de Edesa exhibiendo la Imagen de Edesa. La pieza oblonga que aquí se muestra es poco habitual en ilustraciones de la imagen, lo que lleva a pensar que el artista tuvo que haber visto la Sábana.

Existen numerosos informes de origen desconocido, previos al siglo XIV, sobre lugares en donde se veneró la mortaja de Jesús o una imagen de su cabeza (ver Humberto, 1978). No obstante, no se ha podido conectar con certeza ninguno de ellos con la tela que actualmente reside en la catedral de Turín. Ninguno de los informes de los hasta 43 posibles «sudarios genuinos» hace mención de una imagen de un cuerpo, salvo el de la Imagen de Edesa.

Se cuenta que la Imagen de Edesa (también llamada Mandylion) contenía la imagen del rostro de Cristo, y existen noticias fiables de su existencia desde el Siglo VI. Algunos ven una correlación entre el Sudario de Turín y la Imagen de Edesa. Ninguna leyenda relativa a la imagen lleva a pensar que contuviera la imagen de un Jesús malherido, sino que mencionan que la imagen fue transmitida a la tela por el propio Jesús. Suele describirse como una mera representación del rostro de Jesús, no del cuerpo entero. Los defensores de la teoría de que la imagen de Edesa y el sudario son el mismo objeto, liderados por Ian Wilson, creen que siempre estuvo plegado de manera que sólo mostraba la cara.

Se citan tres muestras principales de evidencia para identificarla con el sudario. Juan de Damasco menciona la imagen en su obra anti-iconoclasta Sobre las imágenes santas [1], describiéndola como una «cinta» o tela oblonga, en lugar de un cuadrado, como sostienen otras notificaciones de la tela de Edesa.

Los partidarios del sudario suelen usarla como prueba de su existencia previa al siglo XIV, señalando que el parche en forma de L cerca a las manos se corresponde con los huecos por quemaduras de la reliquia, y la semejanza entre el poco usual tejido de la sábana y el de la tela, en panel inferior.

Con motivo del traslado de la sábana a Constantinopla en 944, Gregorio Refendario, arcediano de la Hagia Sophia (Constantinopla) dio un sermón sobre el artefacto. Dicho sermón se perdió, pero volvió a aparecer en los archivos del Vaticano, y en 2004 fue traducido por Mark Guscin [2].

El sermón informa de que la tela de Edesa no contenía sólo la cara, sino una imagen de cuerpo entero, que se atribuía a Jesús. También menciona manchas de sangre de una herida en el costado. Desde entonces, han aparecido otros documentos en la Biblioteca del Vaticano y en la Universidad de Leiden (Países Bajos) que lo confirman. «[Non tantum] faciei figuram sed totius corporis figuram cernere poteris» (‘No sólo puede verse el contorno de una cara, sino también la figura completa de un cuerpo’). (En italiano: [3].) (Cf. Códice Vossianus Latinus Q69 y Códice de la Biblioteca Vaticana 5696, p. 35.)

En 1203, un cruzado llamado Robert de Clari asegura haber visto la tela en Constantinopla: «Donde estaba el sudario en el que nuestro Señor fue envuelto, y que cada viernes se alzaba bien alto para que uno pudiera ver en él la figura de nuestro Señor».

En 1205, tras la cuarta cruzada, Teodoro Angelos (sobrino de uno de los tres emperadores bizantinos que fueron depuestos) envió la siguiente misiva al Papa Inocencio III, protestando por el ataque a la capital. Sacado del documento, con fecha de 1º de agosto de 1205:

«Los venecianos se repartieron los tesoros de oro, plata y marfil, mientras que los franceses hicieron lo mismo con las reliquias de los santos y, lo más sagrado de todo, el lino en el que nuestro Señor Jesucrito fue envuelto tras su muerte y antes de su resurrección. Sabemos que esos buitres han guardado los objetos sagrados en Venecia, Francia, y otros lugares, estando el sagrado lino en Atenas.» (Códice Chartularium Culisanense, fol. CXXVI (copia), National Library Palermo)

Salvo que se trate del Sudario de Turín, la Imagen de Edesa se halla en paradero desconocido desde el siglo XIII.

Siglo XIV

La historia conocida de la tela ahora guardada en Turín empieza en 1357, cuando la viuda del caballero francés Geoffroy de Charny la expuso en una iglesia en Lirey, Francia (diócesis de Troyes). Los escudos de armas del caballero y su viuda pueden verse en el Museo Cluny de París, en un medallón peregrino que también muestra una imagen del sudario de Turín.

A lo largo del siglo XIV, el sudario fue expuesto públicamente a menudo, aunque no de forma continua, puesto que el obispo de Troyes (Henri de Poitiers) había prohibido venerar la imagen. A los treinta y dos años de este pronunciamiento, la imagen volvió a exponerse, y el rey Carlos VI de Francia ordenó que se llevara de Troyes, citando la impropiedad de la imagen. Los comisionados fueron incapaces de llevar a cabo la orden.

En 1389, el obispo Pierre D'Arcis denunció en una carta al papa de Aviñón que la imagen era un fraude, indicando que ya había sido denunciada anteriormente por su predecesor Henri de Poitiers, al que le extrañaba que no fuera mencionada en las Sagradas Escrituras.

Según D'Arcis, «Un examen riguroso descubrió eventualmente cómo la imagen había sido astutamente pintada, siendo la verdad corroborada por el propio pintor, esto es, que fue producto de la mano del hombre y no fue forjada ni se formó milagrosamente». (En alemán: [4].) En la carta no se nombra al artista.

La carta de D'Arcis menciona también el esfuerzo del obispo Henri por eliminar la veneración, pero que la tela fue rápidamente escondida «unos 35 años», lo que concuerda con los detalles históricos antes mencionados. La carta ofrece una descripción precisa de la sábana: «Tras dibujar con audaz maña la imagen a doble cara de un hombre, es decir, vista frontal y dorsal, declaró falsamente y pretendió que se trataba del sudario en el que nuestro salvador Jesucristo fue envuelto en el sepulcro, y sobre el que la figura completa de nuestro salvador ha permanecido por ello impreso junto a las heridas que portaba».

Si lo expuesto en esta declaración es cierto, sería coherente con la datación del carbono 14 del sudario (ver más abajo). Desde el punto de vista de los escépticos, ésta es una de las pruebas más sólidas de que la sábana es una falsificación.

Pese a las declaraciones del obispo D'Arcis, Clemente VII (primer antipapa del Gran Cisma de occidente) prescribió indulgencias a los que peregrinaran al sudario, por lo que la veneración continuó, aunque no se le permitió el título de «Verdadero Sudario». [5]

Siglo XV

En 1418, tras casarse con la nieta de Charny, Humberto de Villersexel (Conde de la Roche, Señor de Saint-Hippolyte-sur-Doubs) trasladó la sábana a su castillo en Montfort, Francia para protegerlo de las bandas de malhechores. Posteriormente, fue llevada a Saint-Hippolyte-sur-Doubs. Tras la muerte de Humberto, los canónigos de Lirey llevaron a la viuda a las cortes para forzarla a retornar la tela, pero el parlamento de Dole y la Corte de Besançon otorgaron la tela a la viuda, que la llevó a varias exposiciones, notoriamente en Lieja y en Ginebra.

La viuda vendió la imagen en 1453 a cambio de un castillo en Varambon, Francia. El nuevo propietario, Luis de Saboya, la guardó en su capital, Chambery, en la recién construida Capilla Santa, que el Papa Pablo II erigió a continuación a mayor honra de una iglesia colegial. En 1464, el duque acordó pagar una tasa anual a los canónigos de Lirey a cambio de que dejaran de reclamar la propiedad de la tela. A partir de 1471, la sábana se desplazó por varias ciudades de Europa, residiendo brevemente en Vercelli, Turín, Ivrea, Susa, Chambery, Avigliana, Rivoli y Pinerolo. Por esos días, dos sacristanes de la Capilla Santa describieron que el sudario estaba guardado en un relicario «envuelto en una cortina de seda roja, y guardada en una caja cubierta de terciopelo carmesí, decorada con clavos bañados en plata, y cerrada con llave de oro».

Siglo XVI a nuestros días

En 1532, el sudario resultó dañado en un incendio en la capilla donde se guardaba. Una gota de plata fundida del relicario le dejó una marca dispuesta simétricamente entre las diversas capas de la tela doblada. Las Monjas de la Pobre Clara trataron de reparar el daño con parches. Se ha sugerido que también hubo daños causados por el agua usada para apagar el fuego. El sudario volvió de nuevo a su actual residencia en Turín en 1578. Fue propiedad de la Casa de Saboya hasta 1983, cuando se otorgó a la Santa Sede.

En 1988, la Santa Sede permitió pasar la prueba del Carbono 14 a la reliquia, para lo que se retiró un trozo pequeño de una esquina del sudario, que fue dividido y enviado a los laboratorios. Otro incendio, probablemente provocado, amenazó al sudario en 1997, pero un bombero fue capaz de sacarlo de su mostrador y prevenir desgracias mayores, tras atravesar con un martillo las capas de cristal que lo protegían. La Santa Sede restauró el sudario en 2002. Se retiró la cubierta de la sábana y treinta parches. Esto permitió fotografiar y escanear el reverso de la tela, que estaba oculta a la vista.

La última exhibición pública del sudario fue durante el Gran Jubileo del año 2000. La próxima exhibición está programada para 2025.

La controversia

Se ha discutido vivamente el origen de la reliquia. Los que creen que se usó en el entierro de Cristo han acuñado el término «sindología» (del griego síndon, palabra utilizada en el Evangelio de san Marcos para referirse a la tela que José de Arimatea compró para usarla de sábana mortuoria). Este término no suelen utilizarlo los que dudan del origen místico de la reliquia.

Puede que sea imposible cerrar del todo la controversia sobre la tela, porque varios defensores están dispuestos a aceptar explicaciones sobrenaturales al origen de la imagen (lo que es indemostrable) mientras que la mayoría de los escépticos las descartan. Tres pruebas independientes de radiocarbono (a partir de una misma y controvertida muestra) la han datado entre 1260 y 1390.

Teorías sobre la formación de la imagen

La imagen en la tela es enteramente superficial. No penetra en las fibras bajo la superficie, por lo que las fibras de lino y algodón no tienen color. Así, la tela no fue tintada, aunque se han sugerido otras explicaciones a la creación de la imagen, tanto naturales como fantásticas.

Formación milagrosa

Varios creyentes consideran la imagen como un efecto secundario de la resurrección de Jesús, sugiriendo efectos semi-naturales que pudieron haber sido parte del proceso. Estas teorías son inverificables, así que los escépticos las descartan de antemano. Se ha sugerido que el sudario colapsó a través del cuerpo glorificado de Jesús. Quienes apoyan esta teoría señalan ciertas impresiones de dientes y huesos al estilo de los rayos x. Otros sugieren que la radiación provocada por el evento milagroso pudo haber grabado a fuego la imagen en la tela.

Capa de hidratos de carbono

Vista microscópica de contraste fasado de una fibra de la imagen del sudario de Turín. La capa de hidratos de carbono es visible a lo largo del borde superior, pero desaparece en el borde inferior derecho. Esta capa puede arrancarse o retirarse con adhesivoUna teoría científica que no descarta la relación del sudario con Jesús implica a los gases que escapan de un cadáver en las primeras fases de descomposición. Las fibras de celulosa que componen la tela están revestidas por una fina capa de fécula, con fragmentos de almidón, azúcares y otras impurezas.

Esta finísima capa (180 a 600 nm) fue descubierta al utilizar un microscopio de contraste fasado. La imagen muestra su parte más fina, la que carga con el color, mientras que la prenda subyacente está sin colorido. La capa de hidratos de carbono sería en esencia incolora salvo en algunos sitios donde un cambio químico le ha otorgado un color pajizo. La reacción implicada es similar a la que tiene lugar al calentar el azúcar para producir caramelo.

R. N. Rogers y A. Arnoldi proponen esta explicación natural en un artículo titulado El Sudario de Turín: una reacción amino-carbonila (reacción de Maillard) podría explicar la creación de la imagen (ver Referencias), que no descarta una invocación sobrenatural ni una intensificación de un proceso natural.

Según ella, los aminoácidos del cuerpo humano reaccionan pronto con la capa de hidratos de carbono, antes de que los líquidos producto de la descomposición manchen o dañen la tela.

Los gases de los cuerpos muertos son extremadamente reactivos químicamente y al cabo de un par de horas, en entornos como los sepulcros, el cuerpo empieza a producir aminos más fuertes en sus tejidos como pudriscina y cadaverina. Esto provocaría el color observado en la capa de hidratos de carbono, pero crea preguntas sobre por qué ambas vistas de la imagen son tan fotorrealísticas y por qué no fueron destruidas por posteriores productos de la descomposición (una pregunta obvia si hubo resurrección, o si se retiró el cuerpo de la tela en el momento requerido).

Auto-oxidación

Christopher Knight y Robert Lomas (1997) sostienen que la imagen de la sábana es la de Jacques de Molay, último Gran Maestro de la Orden de Caballeros Templarios, arrestado por herejía en el Templo de París por el Rey Felipe IV de Francia el 13 de Octubre de 1307. De Molay fue torturado bajo los auspicios del Inquisidor en Jefe de Francia, William Imbert. Sus brazos y piernas fueron claveteados, posiblemente a una gran puerta de madera.

Tras la tortura, según Knight y Lomas, de Molay fue postrado en una cama blanda, sobre un trozo de tela; se pasó lo que sobraba de la tela sobre su cabeza para cubrir su cuerpo y se le abandonó unas 30 horas, en estado de coma. El que usaran un sudario se explica porque el Templo de París guardaba sudarios para usos ceremoniales.

De Molay sobrevivió a la tortura, pero fue llevado a la hoguera el 19 de Marzo de 1314 junto a Geoffroy de Charney, preceptor templario de Normandía. Jean de Charney, su nieto, murió en la batalla de Poitiers. Tras su muerte, su viuda, Jeanne de Vergy, se halló en posesión del sudario y lo tuvo expuesto en una iglesia de Lirey.

Knight y Lomas basan sus hallazgos en parte en las pruebas del carbono 14 de 1988 y en la investigación de Mills en 1995 acerca de una reacción química llamada auto-oxidación, y argumentan que su teoría concuerda con los datos conocidos sobre la creación de la tela y de los resultados de la datación por radiocarbono.

Algunas personas encuentran un enorme parecido entre esta autorretrato de Leonardo da Vinci y el Hombre del Sudario.

De los métodos propuestos por los escépticos sobre la creación de la imagen en la Edad Media, hay quien no duda en considerar al sudario como la primera fotografía del mundo, atribuyendo su autoría a Leonardo da Vinci. Según ellos, la imagen habría sido producida con la ayuda de una linterna mágica, un dispositivo de proyección simple y compuestos de plata sensibles a la luz aplicados sobre la tela. Esta teoría se apoya en el parecido que algunos encuentran entre el famoso autorretrato de Leonardo y la imagen del sudario, pese a que Leonardo nació varios siglos después de la primera aparición documentada de la sábana.

Pintura

En 1977, un equipo de científicos elegidos por el Gremio del Santo Sudario desarrolló un programa de pruebas sobre la tela, denominado STURP (Shroud of Turin Research Project, Proyecto de Investigación del Sudario de Turín). El cardenal Ballestrero, arzobispo de Turín, otorgó su permiso pese a los desacuerdos internos. Los científicos de STURP dirigieron durante cinco días sus pruebas.

En 1979, un miembro del equipo llamado Walter McCrone concluyó, tras analizar las muestras de las que disponía, que la imagen estaba compuesta por miles de millones de pigmentos de menos de una micra. Los únicos fibrilos disponibles para el estudio de las manchas fueron aquellos que quedaron pegados a una cinta adhesiva hecha a medida que se aplicó a treinta y dos secciones diferentes de la imagen (hecho así para evitar dañar la tela).

Según McCrone, los pigmentos son una mezcla de témperas rojo ocre y bermellón. Su grupo de óptica electrónica publicó en cinco artículos los resultados de estos estudios en revistas revisadas por científicos: Microscope 1980, 28, 105, 115, 1981, 29, 19; Wiener Berichte uber Naturwissenschaft in der Kunst 1987/1988, 4/5, 50 y Acc. Chem. Res. 1990, 23, 77-83. Tras conocer la noticia, STURP confiscó las muestras a McCrone y le reemplazaron por otros científicos.

En palabras de McCrone, le «expulsaron» de STURP. McCrone es ahora uno de los mayores defensores de la teoría de que el Sudario es una farsa, y sigue defendiendo sus análisis. A fecha de 2005, ningún otro estudio independiente ha confirmado los resultados de McCrone.

Otros análisis microscópicos de las fibras parecen indicar que la imagen se limita estrictamente a la capa de hidratos de carbono, sin capas adicionales de pigmentos a la vista. Los partidarios de la autenticidad del sudario replican que ninguna técnica conocida de pintura a mano puede aplicar un pigmento con semejante nivel de control sobre una superficie de fibras nanométricas.

Máscara solar (teoría de la sombra)

En marzo de 2005, Nathan Wilson, profesor del Nuevo Instituto de San Andrés y sindologista aficionado, hizo público en un artículo de la revista Libros y Cultura que había fabricado un símil de la imagen de la sábana exponiendo lino negro al sol durante diez días, bajo una lámina de cristal sobre la que se había pintado una máscara del positivo. Su método, aunque rudo y preliminar, atrajo sin embargo la atención de varios sindologistas, especialmente al Dr. Raymond Rogers, del equipo STURP original, y al Dr. Antonio Lombatti, fundador del diario escéptico sobre el sudario Approfondimento Sindone.

El método de Wilson destaca por no requerir conjeturas sobre técnicas medievales desconocidas y por ser compatible con las afirmaciones de que no hay pigmentos en la tela. No obstante, el experimento no se ha repetido, y las imágenes deben pasar todavía por análisis químicos y microscópicos. Surgen también dilemas sobre la disponibilidad de un cristal medieval lo bastante grande para crear la imagen, el coste desmesurado que tendría, y la compatibilidad del método con la afirmación de Fanti de que la imagen original es de doble cara.

Segunda imagen en el reverso de la tela

Durante la restauración de 2002, la vista de atrás de la tela fue fotografiada y escaneada por primera vez. El diario del Instituto de Física de Londres publicó un artículo contrastado por científicos sobre este tema el 14 de Abril de 2004, escrito por Giulio Fanti y Roberto Maggiolo, de la Universidad de Padua (Italia). Describen la imagen del reverso como mucho más ténue, formada principalmente por la cara y las manos. Como en la imagen frontal, es enteramente superficial, estando la coloración limitada a la capa de hidratos de carbono. Las imágenes se correlatan con las del otro lado de la tela. No se detecta ninguna imagen en la sección correspondiente a la vista dorsal de la sábana.

Los que apoyan la teoría de la reacción Maillard argumentan que es menos probable que los gases penetraran toda la tela por la parte dorsal, ya que el cuerpo estaría depositado en una repisa de piedra. La segunda imagen hace al mismo tiempo menos probable la teoría fotográfica.

Análisis del Sudario

Datación radiométrica

En 1988, la Santa Sede permitió a tres centros de

investigación independientes realizar exámenes de radiocarbono sobre un trozo de una esquina del sudario. Tanto las Universidades de Oxford, como la de Arizona y el Instituto Federal de Tecnología de Suiza coincidieron en datar la tela entre los siglos XIII y XIV (1260-1390), aunque algunos análisis químicos recientemente publicados (ver más abajo) indican que la muestra utilizara no era válida.

La comunidad científica ha pedido a la Santa Sede que autorice más muestras, incluyendo de la parte de la tela que lleva la imagen, pero han sido denegadas. Una posible explicación sería que, si la imagen es genuina, el proceso de datación estaría cometiendo un sacrilegio al destruir las muestras. Otra explicación es que se tengan reticencias a que se date definitivamente la sábana.

En condiciones típicas, la datación por radiocarbono es una ciencia muy precisa, y puede datar materiales de hasta 2000 años de antigüedad con un margen de error de un año. Sin embargo, no está exenta de errores. Se desarrolló principalmente para aplicarlo a objetos recién desenterrados y protegidos del contacto humano hasta el inicio del examen, lo que no sucede con la sábana. El director del laboratorio suizo que examinó la tela (el Dr. Willi Wolfli) declaró que «El método del C-14 no está libre de resultados terriblemente imprecisos cuando existen problemas no evidentes en las muestras examinadas. Constantemente surgen errores significativos de carácter indeterminado».

Residuos bacterianos

Se han citado varios fenómenos que harían posible una datación errónea. Los partidarios de la formación milagrosa de la imagen señalan que el evento en sí de la resurrección podría haber trastocado la proporción de Carbono 14 en la tela de modo inusitado. Otras explicaciones más mundanas incluyen partículas de humo del incendio de 1532, y residuos bacterianos que los métodos del equipo de examinadores no habrían podido borrar.

Probablemente, el argumento más poderoso sea el de los residuos bacteriales, ya que hay varios ejemplos de textiles antiguos cuya datación resultó horriblemente inexacta, especialmente en los orígenes de la radiometría.

El caso más notable fue en 1770, cuando se dataron los huesos de una momia del Museo Británico unos 800–1000 años antes que su envoltura. Hay que tener en cuenta también que la esquina utilizada en la datación habría sido más manoseada que el resto de la tela, subiendo el riesgo de contaminación por bacterias y otros residuos. Las bacterias y sus desechos (bacterias muertas y subproductos) contienen carbono, lo que acercaría a nuestros días la fecha radiométrica.

El físico nuclear Harry E. Gove, de la Universidad de Rochester, que diseñó el examen de radiocarbono que se utilizó, declaró que «hay una cubierta bioplástica en varias fibras, tal vez en la mayoría». Según Gove, si esta cubierta es lo bastante gruesa, haría «que la muestra pareciera más joven de lo que debiera». Rodger Sparks (neozelandés experto en radiocarbono) y otros escépticos han opinado que para que una contaminación bacteriana medieval produjera un error de trece siglos, haría falta una capa bioplástica del doble del peso de la muestra.

Ya que esto puede detectarse fácilmente, se examinaron varias fibras en la Centro Nacional de Excelencia de la Fundación de Ciencias de Espectrometría de Masas en la Universidad de Nebraska. El examen piro-másico-espectrométrico no detectó ningún tipo de polímero bioplástico en las fibras, ya fueran éstas de la imagen o de otras zonas del sudario. A su vez, el análisis de micro-sondas láser Raman realizado en Instruments SA, Inc. en Metuchen (NJ), arrojó también un resultado negativo.

Propiedades químicas de la muestra

En un estudio realizado por Anna Arnoldi (de la Universidad de Milán) y Raymond Rogers (miembro retirado del Laboratorio Nacional de Los Álamos de la Universidad de California) se lanzó otro argumento en contra de los resultados de los exámenes radiométricos.

Por medio de un análisis del espectro de fotografías ultravioletas determinaron que el área del sudario del que se extrajo las muestras difiere químicamente del resto de la tela. Mencionan la presencia de tintes de raíz Madder y óxido de aluminio (un agente fijador) exclusivamente en dicha esquina, y concluyen que esa parte fue cosida a la sábana en algún momento de su historia. Estas reparaciones habrían sido hechas con materiales recientes, con mayor concentración de carbono que la tela original.

En un estudio del año 2000 basado en los rayos X, Joseph Marino y Sue Benford hallaron posibles marcas de un parche que recorre diagonalmente el área de la que se extrajeron las muestras. Por ello, concluyeron que las muestras examinadas por los tres laboratorios estaban contaminadas por ese intento de reparación. Más adelante comentan que los resultados de los laboratorios muestran un sesgo angular correspondiente a la costura: el primer muestreo en Arizona la fechó en 1238, el segundo en 1430, cayendo entre ellos los resultados de Oxford y Suiza.

A esto añadir que la desviación de los resultados de C-14 de los tres laboratorios se sale de los límites del test chi-cuadrado de Pearson, una discrepancia para la que se requieren explicaciones adicionales. Los exámenes microquímicos del área también hallan rastros de vainilla, ausentes en el resto de la tela. La vainilla se origina por la descomposición térmica de la lignina, un polímero complejo integrante del algodón.

Este producto suele encontrarse en materiales medievales pero no en prendas más antiguas, ya que disminuye con el tiempo. Por ejemplo, no se halló vainilla en los envases de los Manuscritos del Mar Muerto.

Raymond Rogers, en un artículo del 20 de Enero de 2005 de la revista contrastada por científicos Thermochimica Acta, ofrece una aparente prueba química de que la muestra cortada del Sudario en 1988 no era válida. En el mismo artículo, su resolución de la cinética de la pérdida de vainilla apunta a que el sudario tiene entre 1300 y 3000 años de antigüedad.

Probablemente sólo podrá zanjarse este aspecto de la controversia con más exámenes radiométricos, que actualmente la Santa Sede prohíbe por el sacrilegio que supone dañar la reliquia. Rogers sugiere en su artículo de 2005 que para la datación podría utilizarse el carbón de las piezas chamuscadas que se extrajeron en la restauración de 2002, si se lavaran con ácido nítrico concentrado.

Análisis histórico de materiales

Gran parte de la investigación reciente se ha centrado en las marcas de agua y quemaduras. Las quemaduras más grandes provienen claramente del incendio de 1532 (hay otras menores en forma de L que debieron originarse en algún momento anterior), y se asume lo mismo para las marcas de agua.

Sin embargo, en 2002, Aldo Guerreschi y Michele Salcito presentaron un escrito [6] en París durante el IV Simposio Científico Internacional, opinando que muchas de esas marcas debían de ser más antiguas, porque las simetrías se corresponden más con el plegado que se requiere para guardar la tela en una jarra de barro (como las muestras de tela en Qumran) que para hacerlo en el relicario que la hospedó en 1532.

Según el experto restaurador de textiles MechThild Flury-Lemberg de Hamburgo, hay un zurcido en la sábana idéntico a un tejido del siglo primero, que era exclusivo de la fortaleza de Masada junto al Mar Muerto. Su patrón de hilado, un entretejido 3:1, es el propio del diseño sirio de la época, según la apreciación de Gilbert Raes, del Instituto Ghent de tecnología textil en Bélgica. Flury-Lemberg expuso que «la tela de lino del Sudario de Turín no exhibe técnicas de tejido ni costuras que contradigan su origen como producto de gran calidad de los obreros textiles del siglo primero».

Estudio forense médico y biológico

Detalles de la técnica de la crucifixión

La perforación de las muñecas en vez de las palmas va en contra de la iconografía tradicional cristiana, sobretodo la medieval, pero varios estudiosos modernos creen que los condenados a la cruz eran clavados habitualmente por las muñecas, e incluso algunos entre el cúbito y el radio, como reveló un esqueleto descubierto en Tierra Santa; no era algo de común conocimiento en la Edad Media.

Los partidarios de la autenticidad del sudario sostienen que es improbable que un falsificador medieval estuviera al tanto de los detalles técnicos de un método de ejecución abandonado casi por completo desde hacía siglos.

Manchas de sangre

En la sábana se localizan varias manchas rojizas que asemejan sangre. El químico Walter McCrone (ver arriba) las identificó como meros pigmentos e informó de que ninguno de sus exámenes de las muestras encontró presencia de sangre. Otros investigadores, como Alan Adler (químico especializado en el análisis de porfirinas) identificaron sangre de tipo AB en las manchas.

La tonalidad de rojo de estas supuestas manchas de sangre plantea serias dudas. Normalmente, las manchas de sangre se decoloran en relativamente poco tiempo hasta adquirir en su totalidad un tono parduzco, mientras que las del sudario abarcan del rojo puro al marrón habitual. Los defensores del sudario contestan que las manchas no provinieron de heridas abiertas, sino del líquido exudado por coágulos.

En casos de traumas graves (como el del hombre del sudario) este líquido estaría compuesto por bilirrubina y hemoglobina oxidada, la cual permanecería por siempre roja. Adler y John Heller [7] hallaron bilirrubina y albúmina en las manchas. Sin embargo, se desconoce si las manchas se produjeron al mismo tiempo que la imagen, que tanto Adler como Heller atribuyen al envejecimiento prematuro del lino (véase Heller and Adler, 1980).

Granos de polen

Los investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén informaron de la presencia de granos de polen en las muestras, pertenecientes a especies primaverales de Palestina. No obstante, los investigadores Avinoam Danin y Uri Baruch trabajaron con muestras provistas por Max Frei, un criminólogo de la policía suiza que ya había sido censurado anteriormente por falsificar pruebas. Una revisión independiente descubrió que, de los 26 filamentos, uno contenía bastante más polen que los demás, por lo que podría existir manipulación.

Los investigadores israelíes también detectaron siluetas de distintas flores en la tela. Basándose en las especies identificadas, han sugerido que deben provenir del entorno de Jerusalén, en los meses de Marzo o Abril. En el área frontal, la que correspondería a la corona de espinas, hallaron vestigios de Gundelia tournefortii, que en el área de Jerusalén es exclusiva de este periodo del año. Este análisis está basado en la interpretación de varios patrones en el sudario como plantas particulares. Aunque los escépticos aducen que, debido a lo confuso de las imágenes disponibles, no es posible decantarse inequívocamente por una especie concreta de planta.

Sudario de Oviedo

En la ciudad de Oviedo se guarda un pequeño paño de lino manchado de sangre, venerado como una de las prendas funerarias descritas en Juan 20:7. San Juan menciona un «sudario» que cubría la cabeza, y una «prenda de lino» o «vendajes» (othonion) cubriendo el cuerpo. Se cuenta que el sudario de Oviedo (conocido también por pañolón de Oviedo) fue la prenda que cubrió entonces la cabeza de Jesús.

En España, se puede constatar la existencia y estancia del pañolón en Oviedo desde el siglo VII. Su localización en fechas anteriores es más incierta, aunque algunos estudiosos lo sitúan en el Jerusalén del siglo I.

El análisis forense de las manchas de sangre en la sábana y pañolón llevan a creer que ambas prendas debieron cubrir la misma cabeza en momentos muy próximos. Siguiendo los patrones de las manchas, el hombre estaba en posición vertical cuando se colocó el pañolón sobre su cabeza, tal vez mientras colgaba de la cruz. Esta prenda se habría retirado posteriormente antes de extender la sábana.

Un estudio de 1999 por Mark Guscin [8], miembro del equipo de investigación polifacética del Centro Español de Sindología, investigó la relación entre ambas prendas. Basándose en la historia, patología forense, composición sanguínea (supuestamente de tipo AB, como la de la sábana), y patrones de las manchas, concluyó que ambas prendas cubrieron la misma cabeza en dos momentos distintos, pero próximos entre sí. Avinoam Danin (ver arriba) asintió con este análisis, añadiendo que los granos de polen del pañolón coinciden con los de la sábana.

Los incrédulos sostienen que el argumento es espurio. Puesto que niegan las manchas de sangre en la sábana, las del pañolón son irrelevantes. El argumento sobre el polen está también muy debilitado por el descrédito del trabajo de Danin sobre la sábana, ya que posiblemente trabajó con muestras contaminadas. El polen de Jerusalén podría haber llegado al sudario por muy diversas vías y, en todo caso, sólo indicaría la procedencia de la tela, no su fecha de creación. [9]

Procesamiento digital de la imagen

Varios estudiosos han aportado multitud de nuevos detalles al utilizar técnicas de procesamiento digital sobre la imagen.

En 1978, los investigadores de la NASA Jackson, Jumper y Stephenson aseguraron haber detectado impresiones de monedas en los dos ojos. Según su estudio, la derecha pertenecería a una moneda de cobre romana realizada en Jerusalén entre los años 29 a.C. y 30 d.C., mientras que la izquierda asemeja una moneda de litio del reinado de Tiberio.

En 1979, Piero Ugolotti dijo haber hallado caracteres griegos y latinos próximos a la cara, que fueron estudiados posteriormente en 1997 por André Marion y su alumna Anne Laure Courage, del Institut d’Optique Théorique et Appliquée d’Orsay (Instituto de Óptica Teórica y Aplicada de Orsay).

En el lado derecho encontraron las letras ?S ???, que ellos interpretaron como ??—ops ‘cara’ + —skia ‘sombra’, aunque no aparece la primera letra. El problema de esta interpretación es que es gramaticalmente incorrecta, pues en griego «cara» debería aparecer en genitivo.

A la izquierda hallaron las letras in nece (parte tal vez de in necem ibis, ‘irás a la muerte’), y nnazarennos (una forma penosa de escribir ‘nazareno’). Los científicos detectaron otras muchas «inscripciones», pero según Mark Guscin [10], solamente una de ellas podría estar escrita en griego o latín: que es el genitivo de «Jesús», a falta de la primera letra.

Sus oponentes rechazan frontalmente estas afirmaciones, pues no hay referentes en la tradición judía de poner monedas sobre los ojos de los muertos, y por estar los textos plagados de errores ortográficos (cf. Antonio Lombatti [11]). Guscin concuerda con ellos en que estos detalles se han extraído de interpretaciones claramente subjetivas, muy al estilo de un test de Rorschach.

Crítica de los textos

A veces se cita el Evangelio de San Juan como prueba de que la sábana es falsa, dado que en algunas traducciones se habla de «fajas», «lienzos», o «vendas» que cubren el cuerpo: «Tras él llegó Simón Pedro, que entró al sepulcro, y encontró en el suelo las vendas de lino [othonia]; y el sudario [sudarium] que había estado sobre su cabeza, no yacía junto a las vendas, sino que estaba recogido en un lugar aparte» (Jn 20:6-7). Según los partidarios del sudario, los «lienzos» o «vendas» serían la Sábana de Turín, mientras que el «sudario» sería el Sudario de Oviedo.

El Evangelio de San Juan dice también, «Llegó Nicodemo [...] y trajo una mezcla de mirra y áloe, como unas cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos y aromas, según la costumbre judía de sepultar» (Jn 19:39-40). No se han encontrado rastros de especias en el sudario.

Frederick Zugibe, inspector médico, informó [12] que el cuerpo del hombre del sudario parecía haber sido lavado antes de envolverlo. Es raro que esto suceda después de la unción, por lo que algunos defensores sugieren que éste habría sido una prenda preliminar que fue reemplazada posteriormente para la unción, ya que debido al Sabbath no quedaba tiempo suficiente para ello.

Sin embargo, no hay pruebas palpables que respalden estas teorías. Otros han supuesto que las imágenes de pétalos detectadas por Danin podrían ser de hierbas que se habrían arrojado sin más sobre el cuerpo debido a la falta de tiempo de preparación que narra el Nuevo Testamento, con la llegada el domingo de las mujeres, supuestamente para completar los ritos de unción del cuerpo.

Análisis artístico

Hay muchas similitudes entre la imagen de la sábana y las representaciones pictóricas tradicionales de Jesús. Aquí se muestra el mosaico de Cristo Pantocrátor de la iglesia de Daphni, en Atenas.

Mucha gente que ve el sudario se sorprende de la corrección anatómica que ofrece la imagen del Hombre del Sudario, cuya apariencia es a menudo descrita como tridimensional. Algunos concluyen que no puede ser un fraude medieval, puesto que la simulación de la perspectiva en dos dimensiones no fue desarrollada hasta más tarde.

Los críticos destacan lo mucho que mejoraron los artistas en los inicios del Renacimiento. También se pueden encontrar murales con una perspectiva perfecta en las ruinas de Pompeya. Se demuestra así que, aunque este arte pudo perderse o abandonarse durante largo tiempo, el conocimiento de la perspectiva data de mucho antes de la Edad Media.

Como representación de Jesús, la imagen del sudario coincide con la de la iconografía cristiana a lo largo de su historia. Por ejemplo, la imagen del Pantocrátor en Daphni (Atenas) se le parece asombrosamente. Los críticos atribuyen el parecido a que estos iconos se realizaron teniendo a su disposición la Imagen de Edessa, mientras que las posteriores obras (incluyendo el Sudario) habrían copiado de allí el aspecto de Jesús.

En su contra se tiene que las perforaciones en las muñecas del hombre del sudario no se corresponden con las interpretaciones artísticas de la crucifixión de hasta tiempos muy recientes. De hecho, fue considerada un fraude en el siglo XIV por este mismo motivo, ya que la Biblia Vulgata dice que los clavos habían sido colocados en las palmas de Jesús, y el arte medieval sitúa las heridas invariablemente en las manos.

Las traducciones recientes de la Biblia consideran esto como un error de traducción del griego en los Evangelios. Además, la ciencia médica moderna ha desvelado que los huesos metacarpianos no son capaces de aguantar el peso de un cuerpo crucificado y que, contrario a la creencia universal en el siglo XIV, los clavos tenían que haber sido colocados en las muñecas de la víctima, como aparece en el Sudario.

En humanos actuales, la distancia entre ojos y coronilla es prácticamente la misma que la que dista entre los ojos y la barbilla - los ojos están casi a mitad de cara. En el Sudario de Turín, por otro lado, la proporción entre la mitad superior y la inferior de la cara es casi de 1 a 3. Se han dado cuatro posibles explicaciones a esto:

El proceso de impresión alteró de algún modo la perspectiva, de forma que la mandíbula, nariz y boca se vean más grandes, y la frente se vea reducida.

La interpretación y medida de las proporciones de la imaegn del sudario puede ser imprecisa.

Jesús poseía una deformación craneana muy por encima de lo habitual en personas modernas y registros fósiles.

La sábana es un fraude realizado por alguien con un conocimiento superficial de la anatomía facial humana. Hay que indicar que reducir la frente y alargar la parte inferior de la cara es un error muy común en artistas con poca experiencia; es también una faceta característica del arte medieval y de principios del renacimiento.

Análisis de perspectiva óptica

Una objeción más a la sábana gira en torno al llamado asunto de la proyección de Mercator. La sábana muestra una imagen tridimensional proyectada sobre una superficie bidimensional plana, como las pinturas y fotografías. Una auténtica sábana mortuoria, en cambio, tendría una disposición casi cilíndrica sobre la superficie tridimensional de la cara, o aún más irregular, si cabe.

La imagen resultante tendría una distorsión lateral antinatural, con un brutal ensanchamiento a los lados, en vez de la típica imagen fotográfica que cualquier observador esperaría; y menos aún una imagen tan excesivamente alargada como la de la tela.

El Sudario en la Iglesia Católica

La Iglesia Católica, propietaria del sudario, no ha afirmado públicamente que se trate de la sábana mortuoria de Cristo, ni de que no se trate de un fraude. Esta cuestión se ha dejado a la decisión de cada uno. En 1998, el papa Juan Pablo II declaró que, "Puesto que no es una cuestión de fe, la Iglesia no debe interceder en estas lides.

A los científicos corresponde la tarea de continuar investigando, para alcanzar respuestas adecuadas a las preguntas unidas a este sudario." Él mismo mostró estar profundamente motivado por la imagen del sudario, organizando exhibiciones públicas en 1998 y 2000.

Como la imagen en sí es motivo de oración y meditación para muchos creyentes, es improbable que ni siquiera una prueba rotunda de que la imagen no procede del siglo I pudiera acabar con su devoción. La sábana se convertiría entonces en un símbolo de la crucifixión. El papa Juan Pablo II la llamó "el símbolo del sufrimiento de los inocentes de todos los tiempos".

La Casa de Saboya otorgó el Sudario a la Iglesia Católica en 1983. Algunos han comentado que, de demostrarse finalmente la igualdad entre el Sudario y la Imagen de Edesa, la Iglesia no tendría ninguna autoridad moral para retenerlo, y se vería obligada a devolvérselo al Patriarca Ecuménico, o alguna otra corporación Ortodoxa del Este; ya que, en ese caso, sería el mismo que fue robado a los Ortodoxos en algún momento de las Cruzadas. Algunos ortodoxos rusos opinan que con la caída de Constantinopla, el título de Emperador pasó a pertenecer a Rusia, lo que les otorgaría derechos preeminentes sobre el sudario.

Conclusión

La datación del carbono 14, que debería haber zanjado este asunto de una vez (y así fue para muchos científicos), no ha acallado los rumores sobre la posible autenticidad del sudario. Las peticiones de realizar más pruebas radiométricas sobre áreas de la tela que llevan la imagen han sido rechazadas por la Santa Sede.

Habiendo expresado su preocupación por la naturaleza destructiva de los métodos de datación actuales, es poco probable que esta reticencia cambie en un futuro próximo. Los críticos acusan al Vaticano de querer evitar una prueba definitiva de su falsificación.

La devoción por la imagen del Hombre del Sudario vuelve todo debate sobre este asunto muy acalorado. Debido a lo arraigado de las creencias que esta pieza de tela toca, puede que nunca se encuentre una respuesta completa a esto que sea del agrado de todos.

44 Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
45 El velo del Santuario se rasgó por medio

46 y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, = en tus manos pongo mi espíritu» = y, dicho esto, expiró.

47 Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este hombre era justo.»

48 Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho.

San Juan 19

[31] Como era el día de la Preparación de la Pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz durante el sábado, pues aquel sábado era un día muy solemne. Pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas a los crucificados y retiraran los cuerpos. [32] Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas de los dos que habían sido crucificados con Jesús. [33] Pero al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto, y no le quebraron las piernas, [34] sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua.

[35] El que lo vio da testimonio. Su testimonio es verdadero, y Aquél sabe que dice la verdad. Y da este testimonio para que también ustedes crean. [36] Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un solo hueso. [37] Y en otro texto dice: Contemplarán al que traspasaron.

Lucas 23
44 Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.

45 El velo del Santuario se rasgó por medio

46 y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, = en tus manos pongo mi espíritu» = y, dicho esto, expiró.

47 Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este hombre era justo.»

48 Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho.

San Juan 19
[25] Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala.

[26] Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

[27] Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.

[28] Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se cumplió la Escritura.

[29] Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios.

[30] Jesús probó el vino y dijo: «Todo está cumplido». Después inclinó la cabeza y entregó el espíritu.

Lucas 23
39 Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!»

40 Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena?

41 Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.»

42 Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.»

43 Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

Crucifixión

La crucifixión es un antiguo y tortuoso método de ejecución mediante el estacamiento o atamiento de la víctima, generalmente desnuda, a una cruz y dejado allí colgando hasta su muerte. Se dice que el método más común de crucifixión fue el de atar a la víctima, siendo la crucificción con estacas reservada para casos de mucha severidad. La muerte puede llegar por desabrigo, pero más comúnmente llega por una forma de sofocación: cuando la víctima se debilita no puede soportar el peso de su cuerpo y sus pulmones se ven contreñidos. Contrariamente a lo que algunos puedan pensar de la crucifixión, las víctimas no eran estacadas a la cruz por sus palmas sin ser atados por las muñecas antes, ya que la carne de las manos no puede soportar el peso completo de la víctima y la persona caería al desgarrarse la carne. De no ser estacado por las manos, la estaca era clavada en la muñeca (entre el radio y el cúbito). Hay representaciones artísticas de carácter religioso con los dos tipos de estacamiento.

Lucas 23
32 Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con él.

33 Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

34 Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.» Se repartieron sus vestidos, echando a suertes.

35 Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.»

36 También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre

37 y le decían: «Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!»

38 Había encima de él una inscripción: «Este es el Rey de los judíos.»

San Juan 19
JESÚS ES CRUCIFICADO

[17] Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota.

[18] Allí lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y en el medio a Jesús.

[19] Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo sobre la cruz. Estaba escrito: «Jesús el Nazareno, Rey de los judíos».

[20] Muchos judíos leyeron este letrero, pues el lugar donde Jesús fue crucificado estaba muy cerca de la ciudad.

Además, estaba escrito en hebreo, latín y griego.

[21] Los jefes de los sacerdotes dijeron a Pilato: «No escribas: "Rey de los Judíos", sino: "Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos"».

[22] Pilato contestó: «Lo que he escrito, escrito está».

[23] Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron: [24] «No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca». Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suertes mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados.

Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 27-32
Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud. Que se sienta solitario y silencioso, cuando el Señor se lo impone; que ponga su boca en el polvo: quizá haya esperanza; que tienda la mejilla a quien lo hiere, que se harte de oprobios. Porque el Señor no desecha para siempre a los humanos: si llega a afligir, se apiada luego según su inmenso amor.

MEDITACIÓN

¿Qué puede decirnos la tercera caída de Jesús bajo el peso de la cruz? Quizás nos hace pensar en la caída de los hombres, en que muchos se alejan de Cristo, en la tendencia a un secularismo sin Dios. Pero, ¿no deberíamospensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? En cuántas veces se abusa del sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de corazón donde entra a menudo.

¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas

teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la Reconciliación, en el cual él nos espera para levantarnos de nuestras caídas! También esto está presente en su pasión. La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie, eleison – Señor, sálvanos (cf Mt 8,25). Libreria Editrice Vaticana.

Lucas 23
27 Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él.

28 Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos.

29 Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron!

30 Entonces se pondrán a = decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Cubridnos! =

31 Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?»

Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 1-2.9.16
Yo soy el hombre que ha visto la miseria bajo el látigo de su furor. El me ha llevado y me ha hecho caminar en tinieblas y sin luz. Ha cercado mis caminos con piedras sillares, ha torcido mis senderos. Ha quebrado mis dientes con guijarro, me ha revolcado en la ceniza.

MEDITACIÓN

La tradición de las tres caídas de Jesús y del peso de la cruz hace pensar en la caída de Adán – en nuestra condición de seres caídos – y en el misterio de la participación de Jesús en nuestra caída.
Ésta adquiere en la historia for-mas siempre nuevas. En su primera carta, san Juan habla de tres obstáculos para el hombre:

la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida. Interpreta de este modo, desde la perspectiva de los vicios de su tiempo, con todos sus excesos y perversiones, la caída del hombre y de la humanidad. Pero podemos pensar también en cómo la cristiandad, en la historia reciente, como cansándose de tener fe, ha abandonado al Señor: las grandes ideologías y la superficialidad del hombre que ya no cree en nada y se deja llevar simplemente por la corriente, han creado un nuevo paganismo, un paganismo peor que, queriendo olvidar definitivamente a Dios, ha terminado por desentenderse del hombre.

El hombre, pues, está sumido en la tierra. El Señor lleva este peso y cae y cae, para poder venir a nuestro encuentro; él nos mira para que despierte nuestro corazón; cae para levantarnos. Libreria Editrice Vaticana.

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 2-3
No tenía figura ni belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado.

Del libro de los Salmos 26, 8-9

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.

MEDITACIÓN

«Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro » (Sal 26, 8-9). Verónica –Berenice, según la tradición griega– encarna este anhelo que acomuna a todos los hombres píos del Antiguo Testamento, el anhelo de todos los creyentes de ver el rostro de Dios. Ella, en principio, en el Vía crucis de Jesús no hace más que prestar un servicio de bondad femenina: ofrece un paño a Jesús. No se deja contagiar ni por la brutalidad de los soldados, ni inmovilizar por el miedo de los discípulos.

Es la imagen de la mujer buena que, en la turbación y en la oscuridad del corazón, mantiene el brío de la bondad, sin permitir que su corazón se oscurezca. «Bienaventurados los limpios de corazón –había dicho el Señor en el Sermón de la montaña–, porque verán a Dios» (Mt 5, 8). Inicialmente, Verónica ve solamente un rostro maltratado y marcado por el dolor.

Pero el acto de amor imprime en su corazón la verdadera imagen de Jesús: en el rostro humano, lleno de sangre y heridas, ella ve el rostro de Dios y de su bondad, que nos acompaña también en el dolor más profundo. Únicamente podemos ver a Jesús con el corazón. Solamente el amor nos deja ver y nos hace puros. Sólo el amor nos permite reconocer a Dios, que es el amor mismo. Libreria Editrice Vaticana.

Lucas 23

26 Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevará detrás de Jesús.

Lectura del Evangelio según San Lucas 2, 34-35.51
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma». Su madre conservaba todo esto en su corazón.

MEDITACIÓN

En el Vía crucis de Jesús está también María, su Madre.
Durante su vida pública debía retirarse para dejar que naciera la nueva familia de Jesús, la familia de sus discípulos. También hubo de oír estas palabras: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?... El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre» (Mt 12, 48-50).

Y esto muestra que ella es la Madre de Jesús no solamente en el cuerpo, sino también en el corazón. Porque incluso antes de haberlo concebido en el vientre, con su obediencia lo había concebido en el corazón. Se le había dicho: «Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo... Será grande...,

el Señor Dios le dará el trono de David su padre» (Lc 1, 31 ss). Pero poco más tarde el viejo Simeón le diría también: «y a ti, una espada te traspasará el alma» (Lc 2, 35). Esto le haría recordar palabras de los profetas como éstas: «Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría boca; como un cordero llevado al matadero» (Is 53, 7). Ahora se hace realidad.

En su corazón habrá guardado siempre la palabra que el ángel le había dicho cuando todo comenzó: «No temas, María» (Lc 1, 30). Los discípulos han huido, ella no. Está allí, con el valor de la madre, con la fidelidad de la madre, con la bondad de la madre, y con su fe, que resiste en la oscuridad: «Bendita tú que has creído» (Lc 1, 45). «Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» (Lc 18, 8). Sí, ahora ya lo sabe: encontrará fe. Éste es su gran consuelo en aquellos momentos. Libreria Editrice Vaticana.

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 4-6

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.

MEDITACIÓN

El hombre ha caído y cae siempre de nuevo: cuántas veces se convierte en una caricatura de sí mismo y, en vez de ser imagen de Dios, ridiculiza al Creador.

¿No es acaso la imagen por excelencia del hombre la de aquel que, bajando de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de los salteadores que lo despojaron dejándolo medio muerto, sangrando al borde del camino? Jesús que cae bajo la cruz no es sólo un hombre extenuado por la flagelación.

El episodio resalta algo más profundo, como dice Pablo en la carta a los Filipenses: «Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2, 6-8). En su caída bajo el peso de la cruz aparece todo el itinerario de Jesús: su humillación voluntaria para liberarnos de nuestro orgullo. Subraya a la vez la naturaleza de nuestro orgullo: la soberbia que nos induce a querer emanciparnos de Dios, a ser sólo nosotros mismos, sin necesidad del amor eterno y aspirando a ser los únicos artífices de nuestra vida.

En esta rebelión contra la verdad, en este intento de hacernos dioses, nuestros propios creadores y jueces, nos hundimos y terminamos por autodestruirnos. La humillación de Jesús es la superación de nuestra soberbia: con su humillación nos ensalza. Dejemos que nos ensalce. Despojémonos de nuestra autosuficiencia, de nuestro engañoso afán de autonomía y aprendamos de él, del que se ha humillado, a encontrar nuestra verdadera grandeza, humillándonos y dirigiéndonos hacia Dios y los hermanos oprimidos. Libreria Editrice Vaticana

San Juan, 19

[15] Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato replicó: «¿He de crucificar a su Rey?» Los jefes de los sacerdotes contestaron: «No tenemos más rey que el César». [16] Entonces Pilato les entregó a Jesús y para que fuera puesto en cruz.

Lucas 23
13 Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo.

14 y les dijo: «Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de que le acusáis.

15 Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte.

16 Así que le castigaré y le soltaré.»

18 Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: «¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!»

19 Este había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato.

20 Pilato les habló de nuevo, intentando librar a Jesús,

21 pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícale, crucifícale!»

22 Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte; así que le castigaré y le soltaré.»

23 Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada vez más fuertes.

24 Pilato sentenció que se cumpliera su demanda.

25 Soltó, pues, al que habían pedido, el que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a Jesús se lo entregó a su voluntad.

Evangelio de San Juan, Capítulo 19

[1] Entonces Pilato tomó a Jesús y ordenó que fuera azotado.

[2] Los soldados hicieron una corona con espinas y se la pusieron en la cabeza, le echaron sobre los hombros una capa de color rojo púrpura

[3] y, acercándose a él, le decían: «¡Viva el rey de los judíos!» Y le golpeaban en la cara.

[4] Pilato volvió a salir y les dijo: «Miren, se lo traigo de nuevo fuera; sepan que no encuentro ningún delito en él».

[5] Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinos y el manto rojo. Pilato les dijo: «Aquí está el hombre».

[6] Al verlo, los jefes de los sacerdotes y los guardias del Templo comenzaron a gritar: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Pilato contestó: «Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, pues yo no encuentro motivo para condenarlo».

[7] Los judíos contestaron: «Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir, pues se ha proclamado Hijo de Dios».

[8] Cuando Pilato escuchó esto, tuvo más miedo.

[9] Volvió a entrar en el palacio y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le contestó palabra.

[10] Entonces Pilato le dijo: «¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?»

[11] Jesús respondió: «No tendrías ningún poder sobre mí si no lo hubieras recibido de lo alto. Por esta razón, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado que tú».

[12] Pilato todavía buscaba la manera de dejarlo en libertad. Pero los judíos gritaban: «Si lo dejas en libertad, no eres amigo del César; el que se proclama rey se rebela contra el César».

[13] Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús al lugar llamado el Enlosado, en hebreo Gábbata, y lo hizo sentar en la sede del tribunal.

[14] Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos: «Aquí tienen a su rey».

San Mateo, 27 / 27 Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor
de él a toda la cohorte. /28 Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; /29 y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una

caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»;/30 y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza./31 Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.

Significa camino a la cruz y se refiere a las diferentes etapas o momentos vividos por Jesucristo desde el momento en que fue aprehendido, hasta su crucifixión y sepultura.
La expresión se usa comunmente para expresar todo tipo de dificultades que se presentan en la vida cuando se quiere alcanzar ciertos objetivos.

A las etapas del viacrucis se le denominan estaciones y tradicionalmente se cuentan 14 las cuales se listan a continuación.

Primera Estación: Jesús es condenado a muerte por Poncio Pilatos

Segunda Estación: Jesús es cargado con la cruz.

Tercera Estación: Jesús cae por primera vez

Cuarta Estación: Jesús encuentra a Su Madre María

Quinta Estación: Simón el Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

Sexta Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús

Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez

Octava Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Novena Estación: Jesús cae por tercera vez

Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

Undécima Estación: Jesús es clavado en la cruz

Duodécima Estación: Jesús muere en la cruz

Décimotercera Estación: Jesús es descendido de la cruz y puesto en brazos de María su madre

Décimocuarta Estación: Jesús es sepultado

Actualmente, y bajo el auspicio del Papa Juan Pablo II, se creó un nuevo Viacrucis, con 15 estaciones, basadas todas en momentos del Nuevo Testamento, ya que el anterior recogía muchos pasajes de los Evangelios apócrifos. Este nuevo Viacrucis comienza con la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní, y finaliza con la Resurrección de Cristo.

Monte Calvario

El Calvario (o Gólgota) es el nombre del monte a las afueras de Jerusalén en el cual fue crucificado Jesús, según la tradición Cristiana. Las palabras Calvaria en Latín, (Kraniou Topos) en Griego y Gûlgaltâ en Arameo significan todas 'cráneo' o 'calavera', lo cual podía hacer referencia a que en la colina había un montón de calaveras apiladas o una roca con hoyos que parecía una calavera.

El emperador romano Constantino I el Grande construyó la basílica del Santo Sepulcro en el lugar donde pensaron que estaba el monte Calvario en el año 336.

ViaCrucis

Cuerpo del Cilindro

Polos

Via Crucis, Pasion de Cristo, Santo Sepulcro, Jesus Resucita, Jesus Aparece a sus Discipulos, Pentecostes, Cristo Asciende a los Cielos, Ascension y Coronacion de Maria, Constitucion Apostolica de Su Santidad Pio XII sobre la realeza de Maria, 11 de octubre de 1954, San Pedro y San Pablo, Evangelizacion.

 

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